Nov 142013
 

Manuel Rubio Andrada , Manuel Ignacio Rubio Muñoz y  Francisco Javier Rubio Muñoz.

1. JUSTIFICACIÓN

 Acometemos el estudio de este poblado debido principalmente a una triple motivación: una es la necesidad de puntualizar inexactitudes de datos que algún estudioso ha presentado del mismo relativo a su localización, otra es su cambio de denominación y la tercera es subsanar el error sobre la existencia de sus defensas.

  En las obras aludidas  generalmente se pretende presentar la totalidad de los asentamientos de la pasada Edad del Bronce en Extremadura o en un gran área de ésta, en ellas la descripción de algunos poblados da la impresión de hacerse con demasiada rapidez y desde la improvisación causada por la lejanía..

  De forma secundaria nos movieron sus defensas: sobre ellas exponemos su descripción, actual conservación y los problemas de identificación que presenta. Acostumbrados a observar las de otros poblados con una homogeneidad técnica en toda su construcción nos sorprenden las de este Castillejo I que parece hacer un alarde de estructuras con numerosas variaciones constructivas adaptadas por una parte a las irregularidades concretas del espacio que toca y por otra, el hábitat que en ese mismo lugar desea lograr hacia el interior.

 2. ANTECEDENTES

 La denominación del Castillejo seguido del número romano I intenta distinguir a nuestro poblado del homónimo de la época del Hierro que se sitúa varios km al norte, casi todo él en término de Zarza de Montánchez pero a caballo entre los términos de Santa Ana y Robledillo de Trujillo, en el pico denominado Cabeza del Perro en el mapa 1:25000.

 No son muchos los estudios que se han ocupado del poblado del Castillejo I de Robledillo y los que lo han hecho le han dedicado unas líneas que en el mejor de los casos no llega a una página.

 En 1977 se publica el primer estudio dedicado al Bronce Final en Extremadura (Almagro, 1977), en él no se reseña este enclave.

 Marcial Calzado Palacios, en su trabajo perteneciente a la década de los 70 del pasado siglo, dedicó al poblado del Castillejo de Robledillo 34 líneas, a nuestro juicio bastante acertadas; de ellas, nueve las emplea en la localización, descripción del medio y posible acceso. Las veinticinco restantes las dedica a la descripción directa del castro; de estas, trece se emplean en describir las defensas; nueve en enumerar, describir y catalogar las cerámicas y las cinco restantes en la clasificación del pulimento y depósito de los materiales. Completa el trabajo con 11 acertados dibujos de las cerámicas y un objeto pulimentado (Calzado, 1970-1980).

 

José Antonio Redondo en su tesis doctoral “Regio Turgaliensis” le dedica dos páginas, enclavándolo como castro de montaña perteneciente al Bronce Final; poco aporta a lo ya descrito en el trabajo anterior (Redondo, 1987).

   Ignacio Pavón Soldevilla, en su libro de 1998 sobre la Edad del Bronce en las cuencas medias de los ríos Tajo y Guadiana en Extremadura (Pavón 1998), se acerca a él con una denominación nueva que induce a error: en vez de Castillejos pasa a llamarse Los Alijares.

  Por supuesto que equivocó también la localización; anotó 39º 15´ 8´´ N y 5º  59´ 2´´ W con una cota de 786 m que, con ligero error de altura y longitud –parte de 59´ a la derecha y hay que partir de 58´ a la izquierda, serían 58´ 58´´- corresponde a la situación del pico más alto de la sierra -Alijares-.

  No es allí donde está el poblado, por esa razón no observó sus bien conservados recintos -ver pág 64-; a pesar de ello presenta unos dibujos de cerámicas carenadas bruñidas como si procedieran de los Alijares, figura 63-1 del citado libro. También ofrece en la  63-2 el dibujo de un objeto de bronce como procedente del Castillejo de Robledillo.

     Aunque no inmediato, el pico Alijares está a unos 2 km hacia el SW del Castillejo I. No denominado en los mapas topográficos con este nombre si lo está la calleja que conduce a la derecha del mismo o en el collado; daremos su localización seguidamente.

  La citada alusión del Sr. Pavón nos indica un poblado sin apenas recinto defensivo criticando en este aspecto al Sr, Calzado (un acercamiento y semblanza de éste puede obtenerse en (Rivero de la Higuera, 1974). Pavón aporta otra “novedad”, reconoce en él una fase Calcolítica previa a la del Bronce Final, por haber encontrado un fragmento campaniforme, cuestión que no apoya con datos documentales –dibujos, fotos etc.-. Nos resulta muy dudosa esta nueva afirmación en medio de las demás inexactitudes. También nosotros observamos un fragmento campaniforme en una pequeña colección de cerámicas que existía en el Colegio Público de Robledillo y del que hicimos un inventario en 1995 que dejamos mecanografiado en dicha Institución. Posteriormente hubo comentarios que ponía en duda la procedencia de los fragmentos como exclusivos del Castillejo por lo que desechamos en este trabajo la existencia de los mismos por dudosa.

   No cabe dudas que D. Ignacio Pavón, por otra parte excelente y entusiasta estudioso del tema, equivocó la ascensión y marcho al pico de Alijares en vez del Castillejo (Pavón, 1998); después tomó como referentes unos perfiles generales de cerámicas adecuados a los ya publicados que desde luego no hemos observado en Alijares y si en el Castillejo I.

 

 Con respecto al fragmento campaniforme mencionado diremos que entre los poblados situado en una cota tan alta,.detectados en esta zona, no son frecuentes los restos de finales del Calcolítico. El poblado del Risco de Sierra de Fuentes –cota 650 m- (Enriquez, 2001), parece ser que ofrecía algún resto de este periodo aunque los dibujos que ofrece de los materiales alusivos a la fase  final Calcolítica -Fig 75, 76- son por lo menos dudosos de su pertenencia a esa cronología.

  Sin duda repite fallo de nomenclatura y localización en su colaboración en Extremadura Protohistórica: Paleoambiente, Economía y Poblamiento (Rodríguez, 1998).

 Finalmente, siguiendo el error antes mencionado, ofrecen un corto y somero estudio como poblado del Bronce Final, al estudiar el desarrollo de la cultura pretartésica en Extremadura (Rodríguez 2001).

   Ruego disculpen estas puntualizaciones que juzgo necesarias si se quiere proseguir adecuadamente el proceso investigador; son fallos naturales, de cierta importancia, que involuntariamente todos cometemos.

  3. LOCALIZACIÓN

Este punto está representado en la hoja número 730, denominada Montánchez del mapa topográfico 1/50.000, 1ª edición de 1948; sus coordenadas geográficas  son: latitud norte 39º 15´ 05´´ y longitud oeste 2º 17´50´´ (meridiano de Madrid). En el meridiano de Greenwich la longitud  es 5º 58´ 40´´ oeste, la latitud es la misma; la altitud es de 766 m.   Término municipal de Robledillo de Trujillo. 

  El poblado, como hemos dicho, no se realizó en el pico más alto de la sierra, denominado Alijares, con una cota de 786 m, sino en otro denominado del Castillejo situado inferiormente en la correspondiente de 772 m (Lám I); a unos 275 m de desnivel con el llano donde se asienta la población de Robledilo que lo hace hacia el norte ya bien pasada la humbría; hacia el sur la solana ofrece un desnivel aproximado de 365 m, casi 100 m más. Hacia el este, pasado el pico Astorgano, la sierra de Sta Cruz muestra el de S. Cristóbal con 844 m; hacia el oeste Cancho Blanco  llega a 955 m y Montánchez los pasa con sus 988 m.  

Para acceder a este lugar debemos dejar el vehículo en la cercana población de Robledillo de Trujillo; situados en la parte sur del mismo, tomaremos la calleja que, en dirección de la sierra, marcha a la fuente Gironda. Pronto, a unos 10 minutos, la calleja se bifurca en dos ramales que se dirigen hacia los dos collados más próximos, el del este sigue ascendiendo y el del oeste lo hace con más horizontalidad, a unos 50 m de sus inicios hay una inconfundible roca central. Ya en el collado de la derecha, si encontramos una vereda que sortea el jaral, tendremos más fácil el acceso al poblado -que allí nos cae en el cerro del este-.

 Lámina I

   Lámina I.- El pico sobre el que se asienta el poblado del Castillejo de Robledillo de Trujillo.

  Aunque en la actualidad la maleza cubre el caminos por algunas partes  se mantiene el rastro de una vereda en los tramos de calleja más invadidos. La ascensión al collado no debe superar la hora de camino. Más adelante los dos confluyen ya en la solana y muy próximos a la citada fuente.

 4. GENERALIDADES

 El terreno sobre el que se asienta es granítico y debido a su situación en altura ofrece condiciones meteorológicas que posibilitan más vegetación que en la penillanura cercana, determinando una capa vegetal que dura generalmente hasta algo adentrada la primavera; el escaso aprovechamiento del pastizal, intermitente entre los ripios, ha proporcionado, con el paso del tiempo, un mantillo de tierra fértil que pudo motivar un intenso pastoreo.

  Posteriormente para lograr terreno agrícola fue necesario construir interminables metros de innumerables bancales, ellos crearon espacios horizontales de tierra fértil, en bien delimitados minifundios donde aún perviven numerosos plantones de vides y olivos. Ellos son los testigos de pasados decenios de mayor economía agroganadera y por ello de población campesina más numerosa.

  Debió reservarse determinados espacios para la plantación y obtención de cereal o leguminosas pues no son demasiado extrañas las construcciones  de piedras, horizontales, a nivel del suelo y de tendencia circular; logradas con bloques de granito, que, aunque irregulares, ofrecen su cara plana para completar la superficie perfectamente ensamblados. En ellas se esparcían las denominadas parvas para la obtención del grano.

 Toda la parte media y superior de la sierra está completamente abandonada A pesar de lo boscoso que en la actualidad se presenta el terreno la fauna  no es ni abundante ni diversificada. La caza menor ha desaparecido; a veces se observan hoyadas, no muy extensas ni profundas, del jabalí.     

 5. LAS DEFENSAS

5.1.Generalidades.

 El granito predomina en la superficie del pico sobre la que se construyó el poblado, presenta formas muy irregulares y no ofrece facilidades para la edificación ni siquiera de elementales de chozas. Hacia el sur hay un considerable desnivel; una acentuada inclinación caracteriza los lados oeste y norte que facilitaría el deslizamiento desde la parte superior; en el este el desnivel es algo más suave.

Figura 1 Croquis del Castillejo I

Figura 1.- Croquis del poblado del Castillejo I, Robledillo de Trujillo (Cáceres)

  Toda la superficie que pudo ocupar el poblado se divide claramente en tres partes (Fig 1).

Con plena certeza se observan las fortificaciones de las dos superficies superiores,  las cuales se hallan bien limitadas por sus cuatro lados con un potente recinto de piedra -granito- realizado en ligero zigzag aunque éste es más marcado en unas partes que en otras.

  En conjunto las superficies tienden a presentar formas de trapecios rectangulares semejantes con su lado inclinado curvo, marcadamente convexo -el del oeste-.

  Las medidas de sus ejes están muy próximas, aunque pueden variar las del eje E-W dependiendo del lugar exacto que se tome, en cualquier caso deben estar cercanas a las que ahora damos: tanto el eje N-S  como el E-O tienen 55 – 60 m; así pues, las dos superficies superiores que es donde hay evidencias claras de doblamiento, no llegan juntas, a la hectárea, si se tiene en cuenta la parte edificable de la superficie que encierran quedaría en algo menos de la mitad.

  El espacio inferior, el más exterior, tiene una delimitación muy inconclusa; solamente se observa la fortificación en el oeste; unos metros en la parte norte; el lado este está invadido por construcción en bancales y la maleza se extiende tanto por este lado como por el sur donde no hemos observado resto alguno del recinto bajo.

  La irregularidad de los granitos se acentúa en la parte sur del pico donde llega a formar cortadas continuas de 6 a 8 metros de desnivel; a veces se encuentran encajadas en la parte superior grandes bloques del mismo material que completan las defensas. En las partes norte y este de ambos recinto, superior y medio,  las cortadas formadas naturalmente por las rocas son ocasionales e intermitentes y los muros las van buscando procurando mantener el mismo nivel en su trazado. En el oeste el desnivel adquirió más violencia; allí, hacia el norte, pendiente abajo, con mucha valentía, se levantó, un muro en talud exterior. Generalmente se asienta sobre un caótico pedregal formado por grandes bloques fracturados y al menos en parte, deslizados desde lo alto.

  No nos ha llegado una visión clara de sus esquinas; se realizaron al menos en los ángulos NE de los recintos superior y medio. En el superior su escasa altura muestra sin mucha rotundidad una construcción redondeada, sin esquinar, en su interior se acumularon piedras en un ancho bastante superior al habitualmente empleado. El correspondiente ángulo del recinto medio es uno de los escasos lugares que está más arruinado y no permite observar con claridad su técnica constructiva; por lo conservado aparenta una forma de corto redondeo con una amplia zona interior de piedras de relleno, como ocurre en la correspondiente del recinto superior.

 5.2. Recinto superior: el lado norte.

En el pico, desde el oeste, las rocas, aunque poco salientes, se extienden por la parte central y sur  de la superficie superior y decrecen levemente hacia el lado este; allí, en sus comienzos por el lado sur, pierden bruscamente el nivel y descienden en corte acusado.

 La cresta del cerro presenta generalmente las rocas graníticas algo alargadas en disposición E-O; en su parte central, tiene de largo 78 m en dirección E-W y 18 – 20 m en el eje N- S. Se debió hallar bastante desprovista de tierra lo que hacía muy difícil el asentamiento. Por lo general este recinto superior acota una superficie que supera un desnivel de 10 o 12 m, como mínimo, sobre el nivel del recinto medio; la pendiente es muy acusada en el norte y lo es aún más en el oeste y en el sur; el lado este cae con más suavidad. En la ladera del norte actualmente crecen los rebollos –robles- con gran densidad dificultando la observación directa del suelo.

 El recinto superior del lado norte lo forma un muro de 60 m de longitud que, además de la función defensiva contribuía a solucionar el problema de las irregularidades del terreno ya que permitía lograr la horizontalidad del espacio superior a él, mediante el relleno de tierra u otros materiales; en realidad se construyó un bancal. Su trazado se hizo a la vez ligeramente convexo y sinuoso.

  Se hizo en talud exterior, su altura externa varía, oscila entre 1 y los 2 m; al interior presenta un desnivel también variable aunque mucho menor, puede llegar a alcanzar los 0,30 m. Igualmente cambiante es  su grosor, en la esquina NE alcanza 1,70 m, el resto es menor, entre 0,50 y 1 m.

Su trazado puede dividirse en dos partes: la primera sale desde el muro oeste, unos 20 m hacia el norte del lado sur, está muy destruida en sus comienzos y por lo general en su construcción se emplearon piedras muy manejables para una persona.

  La técnica constructiva de su estructura interna presenta a veces doble hilada  de piedras, al interior y exterior, con relleno entre ellas de otras menores; en otras ocasiones el muro carece de hilada interna y únicamente presenta la externa y el relleno. Comparado con la mayoría de los muros actuales su aspecto general es falto de uniformidad en el trazado y su acabado externo sería descuidado.

  En la parte exterior de este recinto, la que mira al norte, se observan bastantes caras alargadas y planas de las rocas, lo que lleva a una selección previa de los materiales que lo componen; descuidadas en su conjunto demuestra que no hubo intención de uniformar el muro por su parte exterior que es una característica de los muros relativamente actuales.

  A unos 20 m del lado oeste, se halla una forma de corta y pequeña torreta adosada al exterior, de trazado circular hacia el NE y recto en la cara oeste; su ancho medio es por término medio de 1,50 m en el eje E-W y de 1,30 en el N-S; se realizó amontonando piedras irregulares excepto en la parte superior que son bastante planas; su altura actual es de 1 m sobre las rocas que la sirven de sustento y es inferior al recinto por aquí en 0,80 m.

 Entre el relleno de este primer tramo del muro superior, a unos 4 m hacia el este de la “torreta”, se observan dos fragmentos de sendos molinos naviformes depositados como relleno en la parte superior del muro: uno mide 25 cm de largo, 20 cm de ancho y 7 cm de alto; el otro fragmento es semejante, de medidas algo menores y no son coincidentes.

  La segunda parte de este recinto superior comienza pasada la mitad hacia el este, a partir de una gran lancha plana colocada en la parte superior del recinto, su tamaño es considerable e inconfundible por su limpieza y color claro. Allí el muro dobla ligeramente hacia el NE y cae de nivel con cierta suavidad; su técnica en el alzado es de una alineación bastante elemental, es más bajo y estrecho, la caras más descuidadas y la piedra aquí empleada es algo mayor, manejables para un par de adultos. No soporta aterrazamiento interior.

  Llegado a su extremo este, el recinto dobla un par de metros más hacia el sur; la esquina resultante, aunque redondeada, ofrece buen acabado a base de piedras alargadas, no excesivamente grandes, colocadas a tizón, rematan externamente el ancho relleno interior ya mencionado (1,70 m); su altura actual sobre las rocas es de 0,60 m.

  El muro este continúa hacia el sur y pasadas unas rocas de no mucha altura, hay unos metros de un murete muy bajo, elemental y sin particularidades destacables que completa el cerramiento superior por el este hasta unirse al  lado sur.

  Por el norte este recinto superior y en el sur los escarpes, lograron encerrar en su interior a distinta altura, dos superficies A y C. Estos y parte del recinto sur, que describiremos seguidamente, lograron otra, la B. En ellas tuvieron donde poder asentarse con relativa facilidad un corto número de viviendas y sobre todo vigilar; era imprescindible observar continuamente las lejanas llanuras por todos lados.

 La superficie A es alargada y la más superior. Hacia la parte norte la limita el muro del recinto superior y hacia el sur lo hacen los riscos que se elevan suavemente para luego caer con más rotundidad; el flanco este lo ocupan unos salientes rocosos y el oeste lo limitan los grandes volúmenes de granito que forman la muralla. El espacio reseñado mide de largo 23 m en el eje E-O y de ancho útil tiene 8 m en el N-S; cerca de su parte central y al nivel del suelo, tiene una roca horizontal, de contorno irregular, de unos 3 m de larga por 1 m de ancha que contrasta con la disposición aguzada de las rocas de las de su entorno inmediato.

  La superficie B se situó hacia el sur; se comunica en la terminación SE de la superficie A; aquí hay un ligerísimo paso que nos lleva a otro  plano amesetado situado aproximadamente en un nivel inferior de 1 m con respecto al A. Orientada a solana, está limitada por el recinto sur. Éste nuevo espacio es bastante rectangular, mide 4 m de ancho, en sentido N-S y 13,5 m en el E-O; situado a solana, se encuentra “colgado” entre las rocas y resguardado de los fríos vientos del norte por la ligera elevación de los escarpes; hacia el sur, más allá del muro, se extiende un corto abismo de 5 – 6 m de desnivel aunque sin formar escarpe. Fue adelantada imprescindible y necesaria para la observación del valle medio del río Guadiana, hacia Medellín y todavía más al sur, hasta el Peñón del Pez en Zarza Capilla (Badajoz) ya en las inmediaciones del río Zujar recién entrado en tierras pacenses procedente de Andalucia.

  Hacia el este de la superficie A, pasado un terreno rocoso de no mucha altura, se encuentra la superficie C. La acota por el norte y este la segunda parte del recinto superior; los escarpes rocosos lo hacen por el sur, formando ya buena cortada. Se consiguió un espacio de 10,40 m para el eje E-O y unos 8 m para el N-S, situado unos 4-6 m más bajo que el espacio A. Aunque de tendencia horizontal, es más irregular que las superficies A y B  con bastante espacio de rocas algo más elevadas, principalmente hacia el sur. Como se puede deducir de las medidas, ofrece escasa superficie útil para el asentamiento.

  Como hemos insinuado, se llega a ella desde arriba, tras un estrecho paso que ofrecen por el norte el recinto y las rocas centrales.

 5.3. Recinto único: el lado sur.

 El lado sur sigue la alineación natural de las rocas durante 77 m. Su extremo oeste, el más alto, lo forman grandes y bellos volúmenes irregulares de granito, agrupados caóticamente, las diferentes líneas curvas que lo forman se disponen en semicortadas al sur; hacia el centro de todas ellas, una destaca por su predominio de líneas rectas y su posición cercana a la horizontal.

  La parte central lo ocupan volúmenes algo menores igualmente caóticos en su deslizamiento desde lo alto y menos potente en la ruptura de sus formas, era la parte más asequible desde el sur. Sobre ella se extiende, en varios segmentos, el muro que limita la mencionada superficie superior B.

  En el extremo este de este lado, las rocas se presentan en cortada con un notable desnivel al exterior.

   La mencionada parte central presenta un nivel decadente hacia el oeste y su altura es un tanto irregular. Aunque éste y otros tramos parecen ser rectos, en realidad se construyeron en suave zigzag buscando las rocas más salientes.

  La extensión no es mucho mayor que el eje E-W de la superficie que acota -13,50 m-; su altura externa máxima es de 2 m y por el interior 0,70 m y alcanza una anchura máxima de 1,40 m en los primeros metros del trazado por el nordeste, después disminuye bastante.

Lámina II 

Lámina II.- El cambio de estructura en los inicios del muro sur por el este.

  Sus comienzos por la parte este presentan una estructura con doble hilera, interna y externa, formadas por piedras de gran tamaño, manejables al menos para cuatro personas; otras menores, posiblemente colocadas por una persona fuerte, completan el volumen interior. Pasados 3-4 m de este trazado, la estructura del muro cambia para ser algo más estrecho y elemental (Lám II), se realizó por simple colocación de unos bloques irregulares, también de considerable tamaño, encajados sobre otros, sin que haya otras menores que sirvieran de cuña;  la terminación oeste de esta parte del muro se presenta más baja, descuidada y formada por rocas algo menores. La presentación de ambas caras en todo este recinto es descuidada.

  Como ocurría en el recinto superior del lado norte, además de la función defensiva de estos muros, erguidos sobre el escarpe de las rocas, tenían otra función importante: lograr la construcción de un espacio amesetado interior, ahora en solana –la superficie B ya tratada-; para ello  aportaron  al interior tierra y algo de cerámica ya amortizada. Así, aunque inacabada hacia el SW, se logró una corta superficie, ciertamente templada en invierno y tórrida en los días de calor estival, en ella se debió distribuir parte del asentamiento.

 5. 4. Recinto medio: lado este.

 El lado este es el que ofrece la pendiente más suave y la que permite un acceso menos accidentado al interior del poblado; por el momento también la vegetación es más permisiva y por él accede una empinada callejuela procedente del pueblo, hoy completamente sumergida en la masa vegetal desde bastante más abajo.

  Comenzamos la descripción del recinto medio del lado este por su unión con el tramo sur y terminamos en el mismo recinto medio por el lado norte. Su trazado se acerca bastante a la recta pero en realidad, como hemos apuntado, sigue una línea ligeramente oscilante siendo algo cóncava en su conjunto. En ambas caras las superficies se presentan descuidadas ya que no se seleccionaron los planos.

 

 Tiene una longitud de 34 m y su trazado se muestra ligeramente sinuoso. Comienza en unas rocas ensamblando con una hilera de fuertes peñascos, ellos continúan el buen desnivel al exterior que las rocas marcan desde la esquina que forma con el lado sur. Pasados estos, hay 11,60 m de muro antes de llegar a una puerta con un ensanche que oscila entre 2 m y 2,25 m después, como en el lado sur, disminuye su grosor a medida que avanza y nos acercamos al vano; su altura máxima por el exterior es de 2,10 m y 0,90 en las proximidades de la puerta, algo menor es la altura interna, sobre 1,60 m. No se cubrió de tierra el espacio del interior del poblado.

Lámina III

Lámina III.- Estructura interna del muro en la parte este del recinto.

  Es posible estudiar totalmente la estructura interior de este tramo de las defensas. Como hemos dicho sus primeros tramos arrancan de las rocas hacia el sur; comenzaron amontonando grandes peñascos formando un muro elemental de una hilada, algunas rocas que lo componen aparentan ser trasladadas por no menos de seis u ocho hombres, otras menores lo serían por dos o tres.

  Pasados esos cortos comienzos el muro se descompone en dos hiladas, una exterior y otra interior, –al contrario que en el recinto del sur-; lo forman piedras irregulares, algo menores y de tendencia alargada, se completó el volumen entre ellas con piedras desordenadas, más pequeñas, de mediano tamaño –manejables con facilidad para un individuo-. Por el exterior y en ocasiones aparecen grandes rocas embutidas o colocadas superiormente, manejables para 4 0 5 personas (Lám III).

  A partir de esos 11,60 m del muro descrito, llegamos a una puerta de 0,60 m de ancha, algo más amplia hacia el interior de la parte sur donde alcanza 1,50 m de altura, hacia el norte solamente llega a 1 m; aquí se encuentra limitada por una lasca bastante plana en posición vertical. El muro continúa hacia el norte de manera elemental y es mucho más estrecho y bajo; mide de largo 2 m, de altura máxima 1m y 0,70 m de ancho.

  5.5. Recinto medio: lado norte.

Lamina IV

 Lámina IV.- La esquina redondeada del nordeste del recinto medio con la zahúrda.

 La esquina N.E. tiene en total una longitud de 10,60 metros de largo, llegaba a alcanzar 3 – 4 m de altura y más de 2 m de ancho; se emplearon rocas manejables para un hombre de considerable fortaleza (Lám IV).

  Llegamos a su inicio con una zona de paramento actualmente muy alterado; primeramente es la construcción de una pequeña cochinera individual; ésta mantiene dos estancias adosadas, cada una de poco más de un metro de longitud, una de ellas cubierta por aproximación de hiladas.

  Después el recinto dobla hacia el norte salvando la esquina con técnica semejante a la empleada en el NE del recinto superior, es decir de forma redondeando con series de piedras alargadas colocadas a tizón; gran parte del recinto está arruinado hacia el exterior, en sus bajos yacen amontonadas caóticamente las piedras que, debieron rodar desde la parte superior.

  Aún se ven elevados, en la parte media de la altura del muro, dos leves arcos, ligeramente convexos, que se extienden hasta llegar a las cercanías de un grueso canchal hacia la parte oeste. En el interior de este tramo, actualmente tan caótico, hay un relleno de piedras considerablemente ancho – próximo a los 2 m-, cuestión que también ocurría en la correspondiente esquina del recinto superior. Superadas las mencionadas rocas que marcan el comienzo del lado norte, el recinto continúa prácticamente intacto.

 Se extiende durante 39 m  hasta alcanzar el lado oeste; aquí, se decidió realizar un vano y disponer de una segunda puerta.

  Su trazado procura seguir la misma curva de nivel. aunque de manera poco marcada es zigzagueante y la cara exterior poco cuidada; igual que en el recinto superior se buscaron los salientes rocosos para dar mayor fortaleza al trazado, economizar materiales, esfuerzos y evitar los derrumbes debidos a los deslizamientos que proporciona la fuerte pendiente. Su ancho oscila entre un máximo de 2,80 m y los 2,20 m. La altura máxima exterior actual se sitúa por lo general en 1,60 m y al interior oscila entre 0,40 y 0,50 m.

  Comenzaron empleando grandes bloques, manejables para 5 o 6 personas, algo menores son las piedras que rellenan el volumen interior. Pocos metros después el tamaño de las rocas empleadas en ambas hiladas y en el volumen interior disminuye empleándose un tamaño mediano, manejables para una o dos personas fuertes, aún menores y más irregulares son las que completan el interior donde no presentan disposición especial, simplemente se amontonaron.

 

 La superficie del terreno del exterior inmediato al muro se encuentra invadida por  piedras de tamaño semejante, sin estructurar, producto de los derrumbes de la parte superior del muro.

Lámina V

 Lámina V.– La estructura del muro norte del recinto se construyó con dos hiladas de piedras bastante planas rellenas de otras menores y  más irregulares.

  Este muro presenta una estructura basada en la colocación a tizón en doble hilada, interna y externa, de piedras de  granito de variable tamaño, generalmente bastantes planos y  alargados (Lám V).

   Pasado el recorrido hacia el oeste, se llega a la mencionada puerta que, aunque algo mayor, presenta características parecidas a la primera: piedra plana vertical como remate del muro norte; dobla ligeramente de forma cóncava al interior; el ancho del vano es de 1 m y el alto en el muro del lado norte llega a ser de 1,20 m siendo menor el que da al muro de poniente.

 5.6. El lado oeste.

 El lado oeste es más abrupto que el norte y todo él aparece cubierto por  pedriza de granito aparentemente rodada desde lo alto, a veces los bloques son de gran tamaño, aunque menores que las descritas en la parte sur de la cima. La vegetación es también densa y algunos robles alcanzan ya proporciones arbustivas, si bien cortas. Entre la numerosa vegetación predomina el jaral y nos puede sorprender en primavera una rica y variación floración.

 El recinto por el oeste comienza su trazado en la cima, en el extremo de esta parte del lado sur del recinto; en total tiene 132,40 m de longitud.

  Puede dividirse en dos partes: la primera presenta una longitud de 69,5 m hasta alcanzar la puerta NW del recinto medio; por lo general tiene un ancho de 1,30 m; el talud exterior que está sobre los 2,20 a 3 m de altura, al interior se elevó por término medio  unos 0,50 m. No se seleccionaron las caras planas al exterior por lo que externamente se muestra muy irregular y aparentemente descuidado.

    Su trazado se lanza pendiente abajo, hacia el norte; de forma claramente sinuosa corta perpendicularmente las curvas de nivel que aquí están muy próximas.

  En los 21,40 metros primeros mantiene un trazado bastante recto pero en los 48,10 m restantes se curva visiblemente hacia el este de forma convexa hasta alcanzar la citada puerta del NW. La segunda parte del recinto continúa bajando la ladera más allá de la puerta en el mismo sentido.

Lámina VI

 Lámina VI.- Las grandes piedras que forman la parte superior del muro oeste.

  En cuanto a la técnica constructiva empleada  diremos que, partiendo desde arriba, los primeros 28 m se realizaron con grandes bloques de granito de forma irregular aunque con predominio de las formas alargadas, movibles por no menos de seis u ocho personas; se elevaron encajándose entre ellos y así construyeron el alzado del muro para salvar la gran pendiente de manera inamovible hasta nuestros días (Lám  VI).

  En los 5 m siguientes disminuyó algo la inclinación y también el tamaño de las rocas aunque no la forma elemental de agrupamiento para formar el muro.

 Continúan 27,5 m de terreno algo más horizontal; en él el recinto esta formado superiormente por piedras algo más pequeñas, movibles para una o dos personas fuertes pero en la parte baja de la cara exterior se observan  piedras mayores y de tendencia más plana; si se observa esta parte desde fuera del poblado se observa que el empleo de piedras menores solo afectó a la parte superior del muro -por lo general el metro de arriba. El recinto llega a alcanzar en esos puntos un ancho de algo más 2 m.

  Por lo que nos ha llegado este tramo de piedras menores se dispuso con elementalidad y no parece presentar disposiciones especiales en su estructura interior.

  También en él son evidentes superiormente varios amontonamientos por corto vaciado interior. Al final de estos metros, hacia el norte, hay un pequeño recinto algo menor que un metro, cubierto por aproximación de hiladas, parece pertenecer a otra cochinera  embutida pero inacabada ya que no observamos ni puerta, ni recinto adosado descubierto.

  Los 9 m siguientes, antes de llegar a la puerta NW, presentan grandes piedras en disposición elemental semejante a las empleadas en la parte más alta aunque aquí su altura es escasa por estar sobre unos riscos que marcan un buen desnivel exterior. La superficie del interior del poblado en esta zona es bastante horizontal aunque en el exterior mantiene el desnivel, ello indica que, al menos en parte fue lograda por el hombre.

 Lámina VII

Lámina VII.- El muro oeste desciende más allá del recinto medio.

  La segunda parte del muro oeste deja la mencionada puerta del segundo recinto y continúa descendiendo con la misma rapidez y suave convexidad hacia el este (Lám VII).

 Los primeros 25 m se construyeron con la técnica simple de amontonar  grandes piedras si bien son algo menores que las empleadas en la parte más alta; aunque irregulares se buscaron las de tendencia plana,  manejables para 3 – 4 personas. Su altura al exterior también es menor que la parte superior, sobre 1,20 m y posee al interior unos 0,50 m de desnivel; el ancho, por lo general ronda el metro.

  Al llegar cerca de una roca interior, con un pequeño escarpe hacia el norte, el terreno es más horizontal, al menos al interior y sobre él se continuó otro tramo de 15 m ensanchando el muro y utilizando piedras de menor tamaño; por lo general no varían ni la altura interior ni la exterior.

  Es evidente el cambio que sufre la estructura constructiva en esta parte mas llana –como en la parte superior recién descrita-; en ella el muro se realizó a base de dos hiladas paralelas formadas con piedras de buen tamaño aunque manejables para una persona, e irregulares aunque de  tendencia plana en las caras superior e inferior; estas dos hileras se levantaron acompañadas de un relleno interior de ripios más pequeños, sin colocación especial.

 Lámina VIII

 Lámina VIII.- Estructura interna de la zona baja y ancha de la segunda parte del muro oeste.

 Es notable por su ancho, sobre 1,70 m, aunque tiene un alzado exterior semejante sobre 1,15 m y sigue aproximadamente igual en el interior, 0,50 m. Exteriormente solo es visible el cambio de tamaño en los materiales en la parte superior del muro. (Lám VIII).

Los 3 m finales, los más bajos de este recorrido, están ocupados por un estrecho y endeble murete que después dobla completando la semicircunferencia hasta alcanzar, ya en el extremo de su vuelta, un bolo de granito; pasado éste continúa hacia el este; todo él parece un lindero y de construcción relativamente reciente por su simpleza, rectitud, altura y estrechez etc.

 5.7. El tercer recinto

 Un tercer recinto continuaría desde este extremo inferior del recinto oeste hacia el este; sería el lado exterior norte. El único tramo encontrado de este posible tercer recinto exterior se localiza a unos 50 m de la terminación del muro reseñado en el noroeste.

 El terreno en esta parte de la sierra ha perdido gran parte de su desnivel y lógicamente ofrece un terreno con algo más de tierra que debió posibilitar su explotación con algún tipo de agricultura, ganadería etc.; testigo de ello es la excelente construcción de una era que se conserva intacta, para realizar la “parva” Es una edificación horizontal circular, a ras del suelo, realizada con grandes lascas de granito, completamente planas y perfectamente ensambladas; sobre ellas se obtenía el grano de diferentes frutos sobre todo cereales, leguminosas etc. y que no están ausentes en el resto de esta parte de la sierra, aunque desde luego menos logradas; su uso último es relativamente reciente; ignoramos el comienzo de su uso y llama la atención además de la perfecta construcción su ubicación tan alta. A partir de esta construcción hay un tramo del recinto y más allá, hacia el norte los robles, más esparcidos, alcanzan ya su porte normal

 Como hemos mencionado, de este tercer recinto se localizan 15 m, se localizan  inmediatamente bajo la edificación de la era. Su trazado aunque tiende a la rectitud es igualmente sinuoso. No se seleccionó la cara externa y muestra por ello descuido y elementalidad. El ancho de lo conservado tiene un máximo de 1,30 m y la altura máxima al exterior de 1,70 m siendo de unos 0,30 m en el interior.

 Presenta una estructura formada por una hilada exterior de piedras de gran tamaño, movibles para tres o cuatro hombres y a veces puntualmente, mayores; fueron colocadas a tizón. Hacia el interior se rellenó con otras piedras medianas, manejables para una persona fuerte; no se observa hilada al interior.

 Esto es lo hallado de lo que sería el tramo norte del inconcluso tercer recinto, hoy por hoy  irreconocible en toda su extensión si es que llegó a construirse algo más que la pequeña parte reseñada.

  Más allá, continuando la misma dirección hacia el este y durante unos 20 a 25 metros, hay un muro elemental, estrecho y bajo, de apariencia reciente;  compuesto por una serie de piedras levantadas cuidadosamente; llega hasta la calleja mencionada, que, subiendo con rectitud desde el pueblo, accedía directamente a la puerta este del poblado.

 5.8. LOS BANCALES DEL INTERIOR

 En la ladera de la parte norte del interior del poblado, entre los recintos superior y medio, se construyeron unos muros muy próximos que queremos reseñar. Estos muros forman bancales y se localizan en la parte baja interior, próximos a la puerta abierta en el recinto medio para dar acceso al poblado por el noroeste; los que hemos denominados bancal A, B, C y D.

  El bancal A, el más potente, mide de largo 12 – 13 m y se extiende en dirección este-oeste doblando levemente, de forma convexa, en sus comienzos por la parte oeste. Se realizó con trazado marcadamente sinuoso empleando grandes piedras de variado tamaño, las mayores movidas por tres o cuatro hombres; sus caras exteriores están sin seleccionar por lo que su aspecto externo es algo tosco.  Su altura al exterior es de 2,20 m y al interior de 0,40 m; el ancho llega a los 3,6 m.

  Su estructura es de doble hilada con piedras de relleno interior algo menores. Cubre la puerta perfectamente a unos metros desde el interior.

 El bancal B tiene menor tamaño unos 10 m, también se curvó en disposición semejante hacia el noroeste quedando cercano por esta parte al bancal A. Tiene una altura exterior que llega a alcanzar los 2,70 m y al interior mantiene con cierta regularidad los 0,50 m; su ancho oscila entre un máximo de 2,40 m y un mínimo de 1 m; las caras exteriores presentan cierta selección observándose cierta disposición a la rectitud en el plano. La estructura interna es a base de doble hilada en ambas caras y un relleno de piedras menores sin expresa colocación en el interior. Las piedras empleadas en este bancal son algo menores que las empleadas en la construcción del bancal A.

  Los bancales C y D son muros diferentes, más simples por su estrechez y altura, construidos con piedras más pequeñas y situados más al interior ya donde el inicio de la fuerte pendiente se muestra más rotunda. Se dispusieron tendentes a formar líneas paralelas con el recinto medio del norte y por ello también sigue la dirección del recinto superior; en parte ese es también el sentido del trazado del bancal A si bien dobla hacia el sur al acercarse al oeste.

 Ninguno de estos cuatro bancales mantiene en su base exterior materiales rodado desde lo alto diferenciándose en esta particularidad del resto de los muros que componen los diversos recintos defensivos. 

 5.9. LOS BANCALES EXTERIORES

 Hacia el este, algo más allá del recinto medio que envuelve el poblado, se desprende y continúa, entre la tupida masa vegetal, un muro elemental de deslinde que pronto corta un gran bancal para continuar su descenso hasta perderse entre la vegetación y los interminables bancales invadidos de zarzas.

 Entre este muro de deslinde y la calleja que asciende directamente del poblado, se extienden una propiedad que, desde muy arriba, ofrece interminables bancales hoy abandonados; su potencia es variable aunque por lo general los muros que los forman son cortos, bajos y estrechos estando realizados con cierta rectitud al exterior y con una somera selección de las caras planas de los granitos empleados.

   Uno de ellos, llama la atención por su potencia ya que puede competir con los reseñados en la parte superior del poblado. Tiene una longitud de unos 25 – 30 m, un grosor variable de 1,25 a 0,90 m, su altura exterior es de 2,50 m, al interior no pasa de 0,30 metros por término medio.  Su esquina norte esta ocupada por otras piedras mayores, de caras bastante rectangulares y cuidadosamente acuñadas con otras menores; en todo él hay sobresalen tres o cuatro grandes granitos manejables por 3 o 4 hombres.

  Todos los bancales exteriores carecen de piedras rodadas des la parte superior lo que apunta una utilización relativamente reciente.

  Su estructura interna responde por lo general, a la construcción de una sola hilera al exterior formada por piedras, más bien planas y manejables fácilmente para un hombre; el resto se rellenó con piedras pequeñas careciendo de hilada en la parte interior.

 6. LAS CERÁMICAS

  Podemos hacer tres conjuntos con las cerámicas que se observan en el Castillejo I de Robledillo.

Figura 2  Cerámicas bruñidas

Figura 2.- Perfiles de cazuelas o cuencos bruñidos y carenados propias del Bronce Final del poblado del Castillejo I de Robledillo de Trujillo.

  El primer grupo lo forman una serie de fragmentos de recipientes de cerámica fina, relativamente pequeños, perfectamente acabados y en los que no se observan marcas de haberse utilizado el torno. Pertenecen a un tipo de “vasos” de elementos similares en forma de cuenco o cazuela, según los autores. Fueron realizadas generalmente con pastas muy decantadas, finas y oscuras, con pequeños desgrasantes; la mayoría de sus caras presenta un fondo castaño y fueron cubiertas con un engobe gris muy oscuro o, en menor número, castaño; las superficies se presentan bien alisadas y brillantes –bruñido-.

Como hemos dicho encajan perfectamente en los denominados cuencos o cazuelas carenadas bruñidas, sin decoración de retículas, propias del Bronce Final. De los fragmentos observados hemos seleccionado doce (Fig 2).

 Figura 3 Croquis del perfil de una cazuela bruñida.

 Figura 3.- Perfil de una cazuela o cuenco bruñido y carenado sin decoración.

 Los recipientes que estudiamos, solían tener una altura –entre 10 y 15 cm- y diámetro –entre 15 y 25 cm- tenían tres partes o elementos bien señaladas: el asiento que era casi siempre simple, liso y relativamente poco significativo; el galbo o pared que era de tendencia hemiesférica y la parte superior o borde, donde presentaba una figura cercana al lado de un tronco de cilindro aunque de paredes curvas; ocupaba 2,5 a 3 cm de alto y su lado se solía acercar a la forma almendrada en la cara interna; en general, se puede decir que doblaba al interior a buscar la verticalidad pero quedando ligeramente exvasado. Terminan todas el labio de forma redondeada (Fig 3).

  La unión de las dos partes superior -cuello o borde- y media -galbo- se realizaba mediante una marcada angulación -carena- que hemos situado por lo general en 135º. Cada recipiente o grupo de recipientes destaca en este punto su personalidad que servía para romper la uniformidad de los demás componentes sirviendo a los especialistas para determinar, con bastante precisión, el área de procedencia, cronología etc..

 Indudablemente la unión de la carena y el galbo era la parte más vulnerable del recipiente ya que por ella se muestran las fracturas y debió constituir un problema para los alfareros de la época. A través de la observación de los fragmentos se observa como en ocasiones recurren a un refuerzo interior, otras es un “soldado” evidente en algunas partes etc.  

 Este tipo de recipientes estuvo de moda durante al menos un par de centurias, al menos en el SW de la Península Ibérica durante el Bronce Final y nos ayuda a situar cronológicamente el yacimiento, sin pocas dudas, inmediatamente antes de la llegada de los fenicios en el s. IX a. de C. entre otros puede consultarse (Ruiz, 1993). Aunque es una cerámica fina, propia de cierto nivel económico, no es de las más valiosas cuyo novel social estaba marcado por las decoradas con retícula bruñida o las pintadas tipo Carambolo, de momento ausentes en Castillejos I.

 Al segundo grupo de fragmentos pertenecían a recipientes de uso común, de factura manual, gruesas paredes, fuertes desgrasantes, de aspecto tosco dedicadas a almacenaje general y de líquidos -recordamos que la fuente más cercana está a 30 minutos de camino hacia el SW-W- son las denominadas cerámicas a cepillo o escobilladas de las que Castillejo I tiene una importante reserva y son igualmente características del Bronce final.

 Este tipo de acabado no es uniforme en Castillejo I; se observan fragmentos cuyas superficies ofrecen huellas dactilares en toda su superficie esparcidas de forma caprichosa, otras presentan gruesos escobillados sin aparente orden en su distribución, otras tienden a realizar gruesos reticulares de tendencia rectangular, otras presentan escasos relieves etc.; la mayor parte pertenecen a recipientes de volumen considerable (Lám XI).

  El tercer grupo de cerámicas es más bien escaso, está formado por recipientes de mediano tamaño, con pastas castañas, oscuras, sin decorar, con pocos y pequeños desgrasantes; su terminación por lo general bien alisada pero sin bruñir cuyo grueso de paredes oscila entre los 4 y los 14 mm, sus terminaciones superiores son sencillas y acaban de forma adelgazada y redondeada … estos recipientes debieron tener múltiples finalidades.

  Los dos primeros grupos de cerámicas: los cuencos carenados, bruñidos sin decoración reticular y las cerámicas escobilladas suelen aparecer juntas en los poblados, en estratos iguales o muy próximos, como ya hemos apuntado pertenecientes al Bronce Final.

 7. RELACIONES

 Dada la excelente conservación de los muros que limitan el poblamiento superior del  Castillejo I de Robledillo de Trujillo, además de su innegable posibilidad de relación con los restos de cerámica que posee, se hace necesario verificar, aún con mayor certeza, su pertenencia a las etapas finales de la Edad del Bronce estableciendo si es posible unas relación directa con la técnica constructiva de los muros defensivos de aquella época en poblaciones cercanas y algo más distantes.

 Intentaremos repasar las técnicas constructivas que presentan los poblados relativamente cercanos, confirmados de esa época, con o sin excavación, y que no han sufrido ocupación posterior ni otro tipo de alteraciones. Desechamos pues por el momento los asentamientos de Logrosán, Medellín y el posible de Sta Cruz de la Sierra. Procuraremos la observación directa de los recintos situados en es escasa pero cierta, selección de poblamientos donde hay noticias impresas relativas a esa época.

 En materia de excavación, quizás los trabajos más conocidos sean los ya mencionados realizados por Pavón Soldevilla en la solana y la umbría, en mitad de la falda del cerro del castillo de Alange, Alange (Badajoz) (Pavón, 1994, 1998 A y B),

Figura  4

  Figura 4.- Muro formado por doble hilada con ripios interiores y cara exterior descuidada.

 En sus diversas actuaciones solamente encontraron una estructura de cierta entidad en el corte 5 de la solana. Según se deduce de su lectura, no muy clara, esta estructura fue comprobada en otros cortes linderos. Los materiales más destacables del nivel que “envolvían” este muro eran generalmente cerámicas bruñidas, semejantes a las que presenta Castillejos I. El muro es descrito técnicamente formado por dos hiladas paralelas dispuestas con cierto orden; entre ambas había un relleno de piedras colocadas caóticamente. Nada dice del tamaño, disposición plana de las caras etc. La descripción claramente apunta la forma de nuestra figura 4 realizada especialmente en los tramos este y norte del recinto medio de los Castillejos I.

Lámina XII

Lámina IX.- Los muros del silo del poblado de Alange (Badajoz) situado en la solana.

  En visita reciente a la solana del castillo de Alange tuvimos ocasión de contemplar la excavación realizada por Pavón en el 1987 y 1993, ya casi perdida su ubicación. Veníamos desde la presa al pueblo y a unos 50 m de la antigua excavación, situada a la izquierda e inmediata del camino peatonal, observamos en la parte opuesta una nueva excavación puesta en valor turístico no hace muchos años. Se trata, según las leyendas que rezan en el monumento, de una parte importante de un importante silo, descubierto por excavación en 2006, adscrito a un periodo largo de tiempo -desde mediados del segundo milenio hasta comienzos del primero antes de Cristo- es decir durante el Bronce Inicial-Medio hasta el Bronce Final.

  La ordenación de alguno de sus muros presenta una doble alineación; otros únicamente una al exterior; en ambos sus caras exteriores son planas y están perfectamente colocadas lo que denota una previa selección de las mismas y su tamaño, por lo general, es manejable para una persona normal; al interior de esta hilada se observan otras con una ordenación menos estricta. El material empleado es la cuarcita, roca abundante en el entorno, Se empleó con mortero de pizarra pulverizada o finamente granulada según se puede observar y se explica en el panel.

 La selección exterior de las superficies planas nos llamó la atención; la disposición técnica del muro es especialmente visible en el lado norte del recinto superior del Castillejo I de Robledillo aunque aquí con menos cuidado en la colocación plana de las caras ya que se trata de granito.

  Posteriormente nos trasladamos primero a los poblados del Risco de Sierra de Fuentes y después al de la Navilla en el término de Montánchez, cerca del río Aljucén. Los dos cuentan con una bibliografía adecuada aunque mayor el primero, que sitúa al menos una de sus fases en el Bronce Final, coetáneos  a Castillejos I. Los recintos de estos dos poblados se encuentran bien conservados; en toda su extensión se realizaron mediante una alineación de amontonamientos de piedras, movibles por lo general para una persona adulta bien preparada; con ellas se lograba un desnivel de unos 2 m o quizás más; el espacio interior se subía hasta alcanzar la horizontalidad que marcaba la altura del muro mediante un relleno de tierra y piedras.  No hay modalidad de este tipo de construcción en el Castillejo I de Robledillo. Así pues la diferencias en las técnicas constructivas de estos dos poblados, de época semejante, con Castillejos I son evidentes.

 Hay que resaltar en todos ellos la distribución del recinto, con visión a todos los puntos para dominar el entorno o al menos la mayor parte del mismo. También es menor su tamaño.

  8. Conclusiones

 Comenzamos situándonos en la duda sobre la existencia de una prematura fase Calcólítica del poblado del Castillejo I basada en un fragmento campaniforme de dudosa procedencia. Añadimos, ya con total seguridad, que el poblado de Castillejos I data de la Edad del Bronce, al menos en su fase final.

  Como todos los poblados de esa época en nuestra zona, coinciden en ser levantados en lugares preeminentes, con observación y defensas a los cuatro puntos cardinales; esto nos lleva a aceptar que en un periodo concreto de tiempo, más o menos largo, estos asentamientos, así logrados, son lugares necesarios para la supervivencia, al menos para el grupo social que lo habita. Nos traducen una intranquilidad social  generalizada atenuada, al menos en algunos periodos, por un difícil equilibrio bélico.

  Así mismo, añadimos que las técnicas constructivas observadas en el corte 5 de la excavación y en el silo, ambas en el poblado de la solana de Alange y en el Castillejo I de Robledillo, presentan perfecciones técnicas, excepcionales por el momento dentro de las construcciones de este periodo de btiempo en esta zona extremeña.

  Denotan a nuestro entender un trabajo de especialistas que no estaba al alcance de otros poblados como la Navilla o el Risco y que, a pesar de su pequeñez, estaba disponible para los habitantes de Castillejos I, cuestión difícil de explicar.

  Para aclarar esta cuestión nos propusimos dos teorías. La una era que en Castillejos I se dispusiera de importantes riquezas mineras -plata procedente del cercano río Tamuja- para poder costearse semejantes obras, (se me mostró, en la pasada década, una pepita de plata que encontró un alumno del Colegio Público de Robledillo; posteriormente no hubo medio de que nos dejara fotografiarla alegando que la había perdido).  Esta cuestión la tenemos algo apartada por no corresponderse con las cerámicas de gran prestigio –cerámicas decoradas con retícula bruñida, pintadas etc.-  que debería ser propia de ese grupo social enriquecido con el comercio de metales.

  La otra teoría es más compleja, se trata de admitir que, aún dentro de un panorama en el que parece que por lo general primaba la independencia, en algunas zonas determinadas, algunos poblados mantenían, en ciertos aspectos, una fuerte dependencia con respecto a otros mayores –en nuestro caso visible al menos en lo constructivo.

 Posiblemente los poblados situados en el valle medio del río Guadiana, Medellín, Alange,  como más cercanos, ejercerían su influencia, como pequeños Estados, con un amplio territorio de influencia o dominación en el que otros menores estaban supeditados a ellos al menos en determinadas cuestiones. Por su pequeña extensión y la técnica constructiva de sus murallas situamos entre estos poblados dependientes a Castillejos I de Robledillo.

  Naturalmente  no estamos en condiciones de señalar que características políticas tendrían estos pequeños poblados.

   De todo lo expuesto se deduce la complejidad de la sociedad en nuestra Comunidad en la Edad del Bronce, al menos en sus fases finales. Parecen convivir esos pequeños “Estados Imperiales” con poblados independientes en los que la especialización técnica era mucho menor.

  También existen escasos y pequeños restos semejantes de cerámica bruñida decorados con retícula –de gran prestigio- en lugares apartados de las Villuercas, generalmente covachas con presencia de pequeños filones metalíferos en el entorno. Denotan la presencia más bien corta de individuos, posiblemente en la en busca de determinados minerales metálicos, cuestión muy propia de la época estudiada.

 En ese mundo de violencia que se palpa en las grandes defensas, gozarían de alguna manera de cierta protección a cambio de su dependencia.

 

 El cercano Medellín podía ser un importante eslabón de una larga cadena comercial que empezaba en nuestras campiñas y serranías acababa en la lejana Fenicia. 

 Estos mismos propectores posiblemente serían ganaderos que con relativa seguridad simultaneaban ambas actividades. Ellos además nos dejaron sus grabados lineales, muchos de ellos con la presencia de cazoletas, reminiscencia de su pasado en el Calcolítico final, a veces con el añadido violento e inconfundible del perfil de armas de bronce –alabardas, puñales etc.- presentes en los inigualables grabados de algunos ortostatos del dolmen de La Barca (Rubio, 2002). También fueron ocasionales pintores que, en la mayoría de los casos, intentaron plasmar unos conceptos con trazos lineales, hoy por hoy incomprensibles.

Esperemos ir completando este bosquejo con nuevos datos que nos vayan aclarando la hasta hace pocos años denominada nuestra época oscura de la Prehistoria reciente.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Pavón Soldevilla, Ignacio (1994): Aproximación al estudio de la Edad del Bronce en la cuenca media del Guadiana: La solana del castillo de Alange (1987). Institución Cultural El Brocense. Diputación Provincial de Cáceres.

                                           (1998 A): El cerro del castillo de Alange (Badajoz). Intervenciones arqueológicas (1003). Memorias de Arqueología Extremeña 1. Consejería de Cultura y Patrimonio. Jaraíz de la Vera  (Cáceres).

                                           (1998 B): El transito del II al I milenio a. c. en las cuencas medias de los ríos Tajo y Guadiana: La Edad del Bronce. Universidad de Extremadura. Servicio  de Publicaciones. Cáceres,   

Redondo Rodríguez,  José Antonio (1987): Regio Turgaliensis. Memoria de Doctorado. Universidad de Extremadura. Inédita.

Rivero de la Higuera, Mª Cleofé (1974): Algunas Cerámicas Decoradas del “Castro Plaza del Tercio” (Torrecilla de la Tiesa, Cáceres). Zephirus XXV. Universidad de Salamanca.

Rodríguez Díaz, Alonso (1998): Protohistorica: Paleoambiente, Economía y Poblamiento. Cáceres 1998. (Coord,) pag 107.

Rodríguez Díaz, Alonso y Enríquez Navascués, Juan Javier (2001): Extremadura Tartésica (2001): Bella Terra Arqueológica, (Barcelona). 

Ruiz Matas, Diego (1993) Actas del Congreso Conmemorativo del V Symposium Internacional de Prehistoria Peninsular. Tartessos 25 años después. Jerez de la Frontera 1968 – 1993, pág 265 y ss. 

Rubio Andrada Manuel y Pastor González, Vicente (2002): Monumento funerario megalítico de La Barca, Valdecaballero (Badajoz).

 

 

 

 

 

 

Nov 112013
 

 

 María Luisa Montero Curiel y Pilar Montero Curiel.

 

En la santa virtud del trabajo y en la escuela está la solución de todos los problemas sociales, pues en la escuela está la médula de la evolución y el progreso.

(Marciano Curiel Merchán, 1924)

 

 Introducción

            A finales del siglo XIX las sociedades occidentales se plantean la necesidad de revisar, desde sus mismos cimientos, las ideas pedagógicas que vertebran la enseñanza escolar. En España florece por entonces una nueva corriente que encuentra en Francisco Giner de los Ríos su principal aliado. Al abrigo de la Institución Libre de Enseñanza desarrolló ideas que suponían una auténtica revolución cultural, científica, pedagógica y moral, alentado en parte por las doctrinas filosóficas que en Alemania había divulgado el pensador postkantiano Karl F. Krause (1781-1832) y que se conocen en la literatura científica con el nombre de Krausismo. Sus bases ideológicas fueron la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo imperante en los ámbitos de la enseñanza y la educación. Esta nueva orientación de pensamiento se había nutrido de las ideas de otros reformadores europeos, como Decroly[1], Dewey[2], Piaget[3], Pestalozzi[4], Montessori[5] o Fröbel[6], por citar algunos de los pedagogos más insignes en el panorama de finales del XIX y principios del XX[7]. Todos ellos reivindicaban una educación diferente, en el entorno de una escuela capaz de transmitir conocimientos a sus alumnos pero también capaz de ejercitar el físico a través del deporte, del movimiento, del juego, es decir, una escuela que formara a los niños en lo intelectual y en lo físico, y les inculcara valores como la libertad, la paz, la tolerancia y el respeto a sus semejantes.

De los escritos de estos pensadores proceden tendencias pedagógicas tan aparentemente actuales como la basada en la psicología genética (de Decroly), que indaga en las formas de conocimiento y de inteligencia con que nace el ser humano y cómo se desarrollan hasta la madurez. La máxima de que el aprendizaje es para toda la vida –hoy tan de moda en el entorno del debate sobre el Proceso de Bolonia–, se apunta en las corrientes difundidas por Pestalozzi. Otros pedagogos, como Fröbel, concentraron sus esfuerzos en animar el desarrollo natural de los párvulos a través de las actividades y los juegos. Sus tesis permitieron adelantar lo que podría llamarse “socialización escolar de la primera infancia” a través de la creación de guarderías basadas en el convencimiento de que el niño es el principal protagonista de su propia educación.

En España, Francisco Giner de los Ríos, desde la Institución Libre de Enseñanza, llevó a cabo, como se apuntó al principio, una profunda reforma pedagógica que pronto caló en el magisterio coetáneo y posterior a su labor. La idea dominante de la escuela como redentora de la ignorancia, del fanatismo y, con ello, de la miseria marcó un camino que se prolongó durante décadas[8] en un amplio debate pedagógico-regeneracionista que tuvo como objetivos la recuperación de las raíces nacionales y el restablecimiento de un estado que modernizara sus estructuras económicas, sociales y culturales en sintonía con Europa.

 

En el movimiento iniciado por Giner de los Ríos brilló más tarde la figura de Joaquín Costa, cuya influencia en las ideas pedagógicas y escolares posteriores, incluso durante la II República, fue decisiva. Ambos pensadores habían abonado un campo que no tardaría en dar valiosos frutos. En este ambiente, el catalán Francisco Ferrer Guardia (1859-1909) se convirtió en el pedagogo más revolucionario en la España de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Fundó la Escuela Moderna[9], una de las propuestas más novedosas y que mayor influjo han ejercido en los métodos de enseñanza del siglo XX, todo un ensayo pedagógico, laico, basado en los preceptos racionalistas difundidos poco antes en Europa. Los principios de su proyecto educativo pueden considerarse de una gran modernidad desde la perspectiva actual[10]: considera antipedagógica la memorización sumisa y pasiva; el libro de texto pasa a un segundo plano, más como herramienta de apoyo para el alumno y el maestro que como guía única del aprendizaje; defiende la observación, la investigación directa y el espíritu crítico; opina que para los menores no hay mejor método que los juegos y las actividades manuales; concede gran valor a las historietas breves por su finalidad didáctica; anima a fomentar el contacto con la naturaleza mediante excursiones al campo, el estudio directo de la fauna y la flora locales, de las condiciones del terreno, etc., con un fin puramente experimental. Además, defiende la coeducación, uno de los puntos más originales en la escuela española de finales de siglo, aunque ya en vigor en países europeos. También aconseja la higiene escolar como base de una sociedad más sana. Por último, elimina la idea del premio y el castigo, y descarta los exámenes como criterio único para valorar las cualidades intelectuales de los alumnos. En definitiva, la Escuela Moderna establece una enseñanza laica capaz de favorecer, por encima de todo, la justicia y la igualdad sociales. Estos principios los había tomado “de las tradiciones de la pedagogía moderna iniciada por Jean-Jacques Rousseau en el siglo XVIII, dirigidas contra la autoridad y las visiones religiosas y las adaptó al mensaje revolucionario que anarquistas y librepensadores difundían entonces entre los nuevos grupos sociales nacidos con la industrialización y el crecimiento urbano”[11].

 

Las propuestas de Ferrer deben juzgarse en relación con las malas condiciones de la enseñanza en la España del momento y con las trabas que la educación pública encontraba en la iglesia y en sus aliados para poner en práctica cualquier intento de renovación, ya fuera a base de ideales revolucionarios, como los de Ferrer,  o tan contenidos como los de la Institución Libre de Enseñanza.

 

2. La escuela Extremeña a principios del siglo XX

 

La escuela extremeña de principios del siglo XX no difiere mucho de la de otras regiones de España. Comparte con ella los mismos problemas materiales (aulas insanas, falta de medios, herramientas escasas y anticuadas, etc.) y vive, como sus vecinas, anclada en una pedagogía difícil de calificar. De esta situación dan fe los escritos de Luis Bello, jurista andaluz y colaborador del diario El Sol de Madrid, que recorrió en los años veinte del siglo pasado las instituciones educativas de la sierra de Madrid, Toledo, Asturias, Soria, Extremadura y Andalucía, para comprender la realidad de la educación de aquella época y denunciar, a través de la prensa, las condiciones precarias que para el desarrollo de las tareas docentes ofrecían sus pueblos. De sus exploraciones surgieron varios volúmenes de noticias imprescindibles para conocer aquella escuela; algunos de ellos han visto la luz, como el correspondiente a Extremadura, cuya última impresión, titulada (como la primera de 1926) Viaje a las escuelas de España (Extremadura), se editó en 1994[12].

 

Durante el invierno de 1926, Luis Bello recorrió un buen número de caminos y de pueblos extremeños con la mirada puesta en las escuelas, con el propósito de hacerse una idea cabal del entorno de la educación escolar en esos años y de reflexionar sobre las condiciones y los métodos educativos al uso, sin ahorrarse críticas hacia todos aquellos aspectos que, desde su punto de vista, no eran adecuados para la educación escolar. En su viaje visitó pueblos de las dos provincias sobre los que después escribió su crónica particular: Malpartida de Cáceres, Arroyo del Puerco (hoy Arroyo de la Luz), Navas del Madroño, Brozas, Alcántara, Talaván, Casar de Cáceres, Herreruela, Salorino, Membrío, Valencia de Alcántara, Trujillo, Garciaz, Conquista de la Sierra, Logrosán, Cañamero, Guadalupe, Don Benito, Medellín, Olivenza, Almendralejo, Llerena, Azuaga, entre otros muchos municipios.

 

En el análisis que tras las visitas escolares publicaba en sus artículos periodísticos defendía que cada sistema pedagógico es coherente con la sociedad que lo genera y lo sustenta. Como apunta Encarnación Lemus López en el prólogo a la edición de 1994, “el autor dedica el mayor interés a explicar cómo se vive en los pueblos: cuáles son los recursos económicos, qué preocupa a la población, cuáles son los hábitos, qué aspecto presentaban las aulas y las casas” de los maestros[13], en una revisión profunda de las condiciones de la escuela rural. La posición de Bello no se aleja de los postulados regeneracionistas: concibe la  escuela como el medio para estimular la autoconciencia y la razón, lo que siempre llevará a ser mejor y a vivir mejor, y en este proceso el maestro ha de ser el principal animador.

 

La visión de España que emana de la doctrina de Luis Bello no se aleja de las ideas que impulsan los ánimos de los escritores noventayochistas en su interés por modernizar el país y situarlo a la altura de Europa. José Martínez Ruiz, “Azorín”, se encargó de redactar el prólogo para la edición de 1926 del Viaje a las escuelas de España, con palabras que revelan su adhesión a la iniciativa del abogado y periodista andaluz, y a la necesidad de curar los males de España desde sus raíces, desde la atención a la inteligencia de los niños como llave del futuro:

 

Un periodista ha logrado el milagro de que España piense en sí misma, de que los españoles se preocupen de lo más trascendental, de lo más sagrado: del porvenir de las inteligencias infantiles[14].

 

La obra de Luis Bello se convierte así en un testimonio del compromiso que los intelectuales de la época adquieren con una escuela española que vive anclada en modelos trasnochados. El erudito fija su mirada en asuntos que afectan más a las condiciones físicas y materiales de la educación infantil que a las teorías pedagógicas que la sustentan. Sus relatos responden a una estructura más o menos fija en la que explica cómo se desarrolla en cada uno de los pueblos que visita la enseñanza escolar. En todos los casos, tras la identificación del maestro, pasa a describir las características de los locales que se destinan a los usos escolares y hace inventario de los medios de que disponen los docentes para transmitir sus enseñanzas. Sirva de ejemplo el artículo dedicado a las escuelas de Trujillo, ciudad que en los albores del siglo pasado contaba con una población cercana a los doce mil habitantes y tres escuelas de niños. Las palabras de Bello (que se reproducen literalmente, pese a su extensión)  transmiten una idea muy clara del contraste entre las pasadas glorias de la ciudad extremeña, con el testimonio de sus monumentos históricos, y la atmósfera gris en la que los maestros llevan a cabo su labor:

 

¿Cómo atiende la histórica villa de Trujillo la instrucción primaria? Vamos a ver primero la escuela de D. Fernando Civantos, que por su antigüedad y prestigio en el pueblo merece la visita. Está instalada en el primer piso del Ayuntamiento, soberbio edificio, antigua Alhóndiga reparada muy hábilmente, hace treinta o cuarenta años, para Exposición Regional. La clase es ancha, alta de bóveda, enorme. Las ventanas a más de dos metros sobre el suelo. Domina el decorado viejo, en fondo negro, un gran murciélago disecado, con las alas en cruz, clavadas a la pared. El murciélago, un mapamundi negro, las láminas de Fisiología, donde aparecen hombres desollados o en esqueleto y el tono obscuro de aquel inmenso salón dan a la clase –no se incomodará D. Fernando ni verá falta de respeto en esta impresión- un aspecto extraño. Así sería la capilla satánica de una hechicera que hubiese llegado a rica. (…) Casi gemela, pero peor, con resonancias molestas y material antiguo, es la de su compañero D. Juan Picó Villarreal, veterano del Magisterio, que ha de soportar en esa clase un trabajo muy duro.

Y con ver otra, ya están vistas todas las escuelas públicas de Trujillo, ciudad de 11.500 habitantes. Tres escuelas de niños. La tercera es la del Sr. Nogales Trigoso, en la calle de Tintoreros; pero debo advertir que aquí el maestro no pone sólo su trabajo, sino además el local. La escuela está en su casa, porque Trujillo no le da otra. Cubicación: no llega a dos metros cuadrados por niño. Tres huecos a un patio estrecho, tres balconcitos que forzosamente es necesario abrir. (…) Menaje pobre e insuficiente. Hay todavía material del Colegio militar, bancos, mesas y mapas, todo muy útil, arrinconado no sé dónde, quizá en la Plaza de Toros. Parte de este menaje, bonísimo, se les ha dado a los colegios particulares. ¿Cómo puede resistir un maestro en lugar tan incómodo y tan impropio? Es que el Sr. Nogales había estado antes en una escuelita, no mala sino trágica. Fue maestro de los Casares, en las llamadas Hurdes extremeñas, y allí tenía cuatro paredes que servían a la vez de Ayuntamiento, de Juzgado municipal, de cárcel preventiva y de escuela. Cuando el Concejo celebraba sesión, o el juez convocaba a juicio, o venía conducido un preso, los chicos y el maestro tenían que irse a la calle. No es tan complicada, aun siendo muy pequeña, la escuelita de la calle Tintoreros”[15].

 

Las observaciones de Luis Bello nos sitúan en el panorama de la escuela extremeña de principios del siglo XX como espejo de la mayoría de las escuelas públicas de España vinculadas a las ciudades de provincia y al ámbito rural. Con la plasticidad de su descripción, y la sana ironía que esconden algunas de sus palabras, el andaluz ofrece un dibujo real de las aulas de la época en las que dominan los tonos grises y oscuros propios de un país atrasado. La escuela se ve como la metáfora de una nación que acaba de enterrar parte de su pasado: el edificio monumental de la escuela del maestro Civantos acoge en su armazón un aula destartalada que al viajero le permite evocar el laboratorio de una bruja, con bártulos arrinconados que, más que para adoctrinar o enseñar, sirven para transmitir sensaciones de terror. En otros casos, el maestro instala la escuela en su propia casa –como sucede con la del maestro Nogales Trigoso–  y sus humildes herramientas no gozan de ningún valor, al ser restos inutilizables de los inventarios de un colegio militar que, tras desaparecer, había cedido sus mejores utillajes a la escuela privada.

 

Los maestros de la época eran conscientes de estas dificultades. Algunos se atrevieron a hacer público su malestar y difundieron las penurias de la escuela estatal a través de la prensa. Los periódicos de la época encierran valiosos (y valientes) testimonios de protesta y denuncia firmados por miembros destacados del magisterio. Un modelo de queja incesante, de denuncia social y de ansias de introducir cambios en la escuela extremeña de aquella época fue Marciano Curiel Merchán, conocido maestro y folklorista, que desempeñó una labor intensa en el ámbito de la educación y de la pedagogía en la primera mitad del siglo XX en Extremadura.  Como corresponsal en varios periódicos de la región, y animado muchas veces por las visitas que los inspectores de la enseñanza primaria realizaban a sus escuelas y por sus relaciones con otros compañeros de oficio, tuvo la valentía de hacer frente, de un modo crítico, a algunos de los problemas que atosigaban a la escuela rural en tiempos anteriores a la proclamación de la República en España. De sus palabras se desprende el extraordinario compromiso que mantuvo a lo largo de su vida con la modernización del Magisterio y su visión de los niños como dueños del futuro de un país que, en muchos aspectos de sus estructuras de base, se encontraba muy lejos de la modernidad exigida por los pensadores del momento.

 

3. La labor pedagógica de Marciano Curiel Merchán

 

Marciano Curiel Merchán (1892-1947)  fue un hombre lleno de inquietudes, que encontró en la enseñanza su gran pasión. Su carácter polifacético se sintetiza en dos actividades presentes a lo largo de su vida: la docencia y el folklore, aunque también fue corresponsal de varios periódicos locales y nacionales, pronunció conferencias, luchó por los derechos de los trabajadores y mantuvo contactos epistolares con personas “de medio mundo” gracias a su afición por la lectura, la numismática y la filatelia.

 

Su labor docente comienza en Sevilla; en esta ciudad alterna los estudios con la enseñanza, primero en el colegio de San Francisco de Paula y, una vez conseguido el título superior, en el Colegio de San Luis Gonzaga, donde ejerce hasta julio de 1913. En 1913 obtiene la plaza fija por oposición e inicia un itinerario por diferentes pueblos de Extremadura: Guareña (Badajoz), Deleitosa (Cáceres), Zalamea de la Serena (Badajoz), Tejeda de Tiétar, Madroñera y Trujillo (los tres dentro de la provincia de Cáceres), últimos destinos profesionales, donde ejerció como maestro. Desde 1917 hasta 1934 permaneció en Madroñera, y desde 1934 hasta su muerte, en Trujillo, con una pausa en el año 1940, fecha en la que, como consecuencia de la depuración política que sufrió el magisterio durante la guerra civil, fue sancionado con suspensión de empleo y sueldo por tres meses y trasladado a Malpartida de Plasencia, donde pasó quince meses hasta que, una vez entablada la revisión del expediente, volvió a ser restituido en su cargo “con todos los pronunciamientos favorables”[16].

 

Su afición por el periodismo le permitió ejercer como redactor desde épocas muy tempranas en diferentes periódicos: en el El Noticiero de Cáceres, como corresponsal literario del periódico Informaciones de Madrid y columnista y colaborador asiduo en Extremadura, Nuevo día, La Montaña, Voz Regional y La Opinión. Desde las páginas de estos rotativos defendía sus ideas pedagógicas y exponía sus inquietudes intelectuales. Curiel Merchán fue un maestro dinámico y emprendedor, que luchó por una escuela moderna dotada de los necesarios medios materiales para ofrecer una enseñanza obligatoria y gratuita, mensajes recurrentes en sus escritos para la prensa y en sus cartas personales.

 

Son muchos los artículos que dedicó a la pedagogía y a la enseñanza; su lectura permite adivinar cuáles fueron sus mayores preocupaciones en el ejercicio diario del magisterio en las escuelas extremeñas. Sus ideas pedagógicas están supeditadas a la mejora de la enseñanza pública de la que él se muestra un gran defensor. Parece cierto que las preocupaciones que refleja en la prensa no son propias (él no es pedagogo teórico, es maestro), sino que se relacionan con las corrientes de pensamiento que influyeron en la pedagogía de finales del siglo XIX y principios del XX –ya apuntadas en las páginas introductorias de este ensayo–, que él conocía de primera mano a través de sus continuas lecturas.

 

Hay que entender el compromiso del maestro extremeño desde la observación de las condiciones precarias en las que le toca desarrollar su labor, su magisterio, en los pueblos en los que ejerce. Aunque en ocasiones habla de Extremadura como «la cenicienta de España» por el olvido de las instituciones estatales, es cierto que la situación que denuncia no es aislada o propia solo de esta región, como bien había podido comprobar Luis Bello en sus viajes a otras provincias españolas.

 

Marciano Curiel pretende a toda costa modernizar la escuela pública en aquel primer cuarto del siglo XX testigo de su magisterio. Desde su tarima de maestro conoce en directo la situación. Sus preocupaciones, basadas en la vigilancia cercana de la vida escolar, giran en torno a varias ideas principales, que tienen que ver con  la penosa situación del maestro, con  la precariedad de los materiales, el absentismo escolar, la dejadez de los padres y la desidia de la administración. De ellas se deduce que Curiel Merchán era un hombre altruista, entregado a su oficio y comprometido con la institución escolar que representaba en los pueblos a los que le condujo el ejercicio de su magisterio.

 

3.1. Las condiciones económicas del maestro

 

Las denuncias realizadas por Marciano Curiel sobre las condiciones del maestro en la Extremadura de principios del siglo XX giran en torno a un asunto principal: la penuria económica. Sus escritos dan la razón al conocido refrán “pasar más hambre que un maestro de escuela”, realidad que él se resiste a acatar, según se observa en algunos de sus artículos. Por ejemplo, en una carta al director del periódico Boletín Escolar, firmada como Presidente de la Asociación de Maestros del Partido Trujillo-Logrosán en junio de 1919 en colaboración con su compañero Francisco Carrasco,  que ejerce como Secretario, anima al gremio de los docentes de Extremadura a protestar contra la política educativa del gobierno por los sueldos miserables que les conceden:

 

Mientras el maestro, el desgraciado paria español, continúa muriendo de hambre y de vergüenza con 1250 pesetas (…) lo que no puede creerse es que haya un solo maestro que ante menosprecios tan irritantes no ponga el grito en el cielo, y con todas las energías de su alma no haga llegar con voz de indignación y protesta donde tienen el deber de escuchar.

 

El reproche que encierran estas palabras ilumina escritos posteriores en los que el maestro endurece su posición. Retoma el estereotipo sainetesco del maestro (“ser esmirriado, hampón, de larga y vieja levita, hija de la caridad, con flecos en los pantalones y las botas como rana con la boca abierta “) para negar su vigencia en los tiempos en lo que él escribe, y presenta al docente como un hombre culto, trabajador y honrado, al que las autoridades responsables de la educación en España no dan el reconocimiento ni las recompensas económicas que merece:

Este es el maestro actual; culto, trabajador, honrado, amante del mejoramiento social y de una España grande; no la figura ridícula y de sainete con que aún pretenden algunos representarle, pero es menester estimularle, evitar que desmaye en su labor y deserte; que no pierda sus energías en un trabajo rudo y constante, pero mal remunerado; hay que darle lo suficiente para que pueda vivir, haciendo que desaparezca ese sueldo (ridículo dada la carestía de la vida) de 2000 pesetas anuales (menos que muchos braceros), que aún tienen más de diez mil maestros españoles[17].

 

Estas palabras proceden de un artículo escrito para felicitar al maestro titular de la escuela de Gastalla, municipio de la provincia de Alicante, que había obtenido el primer premio en un certamen literario nacional. Con él pretende poner de manifiesto que las nefastas condiciones materiales de la escuela pública no son incompatibles con el desarrollo de otras actividades intelectuales, precisamente porque el maestro es un titulado superior y no un simple conocedor de las reglas básicas de la gramática y de los rudimentos de la aritmética. Y en este deseo de dar dignidad a la figura del maestro, un sueldo adecuado debería ser la primera recompensa para evitar la fuga de las vocaciones pedagógicas y docentes hacia otras esferas laborales. Habría de pasar mucho tiempo hasta que el tópico del hambre del maestro fuera desterrado de la conciencia colectiva.

 

3.2. Los locales y el material escolar

 

La enseñanza escolar, en los primeros decenios del siglo pasado, se desarrollaba en locales poco acordes con las necesidades de la educación infantil. De estas carencias daba fe Luis Bello en el relato de su periplo por las escuelas españolas. Marciano Curiel, en una serie de artículos que tituló “Pro cultura” y que publicó en El Noticiero durante la década de los años veinte, proporciona una visión similar: se queja de los inmundos locales en los que se ubicaban las escuelas y reclama su inmediata modernización, basada en el establecimiento de condiciones higiénicas saludables, ventanales que dejaran pasar la luz natural y trasladaran a las aulas la alegría y la vitalidad del entorno, como recomendaban los principios pedagógicos de entonces. Con fina ironía, admite que el vocablo escuela, aplicado a las que él frecuenta, es impropio hasta que los locales que acogen a los escolares no se reformen:

 

Mientras subsistan las actuales escuelas, impropiamente llamadas así, no habrá derecho a pedir al maestro que haga labor provechosa; todo su trabajo será estéril.

 

 

En sus reflexiones insinúa que, para lograr estos fines, es necesario que los locales sean edificios públicos y creados específicamente para el desarrollo de las labores escolares. Con gran sutileza denuncia el hecho de que, en numerosas ocasiones, los solares que acogen a los niños sean propiedad de personas influyentes del pueblo o bienes privados de las familias más acomodadas que amplían así sus extensas fortunas:

 

Es casi general en los pueblos (en este tengo la suerte de disfrutar de un magnífico local) que el caserón más destartalado, viejo y malo, se dedique para la escuela, la mayor parte de las veces porque es de persona significada, el cacique muchas, que ve una medida de aprovecharse y sacar así buena renta y que dedicado a otra cosa no le daría un real.

 

 

En una sociedad en la que las medidas higiénicas no estaban tan desarrolladas como en la actualidad, el maestro apunta que las condiciones insalubres de las escuelas suponen un perjuicio para la salud de la infancia y la de los propios docentes que tienen que dar en ellas sus clases:

 

Es otras veces la peor habitación del concejo, cercana a la cárcel o al cementerio, siempre fría, húmeda, sin luz, lóbrega, propia para que los niños la consideren más bien cárcel y la tengan un instintivo temor aunque los pobrecitos ignoran que verdaderamente a esas mazmorras van a perder la salud lentamente, van a destrozar sus pulmones y a contraer enfermedades que les inutilizarán para ser mañana hombres de provecho. No es egoísmo del maestro el pedir, si no un local de las mejores condiciones higiénicas y pedagógicas, que es a lo que tiene derecho, por lo menos uno sano, donde no pierda su salud y su vida y la de tantos niños encomendados a su custodia.

 

A las condiciones inmundas de los locales se une la escasez de material escolar para desarrollar las tareas académicas. Marciano Curiel reclamaba constantemente mesas adecuadas, láminas didácticas, mapas y libros de lectura que le permitieran desarrollar con dignidad sus tareas cotidianas:

Raras escuelas son las que tienen material en condiciones para que el trabajo pueda hacerse con el debido provecho; la inmensa mayoría no tiene por material sino varias mesas antipedagógicas y alguna lámina antiestética para las paredes, careciendo hasta de los libros precisos para la lectura y de ello no tiene la culpa el Maestro, como no tenga el don de hacer milagros, dada la misérrima cantidad que para esta atención tan necesaria dá el Estado[18].

 

De esa reiteración del carácter antipedagógico de las herramientas escolares y de la falta de estética de las láminas dedicadas a la enseñanza se deduce que el maestro extremeño está atento a la necesidad de renovar  los utensilios obsoletos de las escuelas. Tarea complicada, si se tiene en cuenta que el Estado aporta poca ayuda y que las escasas reformas proceden de  la voluntad  de las direcciones provinciales de enseñanza, incapaces de hacer frente a tantas necesidades. En este sentido la recepción de material escolar se convierte en objeto de gratitud en más de una ocasión, como aquella en la que don Marciano agradece que la Dirección General de Primera Enseñanza, a propuesta de los inspectores Juvenal de Vega y Relea y Elvira Rocasolano, haya concedido material pedagógico a las escuelas de Madroñera, tanto a la suya como a la de su esposa y compañera de profesión, Almudena Poblador:

Como tan poco acostumbrados estamos los maestros de esta provincia (la hasta ahora Cenicienta de toda España) a recibir estos beneficios, nuestra satisfacción es inmensa y en nuestro nombre y el del pueblo en general hacemos presente nuestro más sincero agradecimiento a los muy dignos inspectores, señor Vega y señorita Rocasolano, y al señor director general, que siguiendo la simpática política de saneamiento y anti-caciquismo de todo el Directorio, ha atendido las demandas justas, proporcionando con esto un beneficio a la instrucción pública nacional.

 

Con estas dotaciones nuevas los escolares de Madroñera consiguieron una colección de pesas y medidas del sistema métrico decimal y una hermosa colección de láminas de Historia de la Civilización. Pequeños granos de arena que, con el paso del tiempo, contribuyeron a  dotar a las escuelas de los nuevos instrumentos por los que tanto lucharon los maestros antiguos.

 

3.3. Sobre la implicación de los padres en los asuntos académicos

 

En una sociedad analfabeta, consagrada a las actividades agrícolas y ganaderas, donde incluso la educación secundaria era patrimonio de las minorías urbanas, la implicación de los padres en la vida escolar era inexistente.  En medio de la penuria económica general, muchos padres encontraban en sus hijos mano de obra fácil, con lo cual en cuanto los consideraban aptos para trabajar los sacaban de la escuela y la formación podía darse por terminada. Marciano Curiel comenta en varios de sus artículos y en cartas personales a algunos inspectores y amigos que, ante esta situación, se siente incapaz de ejercer su autoridad frente a la voluntad de los padres, pues el pequeño ingreso de un hijo menor ayuda muchas veces a suavizar los apuros económicos. Otra vez reivindica, con la ley en la mano, la necesidad de escolarizar a los niños desde los 6 a los 13 años, y exige que, si esta ley se incumple, los padres sean castigados:

 

La asistencia escolar en España, legalmente, es obligatoria de los 6 hasta cumplir los 13 años; (…) Niños hay á quienes solo ve el maestro el día que van á matricularse; en cuanto empiezan a vencer las dificultades de la lectura, desaparecen por varios meses y cuando vuelven hay que empezar de nuevo a modelar a aquellas inteligencias para que a poco se repitan las faltas prolongadas; otros y es lo más sensible, a los 10 o 11 años, cuando empiezan a darse cuenta de lo que aprenden, cuando el maestro trabaja con más fe, porque ve que es entendido y nota los adelantos, cuando esos niños empiezan a remontar el vuelo por el campo del saber, sus padres, con una ignorancia y egoísmo grandes, les cortan las alas, les arrebatan de la escuela para llevarles al campo, al taller… “Ya sabe leer, escribir y echar cuentas, y no le hace falta más porque no va á estudiar”, dicen algunos padres. En cambio hay otros (los menos) que desean que continúen sus hijos en la escuela después de cumplidos los 13 años[19].

 

 

Esta insistencia en la responsabilidad de los padres en la educación de los niños se refleja en sus colaboraciones periodísticas y en las charlas que daba sobre la labor escolar.  El 17 de junio de 1924 publicó en El Noticiero un artículo titulado “Colaboradores del maestro”, en el que, por encima de todo, defiende el papel insustituible de los padres en la formación de sus hijos. Sus ideas resultan de una enorme actualidad; inicia el artículo con una frase que es toda ella un programa (“abrir una escuela equivale a cerrar una cárcel”) y, apoyado en esta máxima, aborda un tema que no ha perdido eficacia, en un momento en el que el debate sobre la responsabilidad de los padres o los maestros en la formación de los niños sigue vivo:

 

Los padres son, en primer lugar y sin ningún género de dudas, los primeros y principales colaboradores de la obra escolar; y de su actuación buena o mala, dependen en la mayoría de los casos, los resultados en la enseñanza.

 

Mediante un símil que recuerda las técnicas de las parábolas bíblicas, el maestro identifica las labores escolares y sus frutos con las tareas agrícolas y las cosechas que obtienen los campesinos. Indica que sin el apoyo de los padres es imposible que fructifiquen en las mentes infantiles las semillas que siembra el maestro:

 

Así como la tierra de por sí, y solo por el hecho de sembrarla, no puede dar óptimas cosechas, sino que además de la siembra, el labrador inteligente y celoso dá a su tiempo las adecuadas labores para acrecentar la producción, que la tierra agradecida dará, premiando de esta manera al agricultor que trabaja, así el maestro hará fructífera o casi nula labor, según sea la ayuda de los padres, en su ardua tarea de días y días; tan es así –y la necesidad de argumentar eso con sobradas citas pedagógicas referentes a la cuestión– que yo, maestro ya experimentado en este rudo y continuado batallar de la escuela, antes que al local-escuela, asistencia, abundante material pedagógico y autoridades –todo desde luego de una importancia capitalísima– doy la primacía a la cooperación de los padres en la obra escolar.

 

Por ley de naturaleza, que es, a la vez, ley divina, los padres son los maestros naturales, necesarios y providenciales de sus hijos. Así dice la Pedagogía, y así debiera ser en todos los casos de la vida escolar; y ya que no maestros, auxiliares de éstos.

 

El niño, por naturaleza, es bueno; y el maestro que de veras siente su augusto sacerdocio, moldea a voluntad su corazón e inteligencia; pero en muchos casos, ¿qué adelanta si en un continuo tejer y destejer –mimos, faltas de asistencia, cambios inmotivados de escuela– deshacen los padres lo hecho por el maestro? ¿Puede haber así labor seria?

 

 

Siempre diplomático, Marciano Curiel indica al final de su reflexión que no todos los padres, ni todos los niños, muestran la misma actitud ante la escuela:

 

De todos, padres buenos y malos he tenido, y tenemos a diario los maestros múltiples casos, siempre con la mismísima consecuencia. Niños que son puntuales en su asistencia, que aprovechan, que aún de mediana inteligencia, salen a su tiempo, de escuela, bien preparados para las luchas de la vida…, niños, cuyos padres, obrando como buenos y conscientes de su misión,  fueron siempre verdaderos cooperadores de la labor escolar; ya de manera activa, con sus enseñanzas y consejos, o pasiva, concediendo sin reparos la máxima autoridad al maestro. Al contrario, niños díscolos, irrespetuosos, holgazanes, y que al dejar la escuela, tienen para su maestro, antes que la muestra de cariño y respeto, una mueca de indiferencia, o acaso de burla y desdén…, no hay que preguntar quiénes son sus padres; son seres, que por egoísmo, fatuidad o ignorancia unas veces, y siempre por la incomprensión de sus deberes paternales, de lo que es y representa la escuela y de la alta misión del maestro, solo consideran a éste como guardián de sus hijos, que según ellos, solo van a la escuela –en vez de estarles molestando en casa– a cumplir el famoso chiste escolar, contestación de un niño al preguntarle que a qué iba a escuela: “A esperar a que salgamos”.

 

3.4. La desidia de la administración

 

La predisposición de los padres para ayudar a los maestros no resuelve sola las deficiencias de la escuela. Si la administración no colabora, los esfuerzos del profesor y de las familias son estériles. El adecentamiento de los locales, la dotación de materiales son responsabilidad de los gobiernos. También el endurecimiento de las leyes para combatir el absentismo escolar. Curiel piensa que la escolarización obligatoria hasta los 15 años sería una solución ideal:

 

Una intransigencia grande por parte de las autoridades para con los padres de familia que no mandan sus hijos a la escuela, imponiéndoles multas efectivas, no consintiendo un solo niño por las calles en las horas de clase, so pena de la multa consiguiente; prolongar la vida escolar hasta los 15 años, para que pueda salir suficientemente preparado según a la profesión a que vaya a dedicarse, a cuyo fin saldría con un certificado de estudios expedido por el maestro, especie de hoja de méritos para ser admitido en fábricas, talleres, etc, sin cuyo requisito, ninguno pudiera ser admitido. Mientras éstas, o parecidas reformas y otras más de que hablaré no se lleven a efecto, no podrá dar los debidos frutos la labor del maestro, por intensa que sea y por grande que sea la voluntad[20].

 

En su propia utopía desea que la enseñanza se extienda también al ámbito de las personas adultas, para poner remedio a buena parte de los males de la sociedad de su tiempo provocados por la ignorancia y el analfabetismo. De hecho, en un artículo titulado “Ocurrió en Madroñera. Conducta plausible” y publicado en El Noticiero el 15 de noviembre de 1923, aplaude la actitud del Sargento de la Guardia Civil al obligar a los parroquianos de las tabernas a que asistan a las clases organizadas para ellos:

 

Conducta plausible lo es sin duda la seguida por el (…) Sargento don Fructuoso Ruiz quien (…) ha enviado forzosamente a las escuelas de adultos a los que, no poseyendo los suficientes conocimientos de primera enseñanza, perdían el tiempo miserablemente en las tabernas, bebiendo o jugando o escandalizando en las calles con sus juegos brutales.(…) Si las demás autoridades se interesaran por la enseñanza como el Sr. Ruiz, otra cosa sería la instrucción pública local, por desgracia tan abandonada por los encargados de fomentarla y estimular a los maestros.

 

Las peticiones que hace Curiel Merchán a las autoridades para que colaboren en la labor escolar no cesaron. En muchos casos las tomó como culpables del malestar de la escuela y de la ignorancia reinante en la España de su tiempo. En un escrito fechado el 21 de junio de 1924, titulado “Analfabetismo y sus causas” y publicado en El Noticiero, se lamenta de la dejadez institucional y pide ayuda a los que él considera únicos responsables del abandono que sufre la escuela en aquel momento; en este breve texto se descubre un resumen de todos los obstáculos que él encontraba en su quehacer diario:

 

¿Puede hacer milagros un maestro, sin la ayuda de los padres; sin material escolar, ni adecuado, ni pedagógico, ni suficiente; en un inmundo local, las más veces, cuadra o tabuco indecente; con autoridades locales en muchos casos que no se ocupan de la enseñanza y le dan al maestro disgustos constantes en lugar de estímulos; con una asistencia irregular y solo en los primeros años, cuando casi nada aprovecha el niño; con matrícula en muchos casos numerosa, pero irregularísima; con sueldos mezquinos que restan el entusiasmo, porque en su mayor parte no dan para cubrir las más apremiantes necesidades?

 

Créense los miles de escuelas que hacen falta; dótese a todas, ya establecidas en buenos locales, del material necesario; désele al maestro una autoridad profesional sin restricciones y un sueldo que le haga independiente y le ponga a cubierto de las necesidades; hágase de verdad obligatoria la enseñanza, y pasados unos años, cuando todo esto esté hecho, si el bochornoso baldón del analfabetismo sigue en España, podrá decirse al Maestro: “Tú, maestro, tú, que no trabajas, por pereza e ignorancia, tienes la culpa”; mientras, el maestro más apto, más trabajador, más celoso y amante de la escuela, fracasará por falta de medios, sin que todos los que ponga de su parte sirvan para remediar el mal de origen.

 

 

Tras estas palabras se oculta la realidad de una escuela pobre, pero también una profesión, la de maestro, a la que la sociedad niega el reconocimiento y el respeto que merece. Los imperativos sirven de petición y denuncia a un tiempo: de nada sirve la voluntad del maestro si carece de apoyos.

 

3.5. Los destinatarios de la enseñanza: los niños y los adultos

 

Marciano Curiel confió siempre en la educación para adultos como el único medio de alfabetizar a una población que no había podido asistir a la escuela en los días de la infancia, y observó que el aprendizaje y la cultura eran las mejores vías de redención de las clases trabajadoras. Por ello se ocupó de organizar ciclos de conferencias, clases nocturnas y de solicitar a las autoridades espacios apropiados para impartir la docencia. El maestro pretendía adoctrinar en temas elementales como la importancia de la higiene para la salud, el mérito de la escuela en la infancia, sobre cuestiones políticas y literarias, que resume en las intenciones de unas jornadas que organizó para adultos en Madroñera en el otoño de 1921. Los conferenciantes invitados fueron personajes destacados en las actividades intelectuales, sanitarias y religiosas de la localidad: el médico Cosme Fernández habló sobre la importancia de la  higiene corporal y de la limpieza en los hogares y, en una segunda sesión, expuso sus percepciones políticas sobre el socialismo del momento, “muy distinto del socialismo ruso, que tantas vidas ha costado y tan desastroso y trágico fin ha tenido”; el también médico Alfonso Abril Torres disertó sobre anatomía, “llevando, para hacer más intuitiva su enseñanza y más comprensibles sus explicaciones, un hermoso Atlas de Anatomía, y dando sabios y atinados consejos prácticos para mejorar el funcionamiento y conservación de cada uno de estos órganos”, según las palabras de Curiel; el sacerdote don Maximino Ramos Arroyo defendió la importancia, necesidad y utilidad de la escuela primaria en la formación del individuo; la cuarta conferencia corrió a cargo del maestro cacereño Vicente Terrón Picaso, que habló sobre “Infancia, pubertad y edad viril”. También “el inspirado poeta don Manuel Gómez Sánchez”  habló sobre poesía y leyó algunas de sus composiciones más logradas[21].

 

Su preocupación por adoctrinar a las generaciones adultas le llevó una y otra vez a solicitar medios, a promover la inversión en libros y en recursos para la cultura:

 

Pero es que no debe ser, que hayamos de continuar sin comodidad alguna, sin nada que sea un culto recreo, que huela a civilización y sea alimentado del espíritu, teniendo el Casino elementos para ello.

¿Por qué, además, no hay, como he propuesto mil veces –aunque modesta- una biblioteca de libros selectos, de Historia, Literatura, Artes, etc., con los que hacer amantes de la lectura a muchos que si no leen es por falta de libros y que por recurso estando en el Casino, tienen que jugar o beber?

 

De todos los artículos periodísticos que han sustentado las reflexiones anteriores se deduce que Marciano Curiel es un hombre abierto a las nuevas tesis que pretenden renovar los métodos de la enseñanza y modernizar una escuela que subsiste al abrigo de técnicas anacrónicas, como es la escuela extremeña de aquellos tiempos. El objeto de sus preocupaciones es la escuela pública y la necesidad de renovarla sin hacerle perder su esencia. En su empeño por erradicar la ignorancia y las raíces del analfabetismo lucha por la asistencia obligatoria a la escuela y proclama la ampliación de la enseñanza gratuita entre los jóvenes hasta la edad de quince años; arremete contra los padres que sacan a sus hijos de las escuelas en cuanto saben “leer, escribir y echar cuentas” y solicita que los mismos padres sean los principales colaboradores del maestro en la obra escolar. Para poner en práctica sus ideas, dirigió la construcción de una cantina en Madroñera, apoyó la creación de mutualidades escolares, de colonias infantiles y escuelas para niños con dificultades en el aprendizaje y la integración; pretendió que la enseñanza llegase también a los adultos que en su juventud no tuvieron acceso a los libros. Y se ocupó de la creación de una biblioteca escolar pública en Madroñera, ejemplos todos de su constante lucha por la cultura en atmósferas poco favorables.

 

4. Los congresos pedagógicos en Extremadura a principios del siglo XX

 

El sustento teórico de muchas de las ideas de Marciano Curiel Merchán se encuentra en los congresos pedagógicos que por las fechas de su magisterio tuvieron lugar en las ciudades extremeñas. A ellos acudieron maestros inquietos y preocupados por el devenir de sus tareas diarias. Dos  de ellos se desarrollaron en los meses de abril y mayo de 1929 en Trujillo; el mismo año tuvo lugar en Cáceres, en el mes de mayo, un nuevo encuentro cuyos conferenciantes debatieron sobre asuntos de interés para la escuela extremeña. Las crónicas de Curiel Merchán sobre ambos eventos dan buena fe del debate teórico sobre el magisterio en Extremadura en los umbrales de la Segunda República.

 

En los primeros días del mes de abril del año 1929 se reunieron en Trujillo los integrantes de la Comisión de Estudios Pedagógicos de la provincia de Cáceres y de la Inspección Provincial de primera enseñanza para debatir sobre la importancia y el establecimiento de los círculos pedagógicos; un mes después, volvieron a encontrarse en la misma ciudad para analizar la aportación que esos círculos podían hacer a la escuela de la época. En esta segunda reunión, diferentes maestros expusieron sus tesis y dictaron una serie de conferencias de temática variada: los problemas de estudio y de la selección de los niños a la hora de formar los grupos escolares; las relaciones de la escuela primaria con  la administración y la vida municipal o la contribución de la escuela a la extinción del analfabetismo, tema este último abordado por el propio Curiel Merchán como retrato fiel de sus principales desvelos.

 

Tras los encuentros preparatorios de Trujillo, a finales de mayo de 1929 se celebró en Cáceres, en el Gran Teatro, el Primer Congreso Pedagógico Provincial, organizado por la Inspección Provincial y por la Asociación Provincial del Magisterio de Cáceres. Se trataron temas muy variados, como la higiene en la escuela, la importancia de la educación física en la formación escolar, las cantinas y las colonias escolares, el valor de la práctica en la educación, e incluso se trató en varias charlas sobre la enseñanza destinada a los “niños anormales y supernormales”[22], término con el que entonces se calificaba a los superdotados.

 

De inaugurar el congreso se encargó Antonio de Cámara y Cailhan, inspector de enseñanza primaria, que esbozó una elocuente historia de la labor desarrollada por el magisterio primario de la provincia y por la inspección de enseñanza, hasta los días de la celebración del Congreso Pedagógico. En la charla de bienvenida hizo hincapié en cómo, desde el año 1923, la provincia de Cáceres había conocido movimientos de renovación intensos, en especial en las fases iniciales de la escuela. La conferencia inaugural corrió a cargo del creador de la Coral Cacereña, José Gómez Crespo, y se centró en la importancia de la música en la formación espiritual del niño. El doctor Antonio del Campo, residente en América, supo transmitir la necesidad de la higiene en la escuela, según el modelo estadounidense, como base del bienestar sanitario de un país[23]. Sus ideas encontraron un nuevo apoyo en las palabras del inspector Juvenal de Vega y Relea en una ponencia titulada “La inspección médico-escolar, medios prácticos para implantarla eficazmente”. El ponente insistió en la necesidad de crear para las escuelas una especie de “maestro-médico de niños”.

 

Otra preocupación para los docentes de aquella época fueron las cantinas y las colonias escolares, sobre lo que habló el médico Amador Díaz, que insistió en que la alimentación infantil no es un problema de pobreza sino de enseñanza.

 

La educación física en la escuela primaria, la colaboración médico-pedagógica y los medios prácticos para realizarla en todas las escuelas fue el objeto de la charla impartida por Leoncio Carbajo, maestro de Almoharín y profesor de Educación Física, que ponderó la necesidad del deporte y del movimiento en la formación del niño.

 

En otra de las sesiones del Congreso los maestros Adolfo Maíllo y Eduardo Guija Corrales hablaron de la contribución de la escuela a la “selección de niños anormales y supernormales”; plantearon  las necesidades de atender y apoyar de manera especial tanto a los niños anormales como a aquellos dotados de una inteligencia y unas capacidades superiores a la media, con el fin de sacar el máximo provecho de unos y otros. Estas propuestas se sustentaron en las teorías de los pedagogos y psiquiatras europeos más reconocidos.

 

Las reivindicaciones de los maestros concluyeron con propuestas muy interesantes y novedosas para el magisterio de entonces:

 

  • ·         Sustituir las actuales escuelas por otras modernas más higiénicas y pedagógicas.
  • ·         Acercar la familia a la escuela, para facilitar cordiales relaciones de maestros y alumnos.
  • ·         Organizar cursillos de psicología experimental.
  • ·         Dotar a la escuela de libertad y autonomía.
  • ·         Favorecer los juegos infantiles, con la inmediata vigilancia y dirección de los maestros.
  • ·         Seguir de cerca al niño en todos los actos de la vida escolar.

 

El aprendizaje que proporcionaban estos congresos se completaba con viajes pedagógicos a centros de enseñanza que, en la época, se consideraban punteros en sus métodos y en sus logros. Se enmarcaban dentro de la práctica habitual de ampliar los estudios de los maestros y proporcionaban aire fresco a una escuela que, por la precariedad económica y por la tradición inmovilista, se mostraba cerrada a la admisión de novedades.  Uno de los viajes más intensos y que mayor huella dejó en Marciano Curiel fue el que, con otros catorce maestros de la provincia de Cáceres y el inspector Juvenal de Vega y Relea, realizó en la primavera de 1928 a Andalucía, “para el mejoramiento de las condiciones en que se desenvuelve la enseñanza primaria” en la provincia de Cáceres[24]. El objetivo del viaje, subvencionado por los ayuntamientos de los quince municipios de donde procedían los maestros, era conocer los proyectos pedagógicos de diferentes escuelas andaluzas, en especial los que Manuel Siurot y el Padre Manjón habían puesto en marcha en algunos centros privados de Huelva y Granada, respectivamente.

 

En sus crónicas, Marciano Curiel retrata el ambiente de las escuelas de Siurot en Huelva, con clases al aire libre donde los niños, “jugando en el suelo y deleitándose”, aprenden a leer y escribir casi sin darse cuenta; le sorprenden los carteles representativos de todas las materias que decoran las paredes como homenaje a “Su Majestad El Gráfico”, según el apelativo que emplea Siurot al referirse a los murales en los que asienta las exposiciones de las materias escolares[25]. En Granada descubre las escuelas del Ave María, creadas por Andrés Manjón, con sus treinta y siete maestros, “que dan en su mayoría al aire libre lecciones por unos procedimientos especiales, que han tomado el nombre de manjonianos, en honor a su autor”. Según explica, estas escuelas constituyen una espléndida realización de sanas teorías pedagógicas y son una obra que coloca a su fundador, el Padre Manjón, al nivel del pensamiento educativo encarnado en las figuras de Pestalozzi, Girard, Fröbel y Montessori[26].

 

Marciano Curiel se muestra abierto a las tesis que pretenden renovar los métodos de la enseñanza y construir una escuela más moderna. Aun reconociendo el gran mérito de las instituciones privadas que recorre en su periplo por las ciudades andaluzas, observa que son “muy efectistas, como hechas y dadas para las constantes visitas que reciben”[27], y añade que la escuela nacional debe estar por encima de ellas. Reflexión, por otra parte, coherente con su defensa de la escuela pública y la urgencia de renovarla sin socavar su personalidad[28].

 

5. Bibliografía

5.1. Estudios generales

Almendros, H., La Escuela Moderna. ¿Reacción o progreso?, La Habana, Edición de Ciencias Sociales, 1985.

Barbero Mateos, Jesús (y otros), “Caracterización del magisterio trujillano durante la depuración política desarrollada con motivo de la guerra civil”, en XXXV Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2007, pág. 37-63.

Bello, Luis, Viaje a las Escuelas de España (Extremadura), edición y estudio preliminar Encarnación Lemus López, Mérida, Editora Regional, 1994.

Bowen, J., Historia de la educación occidental, Barcelona, Herder, 1985.

Bruner, J.S., La educación, puerta de la cultura, Madrid, Visor, 1997.

Casanova, J., “Ferrer Guardia y la pedagogía moderna”, en El País, 11 de agosto de 2009, pág. 23.

Chomsky, Noam, La (des)educación, ed. e introducción de Donaldo Macedo, Barcelona, Crítica, 2003.

Curiel Merchán, Marciano, Cuentos Extremeños (edición de María Luisa y Pilar Montero Curiel), Mérida, Editora Regional de Extremadura, Serie Rescate, n.º 28, 2006.

Delgado, B., Unamuno Educador, Madrid, Edición Magisterio Español, 1973.

Ferrer Guardia, Francisco, La Escuela Moderna, Barcelona, Tusquets, 2009.

Navarro Navarro, Francisco Javier, A la revolución por la cultura: prácticas culturales y sociabilidad libertarias en el País Valenciano (1931-1939), Valencia, Universidad de Valencia, 2004.

Scocchera, A., Maria Montessori. Quasi un ritratto inédito, Florencia, La Nuova Italia, 1990.

Trilla, J. (coord.), El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI, Barcelona, Grao, 2001, págs. 177-205.

 

5.2. Otras fuentes

Fausto Maldonado, “Congreso Pedagógico Provincial. Continúan las conferencias y las sesiones de las ponencias”, en Nuevo Día, 28 de mayo de 1929.

Francisco Carrasco y Marciano Curiel Merchán, “Carta dirigida al Sr. Director del Boletín Escolar”, Boletín Escolar, 29 de junio de 1919.

Juvenal de Vega y Relea, “Del ambiente pedagógico. El mutualismo escolar en la provincia”, en El Noticiero, 24 de mayo de 1922.

Marciano Curiel Merchán, “Analfabetismo y sus causas”, en El Noticiero, 21 de junio de 1924.

____________, “Clases nocturnas para adultos en Madroñera”, El Noticiero, (se trata de una serie de 6 artículos sobre este tema publicadas durante el mes de noviembre de 1921).

____________, “Colaboradores del maestro”, en El Noticiero, 17 de junio de 1924.

____________, “Continúan las sesiones del Congreso Pedagógico”, en El Noticiero, 29 y 30 de mayo de 1929.

____________, “De la vida en la escuela”, en El Noticiero, 19 de diciembre de 1924.

____________, “De Trujillo. Aportación a los “Círculos de Estudios Pedagógicos”, en El Noticiero, 8 de mayo de 1929.

____________, “De Trujillo. Círculo de Estudios Pedagógicos”, en El Noticiero, 8 de abril de 1929.

____________, “El Retiro Obrero y la Mutualidad Escolar”, en Nuevo Día, 30 de marzo de 1922.

____________, “Ocurrió en la provincia…”, El Noticiero, 19 de abril de 1924.

____________, “Ocurrió en Madroñera. Conducta plausible”, en El Noticiero, 15-XI-1923.

____________, “Primer Congreso Pedagógico Provincial”, en El Noticiero, 27 de mayo de 1929.

____________, “Pro cultura”, El Noticiero, junio de 1920 (se trata de una serie de diferentes artículos que publicó semanalmente durante ese mes).

____________, “Regalo de material escolar a las escuelas”, en El Noticiero, 12 de abril de 1924.



[1] El psicólogo y pedagogo belga Ovide Decroly (1871-1932) es conocido en el mundo de la pedagogía escolar por haber creado un método global de enseñanza de la lectura y la escritura y por sus programaciones por centros de interés. Según Margarida Muset Adel, “dedicó su vida a experimentar sobre el aprendizaje natural en los niños” (“Ovide Decroly: la pedagogía de los centros de interés y de los métodos globales”, en el volumen coordinado por J. Trilla, El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI, Barcelona, Grao, 2001, págs. 95-122). Trabajó con ahínco en la educación e integración de niños “anormales” y estaba convencido de poder hacer frente a los problemas pedagógicos sobre una base científica.

[2] Según Jaume Trilla Bernet, “John Dewey es el gran teórico (no desligado de la práctica) de la educación progresista y renovadora del siglo XX”, en J. Trilla, op. cit., pág. 9.

[3] Vid. Gabriela Fairstein y Mario Carretero Rodríguez, “La teoría de Jean Piaget y la educación. Medio siglo de debates y aplicaciones”, en J. Trilla, op. cit.,págs. 177-205.

[4] Pestalozzi (1746-1827), pedagogo suizo cuyo pensamiento se basaba en la convicción de que todas las facultades humanas se encuentran en el alma. La educación para él debía comenzar en el nacimiento y desarrollarse armónicamente durante toda la vida.

[5] La italiana Maria Montessori (1870-1952) ha sido una de las pedagogas más importantes de todos los tiempos, representante del método de la pedagogía científica. Sobre su labor pedagógica, vid. J. Trilla, op.cit., pág. 9 y, en el mismo volumen, Maria Pla Molins, Elena Cano García y Nuria Lorenzo Ramírez, “Maria Montessori: el Método de la Pedagogía Científica”, págs. 69-94.

[6] A Friedrich Fröbel (1782-1852), discípulo de Pestalozzi, se debe el término alemánKindergarten (jardín de infancia), que ha tenido transcendencia universal.

[7] Otros pedagogos y reformadores importantes fueron Makarenko, Neill, Freire, Skinner, Illich, Bernstein o las hermanas Agazzi, por citar algunos nombres relevantes.

[8] Incluso la Institución Libre de Enseñanza publicó de 1877 a 1936 un periódico llamado El Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, que recopilaba las orientaciones pedagógicas internacionales del momento y las difundía como principios que debían regir la escuela del momento.

[9] Recientemente, y con motivo del centenario de la muerte de Ferrer Guardiola, fusilado por haber sido acusado de instigar las revueltas de la Semana Trágica de Barcelona, se ha publicado el volumen La Escuela Moderna (Barcelona, Tusquets, 2009), obra póstuma, que vio la luz por primera vez en 1976, en la que el autor vertió las propuestas de nuevos métodos de enseñanza que tuvieron una enorme repercusión en aquel momento y en épocas posteriores. Pere Solà, en el Prólogo a esta reciente edición, resume el proyecto pedagógico de Ferrer en los siguientes términos: “El racionalismo pedagógico fue un intento de alternativa escolar para las masas analfabetas de los campos y, especialmente, de las ciudades industriales. Como tal (como alternativa a las formas de la escuela existentes en la España de finales de la Restauración, pero también de la Segunda República) hay que considerarla. Y como tal hay que ver sus aciertos educativos y sus errores” (pág. 40).

[10] Ibid., págs. 36-40.

[11] Julián Casanova, “Ferrer Guardia y la pedagogía moderna”, El País, 11-08-2009, pág. 23.

[12] Luis Bello, Viaje a las escuelas de España (Extremadura), ed. de Encarnación Lemus López, Mérida, ERE, 1994. Hay una reedición posterior, de 2004.

[13] Ibid., págs. 7-8.

[14] Ibid., pág. 29.

[15] Ibid., págs. 90-91.

[16] Vid. Marciano Curiel Merchán, Cuentos extremeños, ed., intr. y notas de María Luisa Montero Curiel y Pilar Montero Curiel, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2006.

[17] Marciano Curiel Merchán, “De la vida que pasa. El maestro actual”, en El Noticiero (sin fecha).

[18] Todas estas referencias proceden del artículo titulado “Pro cultura”, aparecido en el diario El Noticiero en el mes de junio de 1920.

[19] Ibid.

[20] Marciano Curiel Merchán, “Pro cultura”, junio de 1920.

[21] Vid. Marciano Curiel, “Clases nocturnas para adultos”, en El Noticiero, 12 de noviembre de 1921.

[22] Los datos que siguen están extraídos de las crónicas que sobre el congreso escribió cada día Marciano Curiel Merchán en el periódico El Noticiero (desde el 28 al 30 de mayo de 1929).

[23] Texto escrito por D. Fausto Maldonado, maestro cacereño muy comprometido con los asuntos del Magisterio (Nuevo Día, 28-V-1929)

[24] Marciano Curiel, “La ampliación de estudios de los maestros nacionales”, en El Noticiero, 21 de marzo de 1928.

[25] Marciano Curiel Merchán, “El viaje de maestros cacereños a Andalucía”, en El Noticiero, 28 de marzo de 1928

[26] Marciano Curiel, “El viaje de maestros cacereños a Andalucía”, en El Noticiero, 31 de marzo de 1928. La última cita recuerda las palabras que Juvenal de Vega y Relea escribió en el libro de visitas de la escuela del Ave María de Granada el 27 de marzo de 1928. En una de las cartas personales de este inspector a M. Curiel le cuenta el propósito de visitar en un futuro las instituciones del doctor Decroly, insigne psicólogo y pedagogo belga que trabajó con ahínco en la educación e integración de niños “anormales” y que estaba convencido de poder hacer frente a los problemas pedagógicos sobre una base científica.

[27] Marciano Curiel, El Noticiero, 5 de abril de 1928.

[28] Vid. la introducción al libro ya citado de Marciano Curiel Merchán, Cuentos extremeños, ed. de María Luisa Montero y Pilar Montero Curiel.

Nov 112013
 

 Martiria Sánchez López.

 I.-INTRODUCCIÓN.

    Este estudio está basado en las Ordenanzas Municipales de la ciudad de Plasencia, publicadas y transcritas por Dª Gloria Lora Serrano en 2005. Son de un enorme interés, no sólo para el conocimiento de la economía del Renacimiento placentino, que es el objetivo de esta comunicación, sino para el estudio de todos los aspectos históricos del siglo XVI de esta ciudad.

    Cuando el rey Alfonso VIII fundó Plasencia le otorgó el Fuero confirmado después por sus sucesores Sancho IV y Fernando IV. El Fuero era el elemento básico de la ordenación de los territorios reconquistados, donde se daban una serie de ventajas jurídicas para los nuevos habitantes de las ciudades. En primer lugar, a estos pobladores se les otorgaba una serie de libertades, frente a la Nobleza y Órdenes Militares, ya que dependían directamente del rey. Por otra parte, se les eximía de ciertos impuestos que son los llamados Privilegios, pero además el Fuero regula la economía de la ciudad y su término y refleja perfectamente la vida de la ciudad y sus habitantes, los grupos sociales con sus derechos y deberes, el gobierno, la justicia, los cargos, etc, etc.

    Muchas de las leyes del Fuero estuvieron vigentes durante el siglo XVI, pero otras leyes quedaron anticuadas y obsoletas, ya no servían para los nuevos tiempos debido al desarrollo de la ciudad y su economía, su demografía, que creció enormemente, el urbanismo, etc.  Por este motivo fueron necesarias otras leyes, otras normas da acuerdo con las necesidades de la ciudad: las contenidas en estas Ordenanzas.

 

 

 

 

 

 

II.-LAS ORDENANZA MUNICIPALES DE PLASENCIA.

 

    Estas Ordenanzas recogen una serie de leyes adaptadas a los nuevos tiempos, aunque siguieron vigentes muchas leyes del Fuero.

    La doctora Lora Serrano, que ha publicado estas Ordenanzas, afirma que en 1456 existía el libro de las “Ordenanzas de Concejo” , donde se incluían normas referentes a varios aspectos de la ciudad. El Sr. Sánchez Loro afirma que en 1488, una vez que Plasencia recuperó su condición de realengo, el libro de las Ordenanzas fue reelaborado adecuando las antiguas normas a la nueva etapa histórica. Posteriormente, según la doctora Lora Serrano, se hizo una tercera recopilación que se conserva en el Archivo de la Catedral de Plasencia. Consta de una serie de folios cosidos que forman tres cuadernillos; el primero tiene fecha de 1533 que actualiza el código municipal. En 1549 se hizo una nueva revisión y se añadió un nuevo título, el L III a los anteriores. En 1578 se añaden nuevas disposiciones de Felipe II y  posteriormente en 1584 se añade una especie de apéndice documental.

    Pero el Manuscrito editado es un traslado del libro de 1584, efectuado en el mes de Febrero de 1601 por el síndico municipal Hipólito Cardeña, es la más completa colección de Leyes Municipales del Antiguo Régimen, cuyo estado de conservación es excelente, según la editora. Se encontraba en el Archivo Municipal, pero en la actualidad está en la Biblioteca del Seminario Mayor de Plasencia, probablemente trasladado en el S.XIX por Benavides Chueca.

    El documento está encuadernado en pergamino y tiene 617 folios numerados y otros 5 sin numerar. Constituyen un elemento sumamente interesante para el estudio histórico de la Ciudad en el Antiguo Régimen. Nosotros vamos a limitarnos, en esta Ponencia, a estudiar el aspecto económico de Plasencia en el siglo XVI dejando los demás aspectos: el gobierno, los oficios públicos, las costumbres, las fiestas, los juegos, la higiene, la moralidad, etc. que también son objetivos de estas ordenanzas. Aparte de este documento tan importante, hemos manejado también para hacer este trabajo los testimonios del historiador placentino de finales del s.XVI y principios del XVII Fray Alfonso Fernández de su obra “Historia y Anales del Obispado y la Ciudad de Plasencia”. También hemos tenido presente el Fuero de Plasencia otorgado por Alfonso VIII.

III.  RESUMEN HISTÓRICO.

 

     A finales del s. XII y principios del s. XIII la Alta Extremadura fue conquistada por los reyes cristianos. Alfonso VII, el llamado Emperador, dividió el reino a su muerte entre sus dos hijos, debido a su sentido patrimonial de la Corona. A su hijo Sancho III le dejó Castilla y a Fernando II, León. Por este motivo, Extremadura quedó di8vidida en dos zonas, cuyo límite era la Vía de la Plata; la zona del Oeste correspondió a León y la del Este, a Castilla, por lo que Plasencia y su tierra quedaron incluidas dentro del reino castellano.

    A la muerte de Sancho III le sucedió su hijo Alfonso VIII que fue el conquistador de toda la tierra de Plasencia y fundador de la ciudad en 1186 como un enclave político y militar que no sólo sirviera como base al Rey en su lucha contra el Islam, sino también como centro político contra el gran poder que tenían las órdenes Militares de Santiago y Peseiro, ya que dominaban gran parte de Extremadura (Julio González, “El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII”). Pronto Plasencia llegó a convertirse también en un enclave religioso, pues en 1189 se constituiría en Sede Episcopal, en virtud de la Bula otorgada por el Papa Clemente III y confirmada posteriormente por distintos pontífices.

    Debido a estas circunstancias, el Rey asignó a Plasencia un extenso Término o “Alfoz”, además de concederle su famoso Fuero, con gran cantidad de privilegios y franquicias. Después de la incursión almohade, en la que se apoderan de la ciudad, fue definitivamente conquistada en 1196 y el Rey mandó entonces construir esas enormes e impresionantes murallas, que hoy todavía podemos admirar, para evitar cualquier clase de peligro a la población.

    La ciudad y su término se irán repoblando poco a poco con los cristianos procedentes de los reinos castellanos y leoneses. Estos se unieron a los musulmanes que quedaron en todo el “alfoz” en calidad de mudéjares, junto con una importante población judía procedente de las tierras ocupadas por los almohades que huían de las persecuciones que sufrieron por el fanatismo de este pueblo. Así irán naciendo la mayor parte de las aldeas de su término a lo largo del siglo XIII, e irán aumentando su población en los siglos siguientes, especialmente en el s. XV en que se duplicó la población, según afirma Paredes Guillén en su libro “Los Estúñigas, señores de Plasencia”.

    En este siglo, en 1492, Plasencia pasó a ser Señorío debido a que Juan II entregó a Pedro I de Estúñiga, Justicia Mayor del Reino, la ciudad y su término. Este hecho tuvo consecuencias negativas, aunque también supuso ciertas ventajas ya que fue más frecuentada por los reyes castellanos, especialmente en la Guerra de Sucesión. Por otra parte, los caballeros dependientes de los Estúñigas que se asentaron en la Ciudad, van a dar gran impulso a las actividades comerciales, especialmente a las ferias, lo que produjo un gran desarrollo económico.

    Además, la nobleza placentina va a plasmar su poder y su dinero en artísticos palacios con sus hermosos blasones. También se levantaron hospitales, iglesias, conventos, como el de Sto. Domingo, cuya finalidad principal era ser panteón señorial bajo la protección de la condesa Leonor de Pimentel.

    Pero la familia de los Carvajal, apoyados por los Reyes Católicos terminó con el dominio señorial en 1488, después de más de 40 años de su poder. A partir de esa fecha, pero especialmente en el siglo XVI, Plasencia va a tener un desarrollo espectacular en todos los aspectos: económico, demográfico, social, cultural, religioso, etc.  (J.M. López Martín).

   Prueba de este desarrollo son los impresionantes monumentos que se levantan en este período, destacando la Catedral Nueva, construida por los mejores arquitectos de le época: Enrique Epas, Covarrubias, Gil de Hontaño y escultores como Rodrigo  Alemán que realizó la bellísima Sillería del Coro, entre otros. Los famosos prelados de época como D. Juan de Carvajal o D. Gutiérrez Álvarez de Toledo, potenciaron la cultura en todos los aspectos.

 

 

IV.  LA ECONOMÍA DE PLASENCIA EN EL SIGLO XVI.

 

  1. A.  LA AGRICULTURA.

 

     La economía placentina estaba basada fundamentalmente en actividades del sector primario, aunque en este período se advierte mayor desarrollo de la Artesanía y del Comercio que en los siglos anteriores.

    Ahora adquieren un gran impulso especialmente los productos hortícolas, juntamente con la vid, el olivo y los cereales. La expulsión de los judíos en 1492, cuyas actividades eran más bien mercantiles y crediticias, supuso un vacío poblacional que fue ocupado por el aumento de la emigración de los mudéjares. Estos eran extraordinarios agricultores especializados en los productos hortícolas, pues no hay que olvidar que ellos fueron los introductores de los más importantes productos de regadío de todo el “Alfoz”.

    Todos los cultivos habían sido regulados y protegidos por el Fuero, pero ahora, en estas Ordenanzas se observa una puesta al día de las antiguas normas, aunque algunas de ellas seguirán vigentes, pues en las Ordenanzas se alude constantemente a la “Ley del Fuero”.

    Entre los productos de secano destacan la vid, el olivo y los cereales. Los viñedos fueron abundantes, ya que el vino era consumido por toso los habitantes, tanto cristianos como  moros. Fray Alonso habla en su libro de los vinos y de su calidad: “Hay muchos vinos y regalados”, también habla de su producción en otro capítulo.

    Ya el Fuero dedicaba más de veinte artículos a protege los viñedos, tanto del daño que pudieran provocar loa animales, como del hurto por parte de los vecinos, imponiendo multas y otras penas. Ahora, en las Ordenanzas se ponen al día las penas, aumentando las cuantías de las multas. Según el Artículo 9 del Título XIX manda lo siguiente: “… Ordenamos que por bueyes o vacas que fueren hallados en viñas, huertas y olivo caiga en pena 50 maravedíes de día, e de noche la pena doblada. Esta misma pena caigan a las bestias caballares e mulares…” El artículo 10 habla de que cualquier bestia animal que fuese hallada en las viñas pague de pena 10 maravedíes de día y de noche la pena doblada.

    Es curioso observar cómo era frecuente en esta época que robaran cepas y rodrigones, por eso el Artículo 15 dice: “ …que ninguno sea osado de llevar de las viñas sarmientos, ni cepas ni rodrigones… ni pasar por las viñas ni coger della frutos, so pena de 150 maravedíes…” Tampoco se permitía cazar en las viñas bajo una pena de 300 maravedíes.

    Seguían vigentes otros artículos del Fuero, aumentando las penas, como el de la fecha de la Vendimia: “Que ninguno sea osado vendimiar antes de San Miguel…”En el Fuero se impone una pena de 10 maravedíes al que no lo cumpliera, mientras en las Ordenanzas se elevan a 60 maravedíes… El Artículo 26 castiga a la multa de 30 maravedíes al que “hurtase uvas de las viñas, higos o aceitunas u otras frutas…”

   El cultivo de olivos, los frutales y la producción hortofrutícola adquirieron un desarrollo enorme, de aquí que las Ordenanzas dediquen gran cantidad de artículos a su protección. Fray Alfonso habla en su libro de la gran producción de aceites y de vinos, así como se du calidad, de la siguiente forma: “Aceite hay mucho y en calidad de mejor que se halla en todo el reino”. Pero lo más interesante es que el historiador nos da datos de la producción de los distintos pueblos del vino y del aceite. Así dice: “En Jaraíz y Pasarón se cogen más de 20.000 arrobas de vino y aceite. En Garganta de la Olla, Cuacos, Aldeanueva y Losar se cogen más de 14.000 arrobas de aceite y más de 50.000 de vino…En Jarandilla se cogen más de 30.000 arrobas de vino y más de 10.000 de aceite. También se habla de los vinos de Fresnedoso y Mirabel, de los que se dice que “son de los muy preciosos del reino”

    En el Fuero se creó un cargo para guardar los viñedos que ahora las Ordenanzas llaman “viñador” y dedica varios artículos no sólo para protegerle sino para evitar abusos por su parte. Así, el Artículo 29 dice: “Que si alguno hace residencia al viñador pague 500 maravedíes y si es con armas que esté diez días en la cárcel”. Pero el artículo 43 dice que el viñador sólo tiene que guardar las viñas sin distraerse en otras cosas:” que los viñadores no pasen higos ni hagan otros oficios, sólo guarden sus pagos so pena de 300 maravedíes”.

    Los productos hortofrutícolas tuvieron mucha importancia especialmente en los Sexmos del Valle y de la Vera. Los musulmanes habían introducido los cultivos de regadíos en la zona y Alfonso VIII los protegió y fomentó, construyendo más presas, canales, norias…etc. Ahora se desarrollan las famosas huertas placentinas de las que hablan constantemente las Ordenanzas. Recordamos que la población judía fue sustituida por emigrantes mudéjares que venían del Sur y estos eran extraordinarios huertanos, por lo que en el s. XVI estos productos tienen un enorme desarrollo.

    Para darnos idea de su importancia comentaremos lo que dice Fray Alfonso sobre estas: “Es tan grande la abundancia que hay de frutas que sólo el diezmo de la fruta verde de la Vera vale muchos millones de ducados”. En otro punto dice: “Los frutos del Valle y la Vera son de lo más excelente que se halla en Europa…las frutas no tienen número, especialmente camuesas, peras, manzanas, damasquinos, albérchigos, melocotones, ciruelas de muchas diferencias, higos…granadas, membrillos, cerezas guindas…naranjas, limones limas, cidras…”

    Las Ordenanzas tienen gran cantidad de artículos para proteger los frutales y demás productos hortícolas. Así el Artículo26 dice que el que “hurta fruta, aceitunas, etc. pague 300 maravedíes y si es de noche, doblado”. En el Articulo 27 se ordena que el guarda vigile y registre las casas que sean sospechosas de hurto y en el artículo 28 se prohíbe cortar árboles, ramas o productos hortícolas bajo pena de 300 maravedíes y además, “que esté preso 10 días”.

    Así pues, a la pena económica se añade la de la cárcel.

   Otros productos de regadío muy importantes fueron los textiles, como el cáñamo y el lino, del que se obtenían lienzos extraordinarios, como refiere Fray Alfonso: “el lino es muy aventajado, del que se hacen lienzos escogidos, estimados en mucho en todas partes”. Este producto era muy importante especialmente en la Vera, ya que en el Valle las Ordenanzas prohibían limpiar y echar al Jerte el lino para prepararlo porque  decían que podían envenenar las aguas que podían beber los animales. Así lo expresa el Capítulo XI del título: “de enviar lino y cáñamo…porque el agua enlinada mata al ganado, y que se enrie el lino en los ríos Tiétar y Tajo… so penas de mil maravedíes”.

    También la seda fue otro de los productos textiles más importantes en algunos Sexmos, como en el de la Vera, que fue el principal producto de exportación hasta el s. XIX. Fray Alfonso habla de la importancia de la seda en la Vera y dice que en  Jaraíz se suelen coger mil libras de seda y el año que menos, 600. Ya en el Fuero se protegían los morales y las moreras, imprescindibles para la cría del gusano de  seda; ahora al que dañara algún árbol se le penaba con “diez días de cárcel”.

    Los Cereales se producían en todos los Sexmos, pero especialmente en el Campo Arañuelo y en las dehesas alrededor de la ciudad. Al que cuidaba las mieses se le denominaba “Meseguero” y no sólo se le obligaba a entrar durante el día en los campos, sino que estaba obligado a dormir en las parcelas llamadas pagos, panes u hojas… El Título XX dice que: “el Meseguero tenga que guardar panes en chozas que esté y duerma…”

    También se ordena que los terrenos se dividan en “hojas” o pagos para dejar los correspondientes barbechos: “que se siembre el pan en hojas…que se labre el pan siempre en hoja junto y en pago”. Se advierte además en el Artículo V: “Que no se siembre en caminos ni cañadas…bajo pena de 200 maravedíes”. En el Artículo 40 se prohíbe a los ganados entrar en los rastrojos hasta que no se haya secado el pan, es decir, el trigo. Se advierte que por cada cabeza de ganado que entre se pague 5 maravedíes de multa.

    También hay varios artículos dedicados a los sistemas de arriendo, para evitar pleitos entre los señores propietarios y los labradores, además varias instrucciones para la labranza realizada por los bueyes.

   

    Los castañares fueron de gran importancia para la economía placentina, tanto por sus frutos, las castañas como por la obtención de madera, elemento imprescindible para la vida de aquel mundo rural del s.XVI. Sexmos del valle y especialmente de la Vera estaban cubiertos por hermosos castañares. Las castañas fueron uno de los alimentos básicos de los vecinos de otros Sexmos, que además, intercambiaban por el trigo del Campo Arañuelo. Esta gran riqueza fue desapareciendo a lo largo del s. XVIII cuando surgió una enfermedad en estos bosques que arrasó la mayor parte de los castañares, introduciéndose entonces el cultivo del pimiento para el pimentón que tanto renombre ha dado a la Vera.

    De la importancia de las castañas y de los castañares nos hablan todos los documentos de esta época, especialmente estas Ordenanzas. Fray Alfonso nos da unos datos muy significativos de su importancia y de las grandes cosechas que se obtenían tanto en el Valle como en la Vera, de los que dice: “Hay muchos motes de castañares injertos y silvestres, cuya fruta cogen la gente pobre para ayuda de su sustento, hay muchas leguas…” Pero lo más curioso es que nos dice la cantidad de castañas que se recolectan en alguno de los pueblos como: “En Jaraíz y Pasarón se cogen más de 25.000 fanegas de castañas injertas, en Garganta la Olla, Cuacos, Aldeanueva y Losar se cogen más de 60.000 fanegas de castañas injertas…En Jarandilla se cogen más de 26.000 fanegas de castañas injertas…etc.”.

    Ante esta enorme cosecha de castañas no hay que extrañarse de que las Ordenanzas dediquen gran cantidad de artículos a proteger y regular los castañares.

    El Título IX se titula “De las Ordenanzas de la guarda y conservación de los Castañares del término e jurisdicción de la noble ciudad de Plasencia” y este título contiene 36 artículos en los que se dan toda clase de normas para su protección, imponiendo grandes penas a los que las infrinjan, ej. Art. 1 “Que no quemen ni corten…ni castaños ni ramos” y seguidamente va estipulando la pena según el grosor del castaño.  Así dice. “si el castaño es tan gordo como el cuerpo de un hombre, que pague de pena dos mil maravedíes…pero si es menor de dicho gordo pague mil maravedíes; e si cortase rama tan gorda como el muslo de un hombre pague de pena cien maravedíes”. El Artículo 2 se titula “Que se haga pesquisa general del daño de los castaños”. El Artículo 3 ordena que los concejos pongan fieles (guardas) para guardar los castaños. También  se prohíbe sacar la madera y venderla sin permiso del Concejo (Art. 6, 7 y 8). Además se dan órdenes para que se limpien, se quiten las malezas, se apaguen los fuegos y salgan a apagarlos a “campana tañida” (Art.15) y para que se cuiden y curen los castaños enfermos (Art. 28). Se manda a los Regidores vayan a visitar los castañares después de Año Nuevo…y así se fue dando órdenes en los 36 artículos con penas máximas, incluida la cárcel.

    El Título X está dedicado a la protección de las castañas y comprende nueve artículos. En ellos se dan las normas de todas las facetas referentes a este producto, por ejemplo cuándo se han de recoger “desde el día de San Miguel de cada año se cojan por su feria según costumbre y si de otra manera fuera, se pierdan las castañas y seiscientos maravedíes de pena”. Otros artículos siguen en la misma línea: “Que no se cojan castañas antes de San Miguel…” También manda que se ponga un guarda o fiel para guardarlos y evitar que los apedreen, “que no se vareen ni se den garrote a los castaños…pague sesenta maravedíes”. Los castigos eran severos para los guardas que no cumplieran bien sus obligaciones: “Se dé más de cincuenta azotes por dar licencia para hacer mal o por disimularlo”.

   Los pinares igual que los castañares tuvieron mucha importancia para la obtención de madera, que era la materia prima, tanto para la construcción como para la fabricación de muchos objetos dentro del mundo rural. Aunque también se obtenía madera de los castaños y de otros árboles, sin embargo, en estas Ordenanzas solamente se habla de la madera de los pinares y de su regulación, a lo que dedica 44 artículos incluidos en el Título XI.

    Los pinares eran muy abundantes en la Tierra de Plasencia, se citan más de treinta pinares en todos los Sexmos; en la Vera se habla de los que había en cada uno de los pueblos. Los encargados de guardarlos, los fieles, debían ser dos escuderos y debían hacer juramento de guardarlos bien y si no lo hacen así, dice el Art. 2 “que sean tomados como perjuros y se les destierre y pierdan sus salarios”. Estos escuderos tenían la obligación de señalar la madera que debía cortarse y poner las multas a los que las cortasen sin licencia: “…que pierdan la madera, los bueyes y las carretas y paguen cien maravedíes”. También se regula el período en que se debía cortar la madera que era “de marzo a octubre”. Toda la madera cortada al año era controlada por el Corregidor, quien tenía que revisar los pinares y ver “in situ” la madera cortada.

    En otros artículos se prohíbe “sacar tea” y “hacer resineros” con multas de 600 maravedíes. También estaba prohibido cazar dentro de los pinares, cuyas multas impuestas eran de 100 maravedíes.

    Pero el máximo castigo era para el que quemara cualquier pinar, pues se le condenaba a “pena de muerte” según el artículo 5.

 

B.- LA GANADERÍA

 

    La Ganadería tuvo una importancia de primer orden tanto para la alimentación humana como para la obtención de productos textiles, además de las tareas agrícolas o el transporte, realizado a lomos de animales o en carretas tiradas por bueyes. También desempeñó un papel imprescindible en la vida de la época ya que algunas especies, como la caballar, era el elemento esencial en las guerras y en otras facetas de la vida señorial del s. XVI como torneos, caza, etc. De aquí que estas Ordenanzas presten especial atención a la ganadería caballar y a la vacuna, sobre todo a los bueyes. Tanto a una como a otra dedica gran cantidad de artículos, mientras para las demás especies sólo da órdenes para que se eviten los daños en las huertas, viñas, mieses, frutales, etc. A la ganadería porcina la prohíbe, además, que ande por la ciudad y que entren en los Ejidos de las aldeas para evitar que los deterioren.

    A los Ejidos les da mucha importancia, ya que podían disfrutar de ellos todos los vecinos, sin distinción de clases y se dan las órdenes pertinentes para que se puedan criar las distintas especies con las máximas garantías. A este respecto hay más de siete artículos dentro del Título XXIII que comienza diciendo: “Ordenamos e mandamos que el Ejido nuevo para los vecinos y pobres todos reciban provecho…”. A continuación enumera el número de cabezas que puede tener cada vecino: “Mandamos que cada uno pueda traer 5 vacas, 30 cabras, 30 ovejas…etc.”Ordenas las fechas que pueden estar las crías: “…hasta el día de San Martín”.

    El Concejo tiene obligación de poner un guarda en el Ejido al que han de pagar los vecinos según el ganado que tengan. Muy interesante es el Artículo 6 que manda que: “en el Exido no puede andar ni carnero, ni bueyes, ni puercos, ni machos, sólo ovejas, cabras, vacas y yeguas que puedan criar y el ganado macho que fuera necesario para simiente…” Este artículo, como puede observarse, garantizaba y protegía a las crías y a las madres como hemos ya referido.

    Estas Ordenanzas dan al caballo una enorme importancia, dedicándole 15 artículos. El primero manda que han de tener un guarda específico para ellos, denominado “el potrero”. Este no debía faltar ningún día a su trabajo bajo pena de 24 maravedíes y señala el tiempo que ha de guardar en la Dehesa: “después de San Miguel…” También se le impone una multa si pierde algún caballo, además de ir a buscarle.

    En distintos artículos se prohíbe que entren en la dehesa de los caballos otras especies ganaderas con diferentes multas: “…que por cada bestia mular que hallare pague 34 maravedíes y silo hallare 3 veces, 200 maravedíes por cada ganado vacuno 25 maravedíes, por cada ganado ovejuno 5 maravedíes, por cada cabeza de puerco 10 maravedíes…etc.”

      El potrero no podrá recibir caballos sin licencia del Concejo, ni admitir a los que no fueran de los vecinos, bajo multa de 100 maravedíes y 200 si estaban tres días. A estos artículos hay que añadir los que el rey Felipe II aprueba sobre la casta y la raza de los caballos de la ciudad y de la Tierra de Plasencia. Uno de ellos dice: “…que no pueden entrar en las dehesas yeguas que no sean de casta, ni otros animales…que las yeguas no entren en la dehesa de los potros”. El artículo VI dice que “los caballos de buena casta se echen a las yeguas y no asnos garañones”.

    Vemos cómo desde esta época era muy importante la selección de la raza extremeña en este tipo de ganadería, por lo que no es de extrañar que en la actualidad el caballo extremeño haya conseguido el reconocimiento de su selecta raza.

    Sin embargo, a los ganados que estas Ordenanzas dedican más artículos son a los bueyes, con más de 25 de los que comentamos algunos a continuación. Al guarda se le denomina “boyero” y su nombramiento duraba un año que tenía lugar el día de San Miguel. Tenía la obligación de no faltar ningún día a su trabajo, bajo pena de 50 maravedíes, además se le exige que: “los bueyes que oviera de recibir sean de los labradores y carreteros de esta ciudad”. El Art. 2 manda que se inscriban ante el escribano del Concejo… “y si la persona no lo hace asín pague 200 maravedíes”. En otro artículo se ordena que paguen al boyero en dos plazos, “la mitad desde el día que lo echan a guardar, e la otra a fin de año, para que el boyero tenga con que se mantener”.

    En otro se advierte que el boyero guarde bien a los bueyes, que los lleve al río a beber, pero que no los deje allí y que no consienta ninguna bestia asnal, caballar, mular, ni cabras, ni ovejas, bajo distintas multas. También se le permite que tenga una yegua o dos para guardar mejor a los bueyes. Termina en el artículo 25, que dice: “que cada año se pregone y se remate la guarda de la boyada el día de San Miguel en Septiembre”.

    El ganado porcino era imprescindible, ya que el cerdo era alimento fundamental de las familias, de aquí que todos los vecinos disponían de uno o varios cerdos que preparaban en las típicas matanzas. La mayor parte los criaban en las casas por lo que era corriente que a veces anduvieran por las calles con lo que seo suponía de suciedad y mal ambiente para la ciudad. El Título XXXVIII está dedicado a controlar a estos animales, más que a protegerlos; se denomina: “Del porquero y los puercos” y consta de varios artículos. El primero dice: “Ordenamos que no anden los puercos por la ciudad, que los echen al porquero, y si no los echasen caigan en pena de 6 maravedíes por cada puerco”. Aunque en otros artículos advierte que si andan por la ciudad los “mate el alguacil”. Habla también de la soldada o paga del porquero y de sus obligaciones, ya que ha de guardarse bien para que no entren en las viñas o huertos pues estos daños los tenía que pagar el porquero.

    El artículo 4 dice que: “el porquero esté en la Puerta de Trujillo para recoger a los puercos desde la mañana hasta la misa de prima” y además manda que los dueños vayan a recogerlos por la tarde y que no pueden echar al guarda más de dos cerdos por persona. Los cerdos podían entrar en los rastrojos, pero no en los Ejidos porque podían perjudicar a los demás animales.

    Sobre las demás especies ganaderas y sobre las aves de corral, estas Ordenanzas no legislan nada, por lo que pensamos que seguían rigiéndose por el Fuero, que seguía vigente para todo aquello que no contemplaban estas Ordenanzas.  Sobre las colmenas hay varios artículos dedicados a su protección.

     El primero es muy original porque dice lo importante que son las colmenas tanto para los vivos como para los difuntos y para el culto divino: “…mandamos e decimos que por cuanto las colmenas son muy provechosas y necesarias porque la cera que se gasta en honra y servicio del culto divino e sacrificio del altar e ansí mismo se aprovecha para los enterramientos de los difuntos y servicios de los vivos. E la miel para la medicina y cosas necesarias para la vida humana…mandamos que se guarden las órdenes siguientes…” a continuación va dando una serie de normas para su mejor conservación, como la que dice que en los colmenares debe haber 50 colmenas y que han de tener 300 pasos de distancia a su alrededor donde no pueden instalarse otras colmenas o majadas de cabras o de otros animales. Cuando los colmenares tienen entre 25 y 30 colmenas, pueden dejar 100 pasos alrededor y “pueden pastar los ganados, menos las cabras que se pueden subir en ellas y estragarlas” y a los cerdos se les permita pastar a los 200 pasos de las colmenas, también para evitar que las estropearan. En otro artículo se prohíbe que se quemen los barbechos dentro de los doscientos pasos alrededor de los colmenares bajo pena de mil maravedíes. También se prohíbe a los cazadores y pastores hacer fuego en los montes bajo pena de dos mil maravedíes, sólo se permitía a los labradores quemas los rastrojos. Con todas estas normas, las abejas tenían más o menos asegurado su alimento y sus propietarios, su conservación.

   

C.- LA CAZA Y LA PESCA.

     1.- LA CAZA.

    La caza y la pesca fueron muy importantes en la economía de Plasencia y su tierra, debido a la gran cantidad de montes, ríos y gargantas que había en su extenso Alfoz.

    Tanto la caza mayor como la menor tuvieron una enorme importancia, según todos los documentos de la época, como nos indica Fray Alfonso Fernández en su historia del s. XVI de la ciudad, donde nos habla de sus montes, citando el nombre de muchos de ellos, de su importancia y de la afición de los reyes a venir a cazar en ellos: “…hay muchos montes de toda España y donde los reyes suelen entretenerse, como el rey Alfonso, fundador de Plasencia, y el rey católico D. Fernando que venía a Tierra de Plasencia a montería y volatería. El rey D. Alfonso XI cita en el tercer libro de la Montería, capítulo 20, setenta montes de la tierra y  obispado de Plasencia, dice que “son muy acomodados para la caza y montería, y son los siguientes…”A continuación cita la mayor parte de ellos de los distintos Sexmos, así, por ejemplo, de la Vera menciona “…el monte del arroyo de Jaraíz, Valdemorisco, Robledo hermoso, Valdemidas hasta el camino de Cuacos…etc.”Luego cita los del Sexmo del Valle: “el Collado Rubio es todo un monte, las Rozas, Majada, Toril…etc.” Habla también de los montes del Campo Arañuelo y de otros del Obispado, como los de Trujillo.

    El Fuero tenía varios artículos para la protección de la caza, por lo que estas Ordenanzas los actualiza, así como la venta de la carne y de las pieles de las piezas cazadas. También se regula la veda, que se extendía desde los Carnavales hasta primeros de Agosto. El Título XVIII tiene varios artículos dedicados a esta faceta, el 1º dice: “que no se maten perdices desde Carnestolendas hasta el día 1º de Agosto bajo pena de 100 maravedíes y pierda las perdices…” En el 2º se prohíbe coger los huevos de perdices bajo pena de 600 maravedíes. También prohíbe en otros artículos la caza de conejos y liebres con cuerdas, redes o lazos “so pena de 100 maravedíes”.

    El Artículo 5º es muy interesante, ya que dice que “ningún señor puede prohibir la caza en su dehesa a ninguna persona que pudiera cazar y pescar en sus ríos que son comunes a todos, según la Ley del Fuero, y el que lo prohíba pague 2000 maravedíes”. Pero estas órdenes no se cumplieron por lo que los vecinos de la ciudad y de las aldeas no pertenecientes a señoríos elevaron sus quejas a Carlos V, exponiéndole este problema probado por la cantidad de liebres, conejos, jabalíes, ciervos, etc. que entraban en sus fincas y se comían las viñas, huertas y labranzas. Carlos V manda al Concejo de Plasencia hacer nuevas Ordenanzas al respecto para que todos los vecinos puedan cazar: “que conviene al bien público en tierras de señorío y pro común de los vecinos de la tierra de dicha ciudad”. Dice también que se pregonen estas Ordenanzas y que el que no las cumpla pague una pena de diez mil maravedíes.

    Hay otra serie de disposiciones, como la que dice que se maten las palomas porque comen las bellotas de los ciervos, o que se cacen los conejos con perros o hurones y con ballestas…etc.

2.-  LA PESCA.

    La pesca fue siempre muy importante en toda la Tierra de Plasencia, por la cantidad de especies que se criaban en las abundantes aguas de sus ríos, gargantas y arroyos. Fray Alfonso dice a este respecto: “Los ríos que riegan este obispado son Jerte, Tajo…Tiétar , que es caudalosísimo, que coge todas las gargantas de la Vera… Todos estos ríos abundan de mucha y regaladísima pesca, truchas, barbos, anguilas y, especialmente, el río Jerte tiene abundancia de peces y barbos conocidos en España por ser pescados muy regalados y casi sin espinas…” En otros capítulos habla de la Vera y dice: “En toda la Vera hay muchas gargantas y arroyos que producen abundancia de regaladas truchas, pues sólo en la garganta de Valverde, se cogen todos los años 500 arrobas de trucha.”

    Por este motivo las Ordenanzas dedican varios artículos a la pesca y su regulación. El 1º prohíbe arrojar a los ríos todo lo que pueda deteriorar las aguas: “…que no se eche paja u otra cosa que enturbiare las aguas bajo pena de 300 maravedíes”, tampoco podían lavar el lino ni el cáñamo en el Jerte porque podían perjudicar las aguas, bajo pena de 24 maravedíes y la pérdida de estos productos.

    El artículo 8º da una serie de normas sobre las redes que se han de utilizar para la pesca “…en el río Xerte no se puede pescar sino con redes que sean desta manera: que las atarrafas y el paradejo sean de 2 puntas, la malla de 3 puntas, la manga de 2 puntas, los redejones e judriales, de 1 punta… bajo pena de 600 maravedíes y pérdida de las redes”.

    Hay otros que insisten en que pueden pescar en los señoríos todos los vecinos sin pena ninguna, pero esto no se cumplía, por lo que el Concejo solicitó a Carlos V que aprobara nuevas Ordenanzas sobre la pesca, igual que había hecho sobre la caza, para que todos puedan pescar en los señoríos. Carlos V las aprueba e impone a los señores que no lo cumplan multas muy importantes.

    En cuanto a las normas sobre la veda, son muy estrictas y hay varios artículos dedicados a este tema, como el artículo 3º que dice “…que nadie sea osado de pescar desde 1º día de marzo hasta fin del mes de abril…”  En el mes de Mayo no se puede pescar truchas, ni barbos ni anguilas. El artículo 4º ordena que se pueda pescar en los arroyos y gargantas que se secan en el verano durante todo tiempo, para que no se pierda el pescado, como en la garganta de Gargüera o del Olivo. También se permitía pescar durante todo el año con vara de sedal o con anzuelo sin pena ninguna. Lo que estaba totalmente prohibido era pescar por la noche “ni con lumbre ni con redes en ningún tiempo del año, so la pena contenida en la Pragmática”.

   El Concejo de Plasencia pide a Carlos V que confirme una Ordenanza sobre el modo de pescar en el Tiétar y en el Tajo (Art.7º): “Que se pueda pescar con canales e con nasas con tanto que sea fuera de los meses en que se desova el pescado” además de las otras normas comentadas.

    Todas las normas aprobadas por Carlos V en esta Pragmática debían ser pregonadas en las plazas públicas y en los mercados y ferias para el conocimiento de todos los vecinos y de los señores y para su cumplimiento, según indica un artículo de esta misma Pragmática.

     D.-  LA ARTESANÍA

    La Artesanía  tuvo un gran desarrollo durante el s. XVI tanto en la Ciudad como en las Aldeas de la Tierra, habiendo una gran variedad de ellas. Fray Alfonso nos habla de los famosos “lienzos de la Vera y del Valle”, que eran muy apreciados en todas partes. Los artesanos se agrupaban por oficios en los llamados Gremios, que dieron nombres a las principales calles de la Ciudad y de las aldeas: calle Zapatería, de los Quesos, de los Herreros, de Pedreros, de Tenerías…etc. Gran parte de los productos artesanales eran derivados de la agricultura y ganadería, como el vino, aceite, cuero, lienzos… Pero además, había una gran cantidad de productos realizados por los “Menestrales”, los cuales se dividían en distintas categorías: El maestro, el oficial y el aprendiz. El Fuero regula la gran cantidad de oficios de los artesanos, cuyas normas seguían vigentes en su mayoría en el s. XVI, ya que en estas Ordenanzas solo se regulaban algunos oficios que tenían necesidad de ello, pues para los demás se seguía aplicando “La ley del Fuero”, a la que alude constantemente.

    Los oficios eran de gran variedad: herreros, herradores, zapateros, carpinteros, albañiles, orfebres, sastres, caldereros, alpargateros, jaboneros, etc., etc. A todos se les exigía calidad en los productos y en los trabajos, además de fijar los precios en los distintos artículos y trabajos; por ejemplo: “por errar una mula pecha VIII dineros, por asnar V dineros”, etc. Se protege a los vecinos del trabajo mal hecho por los menestrales de los diferentes oficios: “…si mala labor ficieren, enmiéndala e peche (pague) (daño)”.

    El Título XXVI de las Ordenanzas está dedicado a las normas que han de seguir zapateros y curtidores. Sobre estos dice que no usen “cenizas” para curtir los cueros, “vacunos, cordobanes y badanos y el que lo use pierda los cueros”. Sobre los zapateros hay varios artículos, así el Art. 6º dice que los zapateros “cosan zapatos con cáñamo 8 meses al año y los cuatro que son junio, julio agoto y septiembre que cosan si quieren con lino, que si no pierdan el calzado”. En otro dice que “no usen badana” si no es para forro o en las puntas de los zapatos de “cuello alto de mujer”…También se ordena que los zapatos sean de buena calidad y estén bien cosidos, que si “se descosen en 9 días sea obligado a coser sin llevar cosa alguna”. Sobre las suelas de los zapatos dice: “que se venden al molde” es decir, que tengan un grosor determinado.

    Había una serie de vigilantes encargados de que los artesanos cumplieran con las normas establecidas, eran los llamados “veedores”; dicen las Ordenanzas: “que hagan bien el oficio” vigilando la calidad de los productos y si no cumplían su obligación se les imponía una pena de mil maravedíes.

    Mucha importancia dan estas Ordenanzas a las construcciones y obras arquitectónicas de la ciudad, ya que querían que se distinguieran especialmente por su belleza y armonía constructiva, como en realidad lo consiguieron, pues los palacios de Plasencia, sus casas señoriales, sus iglesias, sus conventos, sus catedrales, etc., etc., son todas ellas  unas obras de las más bellas del arte renacentista extremeño. De aquí la importancia que daban al hombre que debía controlar estas construcciones para que fueran perfectas, era llamado “Ala rife” al que dedica varios artículos incluidos en el Título XLVI. El primero dice: “…que los alarifes juzguen las obras de esta ciudad, se tienen algún defecto, ver las paredes si están desplomadas, las piedras mal labradas…juzgando los vicios y faltas de los maestros…de manera que las obras vayan perfectas”. Vemos cómo se persigue la calidad de la obra, además de la perfección pues en el artículo 2º se insiste en que el alarife juzgue bien la calidad de la obra y también el precio porque dice:”…muchas veces la obra no va perfecta y viene daño a los dueños de los edificios y de la ciudad…y que el artífice malicioso sea castigado como la justicia arbitre”.

    Además, el alarife tenía otro cometido muy importante, que era el de controlar la fabricación de tejas y ladrillos , como lo expresa el Artículo 3º: “…que el alarife visite el horno de tejas y ladrillos, que juzgue si la tejas está bien cocida y es de marco y grosura que la ciudad tiene establecida…que si lo halla defectuoso ponga de pena 6oo maravedíes…Si el ladrillo no es bueno y derecho se le imponga una pena de 24 maravedíes”.

    El salario del alarife era importante y cobraba por distintos conceptos. El Concejo le pagaba 2000maravedíes, además de 10 maravedíes por cada visita a los hornos. Pero nos llama la atención lo que cobraba por los siguientes conceptos: “medio real por cada toro que corra en la plaza y de los otros toros que diere caballero, de cada uno un real y por cerrar de la barrera e corral…” Por este artículo nos damos idea además de la relevancia que tenía el cargo de alarife, también de la importancia que tenían ya las fiestas de los toros en esta época, organizadas no sólo por el Concejo sino por los Caballeros placentinos, haciéndose cargo de los gastos del cierre de la plaza.

 Otra artesanía a la que las Ordenanzas le da un gran relieve es a la de la madera, tanto como elemento imprescindible para la construcción como para la fabricación de toda clase de utillaje de trabajo, de transporte y doméstico. De aquí que dedique gran cantidad de artículos a la artesanía de los carpinteros, uno de ellos dice: “que los carpinteros puedan tener cuanta madera que quisieran comprar para labrar en sus tiendas…y puedan vender…” En otros dice: “que puedan tener…ripias e cabrios, vigas, hileras…y lo vendan a precios tasados: por viga 36 maravedíes, por hilera 15 maravedíes…etc.”

    También habla de la madera para la construcción de barcas y de los carpinteros que labran: “…que sólo puedan hacer barcas en los pinares y con licencia del Concejo”. Muy importante era la construcción de Carretas, controlando su fabricación y prohibiendo a los vecinos que “compren y vendan Carretas fuera del término (Art.22). También se prohibía la venta de “yugos y ballestas” fuera de la jurisdicción. Estas artesanías tan necesarias para el desarrollo de las actividades comerciales y del transporte, vemos que eran de autoconsumo, no se podía comerciar con ellas, igual que las de la caza.

    Sobre los demás productos artesanales nada se legisla en estas Ordenanzas, pues como ya hemos dicho, se sigue rigiendo por la Ley del Fuero y todas estaban sometidas a las normas de calidad incluidas las alimenticias. Recordemos el Art. 660 del Fuero que dice, refiriéndose al vino: “todo tabernero que vino aguado vendiere peche (pague) 11 maravedíes”.

    Igual pasa con respecto a la artesanía harinera que tanta importancia tenía por la cantidad de molinos hidráulicos que existían en las márgenes de los ríos y gargantas y que el Fuero regula en muchos artículos, mientras en estas Ordenanzas sólo se dan  normas para el “peso de la harina” y para la fabricación del pan. El art. 20 del Título XXIII, dice al respecto “que las panaderas que quisieran masar pan para vender, se inscriban en el Concejo y se obligue a hacer buen pan, bien masado, bien cocido y bien cernido…so pena  de perder el pan…y que le den pesado y al precio que se le pusiera”.

 

E.-  LA  ACTIVIDAD COMERCIAL.

    El comercio siempre ha tenido mucha importancia en la ciudad de Plasencia, pero ahora adquiere mayor desarrollo debido al auge de la artesanía, de la agricultura y ganadería. Recordemos que Alfonso VIII, desde su fundación estableció el mercado de los Martes, que sigue celebrándose en la actualidad, además de unas Ferias en el mes de Septiembre: “Otorgo a honor e provecho de la ciudad que las ferias duren desde primer día de Septiembre hasta la fiesta de San Miguel…” (Art. 29 del Fuero) donde podían acudir seguros “cristianos, moros y judíos”.

    Sobre la importancia de estos mercados y Ferias nos habla Fray Alfonso Fernández de esta forma: “Acude la Tierra de Plasencia a la Ciudad con todos los regalos de la Vera y Valle todos los martes que es el mercado franco… También tiene la ciudad la Feria de San Andrés…y otra feria el día del Corpus Christi; a ambas, después de mucha mercería y diversa riquezas, acuden grandes rebaños de ganado…”

    Las Ordenanzas dan mucha importancia al comercio en general, ya que le dedican seis Títulos con gran cantidad de artículos donde se regulan todos los aspectos referentes a la actividad comercial, incluyendo las condiciones del Mercado franco. El Título XII especifica las condiciones de este Mercado, y en el Art. 1º se establece que “los Martes no se pague el impuesto de la “Alcabala”, ninguna persona de cualquier condición que sea, ni los vecinos ni los forasteros. En el segundo artículo se prohíbe que se queden en la ciudad las mercancías que no se vendían.

    El Art. 3º asigna el sitio donde han de establecerse los distintos productos: “…los ganados en el arrabal desta Ciudad, desde la puerta del Talavera, hasta la de Trujillo, e las otras mercaderías de cualquier calidad que sean, en la plaça desta ciudad o en los lugares que la ciudad ordenase…”.

    Con respecto a las Ferias, su regulación está incluida en el Título XXIII, que contiene 18 artículos. Varios de estos artículos se refieren al “aposentamiento” de las tiendas de mercaderes o lugar que debían ocupar en la ciudad. Uno de estos dice que: “los mercaderes de paño toledano o lugar otras partes se aposenten en la calle del Rei”, pero esto suscitó una contienda entre ellos y el Concejo, por lo que este tiene que ceder y permitir que se instalasen en la Plaza. Otro artículo se refiere a “aposentamiento de las tiendas de los joyeros, cinteros, merceros, especieros, cordoneros… tengan sus tiendas desde la esquina de la calle de los Quesos hasta la esquina de la calle Pelisidro …” (Art. 6º)

    Era imprescindible para el desarrollo de la actividad mercantil el control de “las Pesas y Medidas” por el Concejo, por este motivo, el Título XXV de estas Ordenanzas contienen todas las normas referentes a estos conceptos, titulados “Condiciones del Pesso del Concejo”.

    El Peso del Concejo se arrendaba cada año a los distintos vecinos y estos debían cumplir las normas exigidas: “la persona que arriende el pesso le sean dadas las pesas de pertenecientes al Concejo por los escribanos y luego las entregue…” El Artículo 2º exige al arrendador que cumpla bien con sus funciones: “que el arrendador tenga el peso en su casa de continuo…y pese bien y fielmente las mercancías…y a los vecinos de la ciudad y de las Tierras no han de llevar derecho ninguno…que los forasteros solo pueden pesar con el peso del Concejo…” Como vemos por estas normas sólo los forasteros pagaban los derechos del peso exigidos por el Concejo.

    Los Mayordomos eran los encargados de controlar las pesas y medidas y los precios, y también se les conocía como oficiales. De aquí que el Título XVI contenga una serie de artículos sobre los derechos y obligaciones de estos para evitar el abuso del cargo. Eran nombrados por el Concejo y no podían ser sustituidos por ninguna otra persona bajo una pena de tres mil maravedíes. Los mayordomos tenían derecho a una cantidad del producto vendido; por ejemplo, si se trata de aceite, dice el artículo: “…de cada persona que vende aceite, lleven una panilla de aceite y 1 maravedí una vez al año y no más. Y así van especificando todos los productos que vendían. El artículo VIII se refiere a los “derechos de ajos y cebollas” y dice que “los forasteros que venden ajos y cebollas paguen una ristra si pasan de veinte ristras…”

    Sobre los derechos de sal dice que paguen un celemín a l año. A los tejedores se les exige 1 maravedí anual e igual debían pagar los que vendían pescado salado…y así sigue especificando los impuestos de todos los productos.

    En otros artículos se dan una serie de órdenes sobre los carniceros, para que abastezcan bien la ciudad y sobre las carnes para que las vendan en condiciones óptimas de consumo. Uno de los artículos dice: “que no vendan reses mortecinas” y “que no maten reses en las cercanías sino en los mataderos”.

    Las normas para la venta del pescado fresco también eran muy rígidas, como la venta de las truchas, que dice: “ las truchas las vendan en sus platos y estén en pie hasta que las vendan bajo multa de 24 maravedíes”.

   Muy importante para la actividad mercantil era el control de los precios, de aquí que el Título dedicado a este aspecto sea muy extenso, pues va especificando con todo detalle todos los productos de cada ganado con el precio de cada una de las partes de estos, tanto de los corderos como de los cerdos y de los demás. Así dice: “los lomos, solomos, lenguas de cerdo, vendan a razón de cinco maravedíes la libras”, “las morcillas a 4 maravedíes”. De la misma manera se especifican los productos del cordero: hígado, cabeza, manos, menudo…Por ejemplo: “Una mano de cordero valga 1 maravedí…”

    Quienes no cumplían las normas debían pagar una multa que se repartía de la forma siguiente: “una tercia para el oficial (o arrendador) mayordomo o fieles, otra tercia para el que sentenciaba y otra para las obras del Concejo”.

    La caza, como ya hemos dicho, fue muy importante en todo el Alfoz debido a la cantidad de montes que había, de aquí que se dé también mucha importancia a los productos derivados de la caza, hasta el punto que el Concejo de Plasencia hace una petición a Carlos V para que apruebe más ordenanzas sobre la “Venta de caza, aves y huevos”. En estas se van especificando cada especie con el precio que deben venderse, por ejemplo: “las perdices 24 maravedíes el par, las liebres a 15 maravedíes…un par de huevos que valgan en los lugares de la Tierra a tres blancas y en dicha ciudad a maravedí cada uno…”

    Hemos puesto algunos ejemplos sobre los precios, pero la variedad y especificación de estos es enorme, no solo de productos alimenticios, sino de todo tipo, como los precios del barro, o del vidrio… por lo que sería imposible describirlos todos.

    Hemos advertido ya que los productos en las aldeas de la Tierra se vendían más baratos que en la ciudad, por lo que los aldeanos iban a venderlos los martes a Plasencia, lo que suponía que los mercados de los martes eran animadísimos y se comerciaban toda clase de productos.

 

V.-  CONCLUSIÓN.-

    Por todo lo estudiado llegamos a la conclusión de que estas Ordenanzas no sólo pretenden actualizar “La Ley del Fuero” a la que se alude constantemente, como hemos referido, sino que además, abarcan otros muchas facetas propias de los tiempos modernos. Por medio de toda esta legislación se puede hacer un estudio, no sólo de la economía, que es el objetivo de esta Ponencia, sino también del gobierno de la ciudad, del funcionamiento del Concejo, de los cargos públicos, de la justicia…etc. También se pueden estudiar las costumbres de la época, como la legislación que había sobre las mujeres públicas, sobre los juegos y fiestas, sobre la pena de armas…etc. Es curioso el Título L que se refiere “Al presente que se da a los regidores por Navidad”, lo que demuestra que hace cinco siglos ya se obsequiaba a las autoridades por las fiestas navideñas.

   También hay varios Títulos dedicados a los aranceles de las barcas, como los de las barcas de la Bazagona o las de Alvala y Talaván…además del impuesto o portazgo del puente del Cardenal y de la Cabezuela, entre otros.

    Así pues, estas Ordenanzas constituyen un documento histórico interesantísimo bajo cualquier punto de vista, ya que nos da la realidad económica, social, política, jurídica…etc. de la “Muy noble, muy leal y benéfica ciudad de Plasencia”, del siglo XVI a la que su fundador Alfonso VIII la dotó de extraordinaria legislación contenida en su Fuero, para que cumpliera bien con los fines para los que el Monarca la creó, “Ut placeat Domini et ominibus” (Para que agrade a Dios y a los hombres).Pero esta Ordenanzas no hacen más que reforzar y poner al día los mandatos de su fundador Alfonso VIII.

   Esperamos que toda la grandeza cultural, social, económica y, especialmente, su belleza artística y monumental por la que tanto interés  muestran estas Ordenanzas, y que se han mantenido y superado en la actualidad, sean reconocidas a niveles internacionales en el nombramiento y obtención del título “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”, juntamente con su otra ciudad hermana, esta monumental, magnífica y bellísima ciudad de Trujillo.

   

  

 

Oct 012009
 

Fernando Díaz Esteban.

Como es sabido, durante siglos la convivencia entre las religiones cristiana, musulmana y judía fue un hecho normal. En la España invadida por los musulmanes, los cristianos tolerados recibieron el nombre de mozárabes; en la España cristiana, los musulmanes tolerados fueron llamados mudéjares. Pero tras siete siglos de esfuerzo para arrojar al invasor musulmán, la reconquista de Granada hace cambiar la situación. Primeramente, a los musulmanes granadinos que se rindieron y prefirieron quedarse se les permitió seguir siendo musulmanes, usar sus trajes y vivir según sus costumbres. Pero la expulsión de los judíos en 1492 con la idea de una sola religión, la cristiana, acabó afectando también a los musulmanes granadinos, a los que se les va presionando para que se hagan cristianos hasta que se les plantea, lo mismo que se había hecho con los judíos, el dilema de convertirse al cristianismo o emigrar. Contrariamente a los judíos, que prefirieron la emigración, los granadinos se decidieron por la conversión al cristianismo. Pero secretamente seguían siendo musulmanes, pues la religión de Mahoma, contrariamente a la judía o la cristiana, permite la simulación de la apostasía en casos graves, y los granadinos se acogieron a esa concesión. Se les empezó llamando nuevamente convertidos, y se les acabó llamando moriscos.

1. ESCUELAS PARA NIÑOS

Enseñar la religión cristiana a los moriscos, y sobre todo a sus hijos, con la idea de salvar sus almas fue una preocupación de los reyes de España. La intención estaba clara, pero cómo hacerlo, a quién encargárselo y cómo se iba a pagar resultó difícil y complicado.

Desde los tiempos de Carlos V se van acumulando cartas y documentos en este sentido. Daremos algunos ejemplos de las copias que se conservan en la Real Biblioteca de Palacio de Madrid1, que aunque destinadas sobre todo a la situación en el Reino de Valencia, reflejan esa preocupación por la salvación de las almas de los moriscos. Estos documentos suelen ser de difícil lectura, de escritura rápida en general y continuamente abreviada. Los fragmentos que hemos seleccionado se han sometido a la ortografía actual, así como se han resuelto las abreviaturas.

El 20 de Septiembre de 1533 se envía desde Monzón una carta a Joan Gays, canónigo y vicario general de Valencia, sobre los “nuevamente convertidos” recordando “la necesidad que hay para que ellos sean doctrinados en las cosas de la fe y vivan como cristianos”, siguiendo las informaciones que ha recopilado el oficial Micer Miedes sobre la materia, para que “se pueda encaminar el negocio como mas cumpliere el servicio de Dios y a la salud de las ánimas de los dichos nuevamente convertidos”.

La preocupación por los moriscos no siempre era espiritual. Había el problema de qué pasaba con los derechos que estos nuevos cristianos pagaban cuando eran moros a sus señores, y “los agravios y tratamiento que se les hace ahora por sus señores como si fuesen moros”, por lo que Carlos V pide al Duque Fernando de Aragón, lugarteniente y capitán general que “informe y de su parecer”, por orden fechada en Zaragoza el 13 de Enero de 1534. También cuando en 1609 se decidió la expulsión de todos los moriscos, algunos señores se quejaban viendo afectados su intereses y decían si “no pudiera auerse tomado otros expedientes menos asperos … Pensays vos q. el que ha tenido y no tiene, es pequeño dolor el auerlo de trabajar, o pedir prestado2

El Cardenal de Toledo era el responsable máximo de la catequesis de los Moriscos, pero podía delegar. El día 16 de Enero de 1534, también desde Zaragoza, el rey informa que el Cardenal de Toledo don Alonso Manrique, Inquisidor General, ha subdelegado en el provincial de los Franciscanos, fr. Antonio y en el abad don Antonio Ramírez de Haro, capellán del rey y de su Consejo, “para ir a visitar y dar orden como los nuevos convertidos de moros de ese reino [de Valencia] sean bien instruidos y vivan como católicos”. Ese mismo día 16 de Enero de 1534, Carlos V escribe al Duque don Fernando de Aragón, lugarteniente y capitán general de Valencia, comunicándole que Fray Antonio y el abad Ramírez van de subdelegados del Cardenal para “la visita e instrucción de los nuevos convertidos de moros” como le fue consultado en Monzón, y “por ser cosa que tan ha respecto y compete al servicio y honra de Dios”, y añade: “tenemos singular voluntad a que esta negociación se enderece y encamine de manera que en breve término pueda afirmarse y se reciba y trate con todo el favor que sea posible”; le pide, además, que atienda y aposente a los delegados, de modo que puedan actuar libremente y sean obedecidos.

Carlos V temía que se platearan problemas de competencias entre el Arzobispo, los enviados para la catequesis de los moriscos y otras autoridades .

En Toledo, el 30 de Marzo Carlos I vuelve a escribir al Duque diciéndole que ha recibido su carta sobre la ejecución del breve apostólico acerca de los nuevos convertidos y sus gestiones con el Cardenal de Liege (Jorge de Austria), arzobispo de Valencia para llegar a una concordia de competencias, “pues sabéis la voluntad que tenemos para que este negocio se haga como cumpliere al servicio de Dios y nuestro y a la buena instrucción y salud de las ánimas de los dichos nuevamente convertidos”. Y que si fuera conveniente, podría llamar a Valencia al vicario general de Tortosa.

Con la misma fecha, 30 de Marzo, le comunica que ya le ha escrito aprobando la concordia entre el Arzobispo y los Subdelegados, y que si hay discrepancias, intervenga para lograr la concordia.

La cooperación del Virrey era necesaria, por lo que desde Toledo el 31 de Marzo, el Rey escribe al vicario general de Tortosa diciéndole que ha escrito al capitán general de Valencia para que si es necesario le pida que vaya a ayudar “a la buena doctrina, instrucción y salud de las ánimas de los dichos nuevos convertidos”.

Con los Moriscos adultos, que sabían disimular su verdadera fe, había dudas, pero a los niños, se pensaba, si se les quita de la influencia de sus padres pueden hacerse cristianos sinceros. Por eso uno de los proyectos era el construir un colegio para la educación cristiana de los hijos de los moriscos, proyecto de muy larga realización y que ocasionaba gastos que había que cubrir. Cinco años después, se plantea el problema del excesivo número de alumnos que ya tiene el de Tortosa y el rey escribe desde Madrid el 18 de Octubre de 1539 al Cardenal Arzobispo de Valencia, su tío, proponiendo que para los alumnos moriscos se haga otro colegio en el monasterio de Valdigna, “así por la comodidad del lugar y por los muchos vasallos moriscos que tiene aquella casa y convento como por ser de nuestro jus patronado [patronato real] y dotada de mas renta que han menester los frailes que allí residen”, que se hagan cuentas y se ponga en contacto con el Duque y con Micer Rubió “al cual le hemos mandado que él sea el solicitador de este negocio”.

El retraso en la realización del proyecto y en su financiación inquieta al rey y así el 24 del mismo mes de Octubre escribe a Ramírez de Haro, obispo de Ciudad Rodrigo, informándole que el Santo Padre había aprobado la solicitud del Arzobispo de Valencia, don Jorge de Austria, tío de Carlos V, que

dismembró [separó] de los fructos de la mensa Arzobispal dos mil ducados de annua para pensión que perpetuamente se hayan de pagar, así para fundación y dotación de un colegio que se ha de hacer en la ciudad de Valencia para instruir y enseñar a los hijos de los nuevos convertidos de moros de aquel reino la doctrina cristiana y algo de teología, como para acabar de dotar las iglesias y rectorías que en virtud de comisión apostólica vos y el obispo de Tortosa con intervención del ordinario, o de sus ministros, ordenastes en las tierras y lugares poblados de los dichos convertidos para la instrucción de ellos”.

Y encarga que sean el mismo Ramírez de Haro y el obispo de Tortosa los encargados de la distribución de los dos mil ducados, juntamente con el Arzobispo de Valencia, conforme a las instrucciones recibidas por el oficial Micer Gaspar Rubió. Le pide a Ramirez de Haro que vaya a Valencia lo más presto posible, porque todo se está retrasando “y muchas criaturas mueren sin bautismo, allende que los padres hacen vida de moros”.

Pero surgen nuevos retrasos: primero, la imposibilidad del rápido traslado de Ramírez de Haro y luego, la muerte del obispo de Tortosa: El 4 de diciembre de 1539 desde Madrid, Carlos V le dice a Ramírez de Haro que ha recibido su carta de excusa para no ir a Valencia hasta pasado el próximo enero, pero “porque el negocio de los nuevos convertidos y fundación del colegio de que habeis de tratar no sufre dilación”, le pide que venga al menos a mediados de febrero, como se le ha dicho también al obispo de Tortosa, y que junto con el Arzobispo se empiece a actuar.

Dos meses después, el 24 de febrero de 1540, vuelve a escribir a Ramírez de Haro urgiéndole su traslado a Valencia, y que si le es posible pase por Madrid para recibir instrucciones directas; le comunica también la muerte del obispo de Tortosa.

El 2 de marzo de 1540 Carlos comunica a su tío el Arzobispo de Valencia que ha decidido nombrar al inquisidor Doctor Joan González como sustituto del obispo de Tortosa en la cuestión de los moriscos, y recuerda que el patronato real es “de nos y de nuestros sucesores reyes de Castilla”, y que “cuanto mejor y mas presto se haga, Dios nuestro señor será tanto más servido”.

Había que informar a todas las autoridades para que facilitaran las activida- des de catequesis, y así, el 13 de mayo de 1540 desde Madrid envía una circular a todos los “justicias, bayles, jurados, concejos, universidad, otros oficiales y hombres buenos” del reino de Valencia para que atiendan y alojen a Antonio Ramírez de Haro y acompañantes.

El asunto de la instrucción de los moriscos estaba resultando difícil. Aceptaban el bautismo pero secretamente seguían siendo musulmanes. Ante este fracaso, algunos, entre ellos el Arzobispo de Valencia, creían que habría que intentar un nuevo método: había que comprenderlos y atraerlos. El Arzobispo Valencia, partidario de probar esta posibilidad, le pide al Cardenal de Toledo que

con su autoridad y providencia  mande determinar  lo que se debe seguir y se efectúe de forma que esa gente tenga algún reposo y sosiego para entender con ellos en los negocios de su instrucción porque sumado con sospecha y desasosiego serian de poco fructo cuanto con ellos se tratase sobre que ocurre que es parecer seria necesario que a los dichos convertidos se les perdone generalmente todo lo pasado atteta  la forma de los principios de la conversión y la attenció que han tenido en los instruir y enseñar doctrina cristiana y ceremonias de dicha religión especialmente como ellos sean informados del beneficio que recibieron los de Granada en este caso, y no usando con ellos de semejante gracia y merced estarían de continuo atemorizados y indispuestos las animas para recibir el catecismo, instrucción y doctrina necesarias”.

La gracia había que extenderla también a una notable parte de los moriscos que habían preferido marcharse a Argel y que ahora estaban volviendo (como el conocido caso de Ricote, el morisco de El Quijote) por lo que además le pide que se reciba a

los nuevos convertidos que vuelven de Argel … sin imposición de pena corporal o pecuniaria atendiendo que muchos destos son gente simple y son engañados por falta de buena compañía, lo cual todo los disminuye la cualidad y cantidad de la culpa, y esta reconciliación debería ser sin auto público ni convocación de gente y no obstante que se pueda decir que estos serían espías para dar aviso a los de Argel no es al propósito pues la comunicación de este reino con los de Berbería …. no faltará quien tenga cuidado de hacer estas diligencias ….. quiera conceder según se pide enviándonos la comisión del perdón y recepción de los dichos nuevos convertidos con facultad de sustituir a los confesores porque de otra manera parécenos sería muy difícil el sosiego y seguridad para lo que conviene tratar con ellos en los negocios de la fe y de su salvación”.

Estando Carlos V en Monzón el ¿3? de septiembre de 1542 escribe a Ramírez de Haro, ahora obispo de Calahorra y La Calzada, informándole que hay que prepararse porque el rey de Francia tiene a su hijo el Delfín en Perpiñán y el ejército francés podría recibir ayuda de una armada turca. Pero estas graves preocupaciones internacionales no le hacen olvidar el tema de la conversión de los moriscos, y el día 23 del mismo mes de septiembre de 1540 vuelve a escribir al obispo de Calahorra sobre el colegio que ya se ha fundado en Tortosa de los Predicadores de donde salen muchos letrados y predicadores, muy beneficiosos para aquella tierra, y que aunque se ha reservado ochocientos ducados de pensión

para la sustentación del colegio que se funda en Valencia para la instrucción de los nuevamente convertidos y habiendo en la parte de Cataluña donde tiene la sede el obispo de Tortosa más nuevamente convertidos que en aquel obispado que en lo que toca a la parte de Valencia, y que aunque haya mucho tiempo que se hicieron cristianos tiene no menos necesidad de instrucción que los otros y sea conveniente y necesario que los hijos de los nuevamente convertidos sean y estén apartados de sus padres porque no los perviertan como aque- lla ciudad esté en medio de las de Cataluña y Valencia y paguen los diezmos al obispo donde se toma la dicha pensión y aquel colegio se halle ya fundado de manera que con muy poca obra se podrá con mas brevedad efectuar nuestra voluntad en esto y el lugar sea mas sano y de menos gasto y tenga personas de muchas letras que les puedan instruir en el cristianismo y otras buenas costumbres nos suplicaron juntamente el provincial y toda la provincia de Aragón …. en servicio de Dios y bien de los dichos nuevamente convertidos pero aun de toda la provincia que no tiene otro estudio y es tan pobre que no tiene mas de treinta libras de renta …tuviésemos por bien de mandar que los dichos ochocientos ducados de pensión se convirtiesen en beneficio del dicho colegio y si no todos a los menos una parte ….. queremos ser informados de vos de lo que en Valencia está ordenado para la fundación y dotación del colegio que allí se ha de hacer para los dichos nuevamente convertidos para que señalemos los dichos ochocientos ducados ….. y todo lo que os parecerá que se podría y debería hacer y la forma que se habría de tener en ello y si se haría bien

Se había decidido que los frailes Predicadores se encargaran de la instrucción de los Moriscos. El 28 de febrero de 1543 Carlos V escribe desde Madrid a cada uno de los Predicadores elegidos alabando su vida y estudios y comunicándole que ha sido nombrado para que juntamente con Ramírez de Haro, obispo de Calahorra y de La Calzada, vaya al reino de Valencia

a entender por autoridad apostólica  y nuestra en la instrucción, doctrina y reformación de los nuevamente convertidos de moros en nuestra santa fe católica en aquel reino que tienen mucha necesidad, y señaladamente de una persona como la vuestra, como os informará y avisará de todo lo que conviene hacerse el dicho obispo como quiera que tiene entera noticia dello por lo que antes de agora lo ha tratado. Rogamos y encargamos vos que dándole entera fe en todo lo que acerca desta tan santa obra os dijere, acepteis el cargo y os hayais en el correspondiendo a la confianza con que os hemos nombrado, como somos ciertos que haréis, y así quedará dello la memoria que es razón para lo que de vuestras cosas se ofreciere”.

A cada uno le pide que acepte el encargo y se acompaña una “Declaración de la dicha letra de su Majestad” sobre los conceptos de “Juntamente” y “Autoridad Apostólica”:

Juntamente”, que el predicador no haga nada sin consultar previamente con el obispo, y que la facultad del obispo no quedará limitada a la consulta; segundo, que en los casos que sean ajenos a la profesión de los predicadores no intervengan; tercero, que el administrador económico no querrá tratar con mu- cha gente; cuarto, el obispo y los predicadores han de estar en diversas partes del reino; quinto, las instrucciones de Su Majestad declaran lo que se debe comunicar a los predicadores.

Autoridad Apostólica”: se debe comunicar a los predicadores que esta Autoridad pertenece al obispo para colegios y rectorías en subdelegación del Cardenal de Toledo don Alonso Manrique “y como el obispo de Segovia [Ramírez de Haro] sea subdelegado no puede subdelegar ni comunicar esta autoridad apostólica” a otros.

La intención de S. M. en la elección de los Predicadores se basa “En la instrucción doctrina y información de los nuevos convertidos” como consta en auto notarial, y con ella fue requerido el año pasado el Sr. Joan de Avellaneda ante el notario Joan Alemany para que sirviese a dicha instrucción.

La actividad de los Predicadores y la creación de las nuevas rectorías suponían gastos, por lo que se añade al escrito la copia del acta notarial de la petición y entrega de cuatrocientos ducados:

Primero, los predicadores han de ser seis y “las rectorías de los nuevos convertidos que se han de visitar serán ciento y veinte”, a 20 rectorías por predicador “para que las visiten y prediquen y den orden a los rectores en la forma que han de tener en la instrucción y doctrina”. Segundo: El obispo de Tortosa ha dado ochocientos ducados para estas expensas; se han gastado en predicadores y limosnas casi trescientos; quedan quinientos a la espera de los breves papales “para dar los predicadores y otros oficiales cuando los breves fueren venidos porque en aquel tiempo se han de publicar las mercedes y beneficios y favores y gracias que Su Santidad y el Emperador, mio Señor, concede a esta gente, porque de otra manera sería gran falta si cuando viniesen los dichos breves faltase el dinero” … “Y pues estas diligencias de la predicación y instrucción se han de hacer en tan breve tiempo, porque el otro discurso ha de quedar encomendado a los visitadores y del Arzobispo y Rectoral de las dichas rectorías, y no tenemos renta consignada para estos oficios ni dicho socorro sino el de los quinientos ducados que restan …. Pedir un año de término y la seguridad de cuatrocientos ducados para los alimentos.”

También el 28 de Febrero de 1543, además de la carta a los Predicadores con la “Aclaración” vista, Carlos I escribió a los moriscos. Una copia de la carta del Rey a los moriscos, tiene a su final esta confirmación notarial:

El presente trasladado de mano de original bien y fielmente escrito ha sido sacado de su original por mi, Joan Alemany, por las autoridades apostólicas y de Valencia notario público, en fe y testimonio de lo cual puse aquí mi acostumbrado de arte de notaría. Sig-[especie de cruz y florón dibujado] -no”.

En esta carta, dirigida a los Moriscos, el Rey los trata de “amados nuestros” y sirve para comunicarles el nombre del responsable de su educación cristiana y que les han sido perdonadas sus apostasías anteriores y que no intervendrá la Inquisición, siempre que no vuelvan a apostatar:

El Rey. Amados nuestros: teniendo de vosotros y de lo que conviene para la salud y salvación de vuestras ánimas el cuidado que es razón como conviene a católico príncipe, mandamos ir a ese reino al obispo de Calahorra y de La Calzada don Antonio Ramírez de Haro, de nuestro Consejo y Comisario Apostólico para entender en la doctrina e instrucción de vosotros y de vuestros hijos en nuestra santa fe católica y para hacer saber de nuestra parte como procuramos con nuestro muy Santo Padre se os remitan y perdonen todos los crímenes y delitos y excesos de herejía y de apostasía que habéis cometido después acá que …. tomasteis el santo Bautismo y dejar la maldita secta mahometana …. y la suspensión del ejercicio del Santo Oficio de la Inquisición, que por cierto tiempo no entenderá en vosotros ni sobre vosotros y esto confiando en que os enmendaréis y que de aquí adelante viviréis como católicos cristianos ….como entenderéis más largamente del dicho obispo y de las personas predicadores y visitadores que están nombrados y destinados para vuestra doctrina y instrucción. Encargamos os e mandamos os muy estrechamente …. los recibáis y los tengáis todo respeto y oigáis sus preceptos y doctrinas con todo el acatamiento y reverencia que se debe y los pongáis en vuestros corazones…. Nos haréis en ello mucho placer para continuamente mirar por vosotros en lo que se os ofreciere. Y cuando no os enmendásedes y todavía fuésedes pertinaces en vivir fuera de nuestra religión, lo que no se ha de creer ni esperar de vosotros, sed ciertos que se procedería contra los que se hallasen no ser buenos cristianos rápidamente como por leyes humanas y divinas contra los tales esta ordenado y establecido …. Sin que para eximiros del os quedase recurso ni esperanza alguna, de manera que como agora procuraremos este vuestro perdón y remisión, entonces mandaríamos hacer instancia muy viva y proveer que fuésedes castigados como es razón, como lo entenderéis todo más largamente del dicho obispo y comisario sea creido. Dado en Madrid a xxxviii de febrero de MDXLIII años. Yo el Rey. Idiaquez, secretario ”.

Los nobles se muestras también interesados en el adoctrinamiento de los moriscos y expresan su conformidad con lo que el Comisario propone. Un ejemplo es la carta que el 15 de abril de 1543 escribe el Duque de Segorbe desde Segorbe al obispo de Calahorra (Ramírez de Haro) diciéndole que don Luis Bertrán le ha entregado una carta suya y otra del Rey, que han hablado de ello y que “yo he siempre deseado y deseo que este negocio se encamine y se asiente como cumple al servicio de Dios y de su Majestad, que en esto se encierra lo demás, que es que vivan los moriscos como cristianos y que tengan en este reino la quietud y sosiego que es menester”.

Había también escritos en árabe de doctrina cristiana: El 28 de Junio de 1543 se recibe en Valencia del Comisario Apostólico “en los negocios de los nuevamente convertidos”, Ramírez de Haro, “un libro de los cuatro Evangelistas escritos en lengua arábiga, el cual había recibido el Capiscol de Gandía, el maestro Bernardo Pérez, prestado del Sr. doctor Juan González inquisidor de Valencia; volviose al dicho adan Jxubrique [Adán de Ubrique?] el cual confiesa haberlo recibido del dicho Sr. Obispo de Calahorra, el cual volverá cada [vez] q. por el dicho Sr. Obispo +v le fuere pedido

El Príncipe, futuro Felipe II, interviene también en el asunto de los moriscos. El 18 de Octubre de 1544 escribe desde Valladolid al obispo de Segovia

2. EL “DESBAUTIZADERO” DE HORNACHOS

Durante un siglo, como se ha visto y es conocido, el esfuerzo por instruir en la fe católica y en evitar la continuidad en secreto de la musulmana entre los moriscos no tuvo éxito. Se les perdonaba una y otra vez, pero inútilmente. Hay un Catecismo de Moros, escrito por Almarza que más parece un tratado polémico antimusulmán que un catecismo. Es un manuscrito de letra pequeña y 355 folios, de lectura un poco farragosa, destinado a los que han de catequizar a los moriscos3. Le dice a los moriscos: “En duda debéis preguntar. Pero a quien? A vuestros morabitos? A vuestros Alfaquies o Sacerdotes? Claro está que no: porque como estan en el mismo error, antes os confirmarían en el ….. si quisieran decir la verdad, ellos os predicaran desengaños[fol.6]…. A mi me toca el socorro del error en que estais y quitaros las dudas que tuviereis en esta materia [fol. 8]”. Y sigue la refutación de lo que dice Mahoma en el Corán y la comparación con la doctrina cristiana.

¿Cómo veían los contemporáneos la pertinencia musulmana de los Moriscos? Jaime Bleda4 da a conocer en qué consistían las prácticas musulmanas de los Moriscos: ayunan en Ramadán, celebran la Pascua musulmana, se circuncidan, no llevan la cruz, son negligentes en misa, llevan nombres de moros, no comen alimentos prohibidos por la ley musulmana. Marcos de Guadalajara5 secunda a Bleda en su descrédito de los moriscos: se burlaban de los Sacramentos, en el bautismo lavaban a los niños con agua sucia, no se confirmaban, diferían el matrimonio hasta haber acabado el Ramadán, no comían aves matadas sin seguir le ley musulmana, procuraban no pagar los diezmos, consideraban desventurados los que llevaban nombres de santos y bien afortunados los de moros, no se signaban, no tomaban agua bendita, en la elevación de la Hostia hacían visajes, leían las azoras del Corán, hacían la Zalà [oración ritual], adoraban el Zancarrón [la Mano de Fátima], circuncidaban a los niños de ocho años, “su maldita secta concedia: que en ocasiones forçosas pudiessen fingir en lo exterior, y sin pecar cualquier religión … tambien que puestos en necessidad y apretura pudiessen libremente confessar su delicto a los juezes [de la Inquisición] pero de ningun modo el de su proximo, y por esto perdieron la vida muchos dellos, quemandoles por negativos ….

A Jaime Bleda, según él mismo cuenta en su Coronica de los Moros de España6, el Arzobispo Juan de Ribera le nombra en 1585 para la rectoría de moriscos de Cornera: “Servía yo la Rectoría por medio de un Vicario …..vi que aquellos infieles en lugar de adorar la Sacratísima Hostia y Caliz ….hazían todos escarnio y burla … las mugeres pellizcauan las criaturas para que llorasen, ninguno auia que no hiciese sus meneos, y monerias en manifiesta irrisión, vilipendio y desacato del Santíssimo Sacramento: Quedé atónito y muy desconsolado”. La desilusión le llevó a escribir un libro a favor de la doctrina cristiana Fortalitio Fidei pidiendo la separación de los moriscos en los actos religiosos cristianos y enumerando sus prácticas musulmanas, así como los esfuerzos que desde hacía años, ante el Papa y el Arzobispo había hecho para que fueran expulsados.

Los moriscos después de bautizar a sus hijos, los “desbautizaban” en una ceremonia familiar y secreta en la que le daban un nuevo nombre, esta vez musulmán. González Palencia7 recoge una anotación marginal del propietario de un manual de purificación donde se mezclan los dos nombres: tras decir que le nació un hijo el 14 de mayo de 1608 añade: “Pusele por nombre Yahye. Bautizolo Nicolas Ximeno, vezino de Villafeliche…. Pusele por nombre Juan Miguel ….[y en letra árabe] Yahya Ibn Muhammad Abu Ibrahim ben al-`Aziz”.

Esta ceremonia de desbautizar para imponer un nombre musulmán se celebraba en Hornachos en un lugar apartado de la sierra, al que se conoce por el “Desbautizadero”. Ignoro cómo ha llegado el nombre y desde cuando. Pascual Madoz8 en su Diccionario Geográfico no habla del “Desbautizadero” al describir Hornachos, aunque recuerda “todavía conservaba rasgos de su antigua grandeza el año 1610, en que fueron expulsados los moriscos, cuya medida disminuye notablemente la pob. y llenó su term. de maleza”.

Este nombre tan preciso de “desbautizadero” y lo que ello representa puede simbolizar el fracaso de unos esfuerzos misioneros, preocupados, como hemos visto, por la salvación de las almas de los moriscos.

3. EL EDICTO DE EXPULSIÓN

Llegó un momento en que la expulsión de los Moriscos se vio como inevitable. Lo deseaba la Reina, lo deseaba el valido Duque de Lerma, lo deseaba la gente. La población Morisca había crecido en algunos lugares de forma que podrían resultar un peligro. Este aumento de población llevó a Teruel a pedir al Rey autorización para comprar doscientos arcabuces en Vizcaya y Guipuzcoa con la justificación de que “esta cerca de Valencia y rodeada de moriscos y sin armas suficientes para su defensa”, y el Consejo da su aprobación el 18 de Octubre de 1609 “porque se tiene entendido que esta muy falta de armas y rodeada como representa de moriscos, y particularmente de los de la villa de Exea de Aragon que es de grande población y toda de moriscos9 . El temor a un levantamiento morisco se justificaba también por la creencia en los toques proféticos de la campana de Velilla de Aragón, que llaman del milagro, que avisaba de peligros, y ya había sonado. El 13 de Junio de 1601 leyó un discurso ante el Rey Bartolomeo Gonsalbo, diciéndole que por sus manos habían pasado muchos papeles secretos y había entendido “por cossa muy cierta que ninguna cossa le dio a su Md. Mayor cuidado y pena en su vida, que rezelarse en gran man[er]ª del leuantam[ien]to de los Moriscos destos R[ei]nos” y por eso le avisa de que la campana de Vililla ha tañido últimamente.10 Esta milagrosa campana de Vililla es citada también por los historiadores de la expulsión (Bleda, Fortalitio, p. 531; M. Guadalajara, Memorable, f. 66) como aviso del peligro morisco.

Cuando por fin se decide la expulsión de los Moriscos, se planteó si el Rey tenía derecho a ella o no, porque de las cuestiones religiosas la competencia es del Papa y del clero. Pero a ello se respondía que la decisión no se basaba en motivos religiosos, sino de la seguridad del reino, pues al temor de un levantamiento había que añadir la convivencia con el Turco y Africa. En la Corte la decisión fue muy bien recibida. La Historia de Madrid en forma de Anales11 dice que la Reina doña Margarita prometió fundar un monasterio de Religiosas y en acción de gracias por la expulsión el 25 de Marzo de 1611 se hizo una solemne procesión a la que asistieron el Rey, toda la Corte, los Consejos y el Ayuntamiento. Gil González D´Avila12 en su Teatro de las Grandezas, dedica diez páginas a relatar la expulsión de los moriscos el año 1610, considerándola la mayor hazaña desde los tiempos de D. Pelayo, pues pretendían “alterar el sosiego destas Coronas, fiados en su multitud y en la de sus riquezas y correspondencias estrechas con Principes enemigos de la grandeza de España …. respondiendo con publica ingratitud a innumerables fauores recebidos de la clemencia de sus Catolicos Reyes”. Las alabanzas a la decisión del Rey eran generales, aun admitiendo lo que había en ellas de interesado.

4. TRATAMIENTO DIGNO

La expulsión, en general, se hizo con orden y procurando respetar la dignidad personal de los moriscos. Se van publicando los bandos de expulsión y como surgen algunas dudas sobre algunos puntos concretos se publican nuevos bandos aclaratorios. En Sevilla el 13 de Febrero de 1610 aclarando dudas sobre las mujeres y los hijos, además de los esclavos, los impedidos y los conversos provenientes de turcos o bereberes; también en Sevilla, ¿Marzo? de 1610  sobre los bienes raíces de matrimonios mixtos, los sembrados, los arrendamientos de tierra, los pendientes de juicio y los que ya tenían ganada ejecutoria de cristianos viejos. El 9 de Febrero de 1610 el Rey había escrito a los Prelados diciéndoles que quienes ellos declararan como verdadero cristiano no sería expulsado. El 10 de Mayo de 1610 otro bando prohibe que los hijos de los moriscos que sus padres han dejado no sean tratados como esclavos, sino como libres y sean compesadas las personas que se encarguen de criarlos hasta los doce años. El 30 de Marzo de 1611 añade que los moriscos que sean sacerdotes, frailes o monjas no sean expelidos, y tampoco los que sean esclavos.

En las órdenes de embarque se cuida que se trate bien a los que salen expulsados. Bleda, en el añadido en castellano a su Defensio (fol. 502) dice de los que se habían sublevado en Levante, una vez derrotados “Y fue tan grande la benignidad y clemencia de su Magestad , que dio orden al Virrey para que los dexasse baxar libremente a los embarcaderos, sin hazerles mas molestias”. Y que a los que les habían quitado algo, se les devolviese. En el bando de expulsión de los moriscos de Valencia se advierte: “Que ningun Christiano viejo, ni soldado, ….. sea osado a tratar mal de obra, ni de palabra, ni de llegar a sus haziendas a ninguno de los moriscos, a sus mugeres, e hijos, ni a persona dellos (fol. 600).

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1  RBP II/2241. Están registrados en el Catálogo de la Real Biblioteca. Tomo XIII. Papeles Varios del Conde de Gondomar. Historia. Madrid, Patrimonio Nacional, 2003, pp. 73-98, siglo XVI.

2  En Juan Ripol, Dialogo de Consvelo Por La Expulsion de los Moriscos de España. Pamplona, Nicolás Assiayn, 1613, fol. 6v, 14r.

3  RAH 9/2263, papel, tinta castaña.

4  J. Bleda, Defensio Fidei In Cavsa Neophitorvm, siue Morischorum RFegni Valentiae, totiusq. Hispaniae, Valencia, J. C. Garriz, 1610, p. 28-64.

5  Marcos de Guadalajara y Xavierre, Memorable Expvlsion Y Iustíssimo Destierro de los Moriscos de España. Nuevamente Compvesta y Ordenada. Pamplona, Nicolas de Assiayn, 1613, fols. 158-159.

Coronica de los Moros de España Dividida en ocho Libros. Escribiola el Padre Presentado Fr. Jayme Bleda, Predicador General del Orden de Santo Domingo  Dedicada a …. Fracisco de Sandoval Y Rojas, Duque de Lerma …… Con Privilegio. En Valencia, en la imprenta de Felipe Mey ….Año de 1618, p. 938.

7  A. González Palencia, “Noticias y extractos de algunos manuscritos árabes y aljamiados de Toledo y Madrid”, Miscelánea de Estudios y Textos Árabes, Madrid, MCMXV, pp. 115-145, nº VIII.

8   Pascual Madoz, Diccionario Geografico-Estadistico-Historico de España Y sus Posesiones de Ultramar, Tomo IX, Madrid, 1847.

9  RAH, 9/7161 (26), f. 1-6, Envio por orden de S. M. de la Consulta del Consejo de Aragón al Cosejo de Estado de la autorización para que Teruel compre 200 arcabuces. Madrid, 20 Octubre 1609.

10  Ibidem, fol. 9-16.

11  Tomo Segundo de la Historia de Madrid en forma de Anales desde el Año 1573 a 1619. Madrid, 1781, f. 197r, 200v.

12   Gil Gonçalez D´Avila, Teatro De Las Grandezas de la Villa de Madrid, Corte de los Reyes Catolicos de España, Madrid, 1623; p. 89-99.

Oct 012009
 

Teodoro Agustín López López.

INTRODUCCIÓN.

Alfonso IX conquista la ciudad de Badajoz en la primavera de 1230. En seguida Gregorio IX con Bula de 29 octubre del mismo año da facultades a D. Bernardo II, arzobispo de Compostela para consagrar e instituir, por una vez, obispos de las ciudades de Mérida y Badajoz, en estos términos: “ne in parti- bus illis Ecclesia inordinata remaneat, cum ubi non est gubernatur, populus facile remaneat, instituendi hac vice CANONICOS et ordenandi Episcopos in Ecclesiis Emerite et Badalioz, quodam civitatum, autoritate tibi presentium concedimos facultatem; salva in posterum Capitulis Ecclesiarum elegendi, vel postulando, secundum instituta canonica  potestate”

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Oct 012009
 

Luis Vázquez Fernández, O de M.

  1. 1.  INTRODUCCIÓN

El protagonismo de Gonzalo Pizarro en el Alto Perú comienza en fechas tempranas, por decisión de Francisco. ¡Mal sospechaba Gonzalo que muy pron- to iba a ser ejecutado, en su Palacio de Lima Francisco, el Marqués: Exacta- mente, un 26 de junio de 1541! Conviene que conozcamos la “provisión” que hizo de Gonzalo gobernador, en nombre de la Corona de España, de Quito, segunda capital del Inka. Ofrezco el documento, que comentaré de cierta mane- ra, a modo de “escolio” amplio, sobre la ventura y desventura de Gonzalo.1 En dicho documento aparece Hernando y Juan, pero el protagonismo, en este caso es para Gonzalo, a quien se destaca poco como conquistador y pacificador, sobre todo. Francisco lo reconoce y es consecuente con la hora de otorgar pode- res. (Pensemos que Hernando va y viene a España, por ser el primogénito y el más culturizado, hasta que, muertos sus hermanos, decide no regresar al Perú, con mando ajeno peligroso, y se le juzga, como es bien sabido, por la muerte dada a Almagro el Viejo. Pero él es capaz de soportar una prisión muy prolon- gada, y, casado con su sobrina Francisca Pizarro Yupanqui, habiendo reconoci- do a su otra hija Francisca Pizarro Mercado, será el que mantenga aquí la heren- cia y títulos hasta el momento presente. Providencialmente, pues, es quien logra que la familia Pizarro subsista con dignidad, como único superviviente de la

 

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Oct 012009
 

Valentín Soria Sánchez, Ángel Luis Soria Breña.

INTRODUCCION

En Comillas leí una frase de Gustavo Adolfo Martínez de Zubiría, “Hugo Wast”, autor argentino de los libros “Oro” y “666”, Ministro de Educación. Cada día hay que redactar en papel por lo menos tres páginas autógrafas. La escritora gijonesa Corín Tellado, cuyos escritos han desmerecido injustamente para la Real Academia de la Lengua Española, escribió a máquina y últimamen- te dictó sin borrador cuatro mil novelas rosa falleciendo a los ochenta y tres años el 11 abril de 2009. Miguel de Cervantes escribió en bloques de papel caro además del Quijote obras no tan importantes literariamente.

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Oct 012009
 

Manuel Jesús Ruiz Moreno.

1.- Antecedentes

No hemos encontrado documentos que atestiguen la presencia de los freires truxillenses en la batalla de Alarcos, pero las circunstancias que se desprenden del estudio de lo acontecido en aquella época, nos permite considerar la afirmación de esta posibilidad. Comencemos pues de la mano de la Crónica Latina, hilo conductor que nos va a servir para intentar hacer una aproximación a los hechos:

 “Había ya edificado Plasencia, ciudad populosa y rica, y había ganado a los sarracenos la muy protegida fortaleza de Alarcón. Comenzó entonces a edificar la villa de Alarcos, y sin acabar todavía el muro, y no suficientemente afianzados los pobladores del lugar, declaró la guerra al rey marroquí, cuyo reino era entonces floreciente y considerado poderoso y fuerte por los reyes vecinos. Envió, pues, el rey de Castilla al arzobispo toledano don Martín, de feliz memoria, hombre discreto, benigno y generoso, que de tal manera era querido por todos que de todos era considerado padre. Llevó el arzobispo consigo hombres animosos y valientes y una multitud de soldados y hombre de a pie, con los que devastó gran parte de la tierra de moros de aquende el mar, expoliándola de muchas riquezas  y de una infinidad de vacas, ganado y jumentos.”

Terminadas las treguas en el verano de 1192, los embajadores cristianos, enviados por el rey Alfonso VIII a la corte almohade, propusieron condiciones inaceptables para la renovación de las mismas, lo que venía a significar una declaración de guerra (GARCÍA FITZ,1998: 333). Según el Bayan, esta actitud de los castellanods podia deberse, a que pensaron que el emir abu Yusuf Yaqub estaba con las “manos atadas” al tener que ocuparse de sofocar una revuelta en Ifriquiya (RUIZ GOMEZ, 1995: 164), la actual Trípoli, en el extremo del imperio almohade (MARTINEZ VAL:1996, 94). Según Huici Miranda, la terrible sangría en hombres y dinero que causaba al imperio almohade las rebeliones de los almorávides mallorquines y de las tribus nómadas en Africa, debilitaron de tal modo la capacidad ofensiva del Miramolín que mermaban considerablemene la ayuda que éste podía prestar a los musulmanes andaluces (HUICI MIRANDA, 1956:158). Aprovechando esta debilidad, en el verano de 1194, a finales de verano en opinión de Martínez Diez (MARTÍNEZ DIEZ, 1995: 75), el rey castellano envía una hueste, para que hicieran el mayor daño posible en el territorio musulmán. Estas tropas estaban bajo el mando del arzobispo de Toledo, don Martín de Pisuerga, con muchos nobles caballeros y peones, a quienes acompañaban algunos caballeros de la Orden de Calatrava, y podemos pensar que también freires de Trujillo, al tener algún destacamento preparado, para las cabalgadas a territorio musulmán, en la fortaleza de Ronda. Villa toledana que estaba en poder de los truxillenses desde que les fuera donada el 5 de abril de 1188 por el rey Alfonso VIII.

Después de pasar el Guadalquivir, llegaron hasta las puertas de Sevilla, causando terribles estragos por las ricas campiñas andaluzas, regresando cargados de botín. Las noticias que tenemos de la parte que correspondió a los caballeros de Calatrava hablan de 300 cautivos y muchos ganados y bienes  (MARTÍNEZ DIEZ, 1995: 76).

Tenemos constancia de que por esas fechas, concretamente el 11 de junio de 1194, el Rey Alfonso realiza una nueva donación al magistro Gómez, de la Ordini Turgellensi y a sus fratres, de  una casa y unas tiendas en Toledo. Con esta cesión podemos suponer que el rey casellano quería fortalecer los esfuerzos de los truxillenses, y continuar involucrando a las ordenes militares en la defensa y ampliación de la frontera castellana a costa del enemigo musulmán.

Siguiendo en esta política, de confiar la defensa de la frontera a las órdenes militares, el rey Alfonso VIII, entrega a la Orden de Santiago la fortaleza de Alarcón, el 18 de octubre del mismo año (HUICI MIRANDA, 1956:160).

Con ese mismo fin, un año después, el 6 de marzo de 1195 el monarca castellano concede, al convento de los freires de Truxello, un privilegio de donación de la villa y castillo de Trujillo, de Albalat – a orillas del río Tajo-, la fortaleza de Santa Cruz cerca de Trujillo, sito en un monte arduo, y otros dos castillos de los cuales uno se llama Cabañas y el otro Zuferola Además, para la manutención y sostenimiento de dichos castros y villas les asigna tres mil ducados (TORRES TAPIA,1763, I, 108).

Con esta ultima donación la primera linea de la frontera castellano-musulmán queda guarnecida por los “los penitentes de Santa María”, denominación con que eran referidos los combatientes de las Ordenes Militares en algunas crónicas musulmanas (DEREK W. 1965: 10):  La Orden de los freires truxillense en el flanco oeste, instaladas en sus fortalezas en torno a Trujillo, y Ronda (Toledo); los fratres de Avila, asentados desde 1171 en el  castillos de Bolobres, junto al Tajo, cara a la tierra de frontera recorrida por los almohades  (GONZÁLEZ, 1974: 365); la Orden de San Juan de Jerusalén en el castillo de Consuegra, donado el 6 de agosto de 1183; los Calatravos en el centro guardando los accesos a Toledo y la Orden de Santiago, desde su convento principal en Uclés guardando el flanco oriental del reino castellano (MARTÍNEZ DIEZ,1995: 75)

Podemos suponer que tras el buen comportamiento en combate de los freiles trujillanos, en las expediciones del año anterior, Alfonso VIII accede a darles el espaldarazo final, y a considerarles una fuerza más en la defensa de la frontera castellana

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2.- Preparación de la Campaña

Todas las fuentes, están de acuerdo en señalar que la expedición almohade contra el reino castellano, fue la respuesta a las cabalgadas cristianas ordenadas por el rey de Castilla (GARCÍA FITZ, 1998: 333).

Conocido el probable destino de la proxima campaña almohade, el rey castellano se preparó para la misma, desde el invierno de 1994. En noviembre de ese año se entrevistó con el rey de León en Toledo. Donde posiblemente se decidieron las fuerzas de cooperación de los dos reinos en la próxima campaña. Poco tiempo después, también se concertaría la ayuda del monarca navarro (GARCÍA FITZ, 1998: 333). Los apoyos religiosos también se mostraron de la mano de Celestino III. El 10 de julio de 1995 expide una bula en la que expresa su satisfacción por los preparativos que se estaban realizando  para la lucha contra el musulmán (HUICI MIRANDA, 1956:160).

Los almohades, después de obserar la debilidad de la fornter andalusí por las cabalgadas cristianas, se decidieron a desviar el objetivo del ejercito que tenían ya reclutado para sofocar la revuelta en Ifriquya, y enviarlo contra el reino castellano de Alfonso VIII (GARCÍA FITZ, 1998: 333).

2.1.- Composición de las fuerzas musulmanas

“Cuando el rey marroquí Abdelmún el tercero, lo supo,  se dolió en su corazón; salió al punto de Marrakech, reunió gran cantidad de soldados y de hombres de a pie, y pasó el mar”

Se desconoce el número de soldados musulmanes que participaron en esta campaña.  Las cifras obtenidas en las cróniscas no son fiables, los números suelen ser retocados en los textos, con intenciones diversas. Pero se estima en unos 20.000 hombres: 15.000 peones y 5.000 de a caballo. Lo que si podemos constatar con mayor precisión es la composición de las mismas. Las fuerzas del ejercito almohade provenían de todos los confines de su imperio y ello daba lugar a una gran heterogeneidad: de origenes, costumbres y destrezas bélicas. Que en ocasiones eran demasiado dispares, lo que podía comportar una escasa efectividad. En palabras de Ardant du Picq: “Cuatro valientes que no se conozcan, no acudirán con tranquilidad a atacar un león; pero otros cuatro, la mitad de valientes, que se conozcan perfectamente y estén seguros de su solidaridad y de su aptitud, lo harán con total decisión” (ARDANT DU PICQ, 1988: 74)

Martínez Val, en su estudio sobre la batalla de Alarcos, hace una relación de la procedencia de las fuerzas almohades, entre ellas cita: La tribu de los Hintata, bajo el mando directo del Gran Visir Abu Yahia; Los andaluces tributarios mandados por Ibn Sanadid, apreciados por estar familiarizados con las técnicas de lucha de los cristianos españones. Según Álvaro Soler, la caballería andalusí era una caballería pesada, semejante a la cristiana, todo lo contrario que la caballería árabe, que era ligera y montada a la jineta, mientras que la andalusí montaba a la brida (VARA THORBECK,1999: 212). Las tropas árabes, guiadas por Yamun ben Riyah, serían, después de los almohades, el segundo grupo del ejército musulmán. Formadas por árabes beduinos con una fuerte organización tribal, y que combatían utilizando la práctica del “torna fuye” con gran coraje pero muy indisciplinadas. Eran los árabes magníficos jinetes con lanza y espada y constituyeron, tanto en Alarcos como en la Navas, las fuerzas de choque de los almohades, y como tales sus bajas eran elevadas.(VARA THORBECK,1999: 212). Los Guzz son mencionados frecuentemente entre los integrantes de las fuerzas almohades en la península ibérica, como guerreros turcos o kurdos especialistas en el tiro con arco a caballo (Molénat, 2005: 553). Según el estudio sobre el arabismo Algoz (Al Guzz) contenido y uso, realizado por Felipe Maillo Salgado, no pasó desapercibida para los cristianos la existencia de los guzz, dada su forma de combatir mediante aquellos arcos, anteriormente jamás utilizados por los musulmanes, y cuyas mortíferas flechas se harían sentir en sus filas; de ahí que enseguida existiese la necesidad de una palabra que diera cuenta de aquella nueva realidad. La palabra guzz (en plural agzaz o guzziyyun) pasaria a ser algoz, término con el que se les denominaria ya en los Anales Toledanos Primeros en 1213. Palabra que pasaria enseguida a otras lenguas romances de Europa a través del castellano.

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Por último, podemos constatar la presencia de los voluntarios de Abu Yazir, alistados cuando el Miramolín almohade pasaba por el norte de Marruecos, con destino a la Península. Estos voluntarios eran los musulmanes más fervorosos que acudían a ciertos puestos fronterizos denominados rabitas, y alli dedicaban su vida a la oración y a combatir los enemigos de su religión, constituyendo los adalides y exploradores del ejército musulmán (VARA THORBECK,1999: 212). En ocasiones su falta de experiencia militar propició su martirio, como en el caso de las Navas. Como decía el poeta al-Mutanabbi: “Las armas todo el mundo las puede llevar, pero no es león todo el que tiene garras” (LÓPEZ PAYER y ROSADO LLAMAS, 2002: 55) Además, el ejercito musulmán contaba con las mesnadas cristianas del poderoso caballero castellano Pedro Fernández de Castro, desnaturados desde el año anterior, al firmarse el tratado de Tordehumos, que ponia paz entre los reinos de Castilla y León (MARTÍNEZ VAL:1996, 103)

“Llegó a Córdoba y, pasando el puerto de Muradal con gran rapidez, se extendió sobre la planicie del castillo que ahora se llama Salvatierra”.

En la reconstrucción del itinerario que realizaron las tropas musulmanas en esta campaña, Huici Miranda  refleja que el califa Ya´qub al-Mansur cruzó el estrecho el 1 de junio de 1195. El dia 8 se encuentra ya en Sevilla, partiendo hacia Córdoba el 22, población a la que llegó el 30 de junio. Después de descansar tres dias, el martes 4 de julio, los almohades parten hacia el puerto de Muradal (HUICI MIRANDA, 1956:138).

2.2.- Composición de las fuerzas castellanas

“El glorioso rey don Alfonso, cuando supo la llegada del moro Almiramamolín, así se denominaba a los reyes marroquíes, mandó a sus vasallos que le siguieran con toda rapidez. Él, como león rugiente que se estremece ante la presa, precedía a los suyos y con enorme rapidez llegó hasta Toledo. Se detuvo allí algunos días en espera de los grandes de la tierra, de sus nobles vasallos y de la multitud de pueblos que le seguían”.

Rades y Andrada recoge una versión en la que, conocida la entrada del Miramolín por el Rey don Alonso, éste salió a recibirle con menos gente de la necesaria, sin aguardar a muchos Grandes de Castilla que venían con gente a servirle. Aunque otras fuentes, recogen que la confianza del triunfo de las tropas castellanas sobre los almohades era compartida de un modo general por sus súbditos, de tal manera que el cronista al-Dabbi anota la observación, de que fueron con el Rey muchos comerciantes judíos con abundacia de dinero para comprar los futuros prisioneros y el botín, y hacer grandes negocios en su reventa (HUICI MIRANDA, 1956:159).

En la Península Ibérica, al igual que en Tierra Santa, cuando los musulmanes emprendían una gran incursión de depredación o lanzaban una invasión, la mejor manera de repelerla era promulgar el arrière-ban y poner una hueste en campaña. (ROJAS, 2006: 100). Siguiendo este pensamiento, Alfonso VIII, conocedor de los movimientos almohades, realizó un llamamiento general y congregó a sus vasallos en Toledo: los grandes magnates con sus mesnadas, las milicias de los concejos y los caballeros de las ordenes militares, “soldados consagrados por votos” como los llama el-Halim, entre las que con bastante certeza podríamos encontrar a los milites de Trujillo, junto a los de Santiago, Calatrava y Évora.

Las huestes de las Órdenes Militares presentaban características muy admiradas por los monarcas cristianos: Su carácter de fuerzas permanentes, su disciplina para la aceptación y el cumplimiento de las ordenes dadas, y el conocimiento tanto del medio fronterizo como de las tácticas utilizadas por el adversario musulmán, les hacia ser el prototipo de soldado ideal. Motivo por el cual, frecuentemente, les fueron encomendadas las misiones más difíciles y arriesgadas (GARCIA FITZ, 2005:192). Como botón de muestra, citar que en las operaciones llevadas a acabo para la conquista de Sevilla el rey don Fernando dispuso que la Orden de Santiago se situara en una posición vital pero muy arriesgada, al otro lado del rio, para proteger la flota que efectuaba el cerco a la población (GONZÁLEZ, 1951: 192). Dermuger señala también, otro factor a tener en cuenta, como era su capacidad de disponibilidad y movilización inmediata. En el ataque a Burriana, por el Rey de Aragón, las únicas fuerzas que llegaron en la fecha señalada al lugar convocado, fueron los contingentes de las Órdenes, las milicias de los nobles y de los Concejos llegaron dos dias después. Razón por la cual, las tropas reclutadas por las órdenes militares, junto con las mesnadas de la Casa Real, siempre fueron consideradas como las fuerza más duras dentro de los ejercitos cristianos (DERMUGER, 2005: 159).  El profesor Carlos de Ayala precisa que las huestes que podían aportar las órdenes militares tenían una variada procedencia, con diferente valía militar, armamento, equipamiento e incluso motivación (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003: 411):

El conjunto de los hermanos combatientes, caballeros o sargentos, constituían el “convento” (DERMUGER, 2005; 150). Este grupo de freires de convento, aunque minoritario dentro de la Orden, constituían la elite social y militar, y presentaban la preparación y equipamiento militar más completo (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003: 411).

Desconocemos el número de efectivos que se dirigirían hacia Alarcos,  porque tampoco tenemos noticias de cuantos miembros pertenecerían a las distintas órdenes militares que operaban en la Península Ibérica a finales del siglo XII. Aún así podemos intentar hacernos una idea aproximada con las informaciones recogidas sobre los hermanos  de convento del Temple, en la mitad del siglo XII, en el reino de Jerusalén. Número que se aproxima a unos trescientos caballeros y cerca de 1000 sargentos. A estas partidas hay que sumar: los caballeros que sevían por un periodo de tiempo estipulado, y los contingentes de mercenarios. El profesor Rojas entiende que cifras similares debían contabilizarse en el condado de Trípoli y en el principado de Antioquia. Obteniendo la conclusión de que a finales del XII, en Tierra Santa debían estar guarnecida por unos seiscientos caballeros templarios  y unos dos mil sargentos (ROJAS, 2006: 96). Otros datos que también pueden servirnos para extrapolar resultados, son las noticias de los requerimientos del rey de Aragón para la defensa de la frontera valenciana en 1287: 30 templarios, 30 hospitalarios y 20 calatravos. Y en 1303, el rey Jaime II pidió 100 templarios, 60 hospitalarios, 30 calatravos y 20 santiaguistas para una expedición contra los musulmanes de Granada. (DERMUGER, 2005: 159).

Al margen de estas fuerzas, ligadas orgánicamente a las Órdenes, también podían contar  con otros efectivos que, sin pertenecer a la institución ni haber pronunciado los votos, se encontraban vinculados a ella por diversos lazos, entre ellos podemos encontrar:

Los Siervos, caballeros villanos y peones, que las órdenes militares reclutaban entre las localidades que estaban bajo su jurisdicción y que se integraban en sus huestes en cumplimiento de las obligaciones militares recogidas en los fueros locales.

Fratres ad terminem” que eran caballeros y peones seglares que se vinculaban a las órdenes, temporal y voluntariamente, al calor de las indulgencias papales que equiparaban el servicio militar, en dichas intituciones, con la participación en la Cruzada a Tierra Santa. Se sabe que ya existían en la cofradía militar de Belchite (1122) y en los primeros tiempos en la Orden del Temple, experiencia que en esta última milicia pasó a un segundo plano, aunque no desapareció, frente a la idea de entrega perpetua (GARCÍA-GUIJARRO RAMOS, 1995: 72).

García Fitz señala, que no se agotaba aquí la capacidad de reclutamiento de las Órdenes Militares. Desde los primeros momentos de su existencia, tenemos noticias de que las órdenes se apoyaron en la contratación de fuerzas de pago. Cuando el maestre de Santiago lideró a 280 caballeros durante el asedio de Sevilla, previsiblemente sólo una parte de los caballeros serían freires de la Orden y el resto seglares estipendiados (DERMUGER, 2005: 159). En otros casos, la condición de mercenarios, aparece claramente reflejado por el cronista, en una cabalgada que los Santiaguistas efectuaron en 1240, por tierras de Almendralejo, Rades y Andrada no duda en indicar que junto a los freires había “gente de sueldo” que actuaron con ellos (GARCIA FITZ, 2005:188).

Por último, y como indica De Ayala, menos frecuente, debió ser la utilización de otros elementos como los perros de presa, que según la tradición recogida por el cronista  Rades, debieron acompañar a los calatravos en sus cabalgadas desde Zorita, y que, eran muy apreciados porque además de aterrorizar a las víctimas con sus ataques, causaban un importante número de bajas entre ellas. Esta sería la razón del nombre de la encomienda de Zorita de los Canes. (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003: 411):

Mostrada pues, los distintos tipos de elementos bélicos que las ordenes militares podían aportar, observamos que aún no siendo un fuerza determinante, desde el punto de vista numérico, dentro de los ejércitos convocados por los reyes cristianos, su cualificación militar y su experiencia, los hacian ser muy estimados. Asumiendo frecuentemente cometidos propio de los actuales “soldados de las fuezas especiales” de los ejércitos actuales. Misiones relacionadas con la rapidez y la eficacia en su intervención, tales como: labores de cobertura de las columnas de ejércitos en marcha, cierres de retaguardia, tareas de escolta y evcuación, acciónes-sorpresa, vigilancia de caminos y puntos estratégicos, etc. (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003: 597)  Por ello no es de extrañar que siempre formaran parte de las tropas reclutadas por los monarcas en todas las expediciones de gran envergadura (GARCIA FITZ, 2005:197). Los fuentes manejadas nos permiten afirmar que en Alarcos se dieron cita: el maestre de Calatrava don Nuño Pérez de Quiñónez con sus caballeros; el maestre de Santiago don Gonzalo Rodríguez con los suyos; y el maestre de la Orden portuguesa de Évora don GonÇalo Viegas con sus freires. Nada se dice sobre la presencia de los Truxillenses en la batalla, aunque numerosos autores dan por sentado su presencia en la misma (LÓPEZ FERNÁNDEZ: 175 y MARTÍNEZ VAL:104). Es deducible su participación por los siguientes motivos: En primer lugar, los truxillenses disponian de una base operativa en Ronda (Toledo), desde la que rapidamente alguna hueste pudo unirse a la convocaria real, en segundo lugar, y recordando el celebre dicho: “es de buen nacido el ser agradecido”, dadas las ultimas donaciones efecuadas: la villa de Trujillo y los puntos fuertes para el control de su territorio (Albalat, Cabañas, Santa Cruz y Zuferola), apenas cuatro meses antes de la batalla, parece más que razonable pensar que una fuerza considerable dentro de la Orden, aunque quizas poco significativa con respecto al número de efectivos aportados por Calatrava y Santiago, estuviera presente en esta confrontación. La Kalenda de Uclés, muestra las “importantes” pérdidas de los suyos en la batalla, dice que murieron diecinueve freires de Santiago, por lo que podemos hacernos una idea de cual debió ser la aportación de los truxillenses, si sus mas veteranos compañeros santiguistas se duelen de la perdida de 19 freires… Quizás el número de efectivos truxillenses aportados  sería similar a los que presentó los freires de Evora, cuya presencia en Alarcos se atestigua por lo escrito en el  Chronicon Coimbricense (VERISSIMO SERRAO, 1979: 172)

2.3.- Estrategia de Alfonso VIII

“De allí condujo sus campamentos a Alarcos, donde acampó con el firmísimo propósito que después de sucedido se supo: combatir con Almiramamolín, si rebasaba, camino de Alarcos, el lugar llamado El Congosto, que era considerado el límite del reino de Castilla, pues prefería exponer su vida y reino a tan gran peligro y someterse a la voluntad de Dios luchando con el susodicho rey de los moros, que era considerado el más poderoso y rico de todos los sarracenos, a permitirle traspasar cualquier palmo del terreno de su reino. Por esto tampoco quiso el glorioso rey de Castilla esperar al rey de León, que marchaba en su ayuda y que se encontraba ya en tierras de Talavera, por más que este consejo le dieran hombres prudentes y expertos en cosas de guerras”.

A la vista de las crónicas, García Fitz opina que desde las primeras noticias del paso del califa a la Península, el monarca castellano estaría dispuesto a arriesgar su suerte en una batalla campal, si los musulmanes traspasaban el puerto del Congosto. García piensa que las razones que le pudieron hacer tomar esta estrategia tan directa, para acabar con dicha amenaza militar, sería su excesiva confianza en sus propias huestes (GARCIA FITZ, 1998: 333). El rey Alfonso VIII haría suya la frase: “La victoria no depende del número de soldados, pues la fuerza llega del Cielo” (I, Macabeos, 3, 9) y con total deteminación se dirigiría a enfrentarse con el musulmán.

Aún pensando en la gran confianza del rey en sus tropas, no debemos olvidar que Alfonso tenía larga experiencia en enfrentamientos con los musulmanes y sabía lo que implicaba una batalla campal y la siempre incertidumbre de su resultado o, por decirlo con las palabras de un testigo directo de las Navas de Tolosa “ la dudosa suerte del combate” (GARCIA FITZ, 2005: 72) Por muy seguro que se encontrase de que Dios estaba de su lado, sabía que en caso de derrota, el precio que pagaría él y sus tropas podría ser muy alto: Sufrimiento físico, heridas, cautiverios, ruina y quizás su propia muerte. García Fitz expresa que se desconoce cual era el porcentaje real de bajas en una batalla campal, pero por los cálculos de algunos especialistas no parece exagerado pensar que, entre prisioneos, heridos y muertos, la mitad de una fuerza derrotada en campo abierto podía quedar aniquilada (GARCIA FITZ, 2005: 74)

Pero, pese a la conclusión tan fundada del profesor García, yo me inclino más por la explicación que aporta Ruiz Gómez en su trabajo sobre la batalla de Alarcos; según el cual, el rey castellano pudo saber, desde el primer paso de los musulmanas en la Península, su probable objetivo: Toledo. Y pudo prepararse con cierto tiempo para el enfrentamiento. Y aunque previamente, a su marcha, tuvo contactos con los reyes de Navarra y León, en los que se tratarían los apoyos militares que ambos monarcas facilitarían al castellano, lo cierto es, que Alfonso VIII tendría sus dudas sobre sus verdaderas intenciones. No sabemos si el castellano se anticipó en su partida a la llegada del leonés, o éste se demoro a propósito en el encuentro en el que debia reunirse con Alfonso, pero lo cierto es que en el ultimo instante, Alfonso VIII decidió no esperar los refuerzos leoneses y partir solo con sus hombres. La desconfianza puede que tuviera sus razones cuando nada mas terminar la campaña en derrota para los castellanos; los reyes de León y Navarra, aprovecharon para atacar desde sus respectivas fronteras al maltrecho reino de Castilla. (RUIZ GÓMEZ, 1995, 164)

Varias fueron las posibilidades que se le plantearon al monarca castellano ante la campaña de castigo que se le venía encima. Pero entre ellas, Alfonso VIII pensó que aunque la más expuesta, presentar batalla era la mejor de todas, y puesto a ello, preferiblemente salir al encuentro de los almohades en algún punto avanzado de la frontera, como anteriormente habia hecho su predecesor Alfonso VI, frente a los almorávides en Zalaca (1086). Porque aunque fuera derrotado, Toledo no se vería amenazada. Pues, como dice Ruiz Gómez, una derrota allí no pondría en peligro la capital del reino ni las ricas vegas del Tajo, territorio que siempre podrían servir de apoyo en retaguardia. (RUIZ GÓMEZ, 1995, 164)

Un último hecho, nos puede acercar a los pensamientos del monarca antes de decidir presentar batalla en Alarcos. En 1172, durante el cerco de Huete. García Fitz describe que cuando el califa almohade Abu Yaqub Yusuf cercó la villa de Huete, al poco tiempo debido a diversas causas, la presencia de un ejercito de socorro entre otras, tuvo que levantar el asedio y dirigirse hacia Cuenca. Las tropas del rey castellano, enviadas para socorer la plaza cercada, les siguieron, y en las inmediaciones de esta última ciudad, las dos fuerzas quedaron una frente a otra, separadas por el río Júcar. Durante toda la noche ambas fuerzas se mantuvieron vigilantes y, al dia siguiente se desplegaron para dar batalla. Pero el choque que no se produjo, porque finalmente los cristianos abandonaron el campo de batalla y regresaron a sus tierras. García explica que posiblemente la iniciativa de evitar el enfrentamiento partiera del rey castellano, al haber conseguido ya su objetivo que era el levantamiento del cerco sobre Huete, y no precisaba arriesgarse a una batalla campal. Después de lo escrito podemos pensar que aunque Alfonso VIII salió presto a la batalla, también podria estar en su mente el recuerdo de lo acontecido en Huete y que pudiera ser que solo con ver el ánimo y la rapidez con que los cristianos se prestaban en presentar batalla, los almohades se lo pensasen dos veces y dieran media vuelta dirigiendo su campaña hacia otro territorio.

La crónica de Calatrava describe el camino seguido por los castellanos hacia Alarcos: “Llegado el Rey al castillo de Guadalerza, se juntó con su ejercito don Gonzalo Rodríguez Maestre de Santiago, y tambien sus caballeros; y en Malagón se junto don Nuño Perez de Quiñónez Maestre de Calatrava, con los suyos. De allí fueron a la villa de Alarcos: y los moros habian ya entrado hasta Caracuel; de manera que vinieron a dar la batalla junto al castillo de Alarcos

Los freires truxillenses destacados en Ronda pudieron unir sus fuerzas a las del monarca castellano, a su salida de Toledo. Aunque el grueso de las fuerzas se enviarían desde la “casa madre” de Trujillo.

Estas fuerzas probablemente seguirían el cauce del guadiana hasta llegar a Malagón, lugar donde se unirían a los freires de Calatrava, para juntos incorporarse a la hueste real. Derek W. Lomax indica que desde los primeros momentos de existencia de las Ordenes militares, éstas se organizaron para colaborar en el campo de batalla. Tenemos noticias de que en 1178, los freires del Temple, del Hospital y de Santiago se reunieron en Salamanca y concordaron que en cada campaña militar se hallarían juntos tanto en la primera fila de la batalla como en la última, a menos que el rey lo prohibiese (LOMAX, 1965: 43). O´Callaghan añade que acuerdos similares fueron realizados en 1188 entre Calatrava y Santiago (O´CALLAGHAM:1996. 611). Por lo que no es de extrañar, que las milicias de obediencia cistercienses se agruparan bajo el mando de la Orden que aportase mayor número de miembros a la batalla, en este caso la de Calatrava.

Mientras el Rey Alfonso bajaba hasta Alarcos, cuenta Al-Bayan, que los calatravos enviaron exploradores desde Calatrava la vieja y los castillos vecinos, para informarse del avance enemigo, pero los adalides de la vanguardia almohade los sorprendieron y acabaron con todos ellos.

3.- La Batalla

“Llegó Almiramamolín al lugar llamado El Congosto entre el castillo de Salvatierra y Alarcos, y acampó allí”

Una vez en el Congosto, el 13 de julio, Julio González, tras estudiar las fuentes disponibles, opina que al-Mansur, convocó un consejo de guerra con los jefes de las distintas partidas del ejército almohade. El caíd aconsejó desdoblar el numeroso ejército, y dar el mando de la vanguardia, con la enseña califal, al jeque almohade de su más confianza, para que los castellanos lo confundiese con al-Mansur; y el califa quedase en la retaguardia, con el ejército de reserva, ocultos y en lugar próximo a la batalla para acudir en socorro en el momento oportuno (GONZÁLEZ, 1960: 957).

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3.1.- El campamento cristiano

Una vez llegado a Alarcos, las tropas cristianas procedieron a intalarse, pero no lo hicieron en la Villa, ni en el castillo. Julio González describe el Alarcos de aquellas fechas, con una pequeña fortaleza de dimensiones modestas, incapaz de albergar grandes ejércitos. Situada sobre una colina de 680 metros de altitud y una población en su ladera cuya muralla estaba sin terminar. González añade que tiene constancia de que Alfonso VIII no puso su campamento en el castillo, ni en la villa sino que se detuvo para esperar al musulmán “frente a Alarcos” (GONZÁLEZ, 1960: 957). Francis Gutton es de la misma opinión y dice que Alfonso VIII se situó cerca del castillo en lo alto de la colina (GUTTON, 1955: 35). Colina que podemos identificar como el cerro del Despeñadero, estribación de la misma cadena montañosa sobre la que se levantaba Alarcos y situado al Este de la misma (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993)

3.2.- El campamento musulmán

Según el estudio de Muñoz Ruano, y Pérez de Tudela, el ejército musulmán dividido en  vanguardia y retaguardia cubrió en tres dias las dos jornadas que le separaban de Alarcos, donde aguardaba las fuerzas de Alfonso VIII. En su opinión, los musulmanes dilataron el tiempo de su camino, debido a que la retaguardia acampaba en los mismos espacios en los que lo había hecho la vanguardia la noche anterior. De ese modo, y según el relato de Bayan: la madrugada del dia de la batalla, el ejército musulmán abandonó de madrugada los campamentos, dejando alli la impedimenta, y avanzó situándose en el valle, frente a la colina que ocupaba el rey de Castilla. a una distancia “de dos flecha o mas cerca”, lo que nos indica que el campamento almohade debió instalarse en un lugar distante de la colina en la que estaban asentados los castellanos (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993). Martínez Val es de la opinión, que el campamento almohade debió estar situado en las cercanías de lo que actualmente es la aldea de Poblete (MARTÍNEZ VAL:1996 112).

3.3. Primeros movimientos

Según los estudios llevados a cabo por Martínez Val, en los dias 15 y 16 de julio los almohades marcharon desde el Congosto hasta las cercanías de Alarcos. El visir habría llegado a las proximidades de Alarcos la tarde del 16, sin que los cristianos hiciesen ningún movimiento ofensivo contra las fuerzas que estaban acampando. Martínez apunta que pudieran estar esperando las mesnadas de los Lara, y del rey de León, que parece ser que se encontraba ya en Talavera de la Reina (MARTÍNEZ VAL:1996, 116).

“Cuando el glorioso rey de Castilla lo supo, ordenó a todos los suyos que a primera hora de la mañana salieran armados al campo para luchar contra el rey de los moros, pues creía que ese mismo día el rey de los moros se presentaría al combate. Los castellanos, al llegar la mañana, salen al campo preparados para luchar, si hubiese enemigo contra quién blandir las armas. Pero los moros descansaron ese día preparándose para el siguiente, deseando al mismo tiempo eludir a sus enemigos de forma tal que, fatigados ese día por el peso de las armas y por la sed, se encontraran al siguiente menos aptos para la batalla: como así sucedió, pues el glorioso rey de Castilla y su ejército, después de esperar al enemigo en el campo desde el amanecer hasta después del mediodía, cansados del peso de las armas y por la sed, volvieron a los campamentos pensando que el rey de los moros no se atrevía a luchar con ellos”.

El 17 de julio, Alfonso VIII presentó batalla, pero el visir no la aceptó, pues esperaba las fuerzas del califa que venian en el ejército de retaguardia. De acuerdo con el plan trazado en dias anteriores, este segundo cuerpo habría culminado su marcha al atardecer de ese mismo dia, sin que los cristinos se percataran de su llegada. De modo que podemos comprobar la veracidad de las crónicas, cuando expresan la poca información sobre el número de combatientes musulmanes al que realmente se enfrentaban los castellanos (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993).

No conocemos la disposición de los distintos contigentes cristianos que formarían, esperando la llegada del bando musulmán, pero puede presumirse que las enseñas de las Ordenes Militares ondearían en el centro de la primera linea. Enseñas que según el profesor Ayala Martínez, serían el elemento más importante en la diferenciación de los freires de estas milicias (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003:384).

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 Señas rectangulares “mas luengas que anchas” según se definen en las Partidas. Documentalmente tenemos constancia de que los templarios no obtuvieron permiso para coser la cruz roja sobre su capa hasta 1147, y que Calatrava, y Alcántara tuvieron que esperar su autorización hasta 1397 y 1411, respectivamente (DE AYALA MARTÍNEZ, 2003:384).

Caso aparte sucede con los de Santiago, en cuya Crónica, redactada por Rades y Andrada se detalla que sus caballeros fundadores pusieron sobre sus pechos la señal de la cruz, a manera y forma de Espada, a la cual el vulgo sin razon llamaban “Lagarto”, y por tener forma de Espada antigua, también se les conocía como Orden de Santiago de la Espada o “Spatarii”, denominación que a juicio de Lomax podrían ya recibir desde 1191 (LOMAX, 1965: 93). Pero en opinión de Dermuger, es improbable que ni los templarios ni las demás ordenes militares no intentaran diferenciarse mediante algún emblema, normalmente una cruz, desde poco tiempo después de sus fundaciones (DERMUGER, 2005: 227). Tenemos constancia de que en los siglo XII – XIII dichas señas de identidad eran los suficientemente distintivas como para ser reconocidas fácilmente en el campo de batalla. Lo que quizás es poco probable que dicho emblemas fueran tan llamativos como se mostrarían siglos después. Emblemas con la cruz latina, con los cabos rematados en florones trifoliados (MENÉNDEZ PIDAL DE NAVASCUÉS, 1999: 386), sobre fondo blanco, en las milicas cistercienes: cruces negras para Calatrava, que luego cambiaría a roja (DERMUGER, 2005: 231); verde para los Truxillenses (RUIZ MORENO, 2009) y roja para los de Evora que cambiaría a verde en 1385 tras la vitoria de los portugueses sobre los castellanos (DERMUGER, 2005: 230). Los de Uclés llevarían el pendón de Santiago, junto a los estandartes blancos con una cruz latina roja cargada de cindo veneras, dispuestas en el centro y en cada uno de los cabos de la cruz, tal y como aparece en la ilustración 205 del Códice de las Cantigas.

Pero volviendo a la batalla, parece ser que estas prisas por entrar en combate el 17 de julio, presentan todavía ciertas dudas. El texto de la Cónica Látina deja ver la indecisión de los castellanos que, desplegadas sus fuerzas en el campo de batalla, se limitan a esperar el ataque enemigo y a retirarse cuando éste no se produce, sin que en ningún momento piensen en avanzar sobre el campamento musulmán (RUIZ GÓMEZ, 1995: 164). El recuerdo de la acontecido en Huete, como se explicó en lineas anteriores, pudiera rondar la mente de los castellanos, y éstos se volvieron a sus campamentos pensando que los almohades no se atrevían a presentar batalla.

3.4. La batalla

El lugar donde ocurrió el enfrentamiento, no está suficientemente claro, y se hace imposible reproducir con certeza todos los movimientos de las tropas que en ella se dieron cita. Pero podemos intentar una aproximación de la mano del exhaustivo estudio de las fuentes cronísticas realizado por Huici Miranda. El autor que mas concreta el espacio donde se pudo desarrollar el encuentro es Martínez Val para quien, el campo de batalla podria encontrarse en una superficie de nueve kilómetros cuadrados delimitada por: los cerros de Alarcos y del Despeñadero (base de las fuerzas cristianas) en el norte; por el sur la linea horizontal delimitada por la actual población del Poblete, en cuyo vértice derecho encontramos el topónimo Cabeza del Rey, alto de 695 metros, lugar donde podría haberse asentado el campamento almohade; por el este el camino romano; y al oeste el rio Guadiana, muy pantanoso a esta altura de sus curso (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993). En el centro de esta superficie se encuentra un pequeño cerro de 647 metros de altitud, cerca de lo que actualmente se denominan casas de Villadiego, que pudo ser utilizado para ocultar las reservas musulmanas a los ojos de los cristianos. Rawd al Qitar hace referencia detallada a esta colina a cuyo resguardo se organizó el contrataque de la retaguardia musulmana. Este factor, según Martínez, pudo ser decisivo para la victoria final de los almohades (MARTÍNEZ VAL:1996 112)

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“Pero el rey de los moros ordenó a los suyos que se prepararan para la batalla alrededor de media noche y muy de mañana aparecieron súbitamente en el mismo campo que el rey castellano había ocupado el día anterior”.

Huici Miranda traduce la crónica de Al-Bayan y narra como después de recibir las órdenes “dejaron en el campamento la impedimenta y marcharon todos los soldados con lentitud, cada cábila con su insignia, hasta cerca del enemigo. Entonces tomaron sus posiciones y se quedaron como edificios solidos” (HUICI MIRANDA, 1956: 203).

Martínez Val describe la situación de las distintas fuerzas del ejército almohade, basándose en las crónicas de Rawd al-qirtas. Este Orden de Combate seguía un esquema racional básico. Disposición de la que tenemos constancia escrita en las Partidas alfonsíes: Delantera (vanguardia), medianera (centro), costaneras (alas) y zaga (retaguardia).

La delantera era la que encabezaba la formación y entraba primero en combate. En alarcos fue ocupada por los arqueros a caballo, de los Aghaz o Guzz situados en la primera linea de la vanguardia, mientras los arqueros a pie ocupaban la segunda (MARTÍNEZ VAL:1996 114).

El cuerpo central o medianera formado por el núcleo de tropas, el más numeroso y potente, seguía a la delantera en la batalla. Sería ocupado por el visir Abu Yahya, con su cabila de Hintata, portando la enseña califal (MARTÍNEZ VAL:1996 114). La disposición que seguramente se adoptó en este cuerpo aparece descrita en la obra Fighting Techniques of the Medieval world, y seria la siguiente: En primer lugar encontraríamos una o varias fila de lanceros, arrodillados y protegidos por sus escudos, con el extremo de sus lanzas clavado en el suelo y las puntas amenazando al enemigo para aguantar y rechazar la caballería del oponente. Tras ellos, en pie, una segunda fila de hombres con lanzas más ligeras y jabalinas, que dispararían por encima de los lanceros. Detrás de éstos, con bolsas con piedras: los honderos. Soler del Campo destaca que entre los hallazagos en los restos de Alarcos, se han encontrado bolas de hierro de dos centímetros y medio de diámetros, muy pesumiblemente utilizada como munición (SOLER DEL CAMPO, 2006: 78). En último lugar encontraríamos a los arqueros, que en este caso se habían situado inicialmente en la vanguardia, para aumentar su alcance y derribar cuantos caballeros y monturas castellanas fuera posible, y así disminuir el choque de la carga de caballeria pesada con la que los cristianos solían iniciar las batallas. Una vez efecuado la descarga pasaban rapidamente a ocupar su sitio en el cuerpo central desde el que seguirían hostigando la ofensiva del enemigo. La enorme superioridad en armas arrojadizas de las tropas de almansur es confirmada en la Primera Crónica General cuando al hablar del asalto a Plasencia en la expedición del año siguiente dice que: “combatio la torre muy de recio con muchos ballesteros que nunca quedaban nin de dia nin de noche” (HUICI MIRANDA, 2000: 367).

Las costaneras, normalmente caballería, protegían los flancos para evitar los movimientos envolventes del enemigo. No existe acuerdo entre los dos cronistas principales, de la composición de las costanera: mientras que Rawd al-qirtas dice que los andaluces y los zeneta ocuparon el ala derecha y los magribies la izquierda, Al- Bayan, afirma que en el ala derecha estaban los voluntarios con una mezcla de tropas de la zaga y de soldados poco aguerridos, los cuales fueron los que empezaron a ceder ante el empuje cristiano (HUICI MIRANDA, 1956: 152).

Y por último en la posición más retrasada estaba la zaga (del árabe al-saqa), liderada por el califa, que emboscado a cierta distancia, esperaba con las reservas preparadas para ser utilizadas en el momento mas oportuno de la batalla. (MARTÍNEZ VAL: 1996 114).

“Se originó un revuelo en los campamentos de los cristianos, y lo que suele suceder con frecuencia, la imprevista presencia de los moros produjo en los enemigos estupor y temor al mismo tiempo”

Julio González destaca, que la presencia del ejercito musulmán perfectamente formado, cuando ya los cristianos no esperaban tener que combatir, fue un factor muy adverso y por ello el consiguiente desconcierto inicial (GONZÁLEZ, 1960: 962).

Siguiendo el relato de Al-Bayan, antes de iniciarse el combate el emir árabe se puso a recorrer las filas musulmanas exhortando con suras coránicas a los combatientes y esforzando sus corazones (HUICI MIRANDA, 1956: 204). En opinión de Alvira Cabrer, los rituales preparatorios durante los siglos XI-XIII, formaban parte esencial de las actividades del guerrero antes de entrar en batalla. Gracias  a ellos, muchos podían superar o, al menos, afrontar el “schock” psicológico derivado de una lucha cuerpo a cuerpo en campo abierto (ALVIRA CABRER, 2002: 242).

“Saliendo de los campamentos rápidamente y sin orden, marchan al campo”

Huici Miranda detalla que, según las crónicas, una vez pasado el efecto sorpresa, el ejército cristiano, que estaba en lo alto de la colina de Alarcos, al lado del castillo, se lanzó al ataque. Martínez Val puntualiza que la pendiente del cerro del Despeñadero, donde estaría asentado el campamento castellano, es poco apta para bajarla en formación de carga, a galope tendido, por lo abrupto  y pedregoso de la misma. Por ello piensa que probablemente las fuerzas cristianas bajaron al llano, donde una vez formadas, iniciarían el ataque (MARTÍNEZ VAL: 1996 116).

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No seria ajeno el rey castellano al conocimiento de que el resultado de una batalla no era la consecuencia exclusiva del valor personal y de la habilidad del guerrero, sino de la colocación de los ejercitos sobre el terreno, y del modo de abordar el ataque y los movimientos de las tropas (GARCIA FITZ, 1998: 385). Pero también sería consciente que establecido el contacto, solo quedaba luchar con la máxima ferocidad y confiar en la bravura de sus hombres y en su mejores armas (GARCIA FITZ, 1998: 398). Pudiera ser, que este factor fuera el que “nublara el juicio” del rey castellano para aceptar la batalla ofrecida por los almohades en Alarcos. Superioridad en armamento, que años después fue reflejada en el relato de la batalla de las Navas, que el arzobispo de Narbona envió al capítulo del Císter, y en el que señalaba que las armas de los cristianos, tanto de a pie como de a caballo eran muy superiores a las de los musulmanes (GARCIA FITZ, 1998: 400). Después de lo escrito, no parece tan probable que los cristianos una vez superado el efecto sorpresa, se presentaran sin orden a la batalla, rapidamente si, pero repitiendo el orden de combate adoptado el dia anterior cuando los musulmanes no quisieron enfrentarse a ellos.

Sobre dicha disposición nada sabemos. Pero a tenor de los movimientos narrados en las crónicas, Martínez piensa que se dispondrían en tres cuerpos: La vanguardia, al mando de Don Diego López de Vizcaya, formado por la caballería pesada, en la que los caballeros de Calatrava ocuparían el centro de la primera linea; teniendo a su izquierda a los de Santiago y Truxillenses (Pereiro, dice él) y a su derecha a los caballeros de las mesnadas conejiles y señoriales del fonsado del todo el reino.

La retaguardia en la que quedarian los infantes para proteger la retirada de los caballeros y los posibles ataques al campamento cristiano. Y una reserva de caballería a las órdenes del propio  rey Alfonso, que esperaría cerca del castillo  el momento oportuno de entrar en acción (MARTÍNEZ VAL: 1996 114).

Según Martín Alvira: “La caballería pesada se organizaba en “unidades tácticas” que maniobraban coordinadamente en combate. La más básica era el conrois o conreix, formado por 20-24 hombres a caballo que entrenaban y combatían juntos en torno a un pendón y un caudillo. Un número variable (seis o mas) de estos conrois coordinados formaba el haz o batalla, la unidad más importante y característica en la Edad Media (ALVIRA CABRER, 2002: 286). En esta formación, en un campo de batalla de un kilómetro de anchura podían desplegarse unos 2.000 caballeros, pues el orden adoptado era muy cerrado, se contaba el dicho de que si se lanzase un guante entre los caballeros así formados, no debía caer a tierra (VARA THORBECK, 1999: 244). La caballería así dispuesta extendería un frente similar al mostrado por el enemigo, pues de de no ser así, tras el choque y ceder el punto atacado, las alas del enemigo se quedarían sin frente y tenderían converger y colocarse a la retaguardia de los caballeros atacantes, convirtiendo a los perseguidores en perseguidos (ARDAN DU PICQ, 1998: 162). George Bernard Sahw en su obra Arms and the Man explica que una carga, incluso sobre el terreno más conveniente, rara vez era ejecutada por toda la linea al mismo tiempo; al enemigo se llegaba en sucesión, por distintos puntos de la línea, unos más avanzados que otros. Por ello era de la mayor importancia que los destacamentos que llegasen antes al enemigo formasen un masa compacta, y que se lanzasen como un solo hombre, para así poder abrirse paso a través de él (BENNET, 2000: 236). Era también conveniente no repetir una segunda carga sobre un mismo punto, para evitar tropezar con los hombres y caballos muertos (VARA THORBECK, 1999: 244).

En lo referente al papel que desempeñaba la infantería, García Fitz piensa que desde un punto de vista táctico la función que los peones de los ejercitos cristianos podía presentar en la retaguardia, no era en absoluto despreciable. Aunque su papel primordial era el de salvaguardar el bagaje o la posición del dirigente militar durante la lucha, su disposición en orden cerrado daba seguridad y confianza a la carga de los caballeros, pues sabían que en caso de retirada, los infantes les protegerían. García sigue opinando que aunque el papel de los peones, quede silenciado en los documentos, en algunas ocasiones, pudieron tener tambien una función similar a la que tenía en las fuerzas musulmanas, en las que además de mezclarse con los jinetes durante las ofensivas, podían ser ellos las que iniciaran el ataque (GARCIA FITZ, 1998: 381).

El primer ataque corrió a cargo de los cristianos que, ante la amenazadora presencia del ejército musulmán, se lanzó desde su posición dominante en sucesivas oleadas (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993). Era un cuerpo constituido por caballeros, cubiertos de hierro (GONZÁLEZ, 1960: 962). En formación de haces, y alineados al frente, unos junto a otros. Ello proporcionaba una importante ventaja psicológia: el efecto devastador que la visión de la línea enmallada de caballeros podía tener sobre la moral del enemigo (GARCIA FITZ, 1998: 386). Básicamente las cargas de caballería pesada tenía una función rompedora de los cuadros enemigos, pero puede que no tanto, para establecer el contacto, como hacer que éstos huyeran del campo de batalla. La clave era la intimidación. El hombre ha experimentado en todas las épocas un gran temor a ser pisoteado por los caballos y este temor ha derribado mil veces más soldados que el choque real, siempre mas o menos evitado por el propio caballo. (ARDAN DU PICQ, 1998: 78). Si la carga resultaba efeciva las posiciones de las fuerzas atacadas se desorganizaban y sus lineas era traspasadas por los atacantes, convirtiéndose en una masa inarticulada de guerreros (GARCIA FITZ, 1998: 386). Lo que ocurría a continuación no es necesario decirlo… era una carniceria (ARDAN DU PICQ, 1998: 74). Comenta Martín Alvira: “que las primeras unidades tenían la misión de “fijar” al enemigo, ya que manteniendo al enemigo inmóvil se garantizaba la eficacia de las siguientes cargas. Si no se producía la ruptura, el combate se convertía en mêlée, sucesión de cargas y contracargas de caballeros agrupados que utilizaban espada y otras armas cortas. Los ataques se repetían hasta la derrota de los defensores o hasta que el cansancio y las bajas aconsejaban la retirada (ALVIRA CABRER, 2002: 286).

“miden sus armas, y en la primera línea de los cristianos caen importantes hombres: Ordoño García de Roda y sus hermanos, Pedro Rodríguez de Guzmán y Rodrigo Sánchez, su yerno, y bastante otros muchos. Se despliegan los árabes para perdición del pueblo cristiano. Una innumerable cantidad de flechas, sacadas de los carcajes de los Partos, vuelan por los aires, y, enviadas hacia lo incierto hieren con golpe certero a los cristianos.”

Vista la forma de ejecutar las cargas de caballería y sus efectos, volvamos a la batalla, donde quedamos a la caballería enlorigada de los freires y de los nobles, lanzándose contra las fuerzas musulmanas. Llegados a este punto las crónicas se desdicen unas a otras sin que realmente podamos conocer con exactitud que sucedió en aquella jornada. La opinión de Rawd al qirtas es que la caballería castellana ejecutó tres cargas, pero solo la última fue efectiva, teniendo que retroceder en las dos anteriores sin que precise la razón. Recordemos que frente a la carga de los caballeros cristianos y delante del cuerpo central musulmán de los Hintata del visir, se había situado un cuerpo de vanguardia formado por dos elementos: el primero en el que estaban los Guzz, arqueros a caballo; y otro detrás, en el que se habrían situado arqueros a pie. Podemos pensar que en la primera  carga, los Guzz les harían frente con su clásico tornafuye, es decir  con constantes acometidas y rápidos movimientos, sin orden aparente, con el objetivo de desordenar sus formaciones cerradas. La velocidad de estos jinetes y sus movimientos erráticos creaba una gran confusión, evitando el encuentro directo y descargando una lluvia de flechas sobre las lineas de la caballeria castellana, matando e hiriendo a hombres y caballos (SOLER DEL CAMPO, 2006: 81), Tenemos testimonios de la misma táctica empleada por los turcos selyúcidas en la primera cruzada: “Ellos rodeaban a todos los nuestros y lanzaban tan gran cantidad de saetas  que ni la lluvia o el granizo hubiesen producido oscuridad tan grande, que muchas destrozaban a nuestros hombres y sus caballos. Cuando las primeras filas de los turcos habían vaciado sus carcajes, se retiraban hacia atrás y comenzaban la siguientes. A esta fase de preparación sucedía la acción decisiva: “los turcos vieron que nuestra gente y sus caballos tenían muchos heridos y grandes daños, colocaron rapidamente sus arcos en el brazo izquierdo, bajo los escudos y atacaron muy cruelmente con su mazas y espadas“ (CONTAMINE, 1984: 75) Visto lo anterior podemos pensar que posiblemente, esa primera carga tuvo que ser abortada por los Guzz y la retirada fue la orden a seguir en las filas cristianas. No sabemos si los Guzz, después de entrar en combate, se replegarían hacia las abiertas llanuras que se abrían al este del campo de batalla o, por el contrario, se mantendrían en el campo de batalla, con su táctica con ataques fingidos y de evitar el choque lanzando andanadas de flechas tal y como se describe en la Crónica Latina: “vagando los árabes para la destrucción del pueblo cristiano”. Pero lo cierto es que efecuadas su maniobra de distracción, dejaron de ocupar la vanguardia almohade, quedando ahora, en primera linea los arqueros, que tras disparar unas series de saetas, se replegarían inmediatamente detrás del cuerpo central, desde el que volverían a disparar a discrección, junto a los lanzadores de jabalinas y honderos, sobre los caballeros cristianos que mantuvieran la carga.

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Julio González indica que ya al ver como los cristianos se les echaban encima, los pregoneros del visir gritaron a los suyos la orden de resistencia, y ésta fue la consigna general en todo su ejército (GONZÁLEZ, 1960: 962). En algunas crónicas, estos dos ataques se condensan en uno solo, pero el resultado es el mismo. El desanimo y la frustración de los caballeros cristianos, todavía a caballo, debió ser enorme, al ver caer a sus compañeros sin haber podido efectuar ningún choque con las fuerzas enemigas. Bajas que tampoco debieron ser muy cuantiosas, dadas las protecciones que llevarían los caballeros. En la batalla de Arsuf, durante la tercera cruzada, las tropas del Rey Ricardo llevaban una gambeson (chaqueta acolchada) y cota de malla tan gruesa que los cronistas árabes cuentas que sus flechas no les hacían ningún efecto, pudiendo verse soldados que parecían erizos, con entre una y diez flechas clavadas que seguían su camino en la fila. Pero lo cierto es que la multitud de proyectiles lanzados algo si tuvo que “adelgazar” las filas cristianas, y si no en número, si probablemente en moral, porque Rawd al-qirtas dice de esta carga, que aunque fue tan espectacular como la primera, también fracasó (HUICI MIRANDA, 1956: 160)

La carga de caballería, como señala Maurice Keen: “con la lanza sujeta bajo el brazo, por debajo del hombro, capaz de penetrar las cotas de malla, era la forma ideal de enfrentamiento entre los cuerpos de caballería, pero no existen pruebas de que esta forma de manejar la lanza no fuese ya conocida en el siglo XI, y en todo caso, sería inútil contra la infantería. Lo más probable es que esta técnica de manejar la lanza fuese solo una de las posibilidades disponibles para los jinetes. Los normandos en los tapices de Bayeux aparecen lanzando sus lanzas o golpeando con ellas, no porque no hubiesen aprendido aún las “nuevas técnicas”, sino porque aparecen atacando a la infantería en formación cerrada. Cuando Ana Comnena escribió que “un celta (cruzado) a caballo resulta invencible” estaba refiriéndose no a un tipo particular de técnica en el manejo de la lanza, sino al hecho de que el escudo y la armadura del caballero le hacían casi invulnerable a las flechas.  La caballería que actuaba sola, no tenía ninguna posibilidad ante una infantería bien disciplinada. Los caballos son demasiado vulnerables ante un muro de lanzas. Sólo cuando la formación se rompe era posible realizar con éxito un carga” (KEEN, 2005:109). Podemos deducir entonces, que las retiradas de las cargas de los haces de caballería castellanos, sin llegar al contacto con el enemigo, pudiera formar parte de una táctica similar al “tornafuye” de los musulmanes, movimiento que también sabemos que era empleado por la caballería casteallana (MARTÍNEZ VAL: 118). Repliegue casi obligado, al observar las firmes formaciones del centro almohade. Con esta simulación de retirada se buscaba que  los cuadros de infantes iniciaran un contraataque desordenado, que los hiciera perder su ferrea defensa y poder batirlos en campo abierto. Hipótesis, que coje mas fuerza, al leer al cronista el Rawd ad-qirtas, cuando dice que la caballería cristiana avanzó en perfecto orden, y bajó hasta casi tocar las puntas de las lanzas musulmanas con los pechos de los caballos, pero retrocedieron antes de chocar con los infantes musulmanes ((HUICI MIRANDA, 1956: 154). Solo al ver que fallaba esta táctica y juramentados en morir en el intento, los castellanos efectuarian una carga suicida, al tercer intento, que esta vez si consiguió efectuar el choque contra el centro musulmán utilizando el binomio jinete caballo a modo de proyectil. De tal manera que, aunque los caballos fueran heridos o muertos, los boquetes que crearían al caer entre las filas de lanceros podría ser utilizados por los demás jinetes para penetrar en las filas musulmanas y desbaratar su formación (VARA THORBECK, 1999: 244). El choque contra el centro de la “medianera” fue duro y los castellanos hicieron mella. Las cargas de los haces de caballeria se repetían una y otra vez. Los castellanos atacaban en forma que parecía un torrente sucediendo a otro y unas olas a otras, todo eran ataques furiosos y griterio. (GONZÁLEZ, 1960: 962).

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“Se lucha con fuerza por ambos bandos. El día pródigo en sangre humana, envía moros al tártaro y traslada cristianos a los eternos palacios”.

El choque debió ser tremendo, los caballeros cristianos consiguieron llegar hasta las banderas califales, pero el visir que las defendía no huyó y resistió heroicamente alcanzando el martirio con mucho de los suyos. Al ver que todo se convertía en una refriega entre caballeros y peones, y viendo perdida la baza de la carga, en ese frente, los castellanos decidieron desviar las nuevas embestidas hacia el ala derecha musulmana, donde hizo gran daño entre la fila de los voluntarios (MUÑOZ RUANO y PÉREZ DE TUDELA VELASCO, 1993).  Se dice que la confusión se apoderó de la genta baja que comenzó a huir, y la suerte de la batalla parecía empezar a ponerse del lado castellano (GONZÁLEZ, 1960: 962).

No sabemos la razón de la elección del ataque sobre el ala derecha, los dos cronistas no se ponen de acuerdo sobre que tropas realmente ocupaban esta posición (andaluces, según Rawd al-quitas; voluntarios y soldados poco aguerridos, dice Al-Bayan) lo cierto es que ni unos ni otros tenían fama de bravos, considerándolos a todos como malos combatientes, sin ardor ni resistencia (MARTÍNEZ VAL:1996, 118). De todas formas, conviene también apuntar, que siempre se ha recomendado, en la lucha de la caballeria contra los infantes desplegados en linea, las cargas por el flanco, con los caballos en hilera y las armas terciadas y apuntando hacia la derecha, siendo las que más bajas producen, ya que el jinete solo puede golpear a su derecha y de esta forma es la unica que todos pueden golpear (ARDAN DU PICQ, 1998: 164).  Lo que explicaría el giro hacia la izquierda de los haces de caballería, para cargar de frente contra el ala derecha musulmana, pero “erosionando” en su cabalgada hacia ella, la primeras filas del cuerpo central que quedarían a su derecha, lado en el que llevarían sus armas ofensivas: lanza o espada.

Viéndo el sultán, como se tornaba la situación, tomó la iniciativa para contrarrestar el empuje cristiano. Un cronista afirma que ordenó a sus cortesanos que se preparasen; mientras él se adelantaba sin la zaga para alentar a los que peleaban y exhortarlos a caer sobre el enemigo. Su presencia y ejemplo enardecieron a los musulamenes, que atacaron decididos (GONZÁLEZ, 1960: 962). Sería entonces cuando el sultán dio las ordenes oportunas de contrataque y comenzó un doble movimiento envolvente a la caballeria cristiana. Por un lado: de la derecha cristiana por el ala izquierda musulmana, dirigido a lo largo del rio Guadiana, hasta los mismos escarpes del Castillo; y por otro los Guzz que se habían mantenido replegados al este, atacaron por el flanco a las fuerzas castellanas  que estaban masacrando el ala derecha musulmana (MARTÍNEZ VAL: 1996, 118).

La vanguardia castellana, de mucho menor número de combatientes, que el resto del ejercito almohade, envuelta de esa forma, quedo malparada. Los musulmanes se movían con soltura y les rodearon, lanzando tal nube de saetas sin apuntar que inflingían a los cristianos heridas ciertas (GONZÁLEZ, 1960: 962).

Raw ad Qirtas cuenta que: “la muerte se cebaba en los cristianos, y cuando arreció el estrago entre los infieles y se persuadiron de su ruina, volvieron las espaldas, huyendo a la colina en la que estaba Alfonso, para defenderse en ella, pero se encontraron con que el ejército musulman se habia puesto entre ellos y la colina y volvieron sus pasos hacia la llanura, cayeron de nuevo sobre ellos los árabes, voluntario , hintatas, agzaz y arqueros que los arrrollaron y exterminaron si dejar ni uno

A Federico de Prusia, le gustaba decir que: “ tres hombres situados en la retaguardia del enemigo, valían mas que cincuenta colocados frente a é”. En ocasiones, el efecto moral lo era todo.

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La opinión de Ambrosio Huici es que, dadas las contradicciones de los cronistas, no podemos saber con seguridad, si fue el arrojo personal de al-Mansur el que hizo mantenerse las líneas almohades y pasar al ataque; o si bien, como parece mas probable, mientras los castellanos se esforzaban en vano o con flojedad en hacer volver las espaldas al enemigo, las muchas fuerzas que aún tenía en reserva al-Mansur emprendieron movimientos envolvente por sus alas que pusieron finalmente en fuga a los cristianos. La versión portuguesa de la Crónica general pretende justificar la ineficacia del ataque de la caballería castellana alegando el resentimiento de don Diego López de Haro y de los castellanos porque el rey los había equiparado con los de la Extremadura (HUICI MIRANDA, 1956: 160). La crónica de Calatrava lo refiere así: “Los Hijosdalgo y Ricoshombres que con el fueron, algunos estaban muy agraviados del Rey, por haber dicho que valían tanto para la guerra los Caballeros de Extremadura, como los Hijosdlago de Castilla. Por esto muchos de los Hijosdalgo hizieron menos de lo que pudieran en esta jornada, porque quisieron ver como le iba al Rey sin ellos, con los caballeros Extremeños”.

“El noble y glorioso rey, viendo a los suyos caer en la batalla, se adelanta y, metiéndose en medio de los enemigos, abate virilmente, con los que le asistían, muchos moros a derecha e izquierda”

La tercera fase de la batalla fue impuesta por el giro que tomaban los acontecimientos. Alfonso VIII viendo caer a los suyos, se dispuso a dar el golpe definitivo lanzándose al combate con las reservas que tenía (GONZÁLEZ, 1960: 962).

Para ello, y siguiendo el razonamiento del estudio de Juan Muñoz Ruano y Mª Isabel Pérez de Tudelo Velasco, el rey castellano, junto a sus últimos caballeros, giraría hacia su derecha amparados por el castillo de Alarcos y bajando la ribera del rio, intentaría el ataque al flanco izquierdo musulman en un intento de liberar, de la tenaza en la que se encontraba, su caballeria. Pero enterado el miramolín, éste avanzó con la reserva almohade y acometió a la de don Alfonso. Cuando el castellano se preparaba para cargar sobre los musulmanes, oyó tambores y trompetas a su derecha: eran los estandartes almohades con la seña blanca del califa al frente. Cuando salió de su sorpresa comenzó su turbación. La lucha se hizo general y la confusión fue enorme (GONZÁLEZ, 1960: 962). Reserva musulmana, que, parece ser, Alfonso desconocía totalmente, y de ahí su sorpresa. El cronista cuenta que al oir el rey castellano, los tambores que conmovían la tierra, y las trompetas que llenaban con sus ecos montes y valles, levantó la vista y preguntó que era aquello, a lo que un musulmán le contestó que era el Miramolín, que se acercaba con el grueso de las tropas, y que hasta entonces solo había luchado con las avanzadas de su ejército (HUICI MIRANDA, 1956: 156).

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La Crónica de Calatrava continua el relato de la siguiente manera: “El Rey viendo tanta perdición, se metió en lo mas rezio de la batalla, diciendo de que quería morir en ella y no volver con tanta afrenta a Toledo.

“Pero dándose cuenta los que le asistían más de cerca que no podrían sostener a la innumerable multitud de moros, puesto que ya muchos de los suyos habían caído en el combate -pues había durado la batalla mucho tiempo y el sol había calentado al mediodía en la festividad de Santa Marina-, le suplicaron que se alejase y preservara su vida ya que el Señor Dios se mostraba airado con el pueblo cristiano. Pero no quería oírlos y prefería acabar la vida con muerte gloriosa a retroceder, vencido, de la batalla. Los suyos, dándose cuenta que el peligro era inminente para toda España, lo apartaron del combate, casi de mala gana y a regañadientes”.

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El Monarca luchaba valerosamente; pero la victoria pertenecía ya al infiel. Se salvó gracias a una estratagema: con algunos caballeros se precipitó dentro de la fortaleza, como para encerrarse en ella, pero salió enseguida por la puerta opuesta, camino de Toledo (GUTTON, 1955: 35) sin más compañía que veinte jinetes (LOMAX, 2006: 157)

Llegó, pues, a Toledo con pocos soldados, doliéndose y gimiendo por la gran desgracia que había acontecido. Diego López de Vizcaya, noble vasallo suyo, se refugió en el castillo de Alarcos, donde fue asediado por los moros, pero por la gracia de Dios, que lo reservaba para grandes cosas, mediante la entrega de algunos rehenes, pudo salir y, siguiendo al rey, llegó a Toledo a los pocos días.

Muchos cristianos habían caido, el rey estaba huido y no quedaba posibilidad de victoria, por lo que los caballeros supervivientes huyeron como pudieron, produciéndose escenas de pánico, y desbandadas. Era algo sabido y constatado: cuando se empezaba a huir, la mortandad estaba asegurada, pues una vez que volvían las espaldas eran incapaces de defenderse o volver a reunirse. Pese a todo, Ruiz Gómez, es de la opinión, que el número de caballeros que pudo salvarse de la batalla debió ser todavía importante, y que una vez evidente el resultado adverso de la misma, decidieron retirarse y evitar así una destrucción mayor de sus huestes (RUIZ GÓMEZ, 1995: 164). Quizás fue esa la flaqueza de ánimo en el combate, que las crónicas les achacarían posteriomente. Los peones castellanos, por su parte, abandonaron el campamento y se prepararon para la defensa en Alarcos. Diego López de Haro, se refugió en la fortaleza, con la enseña real, para dar tiempo al monarca en su huida. Ya frente al castillo, los almohades intentaron el asalto, y Don Diego realizó una espolada, en parte abortada. Posiblemente el combate se encarnizó al pie de la muralla, lo que atestiguan las excavaciones.

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Pero finalmente se negoció el aman y Don Diego y los demás caballeros que estaban con él pudieron regresar sanos y salvos a Toledo, después de haber dejado unos rehenes. (RUIZ GÓMEZ, 1995: 164).  La intervención del famoso don Pedro, tanto en la batalla con su mesnada, como en la negociación de la rendición de Alarcos fue decisiva (HUICI MIRANDA, 2000: 370). Lucas de Tuy comentaba la inestimable ayuda que el de Castro, había prestado al enemigo en la batalla de Alarcos, señalando que “los godos (cristianos) no fueron prácticamente nunca derrotados por los bárbaros excepto cuando de su parte tenían a otros godos” (LINEHAN, 2008: 59). Sobre las bajas de la batalla, opinan: González Pérez, y Lago, que al igual que en Sagrajas, los victoriosos musulmanes debieron tener mas bajas que los cristianos. En Alarcos, los cálculos le llevan a cifrar las pérdidas totales musulmanes en unos 4.000 hombres, o quizas incluso más. Los cristianos no tendrían más de 2.000 casi todos caballeros, pues la mayor parte de la infantería, 5000, pudieron refugiarse en Alarcos y una parte importante de la caballeria escapar, bien por el valle del Guadiana o bien con Alfonso VIII hacia Toledo (GONZÁLEZ PÉREZ y LAGO, 2004: 77)

El rey de los moros saqueó los espolios; tomó algunas fortalezas como Torre de Guadalferza, Malagón, Benavente, Calatrava, Alarcos y Caracuel, y así volvió a su tierra.

Al igual que ocurría en el Reino de Jerusalén, el número de combatientes con los que se podía contar en un momento dado debía ser insuficiente para cumplir todas las labores que se desprendían de una situación de guerra. Manuel Rojas opina, que no era posible la coexistencia simultánea de una gran ejército, actuando en descubierta, y el adecuado guarnicionamiento de las fortalezas. Cuando el 30 de abril de 1187 el gran maestre templario supo que una columna musulmana cruzaría a través de Galilea decidió atacar a los invasores y convovó a las guarniciones de ciertos castillos. Cuenta un testigo, que en uno de ellos solo quedaron dos hombres enfermos (ROJAS, 2006: 100). Parece razonable, por tanto, la escasa o nula resistencia de los puntos fortificados tomados por los almohades, después de la batalla. Dada la escasez de efectivos, perdidos en Alarcos. Y aunque si bien es cierto, que algo se verían reforzados por las tropas huidas, las condiciones morales no serían las más idóneas para la defensa.

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Rades y andrada cuenta en la Crónica de Calatrava los últimos movimientos de esta campaña: “Tomada la villa y castillo de Alarcos, luego los Moros fueron sobre Calatrava la Vieja, donde estaba el Convento de la Orden, con muy pocos caballeros, que se habian escapado de la batalla de Alarcos y por fuerza y combate ganaron la villa, donde pasaron a cuchillo a todos los Freyles Caballeros y Clerigos, y a muchos otros cristianos porque no quisieron darse luego. Hicieron los Moros enterrar sus cuerpos fuera de la villa, por quitar de ella el mal olor; y por esto cuando los cristianos ganaron otra vez esta villa el Maestre mando edificar en aquel lugar una Hermita con el titulo de Nuesta Señora de los Martires, porque aquellos Caballeros murieron por la Fe de Cristo y hasta hoy le dura este nombre”. Aunque hay noticias de un intento de contrataque cristiano (SEWARD, 2004: 195) entre las ventas de la Zarzuela y Darazutan (hoy venta de Enmedio), en la antigua calzada romana, en un paso que, según Melchor de Villanueva, todavía guarda el nombre de la masacre que allí aconteció: “Puerto de la Matanza”. Según la Crónica de Calatrava: “Vencida la batalla, los Moros siguieron el alcance de los cristianos, que iban huyendo, hasta un portezuelo que está entre las dos ventas de la zarzuela y Darazutan; y allí los cristianos pretendieron defenderse, pelearon por segunda vez; y todos fueron muertos o presos

Las consecuencias de la batalla fueron catastrófica, sobre todo en el Campo de Calatrava. Aún así, Ruiz Gómez piensa que, según los datos obtenidos, todo parece indicar que los castellanos habían calculado tanto la retirada a tiempo como la posibilidad de limitar las pérdidas territoriales posteriores a la línea de los Montes de Toledo, dejando a salvo las ricas tierras del valle del Tajo (RUIZ GÓMEZ, 2003: 234).

Rodríguez-Picavea es de la opinión de que las grandes perjudicadas de la derrota de Alarcos fueron, sin duda, las Órdenes militares: La Orden de Santiago perdió diecinueve freires en la batalla; la de Trujillo, practicamente desapareció al perecer casi todos sus efectivos; pero la más afectada de las supervivientes fue la de Calatrava, que perdió, después de la derrota de Alarcos, la mayor parte de su patrimonio (RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA, 1994: 99). Perdida, que sufrirían al año siguiente los Truxillenses, a consecuncia de una nueva ofensiva almohade, esta vez por el flanco Oeste del reino castellano: Trujillo y su tierra. Tras perder la mayor parte de sus freires en Alarcos y sin haber podido reponerse, en 1196 perdía todo su “solar”. Por lo que en palabras de Pérez Castañera, “se vio abocada a desaparecer, y sus escasos efectivos pasaron a integrarse en Calatrava” (PÉREZ CASTAÑERA, 2000: 561).

En las Diffiniciones de la Orden y Caballería de Calatrava. Conforme al Capitulo General celebrado en Madrid año MDCLXI, se dice que la mayor parte de los bienes de la Orden de Truxillo recayeron en la Orden de Calatrava, por haberse después incorporado a ella. Y que posteriormente pasaron a la Orden de Alcántara, porque: “ habiéndose ellos entregado a la de Calatrava el año 1196 y dado Calatrava al Pereiro la villa de Alcantara, y todo lo que tenia en el Reyno de Leon el año 1218 entraron estos en aquel acuerdo. De esto se ve lo engañoso que escribieron algunos autores, afirmando que la Orden de Truxillo pertenece a la que antiguamente se llamó del Pereyro y hoy Alcantara, siendo cierto, y constando por muchas escrituras que esta hacienda se incorporo en la de Calatrava primero y que Calatrava la dono al Pereiro con lo villa de Alcántara el referido año 1218”

El martes 7 de agosto, Al-Mansur, entraba en Sevilla celebrando su victoria con una solemne recepción y un desfile militar en  Aznalfarache (HUICI MIRANDA, 2000; 370)

4.- Fotografías y esquemas procedentes de la Reconstrucción de la batalla de Alarcos el 30 de mayo de 2009. Alarcos (Ciudad Real ) propiedad del autor y Battle Honours

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SOLER DEL CAMPO, Álvaro.  El armamento peninsular en los siglos XII y XIII y sus relaciones con los ambitos culturales  La orden de Temple Entre la guerra y la paz. Libros Certeza . Zaragoza 2006.

TORRES Y TAPIA,F. Alonso, Crónica de la Orden de Alcántara. Madrid 1763. edición facsímil 1999

VARA THORBECK, Carlos.  El lunes de las Navas. Universidad de Jaén.  Jaén 1999

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VERISSIMO SERRAO, Joaquim. História de Portugal. Volume I (1080-1415) Edit. Verbo 1979

VILLANUEVA DE, Melchor.  Malagón. 1608.

Oct 012009
 

Carlos J. Rodríguez Casillas.

1.  INTRODUCCIÓN

Durante el lejano periodo de la Reconquista, en plena lucha de los reinos cristianos con las huestes musulmanas, un guerrero portugués se abrió camino a lo largo y ancho del solar extremeño a base de duras y esforzadas hazañas: Geraldo “Sempavor” (Geraldo “Sin miedo”).

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Oct 012009
 

Domingo Quijada González.

INTRODUCCIÓN

Aunque en otras materias tuvo un desarrollo precoz –caso de la filosofía, con Urbano González Serrano en el último cuarto del siglo XIX–, la incorpora- ción de Navalmoral al circuito literario es bastante reciente, pues tendremos que esperar a que el XX llegue a su ecuador para que surjan reconocidos escritores nacidos o residentes en la capital del Arañuelo: la obra impresa más antigua que conocemos data de 1945, cuando Víctor Gutiérrez Salmador edita una novelita, «Reina Morala”.

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