Nov 222013
 
Download PDF

Carlos J. Rodríguez Casillas.

 

1. INTRODUCCIÓN.

El año de 1812 se convirtió en una fecha trascendental para la historia de España, sobre todo, por ser el contexto en el que las Cortes de Cádiz culminaron el arduo proceso de redacción de una Constitución que, en principio, traería a nuestra nación nuevos aires políticos de signo liberal que romperían con la antigua tradición política española heredada del Antiguo Régimen. Sin embargo, más allá de lo que estaba sucediendo en Cádiz, el año de 1812 fue también un año decisivo en el devenir de la región extremeña, por cuanto se sucedieron en ella grandes hitos históricos, como fue la toma y conquista de Badajoz por parte del General Wellington.

 

En este sentido, este trabajo pretende poner de relieve el importante papel que cumplieron otros significativos personajes de nuestra región que, a pesar de permanecer en Extremadura durante dicho contexto, tuvieron que organizar políticamente el territorio, reestructurar su fuerza militar o mantener comunicados y coordinados a los mandos ingleses con las instituciones políticas españolas.

 

Toda una intensa labor civil, política y militar, que fue llevada a cabo, entre otros ilustres personajes, por un almendralejense que lamentablemente ha permanecido en un inmerecido olvido hasta nuestros días: el II Marqués de Monsalud, a quien va dedicada esta monografía.

 

2. LA VIDA DEL II MARQUÉS DE MONSALUD: EL RELATO DE UN GRAN PATRIOTA.

 

La vida de Juan José Nieto Aguilar, II Marqués de Monsalud, queda enmarcada por los grandes acontecimientos bélicos que sacudieron España desde finales del XVIII y la primera mitad del XIX, en lo que bien puede considerarse como una gran carrera militar que tendría su punto álgido durante la Guerra de la Independencia española, sobre todo, durante el año de 1812.

 

2.1 Su familia y su infancia.

 

Vino al mundo el 15 de abril de 1769 en el seno de una familia nobiliar que empezaba a mostrar una creciente progresión, los Monsalud. Su padre, el primer Marqués de Monsalud, había ido ganando con el tiempo cierta relevancia entre el sector aristocrático de Extremadura durante el siglo XVIII. De tal forma, que a los títulos que ya poseía su progenitor, sumó el cargo de Regidor perpetuo de Almendralejo y el título de Señor de la Villa y Tierra de Monsalud por concesión de Carlos III en 1762[1]. Igualmente, a toda esta sucesión de títulos adquiridos por vía paterna, habría que añadir el marquesado de Villamarín, que recibiría por parte materna.

 

Sin duda, se trata de unas estructuras familiares que se amoldan a los de toda una serie de hidalgos extremeños que constituyen un importante grupo denominado como “nobleza media” o “nobleza de provincia”, surgido en los siglos XVII y XVIII. Estos grupos terminarían por consolidarse y acrecentar su patrimonio mediante la realización de diferentes estrategias, como por ejemplo el desempeño de servicios destacados en la administración o el ejército, o el desarrollo de políticas matrimoniales entre miembros de igual condición[2].

 

Sin embargo, si todo parecía presagiar una vida cómoda para nuestro protagonista, la realidad sería sumamente contraria. En este sentido, cuando contaba tan sólo con cinco años de edad, tuvo que asistir a la desgraciada muerte de su madre. Desdichado hecho que la triste fortuna de la vida repetiría seis años más tarde, esta vez en la figura de su padre. Por tanto, a la corta edad de once años, se encontraba en vías de recibir un importante patrimonio que con tanto esfuerzo había logrado conseguir su familia[3].

 

Esta nueva situación de orfandad le obligaría a marchar a la localidad sevillana de Écija junto a sus hermanas Josefa y Javiera. Allí residía su abuela, Josefa Fernández de Santillán, esposa del Conde del Águila, la cual, acabaría haciéndose cargo de los tres hermanos. El resultado de todo ello fue sin duda una infancia que, en resumidas cuentas, terminaría marcada por unos tristes sucesos que permanecerían en el recuerdo de su niñez, desarrollada entre Almendralejo y Sevilla.

 

2.2. El inicio de su carrera militar.

 

No obstante, Nieto Aguilar mostraría una fuerte voluntad a la hora de superar tan dura adversidad, comenzando a inclinarse ya en su adolescencia por el estudio del “arte de la guerra”, como recogiera al respecto Mariano Carlos Solano, V Marqués de Monsalud y Real Académico de la Historia: “lleváronle sus naturales aficiones al estudio de las ciencias militares”[4].

 

Y es que no hay que olvidar, como afirma Francisco Andujar, que ni todo el patrimonio obtenido ni todos los honores nobiliarios que había venido consiguiendo su familia serían suficientes por sí solos para asegurar la consolidación y el futuro de la casa de Monsalud, por lo que bien podría considerarse dicha inclinación militar como un interesante medio para la promoción del título[5].

 

De tal forma, fruto de ese binomio nobleza / ejército, que afectó a gran parte de la nobleza media de esa hidalguía extremeña del siglo XVIII, levantaría a su costa parte de los tres escuadrones de un regimiento de carabineros junto a otros importantes insignes extremeños (como el Marqués de la Isla). Nacía de esta manera el que sería conocido como Regimiento de Carabineros de la Reina María Luisa[6]

 

Sea como fuere, con la creación de dicho cuerpo militar, del que Monsalud sería su coronel, nacería una profunda y estrecha relación con el ejército español que le llevaría a jalonar sus hazañas militares con los grandes hechos en armas de la nación española. Así, en 1793 se encaminaría hacia los Pirineos, en lo que sería su bautismo de fuego durante la Guerra de la Convención contra los revolucionarios franceses, y en donde pudo apreciar la importancia del desarrollo de unas tácticas guerrilleras que tanta importancia tendrían en un futuro no muy lejano. Posteriormente las campañas se sucederían, destacando la de 1798 en el Estrecho de Gibraltar y en 1801 en Portugal.

 

Y aunque en estos años también prestó servicio en la Corte de Carlos IV y posteriormente su vida política cobrara importancia durante el periodo liberal (que le llevaría a padecer un injusto ostracismo por parte de Fernando VII), qué duda cabe de que gran parte de la fascinación que suscita hoy día la figura de Monsalud nace de su destacada labor político-militar desarrollada durante el contexto de la Guerra de la Independencia española.

 

2.3. Su relevancia en Extremadura durante la Guerra de la Independencia

 

Precisamente, será durante este periodo histórico cuando el II Marqués de Monsalud ocupó un papel notable dentro de la política extremeña, al frente del Ejército de Extremadura y en las más diversas partidas guerrilleras que se levantaron por toda nuestra región.

 

2.3.1. Monsalud y la Junta extremeña.

 

La Junta que se constituyó en Extremadura en 1808, ante el enorme reto que tenía por delante, como era organizar política y militarmente los recursos de Extremadura para hacer frente al invasor francés, iba a dar su confianza a Monsalud para afrontar dicha tarea, otorgándole el cargo de Vicepresidente[7].

 

Asimismo, dentro de las diferentes comisiones que se crearon, quedó integrado en la de Guerra, fruto de su gran experiencia como militar. Actuando como vocal y director de la misma, se rodearía de un grupo de consejeros con los que trataría temas de gran interés en un contexto bélico, como son la formación de unidades militares, la preparación de planes y estrategias o el reconocimiento y evaluación de las diferentes plazas. El trabajo y el esfuerzo desempeñado en la toma de resoluciones, junto a su eficacia, la convertirían en una de las comisiones más activas y dinámicas[8].

 

Posteriormente, Monsalud destacaría como miembro de la Junta. Así, en agosto de 1810 se redujo el número de Vocales de la Junta extremeña. Tras sucesivas votaciones quedó definido el nuevo organismo. Monsalud fue elegido en la primera votación, siendo nombrado Vicepresidente, probando así el reconocimiento que le profesaban sus compañeros. Una aprobación que sin duda era debida al ánimo inusitado que mantendría ante las adversas circunstancias. Así, aunque no pueda considerarse más que como voluntariosa proclamación, el Marqués, junto a otros miembros de la Junta de Extremadura, declararía la guerra a Napoleón, poniendo precio a su cabeza. No obstante, si bien ésta era una proclama descabellada, resultaba también una muestra de férreo compromiso con la causa, ya que firmar dicho documento era firmar una sentencia de muerte segura en caso de caer en manos francesas[9].

 

Posteriormente, ya a finales de 1811 y comienzos de 1812, como analizaremos más adelante, Monsalud se erigiría como la figura política y mediática más representativa de todo el contexto extremeño, como sin duda le reconocerá Wellington, cuando dijo las siguientes palabras ante la destitución de Nieto Aguilar:

 

«They have sent an inefficient person, a — —, to in command Extremadura, displacing Monsalud, with whom we have all hitherto gone on well»[10].

 

2.3.2. La relación del Marqués de Monsalud con el Ejército de Extremadura.

 

El carisma de Monsalud era indiscutido, como hemos podido apreciar en el anterior apartado. Precisamente, fue fruto de esta valía por la que sería promovido al empleo de Mariscal de Campo el día 2 de junio de 1808 por el Secretario de la Junta, López Martínez.

 

Poco tiempo después, la energía mostrada en el desempeño de su oficio, digno de admiración entre sus compañeros, haría que la Junta le nombrase Inspector de las Tropas de Extremadura tan sólo dos días más tarde[11]. Entre sus atribuciones estaba formar el Ejército de Extremadura y buscar el sustento y la financiación que pudiera sostenerlo.

 

En este sentido, crear una tropa, vestirla, armarla, aprovisionarla o poner las plazas en condiciones de defensa, como expone Gómez Villafranca[12], era algo indispensable para organizar militarmente Extremadura. Esto supuso una tarea ardua donde Aguilar demostró un gran esfuerzo. En este sentido, Monsalud efectuó una solicitud a la mayoría de las localidades y partidos para que enviasen a Badajoz todos los equinos posibles. Poblaciones como Mérida[13] o Jerez de los Caballeros se verían afectadas por dichas medidas, debiendo, además, los emeritenses entregar al Marqués suministros tales como trigo, cebada, garbanzos, aceite, vino, reses vacunas, habas o ganado lanar[14].

 

Con el paso del tiempo sus iniciativas seguían siendo numerosas, en un intento de engrosar las filas del nuevo ejército que se estaba constituyendo, llegando a ampliarlo, incluso, con desertores de otros cuerpos:

 

«Habiendo manifestado a la Junta el S.or Marqués de Monsalud la facilidad que le ofrecía el habérsele presentado el T.e Coronel de Inf.a del Rey D.n Xenaro de Rafabal de hacer venir una partida de 100 y más suizos y otros desertores de otros Cuerpos y hacer otros serv.s importantes a la causa pp.ca»[15].

 

Sea como fuere, en septiembre de 1808 la Junta de Extremadura había sido capaz de levantar un conglomerado de fuerzas que compondrían una hueste de más de 12.000 hombres, junto a unos 1.200 de caballería. Consciente de la capacidad organizativa y del celo mostrado por el Marqués en la formación del Ejército de Extremadura, como recompensa a tan arduo sacrificio, fue nombrado Teniente General el 22 de septiembre[16].

 

Ya en 1809 Cuesta relevó a Galluzo en el mando. Éste, junto a Nieto Aguilar y su equipo comenzarían a trabajar en la difícil tarea de reorganizar el Ejército de Extremadura. Si esfuerzo había costado levantar el primero, aún más costaría el segundo. Hay que partir de la premisa de que los pocos efectivos que permanecían se encontraban totalmente exhaustos y abatidos tras las sucesivas derrotas que sufrieron ante los franceses. A esto, habría que sumar el recelo de la población a integrar parte de sus filas, debido a la traumática experiencia que tuvieron los primeros soldados que lucharon contra las fuerzas imperiales.

 

A pesar de ello, a mediados de enero de 1809 la tropa se había reorganizado, con un número importante de hombres. La energía y el celo mostrados en el desempeño de este trabajo habían sido enormes, como poco después señalara el Marqués en documento mandado a la Junta Central:

 

«Esta Provincia formó sus tropas, las havilitó de lo preciso, y después de dispersas las reunió y organizó sin perdonar gasto ni fatiga. Pero estos esfuerzos la han constituido en el mayor apuro, con el peligro de que perdido este importante punto se internen los enemigos»[17].

 

Posteriormente la Junta de Extremadura, por acuerdo del 21 de julio, comunicó al Marqués que se trasladase a Sevilla, donde se encontraba el Gobierno Central. Debía solicitar en su nombre ayuda para la región extremeña, y de igual manera, debía expresar la situación en la que se encontraba la misma. Esta circunstancia, sería aprovechada por el Gobierno para nombrarle Segundo Jefe del 5º Ejército.

 

2.3.3. La implicación de Monsalud con la guerrilla en Extremadura.

 

El Marqués de Monsalud, consciente de la debilidad militar que el ejército español padecía, sobre todo tras su desorganización por las consecutivas victorias francesas, y gracias al gran conocimiento que tenía de las técnicas guerrilleras debido a su experiencia en la Guerra de la Convención, pronto advertiría la necesidad de desarrollar tácticas propias de la guerra de guerrillas. Como expone Marcelino Cardalliaguet, durante 1809 Monsalud iba organizando la guerrilla en Extremadura y se dedicaba a dar golpes de mano a los destacamentos franceses que aparecían por las zonas montañosas y boscosas[18].

 

En este sentido, desde Abril de 1809, el Marqués, por acuerdo de la Junta, dirigiría desde Tierra de Barros este tipo de acciones, estableciendo su campamento base en la población de Nogales. Allí se entablarían durísimos combates por parte de las guerrillas y el ejército francés, como se desprende del parte remitido por Aguilar y recogido por Gómez Villafranca:

 

«Esta tarde a las tres salí al frente del enemigo con el todo de esta división para ir enseñando á estos paisanos que la componen subdividiéndola en ocho columnas, y á la vista de sus avanzadas formé a batalla mandando salir dos guerrillas q.e se tirotearon con ellas, y el resultado fue que habiéndose retirado precipitada.te a S.TA Marta formó el todo de ellos detrás de la Ermita. Aunque pudiese haberlos desalojado de dicho punto, no me pareció conveniente por no ser fácil de sostener con la poca caballería que tengo, pero tan luego como me considere con fuerzas suficientes, no tan sólo los rechazaré, sino q.e les perseguiré todo cuanto pueda»[19].

 

Todavía en 1810 y 1811 continuaría manteniendo la coordinación y organización de las diversas partidas guerrilleras que actuaban en la Provincia. Éstas seguían siendo de gran valía, ya que cuanto más crecía el territorio que debían controlar los franceses, más complicado se hacía su dominio. Buena cuenta de ello da Villafranca con las múltiples acciones guerrilleras sucedidas mientras se volvía a disponer de un ejército en condiciones.  En este sentido, un claro ejemplo al respecto fue el frecuente contacto que mantuvo, entre otros, con los hermanos Cuesta[20] o con John Downie, como lo demuestra la siguiente misiva del inglés:

 

«Ecm.o S.or Marqués de Monsalud = Londres y noviem.e 17 de 1810 = Estimadisi.o S.or y mi dueño. Tengo el sumo gusto de participar a V. Ex.a que todo quanto era relativa a mi misión a este País lo tengo realizado al sumo de mis mayores deseos, de modo que los afanes y trabajos que he tenido en este desempeño no han salido malogrados, lo que me consuela, todo lo que faltava de vestuario y aprestes para la Leal Legión se embarcan en 5 días y saldré el 24 para Lisboa y puede V. Ex.a cuentar con mi presencia cosa de una semana después que reciva ésta. Llevo en mi compañía a mi hermano D.n Carlos que tendré el gusto de presentar a V. Ex.a (…)»[21].

 

2.3.4. El Marqués de Monsalud como eje central de las comunicaciones en Extremadura.

 

La falta de una red estable de comunicaciones, debido a la penetración francesa por suelo extremeño, se vería potenciada por la continuada peregrinación de la Real Audiencia y la Junta extremeña de sus sedes habituales. Una carencia que fue ocupada por la personalidad y por la propia valía de destacados personajes, como sin duda fue Monsalud, en especial para el periodo de 1811-1812[22].

 

En este sentido, Nieto Aguilar mantendría informada a la Junta Central, y posteriormente a la Regencia de Cádiz, de lo sucedido en Extremadura. Asimismo, establecería una buena diplomacia con el ejército británico y tomaría acertadas decisiones dentro de la milicia española. Además, consiguió desplegar una profunda red de información sirviéndose de las noticias que le enviaban las diferentes partidas guerrilleras que actuaban por nuestra región, a lo que habría que sumar las indagaciones obtenidas por sus confidentes.

 

Las instrucciones dejadas por el general Castaños a finales de 1811 no hacen sino ratificar esta tesis:

 

«Instrucciones generales p.a el Comandante general interino de la Provincia de Extremadura, reserva y distrito militar, Marqués de Monsalud, Ten.te Gral. de los R.a Extos. (…)

El Marqués de Monsalud como Comand.te en Gefe del distrito militar no permitirá la formación de partidas que tengan p.or objeto la tranquilidad y seguridad de los Pueblos existentes en país ocupado p.or el Enemigo: Protegerá los Esquadrones francos y partidas de Guerrilla, obligándolos con maña a q.e respeten las propiedades y se empleen solo contra el Enemigo. Del mismo modo conservará con el mayor cuidado las correspondencias de los confidentes del interior, para que no falten destos sobre que puedan emprenderse las operaciones de las tropas.

De todas las noticias de enemigos q.e reciva q.e puedan ser de algún interés p.a el Gral. Comand.te de las tropas Inglesas, y de las operaciones del 5º Exto. avisará a uno y otro Gefe con la mayor brevedad posible.

Conservará la mayor inteligencia con el General Comande interino del cuerpo de operaciones Conde de Penne Villemur, y la mayor armonía con el Teniente Gral. Hill, Comandante de las tropas Inglesas, sus Gefes y Oficiales (…)»[23].

 

A su vez, las noticias de los hechos que se iban sucediendo no sólo las difundiría entre las altas instancias, sino también entre el pueblo, a través de publicaciones como la Gazeta de Extremadura, financiada en su mayoría por el propio Monsalud. Y es que la demanda de información era muy acusada en los duros momentos de la guerra, en los que la población estaba carente de noticias, como puede verse en la siguiente carta dirigida al propio Marqués:

 

«Estos pueblos limítrofes al enemigo están sumidos en una crasa ignorancia, tanto en lo q.e toca a los sucesos gloriosos de nras. armas, como o q.e respecta a las varias providencias, q.e se han tomado en los últimos tiempos, para hacer la felicidad de la nación y en particular de la provincia, q.e en breve recobrará su antiguo explendor. Para remediar en parte esta ignorancia, origen de muchos males, en especial del de la apatía, sería muy conveniente q.e V. E. mandara en la secretaría de la Junta Sup.r se me remitieren algunos papeles públicos con los q.e se instruyesen e inflamasen estos habitantes»[24].

 

Asimismo, sería el encargado de difundir escritos tan importantes como la propia Constitución de Cádiz, llegando a dar voz a tan magno texto en lugares como Salamanca, como se recoge en la siguiente carta mandada por Aguilar desde Valencia de Alcántara:

 

«Yo espero del acreditado zelo que en todas las ocasiones ha manifestado esa Ilustre Universidad, repetirá ahora nuebas pruebas de su adhesión y patriotismo contribuyendo con sus superiores luces á tan grande obra de la Constitución, que indudablemente hará la felicidad de la Nación, instruyendo a todos en sus sabios y sólidos principios»[25].

 

A la vista de lo expuesto, qué duda cabe de que Monsalud terminaría por convertirse a lo largo del conflicto en uno de los pilares fundamentales en lo que a información se refiere, manteniendo un contacto continuado y fluido con los efectivos militares y su generalato (tanto español como británico), además de recabar todo tipo de información sobre la situación del enemigo con las partidas guerrilleras y confidentes, a la vez que daba voz de todo lo sucedido en nuestra región, y fuera de ella, al Consejo de Regencia.

 

Un magnífico caso al respecto lo encontramos en la siguiente misiva escrita por el propio Monsalud en junio de 1812 desde Valencia de Alcántara, por la que se muestra el temor de los franceses a que su correo pudiese ser interceptado por la red de espionaje española, además del sistema que los galos habían logrado desarrollar para evitar que sus mensajes fueran descifrados y cómo Monsalud fue capaz de descifrarlo y difundir dicho código:

 

Parte de un mensaje francés cifrado:

 

«Madrid le 21 Juin 1812 = a Monsieur le General Comte d´Erlon = Monsieur le General = M.r le M.al Jourdan ma commuique votre leerte du 4 Juin. 9.v0,, .^49.::, . 5.xx, 9.4;,3. 9,6v,::-, ,99, 0.v2x, x;v 9.v0,, 3, 5:v6;4.9 (…)»[26].

 

Código descifrado:

 

«Madrid le 21 Juin 1812 = a Monsieur le General Comte d´Erlon = Monsieur le General = M.r le M.al Jourdan ma commuique votre leerte du 4 Juin. l´armeé anglaie a passe l´agueda elle marché sur l´armeé de Portugal (…)».

 

3. LA RELEVANCIA DEL MARQUÉS DE MONSALUD EN EXTREMADURA DURANTE 1812

 

El año de 1812 iba a representar para Extremadura, prácticamente, el final de la guerra, cuando menos, el término de las grandes ofensivas militares. Hay que recordar, en este sentido, que ya a finales de 1811 Napoleón iniciaba el retiro de parte de sus tropas para mandarlas a Rusia, lo que causaría tanto una reducción de su número, como la pérdida de sus soldados más experimentados. Esta nueva coyuntura bélica sería aprovechada por los aliados, que desde entonces llevarían la ofensiva y el peso de las operaciones. Además, desde Cádiz terminarían por abrir las ventanas que hicieran llevarse los viejos aires rancios del Antiguo Régimen para dar la bienvenida a los nuevos vientos constitucionalistas. De todo ello sería testigo la Extremadura de 1812, en la cual Monsalud tuvo una relevancia fundamental en cada uno de estos acontecimientos, dándoles, a su vez, voz entre el común del pueblo, como ya hemos tenido ocasión de comprobar anteriormente.

 

En lo que respecta al propio Monsalud, ya desde finales de 1811, más concretamente a finales de año, el 24 de noviembre, como queda reflejada en la información conservada en el Archivo de la Abadía de Montserrat, Aguilar era investido por la Regencia con grandes facultades para actuar en Extremadura. Se le nombró Comandante General del ejército y Provincia, Presidente de la Junta de Extremadura y se le dotó con el gobierno político de la Provincia, quedándole otorgado el pleno poder[27].

 

Dicha acción terminaría por concretarse con las instrucciones que le dejaba Castaños el día 4 de Diciembre y en donde se le especificaban un sinfín de oficios a desempeñar[28]. Entre ellos, mantener viva la confianza en el ejército y las poblaciones, debiendo encargarse del suministro y sostenimiento de las tropas de reserva y cuerpos de operaciones. Sería el encomendado de mantener el rigor del sistema establecido contra la delincuencia. Habría de cuidar de la buena disciplina entre las tropas reservistas. Esforzarse por administrar el estado de los hospitales. Que las guerrillas actuasen de forma constante en acciones contra el enemigo, persiguiendo a las que hicieran daño a las poblaciones. Permanecería en continuo contacto tanto con sus superiores del Estado Mayor, como con las partidas y confidentes para tener un pleno conocimiento de la situación; al igual que debería comunicar cualquier suceso relevante a la Regencia[29].

 

De esta manera, Monsalud terminaba siendo recompensado por una larga lucha de entrega y sacrificio, en la que nunca perdió la confianza en sí mismo, ni en las posibilidades de victoria de nuestros ejércitos.

 

Ya en enero de 1812 se recibió con satisfacción la noticia de la caída de Ciudad Rodrigo en manos inglesas, lo cual dejaba vía libre para el rescate de Badajoz. Pronto, británicos y españoles aunarían esfuerzos en aislar la plaza fuerte, cortar sus comunicaciones y comenzar el asedio. Y mientras esto ocurría, Monsalud apartó los demás asuntos militares para centrarse en la resolución de este conflicto, ya que requeriría de toda su actividad, como veremos a continuación.

 

 El 11 de marzo, Wellington estableció su cuartel en Elvas, desde donde comenzaría a planear e idear el futuro sitio de Badajoz. En vista de ello, O´Lawlor, en una extensa carta desde Elvas, solicitó a Monsalud diversos planos e información sobre el estado de la zona comprendida desde el Guadiana hasta Ayamonte. Además, le requirió la aportación de víveres con carros y acémilas, empezando por Cáceres, Miajadas o La Roca.

 

El día 14 de marzo, Wellington cruzaba el Tajo en dirección a Badajoz para establecer el asedio a la plaza fuerte, comenzando sus ataques el día 16. Una de las primeras decisiones fue la de intentar cortar toda vía de auxilio a la ciudad, estableciendo un cordón de seguridad que se situó por las zonas de Los Santos de Maimona, Zafra y Llerena. Se pretendía abortar cualquier tentativa de Soult. Por esta razón, a los pocos días, Wellington envió un comunicado a Monsalud en el que se le reconocía su colaboración. El 25 de marzo, en otra carta del inglés, le exponía los planes que tenía diseñados para el asedio, indicándole que le facilitara toda la información posible sobre el estado de Sevilla, Toledo y Talavera[30].

 

Los trabajos en torno a la ciudad se sucedieron con mucho sacrificio y voluntad. Todo el día a día de lo que estaba sucediendo era conocido en Cádiz, fruto de los mensajes que Monsalud les remitía de forma constante[31].Ya en abril, producto de una costosa jornada, donde los hombres de Wellington sufrieron la pérdida de unos 5.000 hombres, la ciudad de Badajoz fue librada de los franceses. De nuevo, Monsalud pondría rápidamente en aviso al resto de instituciones de lo sucedido:

 

«A los veinte y un días de sitio fue tomada por asalto la plaza de Badajoz, a las dos de la madrugada de este día, habiendo empezado el ataque a las nueve y media de la noche del de aier»[32].

 

El deseo de venganza cegó a los británicos, saqueando la ciudad y cometiendo múltiples atropellos ante una población agotada tras los duros días de sitio. Los españoles, por su parte, pasarían por las armas a todo sospechoso de colaboracionismo. El escenario no podía ser más dantesco, como el mismo Monsalud tuvo ocasión de ver al llegar nada más conseguirse el control[33].

 

Fruto de la confianza y respeto que Wellington depositaba en él, le confirió la custodia de la capital pacense, no dejando capacidad de actuación a ninguna otra persona[34]. Entre ambos, comenzarían a planificar la reorganización del lugar, que no podía llevarse a cabo sin la ayuda del Lord inglés debido a la falta de recursos[35].

 

El ambiente era de lo más trágico y los bienes escaseaban, hasta tal punto, que el Gobierno Nacional no dotaría de recursos para la reconstrucción de la ciudad hasta llegado el mes de mayo. Los muertos tuvieron que permanecer sin sepultura hasta que no se recibió gran parte de ese dinero. Se necesitaría todo el mes de abril para que los difuntos fuesen quemados o enterrados y hacer que se limpiasen las inmundicias de las calles[36]. Además, la población que sobrevivió se moría de hambre; como escribiría el Marqués, “la población se halla mui desnutrida, particularm.te el hospital, quarteles, conventos”[37].

 

La situación era acuciante, tanto para Badajoz como para el resto de la Región y las misivas que mandara Monsalud para soliviantar con suministros a aquella plaza le serían rechazadas, debido a la incapacidad de unas poblaciones arrasadas por la guerra. Esto ocurrió con Jerez de los Caballeros[38], pero también con Trujillo[39] o Coria[40], siendo un fenómeno global a toda Extremadura. Caso paradigmático lo constituye la ciudad de Cáceres, al quedarse agotada de suministros en los primeros compases de la guerra; como bien ha documentado J. C. Martín, Mª. J. Teixidó y F. Jiménez, en el apartado dedicado en su estudio al abastecimiento de la ciudad[41].

 

Por otra parte, una vez retomada cierta tranquilidad tras los tremendos sucesos que ocurrieron en torno a Badajoz en el primer semestre de 1812, se reanudó el hostigamiento contra los franceses. Wellington decidió emprender una marcha que cortase los puntos estratégicos de acceso a nuestra región, por lo que marchó al norte, apoderándose de las rutas cercanas al Tajo. Este movimiento se vería beneficiado por la campaña de Rusia, que reclamaba cada vez más hombres, por lo que parte de los ejércitos napoleónicos continuaban el abandono de la Península, retirándose un gran número de efectivos situados en la orilla del Tajo.

 

Hill, a finales de agosto, recibió órdenes de atacar las tropas situadas en el sur de Extremadura. Sin embargo, los adversarios, que debían estar en Llerena, huían por Azuaga camino de Córdoba. Los grandes contingentes enemigos parecían alejarse definitivamente de la región. Este hecho le sería confirmado a Monsalud por Villemur que, al mando del ejército de Vanguardia, observó como los franceses habían evacuado la Provincia. El gran peligro había pasado[42].

 

Franqueados estos hechos, Aguilar pudo desempeñar su oficio como Presidente de la Junta con mayor soltura. Hay que recordar que a comienzos de 1812 el texto constitucional que se había venido gestando durante tanto tiempo comenzaba a vislumbrarse con la lectura y debate de la última parte del proyecto, en la que tanta relevancia tuvieron los representantes extremeños, como Muñoz Torrero o Calatrava. Por fin, el 19 de Marzo quedó aprobada la nueva Constitución, mostrando su adhesión y felicitación por tan ardua tarea legislativa la Junta extremeña, con Monsalud a la cabeza. Por estas fechas, sería el encargado de difundir el texto constitucional por diversos organismos que trascendían las fronteras extremeñas, como hemos podido analizar anteriormente con el caso del texto enviado por Aguilar a la Universidad de Salamanca.

 

Ya en agosto del 1812, Monsalud iniciaba el expediente para preparar las elecciones de diputados a Cortes ordinarias y para los miembros de la futura Diputación Provincial. Bajo su presidencia se constituyó una “Junta Preparatoria” que tendría lugar en Valencia de Alcántara. Dos días después se comunicaba a la Regencia las primeras diligencias adoptadas, como el calendario electoral. Mientras se esperaban los plazos indicados, fue nombrado Capitán General de la Provincia el Marqués de Palacio, que le relevaría en el cargo, disolviéndose posteriormente la Junta Provincial a la que Monsalud había prestado tantos servicios[43].

 

4. UN EPÍLOGO PARA EL FINAL DE SUS DÍAS.

 

Juan José Nieto Aguilar, como se ha podido ver en estas breves líneas, estuvo a la altura de las adversas circunstancias que el año de 1812 impuso a Extremadura. En este sentido, supo erguirse como una de las figuras más destacadas en todo el profundo proceso de trasformaciones político-institucionales, tomando parte activa en los más diversos asuntos militares y políticos que su dilatada ocupación le podía permitir.

 

Además, debido su personalidad afable y emprendedora, conseguiría mantener una relación armónica entre el ejército y la administración. Fue uno de los ejes centrales en las comunicaciones, estableciendo los cauces de una verdadera red de información y de espionaje. Esta probada actitud, no sólo quedó manifiesta en la toma de decisiones, sino que en periodos críticos, no dudaría en empuñar las armas en la lucha contra el invasor francés. Por otra parte, las relaciones con el mando del ejército británico se vieron favorecidas e impulsadas, manteniendo una gran amistad con el mismísimo Wellington.

 

Posteriormente, con el retorno de Fernando VII en 1814, mediante el llamado Manifiesto de los Persas, los cimientos de aquel nuevo Estado que se había venido gestando con tanto sufrimiento en las Cortes gaditanas se desquebrajaron por el nuevo rumbo antiliberal que imprimió la política fernandina, restableciendo el viejo orden gubernativo. La Constitución de Cádiz fue suspendida y las Cortes disueltas. Con los meses, el monarca pudo ir restableciendo las antiguas instituciones del pasado y que tan poca efectividad mostraron durante el conflicto contra los franceses.

 

Bajo este contexto, Monsalud sería llamado a la Corte para prestar servicio cerca del Infante D. Carlos, del cual sería nombrado Primer Caballerizo el 29 de febrero de 1816. Durante todo este tiempo, más que preocuparse en sí mismo y el disfrute de la vida cortesana, Nieto Aguilar siempre buscaría el bien y la mejora del pueblo y sus conciudadanos. La situación política no invitaba a ello, no obstante, se serviría de otros instrumentos de actuación, como las Sociedades Económicas de Amigos del País, para impulsar medidas que desarrollaran tanto Extremadura como la propia Nación.

 

En este sentido, a mediados de 1816 quedaba constituida la Sociedad Económica de Badajoz, incorporándose ya en agosto Monsalud. Desde entonces, los servicios prestados a dicha Sociedad serían encomiables. En este sentido, pondría todo su empeño y medios para impulsar la creación en Badajoz de una escuela de dibujo y una cátedra de agricultura, fruto de la mala situación a que la guerra había quedado postergada Extremadura. Buena prueba de la preocupación que Aguilar mostraba por el progreso de la región extremeña lo constituye una carta mandada a su amigo Manuel de Silva:

 

 «Mi apreciable amigo: Hace tiempo que nada he dicho pues que nada ocurría, pero siempre he estado trabajando a favor de la prosperidad nacional y dirigiendo mis miras hacia esa provincia, desgraciada y olvidada de toda clase de establecimientos de enseñanza pública […] no debe pasar más tiempo sin que se atienda al remedio de males que si continúan, cuando las demás provincias de la Monarquía se les ve prosperar porque a su agricultura, a sus artes y a su comercio se les protege, la desgraciada Extremadura irá disminuyendo su población, careciendo de una agricultura bien entendida, desconociendo las artes, y por consiguiente sin comercio»[44].

 

El ascenso que Monsalud había venido adquiriendo con el paso de los años era impresionante. El interés mostrado en el desarrollo de Extremadura y la nación española le hacía ser considerado entre sus contemporáneos como un personaje encomiable. Así, llegados a esta etapa de su vida, si bien todo parecía presagiar un futuro igual de prometedor, dos hechos se iban a cruzar en su vida, El Trienio Liberal y la Década Ominosa.

 

Con el pronunciamiento del Comandante Riego comenzaba a desarrollarse la segunda tentativa liberal en España. Fernando VII el día 8 de marzo de 1820 restableció la Constitución de 1812. Pero la vuelta del orden constitucional no sería más que un espejismo, que tan sólo cuatro años más tarde traería funestas consecuencias[45].

 

La Constitución sería jurada por Monsalud a mediados de marzo de 1820. A partir de entonces no se le consideraron más distinciones militares, en lo que sería el preludio de su triste futuro. En abril de 1820 cesa como Primer Caballerizo, no obstante pasaría a ocupar la presidencia del Tribunal Supremo de Guerra y Marina. Dos años más tarde fue nombrado Decano de dicho tribunal.

 

Pero sería el año de 1823 el que marcó verdaderamente un duro punto de inflexión en su vida, ya que a partir de este momento, tanto su carrera como su propia persona sufrirían una pronunciada persecución. En este sentido, por aquellos entonces, la coyuntura internacional existente se inclinaba hacia una vuelta del absolutismo y el tradicionalismo político. Fernando VII aprovechaba dicho contexto para reclamar su soberanía, siendo oído y apoyado por el resto de potencias. El temor a la expansión de acciones similares a las ocurridas en España haría diseñar a las diferentes fuerzas absolutistas un plan de actuación que se terminaría concretando en el Congreso de Verona. El rechazo a las peticiones del restablecimiento de la autoridad del rey concluiría con la invasión extranjera del Duque de Angulema a primeros de abril de 1823. Apoderándose sus tropas de Madrid en mayo del mismo año, tanto el rey como las Cortes se trasladarían primero a Sevilla y posteriormente a Cádiz. Cuando partieron el 13 de junio hacia la ciudad gaditana estalló una enorme insurrección popular sacudiendo todos los rincones de Sevilla. Monsalud sería buen testigo de lo sucedido; como él mismo relató:

 

 «Notorio es el horrible saqueo que sufrí el 13 de Junio de 1823 en Sevilla, en el que estuve ya atado y en el acto de ser fusilado, debiendo milagrosamente mi existencia á un sargento que había servido en mi regimiento y se hallaba entre los sublevados. Perdí cuanto tenía, arruinándome para siempre, siendo una de las pérdidas que más he sentido, todos mis despachos y documentos relativos a mi carrera militar» [46].

 

 Pero aún le quedaban peores y terribles sucesos que padecer. Una vez capitulada Cádiz ante las tropas francesas a primeros de octubre de 1823, Fernando VII fue restablecido en el poder. Riego sería ejecutado públicamente y las esperanzas españolas de emprender el vuelo revolucionario echadas por tierra. Comenzaba de nuevo un absolutismo que desencadenaría desde sus primeros momentos una represión durísima.

 

Tan sólo ocho días después de la toma de Cádiz, sería detenido y llevado preso a la cárcel pública de la misma ciudad por orden del monarca. En su declaración tuvo que jurar, entre otras cosas, que no pertenecía a ninguna secta, no haber hecho la guerra contra los realistas o no haber desconocido nunca la autoridad de Fernando VII. Pero éste, el Deseado, aquél por el que tanto había luchado y por el que tantos sufrimientos había padecido, le recompensaba con prisión. Aguilar permanecería incomunicado y hasta pasado más de un año no volvería a prestar declaración. Debido a la corrección y la oficialidad que siempre mostró en el desempeño de sus diferentes oficios, alejándose en todo momento de las disputas y controversias políticas, no había causa alguna por la que se le pudiera juzgar. Sin embargo seguía preso bajo la siguiente premisa, “que siga la causa y que se fastidie”[47].

 

La crueldad con el que el monarca se ensañaría con el Marqués fue enorme. Formado un expediente de impurificación contra su persona, sería declarado culpable, debiendo entregar sus despachos. Estos le serían arrebatados, al igual que sus condecoraciones en los primeros meses de 1828.

 

Nunca jamás olvidaría lo sucedido en el resto de su vida. Una vez terminado su cautiverio, volvía a pisar la calle, pero la estancia en el presidio le hizo cambiar. Aquel personaje intrépido y audaz que nunca se daba por vencido era en estos momentos un hombre cansado y hastiado. Retomaría su vida, ahora de civil, junto a su familia, que en un comportamiento ejemplar nunca se separó de él. Marcharían a Almendralejo, lugar que casi nunca volvió abandonar.

 

A pesar de todo, su regreso, que suponía la libertad a un injusto presidio, se convertiría en un auténtico suplicio en los primeros momentos a su llegada. En 1833, en mitad de la calle, a la vista de todos sus vecinos, su mujer era injuriada y agredida. Las justicias del lugar no harían nada en su favor, debiendo reclamar la aplicación de la ley a la Real Audiencia de Cáceres, lo que en el fondo demuestra el pesado lastre que arrastraba desde su presidio. Como se expone en el propio caso:

 

«remitido el proceso, formalizó el Marqués la acusación pidiendo el castigo que según las leyes se merecen no solo los abominables escesos del injuriante, más también el escandalosos perjurio de algunos de los testigos examinados en la información,  la criminal condescendencia del Padre del reo [miembro del ayuntamiento] y hasta la conocida parcialidad del Regente de la jurisdicción»[48].

 

Pero a pesar de todo ello, a Monsalud aún le quedaban muchos sucesos que vivir y todavía tendría tiempo de recobrar su dignidad. En 1832, se proclamó el Decreto de Amnistía por la Regente María Cristina. Un año más tarde, en el mes de junio se le restituyó en el uso de uniforme, distinciones, fuero y condecoraciones. No obstante se le negaría la incorporación a la vida militar.

 

Situación ésta que cambiaría un año más tarde. El terror regresaba a España. Esta vez las hostilidades no eran contra ningún enemigo venido del exterior, sino internas. Las reivindicaciones dinásticas después del fallecimiento de Fernando VII terminarían por sumir a la nación en un continuo enfrentamiento civil. Extremadura, aunque siendo asignada centro estratégico de cierta relevancia por su cercanía a Portugal, sin embargo no parece que contara con una ferviente adhesión a la causa Carlista. A pesar de ello, la pronta llegada de José Ramón Rodil a estas tierras como Capitán General del Ejército y Provincia[49], le haría ser consciente de la necesidad de contar con el favor de hombres versados en asuntos administrativos y militares. Ahora, con los avatares terribles de una guerra se necesitaban hombres expertos, de sesgo liberal, volviendo a solicitar a Monsalud su ayuda, por necesidad.

 

Bajo este contexto, por Real Decreto de 1834 se reponen en su servicio a los Gentiles Hombres, Mayordomos de Semana y Ayudas de Cámara que fueron separados en 1823. Entre los que aparecen en la lista está el Marqués, más concretamente encuadrado como Grande de España. El día 20 de junio del mismo año sería elegido Diputado por la Provincia de Badajoz para las Cortes de Madrid, pero no llegaría a tomar posesión de su asiento[50].

 

Posteriormente, el 18 de agosto de 1836 se le nombraría Capitán General de Extremadura. Monsalud, mostrando sus reticencias a ser utilizado sólo en tiempos de necesidad, se negaría. La Reina Gobernadora no aceptó la renuncia, reiterándole en el cargo expedido días antes. Personajes como Rodil o Calatrava acentuarían la presión mediante correspondencia personal para que aceptase el cargo, ya que se sentían más seguros con una persona de tanta valía al frente de la situación. Sin embargo, estaba cansado de ser manipulado y volvería a negarse, debiendo esta vez obedecerse su decisión[51].

 

A pesar de ello, que se alejara de los grandes entresijos de la política nacional, no significaba que renunciase a sus principios liberales, aquellos que le hicieron coger las armas en más de una ocasión y preocuparse por el desarrollo económico de su región en otros tantos. Así, juraría al poco tiempo de ser aprobada la Constitución de 1837. La prueba de su carácter liberal queda perfectamente ejemplificada en una de sus frases más conocidas: “Tengamos juicio, vamos adelante con la obra de despojar el suelo Español de Carlistas”[52].

 

Y es que, la personalidad de Aguilar seguía siendo reconocida entre sus contemporáneos, como se ha podido ver en la admiración que Rodil sentía hacia él. Este hecho, le llevaría a ser reelegido Senador en 1837 y en la legislatura de 1845 Senador vitalicio[53].

 

Pero los nombramientos y agradecimientos llegaban tarde. Cansado de tan larga y ajetreada vida, contaba a estas alturas con 66 años de edad. No abandonaría su Almendralejo natal, desde donde dedicó sus últimos años a luchar por el bien de sus convecinos, al formar parte de la Sociedad de Amigos del País que se constituyó en dicha localidad.

 

 El día 28 de febrero de 1851, la población que le vio nacer lloraba su muerte[54]. Se despidió de él de manera insigne y emotiva, como no podía ser de otra manera ante una personalidad tan relevante como fue Juan José Nieto Aguilar, II Marqués de Monsalud.

 



[1] SOLAR Y TABOADA, Antonio del: Del Solar de Extremadura (Notas tomadas en los archivos), Badajoz, Ed. Caja Rural de Badajoz, 1949. pp. 61-66.

[2] ARAGÓN MATEOS, Santiago: La nobleza extremeña en el Siglo XVIII, Mérida, 1990, p. 98. 

[3] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (A. H. P. CC.): Real Audiencia 17, Exp. 2.

[4] SOLANO GÁLVEZ, Mariano Carlos, “El Marqués de Monsalud”, La Ilustración española y americana, Nº XVII, Madrid, 8 de Mayo de 1809, p. 267.  La segunda parte de su vida aparece reflejada en el siguiente número de esta revista publicado el 15 de Mayo de 1809, pp. 279-283.

[5] ANDUJAR CASTILLO, Francisco: El sonido del dinero. Monarquía ejército y venalidad en la España del Siglo XVIII, Ed. Marcial Pons, Madrid, 2004, p. 376.

[6] ARAGÓN MATEOS, Santiago: La nobleza extremeña en el Siglo XVIII, Mérida, 1990, pp. 447-469.

[7] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Extremadura en la Guerra de la Independencia. Memoria histórica, Ed. Muñoz Moya, Badajoz, 2004, p. 18.

[8] SARMIENTO PÉREZ, José: La Junta Suprema de Extremadura en la Guerra de la Independencia Española. Comisión de Gracia y Justicia (1808-1812), Ed. Junta de Extremadura, Badajoz, 2008, pp. 96-97.

[9] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Semblanzas del II Marqués de Monsalud, Web: Fundación Dos de Mayo, Madrid, pp. 26-27.

[10] Traducción: “Han enviado a una persona incompetente, — —, para estar al mando en Extremadura, sustituyendo a Monsalud, con quién todo nos ha ido bien hasta la fecha”. En, GURWOOD, The dispatches of field marshal Duke of Wellington, during his various campaigs. Volume the six, Londres, 1845, pp. 25-26.

[11] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 16.

[12] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Op. Cit., p. 37.

[13] RODRÍGUEZ GRAJERA, Alfonso y ORTIZ MACÍAS, M. Magdalena: Una ciudad en guerra. Mérida, 1808-1812. Ed. Caja Extremadura, Badajoz, 2008, p. 82.

[14] GONZÁLEZ CARBALLO, Genaro: Jerez de los Caballeros en la Guerra de la Independencia. Consecuencias del conflicto y repertorio documental, Ed. Caja Extremadura, Badajoz, 2008, p. 49.

[15] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Extremadura en la Guerra de la Independencia Española, colección diplomática, Ed. Hermanos Uceda, Badajoz, 1908, p. 56. 

[16] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 16.

[17] Archivo Histórico Nacional (A. H. N.): Estado, 38, C.

[18] CARDALLIAGUET, Marcelino: Historia de Extremadura, Ed. Universitas Editorial, Badajoz, 1988, p. 209.

[19] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Extremadura… Memoria histórica, pp. 123-124.

[20] A.H.N., Diversos-Colecciones, 124 N. 51.

[21] A.H.N., Diversos-colecciones, 110, N.33.

[22] Para más información ver: CARMONA GUTIÉRREZ, Jessica y RODRÍGUEZ CASILLAS, Carlos J., “El II Marqués de Monsalud y el poder de la palabra: las redes de información durante la Guerra de Independencia”, en: Actas de las I Jornadas de Historia de Almendralejo y Tierra de Barros, Almendralejo, 2009, pp. 185-198.

[23] A.H.N, Diversos-Colecciones, 137, N.50.

[24] A.H.N., Diversos-Colecciones, 97, N.13.

[25] ROMERO PAZ, Alonso, “La Universidad de Salamanca ante la Constitución de Cádiz”, VV.AA., Aulas y saberes. VI Congreso Internacional de historia de las universidades hispánicas, Volumen 1, Valencia, 1999, p. 123.

[26] A.H.N., Diversos-Colecciones, 151, N.8.

[27] Documentación del Archivo de la Abadía de Montserrat, incluida en: MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 34.

[28] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 137, N. 50.

[29] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 114, N. 27.

[30] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 36.

[31] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 109, N. 54.

[32] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 109, N. 62.

[33] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 127, N. 79.

[34] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Extremadura… Memoria histórica, p. 260.

[35] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 127, N. 79.

[36] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román: Extremadura… Memoria histórica, p. 260.

[37] Ibíd.

[38] GONZÁLEZ CARBALLO, Genaro: Op. Cit., p. 106.

[39] SÁNCHEZ RUBIO, Mª Ángeles, et al.: Trujillo y la Guerra de Independencia. Un triste monumento de una ciudad desgastada, Ed. Caja Extremadura, Badajoz, 2008, p. 192.

[40] BLANCO CARRASCO, J. Pablo: La Guerra de la Independencia en Coria. Crisis y pervivencia del Antiguo Régimen, Ed. Caja Extremadura, Badajoz, 2008, p. 137.

[41] MARTÍN BORREGUERO, J. Carlos, et al.: La Guerra de la Independencia en Cáceres. Las sombras de un conflicto, Ed. Caja de Extremadura, Badajoz, 2008, pp. 93-153.

[42] A. H. N.: Diversos-Colecciones, 114, N. 33.

[43] GARCÍA PÉREZ, Juan y SÁNCHEZ MARROYO, Fernando: Historia de Extremadura. Tomo IV. Los tiempos actuales, Ed. Universitas, Badajoz, 1985, pp. 718-719.

[44] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 44.

[45] FUSI, J. Pablo y PALAFOX, Jordi: España (1808-1816). El desafío de la modernidad, Ed. Espasa, Madrid, 1998, p. 30.

[46] Entre las pérdidas se encontraban todos sus despachos y recibos de los gastos desembolsados durante la Guerra de la Independencia, y que nunca recibiría; calculándose en unos 12 millones de reales de vellón. SOLANO GÁLVEZ, Mariano Carlos: “El Marqués de Monsalud (Conclusión)”, en la Revista: La Ilustración española y americana, Nº XVIII, Madrid, 15 de Mayo de 1909, p. 282.

[47] SOLANO GÁLVEZ, Mariano Carlos: Op. Cit., p. 282.

[48] A. H. P. CC.: Real Audiencia 657, Exp. 80.

[49] GARCÍA PÉREZ, Juan y SÁNCHEZ MARROYO, Fernando: Op. Cit. pp. 759-760.

[50] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 52.

[51] Archivo de la Abadía de Montserrat: Fondo Monsalud, Ms. 914.

[52] Archivo de la Abadía de Montserrat: Fondo Monsalud, Ms. 914.

[53] Archivo Histórico del Senado: HIS-0294-02.

[54] MAESTRE ÁLVAREZ, Luis: Op. Cit., p. 60.