Ene 072014
 

Manuel Rubio Andrada.

III LOS GRABADOS DEL CERRO DE S. CRISTOBAL (ALMOHARÍN)

 1. LOCALIZACIÓN

       Si visitamos este monumento desde el pico de Cancho Blanco (953 m), lugar donde se ubica la estación de radar y concluye la carretera que accede al mismo, luego debemos dirigirnos en sentido S al próximo cerro de S. Cristóbal (845 m), para ello tomaremos el deslinde de fincas que corre por el cambio de aguas en ese mismo sentido. Su situación en el mapa topográfico 1/25000, hoja 730-III, latitud 39º 12 ´ 17´´ y longitud 6º 02 ´ 24´´. 

         Pasado el pequeño puerto comenzaremos la ascensión y enseguida dejamos a nuestra izquierda los grabados de este collado; el lindero que nos ha servido de referencia termina al llegar al cerro de S. Cristobal. En sus inmediaciones nos sorprenderá un un pequeño talud que rodea las inmediaciones de la cresta, corresponde a los restos de un poblado prehistórico sin estudiar cuya descripción dejamos para otra ocasión. Los restos de una pequeña edificación rectangular, bastante noble, están muy próximos al pico, que desprenden un sabor a vieja ermita.

       En el mismo pico confluyen límites de tres términos municipales: Zarza de Montánchez, Almoharín y Valdemorales; la roca dode se grabó está en el término de Almoharín, en el punto más alto e inmediato a un cercado de piedra mirando hacia el E pero ya en la vertiente S.

 2. GENERALIDADES

      El terreno que lo rodea es granítico formando algunos cerros de altura semejante aunque prolongándose y decreciendo hacia el S; son la parte E del pequeño puerto de Valdemorales que comunica la penillanura Cacereña con la zona central del valle del río Guadiana en la provincia de Badajoz; por todo ello es un lugar privilegiado de  defensa y observación hacia el S.

 3. EL SOPORTE

       La roca granítica donde se realizó no presenta ninguna característica especial pero ofrece hacia el E un plano inclinado decreciente de unos 22º cuya superficie tiende a formar un rectángulo de 1,90 cm de alto y 1,10 cm de ancho; está bastante lisa y clara, desprovista de líquenes. En ella se realizaron unos signos que presentamos en un único conjunto dada su proximidad.

 4. LOS GRABADOS

      La profundidad de estos grabados oscila entre los 4,5 del cruciforme central y el 1,5 cm del signo gráfico de la izquierda; su forma general es en U muy irregular presentando un acabado liso en el que se observan numerosos piqueteados.

 CONJUNTO I

 Fig I-1.- Corresponde a una figura realizada en la parte superior. Es una elipse grabada en ancha U irregular; sus ejes poco diferenciados miden 17 y 18 cm; el espacio eliptico interior no grabado mide 9 y 7,4 cm; exteriormente, en la parte superior del lado derecho, se apuntaron dos radios con dos pequeños tracitos (Fig 1. Lám I).

 Fig I-2.- Esta figura se localiza 4 cm bajo la anterior, en su parte izquierda y corresponde a un signo gráfico en A con dos trazos en su ángulo inferior; mide de alta 40 cm y 33,5 cm de ancha; el trazo superior se realizó a 5 cm del vértice, es muy ancho, horizontal y mide 28 cm; el inferior, igualmente grueso, ofrece forma de ángulo muy abierto en V, tiene una longitud de 13,4 cm y su vértice está a 12 cm del trazo anterior.

Fig I-3 y 4.- Corresponden a dos figuras circulares tangentes, una bajo otra, de trazado semejante a la número I-1; fueron situadas 6 cm a la derecha de la figura I-2. La superior mide 15 cm de diámetro externo y la inferior 8 cm.

 Fig I-5.-ontinuando hacia la derecha otros 7 cm se observa un trazo de tendencia horizontal de 18 cm.

Fig I-6 y 7.- Estas dos figuras son de pequeño tamaño y se realizaron inmediatamente bajo la abertura de la forma de A descrita. La número I-6 es una cazoleta de 6,5 cm de diámetro y la I-7 es un cruciforme de brazos iguales –cruz griega-, cuyas medidas rozan los 9 cm.

 Fig I-8 y 9.- Corresponden a dos cruciformes de características parecidas situados 13,5 cm a la derecha de la forma descrita. El I-8 tiene su brazo vertical de 16 cm y 15 cm el horizontal, se siguen cortando en su parte central. Muy próximo en el mismo sentido está el número  I-9 que ya presenta una mayor diferencia, 23 cm el de tendencia vertical y 17 el horizontal aunque se siguen cortando hacia su parte central; esta figura se realizó algo elevada en la parte derecha.

 Fig I-10.- En una línea inferior continuando por la izquierda esta figura es semejante a la I-2 por lo tanto es una forma de A con dos trazos centrales, mide de alta 21 cm y de ancha 19 cm; el trazo superior es un arco cóncavo hacia arriba y el inferior se realizó con un ángulo de unos 130º hacia la parte inferior.

 Fig I-11.- Unos 8 cm a su derecha hay realizado un grueso cruciforme de forma parecida a los anteriores aunque más irregular; su brazo vertical mide 28,5 cm y 26,5 el horizontal; estos trazos se cortan algo desviados a la derecha y superiormente al centro.

 Fig I-12.- En una línea inferior muy próxima se comenzó por la izquierda con una figura de A parecida a las reseñadas; tiene 23 cm de alta y 20,6 de ancha; en esta ocasión solamente se acompaño de un trazo central en ángulo muy abierto.

 Fig I-13.- Unos 20 cm hacia la derecha hay trazado un grueso círculo como los descritos, su diámetro externo es de 19 cm.

 Fig I-14.- A igual distancia se situó un cruciforme de brazos centrados; el vertical mide 16 cm y 14 cm el horizontal.

Fig I-15.- Bajo la parte derecha de la figura anterior e inmediata a ella hay un nuevo cruciforme de brazos iguales y centrados que miden respectivamente 7,5 cm.

Fig I –16 y 17.- En la última línea inferior, a 17,7 cm del límite de la roca, hay dos circulos semejantes a los decritos pero tangentes en su parte superior derecha; el más pequeño mide de diámetro externo 8 cm y es el realizado en la parte superior; el situado inferiormente tiene de diámetro 18 cm.

 Fig I-18.- Continuando la línea, unos 10,3 cm a la derecha de la figura anterior, hay otro círculo semejante que tiene 19 cm de diámetro exterior.

RELACIONES, CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

    Los anchos círculos aquí representados son formalmente relacionables con la única figura del conjunto II del collado de S. Cristóbal y la número 5 del conjunto IV del mismo grupo de grabados. Como ocurría con ellos podemos establecer conexión directa con las figuras semejantes del mundo cristianizante.  Las diversas variedades de círculos semejantes a estos no son excesivamente abundantes;  vimos que ellos y las cruces fueron empleados en pintura esquemática y en decoraciones megalíticas, la diversidad en ese sentido es una de sus características.

     También la única cazoleta grabada en este grupo es un elemento que nos resulta algo extraño; nos indica una larguísima perduración de sus contenidos, o parte de ellos, hasta la época histórico-cristiana en la que se realizó este conjunto y su exiguo número apunta posiblemente una perdida de su uso como valor iconográfico

        Debemos añadir las tres figuras en A que apuntalan de forma inequívoca su pertenencia a esa cultura histórica. Estos  últimos signos pudieran ser alfas griegas, representación simbólica del principio absoluto, es decir de Dios, muy abundantes en las inscripciones latinas paleocristianas (Salas, 1997).

                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Queda !Queda hallar paralelismos a las figuras asociadas tangeciales circulares lo cual de nuevo nos devuelve a la pintura esquemática, en concreto a la cara W de la sierra de San Serván. Allí, entre los numerosos conjuntos que guarda, hay uno en igual disposición tangencial, nosotros le atribuimos la posibilidad de ser utilizado como calendario por su indudable semejanza formal con el esquema del calendario maya (León, 1983; Rubio, 1992). Nuevamente hacemos mención de los dos tracitos apuntados en la figura circular número 1 de este conjunto del cerro de S. Cristóbal, concretamente en el cuadrante superior derecho; indicarían una división radial; su realización es exigua pero no debemos dudar de que intentan sugerir algo. La expresión temporal basada en la relación Sol-Luna, que para nosotros es casi evidente en S. Serván, actúa como soporte de nuestros razonamientos; nos atrevemos a suponer pintada una figura circular con dos tracitos -igual que la realizada aquí- pero inmediata al conjunto pacenses. Diríamos que, con mucha  probabilidad, sería la representación contigua de uno de los dos protagonistas del esquema del calendario, es decir: el Sol o la Luna; tal atribución estelar creemos que encaja aquí para este tipo de representaciones.

      Si nos basamos en la magnitud de formas, el conjunto ofrece una clara jerarquía dentro de los tipos empleados: la A número 2, la gran cruz número 13 y los círculos 13, 17 y 18 son los mayores y más profundamente grabados. No hemos encontrado razón alguna que aclare estas variaciones que suponemos no son casuales.

    En cualquier caso la mezcla de estas formas circulares de posible contenido estelar, las cruces representación directa de Cristo y las grafías símbolos de Dios principio absoluto ofrecen una apariencia desorganizada e incluso caótica que parecen expresar unos problemas teológicos quizás producto de intentar conciliar una cultura tradicional de raíces muy primitivas,  basada de alguna manera en cultos o al menos creencias astrales, con otra cristiana y, nuestro grabado no parece ofrecer una nítida solución al conflicto.

 APÉNDICE GRÁFICO III CERRO DE SAN CRISTÓBAL

3lam1

Lámina I.- Cerro de San Cristóbal, Almoharín, conjunto I

Cerro de S. Cristóbal Fig 1

Figura 1.- Cerro de San Cristóbal, Almoharín, conjunto I

 

 BIBLIOGRAFÍA

Abelanet, Jean  (2003): Les roches à entailles ou pseudo-polissoirs des Pyrenées Catalanes et leur rapport avec style rupestre linéaire. Actes del I Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals. Homenatge a Llúis Diez-Coronel, Institut d’Etudio Ilerdencs. Diputació de Llerida

 Beltrán Lloris, Miguel (1973): Estudios de Arqueología cacereña. Monografías Arqueológicas XV. Zaragoza.

 Calzado Palacios, Marcial (s/f). Resultado de la prospección de 20 yacimientos arqueológicos. Trabajo Mecanografiado, UNEX.

Canturri Montanya, Pere (2003): Els gravats prehistórics de les Valls d’Andorra. Actes del I Congrés Internacional de Garvats Rupestres i Murals Homenatge a Llúis Diez-Coronel Institut d‘Etudio Ilerdencs. Diputació de Lleida.

 Civantos Mayo, Elena (1988): La cerámica ibérica gris y con barniz rojo de la necrópolis de La Coraja, Aldeacentenera, (Cáceres).

 Enriquez Navascués, Juan Javier (1990): El Calcolítico o Edad del Cobre de la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados. Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, Publicaciones 2. Editora Regional de Extremadura.

 Esteban Ortega, Julio (1993): El poblado y la necrópolis de “La Coraja”, Aldeacentenera, Cáceres. El proceso histórico de la Lusitania Oriental en época prorromana. Cuadernos Emeritenses, 7. Museo Nacional de Arte Romano, Mérida (Badajoz).

García Alén, Alfredo y de la Peña Santos Antonio (1963): Grabados rupestres de la provincia de pontevedra. Fundación “Pedra Barrié de la Maza, Conde de FENOSA” y Patronato del Museo de Pontevedra. Pontevedra.

 González Cordero, Antonio (1985): Carta arqueológica del  Partido de Montánchez. Memoria de Licenciatura. Biblioteca del Museo Provincial de Arqueología, Cáceres.

 León Gil, M.; García Verdugo, R.: 1983. Pintura rupestre esquemática en Mérida. Sierra de San Serván, San Serván, Badajoz. Departamento Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz. Mérida.

Martínez García Julián  (2003): Grabados rupestres en soportes megalíticos. Su influencia en los estudios del arte rupestre.  I Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals. Lleida.

 Peña Santos, A. de la y Vázquez Varela, J. M. (1979): Los petroglifos gallegos. Grabados rupestres prehistóricos al aire libre en Galicia. Cuadernos del Seminario de Estudios Cerámicos de Sagardelos, nº 30. La Coruña.

Redondo  Rodríguez José Antonio (1987): Regio Turgaliensis, Tesis Doctoral, Universidad de Extremadura.

Rubio Andrada, Manuel (1992). Semejanzas entre calendarios del México precolombino y del Bronce extremeño. XXI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, Cáceres.

                      (1998-2000): Tres poblamientos prehistóricos del berrocal trujillano. XXVII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

                           (1999): El grabado rupestre del Cándalo. XXVIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Cáceres. Zephyrus LII. Salamanca.

                           (2000): Los grabados prehistóricos del río Tejadilla, Madroñera, Garciaz y Aldeacentenera (Cáceres). XXIX Coloquios Históricos de Extremadura: Trujillo. Cáceres.

                            (2001): El grabado rupestre de Valdehonduras. XXX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Cáceres.

                            (2003): Los grabados rupestres de Boticojos ,Torrecilla de la Tiesa; Collado y Cerro de S. Cristobal, Zarza de Montánchez y Almoharín, (Cáceres). XXXII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, Cáceres.

 Salas Martín, J.; Esteban Ortega, J.; Redondo Rodríguez, J. A.; Sánchez Abad. J.L.: (1997). Inscripciones romanas y cristianas del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. Editora Regional de Extremadura. Badajoz.

Sevillano S. José, María del Carmen (1991): Grabados rupestres en la comarca de Hurdes, (Cáceres). Ediciones de la Universidad de Salamanca.

Sobrino Buhigas, Ramón (1935): Corpus Petroglyphorum Gallaeciae. Seminario de Estudos Galegos. Compostellae,. Gallaecia.

 

 

 

 


Ene 072014
 

  Manuel Rubio Andrada

   II LOS GRABADOS RUPESTRES DEL COLLADO DE S. CRISTÓBAL ZARZA DE MONTÁNCHEZ (CÁCERES)

 1.      LOCALIZACIÓN Y GENERALIDADES

        El conocimiento de estos monumentos fue debido a la visita que realizamos desde el cerro Blanco, donde se encuentra la estación de radar, al cerro próximo hacia el sur señalado en el mapa topográfico 1/25000, hoja número 730-III, latitud 39º 12´ 18´´ y de longitud 6º 02 ´ 24´´, con los restos de la ermita de S. Cristóbal, intuíamos que tal vez allí habría un nuevo poblamiento. Transcurrimos hacia el S pared abajo; llegamos al collado y comenzamos después a ascender hacia el cerro de S. Cristobal, por la derecha del muro de linde; pasados unos 50 pasos del collado observamos a la izquierda la tierra removida y excavada con precipitación en torno a unos bloques de granito, especialmente en sus caras este, nos acercamos y vimos que contenían los grabados que ahora presentamos. Continuamos el paseo y llegamos al cerro que contenía restos de un castro, ruinas de un edificio –posiblemente una ermita- y otro grabado.

       En sentido amplio este lugar comunica las dos partes de la Submeseta Sur. Por el N la penillanura Cacereño-Trujillana y por el S el valle del río Guadiana a la altura de Valdemorales y Almoharín. Es un amplio paso de terrenos esencialmente graníticos que presenta ondulaciones suaves alternadas con algún picacho más elevado. El cultivo preferente actual es el olivo; la ganadería es poco numerosa siendo la ovina, bovina y la caprina las observadas; actualmente la caza escasea.

       Los picos más destacables son el de Montánchez en el W, con sus 994 m y el del Cancho Blanco, en el E del puerto, con 953 m. El pico de S. Cristóbal llega a los 845 m observándose desde él hacia el S toda la margen derecha de las Vegas Altas del río Guadiana; hacia el E y W la visión es más reducida por el relieve y por el N es francamente limitada.

 2. EL SOPORTE

    Están formados por granitos distribuidos en formas prismáticas irregulares formando series concatenadas y paralelas de dirección W-E; sus cortes longitudinales indican con bastante precisión la dirección N-S –no magnéticos-. Por lo general la parte superior presenta una ligera inclinación W de 10º – 15º con respecto a la vertical y, tanto sus caras E como la W tienen superficies mayores de tendencia rectangular. No destacan  del resto de las formaciones graníticas en cuanto a textura, composición, coloración y distribución; esporádicamente presentan salientes de unos 2 m de altura afloran unos 2 m hasta crestear con mayor afloramiento.

3. METODOLOGÍA

    Para la descripción nos situamos en la parte E de las superficies que es por lo general la excavada y por ello damos frente al W. La enumeración se hace de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

4. LOS GRABADOS  

CONJUNTOS I Y II

    Hemos dicho que, en general,  las rocas que sirven de soporte se encuentran distribuidoas en formas prismáticas alineadas de W a E, siendo las del W algo más elevadas decreciendo en los 3 o 4 m que tienen de extensión hacia el E; sus superficies superiores suelen ser irregulares aunque no faltan las perfectamente lisas de tendencia horizontal y rectangular. En una de las más elevadas -unos 2 m del suelo-, por tanto situada más al W y sirviendo de base al muro de piedras que separa las fincas se realizaron estos dos conjuntos (Fig 1. Lám I y II).

      El conjunto I está formado por la figura 1, grabada en tosca V de ancho irregular -hasta 5,5 cm-; su profundidad ronda llega a los 4,5 cm. Se formó un cruciforme compuesto cuyos brazos, bastante regulares, miden 26,5 cm, y de alto tiene 35,7 cm; en la parte inferior del trazo vertical de la cruz se realizó un círculo de 13,8 cm de diámetro; esta figura está bien centrada en un espacio de tendencia irregular de 35 cm de ancha y 44 cm de alta.

      El conjunto II se situó 17 cm a la izquierda del I y en una superficie de parecidas características físicas, está también bajo la linde de las fincas. Esta vez predomina el picado en gruesa U en su realización. Su única figura es un círculo que por su anchura puede considerarse una corona circular cuyos diámetros miden 7 cm el interior y 15 cm el exterior.

 CONJUNTOS III

       En una alineación granítica situada inmediatamente hacia el E, algo más baja y fuera ya del deslinde se situaron dos nuevos conjunto. El conjunto III ocupa la cara E de una superficie triangular irregular de tendencia isósceles, situada a la izquierda; la base de este triángulo se sitúa al N y mide unos 45 cm, su altura casi coincide con la horizontal y mide 88 cm. Las figuras parece que se realizaron por incisión en U muy débil y su grado de conservación es muy malo; están bien distribuidas centralmente en posición lineal horizontal (Fig 1. Lám II).

 Fig III-1 y 2.- Son las primeras por ese lado; la figura 1 nos muestra una corta línea de unos 4 cm, inclinada hacia la derecha con un ángulo superior de algo más de 45º. La segunda, muy dudosa, se trata de un círculo que se acercaría a los 8,5 cm de diámetro del que nos ha llegado solamente un pequeño arco de la parte superior izquierda; este trazo se confunde con un posible racheado natural de la roca.

Fig III-3.- Continuando la línea se observa una forma de U, cuyos brazos miden 11,5 cm de alto, la separación interna de los mismos es de 4 cm; el trazo es algo irregular, mide de ancho desde 1 cm a 2,5 cm y su profundidad está en torno a los o,5 cm.

Fig III-4.- Continuando hacia el mismo lado se observa un nuevo círculo de 12,6 cm de diámetro aunque la amplitud del trazado en U está en torno al centímetro y su profundidad tiene unos milímetros.

 Fig III-5.- Hacia la derecha se observa un ancho círculo de 5 o 6 cm de lado, su diámetro es semejante al anterior y la profundidad del trazo está en torno al medio centímetro.

CONJUNTO IV

        El conjunto IV se realizó en la continuación de esta superficie hacia el N, pasado un racheado natural de la roca. Este  espacio tiende a una forma rectangular de 65 cm de anho y 57 cm de alto. Consta de tres figuras centradas superiormente cuyo trazado en U, tosco e irregular, mide por lo general 6 cm de ancho y 4 cm de profundidad. La superficie presenta una rotura en la parte superior que afecta a la figura central (Fig 2. Lám I y II).

 Fig IV-1.- Es una forma en Z, realizada mediante piqueteado; está situada en la parte derecha del espacio ocupado; el trazo superior mide 3,5 cm, el central 14 cm y el inferior 6 cm.

Fig IV-2.- Corresponde a un antropomorfo en doble cruciforme; su trazo central mide 34,4 cm y sus brazos, 24 cm el superior y 30 cm el inferior; esta forma parece terminada en U por gruesa y profunda incisión aunque en ocasiones está presente el primitivo deslascado.

 Fig IV-3.- El espacio izquierdo comprendido entre los dos brazos, se aprovechó para representar un círculo de 14,5 cm de ancho.

      Este conjunto parece mostrarnos un antropomorfo en cuya mano derecha porta la representación de un rayo; va acompañado de la representación de un escudo en su parte izquierda; su distribución recuerda a la estela de Almoroquí (Beltrán, 1975 ).

CONJUNTO V

       Más hacia el E los prismas de granito son más bajos y su longitud está en dirección N-S; suelen presentar la parte superior plana y horizontal. Inmediatamente delante de los conjuntos anteriores hay un espacios rectangular que mide 100 cm de largo y 28 cm de ancho; esta superficie presenta en su parte inferior izquierda un pequeño hueco quizás piqueteado, tiene también un racheado en el segundo tercio derecho. Este plano se corta hacia el N con otro en ángulo inferior de unos 45º. Las figuras que contienen ambos espacios las consideramos en un mismo conjunto que dividimos en dos subconjuntos A y B, el A está ocupado por cazoletas y el B por trazos descendentes (Fig 3. Lám III y IV).

SUBCONJUNTO A

Fig V-A-1 y 2.- Son dos cazoletas, muy próximas, situadas en la parte superior izquierda del espacio estudiado. La realizada a la derecha está algo más elevada llegando escasamente a 1 cm del límite superior; ambas miden  2,4 cm de diámetro y menos de1 cm de profundidad.

Fig V-A-3.- Siguiendo en la parte superior, unos 5 cm a la derecha de la segunda forma descrita hay otra cazoleta de características semejantes.

 Fig V-A-4 y 5.- Unos 3 cm bajo las cazoletas 1 y 2 hay realizada otra algo mayor, de unos 4 cm de diámetro aunque de profundidad parecida.. Tiene muy próxima en su parte inferior derecha una de 9,2 cm de diámetro y más de 2 cm de profundidad.

Fig V-A-6 y 7.- Inferiormente, a 6,3 cm a la derecha se observan dos más; la primera tiene 5,3 cm de diámetro y la segunda 5,2 cm; sus profundidades están próximas al centímetro.

Fig V-A-8.- En la parte media derecha, a 5 cm de la cazoleta 7 hay una de 3,3 cm cuya profundidad es de 0,5 cm.

Fig V-A – 9 – 10 – 11 y 12.- Superiormente a la derecha de la anterior cazoleta, a 7,6 cm, hay realizado otro grupo de cuatro figuras semejantes cuyos diámetros miden 6,6 cm – 3,5 cm – 1,2 cm y 3,8 cm; sus profundidades oscilan desde 0,3 cm de la inferior a algo más del centímetro la de mayor tamaño.

Fig V-A-13.- Pasado un racheado que divide la roca de E a W continúan  las cazoletas. Hacia el N. La primera que puede ser doble, dista del mismo 6,5 cm, se realizó en la parte inferior derecha y a 3,3 cm del límite inferior de la roca; miden 5,2 cm de diámetro y la profundidad es próxima al centímetro.

 Fig V-A-14.- La número 14 está situada superiormente a 8 cm del rachón y 4 cm del límite superior; su diámetro tiene 5,6 cm y la profundidad es de 1,2 cm.

 Fig V-A-15.- Esta cazoleta está 3,8 cm a la derecha de la anterior en realidad son dos cazoletas unidas por un corto pero grueso trazo situado en la parte inferior derecha de la primera y unida a la situada inferiormente por su parte superior izquierda; sus diámetros están en 7,2 cm; la profundidad pasa del centímetro.

 Fig V-A-16-17 y 18.- Entre la cazoleta número 13 y el trazo que une la compuesta número 15 hay otras tres situadas a  3 – 1,7 y 0,7 cm una de otra; sus diámetros miden 4,5 – 4 y 3 cm y las profundidades se sitúan próximas al centímetro.

 SUBCONJUNTO B

Fig V-B-1 y 2.- La cazoleta número 15 fue realizada muy próxima al límite N de la superficie, ya hemos dicho que hacia esa parte el prisma presenta una cara inclinada con un ángulo próximo a los 45º, en ella se realizaron bastante centrados, dos trazos paralelos, fig 1 y 2,  cuyos extremos superiores apuntan las cazoletas y los inferiores el suelo; sus longitudes están en los 16 y 17 cm y la anchura en los 4 cm; la profundidad es escasa, solamente unos milímetros.

 CONJUNTO VI

   Este conjunto se realizó en un nuevo volumen semejante al anterior,  algo adelantado a los descritos y separado 1 m hacia el S. En esta forma prismática se aprovecharon las caras superior y E para realizar un nuevo conjunto de cazoletas y trazos que hemos dividido en dos subconjuntos A y B según la cara que ocupen. La superior mide 63 cm de larga y unos 25 cm de ancha y está dividida por un rachón a los dos tercios de su límite N; la cara que da al E tiene una longitud semejante y su altura es de unos 65 cm. Ambas forman un ángulo de 90º (Fig 4. Lám V).

 Fig VI-A-1.- Es la situada más al S y corresponde a una gran cazoleta oval cuyos ejes miden 14 cm y 22,5 cm, su profundidad es de 9 cm.

 Fig VI-A-2.- Continuando 5,5 cm a la derecha está esta nueva cazoleta que es circular y se realizó con un diámetro de 15 cm siendo su profundidad de 9 cm. A su derecha, en la parte inferior hay una pequeña oquedad de unos milímetros de profundidad y solamente 3 cm de diámetro que podría corresponder a otra forma semejante aunque bastante más irregular; no la reseñamos como figura por no tener seguridad.

 Fig VI-A-3.- Pasado el racheado hay otra cazoleta circular, algo más pequeña; mide de diámetro 9 cm y solamente 2,5 cm de profundidad.

SUBCONJUNTO B

Fig VI-B-1 a 18.- La cara E del prisma está ocupada por trazos pulidos de tendencia vertical que ocupan toda su extensión y están escasamente separados unos de otros. El número de trazos es de dieciocho, divididos por el racheado en dos grupos de catorce y cuatro; su ancho es bastante regular oscilando entre 2,5 cm y 3 cm; las longitudes de izquierda a derecha son: 24,5 – 35,6 – 45,5 – 22,3 – 14 – 48 – 52 – 51,5 – 54,5 – 22,5 – 51 – 59 – 45,5 – 26,6 – 30 – 36 – 40 y 20 cm. Hay que destacar que los números 9 – 10 11 y 12 llegan hasta la arista superior, el resto queda a no más de 5 cm y también la unión intencionada con dos cortos trazos horizontales y próximos situados en la mitad inferior de los números 12 y 13.

 CONJUNTO VII.-  Continuando hacia el N un metro y delante del conjunto V, encontramos un nuevo volumen de granito; como el anterior tiene forma de prisma irregular aunque de marcada tendencia rectangular con sus caras mayores al E y W. La superficie superior mide  aproximadamente 1 m de larga y 13 cm de ancha y en ella se realizaron numerosas cazoletas que pertenecen al subconjunto I; el espacio que mira al E mide algo más del metro de longitud ya que la cara N dobla en plano inclinado de unos 55º; su altura es de unos 55 cm. Se ocupó con trazos – subconjunto B- semejantes a los del conjunto anterior pero en esta ocasión varios se unieron a una cazoleta de la parte superior (Fig 3. Lám III y IV)

SUBCONJUNTO A

      Como ya se ha mencionado está formado por unas dieciseis cazoletas que nos han llegado con una profundidad casi perdida, en torno a 0,5 cm.  Están distribuidas sin orden aparente en el espacio superior; éste se encuentra dividido hacia su mitad por una profunda hendidura en V desde la parte W que llega hasta su centro, siete de ellas se trazaron en el espacio de la izquierda y diez en su derecha.

Fig VII-A-1 a 7.- Las medidas de los diámetros de las cazoletas de S a N y según la numeración del gráfico son: 3 – 5 – 4,5 cm; la cuarta cazoleta es doble y los diámetros de las cazoletas que la forman están en los 3,5 cm; los demás miden 2,5 – 5,5 y 3 cm.

 Fig VII-A-8 a 16.- Las cazoletas situadas a la derecha de la hendidura central, según su número en el gráfico, miden de diámetro 6,5; la novena y la decima están muy próximas y tienen 4 – 4,5cm;  igualmente próximas están la undécima y duodécima de 1,5 y 2 cm; continúan las siguientes con 4 – 3,5 – 4,5 y 4,5 cm.

 SUBCONJUNTO B

     En la cara E se distribuyeron regularmente por toda la superficie trazos rectos de tendencia vertical semejantes a los descritos en el conjunto V y VI; su ancho oscila entre 2,5 y 3 cm; su profundidad media actual es de 0,7 cm y la separación entre ellos oscila entre 6,5 y 1 cm.

    Por razones de orden en la descripción enumeramos primeramente los trazos que están a la izquierda de la hendidura de la superficie superior.

Fig VII-B-1-2-3-4-5-6-7 y 8.- Estos ocho primeros trazos miden de izquierda a derecha: 51,5 – 51 – 28 – 27,5 – 43 – 49,5 – 45,6 y 41 cm; van unidos a la cazoleta superior que los corresponde mediante una prolongación en esa cara los números 1 –2 – 6 y 7; el número 8 se prolongó por la cara superior hasta el vértice de la hendidura.

Fig VII-B-9–10–11–12–13–14 y 15.-Esta númeración comprenden siete trazos situados continuando hacia la derecha hasta una forma arqueada que describiremos más adelante; sus longitudes son: 41,5 – 39,5 – 36,5 –39 – 38 – 35,3 y 28,5 cm; los tres primeros de ellos terminan en el espacio superior aunque sin formar claramente una cazoleta; el cuarto y el quinto rematan en ese tipo de figuras mediante una prolongación.

Fig VII-B-16.- Continuando 2 cm a la derecha se realizó con el mismo acabado una forma porticada realizada con el contorno incompleto de un trapecio de 20 cm de altura, cuya base mayor mide 13,6 cm y superiormente la inferior, que no se trazó, mide 12 cm; en los extremos de está, se realizó un arco carpanel de 5 cm de alto. La figura representa el contorno de una puerta con acabado superior circular.

 Fig VII-B-17-18-19 y 20.- Hacia la derecha de la forma anterior, pasada la forma porticada, hay otros trazos de ejecución y disposición semejantes aunque más cortos; el primero mide de largo 23 cm, los otros tres nos es imposible reseñar sus medidas dado el alto grado de deterioro, pero por lo observado debían ser semejantes.

CONJUNTO VIII

     Este conjunto ocupa un volumen de granito menor y más irregular que los anteriores situado unos decímetros hacia el N, en él solamente se grabó la cara E; ésta se encuentra dividida por un fino racheado desde la parte superior a la inferior, hacia su centro (Fig 2).

Fig VIII–1-2-3-4 y 5.- En la superficie descrita se realizaron cinco trazos de características semejantes a los anteriores aunque más separados. Los dos primero miden de longitud 41 y 44,5 cm y se situaron a la izquierda del racheado; los tres restantes lo hacen a la derecha y se distribuyeroncon tendencia formar una flecha con sus prolongaciones superiores; miden 39,5 – 43,5 y 44 cm.

 CONJUNTO IX

    El soporte lo forma una roca de igual material que presenta dos caras relativamente planas: una hacia el E en forma de trapecio cuya base inferior mide 90 cm,  la superior unos 35 cm y su altura no pasa de los 30 cm; la otra hacia el N es inclinada formando un ángulo de unos 45º (Fig 2).

 Fig IX-1-2-3-4-5 y 6.- En esa cara se encuentran grabados igualmente en U seis trazos , separados como los anteriores y verticales; miden 14 – 18,2 – 19 – 15,2 – 7 y 7 cm.  

 Fig IX-7.- En la cara inclinada que da al N se realizó marcando su altura un único trazo de 37 cm y de características semejantes a los demás.

5. RELACIONES

      La figura correspondiente al conjunto I tiene una gran semejanza con algunos grabados peninsulares y extrapeninsulares (Martínez, 2003), el parentesco más cercano conocido por nosotros esté en algunos petroglifos gallegos, destaquemos los de Eira dos Mouros, en San Xurxo de Sacos, Cotobades, Pontevedra, fig 5  (García, 1963) donde pierde su individualidad pues está acompañado de cruciformes de igual longitud de brazos,  otros de forma latina con círcunferencias en su base, numerosos cuadrados etc, todo ello en yustaposición desordenada. También puede considerarse relacionable con el realizado en Petra Escorregadeira da Reposeira, en Campo, fig 6 (Sobrino, 1935), donde se encuentra acompañado de circunferencias y cuadrados de vértices redondeados con cruces griegas inscritas.

     La única figura del conjunto II encuentra también paralelismos en tierras gallegas donde acompaña a variadísimos motivos: trazos, cruciformes, laberintos, círculos concéntricos, svásticas, estelares, serpentiformes etc, vale como ejemplo el grupo I de Portela da Laxe, Viascón en Cotobade, Pontevedra, fig 6 (García, 1963). Igualmente ocurre con las circunferencias de tamaño semejante aunque de línea más estrecha y otras, con marcado punto central; a nuestro entender pueden considerarse simplemente una variedad del mismo signo y según las formas a las que acompañen  pueden tener un significado u otro aunque también pueda tratarse de un solo contenido con diferentes matizaciones. Según lo señalado no ayuda a fijar una cronología por su diverso y largo empleo.

    El conjunto III, realizado con orden lineal, tiene mayor variedad de signos. Los dos primeros nos han llegado muy deteriorados por lo que no se pueden relacionar; el tercero es una forma en U y también tiene su paralelismo entre los trazos gallegos, concretamente en uno de los grabados de Borna, Santa Olalla de Meira en Moaña, Pontevedra donde se asoció a cruciformes y puntuaciones, fig 6 (García, 1963).

      Continuamos hacia la derecha con dos signos circulares que hemos visto como por el momento sus contenidos son imprecisos. Parte de sus variadísimas relaciones las hemos enumerado al tratar la única figura del conjunto II, en el caso que nos ocupa, su asociación al signo U implica una nueva relación y por ello debemos alejarle de los trazos similares que acompañan a algunos serpentiformes realizados en ortostatos dolménicos; por esto su cronología debe ser mucho más reciente.

      Inmediatamente a la derecha está la roca que contiene en su cara E al conjunto IV; recordemos que estaba constituido por un doble cruciforme centrado con una forma en Z en la extremidad superior derecha y un círculo entre los trazos superior e inferior de su parte izquierda. El conjunto, a primera vista, puede considerarse una nueva versión de las estelas del SW ya que representa a un guerrero con sus armas; es comparable a la que descubrimos en Almoroquí (Beltrán, 1973), sin embargo algunos detalles técnicos nos hacen desechar  que pertenezca a ese grupo de monumentos. Le alejan el soporte, la tosquedad y la profundidad de su grabado. La distribución centrada en la superficie que ocupa es solo comparable a la mencionada estela de Madroñera, Cáceres –también discordante de las demás en este sentido-; el arma que porta es un claro símbolo que posiblemente represente al rayo, cuestión insólita en aquellos monumentos; tampoco el esquema utilizado para la representación humana, doble cruciforme es propio de esas estelas; ni la representación del escudo es tan simple ya que se suelen grabar varias circunferencias concéntricas frecuentemente acompañadas de escotadura en V. Como hemos apuntado, a pesar de todo esto, no deja de ofrecer algunas dudas debido a que el contenido general que muestra es propio de la mayoría de las estelas del SW: guerrero, arma ofensiva y arma defensiva.

         Los conjuntos restantes realizados en este collado están formados por diferentes cazoletas y los trazos a ellas asociados para los que hemos encontrado paralelismos localizados en dos zonas: una, no muy amplia, del centro-este de Extremadura; la otra, en plenos Pirineos, no nos es conocida de primera mano por lo que no debemos realizar su estudio (Abelanet 2003) y (Canturri 2003).

        Su forma de múltiple representación tiene gran semenjanza con el conjunto II del grabado de Boticijos en Torrecilla, presentado por esta razón en este mismo trabajo; también ofrecen relación con aquellos otros en los que estos signos –cazoletas y trazo asociado- están presentes aunque sea de forma testimonial; el mismo Boticojos ofrece otros conjuntos con esta característica, también Tejadilla XI en Aldeacentenera y Valdehonduras en Santa Marta de Magasca (Rubio, 2000 y 2001).

     No podemos olvidar la representación en forma de puerta que nos ofrece la figura 16 del conjunto VII, introduce un tema novedoso y en cierto aspecto discordante con los otros conjuntos que nos tienen acostumbrados a la representación de algún tipo de primitiva arma metálica, lo que facilita su cronología.

6. EL ENTORNO ARQUEOLÓGICO

     Hacia el W, pasado el murete que deslinda las fincas, hay restos caracterizados por un gran amontonamiento de piedras relativamente pequeñas que no parecen indicar orden ni estructura alguna pero que por su gran cantidad y volumen denotan falta de naturalidad en el contexto y pienso que deberían ser objeto de un primer estudio.

        Más arriba en el cerro, se encuentran los restos de un poblamiento. No hemos tenido suerte a la hora de observar en él cerámicas que presenten marcadas carácteristicas de una época determinada; se encuentran en bastante número en su ladera N y alguna de ellas pueden apuntar incluso un pasado neolítico, en el resto predominan las escasamente tipificables que, se confunden incluso con las de épocas históricas faltando los fragmentos de borde y decorados lo que indica una ausencia anómala..

        Algo alejado hacia el N está la cueva de Atambora  en Zarza de Montánchez, que arroja escasas pero muy interesantes cerámicas del Bronce (González 1985). En la misma dirección pero más al E se encuentra el poblado del Bronce Final de Robledillo de Trujillo con indudables muestras de cerámica de esa época (Calzado, s/f). Hacia el W, en el batolito montanchego hay numerosos restos prehistóricos esparcidos en abrigos poco profundos y poblamientos al aire libre (González 1985). Hacia el S son varios los restos calcolíticos esparcidos en las Vegas Altas (Enríquez, 1990).   Es también una zona donde están presentes las estelas del SW con ejemplares cercanos en Almoharín, Zarza de Montánchez e Ibahernando entre otros.

      En resumen, a pesar de no existir estudios profundos de los yacimientos cercanos, se puede afirmar que estos grabados ocupan un lugar geográfico situado en una zona privilegiada arqueológicamente hablando y que, desde el Neolítico hasta época histórica, este espacio presenta numerosos restos con los que poder relacionarlos.

 7. CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

        En un intento de adentrarnos en los contenidos de estos monumentos diremos que por las relaciones aportadas son al menos de dos épocas. Como se ha visto, los conjuntos I, II, III y IV presentan unos signos facilmente asociables con algunos petroglifos gallegos y alguno de ellos están presentes a veces en conjuntos con ambiente cristianizante. Es cierto que los cruciformes, círculos y algunas asociaciones de formas a ellos próximas pueden ser también propios de la pintura esquemática o del megalitismo pero la asociación al signo en U en el collado y éste a cruces latinas latinas en los gallegos dejan pocas dudas sobre su interpretación y cronología histórico-cristiana (García, 1963). Iguales conclusiones pueden servirnos para el resto de los trazos que les acompañan en esos conjuntos.

       Una atención especial merece el conjunto IV. De todo lo enumerado sobre él se deduce que lo más probable es que esta representación, situada en un lugar algo más elevada que las anteriores por su elevación, no se corresponda con la cronología de las estelas del SW a pesar de tener su mismo contenido general. Un guerrero eminente que, en nuestro caso es dominador del rayo, lo que le confiere un carácter sagrado; la representación del círculo de la derecha tal vez al Sol aluda al Sol como escudo completando así el más potente armamento imaginable. Ciertamente parece la representación de un Dios guerrero, portador de un arma potente y letal: el rayo y protegido por un impenetrable escudo: el disco solar.

         Estas cuestiones no son extrañas a las pasadas oraciones cristianas, llamadas Trisagios, sobre todo en ambientes rurales cristianos Hace 50 años debían rezarse cuando había tormentas, en ellas se invocaba a Dios como señor de esos fenómenos naturales. Recordemos como las coronas radiantes que ornamentan determinadas imágenes son una directa alusión solar.  

      Como ya se ha apuntado, debemos suponer una imprecisa época histórica cristiana para  momentáneamente ir fijando su cronología.   

      A los conjuntos formados por cazoletas y trazos rectos asociados les venimos dando contenidos cósmicos relacionados con el mundo estelar del que los trazos serían una proyección terrestre. En el caso del conjunto VII la representación de la puerta podría indicarnos idealmente la entrada y salida a un volumen hueco -una vez más simbólico-; en la parte superior del mismo están los cuerpos representados por las cazoletas de las que se desprende –¿alguna forma de energía?- hasta llegar a la Tierra. Con esta interpretación toda esta pequeña roca debía adquirir para sus coetáneos el valor, tan actual, de vivienda terrestre globalizada. 

         Cronologicamente debemos situarlos en un abanico que iría desde el Calcolítico Final hasta el Bronce Medio; dentro de este periodo de tiempo nos inclinamos por una época temprana debido a la ausencia de representación de armas de bronce, sobre todo hojas y alabardas que acompaña al resto de los grabados en que estos motivos están presentes -Boticojo, Valdehonduras y Tejadilla XI-. Los ahora estudiados serían los más antiguos del grupo. 

         Obsérvese que no existe un intento de destrucción de los signos primitivos y por lo tanto debemos suponer un respeto hacia sus misteriosos contenidos, tal vez por que eran sabedores o al menos intuía aspectos poco dispares en los mismos.

 APÉNDICE GRÁFICO  II, COLLADO DE SAN CRITÓBAL

 1lam1

Lámina I.- Collado de San Cristóbal, conjuntos I al IV

1lam2

Lámina II.- Collado de San Cristóbal, conjunto VII

1lam3

Lámina III.- Collado de San Cristóbal, conjunto VI

Collado de S Cristóbal Fig 1

Figura 1.- Collado de San Cristóbal, conjuntos I, II y III

Collado de S Cristóbal Fig 2

Figura 2.- Collado de San Cristóbal, conjuntos IV, VIII y IX

Collado de S Cristobal Fig 3

Figura 3.- Collado de San Cristóbal, conjunto VII

Collado de S Cristóbal Fig 4

Figura 4.- Collado de San Cristóbal, conjunto VI

Collado de San Cristóbal Fig 5

Figura 5.- Grabados de Eira dos Mouros, San Surxo de Saco, Cotobade y de Borna, Santa Olalla de Meira, Moaña (Galicia)

Collado de San Cristóbal Fig 6

Figura 6.- Collado de San Cristóbal.- Detalle del grabado de Laxe, Viacón, Cotobade, Galicia y grabado de la Petra Escorregadeira da Reposeira, Campo (Galicia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ene 052014
 

     Manuel Rubio Andrada.

 LOS  GRABADOS  RUPESTRES  DE  BOTICOJO, TORRECILLA  DE  LA  TIESA (CÁCERES)                                                                   

      El conocimiento de este monumento y su posterior estudio ha sido posible gracias a las facilidades que nos han proporcionado los señores D. José Durán y Sra, actuales dueños de la finca donde se encuentra el monumento, les expresamos con estas líneas nuestro agradecimiento.

1. LOCALIZACIÓN Y GENERALIDADES

     Estos grabados están en el término de Torrecilla de la Tiesa y se sitúan  en el mapa 1/50000, hoja número 680, denominada Aldeacentenera, 1ª edición del Instituto Geográfico y Catastral, Madrid; en un punto muy próximo al formado con una latitud de 39º 33´ 40´´ y 2º 01´ 45´´ de longitud W con respecto al meridiano de Madrid.

     Los grabados de Boticojos están situadas en la margen derecha de un pequeño arroyo, muy cerca de su nacimiento, junto con otros cursos próximos forman el  del Charco de las Lavanderas, afluente del río Tozo en el que desemboca poco antes de llegar a la autovia de Extremadura. Su distancia a esa población es de 1,7 km y se sitúa a unos 200 m  de la carretera, en su parte izquierda y en sentido de la Aldeacentenera.

     El terreno en general es muy plano y poco profundo; está formado por pizarras y arcillas –propio de la penillanura Cacereño- Trujillana-; no obstante, en las proximidades del arroyo, se observa una mayor profundidad y tonalidad ligeramente rojiza, son también abundantes las rocas de cuarzo muy fragmentadas. Actualmente se encuentra desforestado siendo explotado con agricultura de secano y pastoreo; la caza escasea y es notable la presencia temporal de avutardas en las inmediaciones.

2. El SOPORTE

      La roca que les sirve de soporte es una pizarra de color gris oscuro bastante dura; en el E ofrece superficies lisas y discontinuas en diferentes planos que se sitúan a derecha e izquierda, de una mayor rectangular. Esta mide 73 cm de ancha y 100 cm de larga y es bastante irregular en su límite exterior; el plano que ofrece está inclinado de E a W con un ángulo de unos 30º con respecto a su lado mayor.

       La apariencia externa de la roca, toda ella cubierta de líquenes de variados tonos grises, poco destaca de las demás del entorno; ofrece, como las otras, superficies picudas trucadas en su mayoría; a veces en el límite del suelo o cerca de él hay este tipo de superficies planas, posiblemente logradas por el desprendimiento de la parte superior de un racheado natural que en posición natural,  a veces presenta la roca.

3. METODOLOGÍA

        La naturaleza de los trazos, en general rectas y semiesferas, facilita su descripción; la dificultad surge al intentar describir su situación en el plano ya que, al no corresponderse su distribución con las coordenadas geográficas habituales debemos recurrir a otras. Para fijar estas debemos  intentar acercarnos a las  que el autor utilizó en el ordenamiento de su trazado ya que al realizar los necesarios movimientos de vaivén se colocó en general, dando su frente a los lados mayores –E y W- del conjunto mayor, la línea correspondiente a este movimiento es nuestro eje vertical y la perpendicular a éste trazada en la base es la otra coordenada. Prescindimos de este eje horizontal en la enumeración pues no nos sirve de mucho ya que no necesitamos situar las formas matemáticamente en el plano pues los dibujos y fotografías nos facilitan seguir y completar la descripción.

      Por simplificar, los trazos que parten de las cazoletas los denominamos maestros enumeramos con el mismo dígito que éstas;  los trazos próximos a ellos nos ha llevado a considerar un apartado en cada figura que denominamos “trazos accesorios ” por dar la impresión que dependen de los primeros.

 4. LOS GRABADOS    

 4.1 CONJUNTO I

      En general los trazos utilizados son pulidos en V. Se situó en la parte izquierda del conjunto mayor a 1,55 m y ocupa una pequeña superficie lisa que allí ofrece la roca. Consta de tres figuras agrupadas y próximas (Fig 3).

Fig I-1.- Es la primera por la izquierda y corresponde a un ángulo algo mayor de 90º con abertura superior izquierda; el lado de esa parte pasa ligeramente de la vertical W-E unos 15º,  se encuentra grabado con intensidad y mide 10 cm ; el otro lado del ángulo es más fino y tiene 14 cm de longitud. Próximo a la bisectriz aunque ligeramente elevado hay otro de 7 cm.

FIG I-2.- Hacia el centro del espacio angular inferior que determina la bisectriz, hay  dos nuevos ángulos rectos adyacentes con abertura hacia la parte superior izquierda; están formados por una línea de 6 cm y la perpendicular a ella de sólo 2,5 cm y trazada a 1 cm de su extremo derecho.

 FIG I-3.- Hacia el E, a 33 cm, hay  una línea de 12 cm cercana a la posición N-S.

 4. 2. CONJUNTO II

Corresponde al realizado en el mayor espacio rectangular casi todo él con trazos de tendencia recta y cazoletas; estas últimas se realizaron por lo general en la parte E, en un plano horizontal, cerca del límite normal de la roca aunque hay algunas que se desplazaron hacia el centro del espacio. Éste se encuentra dividido de este a oeste por un tosco racheado  que divide las formas en dos subconjuntos bien delimitados (Fig 1. Lám I).

 SUBCONJUNTO II-A. Hacia esa parte izquierda, en la superficie que encierra el  racheado, se encuentran grabadas tres cazoletas acompañadas de trazos, algunos parecen partir radialmente de ellas y otros completan el espacio sin otra relación que la dirección y proximidad a las formas mencionadas.

 Fig II-A-1.-   Corresponde a una cazoleta situada en la parte central derecha de este espacio; tiene de diámetro 4,5 cm y su profundidad es de 0,5 cm. De ella sale con un ángulo de unos 25º, un trazo de 12,5 cm hacia la parte opuesta al observador.

Trazos accesorios a la figura II-A-1

Fig II-A-1-a.Hacia la izquierda del trazo enumerado se realizó otro de 16 cm confluyendo con el anterior en su extremo superior, el otro extremo fue realizado a 5,5 cm de la cazoleta.

Fig II-A-1-b. Otro segmento de 8 cm se situó entre ambos y ocupa una posición muy próxima a la bisectriz; su extremo superior se detiene a unos milímetros del vértice. Entre estos tres trazos se puede observar el contorno de una alabarda reforzada.

Fig. II-A-2.- Esta cazoleta mide 4 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad; está situada en la parte inferior izquierda del espacio.

     En su parte superior hay realizados cinco trazos. El primero por la izquierda mide 18 cm de largo y marcha en sentido superior desviado hacia la izquierda unos 20º, llega hasta la zona media de este espacio. El segundo por esa parte mide 36 cm, es más grueso y profundo; su extremo inferior parte de la cazoleta con un ángulo de unos 10 o 15º, hacia la mitad del espacio dobla hacia la derecha con el fin de confluir superiormente con los trazos de la cazoleta anterior II-A-1 deteniéndose como ellos unos milímetros. Continúa inmediato por la derecha un tercer trazo vertical de 21 cm, su extremo inferior parece detenerse unos centímetros antes de coincidir con el segundo al salir la cazoleta. El cuarto y quinto trazos miden 16 y 12 cm de largo y sus extremos inferiores salen unidos del cuadrante superior derecho de la cazoleta; el situado más a la izquierda parece vertical y su compañero se desvía superiormente a la derecha con un ángulo de unos 20º.

 Fig II-A-3.- Tiene esta cazoleta de diámetro 2,5 cm y de profundidad 0,3 cm; se situó en la parte inferior derecha de este espacio.

       Dos nuevos trazos parten hacia la zona superior. El situado más a la izquierda mide 20 cm, es el más grueso y profundo, se dirige hacia la parte superior izquierda en un ángulo de cerca de 40º. El segundo trazo mide 14 cm, es próximo a la vertical y su extremo superior fue desviado unos milímetros para no cortar a la parte derecha de la cazoleta superior.

 Trazos accesorios a la figura II-A-3

Fig II-A-3-a.- Es un trazo de 9 cm situado en posición paralela del trazo izquierdo de esta cazoleta y a 2,5 cm de su zona media superior.

 Fig II-A-3-b.- Corresponde a un trazo  fino de 5 cm, paralelo al segundo de la cazoleta número 3 y situado a 1,5 cm de su parte superior izquierda.

 Fig-II-A-3-c.- Mide 11 cm, se dispuso en posición vertical y se situó en la zona media, a la derecha.

 Fig II-A-3-d.- En la mitad del espacio situado entre las cazoletas 2 y 3 fue realizado con una inclinación derecha de unos 15º un trazo que mide 9 cm; parte inferiormente de la misma base que sirvió de referencia para realizar la mayoría de las cazoletas.   

 SUBCONJUNTO II-B

Está situado a la derecha del anterior sobre una superficie completamente lisa, pasado el racheado natural que sirve de separación de estos dos subconjuntos –ya mencionado-. Un fino racheado la divide de izquierda a derecha cerca de su zona media aunque no llega al extremo de esa parte, éste no ha influido aparentemente en la distribución de las formas por lo que puede suponerse originado por algún movimiento orogénico posterior. Comenzamos su catálogo desde la parte superior a la inferior y de izquierda a derecha.

Fig II-B-1.- Esta figura está formada por una cazoleta muy superficial, de tendencia oval, situada cerca del límite derecho de su zona media; mide de diámetro unos 4,5 cm y su escasa profundidad esta cerca de 0,3 cm.

     De su parte superior salen dos trazos que traspasan el racheado mencionado; el situado más a la izquierda tiene 26 cm de largo y se realizó con un ángulo superior izquierdo de unos 20 º; el otro, de igual longitud, comienza más a la derecha y ronda la vertical. La cazoleta posee inferiormente otro trazo de 10 cm, realizado a partir de su zona inferior derecha con un ángulo de unos 30º en la parte superior izquierda.

 Trazos accesorios a la figura II-B-1

Fig II-B-1-a.- Es un segmento de 14,5 cm situado a 5 cm del límite izquierdo superior del conjunto y paralelo, a 7 cm, del trazo mencionado en esa misma parte de esta figura.

 Fig II-B-1-b.- Corresponde a un trazo de 11 cm paralelo al anterior y situado 4 cm a su derecha; tiene el extremo superior muy cerca del fino racheado central.

 Fig II-B-1-c.- Este nuevo trazo tiene 8 cm y se situó 2 cm a la derecha del realizado en la misma parte superior de la cazoleta; fue trazado con un ángulo superior de unos 20º  y está a 4,3 cm del trazo maestro; el inferior roza la parte superior del racheado central.

 Fig II-B-2.- Esta nueva cazoleta mide 3,5 cm de diámetro y su profundidad es escasa, 0,2 o 0,3 cm y presenta un mal acabado; se situó a un par de centímetros a la derecha de la anterior, algo elevada hacia el E. Posee en su parte inferior un trazo de 12 cm realizado con un ángulo superior izquierdo de unos 20º.

 Fig II-B-3.- Corresponde a una cazoleta de unos 4 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad situada en la zona media y a unos 5 cm del límite izquierdo.

     Tiene dos trazos maestros en su parte superior: el mencionado anteriormente cuyo extremo superior parte de la cazoleta B-2 y otro de 31,5 cm que parte a la derecha de aquel en una posición cercana a la vertical. Inferiormente tiene otro de 10 cm, situado hacia la derecha y con un ángulo superior izquierdo quizás menor de 20º; su extremo inferior termina en una pequeña cazoleta secante de otra por su derecha.

 Trazos accesorios a la figura II-B-3

Fig II-B-3-a-b-c-d y e.-  La línea a está situada en la parte inferior derecha de este gran espacio, a 4 cm de su límite izquierdo y mide 5,5 cm de larga; su posición es ligeramente inclinada hacia la izquierda con un ángulo superior de unos 20º. La b mide 11 cm y es paralela a 1,4 cm a la derecha de la anterior. La línea  c mide 4,3 cm y se situó a su derecha; el extremo superior está muy próximo a la zona media del trazo b. Hacia la derecha superior continúa una zona en la que se ven peor los trazos, el d mide 9 cm y su extremo superior dista 2,5 cm del extremo de esta parte del b, su ángulo de trazado es algo mayor rondando los 40º. A su derecha está el e, también de 9 cm y algo más elevado que el anterior, su extremo superior está a 4 cm del d y el inferior a 3 cm siendo el ángulo superior algo inferior. Le trazo e mide 12,5 cm y está en la parte superior, escasamente a 1 cm a la derecha del trazo vertical de la cazoleta y muy cerca del extremo W de la superficie; mide 12,5 cm

Fig II-B-4.- Corresponde a una cazoleta que tiene de diámetro 3 cm y 0,8 cm de profundidad, está aislada muy cerca del límite E de la roca y a 11 cm del S.

 Fig II-B-5.- Esta figura está compuesta por dos cazoletas unidas longitudinalmente, la situada a la derecha mide de diámetro 2,5 cm y de profundidad 0,3 cm; la de la derecha es algo ovalada y tiene un eje mayor de 4,5 cm y 0,3 cm de profundidad.

     De la cazoleta enumerada en primer lugar parte un trazo maestro hacia la número 3 – ya descrito-; de la oval sale otro de 31,5 cm en posición próxima a la vertical y hacia su mitad sufre una ligera flexión hacia el lado derecho.

Trazos accesorios a la figura II-B-5

Fig II-B-5-a-b-c-d-e-f y g.- La línea a es un grueso trazo de 8 cm de longitud realizado con un ángulo hacia la izquierda próximo a los 20º, fue situado superiormente a 5,7 cm de la unión de las cazoletas. La forma b es una línea  de 5,5 cm, paralela a la anterior y situada superiormente a la misma; los extremos inferiores de ambas distan del trazo superior de la cazoleta, aproximadamente 0,5 cm. El trazo c mide 24,3 cm, es de tendencia vertical aunque la parte correspondiente a la zona superior del fino racheado  se realizó algo desviada hacia la derecha; dista del trazo de la cazoleta un par de centímetros. Este trazo tiene muy cerca de su extremo superior, en la parte derecha y verticalmente, otro muy fino de 7,4 cm, es la figura d. Las formas e y f  son dos paralelas horizontales de 2 cm, muy tenues, situadas  2,5 cm una encima de la otra y muy próximas al extremo superior de la línea d. El trazo g tiene unos 28 cm y es paralelo por la derecha -a 1,7 cm- del trazo que sale directamente de la cazoleta número 3.

 Fig II-B-6.- Corresponde esta figura a una doble cazoleta, la de la izquierda se une en el cuadrante inferior izquierdo de la derecha. La izquierda tiene 4 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad, la formada a la derecha es algo mayor ya que tiene 4,5 cm de diámetro y 1 cm de profundidad.

 De la enumerada en primer lugar sale un trazo en sentido izquierdo con una ángulo superior próximo a los 35º, mide 42 cm de largo; a los 17 cm dobla hacia la vertical. La otra cazoleta, la mayor, presenta en su cuadrante superior izquierdo dos trazo: uno de 13 cm en sentido parecido al mencionado aunque con un ángulo próximo a los 45º; otro, el trazo mayor, mide 57 cm de largo, 3 cm de ancho y 2 cm de profundidad, fue realizado en la parte central superior de la cazoleta y sale con una desviación izquierda de 35º pero, hacia su mitad se curva, parece que con la intención de lograr la vertical cuestión que alcanza en los últimos centímetros.

 Trazos accesorios a la figura II-B-6

Fig II-B-6-a-b-c y d.- El trazo a mide 7,5 cm y está situado 2,5 cm a la derecha del primer trazo de la izquierda. Entre los trazos central y derecho hay uno, el b, de 5,5 cm con una inclinación izquierda de unos 40º; su extremo superior se detiene unos milímetros antes de llegar al central, exactamente a 4 centímetros de su extremo superior. El trazo c tiene 16,5 cm, parte de la zona media central y continúa con tendencia paralela al trazo mayor -el situado a la derecha-, su extremo superior corta al izquierdo pocos centímetros antes de llegar al fino racheado de la zona media superior. El segmento d es muy fino y solamente tiene 3,5 cm, su extremo inferior está situado en la zona media, a la derecha del c, y el superior a 0,5 cm del gran trazo.

 Fig II-B-7.- Esta figura presenta diversas excepciones a tener en cuenta: una característica es su pequeñez, tiene 1 cm de diámetro y  sólo 0,3 cm de profundidad; otra es su situación ya que está próxima al límite W -solamente a 9 cm-. La distancia al  trazo maestro por la derecha de la gran cazoleta B-6 es de 1,8 cm.

     Sale de esta cazoleta en su parte inferior dos trazos, el situado más a la izquierda tiene 26 cm y lo hace con un ángulo superior izquierdo de unos 20º para doblar en sus 5,5 cm inferiores hacia la derecha en ángulo próximo a los 45º. Más a la derecha la pequeña cazoleta tiene otro trazo de 14,5 cm y se dirige en dirección parecida ya que su ángulo es de 30º.

 Trazos accesorios a la fig II-B-7

Fig II-B-7-a-b-c-d-e y f.- La línea a corresponde a un trazo de 6 cm que ocupa la zona central del espacio situado entre el gran trazo de la figura II-B-6 y el situado más a la izquierda de la figura II-B-7; su ángulo de inclinación superior izquierda es de unos 25º. El trazo b es muy fino, tiene 7,5 cm y se situó unos milímetros a la derecha del segundo de la cazoleta B-II-7. El c mide 6 cm y es igualmente fino, está situado 1 cm a la derecha siendo paralelo al b. El trazo d es más grueso y también paralelo a los dos anteriores; mide 8,7 cm y se separó 1,5 cm; su extremo superior se realizó a la misma altura que la pequeña cazoleta. El segmento e mide 5,5 cm y se hizo superiormente a los mencionados con un ángulo superior izquierdo de 45º. El trazo f mide 28 cm, sus 16 cm inferiores parten en sentido vertical después flexiona hacia la izquierda para terminar en ángulo de 15º con la vertical. Su extremo superior dicta 5,5 cm del límite E de la superficie y 8 cm a la derecha del gran trazo de la fig II-B-6.

 Fig II-B-8.- Esta figura está formada por una gran cazoleta de 4,5 cm de diámetro y 1,5 cm de profundidad; se situó en la parte superior derecha, a 3,3 cm de la anterior.

        En su límite superior central la cazoleta tiene dos trazos separados unos 36º. Ambos tienen una angulación superior cercana a los 15º pero en sentido diferente; el de la izquierda mide de 10 cm y se inclinó hacia esta parte; el de la derecha tiene 43 cm y se hizo hacia ese mismo lado, éste último es también muy ancho y profundo, ambas medidas están próximas a los 2 cm.

 Trazos accesorios a la figura II-B-8.

Fig II-B-8-a-b-c-d-e-f-g y h.- El trazo a mide 22 cm y se realizó muy cerca del extremo superior del trazo descrito en primer lugar en la fig B-II-8, se extiende hacia la parte superior derecha en ángulo superior de  unos 20º. El b tiene 12 cm y es paralelo al primer trazo maestro mencionado en la cazoleta. El c es paralelo al a y situado en la zona media entre éste y el segundo de la cazoleta, mide 15,5 cm y tiende a equidistar de ambos. El segmento d tiene 13,6 cm y se realizó superiormente con un ángulo  izquierdo de unos 40º. El e tiene unos 6 cm y es perpendicular por el centro izquierda al d confluyendo en ese punto también con el a y formando además con él otros dos ángulos adyacentes. El f  tiene 5 cm, es de tendencia paralela a la derecha del a  y corta al e no perpendicularmente formando inferiormente dos nuevos adyacentes. La figura g es una forma triangular de marcada tendencia isósceles ya que sus lados mayores miden 6 y 5,7 cm, ambos forman un ángulo próximo a los 23º en disposición SW; el tercer lado mide poco más de los 2 cm; se situó a 6,2 cm del límite W de la superficie.

Fig II-B-9.- Esta cazoleta se situó a 9,8 cm del límite E y a 5,3 cm a la derecha de la cazoleta B-II-8. Tiene 3,55 cm de diámetro y 1 cm de profundidad.

     En su cuadrante inferior izquierdo se realizaron dos trazos: el situado superiormente a la izquierda, mide 7 cm de largo; el que ocupa el lugar inferior tiene 9 cm y ambos presentan una angulación de 45º.

 Trazos accesorios a la fig II-B-9

Fig II-B-9-a y b.- En la zona central comprendida entre los extremos inferiores de los dos trazos descritos se realizaron dos pequeños perpendiculares: el trazo a mide 5 cm es de tendencia vertical y está situado a la izquierda;  en su centro por la derecha corta al b que mide 3,2 cm, ambos forman dos adyacentes.

 Fig II-B-10.- Esta figura está formada por una cazoleta que mide de diámetro 3 cm y tiene una profundidad de 0,9 cm; se situó 2,8 cm a la derecha de la cazoleta B-II-8. Tiene un trazo de 31,5 cm realizado en posición vertical en el centro de su parte superior.

 Fig II-B-11.- Corresponde a una cazoleta de 3 cm de diámetro y 0,9 cm de profundidad, está situada en la parte superior derecha a 2,7 cm. Un trazo de 31 cm fue realizado en su límite superior, éste es paralelo al realizado en la B-II-10 en sus 18 primeros centímetros para ambos doblar levemente hacia la convergencia superior con el segundo de la cazoleta II-B-8.

 Trazos lineales anexos a la fig II-B-11

Fig II-B-11-a-b-c-d y e.- Estos trazos son muy finos y se situaron en la parte superior derecha, a 1 cm, del trazo mencionado en esta cazoleta, justo donde el mencionado segmento dobla a izquierda; a excepción del situado más a la derecha, son paralelos al mismo y por tanto también entre ellos; la distancia que los separa es de un par de milímetros. El primero por la izquierda es el a que mide 3 cm; le siguen el b y el c con 1 cm; el d tiene unos 6 cm y continúa unos milímetros más a la derecha; finalmente el segmento  e está inclinado hacia la izquierda unos 20º y mide 3 cm; su extremo superior roza por el centro derecha al d a 3 cm de su extremo superior.

 Fig II-B-12.-Corresponde a una pequeña cazoleta de poco más de 1 cm de diámetro y escasa profundidad, situada a 3 cm del extremo superior derecho del trazo correspondiente a la cazoleta B-11.

 Fig II-B-13.-Esta cazoleta fue realizada a 2,3 cm a la derecha de la número B-II-10; mide de diámetro 4 cm y 0,7 cm de profundidad. Tiene un trazo de 39,5 cm en la parte superior siendo paralelos a los maestros realizados en las B-II-10 y B-II-11; su extremo superior dobla ligeramente hacia la izquierda los últimos centímetros.

 Fig II-B-14.- Esta nueva cazoleta nos ha llegado muy tenue, tiene 2,5 cm de diámetro y unos milímetros de profundidad; se situó 2,3 cm inferiormente a la B-II-13. Esta  cazoleta se acompañó de un pequeño trazo de 5 cm desprendido inferiormente con un ángulo de 45º hacia la parte inferior izquierda.

Fig II-B-15.- Es la última cazoleta descrita en este subconjunto; mide 4 cm de diámetro y 0,8 cm de profundidad, se situó a 1,3 cm en la parte superior derecha del trazo correspondiente a la cazoleta B-II-13 y a unos centímetros del límite N de este espacio.     Un trazo de 33,3 cm fue realizado en su parte superior, también de tendencia paralela a los de las B-II-10 – 11 y 13; sus 12 últimos centímetros de la parte superior doblan hacia la izquierda.

 Trazos lineales anexos a la figura II-B-15

Fig II-B-15-a-b-c-d-e-f y g.- El trazo a es de tendencia vertical y paralela al anterior, mide 12 cm y se situó 1,2 cm a su derecha en el comienzo de la mitad superior. El b se situó 1,6 cm a la izquierda del trazo maestro, en la zona central alta y mide 9,5 cm. El segmento c es muy fino y tiene 6 cm, se situó a 3 cm de la parte superior de la cazoleta cazoleta cortando al segmento maestro, fue realizado con un ángulo superior izquierdo de unos 75º. El d mide 6 cm, fue realizado con un ángulo izquierdo de unos 45º y se situó próximo por la derecha del maestro. En la parte inferior derecha de la cazoleta se trazaron los tres trazos que restan. El e mide 8 cm, su extremo superior está a 1,4 cm a la derecha de la cazoleta siendo paralelo a los mencionados en las cazoletas de esta parte. Bajo él está el f que mide 9 cm y trazado con una angulación superior derecha de unos 38º; su parte izquierda central está a escasamente 1 mm del extremo inferior del e. Finalmente el g mide 8 cm y fue realizado con un ángulo superior de unos 15º; está situado unos milímetros a la derecha de los dos anteriores.

 4. 3. CONJUNTO III

   Este nuevo conjunto se situó en una pequeña superficie contigua por la derecha inferior, en el mismo plano horizontal que se realizaron las cazoletas. Esta nueva superficie presenta también tendencia rectangular, tiene de largo 25 cm y de ancho 15 cm estando igualmente alisada y limitada por rachones naturales; su sentido longitudinal está próximo al N-S (Fig 3. Lám II).

 Fig III-1.- Este número corresponde a un trazo de 4 cm realizada con un ángulo superior derecho de nos 40º; se situó a 1 cm del límite S de esta superficie.

Fig III-2-3-4-5-6 y 7.- El número 2 es otro trazo de 9,5 cm, realizado en dirección próxima a la vertical y cuya zona central esta situada un par de milímetros a la derecha del extremo superior del trazo 1. El número 3 mide 9 cm, fue realizado con tendencia paralela 0,7 cm a la derecha del anterior estando sus extremos superiores al mismo nivel. La línea número 4 mide 13,4 cm, tiene un ancho de 1 cm y una profundidad semejante y esta situada 1 cm a la derecha de las anteriores siendo también paralelas; comienza 2 cm por encima de las dos anteriores. Continúa a la derecha un nuevo segmento, el número 5, que mide 5 cm y es también paralelo. El trazo número 6 mide 10 cm y es igualmente vertical. El 7 mide 7 cm y se realizó inclinado hacia la izquierda con un ángulo de 45º, parte del extremo superior del trazo anterior y forma con él un ángulo de unos 45º en la parte inferior derecha.

 Fig III-8.- Esta figura es un cruciforme cuyo grueso brazo vertical mide 7,8 cm y el horizontal 8,2 cm, ambos se cortan a 2,2 cm del extremo superior. En los dos ángulos inferiores que determinan se realizaron cuatro segmentos de 7 , 5, 5,5 y 6,2 cm que tienden a determinar cuatro ángulos agudos de unos 20º.

Fig III-9.- Esta figura corresponde a una pequeña cazoleta de 3 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad, fue situada 1 cm más abajo del extremo inferior del cruciforme.    Un trazo de 6,2 cm fue realizado desde el cuadrante inferior izquierdo de la cazoleta formando un ángulo con la vertical próximo a los 45º.

 4.4. CONJUNTO IV

    Fue realizado en una superficie contigua por la derecha a la utilizada para realizar el conjunto II; el plano resulta elevado en unos 18 cm del anterior y se extiende hacia el lado derecho unos 20 cm y otros tanto hacia la parte inferior donde también desciende otro escalón; la parte E –posición del observador- tiene la roca elevada e irregular (Fig 2. Lám III).

 Fig IV-1.- La primera figura está situada a la izquierda de esta superficie en el límite de la roca. Es una cazoleta claramente elíptica cuyo eje mayor mide 7,5 cm y 6,5 el menor; el primero se realizó en dirección NW-SE..

   Esta figura tiene en su parte inferior tres trazos equidistantes, bien centrados y de tendencia radial. El primero por la derecha, el más superior; mide 12 cm y tiene adosada en su extremo inferior otra pequeña cazoleta de 3 cm de ancha y  0,5 cm de profundidad. El trazo central mide 16 cm y tiene hacia su parte central una cazoleta de 2,4 cm y 0,4 cm. El tercer segmento es de 15 cm y tiene en su extremo inferior una cazoleta de 3,5 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad.

 Fig IV-2.- Corresponde a una nueva cazoleta situada escasamente 1 cm a la izquierda de la última descrita en la figura anterior; mide de diámetro 3 cm y es 0,3 cm su profundidad.

Fig IV-3.- Este número corresponde a una figura algo más compleja. Una cazoleta IV-3-a, de 3 cm de radio y 0,4 cm de profundidad, fue situada  10,5 cm a la derecha de la cazoleta elíptica. De ella salen tres trazos: el primero parte de la parte derecha, tiene unos 12 cm, es convexo hacia el W y termina en horquilla; otro sale de la parte central de su cuadrante inferior izquierdo y señala la dirección NW-SE, mide 22,3 cm y corta en su parte media inferior a los tres segmentos radiales de la fig IV-1; el tercero segmento mide 12,5 cm y sale de la parte inferior derecha de la cazoleta reseñada; de su extremo parte un trazo perpendicular al segundo –central- de la última cazoleta que completa con los anteriores una forma triangular de alabarda; hay otra cazoleta, la IV-3-b, de 3 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad, cuya posición apunta la unión de estos últimos segmentos pero no llegando a ellos.  En la parte derecha de la cazoleta IV-3-b, se realizó otro de 19 cm que corta también de forma perpendicular al segundo trazo central de la cazoleta IV-3-b y termina en los extremos de la forma de horquilla mencionada al describir el primero de estos trazos. Parecen hacer alusión a un arco rudimentario –forma arqueada en la parte superior derecha- que lanzaría una alabarda sin refuerzo central.

 4.5. CONJUNTO V

    Este nuevo conjunto se grabó en un pequeño plano liso situado a la derecha del número IV, tras ascender un escalón de 3,5 cm hacia el N; el pequeño espacio en su zona E está algo deteriorado por lo que no se puede precisar si en él hay algún tipo de realización (Fig 3).

Fig V-1 y 2.- Corresponden a dos trazos de 3 y 5,2 cm y se realizaron hacia el centro de la zona. El 2 ocupa una posición horizontal y el número 1 fue realizado superiormente.

Fig V-3.- Es un trazo de 6,5 cm realizado 3 cm bajo la parte derecha del número 2 su posición se logró con un ángulo superior izquierdo de unos 15º.

 Fig V-4.- Este nuevo segmento mide 6,4 cm; se realizó 1 cm a la derecha del extremo inferior del número 3 y con un ángulo superior derecho de unos 15º; de su parte central derecha sale hacia la parte inferior un trazo de 4,3 cm logrando con él una forma horquillada de unos 15º.

 Fig V-5.- Un nuevo trazo de 3 cm fue situado 2,5 cm a la derecha de la zona central del anterior siendo paralelo al mismo.

 Fig V-6.- Ya cerca del límite derecho inferior de este espacio se observa una línea fina de 4,4 cm cuyo extremo izquierdo está a 1 cm de la zona media superior del número 5; presenta una angulación hacia la derecha de unos 75º.

 4.6. CONJUNTO VI.- Este conjunto se realizó próximo al extremo derecho de la roca. Para su trazado el autor debió cambiar de posición y, por lo general, colocarse en el lado N ya que los  la mayoría de los trazos cambian de dirección pasando de estar próximos a la E-W a indicar el N-S; de esto se desprende que por lo general las figuras obtenidas pasan a tender a la horizontalidad con respecto al observador situado como antes en el E (Fig 2. Lám III).

        La superficie sobre la que se realizó este conjunto salva un pequeño escalón superior de 0,8 cm y tiene las mismas características naturales que los anteriores ocupando los líquenes cenicientos su superficie; ellos dificultan la visión de los grabados pero también les protege.

Fig VI-1.- Esta figura corresponde a una cazoleta situada en la parte superior, tiene 2,5 cm de ancha y 0,8 cm de profundidad; en su parte izquierda se realizó un trazo de 9 cm con tendencia horizontal.

Fig VI-2.- Fue situada 3 cm más abajo del extremo izquierdo de la figura 1. Corresponde a una forma lanceolada con refuerzo central, su ancho máximo tiene 6 cm y el largo es de 16,8 cm; la hoja comienza a 4,2 cm del extremo izquierdo, su sentido es el N y la posición es horizontal con respecto al observador que debe seguir en el lado E. La parte inferior de esta figura tiene peor un acabado titubeante y más impreciso.

 Fig VI-3-4 y 5.- Corresponden a tres trazos cuyas medidas comenzando por la izquierda están próximas a los 3,8 – 5 y 1,6 cm; fueron situados muy próximos, formando un desligado y ligero zigzag escasamente situadas un par de centímetros bajo la forma lanceolada.

Fig VI-6.- Esta figura es compuesta, está formada por un trazo de 14,5 cm realizado 1,8 cm bajo los anteriores y en posición horizontal. Bajo él, a 2 cm hay otro paralelo de 13,6 cm. Del extremo izquierdo del primero y cortando al segundo se observa otro de 8 cm que forma dos ángulos con los anteriores de 45º hacia la parte inferior derecha.

Fig VI-7 y 8 .- En un pequeño espacio que hay entre estas figuras y el límite izquierdo de la roca se realizaron dos trazos de 4 y 6 cm, fueron ejecutados tendiendo a indicar un ángulo agudo de unos 30º de abertura superior.

Fig VI-9.- Corresponde a un trazo de 15,5 cm realizado en la parte inferior de todos los anteriores, construido con un ángulo de unos 45º, su extremo derecho corta a los dos paralelos de la figura número 6.

   Bajo esta última figura hay un espacio algo deteriorado que pudiera haber contenido alguna figura actualmente se observan solamente con claridad uns finos racheados de apariencia natural.

Fig VI-10.- Esta figura se realizó 3,8 cm a la derecha de la número 9, es una forma de ángulo agudo de unos 35º, adosada por la derecha a un fino racheado resultando una forma triangular.

 Fig VI-11.- Es otra gruesa línea de 13,5 cm realizada 1,2 cm bajo la forma anterior y ocupa el centro de la superficie siendo la disposición parecida a la número 9.

Fig VI-12.- Un nuevo trazo de 7 cm fue realizado a unos 2 cm bajo el anterior y en ángulo superior derecho de unos 15º.

   A 5 o 6 cm hacia la parte derecha de este segmento quizás pueda reseñarse una cazoleta pero su superficialidad nos impide ofrecer dimensiones con claridad.

 4.7. CONJUNTO VII.- Este conjunto presenta escasa figuras y fueron realizadas de forma discontinua, hay que trasladarse hacia la derecha a unos 30 cm y a la misma altura de la figura 1 del conjunto VI. La superficie es menos lisa (Fig 4).

 Fig VII-1.- Es una figura angular semejante a la número 10 del conjunto VI, los lados miden 7 y 7,4 cm siendo ligeramente cóncavos hacia el exterior, también se dispusieron adosados a la izquierda a un fino racheado que allí presenta la roca.

 Fig VII-2-3 y 4 y 5.- Corresponden a cuatro trazos de tendencias horizontal y paralela; de arriba abajo miden 3,5 – 9 – 6 y 9,8 cm; se dispusieron muy cerca del extremo natural de la roca y 25 cm bajo la figura 1.

4.8. CONJUNTO VIII

       El conjunto se realizó en una roca situada un par de metros hacia el E, algo alisada por el centro donde se encuentran los trazos(Fig 4. Lám IV).

Fig VIII-1.- Corresponde a una línea en posición horizontal, de unos 12 cm, situada cerca del extremo W de la roca.

Fig VIII-2.- Bajo la figura anterior, pasado unos 20 cm de un racheado,se realizó con el mismo tipo de incisión un ángulo agudo de unos 45º; sus lados miden 10 cm y el superior es de tendencia horizontal.

Fig VIII-3.- Unos 20 cm a la izquierda de los extremos de los lados de la figura anterior y cerca del límite de la roca se observa finamente trazada una forma de flecha con peciolo central rematado por la izquierda con una pequeña cazoleta; toda la figura mide unos 12 cm.

 Fig VIII-4.- Corresponde esta numeración a un trazo horizontalde unos 16 cm realizado inferiormente a la izquierda a unos 30 cm de la figura anterior y cerca del límite E de la roca.

 5. El ENTORNO ARQUEOLÓGICO

       El E de la penillanura no ofrece restos arqueológicos destacables en las inmediaciones. Tenemos noticias de una azuela pequeña de cuarzo común rosado, pulimentada, hallada en un impreciso lugar de una finca próxima llamada Vallispedro, hoy este material se halla en paradero desconocido.

        Hay que separarse unos 7 u 8 km para encontrar los poblados de Almoroquí y El Tercio-La Coraja. El primero no ha sido excavado y tanto las cerámicas como la inscripción del SW, halladas en superficie, nos remiten a un particular comienzo de la Edad del Hierro. La estela de guerrero y la inscripción del SW pueden remitirnos a épocas  próximas (Beltrán 1973).

      El poblado del Tercio-La Coraja ha sido excavado muy parcialmente y no se ha publicado una memoria completa de los numerosos materiales encontrados. Solamente existen estudios parciales  referentes a la Edad del Hierro. Sin embargo este asentamiento posee datos suficientes para saber que su existencia debe remontarse a épocas muy anteriores: la alineación de ortostatos desmontados y reubicados en su interior, una punta de flecha de silex observada por nosotros en los residuos superficiales procedentes del cribado, algunas cerámicas pulidas cuya tradición se puede remontar a la Edad del Bronce, la potencia de varios metros de espesor en la parte central del yacimiento… A nuestro juicio este poblado merece un estudio mucho más profundo. (Redondo 1987; Civantos 1988; Esteban 1993).

       Algo más distantes, entre 10 y 12 km, están los grabados del río Tejadilla (Rubio 2000) y a mayor distancia aún los del Cándalo (Rubio 1999 y 2000), Valdehonduras (Rubio 2001) y Collado de S. Cristóbal, Zarza de Montánchez (Rubio 2003) -presente en este mismo trabajo por los grandes paralelismos que tiene con el de Boticojos; con el resto de grabados mencionados se pueden establecer relaciones mas distantes.

       Finalmente la punta de alabarda o puñalón de cobre endurecido hallada en el berrocal trujillano (Rubio 1992) y un número de pulimentados no elevado encontrados en esa misma zona así como sus poblamientos Calcolíticos y de primeras fases del Bronce (Rubio 1998 y 2003) completan el panorama arqueológico que en general es común a todas estas series de grabados.

6. RELACIONES

     Todos estos monumentos y algunos más del N de la provincia, en la comarca de Hurdes -al menos los de Puerto del Gamo en Casar de Palomero y Peña Rayá en Huetre (Sevillano 1991)-, tienen en común la presencia de trazos, cazoletas, ángulos…, en ellos también se representaron armas de metal por lo general del Bronce Inicial y Medio, desde luego anteriores a la Edad del Hierro. Pero debemos señalar que solamente presentan trazos unidos a cazoletas los grabados denominados Tejadilla XI, Valdehonduras y los del collado de S. Cristóbal.

      En Tejadilla XI lo veíamos al menos en tres ocasiones, en concreto los  números 40 del conjunto IV; el 3 del conjunto III y el número 5 del conjunto V, en ésta con cazoleta oval. Valdehonduras ofrece numerosos ejemplos de esta relación aunque en él, a veces, las conexiones entre las dos formas es más compleja. Como veremos el collado de S. Cristóbal ofrece entre sus grabados una numerosa representación con la misma siplicidad que en Boticojos y, por lo general, a cada cazoleta le corresponde un trazo descendente, cuestión que no queda convenientemente expresada en su representación en los demás grabados apuntados por estar realizados en un solo plano.

      No conocemos relaciones intermedias peninsulares y hemos de marchar al Pirineo para encontrar unas series de grabados que guardan cierta semejanza en cuanto a las cazoletas asociadas a trazos profundos en forma de carena de barco, unas están en los Pirineos Catalanes y otras fueron ejecutadas en los valles de Andorra (Abelanet 2003), (Cantauri 2003).

 7. CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

       Los grabados realizados en Boticojos se distribuyeron intencionadamente en varios conjuntos y la temática que encierran debe ser variada. El primer conjunto poco puede aportar dada la escasez de trazos. El segundo está dividido en dos partes y ocupa dos planos que se cortan en ángulo obtuso –cuestión poco común- pero que también ocurrirá en el collado de San Cristóbal. Denotan una temática relativa al significado de la cazoleta con trazo concatenado descendente, sin que intervengan otro tipo de realizaciones que pudieran interferir lo expresado; la amplitud del espacio utilizado en relación con el total disponible de éste nos informa del valor e importancia de esta comunicación. Ésta se repite entre 15 y 20 veces substancialmente de forma machacona por lo semejante pero también indicando una gran pluralidad de objetos aunque es verdad que cada grupo de figuras tiene su matización.

       Deben ser tomado como signos y con ellos hacer mención a algúnos cuerpos de forma circular –expresado mediante las cazoletas-, que llenan de momento aquí, un doble espacio –ya veremos como en el collado de S. Cristobal se completan las tres dimensiones que indican una representación en volumen-. Deben ser numerosos y tener energía para que de ellos  se desprenda individualmente hacia una parte inferior -las cazoletas ocupan la parte más alta del espacio y los trazos descienden hacia la más baja-, estos, aquí en Boticojos, alcanzan su plenitud en profundidad y grosor en una distancia indeterminada de la zona central.

       El conjunto III parece hacer mención al único elemento humano, radiado en su parte inferior, esto le puede comunicar un carácter sagrado, de alguna manera con parentesco solar tal y como apuntamos en los contenidos del conjunto XI de Tejadilla. Su representación es coincidente con la forma estelar radiada del conjunto IV, sin que podamos añadir más dado la simpleza de los demás trazos. Debemos mencionar también la cazoleta con trazo adherido tal y como ocurría en Tejadilla, aquí en lugar próximo al sexo. Parecen hacer alusión a una jefatura sacralizada con algúna relación solar que era patente en el S peninsular en épocas pretartesicas y que en nuestra zona se comienza a percibir por estos grabados mucho tiempo antes.

     El conjunto IV ofrece en el W la única cazoleta oval de este grabado y por los tres radios que emite hacia el saliente parece aludir, con poca dudas, a una representación astral, apunta con claridad al Sol. El resto de los trazos y cazoletas, por su complejidad, nos acerca a algunos del grabado de Valdehonduras, en síntesis hace una nueva referencia sideral y armamentista introduciendo un arco novedoso y posiblemente ideal. Su composición no tan simple, ni repetitiva como en el conjunto II.

       Pasamos al conjunto VI dado que el V presenta unos cuantos trazos lineales que poco pueden aportar. En el conjunto la cazoleta con trazo parece presidir la escena -si nos situamos en el E-, el resto de trazos amplía algo más el relato. En él se realizó con claridad una hoja de lanza cuya tipología es muy amplia como vimos al estudiar el grabado del Cándalo, el resto de representación de armas que la acompañan en los conjuntos II-A, II-B, VII y VIII nos hace asegurar una fecha de ejecución durante la Edad del Bronce Inicial o Medio.

      Finalmente en los conjuntos VII y VIII se incluyeron formas angulares unidas a un fino racheado de la roca que indica con claridad formas de alabarda sin refuerzo central semejante a la representada en el subconjunto B del conjunto II y una forma de flecha cuya cazoleta indica el punto donde la fuerza la impulsa, posición que denota energia, entendida ésta como capacidad de realizar  fuerza.

     Si tomamos la figura angular con bisectriz realizada en el subconjunto A del conjunto II comouna representación de alabarda reforzada es este figura quién principalmente debe marcar la cronología, ella apunta en este entorno una fecha de comienzos del Bronce Medio el resto de las formas armamentistas pueden señalar tiempos ligeramente anteriores.

 APÉNDICE GRÁFICO 1: BOTICOJO 

Boticojo Fig 1

                                    Figura 1.- Grabado de Boticojos, conjunto 2

Boticojo Fig 2

Figura 2.- Grabado de Botijos, conjunto III

Boticojo Fig 3

 Figura 3.- Grabados de Boticojos, conjuntos I – III y V 

Boticojo Fig 4

Figura 4.- Boticojos, conjuntos VII y VIII

2lam1

Lámina I.- Boticojos, conjunto 2

2lam2

Lámina II.- Boticojos, conjunto III

2lam3

Lámina III.- Boticojos, conjuntos IV y VI

 

 

 

Dic 292013
 

Luis Vicente Pelegri Pedrosa.

Un día otoñal de 1551. Una adolescente de apenas 17 años se apresta entre la garúa del puerto del Callao a embarcar con dos hermanastros y varios allegados, casi más que familiares, hacia la primavera española. Su historia podría ser la de cualquier criolla, fruto del mestizaje de dos culturas: la hispánica y la incaica, sin embargo es nada menos que doña Francisca Pizarro Yupangui,  la  primera mestiza del Perú, hija y única heredera del conquistador, capitán general y gobernador del territorio, Francisco Pizarro, y de una joven princesa inca, doña Inés Huaylas Yupanqui, llamada la “pizpita”, o pajarillo, por el propio Francisco. Inés fue la princesa y gran señora de Hatum Huaylas, hija del inca Huayna Cápac y de la coya, o esposa principal, Cóndor Huacho. Doña Inés y su madre tuvieron un destacado protagonismo en la resistencia de Lima contra el ataque incaico. La azarosa y prolongada vida de doña Francisca para su época (1534-1598),  puede resumirse en cuatro etapas: peruana, vallisoletana, trujillana y madrileña.

Francisca nació en Jauja, primera capital del Perú, hasta que su ilustre padre trasladó la cabecera del territorio  a la costera Ciudad de los Reyes, donde fue bautizada. Curtida y madurada en comprometidas situaciones. Vivió los duros años que sucedieron a la ejecución del último emperador inca Atahualpa, la conquista del Tahuantinsuyo, la  rebelión inca y las guerras civiles entre españoles. Separada de su madre a los tres años; huérfana de padre a los siete, cuando aquel fue asesinado por las huestes de Diego de Almagro “El Mozo”, el domingo 26 de junio de 1541; expulsada de su propia tierra con 17.

Pizarro dejó a su madre doña Inés por doña Angelina, una hija principal de Huayna Cápac que estuvo destinada a ser la coya de Atahualpa, cuyo nombre de ñusta, o princesa,  fue Cuxirimay Ocllo. Aun así el gobernador dejó a doña Inés bien dotada y casada con otro español, Francisco de Ampuero, servidor suyo que llegó a Perú con Hernando Pizarro. Tal vez este cambio de compañera se debiera a un intento Francisco de prestigiar aún más su posición ante los señores incas y garantizar la obediencia de éstos, o al prosaico motivo del carácter de doña Inés, por la crueldad que demostró  con su medio hermana la coya Azarpay, a la que mandó ejecutar.

Diez años después del asesinato de su padre, y ante el malestar que provocaba la presencia de los herederos del conquistador, y más tras la derrota y ejecución de su tío Gonzalo Pizarro, la Corona obligó a su expatriación. Doña Francisca viajó a España acompañada de un numeroso séquito de parientes y sirvientes. La Corona española había reconocido su noble condición: nieta de inca, hija de inca, sobrina de inca e hija de doña Inés Huaylas Yupanqui, princesa y señora del Hatum Huaylas.  Era, además, la heredera directa de la enorme fortuna y propiedades de su padre, Francisco Pizarro, y como tal vivió rodeada de lujos y de una refinada educación, y más para una mujer de su tiempo, pues aprendió a leer y escribir, supo ejecutar los bailes de salón de su época y tocaba el clavecín. Además, tuvo a su servicio cuatro esclavas blancas y numerosa servidumbre indígena

Doña Francisca fue criada en el hogar de su tío Martín de Alcántara, hermano por parte de madre de Francisco Pizarro,  y su esposa Inés Muñoz, una española de origen campesino que vio morir a sus dos hijos españoles en el duro viaje hacia Perú, y que adoptó a doña Francisca y su hermano Gonzalo. Con ellos viajó a España. Allí la esperaba con grandes planes el verdadero cerebro económico de la empresa conquistadora de los Pizarro, Hernando, el único hijo legítimo e hijodalgo de los cuatro hermanos del clan. Existen pruebas de que, ante la persecución emprendida por los funcionarios reales para acabar con el poder de los Pizarro en Perú, Hernando y  Gonzalo habían tratado de la salida hacia España de Francisca y de los hijos supervivientes de los  hermanos conquistadores.

Hernando se encontraba preso en el castillo de la Mota de Medina del Campo. El joven príncipe de Asturias, futuro Felipe II, mantenía en jaula de oro al viejo conquistador, cuyas relaciones y poder en ultramar no convenía dejar operar en libertad, pero tal vez el reconocimiento del príncipe y una posible simpatía por el viejo conquistador nos ayuden a entender su destino. Hernando desde su prisión siguió manejando hilos a través de testaferros, y a costa de litigar con la Corona y con particulares salvó parte del imperio peruano del que repatrió una importante fortuna invertida sobre todo en su solar trujillano. Hernando Pizarro culminaba así su carrera militar, cumpliendo el anhelo de regresar como rico señor a su tierra, a la que siempre pensó en volver como demuestran sus tempranas inversiones desde América. Todo ello permitió al futuro rey Prudente extirpar del Perú el peligro de posibles revueltas en torno al clan conquistador, proscrito así para siempre de la Nueva Castilla.

Como colofón al salvamento de bienes y propiedades Hernando contrajo matrimonio con su sobrina doña Francisca, hacia 1552, se unían la sangre y la fortuna del clan Pizarro. Durante una década, convivieron los cónyuges en Medina del Campo, hasta que el ya rey Felipe II dio la libertad definitiva al viejo militar. El maduro conquistador y la joven princesa mestiza forjaron un linaje al que trasmitieron su estirpe gracias a un mayorazgo fundado en 1578, año de la muerte de Hernando.

Pero las disposiciones del hermano superviviente de la Conquista fracasaron en parte con las aspiraciones de su joven viuda. En 1581,  doña Francica contrajo segundas nupcias con don Pedro Portocarrero, hijo de los condes de Puñonrrostro, de más abolengo que fortuna, que saneaban gracias a su enlace con la rica criolla. Don Francico Pizarro y Pizarro, uno de los tres hijos que tuvo con su tío, casaría a su vez con una hermana de don Pedro. Por tanto, madre e hijo pasaban a la  vez a ser concuñados. La nueva estirpe indiana añejaba así también su nueva nobleza emparentando con un linaje castellano. Como no podía ser menos para una noble con aspiraciones, la pareja residió en Madrid, con casas en la Calle Relatores y la calle del Príncipe. Los dispendios obligados por el tren de vida cortesano comenzaron a menguar la fortuna de la refina mestiza. Así, en compañía de un hombre más joven que ella y en medio de boato para el cual fue educada, vivió doña Francisca los últimos veinte años de su etapa madrileña.

La vida de doña Francisca, en suma, fue la de una mujer refinada y educada, pero templada en mil adversidades, que recoge la herencia de dos mundos y  funda una estirpe que, junto a otras, son el origen de un grupo social que podríamos llamar la “aristocracia indiana en España”, formada por indianos retornados y por criollos, que, provenientes de esta nueva élite mestiza, dejaron huella de su fortuna, como fue el caso de los Moctezuma, herederos de la princesa azteca Isabel de Moctezuma,  e incluso en la cultura, con el gran Garcilaso de la Vega. Un capítulo esencial para entender la obra de España en América y el origen de una cultura común.

Oct 012003
 

Pablo Iglesias Aunión.

P.1. Objeto y Método del estudio: una interpretación cristiana de la Historia

Indudablemente, el estudio de la devoción Mariana entre los siglos XIV al XVI en el espacio geográfico de la Comarca Emeritense como ejemplo de un estudio que aborda un campo más amplio tanto cronológica como espacialmente, nos ha de conducir a una interpretación cristiana de la Historia. Cuando nos introducimos en una mirada abierta en el tiempo, encontramos una sucesión de acontecimientos en los que el hombre lucha por el perfeccionamiento, contrariamente a lo que se ha venido en denominar una lucha por avanzar cuyo motor eran los “miedos”. Desde los tiempos más remotos, individuos y grupos ha reaccionado contra situaciones opresivas. Estemos en el campo del actuar y del vivir del hombre en el que aparecerán ciertamente, fenómenos que responden a una opresión de tipo espiritual, económica o política.

Igual hemos de partir de otra idea netamente esencial. Se dice que la historia está hecha por el hombre y por tanto, la historia puede darnos una luz valiosa sobre lo que aquél es y lo que busca[1]. Pero en este caso, la historia no basta, hay que conocer al hombre, como un ser complejo, como centro del bello proyecto que es la creación. Y a la vez, ese hombre es un ser que se encuentra “situado” en las sociedades. Por ejemplo: el hombre extremeño que vivió entre los siglos XIII al XV en la comarca emeritense, sintió unas opresiones sociales, económicas, políticas y religiosas de los procesos de reconquista y repoblación a lo que no se vio sometido el hombre de los siglos XVI y XVII, perfectamente asentado sobre una realidad bien diferente.

Quizá cueste en estos tiempos que nos ha tocado vivir, analizar la historia desde estos parámetros, lo cierto es que, marcados por el materialismo, aprisionado el hombre en una situación economicista de productor-consumidor, yo he querido ver en este tema la comprensión de una Historia de marcado carácter teológico y cristocéntrico. Nada debe extrañarnos. En la esencia misma de la marcha histórica, el hombre ha anhelado una sociedad solidaria, llena de libertad, igualitaria, fraterna, donde abunde la Justicia Social, democrática y libre.

En el presente estudio, parto de un conocimiento del hombre en su proceso de cristianización de un tejido romanizado, evolucionando en el medioevo (siglos XIV-XV) y caminando hacia la Modernidad (siglo XVI). Permítanme recoger textual una cita de la obra de Alexis Carrel[2] para situarnos ante un dualismo entre hombre e historia:

“Es evidente que para nosotros, los observadores, no somos capaces de penetrar en todas las regiones en que se prolonga la persona humana. Nuestras técnicas no recogen lo que no tiene dimensiones ni peso. No alcanzan sino las cosas colocadas en el espacio y el tiempo. Son impotentes para medir la vanidad, el odio, el amor, la belleza, la elevación hacia Dios del alma religiosa, el ensueño del sabio y del artista. Pero registran con facilidad aspectos fisiológicos y los resultados materiales de los estados psicológicos”.

Efectivamente, no han podido ser conocidos muchos de los aspectos que señala Carrel, a pesar de los avances importantes en este terreno pero, de no alcanzar una comprensión científica de esas cosas, hoy sentimos la presencia de muchas potencialidades nacidas del espíritu y con presencia en la historia que tiene una clara herencia en el tiempo presente, especialmente en las formas de expresión de la conocida piedad y religiosidad popular[3] que existen por los pueblos tanto de nuestra geografía extremeña, como andaluza y castellana especialmente.

En este entorno socio histórico se desarrollará el núcleo temático del presente estudio, comprensión del fenómeno advocacional en torno a la figura de María y el surgimiento en los siglos de Medioevo de una conjunto de edificios propios y típicos de estas manifestaciones: santuarios y ermitas.

A este respecto, hay que tener en cuenta que las manifestaciones impuras, desviadas, incluso aberrantes, son inherentes a todo proceso humano, y más todavía a fenómenos en que intervienen multitudes heterogéneas, de toda procedencia y educación.

De todo lo anterior se van a derivar realidades muy importantes, como la de los santuarios, a pesar de ser tan antigua y tan constante en la historia de los pueblos, no resulta actualmente fácil de comprender para mucha gente, tampoco sus mitos, sus ritos e incluso las diferentes, abigarradas, formas de piedad y de vida, romerías, fiestas, etc., que en torno a ellos suele darse, repeliendo incluso a veces, a los dirigentes y tratadistas religiosos, que han llegado a emitir recientemente juicios muy duros sobre o contra ellos llegándose a afirmar en alguna interpretación de las formas actuales de religiosidad y piedad popular:

“En torno a los santuarios sigue una situación folklórica, de subdesarrollo moral y religioso, de miseria e injusticia. En torno a ellos se mueve mucho dinero, etc. Allí aumenta la clientela, las ofrendas y el opio del pueblo”

Pero, a pesar de personas que educadas en estamentos sociales más refinados o racionalizados, rechazan muchos de los fenómenos que aún hoy se dan en muchos santuarios, la verdad es que el pueblo sigue con sus expresiones de fe y sus manifestaciones religiosas de un modo paralelo y a veces, al margen de las posturas religiosas diríamos oficiales. Lo que no se comprende, quizá porque falta la sensibilidad suficiente para ello, es que el pueblo no analiza, no separa sus propias actitudes y manifestaciones religiosas, las vive en una síntesis simbólica o natural, y las va uniendo a una tradición imaginativa y creadora que a lo largo de los siglos ha venido a constituirse por un entreverado de vivencias de fe, de expresiones artísticas y culturales.

La religiosidad popular viene a ser así una de las formar superiores, si no la más alta de todas, entre las propias de la cultura de los pueblos, y por tanto se hace merecedora del máximo respeto y de la máxima atención por parte de los estudiosos y de los mismos dirigentes-responsables eclesiásticos.

P.2. Una visión generalizada del nacimiento de la advocación Mariana.

El por qué de la elección de un tema de estas características gira esencialmente en torno a una respuesta que se encuentra en el terreno de la religiosidad y la piedad popular visto desde el punto de vista histórico. Y ocupa indudablemente un gran protagonismo. Podríamos incluso pensar que, unido a lo mariológico debe ir el estudio histórico de lo santoral. Cierto, pero la magnitud de una obra de estas características exige que sea estudiado en posteriores investigaciones.

Todos los estudios apuntan a que, la aparición de la devoción popular mariana aparece de manera espectacular especialmente en el paso del siglo X al XI, dejando precisamente en muchos sitios el culto a los santos por el culto a María. El siglo XI está considerado como el de la fuerte irrupción y el auge impetuoso de lo mariano en la estructura y tejido de la religiosidad popular del pueblo. Lógicamente no porque antes a estas fechas no existiera el culto a María. Ésta sería otra cuestión importante a analizar, que una vez más escapa ahora del núcleo investigado.

Lo que si queda claro es que, a partir de estas fechas, el número de iglesias, santuarios, ermitas e imágenes puestos bajo la advocación de María o dedicados a ella experimentan un incremento extraordinario. Todo el paisaje europeo se cubrió del culto a las imágenes marianas al igual que ocurrirá en el peninsular y más concretamente en el extremeño aunque con unas fechas más tardías especialmente en la zona que aquí presento.

La causa es amplia y profunda atreviéndome a señalar, que el impuso llegaba desde la misma Roma de tal manera, que en el breve espacio histórico de un siglo, del XI al XII por muchos lugares de Occidente se fue extendiendo al culto mariano y en aquellos lugares donde la titularidad de iglesias, ermitas e incluso catedrales recaía en un patrón o santo, ahora comienzan a compartirse con el de la Virgen.

En este terreno, no faltan quienes han desarrollado sus tesis apoyadas en la existencia de una herencia mariana precristiana[4]. Creo que reducir el elemento devocional popular mariano a tales afirmaciones, a parte de que pudiera poseer un cierto fundamento, sería reduccionista y muy unilateral frente a un fenómeno tan rico, plural y variado como el mariano.

Para el caso de España, existen estudios en esta línea de arqueólogos e historiadores de las religiones que apuntan a una constatación de la relación con los cultos existentes en la Península Ibérica ante de la llegada del cristianismo: en la religión de los tartesios las reproducciones de la diosa Astarté, de origen fenicio-cananeo; o el hecho de que las diosas de la fecundidad tenían una fácil adaptación en la devoción popular.

Creo sin duda que explicar el fenómeno advocacional mariano a una simple readaptación del culto a las divinidades precristianas en la península sería un error por un motivo esencial: sacamos del propio proceso de la Historia de la Salvación de la difusión evangélica a María, cumplidora de un papel claro en ese mismo proceso Salvador que se encuentra representado de manera máximo en Cristo. María es Madre de Cristo y Madre de Dios, Madre de todos los hombres en un exponente que no encuentra lugar ni parecido en ningún espacio religioso en la misma dirección, con el mismo sentido y de tal magnitud que en el cristianismo. Intentaré aportar datos históricos con su correspondientes pruebas documentales a lo largo de este trabajo.

Ni siquiera el concepto femenino que se ha intentado adaptar al hecho de un culto mariano intentando “equiparar” el papel de la mujer a la del varón con explicaciones de “introductoria del pecado”, “intrínsicamente mala”, etc., corresponden claramente con el conocimiento exegético correcto de la figura de María en la Sagrada Escritura y en los mismos documentos del Pentateuco.

Creo que el fenómeno advocacional mariano que se estudia en los siglos del Medioevo extremeño representado en la Baja Extremadura en los casos analizados, son producto de elementos sociales y especialmente religiosos. De fuertes procesos de asentamiento poblacional en distintas fases de la reconquista extremeña de las zonas del Guadiana y aledaños de otros elementos fluviales, que nada tienen que ver con readaptaciones de cultos virginales clásicos. Ni siquiera en los casos tan claro donde se han encontrado mezclados elementos que responden a las leyendas con aquellos propiamente históricos, como es el caso de aquellos donde existieron asentamientos romanos.

Muchos más cuando nos adentramos en los años iniciales de la centuria del Quinientos y estas advocaciones aparecen claramente asentadas. Si comprendemos que la Iglesia, especialmente las órdenes militares y concretamente la Orden Militar de Santiago, ayudaron a los monarcas a velar y defender los territorios recién conquistados de manos musulmanes; si analizamos el traslado de población a lugares y tierras desconocidas dentro de una mentalidad y un ambiente claramente religioso y teocéntrico, donde Dios era la explicación de todo lo existente y fuente claro de conocimiento único, en cuyo proceso, los personajes divinos -como el caso de María y de los mencionados santos- ayudaban a la protección del hombre frente a las adversidades correspondientes, entonces, el fenómeno advocacional mariano se convierte en una parte invariable y transitiva de la historia de nuestros pueblos, villas, aldeas y ciudades.

Junto a lo anterior, no podemos tampoco en ningún momento olvidar que, junto al Hijo, aparece la Madre, en una unión que se va estrechando cada vez más, hasta el punto de que habrá un creciente influencia mutua, una reciprocidad cada vez mayor entre Cristo y María en el pueblo. Lógico, es la mejor comprensión teológica de este fenómeno pues, María sin Cristo no tiene absolutamente sentido.

Con repercusiones claras en expresiones artísticas, sociales, religiosas con asociaciones tan importantes como las cofradías y hermandades, cargos a los que accedieron muchos individuos del pueblo llano que tenían prohibidos, por la estamentalización de la sociedad, otros cargos de carácter concejil y municipal. Son los casos de mayordomos, administradores de rentas, hermanos mayores, secretarios de cofradías, etc.

P.3. Un tejido estructural apropiado: cristianización de la zona.

Antes de profundizar en lo que es propiamente el conocimiento de las advocaciones marianas y de manera más concreta y específica, aquellas advocaciones marianas que adquirieron el rango de patronas y titulares de los pueblos y villas escogidos, creo sería de enorme interés, centrar el presente punto de investigación en lo que podemos llamar “tejido estructural apropiado”.

Esencialmente porque no podemos en ningún momento pensar que el surgimiento de un culto divino advocacional se hace sobre un terreno desolado y despoblado que ocasionalmente provoca la aparición de un determinado culto. Entonces únicamente apuntaríamos a causas exclusivamente dentro de la tradición oral y por tal, muy cerca del fenómeno de la “leyenda”, por otro lado muy dado en temas de con estos contenidos. Para poder refutar otros elementos de un mayor contenido históricos, hemos de tener en cuenta los siguientes elementos comunes en lo lugares donde posteriormente, en el siglo XVI se nos presentan ermitas, santuarios y templos de rango parroquial dedicados a María. Estos elementos serían:

A) Un espacio y entorno con tradición: el análisis de un tema como el que aquí tratamos, exige la afirmación de que no se actúa sobre un terreno desolado y abandonado, sino con una clara ebullición humana. Estamos ante lugares como Lácara o Torreáguila, en las existe una tradición cristiana y surge un movimiento de población con el tiempo. Zonas y formas de adehesamiento bajo la jurisdicción de la Orden Militar de Santiago, que nos lleva a un segundo elemento.

B) Una administración apropiada: procesos de repoblación ya expresados de la mano de la reconquista que recogieron toda esta zona y fue entregada a las órdenes militares que regularon su jurisdicción, controlando y repoblando, impulsando esencialmente las instituciones eclesiásticas. Esencial para la cronología establecida: siglos XIV al XVI.

C) Un pueblo: derivados lógicamente de los diferentes procesos de asentamiento y donde la mayoría de los núcleos comienzan a surgir entre los siglos XIII y XIV. Así ya a finales del siglo XV aparecen parroquias claramente definidas, hospitales dedicados a la caridad y la asistencia a lo más pobres; ermitas y santuarios con claro signo mariano y a los santos.

D) Un medio y un espacio para el culto: la aparición de imágenes y zonas de culto donde se desarrolló el primer culto cristiano como podremos estudiar más detenidamente.

Todo un conjunto de elementos para que las poblaciones desarrollen sobre un solar que se va humanizando y con la mentalidad propia del hombre medieval, la presencia de lo divino como claro sentido de su misma existencia. El teocentrismo entendido en su máxima expresión, como fenómeno no sólo de conocimiento, de razonamiento del mundo existente bajo la idea de Dios sino, desde los elementos más populares como una necesidad de protección, alentado por las mismas instituciones como lo hizo la orden santiaguista. Protección y amparo bajo lo divino.

El mismo momento que estamos analizando desde una metodología que sincretiza fe y razón, se producía por la Orden Militar de Santiago procesos de demarcación de zonas, adehesamientos y establecimientos de núcleos de población: Montijo, Arguijuela, Puebla de la Calzada, Lobón, La Garrovilla, Esparragalejos, etc. Las poblaciones que se van asentando nos han dejado muestras artísticas e históricos suficientes para estudiar el diálogo que se produce entre el hombre y Dios, pero para nada fruto de la casualidad, si somos incapaces de interpretar por ejemplo, el elementos de las denominadas “apariciones”.

De esta forma, empezamos a acercarnos a realidades concretas. Entre los años centrales del siglo III e inicios del siglo IV, comienzan los fenómenos de cristianización en el territorio de la comarca emeritense que discurre al margen derecho del río Guadiana y donde se encuentran las principales poblaciones que posteriormente estudiaremos como de afluencia advocacional propiamente mariana.

El doctor Rodríguez Martín[5] señala que, los primeros testimonios de la presencia cristiana en la zona corresponden al año 254, en la que se ha fechado la carta que el obispo de Cartago, San Cipriano, remitió a los fieles de Mérida, como narra Paula el Diácono, con monasterios y casas de recogimiento para el clero. En el territorio sobre el que se centra el presente estudio, existían ya una distribución de iglesias rurales, según el trazado diseñado por el obispo Mausona.

Las actas del XII Concilio de Toledo, siendo arzobispo de Mérida Esteban, en el año 681 d.C., en el capítulo IV se expresa la petición de permiso para crear una diócesis: Aquis. Algunos historiadores han querido ver en la similitud de Aquis con Águila, la villa romana de Torreáguila. Pero estamos únicamente ante una hipótesis carente de refutación científica correcta pero que abre una posibilidad de estudio importante.

Lo cierto es que, Torreáguila aparece refutada arqueológicamente al igual que otros restos arqueológicos de similitudes en la configuración del tejido espiritual apropiado para la aparición posterior de una fuerte advocación mariana. Lácara y Torreáguila aparecen unidas por la presencia cristiana que darán lugar a una devoción popular en torno a la Virgen de la Caridad en la primera y, la Virgen de Barbaño en la segunda.

Es decir, la aparición de fenómenos religiosos dentro de la expresión popular en los siglos del medioevo donde arranca el presente estudio, no es exclusivamente sobre un terreno desolado en los cuales no hay presencia humana y religiosa hasta el mismo proceso de repoblación con la reconquista. Ni mucho menos. Existió todo un tejido socio-religioso importante y para ello, basta el ejemplo de la zona o comarca montijana ubicada en el lado derecho del río Anas.

Es precisamente este espíritu humano, el que condujo desde momentos muy tempranos y bajo la constancia de la supervivencia, a no perder el dominio material sobre las zonas de asentamiento desde época romana hasta finales del Medioevo. Se aprovecha la base espiritual asentada en algunas zonas ya en el siglo III. Es un verdadero proceso de recuperación y posterior esplendor, en el que se puede hablar de manera perfecta de unas zonas con formas de vida rural, que se amplían, o decaen por factor endémicos, crisis agrícolas o bien, reformas y remodelaciones con un tejido espiritual ya propio y adaptado, donde posteriormente se asentará una fe que se expresa las formas marianas que estudiaremos.

Muchos de estos lugares aparecen ocupados como he indicado anteriormente desde época antigua donde aparecerán todo un conjunto importante de funciones y actividades religiosas. Sabemos que el término, que la comarca emeritense de esta zona de la Baja Extremadura se ve plagada de restos romanos rurales donde destacan: Alzaba, Las Tiendas y Lácara junto al modelo que he escogido, la villa romana de Torreáguila, ubicada a orillas del Guadiana, cercana a la dehesa de Barbaño y a la población de Montijo, Torremayor, Lobón y Arguijuela (actualmente Torremayor), importantes villas cuando la devoción mariana está perfectamente extendida y desarrollada.

P.3.1. Un ejemplo de modelo romano cristianizado: Torreáguila, siglos I al V.

La villa de Torreáguila, fue fundada en el año 50 d.C. por algunos nobles procedentes de Emérita Augusta, la villa llegó a contar sobre el año 250 con una población que alcanzó los 400-500 pobladores, momento de máximo esplendor de la mencionada villa. Estamos precisamente en unas fechas en las que está surgiendo con cierta fuerza el fenómeno de cristianización de la zona como también he explicado ya en este mismo apartado.

img1Sin embargo, la arqueología nos proporciona datos importantes sobre la no existencia de lugares propios de reunión al no aparecer en esta primera fase de Torreáguila zonas delimitadas para ello, por lo cual, el modelo de reunión de tipo religiosa pudiera realizarse en cualquier zona de la casa, con lo que la localización ha sido complicada.

Sin querer profundizar en temas propiamente arqueológicos y que nos desvirarían del tema central, si es importante decir que, en una segunda fase de la historia de Torreáguila ya si podemos hablar de una base cristiana con zonas claramente delimitadas. Esta segunda fase a la que hago referencia se presenta a partir de la crisis de los años finales del siglo III que llegó a presentar una imagen desoladora y de casi práctico abandono. Con una actividad económica centrada en la explotación de la vid y del olivo, una vez más, los estudios arqueológicos nos habla también de una vuelta a la actividad ganadera, otra de las importantes fuentes económicas de la población recogida en la villa romana, desarrollando un modelo económico conocido como mixto. Este tipo de economía no va a caracterizar únicamente a Torreáguila, también lo hará a la zona de Lácara, precisamente donde se desarrollan las futuras advocaciones marianas que en este presente trabajo se han estudiado.

Esta economía impulsara de una nueva etapa en la villa, desarrolla a su vez un impetuoso espíritu que dará lugar a una etapa de recuperación y mayor esplendor en los siglos IV y V. Sin duda un espíritu que condujo en estos momentos a la villa hacia la constancia de la supervivencia y a no perder como he indicado ya, un interés no sólo por lo material sino también lo espiritual.

La repercusión y la realidad de la presencia cristiana comienza en los yacimientos arqueológicos nos hablan de la existencia de unos lugares destinados para el culto, con unas dependencias sobre las que posteriormente se edificaron el martirium y el baptisterio. El primer de ellos, conocido como zona del martirium, era la antigua zona clásicamente romana donde se producían los sacrificios a las deidades que protegían la villa (deidades posiblemente locales, dioses protectores del hogar) y que con la presencia de población cristiana, aprovechando la zona del ara, se dedicaría a las reuniones propias y características de los cristianos es decir, celebración de la Eucaristía y reuniones litúrgicas.

La segunda zona, también en un claro aprovechamiento de zonas de baños, pues no olvidemos que la ubicación de la villa es muy próxima al río Anas, denominación romana del actual Guadiana, sería dedicada por los cristianos a los bautizos como ritual de iniciación e incorporación a la vida del creyente.

La época de ocupación visigoda sería un momento decepcionante y desolador para la villa romana de Torreáguila pues varias pestes asolaron el término y entre los años 533 al 601 en una primera oleada, para a finales del siglo VII llegar una nueva oleada de pestes que afectó especialmente a los niños y más jóvenes. Estas oleadas han sido estudiadas como causa de muerte en ochenta cadáveres aparecidos y los resultados son de treinta y nueve muertos por causa de la peste.

Las invasión musulmana hará de Torreáguila una recuerdo de la historia en el siglo VIII: luchas, enfrentamientos, crisis de subsistencia y epidemias, irán ensombreciendo una zona que obligó indudablemente a la marcha de los señores responsables de la villa, especialmente en el proceso de huída hacia el norte peninsular ante la invasión árabe.

Un dato importante antes de hablar de que la villa y la zona no caerá totalmente en el olvido histórico gracias a la devoción mariana. En la que fue primitiva parroquia de la villa de Montijo, San Isidro, aparecieron (actualmente desaparecidas) dos lápidas funerarias que hacen clara referencia a la existencia de cristianos perfectamente asentados en esta zona. Se trata de dos cristianos del año 604 d.C., año 566 de la era cristiana. La primera de ellas decía:

“FIORENT IUS FAMULUS DEI VIXIT ANNOS SEPTUAZINTA ET CINQU REQUIEVIT IN PACE ERA SISCCENS QUATTUS” , cuya traducción sería: “Florencia, siervo de Dios, que vivió 75 años, descansó en paz en el año 604. Era cristiana del 566”.

La otra expresa:

“FLORENTIA FAMULA DEI VIXIT ANOS XXXI REQUIEBIT IN PACE ERA SSISSCENS QUATTU”, que traducimos como “Florencia, siervo de Dios, que vivió 31 años, descansó en paz en el añ0 604 d.C. Era cristiana 566”.

En la misma villa romana de Torreáguila apareció una lápida correspondiente a Brapridia, de 19 años de edad, muerta en el 602 d.C., reinando Luiva II. Ambas inscripciones -señala Germán Rodríguez Martín- son de fechas que coinciden con el reinado de Athanagildo. De la misma fecha son las encontradas precisamente en Torreáguila, de la que se desconocen el nombre pero si la edad, 90 años.

Siguiendo dentro del mismo circuito geográfico que nos interesa dentro de la aparición de los fenómenos marianos, aparecerán también lápidas funerarias procedentes de Lácara que nos indican la existencia de enterramientos propiamente cristianos.

Lo cierto es que, todo el término, bajo la presencia y dominación árabe no volvió a tener el esplendor y el auge económico, social, cultural, religioso y político hasta que hagan acto de presencia los procesos de reconquista y repoblación de la mano de la Orden Militar de Santiago en el siglo XIII.

P.4. El fenómeno de cristianización con la reconquista. La aparición de los fenómenos de advocación mariana: siglos XIII-XV.

“Tiene esta villa [del Montijo] cerca del río Guadiana una ermita de Nuestra Señora que llaman de Barbaño, por estar fundada en la dehesa del mismo nombre, cuya imagen es antiquísima y de mucha devoción. Hallose entre los edificios antiguos que están arruinados allí cerca, y llaman los paredones de la dehesa de Torre del Águila”.[6]

Esta cita del historiador emeritense y alcalde de la villa de Montijo Bernabé Moreno de Vargas, pone de relevancia la esencia misma del fenómeno mariano en la comarca durante el proceso de asentamiento de población, donde incluso, volviendo a citar al historiador de inicios del siglo XVII, una misma advocación podía claramente ejercer una importante influencia en toda una zona. Dice en la misma obra este emeritense, que deja claramente entrever su amor por la villa montijana y la imagen de María de Barbaño:

“Hace cada día muchos milagros, por donde ha conseguido entre los pueblos de la comarca muy grande devoción que con ella se tiene viniéndola a visitar y cumplir sus promesas de muchas y diferentes partes. Siempre que los del Montijo acuden a su casa a cumplimentarla, los favorece en sus necesidades, se les remedia y es de manera que si hubiesen aquí de contar sus milagros, no cabrían en el corto espacio de un capítulo, antes necesita libro particular. Quisiera dar Dios aliento a algún devoto de esa gloriosa Virgen, para que los escriba y manifiesta al mundo, tan sagrado y rico tesoro como tiene Montijo”[7]

Ahora bien, cuando Moreno de Vargas escribe estas líneas estamos en el primer tercio del siglo XVII, fuera de las marcas cronológicas establecidas para el presente trabajo. Las villas, pueblos y aldeas a las que haré referencia más adelante, están claramente asentadas y en perfecto desarrollo. Para poder llegar hasta aquí, la comarca ha conocido un tremendo pero apasionante proceso de reconquista y repoblación que se inició a finales del año 1230 de la mano del rey Alfonso IX al tomar la ciudad de Mérida. Entre las finalidades y formas propias de la reconquista y siguiendo los modelos de repoblación, el rey la entregó al Arzobispado de Santiago[8].

Lo cierto es que, le eran entregado un amplio término en el que irán naciendo pueblos, villas y aldeas donde la presencia mariana será una constante. El 12 de abril del año 1231 se firmaba un acuerdo por medio del cual, el arzobispo de Santiago se comprometía a la defensa de la zona para lo cual, les fueron entregado un total de dos mil quinientos áureos. La zona de la que hablamos recogerá el nacimiento de localidades desde Mérida como: Aljucén, Aceuchal, Almendralejo, Alguijuela (Torremayor), Arroyo de San Serván, Calamonte, Carmonita, Carrascalejo, Cordobilla de Lácara, Don Álvaro, Esparragalejos, Fuente del Maestre, La Garrovilla, La Nava de Santiago, Lobón, Los Santos de Maimona, Mirandilla, Montijo y Puebla de la Calzada.

El cotejo se centra en lo que se ha denominado administrativamente la comarca de Lácara que recogería de las anteriores localidades: Lobón, Montijo, Puebla de la Calzada, Alguijuela, Carmonita, Cordobilla de Lácara, Esparragalejos y La Nava de Santiago. En ellos, hay una clara advocación mariana tipificada en la siguiente tabla:

Localidad Templo Parroquial Fecha
La Garrovilla Nuestra Señora 1498
La Garrovilla Nuestra Señora de la Caridad 1498
Puebla de la Calzada Nuestra Señora 1494
Esparragalejos Virgen de la Salud XV-¿?
Esparragalejos Nuestra Señora del Rosario 1549-1556
Montijo Nuestra Señora de Barbaño 1555-1556

Sobre estas localidades, aparecerán desde fenómenos propios de “aparición” de imágenes marianas a, templos matrices convertidos rápidamente en parroquias con título de colación, lo que nos lleva igualmente al conocimiento de un fenómeno directamente relacionado con el tema mariano: lo templos tipificados en santuarios y ermitas.

P.4.1. La importancia de los templos en la advocación mariana.

Vamos a partir de la idea de que, un santuario es un lugar sagrado. Sin querer entrar en algunas definiciones que giran sobre una desvirtualización del sentido que se le ha dado actualmente debido a algunas modificaciones estéticas que los han convertido más en espacios turísticos o “supermercados de lo religioso”, los santuarios son ciertamente importantes y provechosos centros espirituales para el hombre, pero que realmente guardan en su interior lo más importante: el santuario es un lugar santo, en el que el hombre se encuentra con lo minucioso, lo sobrenatural, la divinidad y además lo hace de manera individual y colectiva, especialmente bajo la primera forma.

La noción del concepto “santo” era aplicada en la antigüedad a ciertos lugares separados (relacionado etimológicamente con la palabra santo), es decir, delimitados y guardados para evitar una profanación, una vez que la divinidad se ha manifestado en ellos. Estamos pues ante lugares inviolables, que luego se convierten en venerables, es decir, en lugares donde se venera y se adora a la divinidad. Cuando he procedido al estudio de las devociones marianas, especialmente aquellas que se convierten en patronales y fuera de lo que podemos denominar como perímetro urbano, sea el caso del santuario levantado en el siglo XV a Nuestra Señora de Barbaño en la zona de Montijo o, a Nuestra Señora de La Caridad de La Garrovilla, a una legua de distancia de la población, el concepto de lugar especial adquiere una importancia extraordinaria. Sobre todo porque, aquel espacio siempre recuerda el primero momento de aparición o fenómeno conocido en la Historia de las Religiones y la Teología como hierofanía.

A la hierofanía o teofanía, el hombre responde con un culto centrado en el santuario con una serie de ritos. Peleará si es necesario por adquirir sus derechos jurisdiccionales para levantar un santuario. Para el hombre religioso y, el hombre de época Medieval y Moderna lo era, al igual que para el hombre que no lo es, los lugares y los tiempos no son todos iguales e igualmente significativos. Los hay de especial relieve porque en ellos se llevó a cabo la presencia de Dios, o también porque tienen una especial evocación de esa presencia.

Así por ejemplo, lugares predominados por la naturaleza muestran su grandeza y expresan al hombre la inmensidad de lo divino: montañas, cuevas y cavernas, ríos, selvas, bosques, tempestades, fuentes, etc. En estos lugares pueden surgir santuarios naturales y si no, el hombre los construirá, como serán los casos que aquí se estudian, que se convertirán en ermitas o templos, que se dedican a mansión y morada de la divinidad o de algún personaje divino. Especialmente el río, jugará un protagonismo especial en la zona que se estudia y que aquí presento.

Si retrocedemos ante el mundo greco-latino, nos encontraremos como algunos templos levantados a deidades propias y particulares, terminaron en época cristiana siendo ocupados para el culto de algún santo o devoción a la Virgen. A este respecto hay que realizar una aclaración. Actualmente existe la tendencia a explicar muchas de las expresiones religiosas propias del cristianismo por medio de una “transposición de culto”: una determinada ermita dedicada a la Virgen había sido culto de la ninfa de tal en época romana. Los cristianos adaptan el culto al modelo propio. Nada más lejos de una acertada y correcta interpretación como anteriormente hemos podido aclarar.

El cristianismo utilizó muchas de las formas externas, como bien pudieron ser los espacios que en la antigüedad se utilizaron para el ese culto determinado pero, lo que después ocurre allí de la mano del cristianismo, se adapta a una teología claramente propia. Tiempo tendremos en los casos que aquí se estudian de poder responder adecuadamente a estos interrogantes.

El cristianismo supo perfectamente, por muchas coincidencias que se quieran ver con centros de origen romano o anteriores, dar su concepción al santuario porque no podemos olvidar que, el cristianismo nace en un ambiente y con un marcado sentido judío, de lo que realmente era para el pueblo de Israel. Igual que para los israelitas, el santuario era un recinto sagrado en que se guarda el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley es decir, donde se daba el culto oficial, incluso con el mismo rey a la cabeza, el cristianismo recibirá esa misma herencia, educado a dar culto a Dios bajo una pedagogía utilizada con el mismo hombre en la que éste aprendió a adorar a un Dios invisible y trascendente. Un culto que en muchas épocas se debilitó y se hizo superficial, llegando incluso a tendencias y prácticas idolátricas. Con frecuencia, el pueblo se vuelve más hacia lo material y la sensualidad de los ídolos.

En la figura de María, el santuario adquiere una especial significación. Desde la más pura teología y mariología, María es propiamente el santuario de Cristo, santuario vivo de Dios y síntesis personal de la Iglesia. Este es un hecho religioso. La presencia de Dios en medio de su pueblo, era para los israelitas, como es para el cristianismo, la presencia de Dios en medio de la Iglesia, un trasunto del cielo, donde los ángeles y los hombres salvados gozan de la presencia eterna y ya visible de Dios. Existe realmente esta idea en los hombres pobladores del Medioevo en la comarca emeritense. Tengamos en cuenta que, entre los siglos XIII al XV se está produciendo un asentamiento de población traída esencialmente desde tierras leonesas. El desconocimiento de las tierras, la influencia de la religiosidad propia de su lugar de origen, se convertirán en elementos imprescindibles para entender el proceso advocacional en torno a la figura de María.

El santuario tiene su origen en un lugar y unos hechos que son interpretados religiosamente por la fe de una comunidad, y luego que el santuario permanece como tal, mientras la fe de los devotos siga llevándoles a él como centro de una espiritualidad, o sea de una vida referida a la dimensión sobrenatural. Se quiere decir con esto que el carácter de peregrino y de espíritu de peregrinación han de estar vivos en el devoto, y, unidos a otros caracteres, es necesario que permanezcan, a fin de que se mantenga la identidad de santuarios para el lugar que sea, sea templo o ermita.

Desde esta perspectiva, el antropólogo A. Christian para definir los santuarios dice -en especial lo de nuestra geografía peninsular- que:

“Es un lugar donde hay una imagen o reliquia que recibe una devoción particular. Un santuario de define para la devoción de la gente y no por una característica histórica o artística inherente a un edificio o institución”.

En los casos que se estudian aquí, debemos unir un cuarto elemento del que hemos hecho referencia anteriormente: son lugares de peregrinación es decir, el santuario atrae a sus devotos y a otras gentes, que emprenden caminos[9], a veces largos y no siempre fáciles para acudir al santuario en cualquier momento y a veces en fechas de fiestas y celebraciones muy señaladas[10]. Se trata pues de un sentir religioso, a unos lugares determinados, que no están vacíos, sino que guardan en su interior algo, una imagen o una reliquia que mueve a la gente a peregrinar.

Esta claro que, para el devoto peregrino y su conciencia religiosa existe la convicción de que los espacios y los tiempos no son todos iguales. No ya porque algunos lugares son más propicios para sus cualidades o condiciones naturales para desencadenar una vivencia religiosa para la evocación de lo abstracto, lo numinoso, lo divino, sino porque están marcados por una especial presencia o un toque particular de lo sobrenatural, de la divinidad, que tiene su origen en algún suceso histórico maravilloso: “aparición de la Virgen a los pastorcillos” por ejemplo. Proximidad a una fuente de aguas saludables.

Afirmamos entonces, que para el hombre creyente, en esos lugares se ha dado lugar una revelación divina, una hierofanía o teofanía, que ha consistido en un milagro, una aparición, una curación, la preservación de un mal individual o colectivo: enfermedad, peste, guerra, hambre, terremoto, inundación o tempestad, desconocimiento y temor, sentido de protección ante los peligros de una tierra desconocida.

Este acontecimiento, es atribuido por la fe a la acción de la divinidad en esos lugares, convirtiéndolos en sagrados, y así han sido seleccionados y construidos por la fe, una fe que se ha hecho a lo largo del tiempo común y colectivo. A estos elementos propiamente religiosos hay que unir otros de carácter administrativo y jurídico para la elección del lugar donde edificar el mencionado santuario. Muchas veces, el lugar natural, con su capacidad y fuerza evocadora de lo divino, subraya y sirve de entorno a la edificación del santuario como casa de Dios, como monumento conmemorativo de la actuación sobrenatural de la divinidad allí. Ambos elementos, el natural y el sobrenatural, el estrictamente religioso y el histórico, juntos, dan lugar al proceso devocional y lo sostiene a lo largo del tiempo. Tales son el caso de las advocaciones estudiadas pues, existen y perduran hoy en día desde su nacimiento medieval.

Una vez surgido y perdurable, el santuario se convierte en un microcosmo constituido por el hombre que pone su centro simbólico en ese lugar. Dios es un para él, un universo ordenado, armónico, limpio y bello; un universo organizado y orgánico en su correspondencia con el orden natural y el sobrenatural, que permite la transparencia del absoluto, del eterno y del todopoderoso. Además, se hace cercano al hombre porque es considerado también como propio.

P.5. La presencia mariana en los casos propios de la comarca Montijana.

P.5.1. La devoción en torno a María bajo el topónimo de Barbaño.

Nuestra Señora bajo la advocación de Barbaño, es la patrona de la villa de Montijo. A pesar de no ser una de las expresiones marianas más antiguas documentalmente, sin embargo, si es la que presenta una de las mejoras formas para el estudio de lo que es realmente el fenómeno en nuestra comarca.

Decimos que no es de las más antiguas puesto que, no será hasta los años centrales del siglo XVI cuando aparecen en los libros de visita de la Orden Militar de Santiago referencias sobre el estado de su ermita y la fábrica de su mayordomía. Sin embargo, la unidad historiográfica y la referencia de cronistas de diferentes momentos, unidos a la “tradición popular”, nos obligan a situar la aparición de esta advocación posiblemente en los años de los siglos XIV-XV.

La tradición oral que ha sido posteriormente recogida por historiadores desde el siglo XVII al actual[11] afirma que, siendo la zona conocida como paredones de Torreáguila (recordemos la importancia de esta zona en los apartados anteriores), lugar de preferencia para llevar el ganado, especialmente desde las poblaciones más cercanas como la villa de Montijo, a dos pastorcillos naturales de esta población mientras pacía su ganado a las orillas del Guadiana, se les “apareció” la Virgen María dándoles unas órdenes muy específicas: a cambio de una divina protección sobre Montijo, éstos tendría que levantar una ermita o santuario en esa zona para su culto y devoción.

Continua el relato, que estos pastorcillos decidieron trasladar la imagen que a su vez allí era encontrada sobre la divina Madre hasta la entonces iglesia parroquial de San Isidro en Montijo (uno de los pocos datos que nos permitirán posteriormente fechar el origen de esta “aparición”), y que por dos veces, la imagen desapareció, volviendo al lugar original, es decir, en la zona de Torreáguila y junto al Guadiana.

La posterior investigación histórica y el lógico intento de adaptación a la propia realidad del momento, nos permite hoy en día por un lado, conservar esta bella historia que se sigue transmitiendo de generación en generación -que tampoco es nada original en el fenómeno mariano en Extremadura, recordemos la misma sobre la Virgen de Guadalupe- y por otro lado, conocer con una mayor exactitud, cómo y por qué surge este fenómeno mariano que aún perdura hoy en día y que sin duda, constituye una fuente inagotable de fe y de amor a Dios, verdadero centro de todo culto mariano (aspecto que posteriormente explicaré).

Existen varios elementos en esta narración que nos permiten ubicarnos cronológica y geográficamente. Éstos son:

  • Paredones de Torreáguila como lugar original de la aparición.
  • Cercanía del río Guadiana, confirmando la situación anterior.
  • Toponimía de la advocación Barbaño, evolución fonética de la palabra original Barvanna, que incluso en documentos del siglo XIX, era todavía utilizado y conservados en el Archivo Diocesano del Arzobispado e Mérida-Badajoz, conservándose además copia en el Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol en su sección del Fondo Histórico.
  • Traslado de la imagen hasta la iglesia de San Isidro.
  • La imagen “vuelve” al lugar de origen.

Los dos primeros de ellos lo hemos estudiado con anterioridad. Torreáguila había sido una zona de gran afluencia poblacional desde el siglo I hasta el momento de las invasiones musulmanas. Será igualmente una importante zona en los procesos de reconquista y repoblación, especialmente por su cercanía a las ricas y afluyentes aguas del río Guadiana. Esta zona fue adehesada por la Orden Militar de Santiago desde el mismo momento en que en el año 1235, el arzobispo de Santiago don Bernardo II y el maestre de la orden don Pedro González Mengo, y en su nombre, el comendador mayor de León, don Rodrigo Ennecio, se establece el fuero para regular a todos los individuos que pueblen la zona emeritense, entre las que se encontraba esta zona mencionada. Ello quedó reflejado en el denominado Fuero de Mérida, donde aparecen las cláusulas y concesiones para los habitantes de Mérida y pobladores del término, incluyendo expresamente también a los “futuros moradores”.

A partir por tanto, del siglo XIII, comenzarían los lentos procesos de repoblación sobre un territorio desconocido y por tanto temido, ubicado geográficamente muy cerca de las razzias musulmanas. Entre los siglos XIV y mediados del siglo XV, el proceso repoblador se completaba , esencialmente moradores leoneses por recaer la reconquista en beneficios a este reino castellano-leonés y por ello, situamos en estas fechas la aparición de esta advocación mariana así como la de los restantes pueblos de la comarca.

El tercer elemento es uno de los aspectos más interesante sobre la advocación mariana específicamente abordada. Se trata del actual nombre, Barbaño. Estamos ante una evolución fonética de la primitiva denominación Barvanna, palabra compuesta por el prefijo hebreo Bar- que significa “hijo-a” y el sufijo latino “-anna”, nombre con el que los romanos denominaban al río Guadiana. Su traducción sería Hija del Guadiana o Hija de las Aguas, puesto no olivemos que además de la cercanía del río, la antigua villa romana contaba con una amplia zona dedicada a las termas o baños, próxima a las zonas de culto cristiana del baptisterio y martirium.

La excepcional desaparición de la imagen una vez traslada lógicamente por quienes la encuentran, lógicamente alguna antigua imagen de culto cristiano de época anterior, desde la iglesia de San Isidro en Montijo a la zona donde se encuentra actualmente, la dehesa de Barbaño, se debe sin duda a problemas jurisdiccionales con los comendadores y encargados de la orden santiaguista, que obligaron a que la imagen volviera al lugar donde se había encontrado, eso sí, monopolizando su culto la naturalidad de quienes la habían encontrado y que pertenecían a la población con más fuerza en esos momentos a parte de Mérida, la villa de Montijo.

Procesos lentos, como todo lo que es protagonizado históricamente por el hombre y que contaría ya a finales del siglo XV con una importante fuerza para levantar la ermita que poco después, a mediados del siglo XVI, se nos cuenta como un edificio que se he quedado pequeño y que se introduce en obras de remodelación y ampliación. Tampoco podemos olvidar que, la iglesia de San Isidro es una edificación plena en rendimiento en esta centuria y que decaerá a finales del siglo con la obtención del título de parroquia en un nuevo templo en la villa montijana, la de San Pedro, propio también de la orden santiaguista, dotar a las poblaciones de nuevas edificaciones religiosas para mayor impronta de su institución.

Respecto a la talla de Nuestra Señora de Barbaño, la que actualmente veneran los montijanos nada tiene que ver con la primitiva que si pareció ver el historiador Moreno de Vargas afirmando en 1633, que era morenita como la de Guadalupe. Se trataba entonces de una imagen sedente con el niño en sus rodillas. Hoy es una imagen de vestir, con la imagen del niño Jesús en una de sus manos y un cetro de reina en el otro, que ha sido recientemente restaurada y datada su noble madera más antigua en el siglo XVII.

Al llegar los años centrales del siglo XVI, la ermita levantada con anterioridad y que ha sido tipificada por la doctora Aurora Ruiz Mateo como una ermita de morfología no precisa y cercana a un modelo que podría representar un espacio con dimensiones aproximadamente entre veintiocho y treinta pies, es recogida dentro del 45,9% de las ermitas estudiadas por la doctora[12], recibirá el aliente económica de una fábrica de la que he podido documentar los primeros mayordomos en el año 1553 de la mano de García Sánchez de Juan y que administrativa y eclesiásticamente recaería en la parroquia de San Pedro, siendo su cura párroco y por tanto capellán de ella, los frailes de la orden santiaguista Fernando Núñez y Lucas Pérez (que lo fueron entre los años 1550-1556).

Una administración que creció hasta dotar al santuario y advocación en torno a María de Barbaño de una Cofradía que nació a inicios del siglo XVII según la documentación existente y que pervive en la actualidad siendo lógicamente centro de todas las actividades de culto que se realizan sobre el santuario que cuenta igualmente con algunos de los bienes de renta y censo que adquirió a lo largo de los siglos y que sigue canalizando las fiestas patronales el 8 de septiembre (festividad de la Natividad de la Virgen).

P.5.2. Santa María del Rosario y Nuestra Señora de La Salud en la villa de Esparragalejo: siglo XV-XVII.

Sobre la población de Esparragalejo, no existe constancia documental de advocación mariana hasta los años iniciales del siglo XVI, pues las actas de la visita santiaguista para el último tercio del siglo XV, únicamente hacen referencia a la asistencia espiritual dentro del templo bajo la advocación de Santiago.

Sin embargo, al llegar los años iniciales de la Centuria del Quinientos, concretamente entre 1507 y 1508, esta misma fuente documental nos afirma la construcción de una nueva iglesia, que adquirirá el rango de parroquia perdiéndolo la hasta entonces de Santiago. El nuevo templo se encuentra en estos años en construcción y se dice que es “…la qual es nuevamente fecha”.[13] Junto a esta afirmación, la funcionalidad del nuevo templo en estos momentos está enormemente reducida pues el Sagrario no tiene puertas y en él aún no se recoge el Santísimo, aspecto que la Orden de Santiago controlaba con especial observancia y ponía como condición indispensable para el culto[14] el que no sólo se encontrara, sino que además lo hiciera en buen estado.

En el año 1508 contaba la iglesia con tres altares, el mayor estaba dedicado a la advocación de Santa María, con una imagen de bulto de buena calidad. Junto a ella en este mismo altar, otra imagen de la Verónica, procedente de la ahora ermita e Santiago (en la visita de este año no aparece y en las anteriores fue descrita). Otro de los altares estaba dedicado a los Santos Mártires, advocación de enorme importancia en toda la comarca pues, en la práctica totalidad de pueblos estudiados existía el culto a San Fabián y San Sebastián y, que en el caso de Esparragalejo se repetía el culto, pues en Santiago existía otro altar a los mártires. El último dedicado a San Juan.

La fuerza advocacional en torno a Santa María era desde los inicios muy grandes pues, una de las muestras que refleja la misma fuerza advocacional radica en las posesiones. En el año 1508, para una iglesia en construcción y una advocación tan naciente, poseía ya dos casas en la villa, cuatro fanegas de tierra para cebada, ocho fanegas de trigo, cuatro borregos y dos becerros. Dichos bienes eran administrados por Marcos Ximénez mayordomo de la iglesia en el año de la visita.

En 1511 fue construida en la iglesia una pila de bautizar, otro de los elementos indispensables para el correcto funcionamiento de un templo como exigencias de la orden santiaguista. Igualmente, los mandamientos de los visitadores autorizan la realización de objetos de culto como ornamentos para la iglesia:

“Que se faga un caliz de plata y para ello, sea pagado de la venta del pan, los puercos y los borregos que la iglesia posee”.[15]

Contaba con un clérigo con título de beneficio que era Bartolomé Sánchez del hábito de San Pedro. Resulta este dato importante porque a través de la presentación de sus credenciales, situamos con mayor exactitud la erección de la iglesia de Santa María. Bartolomé Sánchez presentó título firmado en 1508 en la ciudad de Burgos y colación (que otorgaba a un templo una adscripción de territorios, lo que llamamos propiamente una parroquia), firmada por el Provisor del conventual de San Marcos de León, con fecha del 10 de julio del mismo año. Igualmente, el cura párroco presentó un libro donde se recogían la administración de los sacramentos.

El esplendor de la iglesia parroquial de Santa María se alcanza entre los años 1549 y 1551 con censos, bienes y posesiones que se incrementan en estos años centrales del siglo XVI. Ahora bien, la devoción patronal más importante en Esparragalejo gira en torno a la Virgen de la Salud. Las preguntas pueden centrarse en torno a las siguientes cuestiones: ¿Es ésta la advocación de Santa María a la que hemos hecho referencia? ¿Se trata de dos imágenes advocacionales distintas? ¿Si son diferentes, cuándo surge la vocación de la Virgen de la Salud?

En primer lugar hay que decir que, la talla de la Virgen de la Salud es una imagen de finales del siglo XV. A partir de los años centrales del siglo XVI, la titulación de la iglesia parroquial es la de Nuestra Señora del Rosario, luego no hablamos de una misma imagen y de un mismo culto. Por otro lado, el origen toponímico de “Virgen de la Salud” le proviene del nombre de una fuente que existe próxima a su ermita y que es conocida como la fuente de La Salud y los orígenes de su culto está sin duda relacionado con atribuciones salvíficas de las aguas e intervención divina.

A inicios del siglo XVII esta idea se ratifica aún más. La iglesia parroquial es de la vocación de Nuestra Señora del Rosario, imagen que presidía el altar mayor entre los años 1600 y 1610, cuyos bienes y posesiones eran administradas por el mayordomo Francisco Sánchez y el título de beneficio era desempeñado por el licenciado Juan Dávalo, religioso del hábito de San Pedro desde el año 1602.

P.5.3. Nuestra Señora y Nuestra Señora de La Caridad en la Garrovilla: siglo XV.

La devoción mariana en la villa de La Garrovilla aparece documentada en el mismo espacio cronológico que las fuentes santiaguistas sobre esta población. En el año 1494 contaba con una iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora[16].

Se trataba de una imagen de bulto situada en el altar mayor de la iglesia. De singular importancia es para este estudio, la visita recogida en el Libro de Actas de la Orden Militar de Santiago en el año 1498[17] pues nos da ya referencia a la ermita en torno a la advocación de Nuestra Señora de La Carilla, cuya evolución fonética dará lugar a la actual Virgen de La Caridad[18]. La ermita se situaba en el término de la población y se recoge como un edificio en muy buen estado, a pesar de no existir sobre ella descripción alguna desde el punto de vista arquitectónico. De ella se dice en esta primera visita:

“Hay en este lugar, en su término, una ermita que se llama de Santa María de la Carilla, la qual está muy bien reparada. Tiene un corral parte de la casa y cincuenta colmenas”.[19]

¿Dónde puede estar el origen de este culto? Posiblemente en los mismo orígenes medievales que hemos descrito en los procesos de repoblación de la zona. Los orígenes de la Virgen de La Caridad encierran un lenguaje similar al de Nuestra Señora de Barbaño en Montijo. La tradición cuenta que, alrededor de los años de 1490, dentro de una ambiente marcado por la lluvia, en los aledaños de la villa, fue encontrada una imagen de talla morena en las riveras del río Lácara, levantándose una ermita tras un suceso exactamente igual al de Nuestra Señora de Barbaño para Montijo: trasladada a la iglesia parroquial, “se volvió al lugar de origen donde se levantó una ermita”.

Responde igualmente su ermita a los rasgos analizados en el capítulo dedicado al estudio de los santuarios pues, aún dentro del término, se encontraba a una legua de éste. Su devoción en torno a los años finales del siglo XV y principios del XVI, llevaron a una bonanza económica que permitió la ampliación en las obras de la ermita con la construcción de una puerta en la zona del portal realizados en materiales de muy buena calidad según hincan los visitadores, obras realizadas entre 1498 y 1500. Sí contamos ya con el nombre del primer administrador documentado, que no mayordomo, pues era un vecino encargado de llevar las cuentas Juan Visado, al que reconocemos por el alcance que recibió del bachiller Alonso Ruiz Zambrano, Provisor de la Provincia. La actividad económica que nos presenta en estos primeros años resulta esencialmente centrada en la producción de trigo, cebada y ganado, consistente en tres ovejas y tres cabras, destinadas a la venta para obtener un dinero que iba destinado a la realización de una caja de plata donde poder guardar con mayor dignidad el Santísimo Sacramento y, para cubrir aquellas necesidades propias de la ermita.

Alrededor de la ermita existía una cerca de piedra, restos de una edificación muchos más antigua que nos sitúa con más certeza en los orígenes anteriormente indicados de esta devoción y que ahora, en el momento de la visita, era utilizado como lugar para recoger las colmenas. En el altar mayor, una imagen de bulto de Nuestra Señora. Dentro de la descripción de la ermita para los años iniciales del siglo XVI, se dice de ella en 1503 que en el arco central existía un crucifijo. Era mayordomo Juan Castaño, el cual presentaba los recibos de gasto por las obras de reformas que en la ermita se estaban realizando destinadas al mantenimiento, blanqueado y arreglo del altar mayor.

En el año 1508, la ermita adquirió un cáliz de plata y un ara para consagrar. El mayordomo y el cura párroco de la villa, Pablo Bolaños, presentaron a los visitadores las cuentas de la ermita, entregándolas al sucesor de la fábrica de la ermita, Alonso Cacereño. Muy importante para la ermita y el entendimiento de la devoción del pueblo de La Garrovilla es el año 1508. En este momento los visitadores santiaguistas mandaron:

“…que se faga en la dicha hermita la capilla de ella buena en madera de pino. Una capilla de dos gradas e que se blanquee la dicha capilla e se pinte alrededor de la imagen, que está de bulto, un friso de ángeles que lleguen desde lo alto e que se ponga rexa en el arco de dicha capilla…e que se blanquee toda la hermita por dentro”.[20]

Tres años más tardes, siendo mayordomo Alonso Fernández, fueron levantadas dos tapias en el lugar donde se encontraban las antedichas colmenas propiedad de la ermita. Realizadas en arquería de forma redonda, incluía dentro de este recinto la casa del ermitaño. Obras posteriores en los siglos XVII y XVIII, remodelan la ermita hacia espacios artísticos más adecuados a las necesidades del momento y que le hicieron perder sus formas originales como por ejemplo, la sustitución en los años finales del siglo XVII de la techumbre de madera en la capilla mayor por una bóveda de piedra.

De igual forma que en otros lugares estudiados y presentados en este trabajo, surgirá en los años iniciales del siglo XVII una cofradía que se encargaba de la regulación, administración y funcionamiento de la dicha ermita y advocación en torno a Nuestra Señora de La Caridad.

P.5.4. Advocación a Santa María en la villa de Puebla de la Calzada: siglos XV al XVII.

Quiero finalizar este pequeño acercamiento a las advocaciones marianas en torno a la imagen de María con la villa de Puebla de la Calzada. Si Montijo constituye el ejemplo de una ermita en las afueras dedicadas a Santa María. Si la villa de Esparragalejo es la pugna entre la devoción típica mariana y la advocación en torno a la Virgen de la Salud, al igual que ocurre en La Garrovilla con Nuestra Señora y la Virgen de La Caridad, Puebla de la Calzada levantó a finales del siglo XV un templo a expensas de la Nuestra Señora que desde el primer momento se convirtió en iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.

Con toda probabilidad, el culto y devoción tan cercano y próximo de Nuestra Señora de Barbaño (Montijo dista medio kilómetro de Puebla de la Calzada), inclinó a sus moradores a levantar en el último tercio del siglo XV un templo dedicado a María, del que era en 1494 párroco Juan García Salvador, de la orden de San Pedro. La importancia reside junto a su perfecto conocimiento arquitectónico desde 1494 hasta 1605[21].

Entre los años de 1498 y 1500 se nos presenta un edificio de pequeñas proporciones, de una sola nave con una capilla de madera y el techo atejado, que verá como en los años iniciales del siglo XVI (1500-1508) se inician obras por el derribo de la zona donde posteriormente se edificará un hospital de pobres. La primera fase importante de obras abarca los años de 1508 a 1515 sobre su arco, portal y torre, ampliándose el espacio arquitectónico del edificio. Sucediéronse en el curato parroquial Juan García Salvador (1494-1498), Diego Alonso (1500), Alonso Trigo (1508) y Rodrigo Alonso (1511-1515).

Las obras más importantes en torno a Nuestra Señora de la Encarnación corresponden a los años centrales del siglo XVI, con la utilización de la piedra y la realización de tres cruceros de cantería; la capilla mayor fue alzada con la construcción de unas gradas para el altar mayor y la decoración con azulejos.

Interesante respecto a la realización del altar mayor fue encargado en el año 1545 una vez que terminan las obras de su capilla mayor y que originó un importante pleito que ha sido profundamente estudiado por Pablo Iglesias Aunión y Manuel García Cienfuegos en obra anteriormente citada, pleito que enfrentó a Estacio de Bruselas y el nada desdeñable Luis de Morales.

Pero sin querer entrar en el desarrollo de todo lo anterior, entre otros motivos porque junto a estos dos autores, Carmelo Solís tiene igualmente importantes reseñas a este pleito y a estas obras y además, nos desviraría del tema central, si es cierto que, el encargo de una obra de estas dimensiones y a artistas de la fama de Estacio o Morales, expone bastante bien la enorme fuerza de la advocación de los moradores de Puebla de la Calzada hacia la figura de María, sobre la cual, incluso podemos ver una evolución en la advocación con atributos y títulos que se ciernen con fuerza en el amor de este pueblo a la Virgen.

Me refiero a que, en los primeros años de descripción de la iglesia parroquial, aparece como titular que en los años de 1494 a 1500 es recogida como Nuestra Señora, titulo que se repite hasta el año 1550, con pequeñas acepciones como son las correspondiente a los años 1508, 1511 y 1515: iglesia parroquial de Santa María. Pero a partir de 1556, se intitula como Nuestra Señora de la Asunción y en 1605, iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación.

P.6. El fenómeno de los milagros: una aproximación a su interpretación.

Estudiar el fenómeno mariano es indudablemente tener que atender al tema de los “milagros” es decir, intentar aproximarnos al conocimiento histórico de aquellos acontecimientos que el pueblo ha ido recogiendo a lo largo de los siglos y que él mismo ha interpretado como “hechos divinos”.

img2En el caso que nos ocupa, dentro de la comarca emeritense, una de las advocaciones que mejor permite conocer este hecho es sin duda la devoción montijana en torno a María de Barbaño. Ya a la altura de los años iniciales del siglo XVII, el historiador emeritense Bernabé Moreno de Vargas afirmaba:

“Hace cada día muchos milagros, por donde ha conseguido entre los pueblos de la comarca muy grande devoción que con ella se tiene viniéndola a visitar y cumplir sus promesas de muchas y diferentes partes. Siempre que los del Montijo acuden a su casa a cumplimentarla, los favorece en sus necesidades, se les remedia y es de manera que si hubiesen aquí de contar sus milagros, no cabrían en el corto espacio de un capítulo, antes necesita libro particular. Quisiera dar Dios aliento a algún devoto de esa gloriosa Virgen, para que los escriba y manifiesta al mundo, tan sagrado y rico tesoro como tiene Montijo”[22]

La devoción surgida rápidamente adquiere una llamada de atención sobre lo que más puede fijar la atención del ser humano: la intervención divina en los acontecimientos humanos. Y en el caso de Santa María de Barbaño llega a ser así, que son inseparables de su propia historia, las narraciones sobre este tipo de manifestaciones. El actual santuario, posee un habitación conocida popularmente como la de “los milagros” donde se guardan muchos exvotos[23] del pueblo ofrecidos a la imagen. Es sin duda este espacio, lo que queda históricamente del antiguo edificio descrito por los visitadores santiaguistas a inicios del siglo XVII, cuando afirman que:

“Tiene el arco toral de ella una reja de madera en la qual estaban colgadas diez muletas de enfermos”.[24]

Una devoción que no distinguía socialmente a los individuos. Analizando una sociedad propia del Antiguo Régimen extremeño, absolutamente estamentalizada, dentro de la nobleza montijana, concretamente de la mano de don Cristóbal Portocarrero y Luna, III Conde de Montijo, un esclavo de éste, moro de nación y de nombre Antonio, fue bautizado el 15 de agosto de 1623, como respuestas ante las rogativas a Nuestra Señora de Barbaño por la llegada de las lluvias. Su conversión a la fe católica viene como agradecimiento por la desaparición de una época de sequías:

“En la villa de Montijo, a quince días del mes de agosto de mil seiscientos veninte y tres años. Yo, el licenciado Hernández Silvestre, cura de esta villa, baupticé a Antonio, esclavo de su Señoría, el conde de esta villa. Moro de nación que se volvió a nuestra santa fe católica. Fue su padrino su Señoría y por verdad lo firmé”.[25]

Además, el mencionado “milagro” fue plasmado en un cuadro del cual únicamente conservamos un capia realizada en el año 1939.

En este mismo terreno y dentro del campo de las rogativas, existe otro exvoto pictórico que reproduce ya para el siglo XIX, la intervención de Nuestra Señora de Barbaño en los acontecimientos de la epidemia del Cólera Morbo Asiático, que azotó la villa de montijo y la comarca emeritense entre los años 1854-1855. La obra le fue encargada a un pintor natural de Zafra en 1863 por encargo del presbítero don Toribio Bautista. En la parte inferior del cuadro puede leerse:

“En el año de 1854 penetró el cólera morbo en la Puebla de la Calzada, los montijanos consternados por su proximidad, invocan a Nuestra Señora de Barbaño, atendiendo a sus ruegos y tendiendo el manto de la misericordia sobre su pueblo, ahuyenta a la mortal aguadaña que huye entre nubles tenebrosas y despeja la atmósfera, derrama esta Señora sobre sus devotos la pureza y claridad de su gracia, restituyéndoles la tranquilidad, y en agradecimiento a tan singular favor, don Toribio Bautista, pbro., le dedica esta memoria”.

Relacionado igualmente sobre este triste acontecimiento que se cobró un número importante de víctimas afectados por el cólera, se conserva otra súplica de la que fue autor el profesor de enseñanza primaria don Santiago Barrena: “Súplica a la Virgen de Barbaño para que nos libre del cólera”. En ella se pueden leer las siguientes estrofas:

“¿Qué delito cometió
Madre mía de Barbaño
el Montijo en este año
para usar tanto rigor?
Si otra vez se salvó
como milagro patente
Vos, que cual madre indulgente
mostráis con vuestros hijos,
retirad ya del Montijo
este cólera imponente”
.[26]

P.7. Valoración del sentido de la devoción popular en torno a la figura de María en la Baja Extremadura.

Nada de lo que escapa en las referencias anteriores a la refutación y documentación histórica podría en torno a la devoción del pueblo sobre María ser desdeñado. Porque en toda la evolución de estos siglos, desde lo que ha llegado a nosotros por medio de la tradición y la leyenda como, lo que oficialmente ha sido recogido e las actas eclesiásticas, responde claramente a una disposición interior y estable que inclina al hombre al reconocimiento que es capaz de tributar en forma de culto.

Hoy, cuando reflexionamos entre la antropología, la sociología religiosa, la propia teología y la Historia, la devoción no se puede identificar con sentimentalismo, que cuando este aparece, lo hace de manera accidental. Tampoco con otros cultos, por numerosos y frecuentes que puedan darse. No se mide la fe popular y la devoción en un pueblo o villa de los que hemos estudiado por la repetición excesiva y participación masiva en ellos de actos folklóricos, ofrendas florales, romerías y novenas. Se mide porque es el tiempo y la historia quien demuestra que estamos ante manifestaciones auténticas de lo espiritual, enraizado con la voluntad y la entrega total.

El Concilio Vaticano II dice que:

“la verdadera devoción no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes”.[27]

De este texto podemos deducir tres elementos característicos en todo el devenir histórico de estos pueblos y villas de la Baja Extremadura centrando en los pueblos de la comarca emeritense que se encuadran dentro del mismo análisis del tema mariológico:

  1. El reconocimiento de la excelencia de María. Se trata de un conocimiento sobrenatural, fruto de la fe revelada. Es, por tanto, un don de Dios, que nos descubre la grandeza de la maternidad de divina y de los demás dones que El le ha otorgado, para hacerla digna morada de su Hijos.
  2. Amor filial, como consecuencia de ese conocimiento sobrenatural es el amor, pues fides per caritatem operatur. Evidentemente es una amor sobrenatural, que nos lleva a honrar y a venerar a María, porque es Madre de Dios y Madre nuestra y es digna de ser amada.
  3. Imitación de sus virtudes, ya que el amor, si es verdadero tiende siempre a la identificación

Fuentes Bibliográficas Utilizadas:

  • Bastero de Eleizalde, Juan Luis: María, Madre del Redentor. Editorial: Eunsa. Pamplona, 1995.
  • Concilio Vaticano II. Documentos. Edición promovida por la Conferencia Episcopal Española. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1996.
  • Eliades, Mircea: Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tres tomos. Editorial Piados Orientalia. Barcelona, 1999.
    • Tratado de la Historia de las Religiones. Editorial: Ediciones Cristianas. Madrid, 2000.
  • Iglesias Aunión, Pablo García Cienfuegos, Manuel: La villa de Puebla de la Calzada (años 1494-1605). Una visión de su estructura social, económica, administrativa y religiosa. Excmo. Ayuntamiento de Puebla de la Calzada y Excma. Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 2001.
    • La epidemia del cólera morbo en la villa de Montijo. Revista de Feria y Fiestas. Excmo. Ayuntamiento de Montijo. Septiembre, 1990.
  • Iglesias Aunión, Pablo: Historia de la Comarca de Lácara. Del Medioevo a los Tiempos Modernos. Edita: Adecóm-Lácara y Excma. Diputación Provincial de Badajoz. II Edición. Badajoz, 2002.
    • Historia, religión y fe en Nuestra Señora de Barbaño. Piedad y Religiosidad popular en Montijo. Edita: parroquia de San Pedro Apóstol. Montijo, 1999.
  • Maldonado, Luis: Introducción a la religiosidad popular. Editorial: Sal Térrea. Presencia Teológica. Santander, 1985.
  • Matte, Alfredo Ginés, Jesús: Hacia una interpretación cristiana de la historia. Editorial: Desal-Herder. Barcelona, 1974.
  • Moreno de Vargas, Bernabé: Historia de la ciudad de Mérida y pueblos de su comarca. Año 1633. Patronato de la Biblioteca Pública Municipal y casa de la Cultura de Mérida. Octava Edición. Mérida, 1992.
  • Navarro del Castillo, Vicente: La Garrovilla. Pinceladas históricas de una villa santiaguista. Excmo. Ayuntamiento de La Garrovilla, 1994.
  • Rodrígurez Martín, Germán: El poblamiento rural en la época antigua. Coloquios sobre la Historia de Montijo. Edita: Excmo. Ayuntamiento de Montijo, 1987.
  • Ruiz Mateos, Aurora y Otros: Arte y Religiosidad Popular. Las ermitas en la Baja Extremadura. Siglos XV-XVI. Excma. Diputación Provincial de Badajoz. Servicios de Publicaciones. Badajoz, 1995.

Fuentes Inéditas utilizadas:

  • Archivo Histórico Provincial de Badajoz.
    • Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago: Libros de visitas correspondientes a los años 1494-1605 para las localidades de: Montijo, Puebla de la Calazada, La Garrovilla y Esparragalejo.
    • Series:
      • Libro de visita número 1101 c. Mc. Año 1494.
      • Libro de visita número 1103 c. Mc. Año 1498.
      • Libro de visita número 1104 c. Mc. Año 1500.
      • Libro de visita número 1107 c. Mc. Año 1508.
      • Libro de visita número 1108 c. Mc. Año 1511.
      • Libro de visita número 1109 c. Mc. Año 1515.
      • Libro de visita número 1112 c. Mc. Año 1550
      • Libro de visita número 1113 c. Mc. Año 1556.
      • Libro de visita número 1246 c. Mc. Año 1605.
  • Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol. Sección: Registros Sacramentales.
    • Libro Segundo de Bautizados. Años: 1620-1641

NOTAS:

[1] A este respecto es decir, sobre una interpretación cristiana de la Historia, es importante conocer la obra de Alfredo Matte y Jesús Ginés titulada Hacia una interpretación cristiana de la historia. Editorial HERDER, Barcelona. 1974.

[2] Carrel, Alexis: El hombre, un desconocido. Editorial Zig Zag.

[3] Ya fueron expuestos en estos mismos Coloquios Históricos de Extremadura, en su edición XXVII, dentro del trabajo que presente bajo el título Una aproximación a la religiosidad y la piedad popular por medio de las Cofradías en Extremadura durante los Tiempos Modernos. Actas de los coloquios, páginas 211-236.

[4] Me refiero a esas teorías que apuntan que el cristianismo, dentro del fenómeno devocional mariano, lo que únicamente ha hecho ha sido, heredar el culto a las “grandes madres” relacionando a María especialmente con la diosa Cibeles (Frigia), Deméter (Eleusis), Artemis (Efeso), Isis (Egipto), Afrodita (Grecia), Venus (Roma), que fueron adoradas como “mater dolorosa”, “stella maris”, “regina coeli”, etc.

[5] Rodríguez Martín, German: La presencia visigoda y árabe en MontijoColoquios sobre la Historia de Montijo. Excmo. Ayuntamiento de Montijo. Montijo, 1987. Pág. 19.

[6] Moreno de Vargas, Bernabé: Historia de la ciudad de Mérida y pueblos de su comarca. Año 1633. Patronato de la Biblioteca Pública Municipal de Mérida y Casa de la Cultura. Octava Edición. Página 457.

[7] Moreno de Vargas, B. Op.cit.

[8] La entrega respondía a un antiguo compromiso adquirido por abuelos y padre del monarca de realizar dicha donación al arzobispo don Bernardo y, que fue firmado en el castillo de Atalaya.

[9] Moreno de Vargas cita en el siglo XVII para la advocación en torno a María de Barbaño, que ésta era ya afamada por sus innumerables “milagros” que realizaba por toda los pueblos de la comarca.

[10] Aquí reside la explicación de que, por ejemplo, sea en fechas próximas el 8 de septiembre (natividad de María), cuando la imagen es trasladada desde su santuario a la matriz. Montijo, Virgen de Barbaño, el 28 de agosto.

[11] Basta citar por ejemplo, Bernabé Moreno de Vargas para el siglo XVII o Vicente Navarro del Castillo, Manuel García Cienfuegos en la década de los setenta y ochenta del siglo XX y, Pablo Iglesias Aunión en la actualidad.

[12] Ruiz Mateo, Aurora y Otros: Arte y Religiosidad Popular. Las ermitas en la baja Extremadura. (Siglos XV-XVI). Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz. Colección Arte-Arqueología. Badajoz, 1995. Pág. 80. También en la obra de Iglesias Aunión, PabloHistoria, Religión y fe en Nuestra Señora de Barbaño. Piedad y religiosidad popular en Montijo. Edita: iglesia parroquial de San Pedro Apóstol. Montijo, 1999. Págs. 20-30.

[13] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro de visita número 1107 c. Mc. 36. Esparragalejo: Años 1507-1508

[14] Existe en la reglamentación de los visitadores santiaguistas, un patrón que se repite y que por tal se sigue en todas las localidades del territorio santiaguista. Al visitar un templo, fuera del rango que fuese es decir, parroquia, ermita o santuario, lo primero que los visitadores realizaban era la visita al Santísimo y observan con una enorme pulcritud, el estado en el que se encontraba el Santísimo Sacramento resguardado.

[15] Ibídem, nota 13. Libro de visita número 1108 c. Mc. 37. Esparragalejo, año 1511.

[16] El templo bajo la advocación de Nuestra Señora, titular en La Garrovilla, aparece descrito en la visita del año 1498 en los libros de actas de la orden militar de Santiago. Estamos una vez más dentro de los parámetros constructivos propios de la época y dentro de las regulaciones arquitectónicas de la misma Orden Santiaguista. Sin embargo, Vicente Navarro del Castillo afirma en su obra La Garrovilla. Pinceladas Históricas de una villa santiaguista, afirma que (pág.98), que se carece de documentación antigua sobre el templo y que construcción debía de ser de inicios del siglo XVI, fechas sin duda equivocadas pues el templo poseía ya sagrario en 1498 y una imagen de bulto perfectamente descrita.

[17] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro de visita número 1103-c. Mc: 34. La Garrovilla. Año 1498.

[18] Vuelve a equivocarse Navarro del Castillo, cuando habla de que la imagen de Nuestra Señora de La Caridad remotándose a las referencias de Bernabé Moreno de Vargas. Desconoce la existencia en el siglo XV de una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de La Caridad.

[19] Ibíd.

[20] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro de visita número 1107 c. Mc. 36. La Garrovilla, año 1508.

[21] Importante para el conocimiento de la villa de Puebla de la Calzada bajo la influencia de la Orden Militar de Santiago, la obra de Iglesias Aunión, Pablo yGarcía Cienfuegos, ManuelLa villa de Puebla de la Calzada (años 1494-1605). Una visión de su estructura social, económica, administrativa y religiosa. Edita: Excmo. Ayuntamiento de Puebla de la Calzada y Excma. Diputación Provincial de Badajoz. Servicios de Pueblicaciones. Colección de Historia IV. Badajoz, 2001.

[22] Moreno de Vargas, op.cit

[23] Los exvotos hemos de entenderlos como, una ofrenda pública de un objeto que el hombre de fe realiza a un ser sobrenatural. Lo hace en actitud de gratitud como respuesta a un favor recibido. Esta objeto que ahora es donado, fue en un primero momento ofrecido como promesa. En el mismo objeto encontramos una estrecha relación entre él mismo, la persona que lo ofrece y lo sucedido.

[24] AA.HH. Provincial de Badajoz. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro de visita número 1246 c. Mc. Año 1605. Villa de Montijo

[25] Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol. Fondo Histórico. Sección: Registros Sacramentales. Libro Segundo de Bautizados. Años: 1620-1641.

[26] García Cienfuegos, M. e Iglesias Aunión, P: La epidemia del cólera morbo en Montijo (1854-1855). Revista de Feria y Fiestas. Excmo. Ayuntamiento de Montijo. Septiembre, 1990.

[27] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium.

Oct 012003
 

Teodoro Agustín López López.

El tema que nos ocupa parcialmente fue presentado en los XXVI Coloquios de Extremadura. Ahora nos ceñiremos a la devoción de Badajoz al Santo, por considerarse la cuna de su nacimiento.

Compartimos con Antonio R. Rodríguez-Moñino su opinión al expresar: “De estas inclusiones de autores extraños no debemos sorprendernos mucho, teniendo en cuenta que nombres como el de San Atón, aún pasan como naturales de nuestra comarca, gracias al pueril empleo de un patriotismo mal entendido. Es frecuente este caso, hasta en nuestros días“. No avala su afirmación con razones y explicaciones convincentes. De aquí que nuestro trabajo intenta recoger documentalmente los supuestos argumentos de tal creencia y la remota posibilidad de verdad.

… debido a lo extenso de este artículo, se ha procedido a convertirlo en archivo para descargar:Icono pdf

Oct 012003
 

Félix Gutiérrez Rabaz.

ARQUITECTURA POPULAR

img1Hablar de arquitectura popular, es hablar de las formas y estructuras que siguen las viviendas de los vecinos que habitan en una localidad. Siempre se ha dicho que arquitectura popular es el modo de construir, en el cual no intervienen arquitectos ni siguen un trazado preestablecido, pero ejecutadas por alarifes y quienes han de ser sus moradores, valiéndose de los materiales disponibles en el entorno más cercano, también se puede definir el término popular como perteneciente al pueblo.

Un componente importante en la misma es la tradición constructiva de la zona, donde no se utilizaban el cemento, los azulejos, los terrazos y los grandes vanos.

Brozas cuenta en sus amplias plazas, sus recoletas plazuelas, sus calles de trazado irregular debido al emplazamiento, ya que se sitúa sobre una gran mole granítica, sus travesías serpenteantes y sus callejas angostas, lugares donde el recreo, el esparcimiento, el intercambio, la comunicación y el desahogo dan fe de un importante y variado patrimonio arquitectónico y urbanístico. Diferentes épocas y estilos se dan cita en la arquitectura religiosa (Iglesias, ermitas, conventos y cruceros) civil (Ayuntamiento, casas solariegas, palacios y casas singulares) militar ( Castillo, muralla y torre del homenaje) y autóctona o rural ( Casas populares) en definitiva, las señas de identidad, la historia y las vivencias brocenses.

CONSIDERACIONES PREVIAS

Cuando un grupo decide instalarse en un lugar para construir cobijo donde albergar a su familia, lo primero que hace es elegir un emplazamiento, bien por la presencia de agua, comunicaciones o carácter defensivo. La topografía y el soporte físico va a condicionar en buena medida su paisaje urbano y desarrollo.

Ni que decir tiene que el hombre ha vivido adaptado al medio o adaptando éste a sus necesidades, de esta relación surge, por una parte, un paisaje profundamente humanizado y por otra, unas formas de vida del hombre en un intento de salvar las limitaciones que le impone el medio natural.

Muchos son los elementos que hacen de la arquitectura popular algo personal, el medio físico imprime carácter determinado a la misma y de esta adaptación a él surgen una serie de soluciones constructivas. Como elemento diferenciador o unificador es la utilización de materiales que conforman el soporte físico de la zona.

Las formas tradicionales establecen un vínculo entre el medio físico y la población, por eso cuando nos ponemos frente a una vivienda, no estamos concretando los caracteres que la definen, vanos, materiales o elementos decorativos, sino también el paisaje que al rodea.

El acusado pragmatismo del alarife popular y su amplio conocimiento del medio, hace de la casa que no solo se conciba como vivienda, sino también para dar respuesta a otras necesidades en materia de almacenamiento de productos agrícolas, aperos de labor y cobijo de animales.

Atendiendo a las características de la vivienda popular, la región puede dividirse en tres zonas: la norte conecta con las formas Castellanas, la central o propiamente Extremeña y la sur de fuerte influencia Andaluza. En líneas generales la arquitectura popular de Brozas podría ser enmarcada dentro de la arquitectura del llano, ya que el territorio que la rodea es de relieve plano o suavemente ondulado.

MATERIALES, CIMIENTOS Y MUROS

El substrato geológico marca las primeras diferenciaciones en cuanto a uso de materiales que principalmente son el granito y la pizarra , cuya utilización se centra en construcción de muro de mampostería, solados, aleros y otras serie de elementos.

El primer paso que se daba a la hora de construir, era elegir el solar, desbrozar, picar a mano para hacer los cimientos, así de una buena o mala cimentación iba a depender la solidez de la misma, la mayoría se asentaba sobre la roca madre. Había que mover gran cantidad de piedras, puesto que los materiales sacados no se tiraban, se reaprovechaban para los muros, para ello utilizaban primitivos andamiajes de palos incrustados en la pared, ejecución de bóvedas, dejar los vanos sin que se cayese el muro, techar dejando una inclinación suficiente para evacuar las aguas sin miedo a las goteras.

Se aprovechaban las tablas de las cajas para el tejado, los plásticos como cristales, las latas se colocaban en la parte inferior de los exteriores de puertas y ventanas para la protección de la lluvia, a esto, bien se le podía llamar rusticidad. De esta manera se cumple una de las características que definen a la arquitectura popular, es la economía de medios y la reutilización. Esas formas primitivas en las que utilizaban materiales naturales como la piedra, la madera y la tierra, han dado fruto en la arquitectura tradicional.

Piezas labradas para dinteles, jambas, alfeizares y umbrales, mientras que el resto con mampostería de variada textura, tapial o adobe (mezcla de barro, paja y agua,) y ladrillo macizo (en menor cantidad) para arcadas de ventanas y aleros que se enlucían con cal. La mampostería se presenta en trozos de piedra irregulares en todas sus caras, consiste en ir disponiendo una pieza junto a otra sin estar sujetas a ningún orden, unidas con mortero o trozos mas pequeños.

Dentro de esta uniformidad arquitectónica nos encontramos con que se introducen elementos nuevos, el ladrillo como material y las portadas con dinteles de granito como arquitectónico.

Puede que la causa de esta introducción de elementos no sea de una evolución propia dentro de la construcción, sino más bien por influencia de sus moradores de otros lugares.

LOS VANOS

Son parte esencial en toda construcción, tanto los de entrada como los de ventilación, cuyo emplazamiento se ha trazado a medida que se levantaba el muro. Su tamaño y el número de ellos ha ido variando con el tiempo al adecuarse a las necesidades de sus moradores. De esta manera, las casas más antiguas disponen de pocos y pequeños vanos, teniendo una disposición asimétrica, mientras que las que se construyeron mas tarde se regulariza su distribución e incrementan el tamaño de los mismos.

La portada está compuesta por unos cierres verticales llamados jambas y otro vertical denominado dintel y el umbral denominado “poyo” ( este es el modelo ideal).

Con el nombre de puerta se denomina al vano de entrada y al elemento con que se cierra éste. Su material principal es la madera de la zona o importada. Una vez seleccionada la madera y cortada, se empieza al ensamble de piezas normalmente de textura lisa con recercado en el postigo o de cuarterones, elección del número de hojas, dependiendo del hueco a cubrir, tenemos de una hoja partida (menos común) y de dos hojas con postigo ( es la mas utilizada). La gatera, se sitúa en la parte inferior de la hoja de la puerta que no se abre, en la misma se practicaba una perforación en forma de círculo o cuadrado con portón de cierre interior, su misión era dar entrada y salida a los gatos propiedad del dueño de la casa.

El siguiente paso son la colocación de los sistemas de giro como son las bisagras y los de cierre, el mas común el cerrojo, realizado en hierro. Y como último se colocaba la cerradura de llave, cuya complejidad y tamaño han ido variando con los años, los llamadores, los remaches, claveteria y bocallaves, dando así vistosidad a la puerta.

El otro elemento arquitectónico que se dejan ya trazados cuando se levantan los muros es la ventana cuya misión inicial fue la entrada de aire y luz a la vivienda. Con el tiempo y con los cambios que sufre el concepto de casa, estos pequeños vanos se convierten en auténticos miradores. De esta manera se hace doble uso, por un lado funcional, permitiendo la ventilación y la iluminación, y social, es el mirador ideal para observar la vida que transcurre a su paso. Consta de jambas, dintel y alfeizar, la mayoría en granito, utilizando para el cierre puertas de dos hojas con postigo pequeño, y en algunos casos acristaladas con contraventana, utilizando rejas en el piso inferior ( no siempre) y cuando se colocan se hace con enrejados, y como remate se colocan, no siempre, en los laterales del piso superior la ménsulas.

No en todas las viviendas se da el balcón, considerado como elemento arquitectónico de prestigio para sus moradores, se colocaba justo encima de la puerta, teniendo dos variantes: uno con saledizo llamado balcón “volado” o el que no sobresale de la fachada, el antepecho o de “barandilla”. Se cierra con puertas de madera, de dos hojas y cristales.

ELEMENTOS FUNCIONALES Y DECORATIVOS

Un componente mas dentro de la fachada es la chimenea, que además de ser un sistema básico para la extracción de humo, hoy es un elemento decorativo. Tienen diferentes formas y tamaños, dependiendo de la casa, la más común es de forma rectangular, también las hay circulares. Los materiales utilizados en ella son la mampostería enlucida, ladrillo visto, encalada o con algún motivo esgrafiado. Consta de celosía o respiradero que es por donde sale el humo y entre aire y la cumbrera, que puede ser en espina o circular.

Las argollas, consta de una anilla enganchada a un clavo de metal, se utilizaban para atar a las bestias mientras sus dueños estaban en el interior de la casa. Su colocación es variada, en las jambas de la puerta o a lo largo de la fachada.

No podemos dejar de mencionar elementos tan característicos de nuestra arquitectura como son las ménsulas o “poyatas” que adquieren un carácter decorativo sin ser desligado de su finalidad práctica, como es el soporte de macetas, secado de semillas y fresquera.

Quizás el único sistema decorativo por ser empleado, son las distintas técnicas de esgrafiado que emplean motivos diversos, su localización más habitual es la fachada, consistiendo en dibujar o grabar con el grafito sobre una superficie estofada (lucido de cemento o revocada con cal). Normalmente la decoración de fachadas suele ser geometrías con decoración floral y una fecha, posiblemente la finalización de la casa.

LA CUBIERTA

Se dispone en la parte superior de la vivienda y su misión es la de proteger el interior de los agentes atmosféricos. Tiene que tener una cierta inclinación porque cuando llueva, el agua resbale y caiga por el canal o directamente a la calle. Normalmente tiene una o dos vertientes (también llamada una o dos aguas) según el tamaño de la vivienda. Consta de las siguientes partes:

La estructura principal sustenta toda la cubierta, en la misma se distinguen diferentes vigas: la cumbrera que se sitúa en la parte superior y sirve de apoyo a todas las demás, siendo su tamaño grande y resistente, la durmiente o zapatera se encuentra en la parte inferior, disponiéndose paralela al muro y sirve de apoyo a loslargueros que bajan de la cumbrera a esta, tienen la función de sujetar al entablado que como su nombre indica son tablas o “chillas”, jara o cañizo que se colocan encima de los largueros sujetándolos con púas, siendo elemento intermedio entre la teja y los largueros.

El tejado, no es una superficie lisa, estando formado por las tejas, llamadas árabes, alternando los perfiles cóncavo / convexo de las mismas, presentando la siguiente disposición: cobija hace que el agua se distribuya en dos ramales y con el canal se consigue canalizar y evacuar el agua de lluvia. En la colocación de las mismas se tiene gran cuidado en ir de abajo hacia arriba, de esta manera se evita que se estanque el agua. Para hacer la función de que el agua vierta hacia un lado u otro, se coloca una fila de cobija ensambladas entre si, conociéndose como limatesas o caballete.

Los tejados deben estar siempre limpios de malas hierbas, repaso las tejas que estuviesen en mal estado, rotas o desplazadas de sitio por el tránsito de animales (gatos y pájaros), así la mejor época para proceder al corrido o “correr” el tejado es el verano.

El alero es la parte inferior del tejado que sale fuera de la pared y sirve para desviar el agua evitando que caiga por ella, hay varias formas, simples, con remates y mixtos, se utiliza la pizarra y el ladrillo para dar vistosidad.

LA FACHADA

El revestimiento o conformación de la fachada ofrece varias soluciones casi directamente relacionada con la tipología de la vivienda, normalmente de mampostería enfoscada y blanqueada. La falsa cantería es un elemento empleado en ocasiones para sustituir la propia cantería. En la casa popular los vanos son mas pequeños sobre todo en ventanas y pueden o no estar recercados con cantería de granito, la misma se remata por el zócalo de falsa cantería o la llamada “cinta”, que como su nombre indica puede alcanzar los 10 cms. de ancho, utilizando para la misma mezcla de cemento, cal y agua, y en menor medida pintura.

Dominan en su conjunto las casas de dos plantas, de mampostería enjalbegada con vanos adintelados. Es común encontrar la puerta de entrada unida al vano que está sobre su eje en el segundo piso y unida mediante sillares graníticos al descubierto, en ocasiones se utilizaba el falso sillar. Atendiendo a la situación económicas del propietario, dicha peculiaridad se repite entre los vanos laterales del primer y segundo piso. Muchas de las fachadas que forman Brozas mantienen restos de su pasado: dinteles perfilados con dibujos conopiales o simplemente lisos, alfeizares labrados, ménsulas ornadas, argollas, etc.

Así la utilización del granito en recercados de vanos, poyos y alfeizares supone un elemento que embellece el aspecto general de la vivienda y el ornato del conjunto arquitectónico.

BIBLIOGRAFÍA

  • Escuela Taller de Turismo y Medio Ambiente. Patronato Pedro de Ibarra. Diputación Provincial de Cáceres. Apuntes de Arquitectura Popular. 1991 y 1992
  • Tural Sociedad Cooperativa. Apuntes de Arquitectura Popular. 1993
  • Rubio Rojas, Antonio. La Ruta de las Chimeneas. Cáceres 1980
  • ADENEX: Llanos de Cáceres. Badajoz 1995
  • Fatás, Guillermo y Borrás, Gonzalo M. Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. Alianza Editorial. Madrid 1991
  • Gran Enciclopedia Extremeña. Ediciones Extremeñas S.A. Madrid 1989
  • Inventario del Patrimonio Artístico de España. Cáceres y su Provincia.
Oct 012003
 

D. José Mª González-Haba y Guisado.

Siempre que deseo conocer algo sobre María, acudo a Ella, para de su mano llegar a la verdad.

Hoy me atreví a interrogarla sobre el sentido y porqué de su Coronación, hace ya medio siglo.

Mis fuentes va a ser San Lucas Evangelista, las tablas de la Anunciación, Visitación Dormición , Asunción y Coronación de la Reina de los cielos y de la tierra que nos dejó en la Iglesia de Santa María Fernando Gallego. Finalmente, dos fechas históricas: los días 25 de enero de 1232 y 18 de octubre de 1953.

En definitiva, averiguar quien es María, el amor de un pueblo a su Virgen y unas pinturas, recuerdo colorista de lo anterior.

LA ANUNCIACIÓN

La referencia evangélica es primorosa: El concepto de cielo sobre aquella mujer y lo que la Nazaretana piensa de Sí.

Es el instante de la Maternidad divina luego que la incomparable María fuese elegida para un prodigio de amor y de un incomprensible encargo a Gabriel. María única mujer nacida absolutamente para ser Madre, a la vez, de Dios y de los hombres.

Antes, el Ángel entra en la luz de la casa, en el silencio y en la oración de María.

Como pórtico del mensaje, una invitación a la alegría, porque llegan los tiempos mesiánicos.

¡María!, alégrate: Es el primer anuncio y la primera lluvia de gozo desde el cielo. Entonces, y para siempre, donde esté Ella, vivirá la alegría para el cielo, para la tierra, para los ángeles, para los hombres y para Dios.

Luego, el saludo de esta manera: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú entre todas las mujeres”.

“Has hallado gracia ante los ojos de Dios”.

¡Llena de gracia!, expresión no de origen humano y sí definición increíble que el cielo da de su persona.

María, desde su historia humana es, recibe plenitud de gracia y que en el instante de la Encarnación recoge una nueva y singular totalidad de la misma.

Todo porque creyó.

Dice San Lucas que con la presencia del Ángel se turbó, mas silencia el desconcierto del mensajero, ante la más maravillosa criatura salida de las manos de Dios.

Tras el saludo, aparece en los labios del Arcángel, el futuro de María: Concebir y dar a luz un Hijo que se llamará Jesús. La Virgen, ahora de los ojos bajos, dice no ser posible. No conoce ni conocerá varón.

Gabriel insiste. Será el Espíritu Santo, que descenderá sobre Ella y por la virtud del Altísimo la cubrirá con su sombra.

Toda la creación está pendiente de una mujer morena por el sol de la alegría y austera pueblerina.

María se define como la esclava del Señor, y responde con estas palabras, que son la mayor expresión de la libertad humana: “Hágase en Mí Tu palabra”.

No dice que sí, contesta con un rotundo “hágase”. Un día leí esto: ¿Qué hiciste para la Encarnación del Verbo?. Hacer, hacer, no hice, con Mi hágase deseé dejarme hacer”.

El resultado de la escena lo describe así García Lorca:

“Dios de salve, Anunciación,
morena de maravilla,
tendrás un Niño más bello
que los tallos de la brisa”.

Es el momento, en que, dice Valvidielso, formaron de la sangre pura de la Niña hermosa, el Padre, el Hijo y el Amor divino, un cuerpo hermoso de clavel y rosa.

Gabriel ha de volver al Padre. No puede entender tanto misterio, que Dios se encarne aunque fuere en tanta maravilla.

María, la primera redimida, donde Dios se permite el lujo de fabricar a su propia Madre. Dice San Ildefonso que “sólo Dios podía encarnarse en una Virgen sin dejar de serlo”.

He intentado buscar cuales fueron sus cualidades de María para su Maternidad divina. Un día me detuve en estas palabras del “Regina Coeli”, cuando se afirma que “mereció llevarlo en su seno”. Impresionante.!

Antes de marcharse el Ángel, me atreví a preguntar: ¿Cómo eran los ojos de Aquella Mujer?. Los poetas dijeron que verdes en Navidad, azules en la Asunción y negro azabache en la Pasión. Me sonrió, sin respuesta. Pero lo adiviné, en sus ojos estaba Dios.

Se marchó, y apareció la primera Soledad de María.

LA ANUNCIACIÓN DE SANTA MARÍA.

Extraída del Evangelista San Lucas. Tabla que por su luz, dice Ramos Rubio, es la más emotiva de todo el conjunto. Refiere la llegada del Arcángel, mientras María estaba en oración.

Nada dice el relato bíblico, sobre esta particular. Quizás, añado, por ser Ella una Virgen silente y orante, sin reclinatorio.

Se encuentra frente a un libro donde no es posible averiguar el contenido. A diferencia de la Anunciación de Fray Angélico, que está abierto por Isaías, cuando anunció que “una Virgen concebirá y dará a luz a un Hijo al que pondrán de nombre Emmanuel”.

LA VISITACIÓN

La casa de Nazaret, era de luz y de alegría que solicito Gabriel. La de Ella no tiene límites, porque la inicial fue tocada por el Espíritu Santo.

Hay un gozo que precisa de estallar hacia fuera el impulso de la Maternidad divina. El Evangelista lo refleja en el deseo de María de visitar a su prima Isabel, ya que la felicidad no es tal hasta ser compartida.

Necesidad de revelar su secreto “aceleradamente”. Acudir a las montañas de Judea y a la residencia de los suyos en Ain-Karin.

Montesinos cuenta que

“Con pasos acelerados
iba la Virgen
por los valles y collados …
Oh!, si la vieras cual iba
Por aquel recuesto arriba …”

Un viaje de cuatro o cinco días, donde María era nave ligera empujada por la brisa. La primera procesión del “Corpus”. Va en compañía de extraños, pero en soledad. En silencio, pero hablando con su Hijo que es la Palabra.

Llega a casa de Zacarías, esposo de Isabel, que entrada en años se encuentra en avanzado estado de gestación. Lo mismo fue escuchar la prima el saludo de María que como un eco de Nazaret, repite las palabras del Arcángel. “Bendita Tú eres entre todas las mujeres” y añade ser bendito el fruto que guarda en sus entrañas.

Dos mujeres extrañamente madres. Una, por su edad y esterilidad, otra, por su virginidad. Hablan así porque creyeron ambas. Zacarías, por incrédulo, permanece en la mudez.

La criatura de Isabel se exulta y anuncia a Dios pateando el interior de su madre.

María, ya no tiene nada que explicar. Su prima ha sido iluminada de todo lo acontecido.

Es el instante en que María con el máximo goce e infinita alegría entona el Magnificat:

“Engrandece mi alma al Señor,
y se regocija mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque se fijó en la bajeza de su sierva,
pues mirad que desde ahora
me felicitarán todas las generaciones;
porque hizo en mi favor grandes cosas en Todopoderoso,
y cuyo nombre es santo …”

Ruborosa y humilde en el Ángelus, exultante en el Magnificat, que no es sino la repetición gozosa, en voz alta, de lo que había dicho en silencio desde lo más hondo e íntimo de su alma.

¿Dónde, dice San Bernardo, se ve que alguna vez fuere María locuaz?. María es el silencio y la interioridad. Conservaba todas las cosas dentro de Sí, meditándolas en su corazón.

Exulta de divinidad, y se anonada la mujer que, a su vez, proclama la infinitud del Creador.

Dice Santo Tomás de Villanueva que el motivo que la impulsó a cantar fue “la humanización de la divinidad, la clausura que en su seno se sujeta Dios en forma de Niño”.

Juan Pablo II, ve la pronunciación del Magnificat en un éxtasis de amor y de agradecimiento al Señor por las maravillas que en Ella había hecho.

La esclava profetiza su grandeza, y anuncia a ser bendita por todos los pueblos y por todos los hombres. En Ella hizo el Padre maravillas. En el acto de la Anunciación el Ángel dice ser plena de gracia, ahora es Ella la que lo proclama.

Himno de la alegría por se el de la esperanza. Mosaico bellísimo de citas veterotestamentarias, que en sus labios están animadas por un espíritu renovador que se han actualizado y encierran sentimientos desconocidos. Las viejas promesas se han cumplido por María, y María desgrana el himno de su gratitud.

María compositora y cantora, en música de Dios. Salmo viviente, María los cantaba y los salmos cantaban a María. Con razón pudo decir Pemán, que el nombre de María es la más bella música que han podido formar cinco letras.

María, valiente hasta la audacia, canta la victoria de los humildes, de los sin voz, de los obedientes, sumisos a la Voz de Dios.

Maravillas imposibles de comprender. Veinte siglos transcurrieron desde aquél ayer. Las más grandes inteligencias, los más hondos pensares de los Santos, únicamente lograron descifrar como dogmáticas la Inmaculada Concepción, la Virginidad, la Maternidad y su Asunción gloriosa en cuerpo y alma a las alturas.

Atónito se queda uno. Me resta el recuerdo de la promesa de Cristo de las maravillas preparadas para quienes honran al Padre, entre ellas la plenitud de María.

LA VISITACIÓN EN SANTA MARÍA LA MAYOR.

Otro reflejo del Evangelista Lucas. El emocionante abrazo de las dos primas. Mas Gallego sitúa la escena en la calle. El texto sagrado, lo fija en interior de la casa en una escena sin verdadero interés pictórico.

DORMICIÓN, ASUNCIÓN Y CORONACIÓN DE MARÍA.

Tres instantes de la existencia de María. Sus últimos instantes en la tierra, su Asunción en cuerpo y alma a los cielos y la Coronación por la Trinidad.

Sin la Trinidad no es concebible María.

Nada de esto aparece en los Evangelios. Hay que mirar a la tradición recogida en los Apócrifos, a la declaración dogmática de la subida de Ella a las alturas, donde no se especifica si la muerte se atrevió a acercarse a la Madre concebida sin mácula, y finalmente la Coronación.

Poco voy a decir de la muerte, porque la muerte de María tiene colores de absurdo.

Me limito a llamar a los poetas.

Céspedes, dice que “en éxtasis dulcísimo asaz tierno muere de amor del Hijo soberano”.

De Lope de Vega son estas expresiones:

“Dulce la muerte de la que encendió la vida”.

“Ha de seguir el trance de la muerte pues murió para vencer la muerte”. “Su muerte fue como su maternidad”.

El Rey Sabio así dice: Cuando María sube al cielo, Santo Tomás la ve ascender y pregunta que adonde va. Ella responde que su alma se la lleva mi Hijo, y mi cuerpo lo llevan ahora estos Ángeles a su reino y voy con ellos.

Dice un poeta: ¿Qué es la Asunción?

“Después de morir la Virgen
como se duerme una estrella
cien Ángeles la levantan,
y al cielo se van con Ella”.
“Quedó el mundo entristecido
y desde entonces las flores
lloran gotas de rocío”.

La Asunción es el momento cumbre de la atracción de los dos más grandes amores que han sido. El de la Trinidad y el de la sencilla mujer de Nazaret.

Síntesis suprema, apoteosis sublime de la vida de la maravillosa mujer. Conjunción del Amor del Padre, del Amor del Hijo y del Amor del Esposo. El enamoramiento de la Trinidad del ser más bello que fue creado para la recreación de la divinidad, nacido de la Incontaminación, Virginidad intacta y Maternidad de María.

El primer título que el Concilio Vaticano II asigna a María es la de Hija predilecta del Padre.

Para los hombres, la Asunción es, además la fiesta más humana de María: la de su belleza física. Belleza que jamás se marchita y que iba con aumento con el tiempo. Cuando a Bernadeta Soubiroux, le presentaron la primera imagen de María dijo que Nuestra Señora, es incomparablemente más hermosa. Imagen perfecta de Dios. Como afirmó Calderón de la Barca, su belleza pasma a la naturaleza.

¡María!. Qué fácil y que difícil es hablar de Ti. Si se te mira, o en Ti se piensa, los labios estallan en piropos y requiebros, en alabanzas y loas que despiertan al corazón que quiere sumarse a todo e impide proseguir, porque en mitad del sendero, en la garganta, brota un nudo que impide continuar.

Pruebas de tales piropos están en los textos evangélicos: “Llena de gracia” te dice el cielo. Bendita la Madre que te parió, benditos los pechos que te amamantaron, dirigidos a Cristo cantaron los hombres.

María eres pedagoga del Evangelio y Evangelio vivo, y tienes Tu centro de enseñanza en tus santuarios repartidos por toda la geografía. Camino de bellezas en una letanía de nombres que no son otra cosa que un rosario de cariño.

Ni la pluma puede narrar, ni los pinceles colorear, ni las gubias tallar, lo que es la apoteosis de la subida de María a los cielos.

Todos los luceros, todos los soles, todas las estrellas rivalizan en ser Tu adorno. Todas las flores acudieron para entregarte su precioso cromatismo y deliciosos perfumes. Los Coros celestiales celebran el inerrable espectáculo. La Creación toda está allá para aclamar a quien es ya su Reina.

Sólo faltaron las nieves, de las alturas, porque conocían aquello de ser toda pulcra, y se avergonzaron de su negritud, ante la infinita blancura de María.

Al no existir allá en el Cielo el tiempo, al ser todo eternidad, eterna será la Asunción y Coronación de María como Reina de todo.

Rubén Darío Te dijo así:

“ … Reina más que todas ellas,
la Reina de las estrellas,
la Dulce Virgen María”.

San Bernardo, al hablar de la Asunción destaca el recibimiento en la Jerusalén celestial. Es el pago de la Trinidad y por Aquél a quien María recibió al venir a este mundo, con espectáculo inconcebible.

No hubo en la tierra lugar tan digno como su seno virginal, ni en el cielo trono tan excelso como el que el Hijo preparó a su Madre.

María, dice la Lumen Gentium. “fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vendedor del pecado y de la muerte”.

María, con su Asunción no abandonó al hombre.

Luis Rosales lo afirma así:

“No se pierde, no se va
y se queda
coronada de cielos, tierra añora
y baja en descensión de Mediadora,
rampa de amor, dulcísima vereda”.

La citada Lumen Gentium, recoge este mismo sentir, de esta literal manera: “Una vez recibida en los celos, no deja su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión, los dones de la eterna salvación”.

DORMICIÓN, ASUNCIÓN Y CORONACIÓN EN SANTA MARÍA.

Fernando Gallego se inspiró para la Dormición en el Pseudo Evangelio de José de Arimatea. Para la Asunción mirá el libro de Juan Arzobispo de Tesalónica.

En el primer caso, la Tabla recoge a María en el lecho mortuorio, con San Pedro a la cabecera y a San Juan con la Palma que bajó un Ángel y preceder el cortejo funerario.

En la Asunción, la más linda de las tablas, en mi criterio, aparece María revestida de sol, idea del Apocalipsis, en el instante en que lanza el cinturón con el que ciñeron su cadáver. Situación recogida en otras representaciones, cual ocurre en el Misterio de Elche.

No me convencen las obras de arte que rodean a María de Ángeles que la suben. Pecheco escribió que es únicamente para dar a entender que la acompañan como gloria merecida a su majestad al ser recibida por la Trinidad.

Para mí, es una subida por atracción de amores y no dable de expresar. Así el P. Cué Romano, escribe que tales acompañamientos, sólo retrasan o estorban la subida.

La Coronación, es pura creación de Gallego. Se sale del pintar clásico, de ser Coronada por el Padre y el Hijo, con presencia del Espíritu Santo, y así las obras de Velázquez, el Greco, Ribalta, Juan de Juanes entre los españoles.

La Coronación, por el Hijo, como hace Gallego es original, y sólo encontré una pintura de Vivarini.

Nada digo de otras obras pictóricas trujillanas, cuales son la Asunción de Llop, en San Francisco, la Anunciación en piedra de la portada de La Encarnación y la del altar de los Altamiranos en Santa María.

SIGNIFICADO DEL 25 DE ENERO DE 1232.

El nuevo y moderno Trujillo nace el día 25 de enero de 1.232, en su amanecer, cuando es arrebatado definitivamente al invasor agareno.

Su significado no es sólo guerrero, que entraña su incorporación a la cultura cristiana.

Dice nuestro historiador Naranjo que cercando las tropas cristianas las murallas del lugar “un vivo resplandor les alentó con visión sobrenatural, en la que todos reconocieron a la celestial Señora que confortaba a sus hijos … aclamando con todo el ejército a la Santísima Virgen …”

He aquí la primera proclamación del pueblo trujillano a su Reina Madre. Ha brotado una relación de gratitud y de amor que va a plasmarse muy pronto en el Escudo de Armas de Trujllo. “En campo de plata, una imagen de Nuestra Señora de la Victoria con el Niño Jesús en sus brazos, puesta encima de la muralla almenada y acostada en dos torres, todo de gules y mazonado de plata, el cual fue confirmado por el Rey Fernando III”.

El Concejo no hizo otra cosa que recoger la maravillosa visión que los ojos trujillanos presenciaron.

Esta aparición, hoy, está representada de una manera bellísima, el sábado víspera del día grande. Vuelve María, no en carne asunta, no cuando brilla la aurora, sino cuando la noche baja para abrazar a la Ciudad.

Llega la Virgen de piedra que labró el corazón de Trujillo. No trasladada por Ángeles, sino portada por hombros trujillanos. No se detiene en el pináculo del Castillo, que desciende hasta el balcón del atrio de la Plaza Mayor. No la alumbran candelas celestes, y sí la mano del hombre para iluminarla.

Detenida y aureolada por la luz de una perfecta circunferencia, los corazones de este pueblo exultantes prorrumpen en alabanzas y, como linda paradoja, a la par que se entona su Salve, se llora.

Allá en la lejanía se notan lágrimas y sollozos de los ausentes que no pudieron estar al lado de su Madre de la Victoria.

Después de la reconquista del suelo de piedra trujillano, peor muy cercano en el tiempo, se levanta el primer templo cristiano, dedicado al misterio de la Asunción de María a los cielos.

En el Arco del Triunfo, se coloca una imagen de María. En la portada del templo se sitúa una imagen de María que va a presidir las sesiones del Concejo que allí se celebren. Y ante el altar mayor de la iglesia se jurarán los cargos concejiles. Así hasta el Siglo XVI, cuando se inicien las obras del actual templo.

De manera paralela, sucede en la puerta de las Limas de la iglesia de San Martín, cuando allá se congregue el municipio.

Templo de Santa María, eje de la vida mariana de este pueblo. Por un voto hecho, el día de la Asunción, se celebrará con toda solemnidad la fiesta de su Patrona, y el pueblo entero, acompañará al clero y a las autoridades en procesión hasta el Arco del Triunfo, donde se va a entonar el Ave Maris Stella.

En el año de 1531, el Concejo acuerda levantar una Capilla en el Castillo, para venerar a la Virgen de la Victoria, como nueva Patrona de Trujillo, por lo que se modifica el anterior itinerario, al novísimo Santuario.

Hoy, año de 2003, desde hace escasísimos años, un núcleo escasísimo de trujillanos, el día de la Asunción, luego de la Misa Mayor en la iglesia de Santa María, acuden otra vez, el Arco de Triunfo para cantar a la Virgen la Salve Regina.

A fines del siglo XV, se concluyen las Casa Consistoriales en la Plaza Mayor, y en el Salón de Sesiones, se dedicó un altar que persiste – hoy Sala de Vistas de los Juzgados – con una bellísima pintura de la Virgen de la Asunción, ante la cual se celebraba la Santa Misa por el Capellán del Concejo y asistencia plena de éste.

María ha sido, es y será el alma de nuestro pueblo, de nuestros hombres y de nuestras piedras. Sí de nuestras piedras que tienen su alma. Sin María, Trujillo no existiría.

Tu pueblo te canta como flor y te proclama su Reina y algún día llegó la oscuridad, el corazón del pueblo te levantaba otro altar.

Trujillo es peregrino, como María, y cuando sus hombres marcharon a América a su lado llevaron la fe.

Únicamente citaré el recuerdo del más célebre de su hijos, Francisco Pizarro.

Antes, quiero parafrasear unas palabras de Juan Pablo II: Decir Trujillo (Él, dijo España), es decir María. Decir Iberoamérica, es también decir María. Palabras que, entiendo, son una reproducción de las de Calderón de la Barca: Son grandes las maravillas que Dios obró y obró la Pura Virgen María sin Mancha, desde el día que en Perú entró.

Pizarro en su testamento, ordena que la Catedral de Lima, y las iglesias de Trujillo y Jauja se llamen de la Concepción. La de Cuzco se dedique a la Asunción.

Que todos los sábados se cante la Salve, y antes de terminar el documento, se copie literalmente el himno del Ave María Stella.

¿No es sino una reminiscencia de la devolución y devoción mariana?

Cuando vuelve, por primera vez a España, su más grande tesoro, una Virgen de la Guía, que siempre le acompañó, le regala a su Reina Dª Juana.

Allende los mares, cuando se encontraba en la isla del Gallo, todas las tardes los trece de la fama, entonan a María la Salve.

Trujillo, caminante, peregrino y misionero, como María, con dirección única: Dios.

En ese andar, Trujillo miró a la Estrella y allá estaba María.

De manera cierta se habían cumplido la promesa del Magnificat, todas las generaciones la llamaron la Bienaventurada.

Pero, faltaba un dato más.

DÍA 18 DE OCTUBRE DE 1953

Trujillo 18 de octubre de 1.953. El día más transcendental para nuestra Ciudad desde el punto de vista mariano. Su Virgen de piedra, va a ser coronada canónicamente porque se han cumplido los requisitos exigidos para tal acción. El marco, también de piedra, no puede ser más bello: La Plaza Mayor, que en labios de un peruano, es la “plaza más española de España”, y si lo es por española ha de serlo por mariana.

Momento donde el Magnificat de un pueblo exultante de alegría ve a su Reina elevada como palma de Cades, signo del triunfo.

Una nueva morada será su nuevo trono. Allá donde apareció será venerada, y se hará verdad la expresión del Marqués de Lozoya cuando definió nuestro pueblo, como un pueblo de piedra postrado ante su Virgen de piedra.

Brotó en todos y cada uno de los corazones de Trujillo el deseo de San Juan de Ávila que rogaba a la Virgen diese ojos para saber mirarla, porque, añado, sólo es capaz de admirar quien aprendió a mirar.

Hoy, se cumplen cincuenta años de tal y maravilloso acontecimiento. Una vuelta al ayer, para revivir las maravillas de aquel acontecimiento.

De mis recuerdos extraigo estas secuencias que tuve el honor de vivir:

Viejas campanas de Santa María y de Santiago, de San Francisco y de San Martín hicisteis a vuestros bronces cantar a vuestra Reina anunciando la grande fiesta.

Espadañas de los conventos de religiosas, que al llegar la luz del día hicisteis alegres las campanas, con sus alegres volteos.

La campana del Concejo se unió a vuestra alegría y convocó a la Ciudad con su tañido, para que nadie faltare a la fiesta.

Cuando sobre las sienes de María la corona los corazones de todos se abrazaron porque fue obra de todos, con su joyas, alianzas y monedas. Hasta las más modestas más la alegraron, por ser de los más menesterosos.

Todo el berrocal rezumó sus esencias para llevar a sus pies los pilares de sus palacios, de sus Alcázares, torreones e iglesias que habían nacido a su pies.

No hubo en el mundo tumba de un trujillano, sin que su piedra funeraria se interrogare que suceso acontecía ya que en su seno algo se sentía.

Plaza Mayor de Trujillo, jamás presenciaste algo igual y caso no vuelvas a vivirlo.

Trujillo, las gargantas todas de tus hijos e hijas pudieron repetir aquella estrofa del Congreso Mariano de 1.919:

“ en el cielo sólo te aman mejor”.

Trujillo, 29 de Agosto de 2003.

Oct 012003
 

Juan García-Murga Alcántara.

Fachadas y portadas constituyen en los edificios de todos los tiempos elementos de profundo valor significativo, demostrativos del prestigio, importancia política, social o cultural de la institución o personalidad que el edificio albergue. Traslucirán, en particular a partir del Renacimiento, las intenciones artísticas e ideológicas del constructor o comitentes de la obra, una determinada importancia política o económica, la manifestación de signos de riqueza o de cierta posición social. Podrá ser expresión de intereses políticos determinados, una forma de entender el poder en los comienzos de la época del absolutismo que se plasmará en la renovación de las construcciones en las que reside el poder local, como símbolo del poder del Estado que, lógicamente, potenciará las construcciones de carácter público.

Los soportales de fachada pueden relacionarse con el gusto italianizante de la segunda mitad del siglo XVI en la Península Ibérica, dotándose a estos elementos de un acentuado valor simbólico y un significado de punto de reunión y referencia para los habitantes del lugar[1]. En edificios cacereños como la Casa Consistorial de Plasencia aparece un italianismo clasicista acentuado por la estilización de elementos constructivos[2], a semejanza de la galería superior del Palacio de Piedras Albas en Trujillo (Cáceres); también en la Casa Consistorial de Valencia de Alcántara, en la misma provincia, se resalta el clasicismo mediante los sillares y almohadillados de su fachada.

En Trujillo se encuentran influjos toledanas en portadas como las de los Palacios de Orellana Pizarro, Duques de Valencia o de San Carlos, que llevan sobre las columnas ménsulas de pie, características de las puertas toledanas y de los rasgos constructivos de Covarrubias[3]. En la Casa de Juan Pizarro de Orellana en Trujillo se puede señalar la presencia inicial y la huella de la formación previa del que sería gran arquitecto, Francisco Becerra, junto con su padre, Francisco Becerra[4].

En el Palacio del Marqués de la Conquista, también en Trujillo, se van a poder contemplar fachadas complejas, en un edificio que se comenzó a construir en 1572[5]. El edificio se puede relacionar con el Palacio de Juan Pizarro de Orellana. En el Palacio de Piedras Albas (Trujillo) la arquería superior corre sobre tres arcos apoyados en columnas jónicas. Esta construcción, por su marcado clasicismo, produjo favorable impresión a los viajeros del siglo XVIII que recorrieron y describieron España[6]. Tanto en este lugar como en el Ayuntamiento Viejo hay una fachada con dos galerías superpuestas, según modelo que pasará a Hispanoamérica : Palacio de Cortés en Cuernavaca, Ayuntamiento de Tlaxcala, etc. El edificio de Trujillo, el Ayuntamiento antiguo, se construyó desde 1551[7].

En la provincia de Cáceres existe un ejemplo muy importante en la Casa de los Barco, en Alcántara, con una fachada principal que produce una inicial impresión de equilibrio clásico, en dos plantas que reflejan la distribución de elementos del interior del edificio : los huecos, de estructura adintelada, son una puerta y tres ventanas en la planta baja y cuatro balcones en el piso alto, el más destacado de los cuales tiene rica ornamentación y se organiza como una pequeña portada con pilastras laterales de fuste cajeado y capiteles que recuerdan modelos salmantinos[8].

Entre las fachadas y portadas clasicistas de la ciudad de Cáceres debe destacarse la que se encuentra en el Palacio Episcopal, con puerta de arco de medio punto abierta en el centro, con doble fila de dovelas almohadilladas que rodean el hueco llegando hasta el suelo. En las enjutas de los arcos aparecen dos medallones con cabezas esculpidas[9].

Es de gran importancia por su valor simbólico y significativo el Palacio de Roco Godoy, en cuyas obras participaría un Juan Alvarez, autor de las reformas del siglo XVI en el Palacio de los Condes de Mirabel, en Plasencia. Este arquitecto se ocuparía del patio, balcón de esquina y fachada de esta casa de Cáceres[10], con estructura de dos plantas, puerta adovelada con sillares almohadillados y entablamento coronado por dos figuras de piedra a manera de acrótera[11]. En las puertas interiores del Palacio de Abrantes, en la misma ciudad cacereña, hay uno de los acabados ejemplos de huecos de ingreso realizados al modo clásico, en las que el cantero Pero Gómez habría de utilizar elementos expresamente renacientes, exigiéndosele el uso de piedra de la mejor calidad posible[12].

En la ciudad de Plasencia, y cerca del Palacio Episcopal, se encuentra la llamada Casa del Deán, cuya fachada es de sillería con portadas de columnas toscanas de fuerte sabor italianizante y gran purismo clasicista, aunque de fecha tardía[13], como en la Casa Grijalva, cuya fachada culmina con bolas herrerianas, pudiendo datarse de mediados del siglo XVI.

En cuanto a las portadas, se puede señalar como ejemplo significativo la del Palacio de los Duques de San Carlos, en Trujillo, que se desarrolla en altura en los dos primeros cuerpos de la fachada, formando conjunto con ésta el balcón superior, de estructura adintelada y enmarcada por columnas pareadas de orden jónico en cuyos intercolumnios aparecen bustos en alto relieve. Sobre el vano de la puerta y los modillones que apoyan el entablamento se dibuja una moldura quebrada : la estructura decorativa de la portada culmina con un frontón cuyo tímpano aloja un busto en relieve[14]. La composición de la portada presenta el patrón característico de esta época en la región extremeña, con hueco de ingreso y balcón en la segunda planta sobre el eje central de la puerta de entrada ; así pues, las notas distintivas de las fachadas y portadas clásicas de los edificios renacentistas más importantes de la región extremeña serán la austeridad decorativa, las huellas de estructuras del gótico final (hueco y balcón superior con escudo heráldico) y el valor simbólico y significativo como elemento explicativo de la categoría social de los habitantes del edificio ; en las portadas se concentrará, en fin, el mayor número de los elementos decorativos principales de la fachada.

En cuanto a los patios, citaremos el de la Casa fuerte de Orellana, donde pudo realizar tareas constructivas el arquitecto Francisco Becerra[15], en una edificación que, por mezclar fortaleza y casa solariega, ofrece el modelo de unas construcciones muy extendidas con posterioridad por toda la región extremeña. Habrá un grupo de patios clásicos, con formas arquitectónicas puristas, en ocasiones libremente interpretadas. Los principios de simetría, proporcionalidad y severidad o austeridad constructiva y decorativa, aún en cronologías tardías, se van imponiendo progresivamente por toda la región. Los edificios renacentistas extremeños acentúan la sencillez constructiva y decorativa debido, probablemente, a la carencia de un amplio período de transición para la asimilación de las nuevas formas clásicas por parte de quienes trabajaban en Extremadura y el alejamiento de esta región de los grandes centros de decisión económicos y culturales del momento.

Son importantes recintos de carácter clásico el patio del Conventual de Calera de León, Conventual de Mérida, Alcázar y Casa Consistorial de Zafra, en la provincia de Badajoz ; en la de Cáceres, señalaremos los patios del Palacio Vargas Carvajal, de Trujillo, y los de los Palacios de Mirabel y Episcopal de Plasencia.

En el Conventual de Calera de León el patio corresponde a los comienzos del período renacentista[16]; su traza es severamente clasicista, dibujando una planta cuadrada ; está constituido por dos pisos hechos con sillares graníticos y cinco arcos de medio punto sobre pilares en cada uno de los cuatro lados del piso inferior. Los pilares tienen semicolumnas jónicas en sus laterales y estribos sobre pedestales en su cara exterior. Las cuatro crujías del claustro bajo se cubren en uno de sus cinco tramos con bóvedas de crucería sencillas, muy aplanadas, presentando algunas de ellas combados curvos ; en los tramos de las esquinas las bóvedas son estrelladas. La plementería y paramentos de estas crujías son de ladrillo enlucido. El claustro alto está formado por doble número de arcos de medio punto que descansan sobre columnas jónicas asentadas en pedestales cajeados unidos a través de una balaustrada. Este segundo piso se cubre con techumbre de madera. Sobresalen algunos motivos esgrafiados entre los que destacan la venera y la cruz santiaguista[17].

En el Alcázar de Zafra la explicación del origen y desarrollo de las construcciones renacentistas de hacer uso de algunos detalles históricos. En el siglo XVI el antiguo Condado, consolidado en el XV, se transforma en Ducado y el Alcázar se modifica también para adaptarlo a Palacio-residencia. La relación de los Suárez de Figueroa con artistas e intelectuales del Renacimiento propició la llegada de las corrientes del siglo a la ciudad de Zafra (Badajoz)[18]. Será de la máxima transcendencia artística el contacto con el arquitecto Juan de Herrera, que dirigía las obras de El Escorial y que haría los planos para la reforma del Alcázar de Zafra, sitio donde dejará su huella artística. La influencia estética de Herrera será perceptible en la obra de otros constructores de edificios civiles o de carácter religioso[19].

Herrera preparó unos proyectos para reformar el Alcázar[20] que se modificaron durante la construcción del patio, en cuyo recinto se siguieron desarrollando los cánones clásicos, diferenciándose claramente de la tipología propia de los patios claustrados de la arquitectura religiosa del mismo período de tiempo. En este Alcázar-Palacio hay un buen ejemplo tipológico del patio clásico, que deja de ser el centro de trabajo de la casa para pasar a lugar de ostentación y zona noble de la misma, aunque conserve aún el carácter de elemento ordenador del conjunto arquitectónico. La sencilla descripción estética del patio[21] y el examen de sus elementos constructivos y decorativos basta para apreciar el carácter herreriano de la construcción, en particular en relación con el sistema de proporciones adaptado a los cánones clásicos, que tan espléndida expresión encontrará en las arquitecturas de Alberti[22].

Otros patios clásicos de gran interés son los del Palacio Vargas Carvajal, de Trujillo, con arquerías en dos pisos con arcos de medio punto sobre columnas de fuste liso, capitel dórico y basa ; los únicos motivos decorativos están constituidos por unos pequeños escudos heráldicos ; el patio del Palacio Episcopal de Plasencia, o el que se encuentra en el Palacio de los Marqueses de Mirabel, en la misma ciudad, edificio este último en el que se configura un espacio muy atractivo, porticado en sus cuatro lados, en dos plantas, con buenas columnas de una sola pieza, de orden dórico y jónico, respectivamente, en planta baja y alta, columnas entre las que se trazan arcos de medio punto o carpaneles, según los laterales. Escudos heráldicos familiares se reiteran en las enjutas de los arcos inferiores, como corresponde a la concepción renacentista del edificio, que sigue los modelos ideológicos del culto a la Fama inspirados por el Humanismo de la época , como reflejan el italiano Filarete o los españoles Cristóbal de Villalón y Jorge de Montmayor[23].

Los patios siguen conservando su función y simbolismo como elemento distribuidor del espacio habitable del edificio, como se ve en el Palacio de Juan Pizarro de Orellana, en Trujillo, con un recinto de dos pisos con estructuras diferentes[24]. Los dinteles con zapatas que aquí se encuentran en el piso superior, con una arquería en el piso bajo, recuerdan soluciones de Covarrubias en Toledo y Alcalá de Henares[25], y otras obras en Trujillo, como la Casa de Vasco de la Llave[26], donde se dibuja el estilo propio de Francisco Becerra, o en la de Juan Pizarro de Orellana, donde también intervendría el propio Becerra.

En la ciudad de Cáceres el patio de la casa característica es interior y alrededor de él se levantan todas las dependencias. El ingreso desde la calle se hace a través de un zaguán que da acceso al patio. Hay semejanza con la distribución de espacios propia de la arquitectura árabe. Hasta el siglo XVI los pisos del patio, generalmente dos, están abovedados y separados por balaustradas o muros macizos. Los capiteles serán clásicos, con elementos góticos y renacentistas ; el pozo, siempre de carácter utilitario, se sitúa en el centro ; en el piso inferior estarán las dependencias de servicios, y en el superior, las habitaciones señoriales ; finalmente, algunos palacios tienen un segundo patio o jardín posterior[27]. Ejemplo de patio clásico es el de la Casa de Pereros, en Cáceres, del siglo XVI, cuadrado y claustrado, con galerías en los dos pisos, en el cual intervendría el cantero Alonso de Marquina, con el que se concierta Alonso de Perero en 15612[28], momento de esplendor artístico en la ciudad cacereña.


NOTAS:

[1] Vid. BONET CORREA, A. : Concepto de Plaza Mayor desde el siglo XVI a nuestros días. En “Morfología y Ciudad”. Ed. Gustavo Gili, S.A. Barcelona, 1978.

[2] LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, M. : Plasencia. Guía histórico-artística. Plasencia, 1976; p. 81.

[3] CHUECA GOTIA, F. : Arquitectura del siglo XVI. Editorial Plus Ultra. Madrid, 1953. Col. Ars Hispaniae, vol. XI, p. 120.

[4] ANDRÉS ORDAX, S. / PIZARRO GÓMEZ, F.J. : El patrimonio artístico de Trujillo. Editora Regional de Extremadura , 1987 ; pp. 134-135.

[5] TENA FERNÁNDEZ, J. : Trujillo histórico y monumental. Alicante, 1968 ; p. 392. Vid. También MOGOLLÓN, P. / NAVAREÑO, A. : Palacio del Marqués de la Conquista en Trujillo. RAEAL. Memorias, vol. I. Trujillo, 1983 ; pp. 259-291. Asimismo, en el Archivo Municipal de Trujillo, Libro de Acuerdos nº 39, folio 33 vº, hay documentación sobre el Palacio de Hernando Pizarro, que tuvo tantas vicisitudes durante su existencia, especialmente por las reformas a que debió ser sometido durante los siglos XVI y XVII, debido a problemas estructurales y de cimentación.

[6] Escribió Ponz, en el siglo XVIII, en su “Viaje de España” : “Desde dicha casa – la de los Duques de San Carlos- empiezan los soportales de la Plaza ; el que llaman del Pan está sostenido de columnas toscanas y en el remate, entre dos pilastras corintias, se ven colocadas las armas de la ciudad. En lo más alto hay colocada una estatua que representa la Justicia y debajo se lee : Esta ciudad mandó hacer esta obra de los portales, siendo regidor de ella por S.M. Don Jjuan de Lodeña. Año 1586. Los demás arcos de la Plaza están sostenidos de una mezcla de columnas toscanas, dóricas y jónicas”. Referencia de TENA, op. cit., p. 387.

[7] ANDRÉS ORDAX, S. / PIZARRO GÓMEZ, F.J. , op. cit., pp. 150-151. En el Archivo Municipal de Trujillo, legajo nº 13, Libro de Acuerdos de 1508-1509, con fecha 15 de noviembre de 1509, hay documentación sobre la zona de ubicación del nuevo Ayuntamiento.

[8] ANDRÉS ORDAX, S., y otros : Monumentos artísticos de Extremadura. Editora Regional de Extremadura, 1986 ; p. 56.

[9] GARCÍA DUQUE, I. : Arquitectura civil gótica y renacentista de Cáceres. R.E.E., tomo XXIII, nº II. Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 1976, p. 347.

[10] PULIDO Y PULIDO, T. : Datos para la historia artística cacereña. Repertorio de artistas. Cáceres, 1980 ; p. 64.

[11] GARCÍA DUQUE, I., op. cit., p. 353.

[12] PULIDO Y PULIDO, T., op. cit., pp. 561 y ss.

[13] LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, M., op. cit., p. 82.

[14] ANDRÉS ORDAX, S. / PIZARRO GÓMEZ, F.J., op. cit., pp. 126-127.

[15] SOLÍS RODRÍGUEZ, C. : El arquitectura Francisco Becerra : su etapa extremeña. Revista de Estudios Extremeños, 1973, tomo XXIX, nº II, p. 301. Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 1973.

[16] COVARSÍ, A. : Monumentos histórico-artísticos de la provincia de Badajoz. El Conventual de Calera de León. Revista del Centro de Estudios Extremeños. Badajoz, 1933 ; p. 28.

[17] ANDRÉS ORDAX, S., y otros, op. cit., p. 192.

[18] El tema es tratado con amplitud por CROCHE DE ACUÑA, F., en su obra “Zafra, una lección de historia y arte”. Zafra-Badajoz, 1982.

[19] En los elementos decorativos del exterior de la iglesia de Santiago en Don Benito (Badajoz), en la que interviene el cantero Sancho de Cabrera, se muestra la huella del herrerianismo. Vid. GARCÍA-MURGA ALCÁNTARA, J. : Decoraciones del plateresco extremeño. Revista Goya, nº 158. Madrid, 1980.

[20] Los proyectos y documentación complementaria se encuentran en el archivo de la Casa Ducal de Medinaceli, en Sevilla. Vid. CROCHE DE ACUÑA, , op. cit., p. 88

[21] MÉLIDA ALINARI, J.R. : Catálogo monumental de la provincia de Badajoz, p. 436.

[22] Se trata de plasmar una arquitectura que basa su efecto estético en el equilibrio entre proporción y ritmo, como lo entendió el arquitecto italiano Alberti.

[23] ANDRÉS ORDAX, S, y otros, op. cit., p. 518.

[24] ANDRÉS ORDAX, S. / PIZARRO GÓMEZ, F.J., op. cit., p. 136.

[25] NIETO-MORALES-CHECA : Arquitectura del Renacimiento en España. 1488-1599. Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1989 ; p. 234.

[26] SOLÍS RODRÍGUEZ, C., op. cit., p. 327.

[27] GARCÍA DUQUE, I., op. cit., p. 319

[28] GARCÍA DUQUE, I., op. cit., pp. 328-329. Vid. También PULIDO Y PULIDO, T., op. cit., pp. 583 y ss.

Oct 012003
 

Isidro García Barriga.

Licenciado en Geografía

1. Introducción: el agua ha influido siempre en el desarrollo de la sociedad. Las primeras civilizaciones avanzadas surgieron allí donde los grandes ríos, el Tigris y el Éufrates, el Nilo, el Indo o el Amarillo permitían al hombre regar sus campos configurándose, en torno a la posesión del agua, todo un sistema económico, social, político y cultural de primera magnitud. Al mismo tiempo, el agua se constituye como clave dentro de las creencias religiosas. Las teogonías antiguas le atribuyen cualidades divinas siendo engendradora de dioses[1]; en la Grecia presocrática, Tales de Mileto la consideraba como el símbolo de la materia; dentro de las tradiciones cristianas e islámicas, el agua simboliza la pureza y se utiliza como medio de catarsis o renovación.

En el entorno del Mediterráneo, el agua se convierte en elemento fundamental para el control y explotación del territorio. La irregularidad pluviométrica y la presión demográfica y económica ejercidas en algunas zonas da lugar a que las diversas civilizaciones e imperios superpuestos a lo largo del tiempo (griegos, cartagineses, romanos[2], bizantinos, árabes) creen una “cultura del agua” asociada a la captación, encauzamiento, conducción, acumulación y explotación del líquido elemento, lo que permite el desarrollo de actividades y el florecimiento de las ciudades.

Dentro de Extremadura, el papel predominante del agua cobra, si cabe, mayor importancia, como consecuencia de las características peculiares de la geografía extremeña. Así, la irregularidad en las precipitaciones típica de las zonas mediterráneas se ve complementada por un factor muy importante: la posición estratégica y defensiva. “Tratando de satisfacer sus necesidades primarias, el hombre se instala en el espacio extremeño, primero con un carácter nómada y, más tarde, sedentario, en poblados y ciudades. Parece aceptable suponer que estas necesidades se muestran en torno a la supervivencia, conjugando seguridad y nutrición. De ahí la elevada correlación entre emplazamientos elevados y manantiales”[3]. Durante diferentes épocas, el espacio regional se convierte en lugar de frontera con un alto poder estratégico. En este contexto, los principales núcleos urbanos extremeños se constituyen en torno a un río (Mérida, Badajoz, Medellín, Plasencia, Coria, Alcántara) asegurando el abastecimiento de agua, o en zonas elevadas (Cáceres, Trujillo, Brozas) lo que les confiere un control exhaustivo sobre el territorio circundante. Por este motivo, las diferentes civilizaciones y pueblos que dominan y explotan el territorio extremeño superponen sus asentamientos en las áreas estratégicas, abandonando aquellos núcleos alejados del agua e imposibles de defender.

Teniendo en cuenta los elementos precedentes, a través de este pequeño estudio pretendemos demostrar la importancia del agua en la evolución geográfica e histórica de una de las principales villas de Extremadura en la Edad Moderna, Brozas, mediante el análisis de un conjunto de elementos ambientales, estratégicos, defensivos, económicos y sociales asociados a la captación, posesión y explotación del agua en esta localidad.

2. Localización: El municipio de Brozas se encuentra al Sudoeste (SO) de la provincia de Cáceres. La extensión de su término es de 39.700 Hectáreas, lo que le convierte en el sexto más amplio de la provincia (sólo superado por Cáceres, Trujillo, Alía, Alcántara y Valencia de Alcántara). Estas dimensiones son consecuencia del reparto de tierras en la Reconquista, por el cual la Orden Militar de Alcántara entró en posesión de los territorios colindantes con la raya portuguesa en la Alta Extremadura. En este contexto Brozas, como Encomienda Mayor de la orden, recibió el área situada entre los ríos Tajo y Salor, compuesta por inmensos llanos dedicados al pasto de las ovejas mesteñas. En cuanto a los límites, estos se sitúan en: Hacia el Norte, Alcántara; por el Sur, Herreruela y Cáceres; en el Este, Cáceres, Arroyo de la Luz y Navas del Madroño; y por el Oeste, Villa del Rey y Alcántara.

El núcleo urbano ocupa, con respecto al término municipal, una posición excéntrica, situándose en el NO. No obstante, su emplazamiento elevado (se extiende sobre una altura superior a 400 m) le confiere una amplia panorámica, abarcando la casi totalidad de su territorio. Las coordenadas geográficas, tomando como referencia el vértice geodésico, son: 39º 36´ 53´´ N, 6º 46´ 47´´ O.

Con respecto a su localización dentro del marco comarcal, provincial y regional, Brozas se encuentra en el centro de la comarca de Alcántara, a 15 Km de la localidad alcantarina y a 47 Km de Cáceres. Al mismo tiempo, se sitúa a tan sólo 34 Km de la frontera portuguesa, posición ventajosa para el establecimiento de relaciones comerciales con el país vecino.

3. Factores geográficos: a la hora de definir la importancia del agua en los asentamientos humanos, resulta imprescindible analizar dos elementos, geología y climatología, claves para descubrir las formas de acumulación, extracción y circulación de los acuíferos.

Desde el punto de vista topográfico, el término de Brozas se encuentra inserto en la penillanura Trujillano-Cacereña, una vasta extensión de terreno con tres características muy bien definidas: la antigüedad de su formación (alrededor de 600 millones de años), el origen de los materiales que la conforman (pizarras y cuarcitas metamórficas, granitos tectonizados) y el comportamiento de estos materiales frente a la influencia climática, dando lugar a superficies de erosión.[4]

Dentro de esta descripción general, la geología de Brozas presenta dos unidades básicas, con caracteres propios y que condicionan de forma notoria la hidrografía y la vegetación de nuestro término[5]. Nos referimos, por un lado, al complejo esquisto-grauváquico, que ocupa la zona Este y Sur del municipio y que se conoce con el nombre de “Llanos de Brozas” y, por otro, al área de influencia granítica, que se extiende por el Norte y el Oeste, formada por el Batolito Brozas-Mata de Alcántara y la zona de contacto con el Batolito de Cabeza de Araya. [6]

La primera de estas unidades aparece compuesta por una serie de materiales muy antiguos, esquistos, pizarras y cuarcitas, procedentes de arcaicas profundidades marinas y que son elevados en el Carbonífero, debido a la orogenia Hercínica[7]. A partir de este momento, la acción continuada de los diversos agentes meteorológicos (lluvia, viento, altas y bajas temperaturas, hielo, etc.) ha originado un proceso erosivo de gran magnitud con tres consecuencias principales: por un lado, la desaparición de materia orgánica en la mayor parte del territorio, dejando al descubierto el sustrato original y lastrando el desarrollo agrícola; por otro, la conformación de una vasta red hidrográfica superficial, compuesta por pequeños arroyos, regueros y riveras, que excavan los materiales menos resistentes. En último término, “… la baja o nula permeabilidad del área precámbrica tanto por origen como por fracturación, ya que las diaclasas suelen encontrarse selladas, impidiendo el alumbramiento de aguas subterráneas”[8]

Por su parte, el área de influencia plutónica se encuentra dividida en dos zonas perfectamente definidas: el Batolito de Cabeza de Araya y el Batolito Brozas-Mata. La primera de estas unidades se sitúa en la zona oriental del término, conformando un espacio con diferentes facies graníticas y que se extiende, además, por los municipios de Navas del Madroño, Arroyo de la Luz, Casar, Malpartida, Cáceres y Garrovillas. En cuanto al Batolito Brozas-Mata, que se encuentra separada de la zona anterior por un estrecho pasillo de pizarras, tiene forma alargada, con un eje máximo equivalente a la distancia que separa ambas poblaciones, es decir, 14 kilómetros. Las dos unidades presentan un comportamiento similar en tres cuestiones: cuentan con un metamorfismo muy elevado en las zonas de contacto con la penillanura, originando suelos bastante fértiles para la producción agrícola; la resistencia de los materiales graníticos dificulta la presencia de una amplia red hidrográfica superficial; al mismo tiempo, la alteración y disgregación del granito en amplias zonas permiten el alumbramiento de aguas subterráneas, lo que unido a la porosidad y la fracturación de las rocas plutónicas posibilitan la existencia de numerosos depósitos freáticos.

Mapa 1: Áreas geológicas básicas. Distribución de la red hidrográfica superficial y puntos de agua subterráneos. Brozas

map1

Fuente: elaboración propia.

Desde el punto de vista climatológico, Brozas presenta unos rasgos muy definidos, basados en las constantes oscilaciones termométricas, la irregularidad en las precipitaciones y, como consecuencia de ambos factores, en la presencia de un régimen hídrico deficitario, condicionando la hidrografía, la vegetación y las actividades humanas. Así lo expresa BARRIENTOS ALFAGEME“… si hubiéramos de jerarquizar los factores hostiles, que dificultan la instalación de la especie humana en Extremadura, creo que la irregularidad climática debería ocupar el primer lugar. Partícipe de los caracteres mediterráneos, se produce un marcado desajuste entre las precipitaciones y las temperaturas en lo que a balance hídrico se refiere”.[9]

Cuadro 1: Datos termométricos. Brozas (1956-2001)

Mes E F M A My J Jul Ag S O N D Año
T. media 7 9,5 11,5 13,9 18,2 24 27,5 26,5 23,2 16 8,5 7,7 16,1
T. máxima m 12,1 15 18,9 21 25,7 32 37,9 35,2 31,6 25,9 14,2 12,2 24,2
T. mínima m. 1,7 3 4,1 5,8 9,3 14,1 17,6 17,3 15 10,8 5,7 2,4 8,9
Días Tª < 0º 12,6 5,5 3,4 1,1 0 0 0 0 0 0 2,7 8,8 34
Días Tª > 25º 0 0,8 5,4 9,5 17 26,3 30,6 30,3 27,5 18,2 2,3 0 168

Fuente: Instituto Nacional de Meteorología

Si analizamos el cuadro termométrico de Brozas, comparándolo con poblaciones cercanas, encontramos un elemento concluyente: la elevada temperatura media. En la serie histórica 1956-2001, la estación meteorológica de Brozas registró una media de 16,1ºC lo que supone casi 1ºC más que localidades limítrofes como Alcántara, Herreruela o Aliseda. Este dato, que demuestra la influencia climatológica en las actividades bióticas y antrópicas, aparece reforzado por otros tres factores: el número de días en los que la temperatura supera los 25 ºC (168), el brusco descenso térmico que se produce en el otoño (15 ºC entre Septiembre y Noviembre), y la altísima oscilación térmica manifestada en las diferencias termométricas anuales (más de 18ºC entre Enero y Julio), mensuales (este mes cuenta con una amplitud media de más de 19ºC) e incluso diarias (provocando nieblas y heladas); en definitiva, toda una serie de factores que configuran un proceso de oscilación anual escasamente beneficioso para la cubierta vegetal y la permanencia de los acuíferos superficiales.

El segundo elemento que debe destacarse se corresponde con la irregularidad en el régimen pluviométrico. El estudio del cuadro histórico de lluvias en la estación de Brozas arroja dos datos significativos: por un lado, el total de precipitaciones se sitúa en 498 mm, convirtiéndose en la localidad con menor pluviosidad de toda la zona, con diferencias de más de 100 mm respecto a las estaciones de Aliseda, Herreruela o Mata de Alcántara. Esta escasez queda confirmada de manera patente al comprobar que el número de días de lluvia se sitúa en 84,2[10] y que las jornadas con precipitaciones superiores a 10 litros quedan reducidas a 23,2.

Cuadro 2: Datos pluviométricos. Brozas (1956-2001)

Mes E F M A My J Jul Ag S O N D Año
Precipitac. 54,9 58,2 49,7 46,1 38,3 19,6 3,3 5,1 32 65 68,7 58,2 498
Días lluvia 10,4 10,3 8,4 8 7,6 5,8 1,8 1,2 4,1 9,2 9 8,6 84,2
D. pr>10 L. 3,3 3,3 2,3 2,2 1,4 1,3 0,4 0,1 0,8 2,9 2,5 2,8 23,2

Fuente: Instituto Nacional de Meteorología.

Por otro lado, debemos resaltar la irregularidad lluviosa, en dos niveles: estacional, provocando diferencias intermensuales de 65 mm entre Julio y Noviembre y plurianual, dando lugar a sequías que abarcan varios años y que en los últimos lustros se están haciendo más frecuentes, originando un serio problema para el mantenimiento de unas condiciones mínimas de humedad, lo que unido a la escasa capacidad de retención del suelo, provoca serios inconvenientes ante la falta de agua para el ganado, la escasez de pastos e, incluso, el abastecimiento de agua potable para la población.

Como consecuencia de un régimen termométrico oscilante y la escasez e irregularidad pluviométrica, el régimen hídrico de Brozas presenta un déficit de humedad y agua bastante elevado. Durante cuatro meses (Junio, Julio, Agosto y Septiembre), la Evapotranspiración potencial[11] supera a las precipitaciones, lo que genera un agotamiento del agua superficial y, por consiguiente, un proceso de sequía estival. Este proceso comienza a paliarse con las lluvias otoñales, que hacen su aparición en octubre, superándose el período seco en diciembre, cuando se rellenan los acuíferos y aparece la escorrentía. En años normales, el volumen sobrante de humedad comienza a desvanecerse a partir de mayo, fechas en las cuales se inicia un descenso brusco de precipitación (el agua acumulada durante ocho meses se evapora en dos), provocando la aparición de una nueva estación seca. Estos procesos se plasman en una serie de valores anuales, que muestran el desfase entre ETP y ETR, así como la importancia de la escorrentía en climas semiáridos como el que estudiamos.

Cuadro 3: Régimen hídrico anual. Brozas (1956-2001)

MES S O N D E F M A My J Jul Ag Año
ETP 97 42,1 29,8 17,4 21,8 22,3 34 35,9 84 113 180 144 821,44
ETR 32 42,1 29,8 17,4 21,8 22,3 34 35,9 84 65,2 3,2 5,1 392,75
Reserva 0 22,9 61,8 100 100 100 100 100 45,6 0 0 0
Variación reserva 0 +22,9 +38,9 +38,2 0 0 0 0 -54,4 -45,6 0 0
Escorrentía 0 0 0 2,55 33,1 35,9 15,7 10,3 0 0 0 0 97,49

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del I.N.M.

Gráfico 1: Balance hídrico anual. Brozas (1956-2001)

graf1Fuente: elaboración propia.

4. Asentamientos y agua: una vez analizadas las relaciones entre los caracteres geográficos y la existencia de acuíferos en nuestra zona de estudio, demostrando la importancia de la geología y la climatología en la creación de una red hidrográfica superficial y subterránea, debemos proceder a enumerar aquellos elementos que permitan establecer la influencia del agua en el devenir histórico, económico y social de Brozas a través del estudio de los asentamientos humanos, los diversos sectores productivos y las relaciones agua-sociedad.

La primera cuestión que debemos plantear se corresponde con la localización de los diferentes asentamientos hallados en el término municipal de Brozas. En este sentido, pretendemos efectuar un recorrido histórico, a través de las etapas prerromana y romana, tratando de comprobar la evolución del poblamiento y su relación con la presencia de diversas formas de agua.

Mapa 2: Distribución de los asentamientos humanos. Brozas
Edad del Bronce (II milenio a.C.)

map2Fuente: elaboración propia.

Tras la escasa documentación de los períodos paleolítico y neolítico en la zona de estudio y en grandes áreas de Extremadura, a partir del II milenio a.C. se inicia un proceso de control y explotación territorial muy importante en la región, contabilizándose un gran número de asentamientos con diversa importancia. ENRÍQUEZ NAVASCUES lo considera como “…una nueva reorganización de los distintos ámbitos culturales (poblamiento, economía, mundo funerario, estructura social) que cristaliza en la fase plena de la Edad del Bronce”[12] Dentro del contexto comarcal, esta reorganización se ve plasmada en la aparición de numerosos poblados en las inmediaciones del Tajo y la Sierra de San Pedro, con el Tesoro de Aliseda como máximo exponente de la prosperidad de esta zona.

En el ámbito territorial de Brozas, aparecen documentados trece asentamientos, lo que demuestra un intenso ritmo de “colonización” del espacio local, asociado a tres factores fundamentales: la explotación de la agricultura y la ganadería, el factor estratégico de algunos yacimientos y, por supuesto, la presencia de agua.

El análisis detenido del mapa anterior permite establecer tres zonas de poblamiento prerromano en el término municipal de Brozas. Así:

  1. Área de influencia del Salor: hacia la zona Sur del término, la presencia del Salor, afluente del Tajo, posibilita la instalación de varios asentamientos, que aprovechan los numerosos arroyos que vierten sus aguas desde la penillanura hacia este río. La existencia de fuertes pendientes y la escasa calidad del suelo dificultan el laboreo encontrándonos, de este modo, sociedades ganaderas que al mismo tiempo controlan una vía de comunicación importante, que conectaría las llanuras broceñas con la Sierra de San Pedro.
  2. Poblamiento en la penillanura: en segundo término, encontramos una serie de asentamientos enclavados a orillas de pequeños arroyos o en la cercanía de pozos y que basarían su riqueza en la explotación agrícola (cereales). Diferentes pruebas polínicas y faunísticas realizadas en áreas similares a la que estudiamos[13], confirman la presión ejercida por el hombre sobre el territorio en esta época. De este modo, se iniciaría un proceso de “roza y quema”, eliminando el primitivo bosque de encinas para ser sustituido por un ecosistema arbustivo, de matorral y pastos, mucho más efectivo para el laboreo y el pastoreo. El resultado es la presencia en Brozas de grandes áreas desarboladas, conocidas como “Los Llanos” y que conforman un espacio de secular aprovechamiento cerealícola y trashumante.
  3. Emplazamientos elevados: en último término, existen dos yacimientos enclavados en cerros, que cuentan con una abundante presencia de agua, a través de la explotación de pozos subterráneos y que presentan un carácter estratégico fundamental. Nos referimos a los asentamientos de Brozas y Cabeza de Araya, situados a 439 y 521 metros, respectivamente, y que se corresponderían con un salto cualitativo en la tipología del poblamiento, ya que, además de unas mejores condiciones defensivas, inherentes a la topografía del lugar, dispondrían de un control visual directo sobre el territorio circundante, así como el dominio estratégico sobre los vados más importantes del Salor y otros afluentes del Tajo. En definitiva, condiciones muy adecuadas para el dominio de importantes producciones agrícolas y ganaderas, así como para el control de un territorio cada vez más articulado.

A partir de la llegada de los romanos a la Península, se producen cambios fundamentales en la organización del territorio. En primer lugar, las luchas entre los pueblos indígenas y las legiones de Roma originan la destrucción y el abandono de numerosos enclaves. De este modo, si observamos el mapa 3, podemos comprobar que, de los trece asentamientos catalogados como pertenecientes a pueblos prerromanos en el término de Brozas, solamente cinco muestran restos de la dominación romana: Brozas, Cercados del Hacho, San Gregorio, Araya y Aldonza.

Mapa 3: Distribución de los asentamientos humanos.
Brozas, dominación romana (S. I a.C.- S. IV d.C.)

map3Fuente: elaboración propia.

El segundo elemento que debe destacarse es la aparición de nuevos poblamientos, asociados a la creación de una calzada, que atraviesa el área de estudio en dirección SE-NO, y que formaría parte de la vía de comunicación entre Norba Caesarina y Olisipo[14]. La aparición de esta ruta supondría la construcción de mansiones y stationes, pequeños núcleos distribuidos a lo largo de la calzada con el objetivo de ofrecer reposo a los viajantes y abrevadero a los animales[15]. En este contexto, dentro del término de Brozas aparecen documentados cinco asentamientos dispuestos a lo largo de la vía, que se localizan en las cercanías de arroyos y pozos y que muestran restos de sillares, muros, molinos, ímbrices, tégulas, monedas, etc.

El abandono de antiguos asentamientos, la superposición de algunos poblados y la aparición de nuevos enclaves en la época de dominación romana obedece a tres factores básicos: la posibilidad de encontrar fuentes de agua permanentes, el control estratégico del territorio, y la potenciación de la ganadería, fundamentalmente la cría de caballos. El primero de estos aspectos se pone de manifiesto si comparamos los mapas de asentamientos. De los cinco poblados indígenas “colonizados” por los romanos, tres de ellos se localizan en la zona de influencia granítica, con abundantes recursos hídricos; mientras otros siete yacimientos, localizados en la penillanura desaparecen o son abandonados, como consecuencia de la escasez y la intermitencia de las precipitaciones, que provocan el agotamiento de los acuíferos superficiales, impidiendo el desarrollo de las actividades humanas.

La explotación del agua juega, asimismo, un papel fundamental en el carácter defensivo de algunos asentamientos y en el desarrollo de la ganadería. Así, los romanos mantienen el enclave de Brozas como medio para controlar el territorio, sirviéndose de su posición elevada y la presencia de un gran número de pozos y fuentes subterráneas en la población.[16] En cuanto a la ganadería, “el caballo lusitano desempeñó un determinante papel en las explotaciones pecuarias debido sobre todo a la importancia alcanzada por la caballería en un momento de luchas frecuentes a partir del Bajo Imperio”[17]. Así, las tierras de Brozas, junto a las de otras zonas extremeñas, serán utilizadas para la cría de caballos, concentrándose en las dehesas del Norte del término, donde se han encontrado restos de lo que parece ser una villa agropecuaria, asociándose esta actividad a la explotación de las aguas subterráneas y, sobre todo, a la posible existencia de una charca en las inmediaciones de Brozas, construida por los romanos y que serviría como abrevadero a las grandes yeguadas[18].

A partir de la desaparición del Imperio Romano de Occidente, se produce un abandono generalizado de grandes zonas de la geografía extremeña, como consecuencia de la inseguridad en las zonas rurales y la ubicación de los invasores visigodos en zonas más fértiles. De igual modo, la falta de pruebas documentales y arqueológicas impiden comprobar el nivel de poblamiento existente en la zona durante la dominación árabe, aunque algunos indicios permiten aventurar el mantenimiento de una fortaleza musulmana en Brozas[19].

Este panorama de desconocimiento se rompe a partir de la Reconquista, acaecida a principios del S. XIII durante el reinado de Alfonso IX de León, que se plasmará en dos acontecimientos fundamentales para el devenir histórico de Brozas: por un lado, la creación de la Orden Militar de Alcántara, a la que el rey leonés concederá la zona Oeste altoextremeña; por otro, la creación de un núcleo estable de población en el área de estudio, convertido en Encomienda Mayor de la Orden a finales del S. XIII, y que permitirá el desarrollo demográfico, urbano, económico y territorial de Brozas hasta convertirla en una de las principales agrovillas de la Extremadura moderna.

5. Agua, economía y sociedad: el proceso de expansión a partir de la Reconquista citado en el punto anterior tiene su base, indudablemente, en el aprovechamiento de los recursos económicos existentes. En este proceso el agua juega un papel fundamental, ya que su extracción, almacenamiento y aprovechamiento son claves en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, bases de la economía local, la aparición de algunas actividades industriales y, por supuesto, el régimen alimenticio y las condiciones higiénico-sanitarias de la población brocense del Antiguo Régimen.

Por este motivo, dentro de este punto trataremos de determinar la influencia del agua en los principales sectores económicos, así como su relación con dos aspectos básicos para las sociedades pre-industriales, la alimentación y la salud, incidiendo especialmente en la aparición de un proceso de control y almacenamiento de aguas en charcas y lagunas, proceso que permitirá incrementar la presión demográfica y económica sobre el territorio al asegurar, de forma casi continua, el abastecimiento para la ganadería, la industria y las fuentes de alimentación.

5.a) Agua y subsistencia: la primera cuestión que debemos abordar en este apartado se basa en el estudio de las relaciones existentes entre el agua y tres productos básicos: el pan, las hortalizas y el pescado fresco, los cuales, junto a la carne, compondrán la dieta alimenticia del Antiguo Régimen en el área de estudio. Si durante la Edad Media el componente cárnico jugaba un papel fundamental en la aportación de calorías, a partir del S. XVI se produce un trasvase a favor de los cereales, proceso que continuará hasta mediados del S. XIX. Según GARCÍA-DIEGO, “…el consumo total en Extremadura será inferior a 1800 calorías (el de París en 1786 no superaba las 2.300), y de ellas más del 60% en forma de hidratos de carbono”[20] Por este motivo, en torno a la fabricación del pan aparece todo un proceso de producción, almacenamiento y transformación del trigo, proceso en el que el agua juega un papel fundamental como base para el funcionamiento de los molinos.

Dentro del territorio brocense, la escasez de cursos de agua permanentes dificulta la instalación de industrias harineras, planteándose un problema de abastecimiento particularmente grave. Así lo expresa la Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce: “…reconociendo la escasez de aguas y cuan ordinaria falta que había en ellas en esa villa y su término así para las personas como para los ganados, molinos, legumbres y huertas al igual que para los ganados de labor y demás vacuno de cría que entraban a pastar la dehesa de invernadero que se llama de Vaqueril.”[21] En este documento se constatan los problemas de la población brocense para acceder a los alimentos básicos, sobre todo el pan, así como las dificultades existentes para el desarrollo de la cabaña ganadera en una de las principales dehesas boyales de Brozas, El Vaqueril, como consecuencia de la falta de masas de agua permanentes, tan alejadas del pueblo que: “…Se veían precisados a buscar el agua para beber a distancia de dos o tres leguas, y que en cuanto a las moliendas sucedía lo propio por estar el río Tajo a distancia de tres leguas largas de camino muy penoso; teniendo la incomodidad de caminar seis leguas de ida y vuelta y detención algunas veces de tres y cuatro días con el riesgo de faltarles el sustento del pan y de contando la pérdida de mucho tiempo que se consumía y gastaba en esa distancia…”[22]

Se pone de manifiesto, por tanto, la necesidad de crear una serie de fuentes de abastecimiento permanentes, que garanticen la producción harinera para la población. Así se resuelve en la citada Orden: “…ante los problemas expuestos habían resuelto expender su caudal en beneficio del público para evitar estos inconvenientes sin perder por este medio sus intereses edificando y fabricando una alberca o charca con tres molinos harineros en el sitio que llaman la fuente del Zahar y regato de Jumadier; que solo corre cuando llueve término y jurisdicción de esta villa ocupando de cincuenta a sesenta fanegas de Baldío casi inútiles y de poca importancia y que pertenecían a esa referida Villa y a la de Navas…; con lo que se conseguía el tener los molinos harineros necesarios, a distancia de una legua de Brozas y poco más de media de las Navas de camino llano inmediatos a las haciendas de muchos vecinos de ambos pueblos y que podían hacer sus moliendas…”[23]

El resultado de esta Orden será la construcción de dos charcas, denominadas Arce de Arriba y Arce de Abajo que forman parte del conjunto de lagunas construidas en el término de Brozas, lagunas que se convertirán en el principal medio de acumulación y explotación de los recursos acuíferos en nuestra zona de estudio, garantizando el abastecimiento de pan y, por consiguiente, el mantenimiento de la población.

Junto al pan, los productos hortícolas, verduras y legumbres constituyen el elemento esencial dentro de la dieta mediterránea, dificultando la aparición de enfermedades y diversificando el aporte de vitaminas y minerales. La importancia de este tipo de alimentos se plasma en la preocupación de los gobiernos ilustrados, que en diversos informes y cuestionarios inciden en el estado del abastecimiento de hortalizas a la población. Es el caso del Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, que presenta una cuestión (la número XXXVI) en la que se requiere información sobre “si hay huertas que se rieguen, y qué especies de legumbres se suelen sembrar, o plantas si están arboladas de que árboles, qué frutas abundan, su calidad, o la causa de no estarlo”[24]. Tradicionalmente, en áreas de secano como la que estudiamos, las zonas de huertas se localizan alrededor del casco urbano, basando su explotación en la presencia de ríos y arroyos o la extracción de aguas subterráneas. En este contexto, la existencia de un gran número de pozos y fuentes en Brozas debería favorecer la aparición de grandes zonas de huertas y el abastecimiento continuo de productos vegetales; sin embargo, la realidad parece ser bien distinta, a tenor de la respuesta recogida en el Interrogatorio: “no ay huertas de riego perenne con que surtirse el pueblo de legumbres y frutas, sólo ay algunas que se riegan a brazo de fuentes de pozos de poco agua y huertas de regadío en las dos riberas de Jumadier y Greña por las presas o charcas que ay en ellas”[25] Se pone de manifiesto, por tanto, que la escasez de recursos hídricos debe ser subsanada mediante la explotación de las charcas y lagunas refiriéndose, en este caso, a la creación de zonas de riego y el abastecimiento de productos vegetales frescos para la población broceña.[26] Así se recoge en la Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce, referente a las charcas de la ribera de Jumadier “…y además hacer una huerta cercada de hortalizas y frutales en el terreno suficiente del mismo Baldío que se riegue con las propias aguas(…) con lo que se consigue que el pueblo tenga el abasto suficiente de hortaliza y frutos sin que carezca de estas especies sin que tengan la penalidad de acarrearlas de otros pueblos…”[27]

La presencia de espacios lagunares en nuestra zona de estudio permite, en último término, contar con una fuente muy importante de pescado fresco, fundamentalmente tencas y pardillas. En el Antiguo Régimen, las autoridades locales velaban por el abastecimiento para sus lugares de los productos de consumo básicos: granos, carne, aceite, vino, jabón y pescado. En el caso del pescado, el gran consumo era debido, además de por su valor nutricional y gastronómico por razones morales. Según BRAUDEL “…el pescado es tanto más importante cuanto que las prescripciones religiosas multiplican los días de vigilia (166 al año, entre ellos la Cuaresma de un extremado rigor). Durante estos días, sólo a los enfermos puede venderse carne, huevos o aves y ello con un doble certificado del médico y el cura…, lo que produce una enorme necesidad de pescado fresco, ahumado o salado”[28]

Como ocurre en el caso de las hortalizas, los diferentes informes elaborados por el Estado reflejan la importancia del abastecimiento de pescado fresco. En el caso del Interrogatorio de la Real Audiencia, la cuestión XXXVIII hace referencia a “si hay ríos, fuentes o pantanos, y si se cría alguna pesca en ellos, a quién pertenece…”[29] En este contexto, la presencia en Brozas de varias charcas, dedicadas entre otras funciones a la extracción de peces y, sobre todo, la existencia de la Laguna de Propios, perteneciente al Concejo y localizada a menos de 1 kilómetro del núcleo urbano debiera permitir el abastecimiento de pescado fresco. La respuesta no deja lugar a dudas: “en esta jurisidizión no ay río perenne, pantano o fuente abundante, sólo las dos charcas en las riberas referidas, cuia pesca de tencas y pardillas es pribativa de sus dueños, y la charca de propios mediata al pueblo que sirve de abrebadero a los ganados y su pesca pertenece a los propios”[30] De este modo, vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de embalses y lagunas en el desarrollo de las actividades económicas broceñas constituyéndose en torno a la explotación de la tenca todo un sistema de producción, pesca y consumo.[31]

5.b) Agua y ganadería: junto al abastecimiento de productos básicos, los recursos hídricos han ejercido una notable influencia en el desarrollo de las actividades agrarias. La irregularidad climatológica y la escasa profundidad de los suelos broceños condicionan las prácticas agrícolas, que se basarán en la siembra de cereales destinados al autoabastecimiento y un descanso continuo en los sistemas de cultivo, para evitar la degradación de los suelos. La falta de rendimientos óptimos en la agricultura, unido a la concentración de propiedades en manos de unas pocas familias y las políticas de fomento de la ganadería originan el auge de esta actividad, que se convertirá en el motor principal de la economía broceña durante varios siglos, a través del desarrollo de las prácticas trashumantes y la explotación de charcas y lagunas, imprescindibles para abrevar a miles y miles de cabeza de ganado.

Tabla 4: Distribución de la cabaña ganadera. Brozas, 1752-1856

Cabaña 1752 1790 1856
Vacuna 2645 3501 4856
Ovina 26929 27797 35000
Caprina 5516 2500 2756
Porcina 4158 4000 4165

Fuente: MELÓN JIMÉNEZ, M.A.: Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y sociedad en Tierras de Cáceres, 1700-1814. 1989, Mérida.

Como podemos observar, a finales del S.XVIII se concentran en los campos de Brozas más de 30.000 cabezas de ganado, principalmente ovejas, pertenecientes a ganaderos trashumantes de Madrid, Segovia o La Rioja, así como a los grandes terratenientes locales. Junto a los rebaños lanares, encontramos cabras, con un componente industrial muy importante (curtidos y pieles), cerdos, fundamentales para completar la dieta alimenticia de la población y vacas, dedicadas fundamentalmente a las labores agrícolas.

La presencia en Brozas de una cabaña ganadera tan importante origina la necesidad de crear un sistema de abastecimiento perenne, fundamental para el mantenimiento tanto de las reses trashumantes como de las estantes. Como se ha descrito con anterioridad, la irregularidad pluviométrica y la falta de corrientes de agua cercanas a la población dificultan el desarrollo de las actividades ganaderas. Así se expresa en la Orden de 1755: “y por este motivo los ganados de labor y demás vacuno de cría que entraban a pastar la dehesa de invernadero que se llama de Vaqueril, se veían precisados a buscar el agua para beber a distancia de dos o tres leguas, en ida y vuelta aniquilándose el tiempo preciso para el pastoreo a unos y a otros sin poderse fecundar sus crías”[32]De este modo, resulta imprescindible construir una serie de puntos de abastecimiento que eliminen el problema de los largos recorridos y favorezcan el incremento y mejora de la ganadería. En el caso de Brozas, el problema se solucionará mediante la construcción de charcas, embalses artificiales utilizados como abrevaderos, función que han conservado hasta nuestros días y que se localizan en distintas partes del término municipal, en dehesas boyales (como es el caso de las Charcas de Arce, fundamentales para el abastecimiento del ganado de labor), en las inmediaciones de cañadas y cordeles trashumantes (particularmente interesante es el caso de la charca de Brozas, situada en uno de los descansaderos que jalonan la Cañada Real de las Merinas) o en las grandes propiedades (como la charca de Araya, situada en una de las encomiendas de la Orden de Alcántara)

Mapa 4: Localización de las principales vías de comunicación, asentamientos humanos y charcas. Brozas (S. XIII-XIX)

map4Fuente: elaboración propia.

5.c) Agua y salud: en último término, una vez analizada la influencia del agua en los asentamientos y en el desarrollo económico local, es necesario establecer las relaciones entre los acuíferos y las condiciones de salubridad de la población brocense haciendo referencia, fundamentalmente, a las aguas estancadas de la Charca de Propios, situada a menos de 1 kilómetro del casco urbano y que ha jugado un papel determinante en el desarrollo de las actividades cotidianas de la zona de estudio.

Las condiciones climáticas que soporta Extremadura durante buena parte del año, junto con la necesidad de mantener lagunas en las dehesas y ejidos vecinos como abrevadero del ganado, facilitaba la presencia de fiebres palúdicas en la mayoría de la región, convirtiéndose con ello en uno de los componentes principales de la morbilidad. Aun cuando se conocían los efectos perniciosos que la presencia de aguas estancadas tenía sobre la salud de una población, la teoría miasmática vigente hasta el siglo XIX era errónea; como ejemplo significativo es el informe elaborado en 1803, coincidiendo con un temporal de lluvias, por el médico titular de la villa, d. Judas Navarro, acerca de los peligros derivados de la laguna: “Las miasmas que producen de un modo universal la calentura, son las que por la acción del calor se levantan de los pantanos, lagunas o charcas, o de territorios húmedos (…) Las sustancias vegetales engendradas en las lagunas se pudren, cuando por falta de renovación de agua y calores continuadas se ha reducido el agua a mui poca cantidad; perecen los peces porque el agua, elemento de su conservación, adquiere impureza y qualidad contraria. Puesta en este estado el agua, vegetales (monte en este país), y los peces muertos, pueden formar el miasma, que comunicado a la atmósfera produzca una epidemia. La charca de Brozas presenta en el día alguna impureza en sus aguas, pues se ve que se mueren los peces: los vegetales han adquirido degeneración pútrida, luego debemos recelarnos de los efectos anunciados. Para evitarlos se presentan dos medios:

primero, dar corriente o extinguir el agua; segundo, disminuir el pábilo de vegetales y peces. El primero es impracticable, y su evacuación daría origen a más calamidades, pero el segundo puede asegurarse disminuyendo el monte con instrumentos a propósito y de modo que no se revuelva el cieno, sacando todos los días las tencas muertas y enterrándolas; pescando todos los días hasta aniquilar todo animal, si es posible[33].

Como podemos comprobar, la cercanía de una masa de agua estancada supone, a juicio de los facultativos de la época, un peligro para la salud pública. En este sentido, si observamos las causas de mortalidad de la población brocense entre 1841 y 1860, podemos comprobar que el 28,4% se asocian a enfermedades infecciosas, fundamentalmente las denominadas “intermitentes” (calenturas, continuas, intermitentes, inflamatorias, pútridas, convulsivas, etc. en las anotaciones parroquiales) A pesar de que, en un primer momento, la clasificación de este tipo de dolencias pudiera parecer difícil, es bastante probable que gran parte de los casos registrados se debiesen al paludismo que, aunque no aparece con tal nombre en ninguna de las defunciones anotadas, afectaría a buena parte de la población brocense de forma endémica, por la cercanía de la gran laguna de la villa, foco de proliferación de los mosquitos anopheles, responsables del contagio de las fiebres palúdicas[34].

La importancia de esta enfermedad y su influencia en la población queda reflejada en el siguiente texto: “hombres que deben ser vigorosos por su contextura y que aparecen demacrados, anémicos y con el triste, sucio y terroso color característico de esta enfermedad. Mujeres todas feas, oscurecida su tez por igual razón, ajadas prematuramente e incapaces, éstas lo mismo que aquéllos, para sostener el vigor de una raza, y muy aptos en cambio para degenerarla”[35] Se confirma, de este modo, que la cercanía de la laguna de propios con respecto al núcleo poblacional supondrá una influencia perniciosa para la salud pública, influencia que no se superará hasta bien entrado el S. XX, cuando las actuaciones de las Juntas de Sanidad y los avances higiénico-sanitarios permitan erradicar el paludismo de las zonas rurales extremeñas.


NOTAS:

[1] En la mitología egipcia Osiris resucita saliendo de las aguas del Nilo, cuyo guardián es Khum. En la religión asiria, Ea es la diosas de los ríos, formando parte junto a la tierra y el cielo de la trilogía sagrada. Los griegos cuentan con Poseidón, dios de los mares y Afrodita, surgida de las aguas y representante de la belleza y el amor.

[2] La importancia del agua en el mundo romano se manifiesta claramente en el tratado de Arquitectura de Vitrubio, que en el Capítulo 6 del Libro 8 establece:“Pero si no hay fuentes donde poder conectar los conductos del agua, es preciso cavar pozos… Y si el terreno es muy duro, o las venas de agua se hallan a mucha profundidad… entonces hay que recoger la cantidad de agua procedente de los techos y de los lugares elevados”. Al mismo tiempo, Frontino en su obra Los Acueductos de Roma, recoge el carácter público del agua manifestando “que ningún particular ensucie con mala intención el agua allí donde sea de uso público. Si alguien la ensucia, que se le imponga una multa de 10.000 sestercios”.

[3] BARRIENTOS ALFAGEME, G. :“Geografía de Extremadura” en Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[4] RODRÍGUEZ AMELIA, D.: La penillanura Cacereña. Tesis Doctoral. Universidad de Extremadura. Cáceres, 1985.

[5] MAPA 1

[6] JULIVERT et Alt.: Mapa tectónico de la Península Ibérica y Baleares. Servicio de publicaciones IGME. Madrid, 1974

[7] Diversos estudios geológicos ponen de manifiesto que la zona Oeste de la Península Ibérica es, junto a Irlanda y el Norte de Europa, el primer territorio emergente en el continente europeo hace más de 400 millones de años.

[8] VV.AA.: Mapa Geológico de España. Hoja 677, Brozas. Escala 1/50.000. Instituto Geológico y Minero de España. Madrid, 1984.

[9] BARRIENTOS ALFAGEME, G.: op. cit. pág. 22

[10] El número de días lluviosos es un dato muy importante a la hora de definir la situación climatológica de una estación. En este sentido, las zonas oceánicas cuentan con una media de 225 días de lluvia al año, dato que contrasta con los 123 días del clima mediterráneo y, por supuesto, los 83 de la estación de Brozas, que se encuentra muy cerca de la influencia continental, con apenas 75 fenómenos de precipitación al año.

[11] La ETP es la cantidad de agua que debería evaporarse en función de una insolación y unas temperaturas determinadas. Esta cantidad es ficticia, ya que en muchos meses el nivel de agua existente es menor al evaporable. De este modo, incluimos el término de ETR (Evapotranspiración Real), cantidad de agua que realmente se evapora.

[12] ENRÍQUEZ NAVASCUES et Alt.: La Prehistoria. De los orígenes al contacto con el mundo romano en Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[13] Dentro del conjunto extremeño, los estudios sobre la importancia de los asentamientos en la Edad del Bronce se basan en el yacimiento del Cerro del Castillo de Alange, estableciéndose diversos análisis polínicos y paleoantracológicos que demuestran un proceso de degradación vegetal, una presión del pastoreo sobre zonas boscosas y el incremento de las tierras de cultivo en la margen derecha del Guadiana.

[14] A pesar de que esta calzada pertenece a la red secundaria de comunicaciones dentro de la Lusitania, cuenta con uno de los mayores monumentos del arte romano, el Puente de Alcántara, construido en el S. I d.C. por el arquitecto Julio Lácer en honor del emperador Trajano. Dentro del puente aparece una lápida conmemorativa nombrando a los pueblos indígenas que sufragaron y construyeron esta obra de ingeniería, entre los que podemos encontrar a Tongobriga y a Mapalia que, según diversos indicios, se corresponderían con los primeros pobladores de Brozas.

[15] Dentro de las calzadas, cada mansión se localizaba a la distancia de una jornada de viaje, mientras las stationes se ubicaban a media jornada.

[16] CARRASCO MONTERO en su obra “La Catedralina de Santa María de la Asunción” considera posible que la evangelización del territorio brocense se efectuase a partir de la superposición de la iglesia de Santa María sobre un antiguo templo dedicado a la diosa de las aguas, basándose en la presencia del Pozo de la Virgen en las inmediaciones de la parroquia, un pozo que a pesar de las frecuentes sequías de los últimos lustros, no se ha secado nunca. De este modo, puede constatarse la existencia de un núcleo de población en Brozas durante la dominación romana.

[17] ESTEBAN ORTEGA et Alt.: La Romanizaciónen Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[18] Aunque no existen pruebas arqueológicas que demuestren la antigüedad de la charca de Brozas, la aparición de objetos en las inmediaciones de la laguna, la importancia histórica de este espacio como abrevadero y la existencia de una pared primitiva nos permite aventurar la teoría del origen romano de esta obra.

[19] Entre los indicios más consistentes encontraríamos la aparición de un núcleo musulmán en Alcántara que se utilizaría, junto a Brozas y otras fortificaciones paralelas, para la defensa de la línea del Tajo.

[20] GARCÍA-DIEGO, José A.: Presas antiguas de Extremadura. Fundación Juanelo Turriano, 1994.

[21] A.H.P. de Cc. sec. municipal de Brozas: Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce para construir las charcas y molinos harineros llamados de Arce, radicando en este término jurisdiccional de Brozas.

[22] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[23] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[24] RODRIGUEZ CANCHO, M. et Alt.: Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Alcántara.Asamblea de Extremadura, 1993. Mérida.

[25] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 246

[26] En este contexto, desde mediados del S. XIX se desarrollará un espacio de regadío aprovechando las aguas de la charca de Greña, a 3 kilómetros del núcleo urbano, que mantendrá su actividad hasta 1960.

[27] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 2

[28] BRAUDEL, F.: Civilization materielle et capitalisme. Armand Colin, 1963. París.

[29] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 16

[30] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 245

[31] Sobre la explotación de la tenca en Brozas recomendamos la lectura del trabajo de GARCÍA BARRIGA, F.: Aguas estancadas y pesca en la Extremadura moderna: los casos de Brozas y Arroyo de la luz (Cáceres) presentado en los XXXI Coloquios Históricos de Extremadura, trabajo que obtuvo el premio en la categoría de jóvenes investigadores y que ilustra de modo acertado las condiciones ambientales, económicas y sociales de la pesca en las poblaciones de Brozas y Arroyo de la Luz.

[32] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[33] A. H. P. de Cc. sec. Municipal de Brozas, Libros de Actas Capitulares, nº 92 (1803).

[34] A pesar de la influencia perniciosa de la charca en la salud local, la importancia económica de la laguna evitó cualquier propuesta de drenaje, al que si se vieron sometidas las charcas de Alcántara y Garrovillas situadas, al igual que la de Brozas, en las inmediaciones del casco urbano.

[35] CORTEZO, V.Mª.: Algo sobre paludismo. en “Siglo Médico” Madrid, 1905, pp. 510