Oct 011980
 

Antonio Ventura Díaz Díaz.

En el año 1844, año de la proclamación do la mayoría de edad de Isabel II, coincidente con el comienzo de la década del General Narváez y de uno de los períodos más agitados de la historia de España, nace en Campanario -copia literal del acta de bautismo -el día 18 de Febrero, Eduardo Eladio Simeón, hijo de D. Juan Lozano Granados, Cirujano y de Paloma Ponce de León.

Fue bautizado el día 20 de Febrero en la Parroquia de Campanario por D. Andrés Conde, cura párroco de la misma.

Sería bastantes años después, en un período de la historia más agitado aún -vuelta de Narváez al gobierno en los últimos años del reinado do Isabel II y dramáticos acontecimientos de la «Noche de San Daniel»- cuando el Dr. Lozano va culminando sus estudios universitarios, sufriendo a la vez los avatares políticos de la época. Y así en la Universidad Central tomó los títulos de Licenciado en Ciencias Físico-Matemáticas y Químicas y el título de Licenciado en Farmacia. En la misma Universidad llegó a alcanzar el doctorado en la Sección de Ciencias Físicas, en Farmacia y Ciencias Exactas.

Su afán, sapiencia y espíritu universitarios le hicieron conseguir la Cátedra en las universidades de Barcelona, y Madrid. En un tiempo en que la dinámica política arrastraba todas las empresas culturales y el desgobierno y desequilibrio político oreaban un contexto altamente negativo para el desarrollo de la ciencia y de la cultura, el Dr. Lozano y Ponce de León fue el benemérito catedrático, cuya existencia constituyó toda una vida de entusiasmo y laboriosidad puestas al servicio de la Juventud, de la cultura y de la ciencia. En las universidades de Madrid y Barcelona destacó como el maestro docto y abnegado.

Ya en el año 1872 -reinado de Amadeo de Saboya- como reflejo de su preocupación por el nivel cultural del pueblo español publica la Educación Internacional. Esta preocupación se va a ir incrementando a lo largo de toda su existencia. Así en el año 1914, fecha cargada de tantas connotaciones históricas, tanto para España como para Europa, el Dr. Lozano sufre y siente la decadencia cultural de nuestro pueblo como lastre que acompaña a la decadencia política, social y económica de nuestro país. Decadencia tan sentida por el 98 y que se extiende de una forma práctica al Dr. Lozano cuando escribe el libro titulado «El Analfabetismo en España», El Bachillerato en España y Educación Cívica.

Si en lo dicho anteriormente se pone de manifiesto la real inquietud por el desarrollo de la educación y de la cultura en nuestro país, no menos lo fue por el desarrollo de la ciencia. Testigos fieles de lo cual son sus obras al respecto que completan una muy extensa bibliografía:

Estudios Físicos, Tratado de Acústica, Meteorología y Sismología, El Método en la Investigación de las Ciencias Físicas, Manual de Física, Elementos de Física, Prácticas de Física, Mecánica de sólidos, Elementos de Química Inorgánica y Orgánica y Elementos de Termodinámica. Y finalmente en el año 1880 funda la Revista de la Sociedad de profesores de Ciencias.

Claros testimonios son sus obras de una vida extensa dedicada a elevar el nivel científico de las Universidades de España, creando legiones de discípulos que van a seguir las huellas del maestro. Y claro testimonio es toda su vida de que sintió como pocos la realidad de un pueblo atrasado y de unas estructuras sociales anquilosadas.

Su biografía se completa con una serie de actitudes que definen una dimensión que lo eleva a la categoría de filántropo. Terminó sus días en 1927, dedicado por entero a tratar de paliar las necesidades y las deficiencias culturales y sanitarias de Vallecas, uno de los barrios más míseros del Madrid de aquel entonces. De esta forma fundó una institución con su nombre para asistencia de todos los desheredados de pan, de salud y de cultura.

Como reconocimiento a su labor y fiel evidencia de que su recuerdo permanece, en el año 1979 el barrio de Vallecas y el Ayuntamiento de Madrid le tributaron un homenaje popular, levantando un monumento en la plaza de su nombre, como gratitud perdurable de unas gentes que se vieron asistidas por la entrega y bondad del Dr. Lozano, en un tiempo en que las posibilidades de subsistencia en los suburbios madrileños eran realmente difíciles y precarias.

Así fue, explicada de una forma, muy concisa, la vida de un eminente extremeño, digno representante de la diáspora intelectual que olvidado por muchos no habíamos tenido en cuenta.

Extremadura y Campanario deben añadir a su memoria el personaje entrañable del Dr. Lozano y figurar entre Gallardo, Arévalo García Miranda y Reyes Huertas como el representante de la praxis científica y de la entrega al progreso de la cultura.

Que su vida y su obra sirva como punto de referencia constante y estímulo cercano para el desarrollo integral de Extremadura.

Fdº: Antonio Ventura Díaz Díaz