Nov 082013
 
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Manuel Rubio Andrada y Francisco Javier Rubio Muñoz. 

Introducción

 Las obras que estudian este mismo tema lo hacen de manera general, es decir, estudian el Ejército de Extremadura encuadrado en los diferentes hechos de la Guerra de la Independencia de España -en realidad Peninsular-.

  Otras obras limitan su actuación en aquella guerra, inscribiendo sus hechos de manera más bien secundaria en los sucesos bélicos de la provincia de Extremadura, sin insertarlos adecuadamente en el contexto de las grandes operaciones militares peninsulares, para estos trabajos son los sucesos de tal o cual ciudad u otros hechos notables lo que mayormente acapara el estudio. En ambos casos el Ejército de Extremadura no tiene el papel protagonista que nosotros desearíamos ofrecer.

  Corríamos el riesgo de caer en lo contrario, es decir, ceñirnos demasiado al tema de nuestro ejército silenciando las actuaciones generales y particulares del contexto de la guerra en la que tanto participó.

  Por ello hemos intentado equilibrar estas cuestiones. Desde luego no hemos renunciado a describir muy brevemente las operaciones generales donde se insertaba la invasión de nuestro territorio, ni hemos silenciado las actuaciones de nuestro ejército más allá de los límites provinciales o en su interior, por muy perdedor que, en general, pueda ser considerado. Hemos tenido muy en cuenta que, en la mayoría de las ocasiones que el francés nos invadió, Extremadura era una pieza, de variable tamaño y valor, según las campañas proyectadas por Napoleón, sobre todo para la conquista de Portugal.

  Parecido panorama presentan los estudios de los demás Ejércitos provinciales surgidos tras la marcha y abdicación de los reyes a Francia. Aunque hay excepciones, no  cuentan con monografías a ellos dedicadas, pienso que, quizás la causa sea el panorama sombrío que suelen transmitir a nuestro “necesario” idealismo. En este sentido no somos esta vez la excepción.

  Nos llamó pues la atención  que Extremadura careciese de un estudio particularizado sobre su Ejército y para contribuir a llenar la ausencia del mismo decidimos realizar este pequeño estudio a la vez que nos servía para ofrecer de esta manera nuestro homenaje a todos los militares y civiles participantes en aquella contienda.

  Como bien indica el título, no se trata de una obra terminada, es solo un bosquejo, es decir los trazos fundamentales de un trabajo que debe ampliarse y completarse sobre todo con más documentación de primera mano, a ser posibles de fuentes directas. No obstante pensamos que es un trabajo histórico que merece ser conocido y aprovechado.

  El eje de nuestras consultas han sido las publicaciónes sobre la Guerra de la Independencia en Extremadura. Una, la del general D. José Gómez de Arteche y Moro, titulada Historia Militar de España.1808-1814, editada en Madrid 1868, que fue parcialmente impresa en 1898 por la Revista Extremadura para conmemorar el primer centenario; ahora la Diputación de la provincia de Cáceres ha digitalizado esos capítulos para conmemorar el segundo.

 Otra obra es la titulada Extremadura en la Guerra de la Independencia. Memoria histórica, de Ramón Gómez Villafranca y reeditada por Muñoz Moya Editores Extremeños en el año 2004.

 En ambas se observa cierto temor y huída ante los episodios con signos de evidente derrota acudiendo a la mala suerte o al silencio casi total. Es en este aspecto donde procuramos clarificar más las actuaciones.

 Para completar esos relatos hemos unido noticias encontradas en numerosas biografías de personajes de cierto relieve, participantes en aquella contienda, narraciones de batallas, historias del hecho en diferentes localidades etc.

 Hemos añadido una documentación gráfica que, a veces no nos ha sido posible averiguar su autoría y propiedad.

 1. Creación del Ejército de Extremadura.

 Como antecedente a la denominación de este Ejército puede tomarse el existente en la Guerra de Restauración de Portugal (1640 – 1668) estudiado por Fernando Cortés Cortés y editado por la Universidad de Extremadura en 1985.

  El denominado Ejército de Extremadura, de nuestra Guerra de la Independencia,  fue fundado en Badajoz, en los primeros días del mes de junio de 1808, por mandato de la recién constituida Junta Suprema de Extremadura, en su sección de defensa.

   Se había recibido el aviso del alcalde de Móstoles el 4 de mayo de 1808 y, posteriormente, se tomaron medidas para luchar contra el ejército francés muy presente en el cercano Alentejo portugués; en total eran unos 10.000 soldados. Al pueblo, el esfuerzo bélico del marqués de  Torre del Fresno, recién nombrado Gobernador Mariscal de Campo de Extremadura, debió parecerle equívoco e insuficiente -la turba le acusaba de traidor-, y caería asesinado en el levantamiento antifrancés, medio militar medio popular, ocurrido en Badajoz, el día de S. Fernando de ese mismo año -30 de mayo de 1808-.

 Tras el asesinato del gobernador, dadas las especiales circunstancias que atravesaba la monarquía española, hubo un vacío de poder. Se solucionó con toda celeridad     creando la Junta Suprema de Extremadura, de carácter provincial, a semejanza de las fundaciones de otras Juntas de ámbito similar surgidas en las demás provincias. No hemos dado con la denominación clara e inequívoca del título del cargo de primer Presidente, da la impresión que en los documentos se elude la escritura de este título. Sabemos que en ella se creó la sección de Guerra (1) presidida por D. Juan Nieto Aguilar, II Marqués de Monsalud y por el general D. José Galluzo, éste fue aclamado por el pueblo General Jefe del Ejército de Extremadura, por esto, según la normativa vigente, le correspondía también la jefatura política de la presidencia.

  En el verano de 1808 se organiza el primer contingente del Ejército de Extremadura al que, sin conseguirlo, se intentó completar con las fuerzas de élite desplazadas a Portugal como apoyo al ejército francés mandado por el duque de Abrantes, Andoche Junot.

  Todavía no se había estructurado el ejército adecuadamente cuando tuvo su primera acción participando, junto a los portugueses, en el asalto a los fuertes de Élvas y Campomayor, a la sazón defendidos por franceses, el 2 de julio de 1808 (2).

  Durante todo el verano de 1808 los reclutados acudieron a las poblaciones más importantes de la provincia, que en la práctica eran las convocantes directas del llamamiento a filas. A veces la estancia de los reclutados en ellas aumentó las tensiones entre los seguidores de las diferentes tendencias políticas -de Fernando VII, de Godoy, liberales patriotas y liberales afrancesados etc.- buen ejemplo de ello fueron los denigrantes sucesos de Plasencia (3). Para sostenerse a si misma y para alimentar y pertrechar toda esta tropa la Junta Provincial Suprema de Extremadura hubo de organizar, con toda rapidez, una economía que casi siempre resultó deficitaria moviéndose en la estrechez y la carencia.

 La noticia de la victoria del general Castaños en la batalla de Bailén el 17 de julio de 1808, sobre el ejército francés del general Dupont, debió despertar la euforia en todo el país. Sabemos por un estudio publicado en el Diario de Jaen el 19-7-2008 que en esta batalla participó una milicia de Trujillo formada por 290 hombres puestas bajo el mando del marqués de Coupigny. La posterior marcha de José I de Madrid hacia la frontera francesa, siguió inflando, ya de manera generalizada, nuestra valoración y nuestras posibilidades militares.

2. Batalla de Gamonal (Burgos).

  Lamina I Esquema de la batalla de Gamonal

Lám. 1.- Batalla de Gamonal, Burgos

A primeros de septiembre de 1808 ya estaba formado el Ejército de Extremadura compuesto por un total de 12.904 soldados: 11.970 de infantería, 1.150 de caballería y 684 artilleros  (4).

  El 25 de septiembre de 1808, ya ausente el rey José Bonaparte de Madrid, se constituyó en Aranjuez, la Junta Suprema Central Gubernativa, presidida por Floridablanca; ésta, unos días después, a primeros de octubre, ante los rumores de una gran contraofensiva francesa, comunica a la ya solamente Provincial de Extremadura la movilización del Ejército extremeño hacia el norte, solo cuatro meses después del comienzo de su reclutamiento.

 El último día de julio de 1808 el general inglés John Moore salió de Inglaterra para completar un potente ejército inglés en Portugal. La segunda derrota del ejército francés en el verano de 1808 la sufrió el general Junot en Portugal –batalla de Vimeiro, dada el 21 de agosto de 1808- a cargo de Wellesley, futuro lord Wellington; el 31 de agosto de 1808 se firmó la Convención de Sintra; el 6 de octubre de 1808 John Moore se encontró al mando del poderoso ejército inglés en Portugal, unos 38.000 hombres. Poco después, ansiando gloria, según Charles Esdaile, desobedece las indicaciones de sus superiores políticos y busca el cuerpo a cuerpo con las tropas francesas adentrándose hacia el centro de la peninsular.

Terminado el verano, Napoleón, que debía tener noticias exactas de estos movimientos, decide resolver directamente los problemas militares de la Península Ibérica. Pasa la frontera el 4 de noviembre de 1808 y el 8 está en Vitoria; marcha decidido al mando de 200.000 hombres; sin duda su objetivo era doble: uno la reconquista de Madrid, el otro la derrota del ejército inglés. Así quedarían lavadas las derrotas de Bailén y Vimeiro.

  A primeros de octubre, el 7 de octubre de 1808, nuestro Ejército, mandado por el general Galluzo y en número de unos 10.000 soldados se dirigen al norte; vía Madrid pasan a defender Burgos. El marqués de Monsalud queda en Badajoz organizando la reserva. En el trayecto son notorias las quejas de Galluzo a la Junta Suprema Central sobre las deficiencias de equipamiento, armas y demás de su ejército (documento nº 1). En los días finales de esta marcha, una orden de la Junta Central sustituye el mando de Galluzo por el del conde Belveder, que marchaba al servicio de Gallazo y era hijo del marqués de Castelar a la sazón Capitán General en Madrid quién tenía como segundo a D. Francisco Palafox a la sazón en la Sección de Guerra de la Junta Suprema Central (5).

 

 Nuestros soldados están acantonados el 8 de noviembre en Burgos. El día 10 de noviembre de 1808, Napoleón envía a combatirlos al experimentado mariscal Soult, manda unos 20.000 hombres. Ante la proximidad del ejército francés, el conde Belveder decide adelantarse y presentar batalla, muy cerca de Burgos, en la llanura de Gamonal; indeciso, retrocede tras un corto y positivo combate. Apenas continuado el siguiente día, los franceses ponen en fuga desordenada a Belveder y sus soldados. Éste, prosiguió por Lerma y Aranda hasta Segovia, donde recaló con su 3ª división; la mayor parte del resto fue acuchillada o pudo llegar a Burgos junto a las tropas francesas que les perseguían. Hubo unas 2.500 bajas aunque no faltaron algunos gestos de heroicidad por parte española. Burgos capituló (Lám I).

 

 Muy pronto la Junta Central Suprema tuvo conocimiento del resultado negativo de las batallas de Espinosa y Gamonal, libradas el mismo día por distintos ejércitos provinciales. La Junta sustituyó sus mandos: el conde Belveder lo fue por D. José de Heredia en el Ejército de Extremadura y el general Blake, en el de Galicia o de la Izquierda, por el marqués de La Romana a la sazón llegado de Dinamarca el mismo día 10 (6).

 

 Parece ser que, a escala militar -políticamente no oficial-, lo previsto era que los dos ejércitos mencionados, el ejército del Centro o de Andalucía, mandado por el general Castaños, más las tropas británicas mandadas por Moore, deberían haber luchado juntas contra las fuerzas napoleónicas, pero una mala coordinación entre ellos y las órdenes de la Junta Suprema Central desviando de este proyecto al general Castaños hicieron imposible su realización (7) (documento nº 2). Desde luego la falta de prudencia y una milicia poco preparada debió ser un factor importante a la hora de enjuiciar el resultado de esta primera batalla.

 

 Hemos dejado a la mayoría de los restos del ejército de Extremadura, que participó en la batalla de Gamonal, retirados en Segovia esperando como reservas el resultado de la batalla de Somosierra, decisiva para la reconquista de Madrid por los franceses.

 

Entre ambas batallas tiene lugar el asesinato del marqués de Perales en Madrid, el 23 de noviembre del 2008. La batalla de Somosierra, dada el 30 de noviembre de 1808, enfrentó a las tropas mandadas directamente por Napoleón y las españolas dirigidas por el general español Benito Sanjuán; aunque menos cruenta que Gamonal, su resultado fue parecido: huida en desbandada hacia Segovia donde se reunieron con el resto de las extremeñas allí estacionadas. Desde Segovia, siempre perseguidos por los franceses, se trasladaron ambos generales al Escorial. Tras tener noticias de la capitulación de la capital, Madrid, retrocedieron más al sur con los restos de sus atemorizados ejércitos y en medio de una cruel anarquía, llegaron a Talavera de la Reina, donde el general Benito Sanjuán fue asesinado por uno de los soldados el 7 de diciembre de 1808. Fue el triste final del Ejército de Extremadura en esta desafortunada campaña (8).

 

3. La primera defensa del puente de Almaraz.

 Así las cosas; todos huyendo hacia el sur, por el camino real,  todos llenos de pavor, con el ejército napoleónico pisándoles los talones. Entre ellos va también la Junta Central Suprema, acompañada de los numerosos asuntos que proporciona el cuidado de la patria y en medio de un desprestigio creciente por las recientes derrotas.

 

 Ante este panorama, la Junta de Extremadura intenta salvar lo que resta de su ejército y vuelve a encargar al general Galluzo de reunir y disciplinar, en lo posible, aquella tropa, la dé ánimos y regrese. El alférez Morillo, futuro jefe de guerrillas, contribuye eficazmente a devolverles algo la moral, ante el anuncio de la llegada de su antiguo jefe, tan injustamente apartado del mando por la Central.

 

En éste, su segundo mandato, el general Galluzo tenía un primer e inmediato objetivo militar, muy concreto: defender, desde su margen izquierda, el paso del río Tajo; pero a la vez debió ocuparse de reunir, alimentar, vestir, pertrechar y dar moral a su defraudada tropa.

 

 Para llevar a buen fin la operación mencionada, dividió su Ejército. Había que defender cuatro puentes: el puente del Arzobispo, -desvío del camino real por Oropesa-; el del Conde -vía Talavera la Vieja-; Almaraz y el del Cardenal en el enlace Trujillo- Plasencia.

 

 El objetivo principal era mantener el puente de Almaraz, ya que era el único que permitía el paso, con facilidad, de la artillería pesada y ofrecía posteriormente un trazado mejor mantenido y recto hacia las ciudades más importantes del centro y sur de Extremadura. Supuso bien, sin duda debía ser el que los enemigos uitilizarían. A su defensa quedó el mismo general, con la mayor parte de su ejército; ordenaba la defensa del puente del Cardenal al batallón de las guardias Walonas y a un escuadrón; al general Trías le encomendó defender el puente del Conde y cortar el del Arzobispo.

 

 Todo inútil, la caballería francesa al mando de Sebastiani había pasado ya este último puente y se adentraban por la sierra a cortar las tropas de Galluzo por su flanco derecho. El 25 de diciembre de 1808, el Ejército de Extremadura recibe la orden del general Galluzo de retirarse hacia el sur, hasta Zalamea de la Serena (9).

 

 De haber presentado batalla abierta en las inmediaciones del río Tajo para defender su paso, dados los diferentes efectivos de ambos contendientes y las especiales circunstancias de nuestro ejército, se habría expuesto a un probable aniquilamiento, pero como veremos, por el momento no era ese el objetivos de los franceses del IV cuerpo.

 

 Otra de las posibles razones que alegó Galluzo era la protección de la Junta Suprema Central, a la sazón huida en Mérida desde el 10 de diciembre de 1808; atemorizada y dudosa entre su establecimiento en su primer destino, fijado en Badajoz o, en vista de los acontecimientos militares, proseguir hacia Sevilla, en territorio más seguro. Finalmente se siguió esta opción.

 

 La Junta Provincial de Extremadura debió juzgar una conducta negligente en Galluzo y lo cesó. Es significativo observar que el general Sebastiani hacia su entrada en Plasencia el 24 de diciembre de 1808 (10), justo cuando se perdió el puente de Almaraz, así pues poco pudo perseguir al general Galluzo y nuestro Ejército por tierras del centro y sur de Extremadura. No era ese su objetivo.

 4. D. Gregorio García de la Cuesta, Capitán General del Ejército de Extremadura.

 La Junta Suprema Central, tras su paso por Trujillo, estaba detenida y duvitativa en Mérida. Entre los asuntos pendientes tenía  la causa abierta contra el afamado general cántabro D. Gregorio García de la Cuesta, al que llevaba detenido, acusado por apresar al almirante Antonio Valdés, delegado de la Junta del Reino de León.

 

 Cuesta era de feliz memoria para los militares extremeños ya que había tenido destino en Badajoz y marchado en 1793 con fuerzas de esta provincia, a luchar en la guerra de la Convención, en el sur de Francia.

 

Como anillo al dedo. La Junta Suprema Central fue reticente en un principio al deseo de la Provincial de Extremadura, que significaba dar carpetazo a la detención de Cuesta,  las circunstancias se impusieron y ante la necesidad de proseguir el viaje a Sevilla, Floridablanca accedió al canje: viaje expedito a Sevilla a cambio de la rehabilitación del general. Cuesta fue nombrado de esta manera Capitán General de Extremadura y comandante de su ejército el 29 de diciembre de 1808 (11).

 

No tardó excesivamente el nuevo Capitán General del Ejército de Extremadura, D. Gregorio García de la Cuesta en tener un ejército organizado y fija su cuartel general en Badajoz; después, emprende la reconquista del territorio extremeño ganado por los franceses en la margen izquierda del río Tajo en  su primera incursión por tierras extremeñas.

 

 El general Henestrosa, veterano en todas las campañas del Ejército de Extremadura desde su participación en la batalla de Gamonal, conquista Trujillo al mando de una división de 5.000 hombres. Cuesta hacía lo propio con el puente de Almaraz el 29 de enero de 1809 (12).

 

 Según estos relatos narrados por Gómez de Arteche, llama la atención en el ejército francés, su repentina pérdida de acometividad; dando signos de retroceso militar,  pierde un precioso terreno; no figura el nombre de ningún mando francés de ninguna categoría, ni el número de muertos, heridos o prisioneros de esta rápida campaña. Esto nos hace sospechar que su número debió ser muy corto y su significado militar sobradamente inflados por Arteche y otros autores. Sin embargo, no cabe dudas que el ejército de Extremadura, con estas victorias locales, cobra moral, ¿pero que hechos pueden haber influido también en el cambio de actitud del invasor francés?.

 

 La composición del ejército francés en esta primera aparición por Extremadura estuvo, a cargo principalmente del IV Cuerpo del Ejército Imperial a cuyo mando estuvo, según algunos, el general Lefebre. Según otras biografías, ya antes de la batalla de Gamonal, Napoleón sustituyó a Lefebre de su puesto por su segundo, el general Sebastiáni, como jefe de este IV Cuerpo (13).

 

 Hemos apuntado que la mayor parte de este Cuerpo del ejército francés no tenía intención de conquistar tierras por debajo del río Tajo y se dirigió a Plasencia en donde estuvo desde el día 28 de diciembre de 1808 -día de la llegada del General Galluzo a Zalamea, recién perdido el puente de Almaraz-, hasta el 1 de enero de 1809 que marcharon hacia el norte, hacia Castilla.

 

 Como bien menciona el mismo autor, aunque muy brevemente,  el objetivo primordial de esta primera invasión del territorio extremeño era  impedir cualquier  refuerzo o unión con las tropas británicas del general sir John Moore quién, penetró en España por Extremadura, parte de su ejército sigue el camino Real desviándose finalmente hacia Salamanca. Después pasa a los alrededores de Tordesilla donde parecía querer presentar batalla. Hasta el día 26 de diciembre no decide claramente retroceder hacia Galicia dirigiéndose por Benavente, con toda rapidez, antes que el mariscal Jean de Dieu Soult le cortara la retirada por el norte. Es entonces cuando las tropas francesas del IV Cuerpo, al mando de Sebastiani, abandonan Plasencia siguiendo hacia el norte en esa misma dirección. Los problemas inmediatos para los franceses como se ve, estaban en otra parte.

 

 No pudo el general Soult aniquilar al ejército británico que llegó a embarcar en La Coruña, pero acabó con la vida de su jefe Moore, en la batalla de Elviña, el 16 de enero de 1809 (14). Embarcado con la mayor rapidez el ejército inglés en La Coruña y alejado de las costas españolas, Soult debía proseguir su plan que no era otro que la reconquista de Lisboa. La llegada del ejército británico había alterado los planes de Napoleón que, tras la reconquista de Madrid era conseguir la invasión del territorio portugués por el centro-este. Ahora, la nueva situación de Soult en Galicia, le aconsejó iniciar la invasión de Portugal desde el norte. Éste, tras la conquista de la mayor parte de Galicia, entró en Portugal a partir del 4 de marzo de 1809; en Oporto, Soult lo hacía victorioso el 29 de marzo de 1809 (15).

  Siguiendo los planes de Napoleón, con intención de imponer definitivamente su poder en Portugal; el mariscal Víctor, al mando del I Cuerpo, lo invadiría algo después. Primero conquistaría la provincia de Extremadura; después penetraría en Portugal por el centro, siguiendo el camino Real, hasta unir sus fuerzas  a las de Soult que bajaría desde Oporto y ambos se apoderarían de Lisboa. Más tarde se conquistaría Andalucía.

 

5. La segunda defensa del Puente de Almaraz

Lamina II Voladura del puente de Almaraz

Lám. 2.- Voladura del puente de Almaraz

 Una vez desembarazados del ejercito británico de Moore, a mediados de enero de 1809, los franceses prepararon enseguida la invasión por Extremadura. El mariscal Victor al mando del I cuerpo del Ejército francés, unos 20.000 hombres, ha de adentrarse en el centro de Extremadura para proseguir después hacia Lisboa unido a las tropas de Soult que descenderían desde Oporto. Nuestro Ejército detecta una avanzadilla de reconocimiento que había penetrado por el Puente del Arzobispo el 19 de febrero de 1809, la milicia allí destacada, al mando del general Trías, entabla con ella una lucha. Los franceses, a pesar de ser hostigados, avistan Guadalupe y después retroceden.

 

 Debieron ser momentos duros y de gran inquietud en la comarca trujillana donde, recordemos, el día 13 de marzo de 1809 fallecía el teniente Ruiz de Mendoza.

 

 Tenemos noticias por la prensa de Badajoz de aquella época -Almacén Patriótico nº 2-, de que el teniente Ruiz, herido el 2 de mayo de 1808, defendiendo el Parqur de Artillería en Madrid, pudo huir muy pronto y aún convaleciente de sus heridas llegó a Badajoz donde le aguardaba su nuevo destino militar. Su llegada es muy temprana, en el mes de julio de 1808; la noticia del citado periódico cuenta su estancia y su estado convaleciente: menciona la presencia al menos de dos heridas, una de ellas en el costado infectada -purulenta dice el citado artículo-.

 

 Podemos suponer con lógica, que con notable mejoría pudo subir desde Badajoz con las tropas del general Cuesta para acometer la reconquista y defensa posterior del puente de Almaraz o bien que, agravada su salud, se retiró a Trujillo donde tenía familiares militares. Su estado no debía ser del todo bueno a finales de invierno; quizás el esfuerzo de su debilitado cuerpo en el camino, si es que lo recorrió entonces, pudo motivar la recaída y posterior muerte del héroe, a mediados de marzo en Trujillo. Su desaparición y el entierro  debió ser un acontecimiento en nuestra población repleta entonces de militares para los que, especialmente era un héroe. Ante la inminente llegada de los franceses se inflamaría la moral de ciertos militares, pero en la de otros, ya sacudidos por la derrota, debió ser un mal presagio (16) (Documento 3 y 4).

  

  Hemos mencionado que no tardaron en volver los franceses; el 15 de marzo de 1808 Leval y Lasalle -nuevamente y por sitio parecido-, pasan el río Tajo más al oeste del puente de Almaraz,  por Talavera de la Reina -un puente por encima del Arzobispo que no había sido utilizado en su anterior campaña-. Practican una acción envolvente por la derecha, muy semejante a la practicada contra el general Galluzo, menos de tres meses antes. Entablaron un combate ciertamente poco afortunado para el Ejército de Extremadura mandado por  Cuesta, quien, voló el puente de Almaraz el 15 de febrero de 1809 (17), (Lám II). No fue obstáculo para que el mariscal Victor pasara el río Tajo con el grueso del I cuerpo de su ejército. Cuesta se repliega ordenadamente, primero hacia Trujillo y luego más al sur, vía Sta Cruz de la Sierra, hacia Medellín. En esta retirada no faltan escaramuzas entre nuestra retaguardia, mandada por D. Juan de Henestrosa y los grupos de la vanguardia francesa de Lasalle. Entre ellas se mencionan las del berrocal, ya pasado Bajondo y la librada en las proximidades de Miajadas, ambas nos fueron favorables.

 

 Espoleado por estas pequeñas victorias, cierto que poco cruentas, Cuesta decide presentar nuevamente batalla. La ocasión se le presenta favorable cuando el mariscal Víctor decide separar sus fuerzas; unos van a Mérida y otros a Medellín.

 

  6. Batalla de Medellín.

Lamina III Esquema de la batalla de Medellin

Lám. 3.- Esquema de la batalla de Medellín

El ejército de la Mancha al mando de D. José María de la Cueva y de la Cerda, XIV duque de Alburquerque, nos prestó su ayuda con 4.000 hombre, de los que 200 eran de caballería; el Ejército de Extremadura aportaba unos 15.000 soldados. Tras su entrevista con Cuesta, en Villanueva de la Serena, el 27 de marzo de 1809, decidieron presentar batalla inmediatamente.

 

 Ya reagrupados los franceses, ambos Ejércitos avanzaron resueltamente el 28 hacia Medellín con un  número de tropas parecido. Todo inútil. Nuestro ejército, tras varios kilómetros de marcha, sufrió otro tremendo descalabro: 10.000 bajas, algo más del doble que el ejército francés; después se dispersó para volver a concentrarse en los alrededores de Monesterio. Por esta vez La Junta Suprema Central se mostró agradecida con la labor de Cuesta y sus mandos pero se le prohibió realizar, de momento, combates abiertos (18) (Lám III).

 

 A pesar de todo, por difícil que parezca, muy pronto Cuesta puede disponer de 14.000 hombres  con los que proseguir la lucha. En la consecución de tan nutrida representación de los pueblos de Extremadura, es necesario destacar el trabajo del II marqués de Monsalud, quién, como dijimos al comienzo, fue, junto con el general Galluzo, encargado de la Sección de Defensa en la Junta de Extremadura ocupando también el cargo de vicepresidente. Monsalud, según su biógrafo, estuvo moviéndose por toda la provincia, recabando pertrechos, hombres, cuestiones dinerarias etc. (19)

 

 Durante los meses siguientes, el ejército francés estuvo estacionado en el centro de Extremadura; desde el río Tajo, las inmediaciones de Trujillo, a las cercanías de Mérida.

 

 Cuesta y sus hombres les molestaban cuanto podían quizás ajenos a la causa de esta inmovilidad. Sin duda Victor esperaba noticias positivas de la marcha de Soult desde Oporto a Lisboa. Como es sabido esta marcha no se llegó a producir.

 

 El 22 de abril, Arthur C. Wellesley había desembarcado en Lisboa con más refuerzos británicos; estos, unidos a las tropas portuguesas, acometieron directamente a los franceses en Oporto el 12 de mayo de 1809. Soult con su ejército hubo de emprender rápida retirada hacia la frontera española por la parte de Lugo. Ante esta inesperada retirada de Soult, Wellesley pudo realizar una ofensiva por Extremadura para tantear liberar Madrid.

 

A tal efecto se puso en comunicación con el general Cuesta a través del coronel Bourke, quien debía intentar, entre otras cuestiones, lograr cierta cooperación entre ambos ejércitos, el anglo-portugués y el Ejército de Extremadura.

 

 Ante estas noticias, tan desagradables para los franceses pues suponían renunciar al segundo plan de Napoleón para la conquista de Portugal, y el anuncio de que Wellesley estaba cruzando Portugal, descendiendo desde Oporto hacia Extremadura, el general Víctor temió que su posible retirada hacia el norte fuera cortada y con sus tropas abandona con rapidez las posiciones del centro de Extremadura para cruzar de nuevo el río Tajo por el puente de Almaraz y por la margen derecha, aguas arriba, se estaciona entre este puente y el del Arzobispo. Cuesta con nuestro ejército le sigue en su retirada y establece su cuartel general en la margen derecha, muy cerca del puente citado; sus tropas vuelven a pasar con comodidad por ambas márgenes por los puentes citados.

 

7. Batalla de Talvera.

Lamina IV Esquema de la batalla de Talavera

Lám. 4.- Esquema de la batalla de Talavera

 El día 20 de julio de 1809 se reunieron Cuesta y Wellesley en Oropesa, se ultimaron los planes generales para dar la batalla; entre los dos reunían un formidable ejército de cerca de 55.000 hombres -siguiendo a Arteche Moro-.

 Ya el 21 de julio de 1808 hubo alguna escaramuza con iniciativa de parte francesa entre Oropesa y Talavera. La batalla decisiva se dio en las proximidades de esta ciudad el 27 y 28 de julio de 1809. Días antes, el 23, Cuesta a punto estuvo de caer en una encerrona de estrategia francesa. Tras la victoria hispano-inglesa de Talavera, Cuesta con el ejército extremeño sostuvo estas posiciones de la entonces provincia extremeña, pero Wellesley, lod Wellington, optó por regresar a la frontera portuguesa por el sur, en la margen izquierda del Tajo; siguió a toda prisa el camino Real hacia Badajoz, alegó  escasez de víveres y la imposibilidad de salvaguardar con seguridad tan extenso territorio. Puso de manifiesto su equilibrio entre valor y prudencia (Lám IV).

 

 No era para menos, los informes le debieron anunciar que el  ejército francés se acercaba forzando máquinas y hombres; rápidamente descendían desde León y Zamora. En efecto el día 1 de agosto de 1809, Soult, Ney y Motier con los restos de sus tropas entraban en Plasencia -solamente dos días tras la batalla de Talavera-. Allí permanecieron 6 días, los justos para comprobar que el ejército inglés se había replegado completamente hacia la frontera portuguesa; continúan después hacia Talavera de la Reina (20).

 

 Cuesta nunca se entendió bien con Wellington, los desencuentros fueron evidentes como se desprende de la lectura de su célebre manifiesto dirigido a la Europa… El ejército de Extremadura se sintió abandonado por los ingleses en estos momentos que Cuesta debió juzgar decisivos. No debió verlo así la Junta Central.  Ésta, tras la batalla de Talavera, concedió a Wellington el título de Capitán General; su gobierno –el gobierno inglés- el título de lord vizconde Wellington de Talavera; Cuesta alcanzó la Gran Cruz de Carlos III y hacia lo propio con el IV Duque de Alburquerque ascendiéndole además a Teniente General (21).

 

 Es evidente que Cuesta en un principio intentó mantener las conquistas de la margen derecha; su deseo posible hubiera sido que ambos ejércitos siguieran atacando a los franceses hasta reconquistar Madrid. Pero Wellington era consciente de las limitaciones económicas, la escasez de todo tipo que había en las poblaciones; muy pronto los víveres faltaron, como bien sabía el británico. Realmente no había comida en aquellas poblaciones y nuestro ejército hubo de fijar la frontera de nuevo hacia el sur, en la margen izquierda del  río Tajo.

 

 El temor a una nueva invasión francesa por los puentes de Almaraz y el Arzobispo, tras los regresos de Soult, Ney y Motier, pesó de nuevo sobre la moral de nuestro ejército. El general Cuesta abrumado por todo esto y sobre todo por su desencuentro con Wellingtón y por la opinión que de él iba manifestando éste  en el sentido de su imprudencia y temeridad le hizo dimitir. Posteriormente en Mallorca escribió su célebre manifiesto dirigido a la Europa justificando sus actos (documento nº 5). De todo lo ocurrido notificó a la Junta Central desde la ciudad de Trujillo.

  El mando del ejército de Extremadura pasó entonces al general Eguía, el 12 de agosto de 1809.

  Vimos que, ante la imposibilidad de cortar la retirada del ejército británico mandado por Weslesley en la batalla de Talavera -por muy poco-, el 7 de agosto de 1808, los franceses de Soult, Ney y Motier habían marchado desde Plasencia al valle central del río Tajo. Soult, el rey José, el mariscal Victor, y demás jefe del ejército francés que habían escapado de Portugal y Talavera, buscaban un nuevo planteamiento de la guerra.

 

 La vuelta de los citados mandos a Plasencia el día 10 de agosto de 1809, una vez reconquistados los territorios de la margen derecha del río Tajo, pone de manifiesto  la inutilidad objetiva de la victoria aliada de Talavera y, a nuestro entender, justifica el acierto de Cuesta en cuanto a su dimisión. Una vez en Plasencia, Ney y Motier con sus respectivos cuerpos del ejército, marcharían hacia Salamanca; el mariscal Soult quedó en esta ciudad con el suyo, observa expectante y atento durante casi dos meses.

 

 

8. La batalla de Ocaña.

 Lamina V Esquema de la batalla de Ocaña

Lám. 5.- Croquis de situación de la batalla de Ocaña

El ejército de Extremadura durante estos meses queda en las mismas posiciones. Sin embargo, muy pronto la Junta Central Suprema decide dividir este ejército. Ya comenzado septiembre de 1809, quedan en defensa de Extremadura 12.000 hombres, al mando del duque de Alburquerque y, según nuestros cálculos a partir de los soldados que intervinieron en la batalla de Talavera,         marchan hacia el SE en sierra Morena, al menos otros 20.000. Eguía es nombrado por la Junta Central Suprema, capitán general de los agrupados ejércitos del Centro; tiene a su mando de 51.689 hombres y, a primeros de octubre de 1809 fija su cuartel general en Daimiel.

 

 Soult, establecido en Plasencia desde agosto, conoció muy pronto estos movimientos de alejamiento de gran parte del ejército de Extremadura, ahora al mando del general Eguía, y posiblemente también, de las intenciones de la Junta Central Suprema de reconquistar Madrid. El día 1 de octubre de 1809 abandona la ciudad placentina, en dirección al centro de España, concretamente hacia los alrededores de Aranjuez -salió de Plasencia solamente unos días después de salir Eguía hacia Sierra Morena-. Está presente como Mayor General con parte del cuerpo de su ejército el 19 de noviembre de 1809 en Ocaña, acompaña al rey José y a Sebastiani; Víctor con el 1 cuerpo quedó algo más a retaguardia.

 

Ante la presencia de los 1 y 4 cuerpos militares de Víctor y Sebastiani, pronto manifestó el Capitán General Eguía su prudencia, dudas o temor retirándose con su numeroso y bien pertrechado ejército, a lugar seguro algo más al sur, en Sierra Morena. Este hecho fue tomado por la Junta Central Suprema quizás como cobardía o al menos como indecisión. Sus deseos eran  marchar hacia Madrid forzando con la mayor rapidez la máquina de guerra; por ello fue sustituido rápidamente en el mando.

 

 El nuevo mando de este gran Ejército  recayó en el veterano general Areizaga desde el 22 de octubre de 1809. La batalla se libró el 19 de noviembre de 1809.

 

 Alburquerque con los restos del Ejército de Extremadura también debía colaborar en este macroplán de intentar reconquistar Madrid tras lograr otro “Bailén” en Ocaña y, siguiendo las órdenes de la Junta Central Suprema, simula una nueva invasión de la margen derecha del río Tajo el 25 de octubre de 1809 adentrándose por Almaraz y el puente del Arzobispo; se intenta hacer creer al enemigo que un potente ejército británico acompaña nuestra retaguardia y así atraer parte del ejército francés situado en el centro.

 

 Deberían contar con buena información los franceses pues la maniobra no surtió efecto y el ejército francés siguió reagrupado en torno a Aranjuez.

 

Ya hemos apuntado el resultado desastroso de la batalla de Ocaña donde el número de nuestras bajas fue muy elevado, unos autores dan el número de 18.000 bajas entre muertos y prisioneros, otros una cifra aún mayor. Nuestros 25.000 hombres presentes en el agrupado ejército del Centro casi desaparecieron (Lám V).

 

 Al general Areizaga, gestor de aquel desastre, se le atribuye la siguiente conversación en plena batalla y transferida por uno de sus ayudantes.

 

 Subido trabajosamente al campanario de la torre de la iglesia de Ocaña conversaba:

    –   ¿Quiénes son aquellos que asoman allí?.

          Mi general, son los franceses del cuerpo del ejército del mariscal Víctor.

          ¡ Buena se va a armar!, contesta el general, sin tomar decisión alguna.

          ¿Y aquellos que vienen por allí?.

          Son los cuerpos del ejército del mariscal Jourdán.

          ¡Buena se va a armar!, repetía el general.

Tras la retirada de nuestras tropas Areizaga comentó:

    –    Ya lo decía yo!. ¿No les decía a ustedes que se iba armar una? (23).

 

Después de Ocaña, el general Areizaga, al mando de los restos del ejército del Centro, hostigó, aunque más bien poco, a los franceses en su invasión de Andalucía.                   

 

 Resumiendo: El plan de la Junta Central Suprema, situada en Sevilla, de formar dos  grandes Ejércitos españoles para marchar a la reconquista de Madrid fracasaron en las batallas de Ocaña y de Alba de Tormes dada el 30 de noviembre de 1809. Las cuantiosas pérdidas humanas y de material bélico dejaron al Ejército español, muy debilitado y en una dificilísima situación.

 

 Los franceses fueron conscientes de ello y obraron en consecuencia; dadas las claras posibilidades que ofrecía decidieron conquistar Andalucía.

 

 El mariscal Soult concibe un plan para su conquista con un nuevo contingente de tropas distribuidas en varios cuerpos a las órdenes del rey José y los mariscales Víctor, Portier y Sebastiani.

 

 Víctor manda el cuerpo del Ejército francés situado más al oeste y, a través de Almadén, deberá conquistar Córdoba y después dirigirse a Sevilla. El 12 de enero de 1810 comenzó a acometerse este plan. Con su cuerpo de ejército de 20.000 hombres, Víctor se lanzó a la conquista de Almadén.

 

 El general español Zerain con 1.500 hombres defendía esta plaza; su inferioridad era manifiesta y pidió ayuda urgente el siguiente día -13 de enero de 1810- al ejército de Extremadura a las ordenes del recién nombrado Teniente General de nuestro ejército, Duque de Alburquerque.

 9. Marcha del Ejército de Extremadura a Cádiz en defensa de la Junta Central Suprema

 Gran parte de los 12.000 hombres que componían el grueso de este ejército se hallaba en la zona central, entre Mérida y Don Benito y sin dilación Alburquerque movilizó su ejército hacia Almacén. No había cruzado este ejército la comarca de la Serena cuando se recibieron noticias de la pérdida de dicha ciudad.

 

Tras estos sucesos el Duque de Alburquerque debió tener la seguridad de que los franceses intentaban de nuevo conquistar Andalucía. El mariscal Víctor, con su ejército, una vez conquistada Córdoba se encargaría de adueñarse de Sevilla y deponer a la Junta Suprema Central donde entonces residía.

 

 Sin pérdida de tiempo quedó 4.000 hombre para defender Extremadura al mando de D. Juan Senes y Contreras y el brigadier D. Rafael Menacho. Él, con la mayor parte del Ejército de Extremadura, unos 8.000 hombres, dividido en dos cuerpos, marchó hacia Sevilla; uno seguía el Camino Real a través de Santa Olalla; el otro lo hacia más al este por Guadalcanal. Pasada esta población y situados en el Pedroso se recibieron ordenes de la Junta Suprema Central de dirigirse a Sevilla con la mayor urgencia.

 

 Bajaron a Cantillana , al este de Sevilla, cambiaron de margen cruzando el río Guadalquivir. Nuevas contraórdenes de la Suprema Central desde Sevilla en el sentido de marchar a defender Córdoba. Alburquerque viendo la imposibilidad de cumplir este cometido decide enviar un mensajero a Sevilla para que exponga su situación y posteriormente recibir nuevas órdenes. A su regreso, éste le pone de manifiesto el caos que vive la ciudad de Sevilla y la huida de la Junta Central Suprema hacia Cádiz.

 

 Los 10.000 soldados que formaban entonces el Ejército de Extremadura al mando de Alburquerque, deciden descender algo más y se establecen en Carmona, el 26 de enero de 1910; desde allí se enviaron destacamentos  a Marchena, Fuentes de Andalucía y Écija; en esta última ciudad nuestros hombres entran en contacto con la caballería de la vanguardia del mariscal Víctor. Nuestras tropas, viendo que la cercana Sevilla era indefendible entre otras cosas por nuestra inferioridad numérica, abandonaron Carmona y se dirigieron a marchas forzadas al sur, hacia Cádiz, para sumarse a la defensa de esta ciudad donde residía ya el gobierno de España en aquel momento todavía La Junta Central Suprema.

 

 Todos los cuerpos del Ejército francés empleados en el plan de conquistar Andalucía cumplieron sus primeros cometidos. El 28 de enero el mariscal Víctor y su ejército se apoderaron de Carmona y su zona; el 1 de febrero de 1810 pactó Sevilla su rendición; rápidamente forzaron la marcha en su intento de impedir que Alburquerque y su ejército llegaran a Cádiz.

 

 El Ejército de Extremadura en dos jornadas avanzó desde Utrera a Jerez de la Frontera -74 km- donde llegaron el 31 de enero de 1810. Continuaron sin apenas descanso hacia Puerto Real siendo ya hostigados por la caballería de vanguardia de Víctor. Por fin, el 4 de febrero de 1808 nuestras tropas llegaron a Cádiz   Hombres y animales estaban demacrados, hambrientos, descalzos… recibieron la ayuda, los aplausos y vítores de los gaditanos; más tarde quedaron enrolados en las fuerzas que defendían la ciudad, todos bajo el mando de Alburquerque (24) -el Consejo de Regencia, presidida por el general Castaños, había sustituido a la Junta Central Suprema el 2 de febrero de 1810 y el 3, de ese mismo mes y año, los franceses iniciaron la conquista de Extremadura por el sur -.

 

 La ciudad de Cádiz era ya la capital de la España patriótica y esta prudente y obligada retirada del Ejército de Extremadura a la ciudad, tuvo una gran importancia en el posterior desarrollo de la guerra ya que su refuerzo, añadido a las fuerzas y defensas de todo tipo que ya tenía la ciudad, supuso la imposibilidad de su conquista por los franceses y la inmovilidad del cuerpo del Ejercito francés mandado por el mariscal Víctor quien posteriormente recibiría otros refuerzos. El mismo 9 de febrero de 1810, Víctor,  lanzó sin éxito su primer ataque ( 24); no levantaría el sitio hasta el 25 de agosto de 1812 tras la batalla de los Arapiles (22 de julio de de 1812); el 12 de agosto de 1812 Madrid había sido nuevamente tomado por las tropas aliadas mandadas por el duque de Wellington.

 

10. Invasión de Extremadura por el sur.

 Los siguientes meses de 1810 no fueron precisamente de calma para el disminuido Ejército de Extremadura. Recordemos que de los 40.000 soldados que reuniera el general Eguía, más de la mitad marcharon a combatir a Ocaña; 8.000 descendieron a Cádiz, con el ahora Capitán General del Ejército del Sur, Duque de Alburquerque. Restaba una guarnición de 4.000 hombres; de estos una división quedó al mando del brigadier Menacho defendiendo Badajoz; la otra, al mando del brigadier Contreras se distribuyó de forma variable por el centro y sur de Extremadura.

 

 Numerosos soldados más había en la fecha indicada, distribuidos en la guerrilla; aunque  el estudio de ésta, no es objeto de este trabajo, si queremos mencionar por sus rasgos pintorescos la constituida por la Leal Legión Extremeña, formada por el irlandés Juan Downie el 21 de enero de 1810 y que según narra el conde de Toreno fue el depositario de la espada de Pizarro, por donación de la marquesa de la Conquista.

 

  A estas cortas defensas hay que añadir la ayuda prestada por el Marqués de la Romana con un mayor ejército, aunque ya mermado tras la derrota de Alba de Tormes el 28 de noviembre de 1809, procedente del Ejército de Izquierda o de Galicia que estaba establecido, desde comienzos de 1010, en el norte de la actual provincia de Cáceres.

 

  Soult, tras la marcha de Alburquerque y sus hombres, se dio cuenta enseguida de la falta de protección de Extremadura y el mismo 3 de febrero de 1810, dos días después de la capitulación de Sevilla y uno antes de recalar Alburquerque en Cádiz, envió al mariscal Mortier, con el V cuerpo, a conquistar o al menos tantear la conquista de  Extremadura por el sur; en especial la ciudad fortificada de Badajoz. Ante sus muros  se presentó el francés Mortier con su ejército pidiendo la rendición, el 10 de febrero de ese mismo año. Sin embargo, dadas sus carencias, no juzgó oportuno el asedio, pidió refuerzos a Sevilla y, en espera de ellos, se retiró con la mayor parte de su ejército, algo más hacia el sur, a la zona de Llerena. Hasta el 2 de agosto no le llegó una división al mando del general Girard.

 

 Ante esta situación, el marqués de la Romana decide intervenir y comienza el descenso con sus hombres desde sierra de Gata en el norte de la actual provincia de Cáceres; se le suma a la acción la división del Ejército de Extremadura bajo el mando del brigadier Contreras, quedando encuadrada ahora, muy a su pesar, bajo las órdenes del general Ballesteros. Ambos distribuyen su numerosos personal en varios puntos del sur de nuestra región.

 

 La estancia en Badajoz del marqués de La Romana, con el resto del Ejército de la Izquierda o de Galicia, entre 20 y 30.000 soldados, más las divisiones de Contreras y Menacho, protegiendo nuestro territorio, no significó, como se creía por su elevado número, una garantía para repeler a las tropas de Napoleón. La Romana fue derrotado en Cantaelgallo, 11 de septiembre de 1810, y Fuente de Cantos el 15 de septiembre de ese mismo mes y año. 

 

 El brigadier Contreras, por las mismas fechas, lo fue en Constantina siendo sustituido en el mando de los restos de nuestro ejército, por el brigadier Imaz. Menacho con su división quedó defendiendo Badajoz. 15 de agosto de 1810.

 

 Por tercera vez Napoleón intentó conquistar Portugal; formó un  ejercito de 80.000 soldados, “La Armée de Portugal”, a su mando colocó al experimentado mariscal Massena.

 

 Inmediatamente después de los hechos relatados, el marqués de la Romana marchó a Portugal a unir sus fuerzas a las del ejercito anglo-portugués de Wellington, en la línea de Torres Vedras. Así las cosas, la puerta de Extremadura por el sur, quedaba de nuevo abierta y Soult no lo ignoró. En enero de 1811 subió de Andalucía con un potente ejército para socorrer a Massena, se hacia imprescindible conquistar Extremadura, especialmente Badajoz y las demás plazas fuertes fronterizas con el fin de no dejar enemigos en la retaguardia.

 

 La nueva situación de Regencia como forma de gobierno nacional, desde el 13 de enero de 1810,  nombró al veterano general D. Juan de Henestrosa, el 13 de abril de 1810 para dirigir y organizar -en lo posible aumentar- el exiguo ejército extremeño; por ello fue ascendido a Capitán General; dados los aires centralizadores, lógicamente también se le nombra presidente de la Junta Provincial de Extremadura el 22 de mayo de ese mismo año.

 

 Ante el peligro de la pronta invasión francesa, en las últimas semanas de septiembre de 1810, La Romana había ordenado el traslado de la Junta Provincial de Extremadura a Valencia de Alcántara; como Presidente con parte de la misma marchó D. Juan de Henestrosa; el brigadier Don Rafael Menacho, ahora ascendido a Mariscal de Campo, quedó como jefe militar en Badajoz; ante la marcha de su capitán general, los restos del Ejército de Extremadura preparados para la defensa de Badajoz, quedaron bajo su responsabilidad y mando.

 

La ciudad de Badajoz estaba guarnecida por el resto de los 4.000 a 5.000 hombres dejados por Alburquerque. A la división de Menacho se debieron unir los restos de la división de Contreras, que, derrotada en Constantina era ahora mandada por Imaz que, como veremos, se hallaba en Badajoz. También había diversos militares de otros cuerpos hasta completar el número de unos 10.000 hombres.

 

 Hasta 1811 el ejército francés procedente de Sevilla, al mando de Soult y dotado de la correspondiente artillería, armas, caballería etc. no formalizó los sitios de Olivenza y Badajoz (25).

 

 Aunque tarde para Massena, el ejército francés actuó: Olivenza cayó en su poder el 22 de enero de 1911. Como consecuencia de ello parte del ejército de la Izquierda o de Galicia volvió desde Portugal en ayuda del corto ejercito extremeño, ya sitiado en Badajoz y otras plazas fronterizas; a su mando venía el general Mendizabal pues el Marqués de La Romana había fallecido el 23 de enero de 1811.

 

  Conquista francesa de Badajoz.

Lamina VI Sitio francés de Badajoz

Lám. 6.- Croquis del sitio francés de Badajoz.

 El sitio de Badajoz y con él, los restos del Ejército de Extremadura que la defendían, comenzó a finales de enero de 1811. Tras la heroica muerte del mariscal D.. Rafael Menacho el 4 de marzo, le sucedió el brigadier D. José Imaz en el puesto de mando quién, admitió la posibilidad de rendición; ello le llevó a autorizar una consulta democrática con sus colaboradores inmediatos. El 10 de marzo del 1811, el ejército francés al mando del mariscal Soult logró la capitulación, sin duda demasiado precipitada. Los restos del Ejército de Extremadura quedaron prisioneros de los franceses y se encaminó hacia Talavera de la Reina (26). El general Philippon quedaría al mando de la plaza. Otras fortificaciones fronterizas cercanas, se rendirían en días sucesivos.

 

 Muy pronto, el 16 de mayo de 1811 se daría la batalla de Albuhera un importante triunfo aliado en el que el Ejército de Extremadura no llegó ya a participar como tal.

 

 En el invierno de 1812, el Consejo de la Segunda Regencia nombró a Wellington Generalísimo de todos los ejércitos hispanos (27)  y  toma el mando único del ejército en la Península Ibérica. El 19 de enero de ese mismo año tomó Ciudad Rodrigo que significó claramente el inicio del declive napoleónico en la Península Ibérica.

 

 Esta tendencia a unificar el mando de los diferentes ejércitos españoles ya se venía notando con distintas realizaciones como la unificación de los ejércitos correspondientes al antiguo reino de Aragón bajo el mando de D. Joaquín Blake en la primavera de 1809. Es posible que el marqués de la Romana también lo fuera del Ejército de la Izquierda y el de Extremadura. Su comportamiento absolutamente dominador en su paso por esta provincia es notorio en sus órdenes a la Junta Provincial y a D. Juan de Henestrosa, nombrado ya Capitán General del Ejército de Extremadura desde el 13 de abril de 1810.

 También en 1810 el general Blake rehace el Estado Mayor.

  El  V Ejército al mando del general Castaños fue situado al centro-oeste de Extremadura, cerca de la frontera portuguesa, ya en gran medida bajo mando del general inglés Wellington. Pensamos que la denominación de este V Ejército por algunos autores como verdadero Ejército de Extremadura, por lo menos es dudosa; el contar con cuerpos extremeños entre sus variados componentes, debe ser entendido como una integración de los restos del Ejército extremeño en el mismo (ver documentos 5 y 6 del apéndice). Las fuentes que hemos consultado como proclamas, numerosas narraciones de segunda mano etc. no lo mencionan así y sí como V Ejército. Denominación centralista hacia la que evolucionaron los ejércitos provinciales, como antes se apuntó, y que, más marcadamente se notó, tras la recreación de su Estado Mayor (28).

 

 

CONCLUSIONES

 Para terminar y como conclusión cabe preguntarse cada cual a manera de reflexión, si tanto sacrificio de nuestro Ejército había sido fructífero o estéril para la marcha de la guerra.

 

 En primer lugar debemos destacar la indudable contribución que los 10.000 hombres de Alburquerque prestaron a la defensa de   Cádiz, en un momento clave y, posteriormente facilitando las tareas de gobierno de Juntas, Regencias y Cortes. Bajo nuestro punto de vista, este hecho puede unirse en categoría estratégica militar a la defensa de Lisboa por la línea fortificada de Torres Vedras ya que fueron los dos objetivos inalcanzados de Napoleón.

 

 Cabe señalar, como hemos señalado, el retraso que supuso dicha defensa a la hora de poder contar con el ejercito sitiador francés en otros puntos especialmente en el retraso de la ayuda de Soult al mariscal Massena atascado ante Torres Vedras. A este retraso debe añadirse otras obstaculizaciones menores que se llevaron a efecto indirectamente.

 

 Fuera de estas cuestiones el Ejército de Extremadura, como el resto de los ejércitos provinciales, tuvieron una actuación en general bastante deficiente, acentuada a partir del desastre bélico que supuso para España la batalla de Ocaña. Tras ésta, la aspiración de la primera Regencia, significaba una vieja esperanza política hecha realidad entonces, a partir de la mencionada derrota que tanto desprestigio ocasionó a la Suprema Junta Central.

 

 Se seguía improvisando demasiado, ni estaban previstas situaciones posteriores; a veces da la impresión de sacrificar vidas de militares y civiles, el pueblo al fin, sin la menor valoración. Mejor aspecto militar ofrecen nuestras guerrillas produciendo, como en el resto de la Península Ibérica, una alteración continua en el engranaje del ejército francés.

 

 En fin, esperemos que cada cual haga sus propias valoraciones con suficiente objetividad.

 

 

 

 

 

 

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Documento nº 1

 

   En vista del oficio de V. E. de 10 del actual, la Suprema   Junta ha determinado se equipen y armen con toda prontitud las tropas del Exercito del mando de Vuestra Excelencia proporcionandolas quantos auxilios sean necesarios para que no carezcan de quanto sea preciso a su subsistencia tomando las providencias mas activas y energicas para su realización.

   Dios guarde a Vuestra Excelencia mas altisima. Badajoz 12 de Octubre de 1808.   

 

 

Documento nº 2

 

  “ Ya tengo dicho a Vuestra Excelencia de orden de la Suprema Junta quan urgente hera el que ese Exercito en el mayor numero posible de tropas de Infantería y Caballeria, se dirigiese a unirse con el del General Castaños. Por momentos crece la precision de que esta marcha se verifique sin perder un momento, pues los enemigos van a ser eforzados, y deben ser atacados antes que llegue aquel caso, y podran serlo si Vuestra Excelencia, aunque sea por diversas rutas marcha con su Exercito hacia Agreda, que es donde se halla dicho general, y si hubiese sobre este punto alguna variación se avisara a Vuestra Excelencia. La Patria debe ser socorrida prontamente. Cualquiera detencion la mas pequeña podria traer perjuicios irremediables y asi espera que convencido Vuestra Excelencia de tal situación  se apresurara a librarla de los peligros que la amenazan. Todo urge, urge mucho la Caballeria y la Artilleria con muchas municiones de toda especie cuias armas deberan marchar todavía con mas viveza, y avisara Vuestra Excelencia del dia de la salida del todo del Exercito para las providencias ulteriores que convenga tomar. De orden de la Junta lo aviso a Vuestra Excelencia para su inteligencia y gobierno, y cumplimiento; y con el mismo extraordinario me mandara Vuestra Excelencia aviso de su recibo.

 

   Y lo paso anoticia de Vuestra Excelencia en cumplimiento de mis deberes, y a fin de que se activen los medios de y auxiliársete Exercito, en termino de cubrir su desnudez, y que no falte para su subsistencia; y al General Don Antonio Arce prebengo lo conveniente al efecto.

 

   Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Trujillo 10 de Octubre de 1808.-Excelentisismo Señor-Josef Gallazo.-Excelentisimos Señores Vocales de la Suprema Junta de Gobierno de esta Provincia de Extremadura.”       

 

 

Documento nº 3

 

Excelentisimo Señor, Presidente, y demas Vocales de la Junta Suprema.

   Don Jacinto Ruiz y Mendoza, Primer Teniente del Real Cuerpo de Guardias Walonas con el respeto devido hace presente: Que a su llegada a esta Plaza desde Madrid donde se hallaba, en la curación de las heridas que recivio el dia 2 de Mayo en la defensa del Parque de Artilleria, no hizo precente á Vuestra Excelencia ni su cerito en aquella accioón, ni los deseos que le asistian de llevar un distintibo que lo autorizare á la vista del Publico. Por el Gefe del Estado Mayor se le pasó un aviso para que así el, como todoslos Oficiales y Soldados de su cuerpo que llegaron a tiempo, pudieran llebar el Escudo concedido á los profugos de Portugal.  

   No solicita el exponente ser preferido a nadie ni hacer ostentación de un Servicio que cualquiera otro Oficial huviera hecho en iguales circunstancias, ni tampoco manifestar que la grave herida que aun tiene abierta, fue efecto de otra cosa que de las vicisitudes de la cosa Militar, pero si desearia que Vuestra Excelencia como tan justo, recto y generoso, (y á quien tantos motivos tiene para vivirle agradecido,) se dignase mandar que se le habilite una orden, Certificación o cualquier otro documento, para autorizarle a llebar á aquel distintivo, o cualquier otro que Vuestra Excelencia quisiera señalarle en consideración á acreditar el deseo de sacrificarse por la Nacion, el Rey, Religión y esta Provincia.

   Cuartel General de Badajoz 4 de Octubre de 1808.- Excelentisimo Señor =Jacinto Ruiz y Mendoza.     

 

 

Documento nº 4

 

   Librese la certificación del Primer Teniente de Reales Guardias Walonas Don Jacinto Ruiz y Mendoza diciendo se le ha concedido, por esta Supreme Junta el mismo Escudo de distinción, señalado a todo Militar fugado de Portugal hallandose prisionero de los Franceses por el Amor y Patriotismo, con que huió de Madrid, luego que las graves heridas que recivió tan gloriosamente, el dia 2 de Mayo en aquella Corte, le permitieron dejar la cama, con las cuales abiertas aun se presentó a alistarse entre los defensores de esta Provincia, por cuio motivo, y el distinguido Merito que contrajo en el Parque de Artilleria, le señala la misma Suprema Junta otro nuebo Escudo de distinción com premio del valor, del cual deberá usar antes de aquel. Ese Escudo sera una Corona de Laurel y en la circunferencia dira. Por Fernando 7º y la defensa del Parque de Artilleria el dia 2 de Mayo de 1808.

   Badajoz 4 de Octubre de 1808=Josef Galluzo.

              

 

Documento nº 5

 

“MANIFIESTO QUE PRESENTA A LA EUROPA EL CAPITÁN GENERAL DE LOS REALES EGERCITOS DON GREGORIO GARCIA DE LA CUESTA SOBRE SUS OPERACIUONES MILITARES Y POLITICAS DESDE EL MES DE JUNIO DE 1808 HASTAEL 12 DE AGOSTO DE 1809 EN QUE DEJO EL MANDO DEL EGERCITODE EXTREMADURA”

 

 

Documento nº 6

 

“EL CAPITAN GENERAL DE LOS REALES EXERCITOS Y XEFE DEL 5º DE OPERACIONES D. FRANCISCO XAVIER CASTAÑOS: A LOS LEALES Y CONSTANTES CASTELLANOS, MANCHEGOS Y EXTREMEÑOS, QUE COMPRENDE EL DISTRITO DE SU MANDO.”

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

TEXTOS

 

(1) Bullón y Gómez Vallugera, Alfonso (1986): Historia Político-Militar de la Baja Extremadura en el s. XIX. Historia de la Baja Extremadura, t. II. Real Academia de Extremadura de las Letras y de las Artes.

 

(2) Muñoz Maldonado, José (1908): Efemérides de julio. 1808 Sublevación del Alentejo Badajoz. R. de E. vol 10.

 

(3) Paredes, Vicente (1908): Los franceses en Plasencia en 1808 y 1809: entrada primera. R. de E., vol X.

 

(4) Bullón. Op. cit.

 

(5) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre. 10-11-1808. La batalla de Gamonal.

file://Guerra de Independencia española 1808-1814 A.htm

 

(6) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre 10-11-1808. La batalla de Gamonal. Op. cit.

 

(7) Esdaile, Charles: El general y el gobierno: La intervención británica en España en 1808. mhtml:file://E:\El general y el gobierno: La intervención británica…

 

(8) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre 10-11-1808. La batalla de Gamonal. Op. cit.

 

(9) Gómez de Arteche y Moro, José. (1908): La guerra de la Independencia en Extremadura: efemérides de enero: 1809 acción del puente de Almaraz. R. de Ex., vol. 10.

 

(10) Paredes, Vicente (1908): Op. cit.

 

(11) Rodríguez Gómez, José Manuel: Talavera 1809. Gregorio García de la Cuesta. http://www.geocities.com/pentagon/barracks/9049/bio_cuesta.html?20085

 

(12) (Gómez de Arreche y Moro, José: 1908). Op. cit.

 

(13) Rodríguez Gómez, José Manuel: Talavera 1809. Horace-Fançoi-Bastien Sebastiani.

htpp://wwwgeocities.com/pentagon/barracks/9049/bio-

 

(14) Sir Jhon Moore Simson http://www.1808-1814.org/personin/moore.html.

 

(15) Richard, J. (11 de marzo de 2008), el mariscal Soult la invasión de Portugal, 1809, htpp://www.historyofwar.org/articles/campaign_soult_portugal.html).

 

(16) Baeza Herrasti, Alberto (1983): Jacinto Ruiz, hijo de Ceuta, héroe de España. Caja de Ahorro y Monte de Piedad de Ceuta.

 

(17) Comunicación del 16-2-1809 del General Cuesta al Presidente de la Junta de Gobierno de la Provincia de Badajoz.

Mhtml:file://F\Fecha%20de%20de%20la%20destrucción.mht

 

(18) Gómez de Arteche y Moro. José. (1908): Efemérides de marzo. 1809 batalla de Medellín. R de Ex. Vol 10.

 

(19) Maestre, Luis. “htpp://es.wikipedia.org/wiki/IIMarq%C3%A9sdeMonsalud”.

 

(20) Sánchez Alzás, Carlos J.: La presencia francesa en Plasencia en la guerra de la Independencia (1808-1812).

 

(21) Rodríguez Gómez, José Manuel.

http.//www.geocites.com/pentagon/barracks/9049/bio_wellington.html’20082

 

http.//www.1808-1814.org/batallas/btalaver.html

 

(22) http.//www.1808-1814.org/batallas/btalaver.html

 

(23) Solís, Ramón (1873): La Guerra de la Independencia Española. Editorial Moguer. Barcelona.

 

(24 ) Miguel Santillana en la retirada del Duque de Alburquerque.

Htpp://www.fundaciondosdemayo.es/media/docs/relato%20FAMILIAR_%20Miguel%de%20Santillana%20en%20la%retirada%20duque%20de%20Alburquerque1.pdf.

 

(25) Gómez Villafranca, Román (2004): Extremadura en la Guerra de la Independencia. Memoria histórica. Muñoz Moya Editores Extremeños. Brenes.

 

(26) http://www.1808-1814.org/persones/albur.html

 

(27) 1811. Guerra de la Independencia Española (IV):

http://servicios.elcorreodigital.com/especiales/guerra-de-la–independencia-1808/pdfs-anuales/1812.pdf.

 

(28) Canales, Esteban (2000): Militares y civiles en

la conducción de la Guerra de la Independencia: La visión de Francisco Javier Cabanes. Congreso Internacional sobre la Guerra de la Independencia. Zaragoza, diciembre 1997.

 

GRABADOS Y LÁMINAS

 Lamina I Esquema de la batalla de Gamonal

Lám I.- Batalla de Gamonal (Burgos)

 Lamina II Voladura del puente de Almaraz

Lám II.- La voladura del puente de Almaraz

Lamina III Esquema de la batalla de Medellin

Lám III.- Esquema de la batalla de Medellín

Lamina IV Esquema de la batalla de Talavera

Lám IV.- La batalla de Talavera

Lamina V Esquema de la batalla de Ocaña

Lám V.- Croquis y situación de la batalla de Ocaña

Lamina VI Sitio francés de Badajoz

Lám VI.- Croquis del sitio francés de Badajoz