Oct 011973
 

Josefi Rodríguez Cerezo.

Un nombre que reclama un puesto en la historia de las grandes obras hidráulicas en el Río Guadiana es el de mi bisabuela Catalina Arroyo, natural de Madrigalejo, que en la primera decena de nuestro siglo en su afán de progreso y un arrojo impropio de una mujer y de la mentalidad capitalista de la época, decide sujetar las aguas del Guadiana, y aprovechar el salto para dar fluido eléctrico a los pueblos de la comarca, sin mas medios que su gran potencia económica. El sitio que elige es donde está hoy el embalse de Orellana, que por cierto ha cubierto los restos de la obra, que en las grandes avenidas del río las destruía, y por tres veces las reconstruyo con un tesón inaudito Estos desastres la llevarían a la ruina y al sepulcro, y esto ultimo no por ver sus gavetas vacías, sino por el «berrenchin» de no ver su sueño en marcha, aunque a pesar de todo las turbinas llegaron a funcionar varios anos y dar corriente a los pueblos de Orellana, Navalvillar de Pela, y Acedera. Pero, no es solamente estos pueblos donde Doña Catalina, sustituye el clásico candil o el remontaico «quinquel» por la bombilla incandescente, sino que instalando un gran motor en Madrigalejo, y en combinación con el fluido del Salto del Guadiana, llegará la luz eléctrica por primera vez a Casas de Don Pedro, Talarrubias, Puebla de Alcocer y Esparragosa del Caudillo, entonces Delares, en total una población de 25.000 almas. Para estar en contacto con sus empleados en los diferentes pueblos. Doña Catalina instala un teléfono para su uso exclusivo, desde Madrigalejo en su domicilio a las diferentes dependencias de la Red. Casi todos estos pueblos utilizarían este medio de comunicación cincuenta años después.

De su visión de futuro, no podemos dudar, cuando el mismo Estado, claro que con otros medios, incluso desviando el curso del río y prácticamente en el mismo sitio, hará. no una, sino tres enormes presas (Cijara, García Sola y Orellana) cuya energía llega al extranjero.

Doña Catalina Arroyo contó desde un principio con el apoyo moral del preclaro abogado, su primo Don Antonio Gallego y del hombre publico de la provincia Don Luis Grande Baudesson, cuyo periódico «El Adarve», se hará ecos del acontecimiento, lo que nos demuestra que no era una idea descabellada.

El pueblo, que algunas veces tiene cierta sensibilidad, para captar la marcha de una empresa o negocio, opinaba que el fracaso era debido a la falta de conciencia en los que dirigían la obra, especialmente el administrador a quien apodaban «el negro».

Nuestro gran novelista Reyes Huertas, en la «Sangre de la Raza» cita la obra de mi bisabuela, a quien en vez de llamarla por su nombre. Catalina Arroyo, la dice Carolina Claros y en el pasaje, en que el boticario reformista de su novela. Don Juan, que también fue en personaje de carne y hueso y en la vida real era Don Jacobo, fustigaba a los ricos, por el inmovilismo de su dinero, uno de estos le responde: «-Metiéndonos en negocios, ¿no? pero hombre, ahí tiene Vd. un ejemplo vivo. Doña Carolina Claros, mientras se dedico a su dehesas fue la casa mas fuerte del encinar, metiéronla a la pobre señora en eso de las fábricas y arruinada está. La musa popular mas o menos inspirada cantaba:

Doña Catalina Arroyo,
tiene pleitos con Guadiana
y ha venido en los papeles
que el río es el que gana.

Fermín, dice a la tía
con mucha, pena y dolor
esto de la luz
va a ser nuestra perdición
y la tía le contesta,
con mucha serenidad,
yo tengo pesetas
«pa Guadiana embaldosar».

Mi bisabuela, tenia gran predilección por Trujillo donde no faltaba a sus Ferias y Fiestas y pasaba temporadas, teniendo su casa en la incomparable plaza Mayor de dicha Ciudad.