Feb 272014
 

 Miguel Alba Calzado.     

 Parte integrante del rico patrimonio cultural de Trujillo son las muestras de artesanía tradicional que conserva la localidad. El retroceso de los oficios artesanos en las últimas décadas ha puesto de evidencia que se trata de un patrimonio amenazado. No faltan apelativos para describirlo relativos a su incidencia económica: actividad marginal, residual o anacrónica son algunos de los términos con que se definen en la actualidad los oficios menestrales. Pero lo cierto es que constituyen un legado transmitido -no sin cambios- cuyo valor cultural está por encima de cualquier otra consideración. No obstante, artesanía y rentabilidad no son términos contrapuestos. En gran medida la demanda de productos artesanos depende de una adecuada promoción y presentacion al público. En cuanto a este último aspecto, el comprador valorará la información sobre el origen y manufactura del artículo artesanal y, más aún, si se le facilita la observación directa del proceso de elaboración. Las vías para aunar desarrollo económico y conservación del patrimonio etnográfico apenas han sido fomentadas con todas sus posibilidades en Extremadura, aunque deben reseñarse los esfuerzos de alguna Escuela Taller en este sentido.

      En el pasado, Trujillo fue un importante centro alfarero que abasteció al Sureste de la Alta Extremadura. Hoy representa el oficio un único alfar que se mantiene  fiel   a la factura tradicional: el consumo de barros locales, elaborados en un proceso completamente manual, el modelado con torno de pie, la cocción en horno de leña y el mantenimiento de una amplia gama de obra utilitaria avalan esta categoría. Lo que en apariencia puede parecer una situación de atraso posee un carácter cultural que merece conservarse. Pero para conservar hay que valorar y, antes, conocer.

      En futuros coloquios nos ocuparemos de las construcciones específicas que intervienen en el proceso de producción, de las piezas resultantes y de su difusión comercial, para concluir con noticias del pasado alfarero de la localidad y su trayectoria hasta la última década de nuestro siglo.

      En esta primera parte[1] se tratará de las diferentes fases que precisa la elaboración de una vasija  en Trujillo; proceso que se inicia con el acopio de arcilla en el barrero y concluye en la cocción.

     

     

EXTRACCIÓN Y TRANSPORTE DE MATERIA PRIMA:   

 

      Desde tiempo inmemorial generaciones sucesivas de alfareros trujillanos han venido extrayendo arcilla de una finca particular llamada Mordazo, alejada del núcleo urbano unos 6 kms. por carretera (N-V en dirección Sur) y 5 kms. por caminos. El barro no suponía coste alguno para los artesanos, pues, según una antigua claúsula que figura en el registro de la propiedad, en el caso de que el terreno fuese adquirido por un nuevo propietario, éste se comprometía a respetar el derecho de los alfareros a aprovechar gratuitamente el subsuelo de la finca. No se trata de renovar un permiso, ni una licencia especial, sino de una cesión sin límite temporal y al margen de los intereses concretos del dueño que podrá disponer a voluntad del uso y aprovechamiento de la tierra de cultivo, el suelo, pero sin interpornerse en los intereses de los alfareros. Se explica así como Mordazo, una finca en plena explotación (roturada y sembrada) es un terreno sin cerramientos por el que los vehículos de motor, como antaño los carros y caballerías, podían circular libremente, siguiendo antiguas veredas o abriendo otras nuevas a través del cultivo, como se ha hecho generación tras generación, cuando se iba a por cargas de barro. Este derecho supone una pervivencia de las antiguas cláusulas gremiales[2] que favorecían al oficio y de forma indirecta beneficiaban a la población y a la comarca, suficientemente abastecidas de recipientes utilitarios de óptima calidad cuando ningún otro material estaba tan divulgado como la cerámica.

            La tarea de «ir a por barro» se realiza una vez al año, preferentemente en los meses de primavera o a principios de verano, en viajes sucesivos, hasta reunir la materia prima suficiente que se consumirá en el transcurso de ese año. Otros alfareros, de acuerdo con el espacio disponible en el alfar para el almacenamiento y ritmo de consumo, preferían acudir al barrero períodicamente. Hasta hace poco tiempo los alfareros venían a por arcilla en carros o en caballerías, aunque no era estrictamente necesario su desplazamiento, pues­to que había cargueros, llamados «arrancadores», ajenos al oficio, que conocían bien las vetas de arcilla útil, las extraían y transportaban hasta el alfar, donde el artesano les pagaba la cantidad acordada. De igual manera, acarreaban leña para las hornadas.

      En los últimos años la labor es menos ardua que en el pasado, aunque siga siendo manual. Los alfareros del único taller actualmente activo se desplazan al amanecer con una camioneta hasta el barrero. El camino se traza a través del sembrado y la dirección depende de los resultados obtenidos la última vez que se extrajo la «grea». En el trayecto se pueden observar agujeros diseminados o trincheras al pie de túmulos, antiguas catas abandonadas. Algunos alfareros ponían buen cuidado en tapar los cortes agotados para no perjudicar el arado del campo, costumbre no siempre seguida a juzgar por el aspecto del terreno. A veces, había que apresurarse a cubrir los lugares donde la arcilla fuese buena y abundante, para evitar la intromisión de otros alfareros o arrancadores en la veta hallada. El barrero de Trujillo es uno de los más alejados y pobres en cantidades de barro de entre los núcleos alfareros extremeños. Por ello, la escasez originaba conflictos. En compensación, la materia prima originaria de Mordazo posee unas magníficas cualidades para el desarrollo del oficio, gracias a su comportamiento en el modelado, secado y en la cocción; y, lo que es más importante,  las vasijas resultantes ofrecen un excelente servicio al usuario por su resistencia al fuego y para el almacenaje de alimentos y líquidos.

      Apenas hay  que  profundizar para encontrar la arcilla, pero poca es la apropiada y a pocos centímetros aparece el subsuelo de pizarra. Excepcionalmente se encuentra alguna vez una veta que alcanza un metro de potencia. Por ser el resultado imprevisible, no hay ningún criterio para elegir el lugar de extracción. Lo normal es efectuar catas que indican al alfarero si debe continuar cavando o intentarlo en otro zona. La elección es, por lo tanto, azarosa. La operación se inicia apartando el primer palmo de tierra desechable, la de siembra, conocida como la «fusca». Limpio el terreno, con pico y pala se profundiza para retirar el estrato arcillo siguiente denominado «cabeza», de casi medio metro de potencia e inservible también para el trabajo alfarero, hasta descubrir la veta estrecha de arcilla útil cuya profundidad dependerá de la adaptación a las irregularidades de la roca madre (generalmente tiene entre uno y tres palmos de poten­cia). En la veta, una vez descubierta y limpia de «chinatos» y raíces, se distingue, al tacto y con la vista, el barro flojo del fuerte, «que lleva más carga y va por debajo». Con el «azaón» y el pico se extraen ambos tipos de barro en terrones o témpanos, que son cargados en esportillas de esparto con la pala o  con la azada. Cuando se disponía de caballerías se situaba a éstas al  pie del corte y  se cargaban directamente paleando la tierra a los serones. El número de cortes abiertos y su extensión dependerán de la cantidad y calidad de la arcilla hallada. Con un par de asnos o mulos la jornada se repetía en días sucesivos hasta conseguir la cantidad deseada. El vehículo de motor ha acortado tanto  el tiempo empleado en el transporte como el número de viajes al barrero.

 

 

LA PREPARACIÓN  DEL BARRO:

 

            Una parte de la arcilla en bruto, si no urge su empleo, es transportada hasta el alfar y almacenada en un cobertizo del patio destinado para tal fin (aunque tampoco es perjudicial para el barro permanecer al aire libre) o bien la totalidad de la carga queda extendida al sol junto a las construcciones del pilón y las eras (alejadas del barrio alfarero aproximadamente 1 kms.) para, después del oreo, iniciar el proceso de elaboración.

 

      Cuando se han secado los terrones se desmenuza la tierra con unos mazos de madera de encina de mango largo. La arcilla floja y fuerte, sin cribar, se echa en el pilón y es mezclada con abundante agua, sacada con un caldero de un canal aledaño  que parte de la charca de San Lázaro y más recientemente de un pozo ubicado en la fuente de los Mártires. A continuación se bate a mano con una tabla (es la acción de «tablear») hasta conseguir una pasta homogénea y semilíquida: «el caldo». Seguidamente, con  el mismo caldero, se trasvasa el barro disuelto a las eras anexas colándolo a través de un haz de matojos de escobas, superpuestos a la boca de la era, que, a modo de criba, retiene el pasto y demás impurezas. En el suelo de la era se esparce arena cribada para sanear la arcilla y con objeto de poderla desprender sin dificultad cuando se haya oreado. Dicha arena servirá como degrasante especialmente beneficioso para la obra de fuego.

 

      El proceso de sedimentación del barro precisa cerca de tres horas de reposo a partir de la última carga colada. La arcilla disuelta, más pesada, queda depositada en el fondo, en tanto que el agua de la superficie recuperará su claridad original. Sólo cuando está bien asentado el barro en cada una de las dos eras de que dispone cada alfarero, se le da salida al agua, retirando una piedra que, a modo de exclusa, se halla en una de las esquinas achaflanadas de la parte baja de las eras. Ambas construcciones desaguan conjuntamente por un pequeño canal excavado en la tierra. Tras ser  liberada de la capa superficial de agua, la arcilla queda expuesta al aire, perdiendo humedad progresivamente, hasta que al cabo  de unas horas empieza a cuartearse. Esta fase del proceso es más rápida que en otros centros alfareros extremeños, porque las eras de Trujillo son amplias, poco profundas y con el suelo de tierra, factores que contribuyen a una deshidratación acelerada, sobre todo en días soleados. LLegado este momento, el alfarero con  una hoz corta la masa en porciones o «témpanos», que  son trans­portados envueltos en sacos hasta el alfar y amontonados en el «cuarto del ba­rro». La arcilla arropada con plásticos se conserva en unas condiciones óptimas de humedad, hasta el momento de su utilización y mejora sus propiedades con un prolongado almacenamiento. Esta habitación, de ambiente fresco y semisubterránea, no dispone de ventanas y se ubica próxima a los tornos y resguardada de las corrientes de aire, para que el barro no se reseque. Si hay prisa por trabajar la arcilla y ésta presenta un exceso de humedad, se acostumbra a pegarla y extenderla en la pared del obrador hasta que haya adquirido la textura adecuada para pasar al amasado.  

 

 

AMASADO:

 

            El amasado se realiza sobre una losa de granito, junto a los tornos. El alfarero empieza por espolvorear unos puñados de arena en la parte central del «amasaero». La arena, además de servir de antiadherente, se emplea para suavizar la textura de la arcilla. Cuanto más fuerte se encuentre, más arena necesitará, de modo que se le irá añadiendo al tiempo de amasarla.

      La preparación es manual, empujando con el peso del cuerpo, que transmite la fuerza a las palmas de las manos. Al princi­pio la arcilla ofrecerá bastante resistencia, según el tiempo que haya estado  depositado en el cuarto del barro, pero irá cediendo conforme progrese el amasado. Para ablandarlo, de vez en cuando se golpea con fuerza la masa utilizando un mazo de madera de encina y dejándola caer contra la lancha para, a continuación, volver a la faena añadiendo más desgrasantes. El proceso se repite tantas veces como sean necesarias hasta que la masa sea un bloque homogéneo y dúctil. Cuando está lista, se corta en porciones y se les da forma redondeada o cónica. Estas pellas pueden pasar directamente a ser trabajadas en los tornos. Mientras, con una espátula se raspa la superficie de la losa para que, una vez limpia y espolvoreada de arena, esté prepa­rada para el amasado de un nuevo bloque de arcilla.

 

 

EL TORNEADO Y EL TORNO:

 

      El torneado se inicia centrando la pella con un golpe seco sobre la cabeza de la rueda para evitar que salga despedida con los primeros movimientos giratorios. Después, el alfarero moja sus manos en un tiesto con agua colocado frente a él en la mesa del torno al tiempo que acciona la rueda inferior impulsándola con el pie. Las manos rodean la pella suave pero firmemente, manteniendo los dedos juntos y las palmas extendidas. Centrada la masa, se introducen los pulgares presionando ligeramente hacia adentro hasta lograr abrir el barro. Las manos, siempre húmedas, se combinan en distintas posiciones que guiarán el barro hacia arriba, adelgazando y corrigiendo simultáneamente las paredes de la vasija por dentro y fuera, al tiempo que se esboza la forma de la futura pieza abierta o cerrada. Las posiciones coordinadas de las palmas de la mano y de los dedos durante el torneado responden a unas mismas pautas generales constantables en alfares distantes, aunque hay que precisar que, lejos de una ley estricta, cada artesano desarrolla un estilo propio tras años de experiencia siguiendo el simple criterio de la efectividad-comodidad. Las manos operan conjuntamente combinando múltiples posturas, así como los brazos y las muñecas, que transmiten el peso del cuerpo. De no ser zurdo, en el modelado, la mano derecha suele ir por fuera y la izquierda por dentro de la vasija.

      El torno, denominado «rueda» en Trujillo, es elevado, inscrito en una estructura de madera, compuesta por la mesa, el asiento y las patas que sostienen el conjunto, formadas por cuatro troncos insertados en el suelo, es decir, se trata de un torno fijo.

      El disco superior de metal (sustituto del de madera tradicional) se denomina «cabezuela», el eje que la une con la rueda inferior o vuelo es el «husillo». Mediante la «abrazadera», el husillo queda vertical  y sujeto por su parte superior al «palo maestro»,  que a su vez se inserta en la pared del obrador.  El extremo inferior del eje recibe el nombre de «gozne», que gira gracias a un rodamiento, aunque en el pasado lo hacía sobre una piedra engrasada. El travesaño de madera, sobre el que descansa el pie derecho mientras que el izquierdo impulsa la rueda, es el «estribo».

 

            Los útiles empleados en el modelado son:

 

      Las cañas: de varios tamaños, la más larga sirve para rebajar la arcilla de la base de la vasija y para, al finalizarla, desprenderla de la cabeza del torno. La más corta y manejable es para dar forma a los perfiles del recipiente y alisar las superficies. Entre estas dos, hay otras escalas in­termedias. Las cañas se disponen sobre la mesa del torno o, más frecuentemente, en el interior del «alpilote», recipiente abierto donde el alfarero moja sus manos repetidas veces durante el modelado y a donde va a parar la arcilla sobrante o babas, rebajada con las cañas o con los dedos. Para mejorar el acabado, sin retirar todavía la pieza del torno, se pasa por el cuerpo de la vasija un trozo de cuero mojado, denominado «badana».  Concluido el modelado, la pieza es retirada de la cabeza del torno con un cordel con dos palitos atados a los cabos.

 

      Aquellos recipientes que por su gran tamaño no pueden hacerse en una sola fase, como la tinaja, el cuezo, el cántaro, etc, se elaboran por partes, que son cortadas con la caña o con el dedo y añadidas posteriormente. Este recurso se emplea no tanto porque el barro carezca de la resistencia necesaria para que las paredes no se vengan abajo conforme se les da altura (al contrario, ya se ha señalado la «fuerza» que caracteriza a la arcilla trujillana), sino por la imposibilidad física de levantar la pared de una pieza por encima del codo del alfarero y por el enorme esfuerzo muscular que ello supondría. Ocasionalmente pueden emplearse hormas o «rodales» de madera de unos 40 cms. de diámetro superpuestas a la cabeza del torno para modelar recipientes de base amplia y paredes abiertas, como baños y cazuelas, sin riesgo de deformarlos al ser retirados del torno y para facilitar su traslado hasta el lugar de oreo. La unión de los complementos, tales como asas, piches y cordones se realizará después de unas horas de oreo, cuando las superficies hayan adquirido la consistencia necesaria para presionar sin desformarlas. Las asas son siempre del tipo cinta, anchas, finas y verticales, elaboradas por estiramiento a partir de una pella. Por lo general el tiempo que transcurre entre el torneado y el enasado puede ser en invierno superior a un día y en verano el que media entre la mañana y la tarde.

 

 

EL SECADO:

 

      Tras el modelado, las piezas se van colocando sobre tablas de pino de unos 80 cms. de largo dispuestas en la mesa del torno, desde donde, en conjuntos de cinco a diez piezas, son trasladadas a las zonas de oreo o secado definitivo. En ningún momento las piezas son expuestas al sol. Durante la fase de secado, de seis a ocho días, permanecen en el suelo en posición normal e invertida, ocupando el zaguán y el pasillo de la vivienda-alfar. En épocas de lluvias, de frío o en días de aire conviene arropar con mantas, lienzos o telas las piezas para que el secado transcurra lenta y progresivamente sin cambios bruscos que descompensen el grado de humedad de la superficie respecto al interior, de la parte superior respecto al «hondón» y del cuerpo respecto a sus «gobiernos» (asas, bocas, etc.).

 

LA COCCIÓN:

 

      En la actualidad, la cocción se efectúa cada dos meses o dos meses y  medio. Es opinión unámine entre los alfareros que la estación preferible es el verano o finales de la primavera, acortando, en lo posible, el tiempo entre las hornadas, por haber mayores garantías de «sacar más loza sana». Con anterioridad a la crisis del oficio, los alfares mantenían una media de dos cocciones mensuales e, incluso, los talleres con más operarios lo hacían semanalmente.

      Se empieza por reunir en distintos grupos las piezas de igual tipo y situarlas lo más cerca posible del horno. De la colocación de la carga en la cámara se encarga personalmente el maestro, mientras que los oficiales,  por lo común  hijos del maestro, organizan una cadena que le hace llegar las piezas. Es frecuente que la mujer e hijas del alfarero colaboren en esta tarea.

      En el «piso» de la cámara del horno se sitúan los recipientes más grandes evitando coincidir con las fogoneras, puesto que la incidencia directa del fuego calcinaría la pieza. En la parte más baja, independientemente del tamaño, van los recipientes vidriados por necesitar temperaturas más elevadas para el fundido del «alcohol de hoja» (plomo). No hay compartimentos ni soportes que mantengan separadas las piezas vidriadas, lo que obliga a poner cuidado para que no se peguen unas con otras (besos), orientándolas debidamente o interponiendo trozos de cerámica o cartón, aun a costa de dejar irregularidades en la superficie.

      El resto de la carga se amontona preferentemente boca abajo, ocupando  cualquier  hueco libre, incluyendo el espacio interior de las piezas grandes que albergan a las pequeñas, hasta sobresalir apiladas por encima del borde de la cámara. Por último, se cubren suporponiendo más de una capa de cascotes de piezas defectuosas de cocciones precedentes.

      Se dedican alrededor de cuatro horas para colocar concienzudamente unas 200 piezas, que es lo que viene a admitir la cámara del horno.

      Antes de prender la lumbre se hace una señal de la cruz con la horquilla de empujar la leña en la boca de la caldera: una forma de encomendar la hornada para su propicia evolución. En el encendido y mantenimiento intervienen varios tipos de leña: de encina, para la primera fase de caldeo y cualquier leña de más lenta combustión como son desde las vigas de antiguas casas derrui­das hasta las cajas de desecho. La segunda fase de cocción precisa fuego fuerte por lo que se atiza la caldera con escobas de monte con las que se consigue una llama viva y constante.

      La primera fase de calentamiento («templar el horno») se realiza con fuego suave, atizándolo con leña gruesa de seis a siete horas, hasta que deja de salir un humo espeso, negro primero y blanco después, y se «aclara la cámara». Entonces se pasa a avivar las llamas introduciendo, con ayuda de una horquilla, haces de escobas de monte, que serán reemplazadas en cuanto ardan. Se invierten de dos a dos horas y media de fuego fuerte en el que el horno alcanza la máxima temperatura, al cabo de las cuales se deja de alimentar el fuego y se tapa la boca de la caldera con la chapa de un bidón para retener las calorías y en prevención de fatales corrientes de aire; se pasa seguidamente a la tercera fase de lento enfriamiento. Son precisos dos días para que pueda efectuarse el desenhorne.

      En la descarga se repiten los mismos pasos que en el enhorne, pero, claro está, a la inversa. De nuevo se organiza una cadena y las piezas son reunidas según su tipología para atender los pedidos concertados y para su directa comercialización en el alfar o en los mercados comarcales. A parte quedarán las piezas inútiles que  irán a engrosar el montón del testar o serán reaprovechadas parcialmente para cualquier otro fin.

 

 

                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

­

 

 

                               



     [1]Los datos expuestos han sido recopilados en sucesivas entrevistas con el último maestro alfarero de la localidad, don Marcelino Rodríguez Pablos y sus hijos Vicente y Carlos (oficiales). También nos han proporcionado información algunos miembros de la familia conocida por «Los patuleques». A todos ellos, nuestro agradecimiento.

La exposición de esta comunicación se acompañó de diapositivas para ilustrar cada una de las fases del proceso.

     [2]Este aspecto ya lo tratamos en los Coloquios Históricos de Extremadura del año 1993 en la comunicación «El sistema gremial y su persistencia en la alfarería tradicional extremeña».

Ene 142014
 

Miguel Alba Calzado y Mª Jesús Fernández García.

      La vinculación entre mujer y alfarería está contenida en los relatos míticos sobre el origen de esta ocupación en culturas diversas y distantes. Muchas de estas interpretaciones  míticas hacen depender la existencia de la alfarería de una divinidad femenina, identificada a veces con la propia Madre Tierra, que transmite el conocimiento en beneficio de la humanidad, en ocasiones a través de un agente también femenino[2].

      Estudios etnográficos sobre sociedades africanas y americanas que hasta el presente siglo se han mantenido en estadios tecnológicamente primarios nos revelan que, en muchos de estos pueblos, la elaboración de vasijas de arcilla es tarea fundamentalmente femenina[3]. Pese a la distancia geográfica, se dan entre ámbitos culturales tan dispares como el africano y americano una serie de características coincidentes en lo que a la práctica alfarera se refiere: en primer lugar, es la mujer la responsable de todo el proceso de elaboración, un proceso técnico caracterizado por la ausencia de construcciones específicas y máquinas que determinan su factura totalmente manual. Además, el fin último de la producción es el abastecimiento local, cuando no se restringe al consumo propio, de modo que la comercialización rara vez supera los límites del poblado. De igual manera que para el hombre se reservan funciones muy específicas como la defensiva, la pastoril y la cinegética, entre las funciones domésticas de la mujer se incluye la manufactura de recipientes cerámicos junto a otras actividades artesanales como la elaboración de tejidos, de curtidos o la cestería. La cerámica resultante reúne unas características técnicas afines: además de su factura a mano (modelado estático)[4], las pastas son groseras, cocidas a baja temperatura en una atmósfera reductora o mixta que no siempre precisa de hornos. Las formas son simples y eminentemente utilitarias sin que la presencia o ausencia de decoración presente una pauta fija.

      Si retrocedemos en el tiempo, encontramos esas mismas premisas técnicas en la cerámica Neolítica, Calcolítica y de la Edad del Bronce (Inicial y Pleno) de los yacimientos arqueológicos del actual territorio extremeño[5]. Si bien se carece de pruebas concluyentes acerca de su autoría, por paralelismo etnoarqueológico apoyado en la división del trabajo por sexos se podría argumentar que la alfarería pudo ser en su origen una actividad sino exclusiva sí mayoritariamente practicada por mujeres. De ser así, la producción cerámica femenina habría predominado alrededor de cinco mil años frente a los últimos dos mil quinientos mil de alfarería masculina. Con los profundos cambios aculturativos acaecidos en el Bronce Final y en la Edad del Hierro, aparecen entre los materiales arqueológicos[6] vasijas modeladas con torno rápido, de pastas decantadas y cocidas en hornos a alta temperatura en atmósfera oxidante[7], combinadas con otras de factura rudimentaria y de características semejantes a las anteriormente enumeradas para la cerámica más arcaica. La lectura que se ha hecho de este contraste es que coexisten dos tipos de producción: una, la autóctona, y otra foránea de las «cerámicas finas» llegadas en una primera fase a través del comercio en respuesta a una demanda  promovida, entre otras razones, por motivos de prestigio social. Estas cerámicas torneadas, con el paso del tiempo, se generalizarán en el mundo ibérico mediante producciones de artesanos locales, artífices masculinos, probablemente, como entre griegos y fenicios. De igual forma «la nueva cerámica» aumentará progresivamente su presencia en las comunidades celtíberas castreñas del interior (por ejemplo, entre lusitanos y vettones), relegando paulatinamente a las de modelado estático atribuibles, como hipótesis, a la mujer dentro de una economía doméstica que pretende la autosuficiencia. Las vasijas a torno, «finas» y comunes denotan una ascendente especialización profesional, reflejo de los cambios sociales operados en la última fase de la Edad del Hierro, truncados por la completa asimilación cultural romana. Desde la romanización, el oficio es una actividad eminentemente masculina, plenamente especializada.

      En resumen, sin desestimar motivos culturales importados relativos a la mentalidad y al comportamiento, parece que entre las causas que motivan el cambio de la actividad alfarera como tarea femenina a oficio masculino se hallan la profesionalización de los artífices (dedicación exclusiva), la asunción del torno rápido, el aumento de la producción a media y gran escala y la comercialización exterior.

      Con la desarticulación del Imperio romano, las invasiones y el posterior establecimiento del reino visigótico, reaparece la cerámica modelada a mano (y a torneta), que coexiste con la producida a torno, por lo que cabe preguntarse si de nuevo la realización de la vajilla doméstica es asumida por la mujer en el marco de una economía autárquica rural. En cambio, en ciudades como Mérida[8], la cerámica altomedieval mantiene una ejecución técnica propia de alfareros de oficio que perpetuará la comunidad mozárabe hasta ser relevados por los artífices islámicos.

      En los casos aún vigentes en la Península Ibérica de cerámica femenina, reducida a ámbitos rurales muy concretos, se mantienen atávicamente algunos de los rasgos que la enlazan con antiguas formas de elaboración alfarera. Así en Moveros y en Pereruela, provincia de Zamora, las mujeres protagonizan todo el proceso de elaboración[9]. Realizan sus vasijas, que constituyen una producción reducida, sobre una torneta baja que impulsan intermitentemente con la mano. Un caso semejante era el de Mota del Cuervo[10] (Cuenca) y el de algunas localidades asturianas. En territorio portugués, Emili Sempere documenta los centros de Pinhela, localidad próxima a la frontera con Zamora, y Malhada Sorda en la Beira Alta[11]. En Canarias[12], las alfareras prescinden del torno y de la torneta en la factura de sus piezas completamente manual. Un ejemplo de sistema mixto pervive en Molelos (Portugal), donde la mujer comparte con el hombre todas las funciones a excepción del torneado que compete al varón, en tanto que la cocción, en hornos de soenga, es responsabilidad femenina.  

        

      Las circunstancias que rodean hoy la participación femenina en Extremadura son muy distintas a las de los centros citados. A grandes rasgos, el papel de la mujer en la alfarería tradicional extremeña[13] se centra en la realización de tareas subsidiarias, habitualmente ocasionales y dependientes de la categoría económica del taller. Se da el caso de ausencia total en el proceso técnico en los centros dedicados a la producción de grandes recipientes de almacenamiento como tinajas[14] y conos, en tanto que su participación es prácticamente inexistente en los alfares desvinculados del espacio doméstico, denominados «fábricas»[15] , o en aquellos donde, aun compartiendo el mismo espacio el obrador y la vivienda, en el pasado dispusieron de una plantilla amplia de oficiales y aprendices que cubrían cualquier aspecto del proceso, salvo lo relativo a ciertos tipos de decoración de los que tradicionalmente se ocupaba la mujer. Tampoco se ha dado presencia femenina en los obradores de elementos cerámicos para la construcción: teja, ladrillo, baldosa y tubos.

      En lo referente a la comercialización hay una presencia tímida de la mujer, aunque poco a poco irá  aumentando su protagonismo hasta compartir en algunos casos esta función con el hombre.

     A modo de regla general para el ámbito extremeño, se puede afirmar que el grado de intervención de la mujer es mayor cuanto más limitados son los efectivos humanos y económicos de un alfar. En efecto, se observa la siguiente constante en todas las localidades alfareras: cuando el número de operarios[16] es tres o más, las posibilidades de intervención de la mujer se reducen al mínimo, si es que se dan; con dos, aumentan, aunque no deja de ser su participación ocasional y restringida; y en los que el alfarero trabaja en solitario es cuando la mujer pasa a asumir ciertas responsabilidades en el proceso de elaboración. En muchos casos, coincide este momento de mayor participación femenina con los primeros años de matrimonio y el establecimiento de un alfar propio y concluye cuando los hijos alcanzan la edad suficiente para reemplazarla. Con todo, en ningún caso se puede hablar de mujeres alfareras, sino de la esposa o la(s) hija(s) del alfarero que realizan  esporádicamente unas funciones auxiliares muy concretas, tales como el acarreo de agua para proceder a la mezcla de las arcillas, retirar las vasijas de la mesa del torno, enasar, vigilar las fases de oreo y secado y cargar y descargar el horno. Tareas como la extracción de arcilla, desmenuzamiento, batido y colado, amasado, torneado y cocción son actividades reservadas por completo al hombre. Los motivos que sustentan tal exclusión son fundamentalmente las limitaciones físicas y causas de naturaleza sociocultural. Las primeras se deben al gran esfuerzo que hay que desarrollar en las actividades anteriormente mencionadas, para las que se considera al hombre más capacitado.  La segunda argumentación basada en causas socioculturales, enraizadas en la mentalidad de un sistema patriarcal, va encaminada a conservar y reproducir unos patrones de comportamiento inquebrantables: la alfarería era una profesión privativa del rol masculino, por ello nunca se enseñaba el oficio a las hijas. El hermetismo llegaba incluso  a privar de la transmisión del oficio a los hijos varones de las hijas del alfarero y a los hijos de los hermanos de la esposa.

      En aquellos talleres más prósperos hay que añadir un tercer motivo: el hecho de alcanzar un determinado estatus económico implicaba liberar a la mujer de cualquier actividad manual fuera del ámbito doméstico.

     En cambio, donde la mujer adquiría un protagonismo hegemónico, bien dentro o fuera del núcleo familiar, era y es en la decoración cerámica y, más concretamente, en determinadas técnicas decorativas. Como en el resto del panorama peninsular, la alfarería tradicional extremeña reúne una serie de motivos decorativos que de forma más o menos testimonial acompañan a la obra utilitaria. De ordinario, los sencillos motivos impresos o incisos, realizados durante el torneado, son obra del hombre. Sin embargo, a la mujer le corresponden aquellas decoraciones que son resultado de esquemas laboriosos con motivos florales o geométricos de factura esmerada, minuciosa y precisa que ocupan gran parte de las piezas. En el pasado dos técnicas decorativas eran exclusivas de la mujer: el enchinado y el bruñido. Ambas tienen como soporte preferentemente la obra de agua (jarro, botijos, cantarilla, jarra de agua, dama de noche, etc.) El bruñido consiste en efectuar dibujos sobre la superficie del recipiente, bañado en un engobe colorado muy fino, antes de que se haya secado la pieza, valiéndose de una  piedra pulida (un pequeño canto de río) humedecida con la lengua; el resultado es un trazo brillante de rápida ejecución que, combinado con otros, da lugar a motivos vegetales preferentemente florales. El enchinado es la técnica decorativa basada en la incrustración de pequeñas piedras de cuarzo blanco sobre la superficie plástica de las piezas cuando están a medio secar. Los motivos, de composición libre, son vegetales y estrellados y se desarrollan en un solo lado del recipiente, en tanto que el bruñido circunda toda la pieza. En uno y otro caso las mujeres trabajaban en grupos, en un quehacer reiterativo, fiel a un patrón tradicional pero abierto a la incorporación de matices que permiten reconocer la procedencia de un taller e inclusive su autoría. En Salvatierra de los Barros o en los centros con alfareros originarios de allí, la esposa e hijas del artesano solían ser bruñidoras; en Ceclavín ocurría de forma similar con las enchinadoras. Dos técnicas decorativas tradicionales, que realizan indistintamente el hombre o la mujer, son el dibujo con tierra blanca bajo cubierta de vidriado transparente (plomo) y el esgrafiado sobre este mismo engobe blanco.­¡Error! Marcador no definido.

      En plena década de los noventa parece ya incuestionable la evolución que el sentido de la mayor parte de obra alfarera ha experimentando desde una función fundamentalmente utilitaria hasta una meramente decorativa. Esta inversión de prioridades en la obra alfarera que han traído los nuevos tiempos ha hecho que a veces el recipiente de barro sea un simple soporte material para la labor decorativa. Pese a que en algunos centros esta tarea es exclusiva de las manos femeninas, no se ha dado un cambio parejo en la consideración de la autoría de la pieza, de modo que cualquiera que sea el grado de participación de la mujer en las distintas fases del proceso alfarero e incluso aunque su papel sea preponderante en la decoración y ello le confiera el interés comercial a la pieza, la obra final es considerada siempre resultado del trabajo masculino y será el hombre el que la firme si es que la obra va así diferenciada. Las propias decoradoras suelen restar importancia a su labor y considerar que no es equiparable al buen hacer del torneado.

 

      En lo referente a la venta, antaño era frecuente que cada alfar dispusiese de un arriero, con preferencia  miembro de la familia, que se encargaba de la comercialización exterior de la obra. La venta directa en la vivienda‑alfar daba alguna ocasión de intervenir a la mujer cuando el maestro estaba ocupado o se hallaba ausente. Sin embargo, diversas circunstancias irían dando un mayor protagonismo a la mujer posibilitando su incorporación a la venta local y a la ambulante. Serían éstas la falta de hombres disponibles durante y después de la Guerra Civil, la recesión económica de la posguerra, que redujo las plantillas de operarios al mínimo y obligó a los alfareros a asumir el papel de arrieros o, en su lugar, a recurrir a la ayuda de la esposa o de alguna hija, y el vacío provocado en el sector por la fuerte emigración  en respuesta a la crisis del oficio conforme decreció el consumo de obra utilitaria a lo largo de los años 60 hasta nuestros días. A diferencia del hombre, cuando el transporte aún se hacía en caballerías, la mujer encargada de la venta en los pueblos aledaños solía ir siempre acompañada y recorría trayectos cortos que le permitieran el regreso en el mismo día.

            En una región eminentemente agrícola como Extremadura, la actividad artesanal en general y la alfarería en particular no pueden desvincularse del mundo rural. Dentro del entramado de relaciones y consideraciones sociales que se desarrollan en este medio, la categoría del alfar (medida en términos de producción, calidad de las instalaciones, número de trabajadores, ventas, etc…) determina el estatus social que la familia alfarera alcanza entre sus convecinos. Entre las diversas dedicaciones profesionales, la consideración social de los menestrales era y es siempre superior a la del campesinado. En nuestros días, la consideración social de la mujer, colaboradora o no en el oficio, ha ido pareja a la del alfarero (marido o padre), revalorizándose en los casos en los que la producción se ha orientado hacia una cerámica con intención decorativa, se ha modernizado el taller o se han abierto nuevas vías a la comercialización. Más precaria es la situación en aquellos talleres que, fieles al esquema productivo tradicional, no han sido capaces de afrontar la crisis.     

 

        Los cambios profundos que el oficio ha experimentado en los últimos decenios han si no acabado sí minimizado algunos de los inconvenientes y de las barreras que la mujer tenía planteadas para el acceso al trabajo alfarero como plena protagonista de él. Por un lado, la fase de preparación de la materia prima se ha simplificado con la comercialización a bajo costo de arcilla empaquetada lista para modelar, la adquisición de esmaltes y engobes industriales amplía el campo de la decoración y la mecanización del alfar (torno eléctrico, horno de gas o eléctrico, batidora, amasadora, etc.) ha suplantado la fuerza manual por la de tipo artificial. Por otro, el oficio no ha quedado ajeno a la incorporación de la mujer al mundo laboral en todos los campos. Escuelas de Bellas Artes, escuelas taller y cursos esporádicos del INEM han tenido y tienen como principales demandantes a mujeres. Para algunas de ellas la cerámica creativa se convierte en una opción profesional.

      En la actualidad, es en el campo creativo donde la mujer reencuentra la cerámica, desligada de su antiguo sentido utilitario y erigida en expresión artística. En Extremadura existen algunos ejemplos renombrados de mujeres ceramistas[17] que enriquecen con su obra el campo experimental e inagotable de la cerámica.



     [1]Un extracto de esta comunicación se publicó en el catálogo de la exposición «La mujer en la alfarería española», (coord. Ilse Schütz, Agost, Museo de Alfarería, 1993, pp. 34-35)

     [2]C. Lévi-Strauss hace en su libro La alfarera celosa (Barcelona, Paidós, 1986) un análisis de algunos de los mitos sobre el nacimiento de la alfarería entre tribus del Continente americano y observa cómo la mayoría de ellos presentan una figura femenina como dueña del arte de hacer vasijas de barro:

                «De cualquier modo que se la llame: madre-Tierra, abuela de la arcilla, dueña de la arcilla y de las vasijas de barro, etc., la patrona de la alfarería es una bienhechora, pues, según las versiones, los humanos le deben esta preciosa materia prima, las técnicas cerámicas o bien el arte de decorar las vasijas». (pág. 35)

 

     [3]Así lo señala C. Lévi-Strauss para el Continente americano:

                «Sin pretender remontarnos a los orígenes, no hay duda de que en América es más frecuente que la alfarería incumba a las mujeres.» (Op. cit., pág. 34)

Ian Hodder para ilustrar las posibilidades del análisis etnoarqueológico referido a la tecnología cerámica se sirve de la alfarería femenina keniata (The Present Past. An Introduction to Anthropology for Archaeologists, London, Batsford Ltd, 1982).

     [4]Esta terminología más precisa es la que emplea Emili Sempere (Rutas a los alfares. España y Portugal, Barcelona, 1982, pág. 46), pues hay que tener en cuenta que inclusive con el torno rápido el trabajo no deja de ser «manual».

     [5]Son datos extensibles al resto de la Península, pero en los que a Extremadura respecta disponemos, hasta la fecha, de un representativo conjunto cerámico que han proporcionado yacimientos como Cueva de la Charneca (Oliva de Mérida), de época neolítica; del período calcolítico, los Barruecos (Malpartida de Cáceres) y  la Pijotilla (Vega del Guadiana) y de la Edad del Bronce, Palacio Quemado (Alange) y Cueva del Conejar (Cáceres), entre otros. Algunos de los estudios sobre estos yacimientos arqueológico pueden encontrarse en el volumen Extremadura Arqueológica II, Mérida, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura y UEX, 1991.

     [6]Sirvan de referencia los materiales cerámicos hallados en los yacimientos del Bronce Final (período orientalizante) de Cancho Roano (Zalamea de la Serena) y la Necrópolis de Medellín; de la Edad del Hierro, Castro de Villasviejas del Tamuja (Botija) y Castro prerromano de la Ermita de Belén (Zafra).

     [7]Sin embargo, responden a estas mismas características y coinciden en este mismo horizonte cultural las llamadas cerámicas grises, realizadas en cocción reductora. 

     [8]Tal y como revelan los datos proporcionados por la excavación en curso del solar de Morerías (Mérida).

     [9]Se refieren a la alfarería de estos centros J. LLorens Artigas y J. Corredor Matheos en su obra Cerámica popular espñola, Barcelona, Editorial Blume, 1982, pp. 63-70.

     [10]Natacha Seseña, «La alfarería en Mota del Cuervo (provincia de Cuenca)», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, nº XXIII, 1967, pp. 339-346.

     [11]Emili Sempere, op. cit., pp. 332 y 327 respectivamente.

     [12]

Respecto a Canarias, J. LLorens Artigas y J. Corredor Matheos, op. cit., pp. 180-183.

     [13]Para el contenido de los datos expuestos, nos hemos basado en los centros activos de la región extremeña durante la década de los 80: un total  de  veinte  localidades  alfareras, distribuidas nueve en la provincia de Badajoz y once en la de Cáceres. En lo básico, la información es válida también para la región del Alentejo portugués.

 

     [14]Centros productores de recipientes de gran envergadura fueron Guareña, Castuera y Miajadas en la provincia pacense y Arroyomolinos de Montánchez en Cáceres, junto con Torrejoncillo

única localidad que se mantiene en activo.

     [15]El término «fábrica» es el que registra Pascual Madoz en 1846 en su Diccionario Geográfico, Estadístico‑Histórico de Es­paña y sus posesiones de ultramar para referirse a las alfarerías corrientes. Tal denominación ha pervivido en algunos centros extremeños hasta nuestros días. Sirvan de ejemplo los de Plasencia, Fregenal de la Sierra, Talarrubias, Mérida, etc.

     [16]En los años 80, por la falta de demanda de recipientes utilitarios, ningún alfar de los registrados disponía de más de tres operarios, aunque muchos disfrutaron de plantillas más numerosas en el pasado.

     [17]Cabe señalarse algunos nombres como los de Isabel Torrado (Cañamero), Inés Madejón (Navalmoral de la Mata), Paloma Sánchez (Cáceres) o María de Elena (Mérida).

Ene 142014
 

María Murillo de Quirós.

    En una biblioteca de un pueblo de la provincia de Cádiz existe una publicación impresa en Cáceres en la imprenta de D. Lucas de Burgos en el año 1.838.

   En su portada se lee lo siguiente: “Memoria de la Causa de Dilapidaciones de Guadalupe que ofrece al público el Juez que ha entendido en su formación don José García de Atocha, Diputado Provincial de la de Cáceres, Jefe Político cesante de la de Badajoz, y Ministro honorario de la Audiencia nacional de Extremadura”.

    En todo lo expuesto se aprecia el río revuelto de los problemas de la exclaustración de los frailes y la incautación de los bienes del convento.

    Al parecer se creía encontrar en Guadalupe grandes tesoros que no hallaron.

    Tuvo Trujillo mucha relación con la causa de las “dilapidaciones” ya que aquí vinieron a venderse las cabezas de ganados que encontraron al hacer inventarios por segunda vez y también vinieron conducidos “con escolta a Trujillo los mantos de la Virgen y alhajas de plata…”

    En la lista de “ocultaciones” figuran entre otras cosas insólitas “dos tinajas pequeñas”y un crédito a favor del Monasterio “contra Lord Londonderri” por valor de 104.875 reales.

    Esta causa fue motivo del cese del Juez encargado de su formación, que recurre a la Reina en varias cartas aquí publicadas y que al consignar sus honorarios, pone los 17 días de estancia en Guadalupe a 66 reales cada uno y los “cuatro de camino de ida y vuelta” (de Trujillo a Guadalupe) a 132 reales.

Oct 112013
 

Manuel Rubio Andrada.

 INTRODUCCION

      En realidad el título de este trabajo debe ser: «La Sirena de Monfragüe, ¿antítesis de las fuentes de un mito?.

 Actualmente las fuentes del mito transcrito por Homero en la Odisea son tenidas por relatos populares griegos que unificados por Homero, fueron transmitidos al resto del mundo conocido a través de las colonias griegas. Esta es la tesis. La antítesis que yo propongo es que ese mundo exterior es quien también facilitó, a través de las relaciones, los temas que Homero unificó en la Odisea para conocimiento del mundo griego.

 Comienzo recordando brevemente el mito de las Sirenas narrado por Homero en la Odisea, según todos los indicios, en la segunda mitad del S. VIII.

 Ulises, rey de Ítaca, en una de sus numerosas aventuras, al regreso de la guerra de Troya charla con la diosa Circe que le previene de los peligros que le acecharán si se acerca a la isla poblada por las Sirenas; le recomienda que, si desea oír sus cantos dulces, aunque pérfidos, debe ser atado en su embarcación y sus compañeros taponar sus oídos con cera para no caer en la inclinación terrible de acercarse a la isla donde moran. En efecto, al acercarse, Ulises oye de aquellos extraordinarios seres los temas familiares que deseaba oír y ordena dirigir el rumbo hacia ellas, sus compañeros no pue­den oírle; reman presurosos y consiguen alejarse de los temibles escollos que habían acabado con los navíos de imprudentes navegantes; sus huesos dijo la venerada Circe, pueblan la playa de la isla maldita.

 Desde entonces, cuando alguien nos cuenta dulcemente lo que deseamos oír puede que esté iniciando «un canto de sirenas» que nos puede arrastrar al nau­fragio personal si persistimos en ver lo que deseamos por encima de la realidad.

No obstante lo dicho debemos reseñar que en el medievo su morfología se trasformó y pasó de ser ave-mujer a pez-mujer. En nuestra cultura actual el contenido de las sirenas también ha variado, siendo benéfico; un ser tan bellamente imaginado fuese incapaz de realizar maldades y sí sufrirlas.

 El descubrimiento en un covacho del parque Natural de Monfragüe de una pequeña pintura bastante naturalista representando a una sirena pez-mujer, posibilita quizás la existencia de un mito en esta co­marca cacereña en tiempos próximos aunque quizás algo posteriores a su inclusión en la Odisea en el cual era protagonista esa forma reinventada en la Edad Media (Lám 1, fig 1 ).

 Tal fue la conclusión que hice tras su descubrimiento hace ya más de una década; lo comenté con algunos profesionales y aficionados serios, cuyo silencio me pareció que era bastante indicativo; decidí archivar el descubrimiento en espera de mejor ocasión en espera de nuevas aportaciones que clarificaran más este hecho, es decir, otros descubrimientos con los que poder establecer relaciones más allá de lo estilístico (1).

Lámina I

 Lámina I.- La Sirenita de Monfragüe.

Figura 1

Figura 1- Dibujo de la Sirenita de Monfragüe.

 OTROS MOTIVOS RELACIONABLES

Entre las cerámicas de influencia ibérica encontradas en el castro de La Coraja, AI­deacentenera – Torrecilla (Cáceres), apareció un fragmento que mostraba la pintura en rojo vinoso de un caballero guerrero y su cabalgadura; lleva en su cintura espada afalcatada; un pequeño escudo redondo porta en su mano izquierda. Su estilo naturalista aunque estático, bien pudiera pertenecer a una  pintura rupestre de finales del estilo levantino.  Aunque con temas tan distantes su estilo encaja con el de nuestra Sirenita, ya que ambos están realizados con un tosco naturalismo sin que atinen a trasmitir movimiento; también a ambos apuntan su distribución centrada. Por el arma que presenta el caballero y el entorno donde aparece el fragmento, señalan claramente un horizonte cercano al s. IV antes de C.

Lámina III

 Lámina II.- Los posibles motivos acuáticos de algunas cerámicas de del poblado de la Coraja.

 Un motivo acuático parecido al empleado en Monfragüe muestra la decoración de unos  fragmentos de cerámica del mismo poblado, pertenecientes a un gran recipiente hallado en el relleno de una gran rampa –hoy arrasada-, que descendía hacia el arroyo Moro, el del oeste, en dirección a la necrópolis. (Lám II).

 La sirena fue pintada centralmente ordenada y esta distribución tiende a alejarla de las obras muy primitivas, tratando un  tema (mujer-pez) que por ahora parece que único dentro del arte esquemático  y que nosotros situamos de manera provisional en la cultura inmediata prerromana.

 

 BIBLlOGRAFIA

 (1) Rubio Andrada, M.: (1992). «La pintura rupestre en el Parque Natural de Monfra­güe», Cáceres, Pág. 69 Y ss.

    

 

                                                                               

 

 

Oct 072013
 

Luís Vicente Pelegrí Pedrosa.

La llegada de los capitales indianos a Castuera, fruto de la emigración al Nuevo Mundo de casi un centenar de castueranos en los siglos XVI y XVII, benefició especialmente a los familiares de estos emigrantes, lo cual nos lleva a considerarlos como un grupo social diferenciado. Pero esto no significa definir el surgimiento de un nuevo grupo social apoyado en el dinero de las Indias, antes al contrario implica distinguir una facción de la oligarquía indiana que vio reforzada su posición por su vinculación con algunos de los indianos de esta localidad. Como ejemplo de esta facción indiana de la oligarquía de Castuera tratamos del linaje de los Calderón Gallego, al que pertenecía uno de los principales indianos de esta villa, don Pedro Calderón Gallego.

Para llevar a cabo este análisis es necesario atender a los factores de formación y beneficio de esta facción indiana, que son los envíos de dinero y la administración de las fundaciones que crearon los indianos, y por otro lado hay que estudiar los factores de su apreciación y consolidación, que son, en el caso de los Calderón Gallego, el poder concejil, el mayorazgo, y la esclavitud, como signos e instrumentos de poder y prestigio, ya que don Juan Calderón Gallego, hermano de don Pedro, fundó en Castuera un  mayorazgo en 1692[1], incluyendo en él dinero enviado por su hermano, además de un oficio de regidor perpetuo.

En esta comunicación nos dedicamos a los dos primeros, es decir, de los factores formativos, que se incluyen entre las facetas de inversión de los capitales indiano en Castuera, entre las que se encontraron, además de éstos, el mecenazgo a las iglesias, y la tierra[2].

El estudio de unas y otras formas de inversión lo hemos realizado en los fondos del Archivo de Protocolos Notariales de Castuera, que evidencian así la importancia de las fuentes locales para el conocimiento de la relación entre Extremadura y América, y más cuando esta es la primera investigación que se realiza con los documentos notariales de Castuera[3].

Las referencias documentales las realizamos así:  A.P.C, Archivo de protocolos de Castuera; documento y fecha, escribano, folio, -fol.- y número del legajo. Cuando el año del protocolo en el que se halla incluido el documento es distinto a éste se señala junto al nombre del escribano.

Antes de nada es necesario conocer al protagonista del beneficio económico y social de los Calderón Gallego, don Pedro Calderón Gallego. Este castuerano emigró a Cartagena de Indias hacia 1650  y retornó en 1689. En ese periodo alcanzó una notable posición social en ese importante puerto americano, pues alcanzó el prestigioso puesto de alguacil mayor de la Inquisición, y amasó una importante fortuna valorada en más de 20.000 pesos sólo en una estancia ganadera. Don Pedro Calderón, fue, además, de uno de los indianos más ricos de Castuera y uno de los pocos que regresó a su villa natal para invertir allí su fortuna[4]. Fruto de esa riqueza realizó diversos envíos de dinero para la creación de fundaciones pías y para el disfrute de sus familiares, que se beneficiaron de ello bien como administradores de esas fundaciones o bien mediante el beneficio debido o indebido de su dinero.  Para ello nombró como administrador a su hermano don Juan Calderón Gallego,  sin embargo no se distinguió con claridad un fin de otro, lo que dio lugar a complicaciones.

Don Pedro Calderón pretendió crear dos obras pías, una dedicada al Santo Sacramento y otra para el culto a Santa Ana, sin embargo, sólo la primera llegó a funcionar sin instituirse. Don Juan afirmaba en sus testamento, realizado en 1695, que tenía impuestos a censo 2.000 pesos a nombre de dicha fundación, y otros 1.000 a su propio nombre. Sin embargo, don Pedro en su testamento, fechado en 1708 acusaba a su hermano de no cumplir con sus disposiciones:  «declaro es notorio en esta villa como remití de Indias, tres mil patacones a don Juan Gallego, mi hermano, ya difunto, para que fundase en la santa iglesia parroquial de esta villa un terno de chirimías para que asistiese al santísimo Sacramento en sus salidas en forma de viático a los enfermos, y demás funciones que se ofreciese y fiestas que se celebran en dicha iglesia. Y aunque llegaron a poder de dicho mi hermano, con el indebido pretexto de que no se hallaban personas que quisiesen entrar en el ejercicio de ministriles, en que padecí engaño, pues he sabido hubo muchos pretendientes de Zalamea y de esta villa, luego que llegué a España. Y teniéndolo por muy cierto vine en que dicha cantidad, con otra porción que se agregase al vínculo y mayorazgo que dicho mi hermano y doña Isabel Cortés, su mujer fundaron. No pude tener acción ni autoridad en que se agregasen a dicho vínculo y mayorazgo, aún dado que fuese cierto el no haber quién quisiera entrar en el ejercicio de dichas chirimías, y así, conociendo el yerro que hice, que para cometerlo no me disculpa el llegar a este país con los ojos como vendados»[5].

Pero aquella no fue la única cantidad destinada por don Juan Calderón a otro fin que no fuera el estipulado por su hermano, pues como éste último denunciaba también en su testamento que: «de los ocho mil quinientos patacones que paraban en poder de dicho mi hermano, de mi cuenta quedaron  en su poder de tres partes las dos, para dicho vínculo, y para el cumplimiento del aniversario en cada un año por noviembre y celebración de la fiesta de mi señora Santa Ana»[6]

Don Juan Calderón certificaba también en su testamento el beneficio directo por parte de la familia del dinero de don Pedro Calderón, pues según él «don Pedro Calderón enviará otra remesa de plata para fundar un patronato a capellanía a favor de fray don Juan Calderón Gallego, mi hijo, religioso de la orden de San Francisco de la Calzada, ya difunto, con lo que la cantidad enviada se agregará al mayorazgo»[7].

Todos estos testimonios son elocuentes del aprovechamiento que de los capitales de don Pedro Calderón hicieron sus familiares, más allá aún de la parte que les destinó para su beneficio directo, por otra parte evidencian también la participación en el mayorazgo de don Juan Calderón Gallego de los capitales de su hermano, y que fue instrumento de consolidación de su posición social.



[1] A.P.C. Mayorazgo 22 de septiembre de 1692. Juan Gómez, fol. 79, 14.

[2]Pelegrí Pedrosa, L.V: «Los capitales indianos en Castuera (Badajoz) y sus formas de inversión en el siglo XVII». Actas de los XX Coloquios Históricos de Extremadura. Cáceres, 1994, pp. 237-261.- Pelegrí Pedrosa, L.V: «El mecenazgo de los indianos de Castuera (Badajoz) en América y en Extremadura durante el siglo XVII». Actas de los XX Coloquios Históricos de Extremadura. Cáceres, 1994, pp. 262-263.

[3]Rodríguez Sánchez, A y otros: «Las fuentes locales para el estudio de la Historia de América». Alcántara, 7, Cáceres, 1986, pp.69-81.

[4]González Rodríguez, A y L.V Pelegrí Pedrosa: «Capitales indianos en Castuera (Badajoz): censos y fundaciones, 1660-1699». Actas del IX Congreso Internacional de Historia de América. Sevilla, 1992, pp.293-319.

[5] Testamento, 21 de mayo de 1708, Juan Gómez, fol.17, 23.

[6] Ibídem

[7] A.P.C.  Testamento, 1695, Juan Gómez Benítez, fol.64, 16.A.P.C. Testamento de don Pedro Calderón Gallego, 21 de mayo de 170, Juan Gómez, fol.17, 23.

Oct 011993
 

Agustín Vivas Moreno y  Ana Isabel Rodríguez Ávila.

I.- INTRODUCCIÓN

La Monarquía había quedado muy debilitada después de la dimisión de Primo de Rivera. Por eso, tras un año de incertidumbre política, se llegó a la proclamación de la República. El nuevo régimen significaba un cambio sustancial, un intento de asentar la convivencia española sobre nuevas bases sociales y políticas. Pero la complejidad de los problemas planteados, la resistencia de las clases dominantes a ceder lo más mínimo en sus privilegios, el maximalismo de ciertos sectores populares que creían llegada la hora de la revolución y la nefasta influencia de la crisis económica mundial (a raíz del crac de 1929) y de los fascismos europeos, que ofrecían a la oligarquía española un modelo de gobierno autoritario, dieron al traste en poco más de cinco años con la Segunda República.Icono pdf

… debido a lo extenso de este artículo, se ha procedido a convertirlo en archivo para descargar:

Oct 011993
 

Mª del Pilar Cárdenas Benítez.

«Varón prudentísimo y digno de gobernar mucha gente», fue Frey Nicolás de Ovando «quien abrió a Extremadura el camino de las Indias, encauzando los bríos raciales de esta comarca hacia las grandes conquistas americanas».[1]

A su llegada a las Indias, la aventura colonial española era un fracaso; a su regreso, la empresa era un éxito.

Allí llevó su experiencia, su preparación, sus creencias y sus prejuicios; como todos, cometió sus errores, algunos de los cuales aún no le han sido perdonados y son causa del olvido en que se ha visto sumida su figura.

Este pequeño trabajo pretende dar una visión general de algunos de los principales documentos que recibió el Comendador Mayor, de sus formas diplomáticas, de sus estructuras y de la complejidad de los mismos, a los que tuvo que enfrentarse para realizar su tarea de gobierno.

1.- FREY NICOLAS DE OVANDO.-

Nicolás de Ovando nació en Brozas (Cáceres) en la segunda mitad del siglo XV. Su padre fue el famoso Capitán Diego de Cáceres Ovando. Su madre, Isabel Flores, era dama de Isabel la Católica.

Nicolás era el menor de cinco hermanos.[2] Fue criado en Cáceres, ingresando muy pronto en la Orden Militar de Alcántara, como «Freyle Milites» o caballero. Distinguiose por su austeridad y desprendimiento; sus rentas y ahorros los aplicó en beneficio de su orden, ya que nunca llegó a casarse.

En 1478 ya es Comendador de Lares, dependiendo su título legal y, por consiguiente, su derecho al cobro de las rentas de la encomienda, del triple reconocimiento por el Rey, el Papa y el Maestre de la Orden de Alcántara. A la muerte de su padre en 1487, Don Frey Nicolás de Ovando ya había sido aceptado entre los hombres de gran valor y disfrutaba de amplias ventajas, gracias al prestigio de su familia.[3]

Don Eugenio Escobar Prieto, en su obra «Hijos ilustres de la villa de Brozas», lo define así: «De costumbres irreprensibles, amante de la justicia, exento de vanidad y orgullo, nada codicioso, parco en palabras y enérgico en las resoluciones». No parece extraño, por tanto, que los Reyes Católicos lo eligiesen como«uno de los diez gentiles hombres experimentados, virtuosos y de buena sangre»,[4] para ayos del Príncipe don Juan.

Su actividad en la Corte de Príncipe mantuvo a Ovando en estrecho contacto con la Corona durante le Guerra de Granada, a la cual se encuentra ligado más por la leyenda que por las crónicas.

A la muerte de Don Juan en 1497, finaliza su vida cortesana y Frey Nicolás se dedica por completo al servicio de su Orden, que no había abandonado en ningún momento. Fue nombrado visitador para inspeccionar el estado de las encomiendas y la conducta de los comendadores. Y resultó ser tan buena su actuación que fue propuesto para el mismo cargo por segunda vez.

En Granada, el tres de septiembre de 1501, Frey Nicolás de Ovando, Comendador de Lares de la Orden de Alcántara, es nombrado Juez y Gobernador de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.

2.- GOBERNADOR DE LAS INDIAS.-

«Nuestra merçed e voluntad es que Fray [sic.] Nicolás de Ovando, Comendador de Lares de la Horden e Cauallería de Alcántara, tenga por nos la governaçión e ofiçio de juzgado de las dichas Yslas e Tierra Firme, por todo el tienpo que nuestra merçed e voluntad fuere».[5]

Ovando fue enviado a las Indias en sustitución del Comendador Francisco de Bobadilla, quien había llegado a La Española tras la solicitud de Colón de que se le enviase un Juez Pesquisidor. Gobernó entre agosto de 1500 y abril de 1502. Su fracaso general en la administración de la colonia, debido en parte a las ambiguas instrucciones que recibió y a la propia naturaleza de su cargo, dio lugar al nombramiento de Frey Nicolás como Gobernador y Juez.

El tiempo de duración del gobierno del Comendador de Lares no había sido definido sino vagamente: «por todo el tienpo que nuestra voluntad fuere», como dice la Real Provisión de su nombramiento. La única excepción para el ejercicio de su jurisdicción serían las islas cuyo gobierno ya había sido concedido en las Capitulaciones habidas con Alonso de Ojeda y Vicente Yáñez Pinzón.

Frey Nicolás recibió, igualmente, la Jurisdicción Civil y Criminal, teniendo facultad para nombrar a todos aquellos oficiales necesarios para la ejecución de la Justicia, como alcaldes, alguaciles y otros. Por este mismo poder que se le concede para nombrar y cesar oficiales, se insta a todos aquellos que a su llegada estuvieran en el ejercicio de estos oficios, le entreguen «la vara de la Justicia» y regresen a la Península. Las autoridades indianas debían tomarle juramento de su cargo y reconocerle como su Gobernador.

Podría Ovando, así mismo, poner lugartenientes, oír y determinar los pleitos, hacer ejecutar la Justicia y establecer el salario que debían recibir los alcaldes, incluso imponer penas a quienes no obedezcan sus órdenes y mandatos.

Por último, se plantea el modo de cobrar las penas pertenecientes a la Cámara Real, que debía realizarse con todas las garantías posibles, llevando inventario de ellas ante un escribano público.

La Real Provisión, firmada por el Rey y la Reina, va refrendada por el secretario Gaspar de Gricio, quien estaba encargado de los asuntos indianos.

3.- LAS INSTRUCCIONES DE GOBIERNO.-

La Real Cédula que seguidamente pasaremos a analizar, comienza así: «Lo que vos, Fray [sic.] Nicolás de Ovando, Comendador de Lares de la Orden de Alcántara, aveys de hazer en las Yslas e Tierra Firme del Mar Océano, donde [vas] a ser nuestro governador».[6] Continúa el documento con la exposición de veintiocho instrucciones, unas vagas y otras más precisas, que el Gobernador debía hacer cumplir a su llegada a La Española.

La intención de los Reyes Católicos al enviar a Ovando a las Indias era la de restablecer su autoridad en aquellas tierras, asumiendo la transferencia de la jurisdicción del Almirante, Don Cristóbal Colón. Igualmente, pretendían que, al establecer un gobierno estable y seguro, la colonia podría autoabastecerse e incluso reportar beneficios a la Corona, tanto por la explotación de las minas de oro y el palo brasil como por la obtención de otros ingresos, impuestos por derecho a sus súbditos.

Otra de las grandes preocupaciones de los soberanos era la propagación de la fe en las tierras americanas, ya con el ejemplo de los españoles, ya con la conversión de los indios. En estos términos se dictaron las dos primeras instrucciones que, aunque dadas en términos muy generales, suponen un primer paso para el establecimiento de la Iglesia en América y el precedente para posteriores instrucciones. Su colocación en primer lugar, antecediendo a las demás labores de gobierno, nos indica la importancia concedida a esta tarea.

Por su número, habría que destacar las instrucciones dirigidas a los indios,[7] en las que se establece que deben ser bien tratados, incluso amonestando para ello a los caciques, que se les devuelva todo lo que les hubiera sido tomado en contra de su voluntad, que trabajen a cambio de un salario justo, que paguen sus impuestos como súbditos que son de la corona y que no puedan comprar armas, ni ofensivas ni defensivas.

Igualmente dignas de mencionar son las medidas económicas que se proponen, distinguiendo entre ellas, tres grupos:

– Las encaminadas a solucionar las herencias del régimen de gobierno anterior.[8] Se hace, por ello, necesario ordenar que se averigüen las cuentas que estuvieran pendientes, que se revoque la franqueza dada por Bobadilla sobre el oro que se cogiese y recoger el ganado perteneciente a Sus Majestades que el dicho Comendador había repartido para pagar ciertas deudas.

– Las dirigidas a establecer los tipos de tributos que debían obtenerse en la colonia y el modo de hacerlo.[9] Estos impuestos tendrían que ser pagados por todos los habitantes de aquellas tierras, tanto indios como españoles, como súbditos de la Corona. En este caso, los diezmos y las primicias pertenecían a los Reyes Católicos en su calidad de Patronos de las Indias, por concesión papal.

– Toda una serie de medidas propuestas para mejorar la explotación de la colonia y, por tanto, para aumentar los ingresos reales.[10] Así, en adelante, corresponde a la Corona la mitad del oro obtenido en las minas, después de ser llevado a la casa de fundición y recogido por cuadrillas de unas diez personas; se cuida que la explotación del palo brasil sea racional, permitiéndose que se cortaran las ramas y no los árboles por el pie; finalmente, se pretende el control de todos aquellos que quisieran ir a descubrir o a realizar rescates a otras partes de las Indias, ya que deberían llevar para ello licencia del Gobernador.

En cuanto a las instrucciones sobre población y defensa,[11] Sus Majestades proveen que se creen nuevas villas en los lugares que parezcan idóneos, que los cristianos vivan dentro de ellas. Igualmente, se prohíbe el paso desde la Península a los judíos, musulmanes, conversos e incluso a los negros, por el mal ejemplo que daban con sus costumbres; tampoco les estaba permitido pasar a Indias a los no castellanos ni a ciertos delincuentes, incluso por este último motivo podrían ser enviados de vuelta a los territorios castellanos.

Para la defensa, se dispone la creación de hasta tres fortalezas que serán proveídas de alcaide y otros oficiales por el propio Gobernador. Estos deberán ejercer bien sus oficios y no podría haber más oficiales a sueldo que los que pasaron con él.[12]

Finalmente querría destacar dos instrucciones que son inherentes al cargo que debía ejercer Ovando. La primera es la orden de tomar residencia a Francisco de Bobadilla y a sus oficiales,[13] juicio que debía hacer el recién nombrado al predecesor en su cargo. La segunda, la obligación de enviar un informe a su llegada,[14]para averiguar las necesidades que fuera preciso remediar y proveer sobre ello.

El presente documento finaliza exhortando al Gobernador para que cumpla todo lo proveído en esta instrucción, para lo cual «vos damos nuestro poder conplido»[15]

Tras la fecha y las firmas del Rey y de la Reina, encontramos la suscripción del secretario Gaspar de Gricio y la validación mediante la señal de varios miembros del Consejo de Castilla: don Antonio de Fonseca, el Licenciado Zapata y el Doctor Angulo.

Muchas otras cédulas y provisiones fueron expedidas con motivo de este viaje, algunas incluso apremiando la salida de la flota. A pesar de ello, Frey Nicolás de Ovando no partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda hasta el trece de febrero de 1502. La flota, compuesta por treinta y una naves y unos dos mil quinientos hombres, y tras diversas vicisitudes, arribó al puerto de Santo Domingo el quince de abril del mismo año.

4.- OVANDO EN LA ESPAÑOLA. LAS SEGUNDAS INSTRUCCIONES.-

A su llegada a Santo Domingo, Ovando presentó sin dificultad sus credenciales ante las autoridades de la ciudad y asumió el gobierno de la isla. Dispuso que se tomaran las residencias al Comendador Bobadilla y a sus funcionarios. No obstante, como éste había recibido la orden de regresar a la Península inmediatamente, pudo finalizar el citado juicio dejando procurador en su nombre. A pesar de ello, la flota de vuelta nunca llegaría a alcanzar las tierras españolas. El mismo temporal que hizo naufragar varios navíos, destruyó de tal manera la ciudad de Santo Domingo que el nuevo Gobernador estimó conveniente su traslado a la otra orilla del río Ozama, siendo construidas las edificaciones con madera y piedra.

Encontró gran dificultad para poner en práctica las instrucciones que llevaba, sobre todo las referidas a los indios. Si bien se libraba a éstos del trabajo forzado, llámese naboría o llámese repartimiento, el trabajo libre a cambio de un salario tampoco atraía a los nativos.

Además, con la llegada de los dos mil quinientos hombres que acompañaron en su viaje al Comendador de Lares, las reservas de alimentos empezaron a agotarse y la colonia se vio amenazada por el hambre, a lo que se unió una enorme epidemia que produjo numerosas bajas.

Mientras tanto, en la Península, el veinte de agosto de 1502, le es concedida a Frey Nicolás de Ovando, en la ciudad de Zaragoza, la Encomienda Mayor de Alcántara, la mejor y la más rica de la citada Orden.

No es mi intención extenderme aquí con los problemas e inconvenientes que encontró Ovando en la puesta en práctica de las instrucciones recibidas, ni describir ampliamente los distintos enfrentamientos habidos con los indios, el primero de ellos en el otoño de 1502. Prefiero pasar ahora al análisis de las segundas instrucciones, dadas en marzo de 1503, que reflejan la diferencia entre el deseo y la realidad de la empresa americana, la utopía de una sociedad colonial hispanizada frente a la dificultad real de hacer trabajar a los indios.

Esta Real Cédula nos muestra lo que Don Demetrio Ramos ha venido a llamar «el primer proyecto indigenista». Más de la mitad de las instrucciones que en ella se contienen hacen referencia a los nativos.

Este documento nos revela el impacto recibido por los Reyes Católicos, de los informes provenientes de las Indias. Representa el conflicto irreconciliable entre las cuestiones que se plantean a Ovando en La Española y las órdenes emitidas en España.[16] La diferencia entre lo proveído en la instrucción y la realidad de los territorios americanos era tal que resultaba imposible su utilización como sistema de gobierno.

Y junto al problema de los indios, el de las relaciones comerciales con la metrópoli. En febrero de este mismo año de 1503 se había establecido en Sevilla una Casa de la Contratación.[17] Con el documento que estamos analizando, se crea otra Casa de las mismas características en Santo Domingo, incluso se prevé la ocupación de algunos de sus cargos, como es el caso del Tesorero o el Escribano.

Esta Real Cédula es, en sí misma, contradictoria. Por ello, el Gobernador se limitó a obedecerla pero no a ejecutarla, por la prerrogativa que para ello tenía y por parecerle imposible su realización.

Sobre los indios,[18] se provee que vivan juntos en pueblos, cada familia en su casa, con una persona encargada de velar por sus derechos. Se les prohíbe vender sus heredades a los cristianos, para evitar los posibles fraudes; deben pagar los diezmos y otros impuestos, ir vestidos, tener sus hospitales, para lo cual se establecerán las rentas necesarias. Igualmente, se pretende su integración en la Iglesia, promoviéndose los matrimonios mixtos, la construcción de un templo en cada poblado, con su propio capellán, quien se ocupará de enseñarles a leer, escribir y adoctrinarlos en la fe; deberá también llevar una relación de todos los vecinos para procurar su bautismo.

Igualmente, debía haber una persona encargada de todo lo espiritual, tanto de los indios como de los cristianos.

De todas estas instrucciones me gustaría destacar la tercera, en la cual se encarga al Gobernador que «ponga una buena persona […] para que con su poder e en nuestro nonbre, aya de tener e tenga cargo de la tal poblaçión e de tener en justiçia a los dichos indios, e que non consienta que les sea fecho ningund danno en sus personas nin en sus bienes»[19] Este sistema es muy similar al de las encomiendas de las órdenes militares, sobre las cuales Ovando había acumulado una gran experiencia, como Comendador de Lares y como Visitador de la Orden. Este método que, en principio pretendía proteger al indio, se modificó posteriormente en un sistema de trabajo forzado [20] que ya en 1512 las Leyes Nuevas pretenden eliminar.

Las medidas económicas [21] suponen el otro polo de interés de los monarcas. Se establece la creación de una Casa de la Contratación en Santo Domingo, similar a la ya existente en Sevilla y dependiente de ella. Se nombra Tesorero de la misma a Rodrigo de Villacorta, y Escribano a Cristóbal de Cuéllar; el Factor debía ser proveído por el Gobernador.

Estos oficiales se encargarían de recoger el oro y todo lo perteneciente a los soberanos, que no hubiera fraude en el valor de las mercancías y que se vendieran a buen precio. Deberían reunirse a diario en una de las estancias de la citada casa, reservada para tal fin, poniendo la mayor diligencia posible en la realización de sus funciones e informando de todo lo que fuera necesario enviar a aquellas tierras. Se dispone también el aprovechamiento del trabajo de los indios, tanto por los cristianos para la obtención del oro de las minas como por los propios monarcas, quienes dudaban entre darles un mantenimiento alimenticio o pagarles su salario; y aunque se mantiene claramente que los indios deben ser bien tratados, estos sistemas que se adoptarían para aprovechar su trabajo parecen contradecir el espíritu de las anteriores instrucciones.

Por último, y como en la Cédula anterior, se solicita del Gobernador y de los nuevos oficiales de la Casa de la Contratación, que envíen informes para que se pueda proveer lo necesario.

El documento está fechado el 20 de marzo en Alcalá de Henares, donde fue firmado por la Reina, y el 29 del mismo mes en Zaragoza, donde lo hizo el Rey. El Secretario en esta ocasión es Juan López.

Para finalizar, el documento aparece signado por el mismo secretario y Don Alvaro de Portugal, presidente por entonces del Consejo de Castilla.

Con las mismas fechas e idénticas suscripciones fue expedida otra Real Cédula que debía ser mantenida en secreto, porque «ay otras cosas de nuestro seruiçio que es razón que sean secretas e que solamente lo sepays vos, e non otra persona».[22] Este otro documento, que consta tan sólo de quince instrucciones recoge, casi en su totalidad, medidas de tipo económico, haciendo hincapié en el modo de establecer todo un complejo sistema de impuestos que abarcan, casi al completo, las actividades económicas que se realizaban en la isla. Así, Frey Nicolás de Ovando debía informarse de la forma en que podría cobrarse la alcabala, los derechos por el oro que se cogiese, por las labranzas y crianzas, por la pesca y por arrendar las salinas. Igualmente debía informar de la manera de sacar más provecho del brasil y las perlas, de las deudas existentes, del arancel que debían cobrar los justicias y escribanos de las villas pobladas. Al ser fundadas, se adjudicarían tierras de propio a las nuevas poblaciones; si eran villas de indios, sería preferible su establecimiento en las cercanías de las minas. También se ordena la provisión de veedores de minas, la fabricación de seda, aprovechando el gran número de morales existente, y se solicita información sobre la necesidad o no de enviar otro letrado para atender las apelaciones junto con el Gobernador.

Existe un tercer documento expedido los mismos días y con similares características. Se trata de una Carta Real, en la que se dan respuestas a las cuestiones planteadas por Ovando en un memorial anterior. Se diferencia de los anteriores, aunque también contiene consejos y órdenes de gobierno, en que éstas son más específicas. También difiere de ellos en la estructura de su texto: si bien las instrucciones aparecían encabezadas por los vocablos OTROSY o YTEM, en este caso se inician por la expresión «En cuanto al capítulo que dezís» o alguna similar.[23] Los temas que lo ocupan son muy diversos: relaciones comerciales, envío de alimentos y mercancías, salarios y otros derechos de oficiales y clérigos, bulas e indulgencias…

Finaliza esta carta exhortando al Gobernador al cumplimiento de la misma y solicitando información, como no, de lo que sea preciso proveer y no se encuentre contenido en las anteriores instrucciones.

El plan idealista, casi utópico, promovido por la documentación antes citada, se ve truncado por la necesidad de hacer trabajar a los indios, tanto en las minas como en los campos. Las primeras rectificaciones se producen en diciembre de 1503. Con la Real Cédula expedida en Medina del Campo el 20 del citado mes, se establece una nueva sociedad. Los vecinos de los municipios recibirán, además de sus tierras, una encomienda de indios, obteniendo así los beneficios de su trabajo. Este nuevo sistema se vio favorecido por el inicio de la segunda guerra con los indios, en el otoño de 1503.

Las modificaciones del programa de gobierno, en posteriores documentos, llegan hasta 1504. Para entonces se considera finalizada la primera etapa del gobierno de Frey Nicolás de Ovando. Quizá él mismo se dio cuenta de ello y solicitó el relevo de su cargo.

5.- EL REGRESO DEL GOBERNADOR.-

Frey Nicolás de Ovando, ya Comendador Mayor de Alcántara, solicitó su relevo del gobierno en diversas ocasiones: en 1505, tras finalizar la pacificación de la isla; en 1506, con la venida a España de Felipe el Hermoso…, pero permaneció en su cargo hasta 1509. Cuando fue llamado a la Península, la colonia se encontraba en el momento álgido de su prosperidad económica. Había pacificado el territorio, explorado la isla, despejado y cuidado los caminos, protegido el tráfico costero entre Santo Domingo y Puerto Real; había fundado quince villas, introducido el cultivo de la caña de azúcar, que posteriormente sucedería al oro como principal fuente de beneficios; los centros mineros también habían prosperado.

Su juicio de residencia no tuvo trascendencia. Después de pasados los treinta días de declaraciones, Ovando y sus funcionarios fueron depurados sin cargo alguno, a pesar de las intrigas existentes contra él en la Corte.[24]

No se enriqueció con su actuación, sino que lo poco que tuvo lo repartió con los necesitados. Incluso, según dice el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo,«cuando se ovo de partir desta cibdad, le prestaron quinientos castellanos para su camino».

Frey Nicolás de Ovando falleció en Sevilla el 29 de Mayo de 1511. Su testamento demuestra su generosidad, hasta el punto de dar más de lo que valían sus propiedades, «porque de no ser cobdiçioso, gastó quanto tenía con los pobres e neçesitados por heredarse en el çielo, donde se cree que está por la clemençia de Dios y sus buenas obras, que fueron tales que no dan lugar a sospechar lo contrario»[25]

BIBLIOGRAFIA Y FUENTES DOCUMENTALES

La documentación utilizada para la elaboración de estas breves notas sobre Frey Nicolás de Ovando, se encuentra custodiada en el Archivo General de Indias, dentro de las serie de Indiferente General, legajo 418, libro 1. Este libro y los siguientes, así como los contenidos en legajos anteriores y posteriores, constituyen los llamados Registros Generales, en los que se copiaban Reales Cédulas y Provisiones que se expedían sobre temas de Indias. Estos registros se encuentran digitalizados y disponibles en imágenes, que son las que hemos consultado para el presente trabajo.

Son muy numerosas las dirigidas al Comendador Mayor durante los ocho años de su gobierno; por ello, sólo paso a citar los documentos que más nos han interesado para la elaboración de este trabajo y que me hubiera gustado poder incluir transcritos, pero resultaría demasiado extenso. Son los siguientes:

  1. 1501, septiembre, 3. Granada.
    Real Provisión de los Reyes Católicos a Frey Nicolás de Ovando, nombrándolo Gobernador de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.
    A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol.24r-25r. Imágenes 39-41.
  2. 1501, septiembre, 16. Granada.
    Real Cédula de los Reyes Católicos a Frey Nicolás de Ovando, dándole instrucciones de lo que ha de hacer en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, donde va como Gobernador.
    A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol. 39-42r. Imágenes 69-75.
  3. 1503, marzo, 20. Alcalá de Henares.
    1503, marzo, 29. Zaragoza.
    Instrucciones de los Reyes Católicos a Frey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Indias, sobre las cosas que deben observarse.
    A.G.I. Indiferente General, 418. libro 1, fol.94v-98v. Imágenes 184-192.
  4. 1503, marzo, 20. Alcalá de Henares.
    1503, marzo, 29. Zaragoza.
    Instrucción secreta de los Reyes Católicos a Frey Nicolás de Ovando, sobre el gobierno de las Indias.
    A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1. fol. 98v-99v Imágenes 192-194.
  5. 1503, marzo, 20. Alcalá de Henares.
    1503, marzo, 29. Zaragoza.
    Carta Real a Frey Nicolás de Ovando, Comendador de Lares, Gobernador de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, en respuesta a una suya anterior.
    A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol. 100r a 102v. Imágenes 195-200.

En cuanto a la bibliografía, hay que decir que es un tanto escasa y muy dispar, tan llena de elogios como de censuras. Son pocas las obras específicas sobre nuestro personaje y se hace necesario recurrir a obras generales sobre Historia de América. Un ejemplo de ello son las que se detallan a continuación:

  • FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia de las Indias. Tomo I
  • Historia de España y su influencia en la Historia Universal. Tomo V. Dirigida por D. Antonio Ballesteros y Beretta. Barcelona, Buenos Aires: Salvat, 1948.
  • Historia General de España y América. Tomo VII. Capítulo: «El Descubrimiento y la fundación de los Reinos Ultramarinos, hasta finales del siglo XVI», por Don Demetrio Ramos. Editorial Rialp, 1982.
  • Historia de España. Estudios publicados por la revista Arbor. Madrid: CSIC, 1953.
  • MOYA PONS, Frank: La Española en el siglo XVI. 1492-1520″. Segunda edición.

Entre las publicaciones específicas sobre el Comendador Mayor, hay que destacar la obra de la profesora URSULA LAMB, titulada Frey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Indias. Madrid: CSIC, Instituto Fernández de Oviedo, 1956.

También han sido consultadas las obras siguientes:

  • RUIZ MARTINEZ, CándidoGobierno de Frey Nicolás de Ovando en La Española. Madrid, 1892.
  • ESCOBAR PRIETO, Eugenio: Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. Valladolid, 1901.
  • MAYORALGO Y LODO, José Miguel deLa casa de Ovando (Estudio Histórico-genealógico). Cáceres: Real Academia de Extremadura, 1991. Pág. 279 y ss.

NOTAS:

[1] Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros y de San Miguel.

[2] Don José de Mayoralgo y Lodo, en su obra La casa de Ovando. (Estudio histórico-genealógico), afirma que era el segundo y no el más pequeño. Igualmente asegura que nació en la Villa de Cáceres y no en la de Brozas.

[3] LAMB, UrsulaFrey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Indias.

[4] ESCOBAR PRIETO, Eugenio: Hijos ilustres de la Villa de Brozas.

[5] A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol. 24r-25r. (Imágenes 39-42)

[6] A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol 39-42. (Imágenes 69-75).

[7] Instrucciones 2, 4, 5, 6, 7, 8 y 21.

[8] Instrucciones 10, 14 y 19.

[9] Instrucciones 7, 18 y 24.

[10] Instrucciones 14, 15, 17 y 22.

[11] Instrucciones 11, 12, 13, 16, 20, 23 y 25.

[12] Instrucciones 9 y 18.

[13] Instrucción 26.

[14] Instrucción 27.

[15] A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol.42r. (Imagen 75).

[16] LAMB, Ursula: Frey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Indias.

[17] A.G.I. Contratación, 5009.

[18] Instrucciones 1 a 15 y 27.

[19] A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol.94v-98v. (Imágenes 184-192).

[20] Real Cédula de 20 de diciembre de 1503. A.G.I. Indiferente General, 418. Libro 1, fol. 121-122.

[21] Instrucciones 16 a 28.

[22] A.G.I. Indiferente General 418, Libro 1, fol.98v-99v. (Imágenes 192-194)

[23] A.G.I. Indiferente General, 418.Libro 1, fol.100r-102v. (Imágenes 195-200)

[24] Pleito entre Cristóbal de Tapia y Nicolás de Ovando.

[25] FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia de las Indias Tomo I.

Oct 011993
 

Santos Benítez Floriano

A) PRÓLOGO

La comunicación que presento a estos “XII Coloquios Históricos de Extremadura” lleva por título: Comportamientos socio–políticos de la nobleza cacereña a fines del siglo XV.

En primer lugar, me gustaría señalar que este trabajo no es un estudio genealógico de la misma, del que ya se han ocupado importantes investigadores; pretende ser un análisis sobre algunos aspectos o funciones políticas, sociales y económicas, que tradicionalmente se estudian como propios de la clase nobiliaria hispano-cristiana en este período histórico, sacados de una serie de documentos que se encuentran en el Archivo Municipal de Cáceres y que tienen relación con la nobleza cacereña.

A través de ellos hemos investigado este espíritu de la nobleza cacereña, intentando conocer mejor su forma de vida, similar, como veremos, a la del resto de la nobleza de la España cristiana del momento.

B) INTRODUCCIÓN

Tomando como guía el libro de Antonio C. Floriano Cumbreño: Documentación Histórica del Archivo Municipal de Cáceres (Tomo I. Cáceres, 1.934), hemos realizado la consulta e investigación de una serie de 11 documentos que hemos considerado idóneos para el estudio de la nobleza cacereña a fines del siglo XV.

Debido a que algunos documentos se encontraban en mal estado, y otros, aunque catalogados por Floriano en su día, hoy están perdidos, hemos recurrido a copias de los mismos utilizando el Libro Becerro y el libro, Fueros y Privilegios de Cáceres, atribuido a Ullea Golfín.

Diremos para los que no los conozcan, que el Libro Becerro es una recopilación de documentos de los siglos XIII, XIV y XV copiado en letra cortesana y con un total de 365 páginas.

Fueros y Privilegios de Cáceres, es otra compilación de documentos que van desde el Fuero concedido a Cáceres por Alfonso IX en 1.299, hasta cartas o correspondencia del reinado de Felipe IV; escritos en letra de imprenta y con 416 páginas de contenido.

Metidos ya de lleno en nuestro estudio, hemos de anotar que la nobleza cacereña aparece muchas veces nombrada en el Fuero Latino de Cáceres con los nombres de milites, infanzones, nobiles, potestates, caballeros, etc. Y de su importancia nos da buena prueba Fernán Mexía, que, en el siglo XV, nos señalaba que la villa de Cáceres era desde fines de la Edad Media uno de los principales solares de nobleza de España. (Fernán Mexía: Libro intitulado Nobiliario perfectamente copilado i ordenado por el onrrado cavallero fernantd Mexia veynte cuatro de Jahen; sábado 30 de junio de 1.492)

C) CONTENIDO

  1. La exención de pechar.
  2. El espíritu guerrero.
  3. El acceso de la nobleza a la Administración Municipal (a los cargos municipales).
  4. Los abusos de la nobleza cacereña.

1. LA EXENCIÓN DE PECHAR

La nobleza cacereña destacaba del resto de la población libre por su situación de privilegio y por su poder económico, político y social. Uno de los privilegios más importantes, era el de no pagar tributos ni impuestos, recogido en el Fuero de Cáceres.

Esta exención la hemos analizado, en la realidad, a través de dos documentos.

  1. El 12 de Diciembre de 1.471, Enrique IV concedió un albalá (catalogado por Floriano con el nº 123.D.C.L.B. Diaposi. nº 1) al Concejo y particulares de Cáceres en el que hacía constar que por los leales servicios que los caballeros, escuderos y vecinos y moradores de Cáceres para el Rey, poniendo en peligro para ello sus personas y haciendas, cuando la ocupó Don Gomes de Solís, maestre de Alcántara, les concedía que no pagaran alcabala alguna de todas las hierbas de las dehesas para siempre jamás. Este documento nos da idea de que hasta entonces era pagada la dicha alcabala.
  2. Este albalá fue confirmado por Enrique IV a través de un privilegio, dado en Segovia el 18 de Diciembre de 1.471 (cat. por Flor, no 124.D.C.L.B.Diap. nº 2). El Rey señala que pagarán tres mil maravedís cada uno de los que lo contrario hicieron; dinero que pasaría a la cámara real de su Majestad.

2. EL ESPÍRITU GUERRERO

En el Fuero de Cáceres se dicta como aspecto fundamental de la nobleza el de que tenían caballo y armas siempre dispuestos para la guerra.

La función guerrera, según Domínguez Ortiz, era la función más propia de la nobleza, y de ella derivaba teóricamente la mayoría de sus exenciones y privilegios. (Antonio Domínguez Ortiz, Las clases privilegiados en la España del Antiguo Régimen, pág. 143, Ediciones Istmo, Madrid, 1.973)

Esta vocación guerrera se mantuvo muy fuerte durante toda la Baja Edad Media y en los comienzos de la Moderna.

Los caballeros amaban el riesgo y la aventura, y siempre estaban deseosos de luchar. Unas veces peleaban junto al Rey, pero en períodos donde no había guerra, se debatían en luchas feroces en sus villas entre los distintos clanes nobiliarios, intentando saciar de este modo su belicosidad. Y en la villa de Cáceres no eran ajenos los grupos nobiliarios a estos enfrentamientos.

  1. Respecto al primer aspecto, que hemos expuesto, de guerras de ayuda al Rey, lo observamos a través de una Real Carta de los Reyes Católicos (cat. por Flor, nº 160.D.D. Diaposi. nº 3), dada el 31 de Julio de 1.485 en Córdoba, por la que solicitaba se reclutara gente de armas en la Villa y su tierra con destino a la guerra de Granada. Pedía el Rey sesenta hombres de a caballo, y seiscientos peones, doscientos ballesteros y los otros cuatrocientos lanceros. Diciendo, a continuación, que el grupo “venga con el Corregidor, e con el pendon de essa villa, e venga con la dicha gente todos los Regidores y Caualleros, escuderos de cinquenta años abaxo” (pág. 312 de Fueros y Privilegios de Cáceres). Muestra, por último, Don Fernando que el que no fuere, quedaría privado de su oficio y se le confiscarían sus bienes.
    Por lo que se refiere a los enfrentamientos entre los grupos nobiliarios, podemos afirmar que Cáceres los padecía. Veamos dos muestras de ello.
  2. A través de unas ordenanzas dictadas por la Reina Católica en Cáceres, el 9 de Julio de 1.477, (cat. por Flor. nº 130 D.D. Diaposi. nº4), pretendía pacificar la tierra y reprimir los bandos y parcialidades de la Villa. La Reina señala en ellas, ante los continuos atropellos que se venían sucediendo, que “todos juntamente favorescan la justicia, que a la sazon fuere en esta villa”. También apuntaba “que ningunas personas, vezinos e moradores desta dicha villa a su tierra e arravales no se armen nj acudan a vandos, nj a sonadas, nj a rruidos, en favor de los cavalleros e escuderos desta dicha villa”. En estas ordenanzas, así mismo, se dan normas acerca de cómo se debían de construir los edificios y acerca de ciertas modificaciones de las casas fuertes de los nobles para evitar que fueran centros inexpugnables; ordenando entre otras “que todas las torres que estan començadas a faser en esta dicha villa e sus arravales, sy sus dueños qujsieren alçarlas que lo puedan faser, solamente hasta los tejados de la casa de morada e non mas” (Pág. 285 v. del Libro Becerro). Se produce, como vemos, un cambio en la arquitectura civil cacereña a fines del siglo XV.
  3. Y por una Real Provisión de los Reyes Católicos, dada en Córdoba, el día 5 de Diciembre de 1.491, (cat. por Flor. nº 243. D.D. Diaposi. nº 5), se prohibía a los regidores y caballeros cacereños que tuvieran allegados para resolver sus diferencias; imponiendo la pena de tres mil maravdís por cada vez que esta provisión no se cumpliera, y además que el que hiciera, fuera desterrado de la villa y su tierra por seis meses. Así mismo, Los Reyes Católicos ordenaban que los caballeros no tomaran por allegados suyos a los concejos de la dicha tierra, ya que recibían de ellos dádivas y presentes; bajo pena de destierro de la villa y tierra y pago de tres mil maravedís por cada vez.

3. EL ACCESO DE LA NOBLEZA A LA ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL (A LOS CARGOS MUNICIPALES)

Debemos recordar que en la Baja Edad Media se facilitó la irrupción de la nobleza en los concejos.

Apunta Colmeiro que: “Luego que las ciudades crecieron en poder y riqueza, ofreció el gobierno municipal cabo apetitoso a la ambición y la codicia” (Curso de Derecho Político).

La nobleza llegó a tener el monopolio legal de los cargos municipales, de mayor importancia, en la mayoría de ciudades castellanas en este tiempo; el concejo de Cáceres no fue, una vez más, la excepción.

  1. La Reina Católica en su estancia en Cáceres en el año de 1.477, dictó una ordenanza (cat. por Flor. nº 129. D. D. Diaposi. Nº6) (Libro Becerro) determinando la constitución que habría de tener el ayuntamiento cacereño, enumerando los cargos que dirigirían al mismo y por medio de qué normas se elegirían éstos.
    Esta ordenanza fue dada en Cáceres el 9 de Julio de 1.477.
    La Reina mandó que la villa tuviera:

    • 12 Regidores, perpetuos, entre los que no fueran pecheros y con un salario de dos mil maravedís por año.
    • 1 Procurador del Concejo, perpetuo, y con un salario de dos mil maravedís al año.
    • 1 Escribano del Concejo, perpetuo, y con quinientos maravedís al año.
    • 1 Mayordomo y 1 Alférez de la Villa, nombrados por un año y con el salario acostumbrado.
    • Cuatro Contadores de los propios del Concejo.
    • Cuatro fieles.
    • 1 Procurador del Común, elegido por un año entre los pecheros de la tierra, que entrara en el concejo y procurara el bien de éstos en el ayuntamiento.
  2. Dentro de este mismo cuerpo documental se incluye el acta de ceremonia de elección de los cargos que constituirán el Concejo de la Villa, ejecutándose de este modo la ordenanza antes mostrada. Esta ceremonia tuvo lugar en Cáceres el 9 de Julio de 1.477 (cat. por Flor. nº 131 D. D. Diaposi. nº 7). Ni que decir tiene que toda la nobleza en pleno estaba allí para acaparar los cargos municipales. Empezado el acto, la Reina mandó que todos prometieran, juraran e hicieran pleito – homenaje de que todos los oficiales que fueran puestos por su Alteza los guardarán, cumplirán y no los impugnarán. Después de hecho el juramento, empezó la elección de los doce regidores entre 48 caballeros hidalgos de la villa, 24 del linaje de arriba (“abaxo rriba” en el documento) y 24 del de abajo. Se escribió cada nombre en un papel, y se metieron los papeles en dos bonetes, y se metieron los papeles en dos bonetes. Después la Reina sacó de cada bonete seis papeles, nombrando de este modo a los doce regidores cacereños para toda su vida. Fueron los siguientes:
    • Luys de la Peña
    • García de Osma
    • Fernando de Toledo
    • Pedro de Godoy
    • Juan de Orellana
    • Cristoval de Figueroa
    • Alvaro de Ribera
    • Gonçalo de Ulloa
    • Francisco de Andrada
    • Francisco de Carvajal
    • Diego de Paredes
    • Juan Delgadillo

A continuación juntáronse los 36 papelejos restantes en un bonete y de ellos extrajo la Reina uno con el nombre del Procurador del Concejo, saliendo Diego Gomes de Torres. Poco después con cuatro papeles con los nombres de cuatro escribanos públicos, suficientes y hábiles de la Villa, sacó el de Diego Hurruco, para el puesto de Escribano del Concejo.

De este modo se perpetuaron en manos de miembros de la nobleza cacereña los cargos municipales de raigambre. Con lo cual, la nobleza hizo y deshizo a su antojo en todos los asuntos que se trataban en el Concejo, haciendo valer siempre en ellos, sus intereses nobiliarios.

4. LOS ABUSOS DE LA NOBLEZA CACEREÑA

El Profesor Colmeiro afirmaba sobre esto que : “La cobranza de los pechos y servicios reales, los oficios concejiles bien remunerados, la tenencia de los alcázares, las alcaidias de las fortalezas y castillo, el mando de las milicias en campaña, el influjo decisivo en el nombramiento de procuradores a Cortes, todo junto y lo demás que el abuso añadía, estimulaba a los nobles a emplear las artes de la corrupción o los medios de la violencia hasta someter al yugo de su autoridad a los concejos y reducir los vecinos a la humilde condición de sus vasallos” (Curso de Derecho Político).

Y algo parecido ocurrió en el Concejo Cacereño, o, al menos, es lo que se desprende de los siguientes cuatro documentos que hemos analizado.

  1. Doña Juana dio en Jaén el 4 de Agosto de 1.489 (cat. por Flor. nº 197. D. C. L.B. Diaposi. nº 8) una carta al Concejo de Cáceres, ratificando lo acordado en la Ordenanza dad por la Reina Isabel en 1.477, acerca de que el Común de vecinos tuviera un Procurador que defendiera sus intereses en el Concejo. A través de este documento se puede apreciar cómo los Regidores no consentían que los pecheros mantuvieran su Procurador, como era preceptivo en las ordenanzas y lo habían anulado y hasta lo suprimieron del Concejo, Viendo la Reina esta petición pechera dio licencia y facultad al Común para que cada año nombraran un Procurador. En esta carta se dice que este Procurador “pueda entrar en los cabildos o concejos desa dicha villa e procurar las cosas tocantes al dicho comun, e ser presente al faser los rrepartjmjintos e al contar de las dichas quentas e al desacoto de las dichas dehesas” (Pág. 359 del Libro Becerro). La pena para el que se lo impidiera era de diez mil maravedís.
  2. Como consecuencia de la carta anterior, la Reina Isabel dio otra carta, en Jaén el 4 de Agosto de 1.489 (cat. por Flor. nº 198 D. D. Diaposi. nº 9), por la cual tomaba bajo su guarda, seguro y amparo al “común y omes buenos” de la dicha villa de Cáceres. El Común temía que los regidores y caballeros de la Villa tomaran represalias por la petición del Común a la Reina de que nombrasen un Procurador, y entonces solicitaron a la Reina que los amparase; cosa que hizo, concediéndoles esta merced a través de esta Carta. En ella manda que los que lo contrario hagan sufrirán las mayores penas civiles y criminales en sus personas y bienes, con pérdida de sus oficios si los tuvieran.
  3. Esto mismo observamos, en una Real Provisión dad por los Reyes Católicos en Córdoba, el 15 de Febrero de 1.492, (cat. por Flor. nº 250 D. D. Fotoco.) por la que ordenaron que ningún caballero, alcalde, ni oficial arrendara las rentas del concejo. Ante los Reyes se había presentado una petición, diciendo que algunos caballeros, regidores y oficiales de Cáceres arrendaban rentas del Concejo, lo cual ocasionaba gran daño y perjuicio a la Villa, por lo que les suplicaban dieran alguna orden para que estos abusos no se produjeran. En esta Real Provisión los Reyes muestran cómo este asunto fue tratado en las Cortes de Toledo de 1.480, en las que se dio, una que lo prohibía. Los Reyes imponían penas de pérdida de oficio a los infractores, con la privación del tercio de sus bienes.
  4. Por último, a través de una Real Provisión, dada por los Reyes Católicos en Valladolid, el 1 de Julio de 1.493 (cat. por Flor. nº 273 D. D. Diaposi. nº 10), mandan que no se impidiera a los Alcaldes de los Hijosdalgos echar pecho a algunos vecinos de Cáceres, que habían aducido la condición de hidalgos sin serlo. El Común expuso una petición mostrando la existencia de una serie de personas que se decían hijosdalgos sin serlos de verdad, para no pagar el pecho; lo que ocasionaba gran perjuicio y daño. Éstos eran tapados por algunos regidores y caballeros para que les hicieran algún servicio. Los Reyes dictaminaron que se les obligara a contribuir como personas pecheras que eran. En esta Real Provisión se dice: “prender a los sobredichos que asy se desyan hijosdalgo e lo no heran a que pagasen e contribuyesen los dichos pechos libremente”

Con estos cuatro documentos hemos podido ver cómo el poderío real tenía que alzarse contra el señorial para cortar estos abusos de los señores hacia el Común Cacereño.

Espero, y este ha sido mi deseo, que este trabajo haya contribuido a que conozcan un poco más el mundo de la nobleza cacereña en el período que hemos tratado de historiar.

Oct 011993
 

Luis Arias González.

A pesar de ser bastante conocidas y citadas con profusión en el círculo de los historiadores españoles, conviene recordar que las «Relaciones Topográficas de los pueblos de España» o «Relaciones Histórico-Geográficas de los pueblos de España», puesto que de ambas maneras se han denominado[1], fueron un intento de hacerse con el primer gran conjunto de datos sobre la compleja realidad española. La motivación última de las mismas, hay que buscarla en el afán centralizador de Felipe II, el cual necesitaba de un previo recuento y descripción de los territorios, gentes, recursos y todos los demás aspectos de sus dominios y esto es lo que, por encima de cualquier otra consideración, quisieron ser las «Relaciones». Tampoco estará de más recordar que esta idea fue anterior en el tiempo al mismo Felipe II. Como precedentes de «las Relaciones», además de los censos de 1528-36 (llamado de 1541), el de 1561 y otros de carácter diocesano y más locales, debemos mencionar el llamado Itinerario (Descripción y cosmografía de España, 1517-1523) de Fernando Colón, el hijo del famoso Almirante, luego continuado y aprovechado por Florián de Ocampo (Crónicas), Pedro de Medina (Grandezas y cosas memorables de España, 1549) y Diego Pérez de Mesa; por otra parte, aunque de una manera más indirecta, relacionados con esto, debemos destacar el Repertorio de todos los caminos de España de Villuga (1546) o el famoso mapa de Esquivel. De todas formas, como se sabe, el verdadero y primitivo antecedente de este sistema, hay que buscarlo fuera de la Península en las «Relaciones de Indias», cuyo primer cuestionario se remonta ni más ni menos que a 1533. Basándose en este modelo, será Juan Páez de Castro, cronista que lo fue de Carlos V y Felipe II, el que elabore el primer interrogatorio ordenado, coherente y común a todos los distintos lugares. Tras su muerte, en 1570, Felipe II ordenó el 10 de Abril del mismo año, a Ambrosio de Morales que continuase este trabajo. Pero, no fue hasta 1574, cuando se remitió un interrogatorio de veinticuatro preguntas, las cuales no llegaron nunca a imprimirse y que iban dirigidas a los obispos, para que a su vez se encargasen de enviarlas a los diferentes párrocos de sus diócesis quienes, finalmente, debían contestarlas y remitirlas de nuevo a sus obispos[2]. A este proyecto que se fundamentaba en la administración eclesial, como tantas otras realizaciones estatales de la época, siguió un nuevo interrogatorio de cincuenta y nueve preguntas, impresas dentro de una Real Cédula con fecha de 27 de Octubre de 1575. No va a ser el último, puesto que el 7 de Agosto de 1578, el Rey manda enviar otro interrogatorio, éste de cuarenta y cinco capítulos, con su correspondiente Instrucción y Memoria. Precisamente, fueron estos dos últimos los que más respuestas obtuvieron[3], aunque lo hicieron menos lugares de los esperados y la proyectada «Historia de los Pueblos de España», como otros de los muchos y variados intentos filipinos, nunca llegó a terminarse. Todo el material recopilado se guardó en El Escorial, donde ha permanecido hasta ahora[4], perdiéndose algunas por préstamos que no se devolvieron luego y por un discutido traslado parcial de las mismas al archivo de Simancas y su posterior pérdida por efectos de la Guerra de Independencia, que señala de una forma ambigua Madoz[5]. Existe también una copia efectuada en el siglo XVIII, con los errores propios del momento a los que hay que añadir los de los propios copistas y que está depositada en la biblioteca de la Real Academia de la Historia[6]. En nuestro caso, hemos optado por manejar la versión original del Monasterio de San Lorenzo, puesto que la versión del siglo XVIII ni siempre es fidedigna, ni por supuesto conserva la grafía original que procuramos observar siempre. Desde los orígenes de la historiografía española, las «Relaciones Topográficas», han venido siendo consideradas como una de las fuentes fundamentales para el estudio general del período comprendido en el reinado de Felipe II[7]. De esta forma, la referencia al citado documento en concreto y a su importancia, ha pasado a convertirse en un lugar común entre los historiadores modernistas españoles, como dijimos anteriormente. Sin embargo y sorprendentemente, no existe hoy en día una transcripción completa de todas ellas. Hasta el momento se han realizado las correspondientes a las actuales provincias de Guadalajara[8], Cuenca[9], Madrid, Toledo y Ciudad Real[10], y más recientemente las de Badajoz, Cáceres y Salamanca[11]; pero continúan sin hacerse las de Albacete, Alicante, Murcia y Jaén. Hasta que se concluya la publicación total de las «Relaciones», los investigadores tendremos que seguir conformándonos con el resumen que de todas ellas efectuó Ortega Rubio[12]; resumen excesivamente parcial, no exento de múltiples errores y que además escoge arbitrariamente los aspectos en que se detiene, sin un método de selección en concreto. Aún así, sigue siendo de uso y lectura obligada, hoy por hoy, al ser lo único que hay.

Tras esbozar de esta forma tan breve, el estado de la cuestión y las consideraciones formales propias del documento, nos faltaría entrar en los aspectos más importantes del mismo, como pueden ser el exacto valor de las «Relaciones», el tipo de información que aportan y a qué clase de investigadores o lectores en general puede interesar este conjunto de respuestas. Todos sabemos, que cualquier interrogatorio con pretensiones de encuesta estadística o algún otro fin similar, incluso en la actualidad, no es del todo fiable. En nuestro caso además, hay que añadir la falta de contestación de muchos de los lugares y el hecho de que, a veces, los testigos consultados -casi siempre ancianos o, en menos casos, clérigos- tendían a ocultar o tergiversar ciertos datos, sobre todo los referidos o relacionados con asuntos fiscales. A pesar de esto, la cantidad y calidad de información aportada es apabullante, dando una visión de la España del siglo XVI en sus aspectos más auténticos, muy difícil de encontrar en otras fuentes del momento. Ciñéndonos ya a la región extremeña y teniendo en cuenta que en la actualidad, aproximadamente, hay en Extremadura unos 380 municipios -162 corresponden a Badajoz y los restantes 218 a Cáceres-[13], tan sólo se han conservado en las «Relaciones» un 10%, aunque deberíamos incluir también los pueblos a los que se hace mención de manera indirecta, con lo que este mínimo porcentaje se vería notoriamente aumentado. Además, el azar ha hecho que de las cinco grandes regiones geográficas en que suele dividirse Extremadura -Alta Extremadura, Valle del Tajo, Montañas Centrales, Valle del Guadiana y Montañas meridionales-, al menos tres estén presentes[14], lo que le da un carácter de muestra relativamente significativa y representativa, puesto que abarca zonas tan dispares desde todos los puntos de vista, como son las Hurdes, la Sierra de Gredos, una pequeña parte del valle de Plasencia y la Jara, la comarca de las Villuercas y algo de la Serena o Siberia extremeña.

Aparentemente, en esta región y en las otras de España, la economía y todo lo que está relacionado con ella -sistema de propiedad, tipo de producción y cantidad de la misma, rentas, red comercial, cargas fiscales, coyunturas circunstanciales…- es el tema más y mejor tratado dentro de las «Relaciones» y así lo entendió Nöel Salomón, que las tomó como base para su extraordinario estudio[15]. Las crisis económicas castellanas de los años 60 y 70 y el episodio puntual de la bancarrota de 1575, potenciado todo ello por una serie de catástrofes agrícolas, parecían eclipsar los demás aspectos; este sentimiento ha sido compartido también por buena parte de los investigadores que se dedican a esta etapa[16]. Sin embargo, hay otros muchos aspectos que configuraban la estructura de la Sociedad del S.XVI y que aparecen aquí, en este documento, con una fiabilidad que, se nos antoja, bastante superior a la de los datos económicos. Nos referimos no sólo a la religiosidad en toda su variedad y riqueza[17], sino también a otros elementos como pueden ser las condiciones jurídicas y los tipos de señorío, la mentalidad nobiliaria, los sistemas de gobierno municipal y otros muchos datos que van desde el tipo de vivienda, pasando por las costumbres y curiosidades, las maneras de hablar e incluso el sentido del humor y, por supuesto, la visión de la Antigüedad y la memoria colectiva de los españoles del siglo XVI -con su peculiar concepción del tiempo y de los hechos y restos históricos- que es el tema que nos ocupa en este trabajo. Tenemos que considerar que las «Relaciones» también ofrecen información sobre otras parcelas que no son competencia exclusiva de la Historia y que más bien corresponderían al campo de la Geografía[18], la Etnografía, la Filología y la Paleoecología.

Resulta evidente, que lo ideal hubiera sido hacer extensiva nuestra investigación a todas las «Relaciones» y no sólo a las extremeñas, pero esto superaría con mucho las pretensiones del artículo que sólo busca dar a conocer un poco más esta fuente en los ámbitos que hasta ahora no la han tenido en cuenta y hacer una pequeña aportación en el ámbito de la Historiografía, incorporando la humilde historiografía popular a la crecida nómina de los Historiadores barrocos españoles; además, creemos que el conjunto extremeño es lo suficientemente amplio y coherente como para servir de paradigma inicial para otros estudios similares que deberán hacerse en el resto de las zonas de España.

Llegados a este punto, es probable que los ajenos a la Historia Moderna, como los arqueólogos, prehistoriadores, los especialistas en Historia Antigua y los medievalistas se interroguen sobre qué tiene que ver con ellos este documento del siglo XVI y qué tipo de utilidad se le puede sacar al mismo para sus respectivas disciplinas. Sin embargo, recientemente, estamos viendo que ya hay quienes recurren a este tipo de fuentes modernas, en la búsqueda de datos y de información de cualquier tipo[19], utilizándolas como se utilizan las demás ciencias auxiliares, con sus correspondientes ventajas e inconvenientes. De esta forma, se estará comenzando a romper tímidamente el férreo aislamiento que se da entre las distintas etapas históricas dentro de los ambientes académicos, y que hasta ahora sólo ha llevado a una dudosa especialización tan excesiva como estéril. Para aquellos que todavía sigan con sus dudas en este sentido, las intentaremos responder presentando, en primer lugar, las preguntas de los distintos cuestionarios de la encuesta filipina y , en segundo lugar, un resumen de las respuestas de todos estos pueblos extremeños que contestaron, ordenados en forma alfabética. Empecemos con los cuestionarios[20]:

  1. Proyecto de Juan Páez de Castro: ya en este intento fallido, encontramos en la pregunta IV: «Qué cosas raras hay en la provincia naturales y artificiales».
  2. Cuestionario de 1574: remitido a los obispos. En la primera pregunta se inquiere no sólo el nombre de la población, sino también su origen y antigüedad; en la cuestión XV interroga sobre los edificios antiguos, sepulcros, epitafios y «antiguallas»; por último, en la XXI se hace referencia a la posible existencia de despoblados.
  3. Interrogatorio de 1575: I.-«Si el dicho pueblo es antiguo o nuevo, y desde que tiempo acá está fundado, y quién fue el fundador, y quando se ganó de los moros, o lo que dello se supiere».
    XXXVI.-«Los edificios señalados que en el pueblo oviere, y los rrastros de edificios antiguos, epitafios y letreros y antiguallas de que oviere noticia».
    XXXVII.-«Los fechos señalados y cosas dinas de memoria de bien o mal que oviere acaecido en el dicho pueblo o en sus términos, y los campos, montes y otros logares nombrados, por algunas batallas, rrobos e muertes y otras cosas notables que en ellos haya habido».
    XXXVIII.-«»Las personas señaladas en letras, e armas, o en otras cosas buenas o malas que haya en el dicho pueblo, o hayan nacido o salido del, con lo que supiere de sus hechos y dichos, y otros cuentos graciosos que en los dichos pueblos haya habido».
  4. Interrogatorio de 1578: I.-«Primeramente se declare y diga el nombre del pueblo cuya relación se hiziere, como se llama al presente, y porque se llama assi y si se ha llamado de otra manera antes de ahora».
    III.-«Si el dicho pueblo es antiguo o nuevo y desde que tiempo acá está fundado, y quien fue el fundador, y quando se ganó de los Moros, o lo que dello se supiese».
    XXXI.-«Los edificios señalados que en el pueblo uviere, y los rastros de edificios antiguos de su comarca, epitaphios, letreros y antiguallas de que uviese noticia».
    XXXII.-«Los hechos señalados, y cosas dignas de memoria que uvieren acaecido en el dicho pueblo, o en sus términos y los campos, montes, y otros lugares nombrados por algunas batallas, robos, o muertes, o sucesso notables que en ellos ayan acaecido».
    XXXIII.-«Las personas señaladas en letras, armas, y en otras cosas que aya en el dicho pueblo, o que ayan nacido y salido del, con lo que se supiere de sus hechos y dichos señalados».
    XLIII.-«Los sitios de los pueblos y lugares despoblados que uviere en la tierra y el nombre que tuvieron, y la causaa porque se despoblaron, con los nombres de los términos, territorios, heredamientos, y dehesas grandes y notables que aya en laa comarca porque comunmente suelen ser nombres de pueblos antiguos despoblados».

Como puede verse en estas preguntas, nos encontramos ante una concepción del pasado, que es la sostenida por la historiografía propia del siglo XVI[21] y que la maquinaria administrativo-burocrática de la monarquía cristiana, no hace más que reproducir, mejorándola de manera paulatina a lo largo de los distintos cuestionarios. Si tuviéramos que resumirla en unas pocas características tan genéricas como conocidas, y centrándonos sólo en aquello que está presente en nuestro caso, podríamos señalar:

  1. el enorme interés por los orígenes históricos, o presuntamente históricos o legendarios, de los lugares; de ahí, la obsesión por las genealogías y la toponimia y su interpretación filológica patente en estos cuestionarios. La mayor parte de los testigos que respondieron a las «Relaciones», no tenían preparación cultural alguna, incluso muchos eran analfabetos -salvo en los casos en que responde el cura párroco- y en este sentido las contestaciones son poco aclaratorias, cuando no totalmente chocantes.
  2. el gusto y el rigor por las antigüedades materiales, especialmente en lo que se refiere a los restos paleográficos, numismáticos y artísticos, algo muy propio del espíritu coleccionista del Renacimiento.
  3. la preocupación -a veces más teórica que real- por la objetividad histórica, que se plasma en un interés por los personajes relevantes y los hechos más importantes de cada sitio y cada momento cronológico -incluyendo los contemporáneos-, frente a la dispersión narrativa y la inclinación por lo anecdótico y legendario que caracterizaba comúnmente a la historiografía medieval anterior.

Frente a estos planteamientos que podríamos denominar de una forma excesivamente genérica como «cultos», las respuestas nos ofrecen, por contra, la visión «popular» de la Historia y del Pasado que, lógicamente, sigue sus propias normas y esquemas mentales tal y como ya ha apuntado Caro Baroja[22]. De esta manera, nos encontramos no sólo con un conjunto de datos históricos, sino también con la presencia de un enfrentamiento dialéctico entre las dos posturas -la culta y la popular-, que cualquier historiador, sea cual sea su campo de actuación, sabrá valorar como se merece. Estas características de la llamada «visión popular», son prácticamente intemporales y se siguen dando hoy en día, por lo que pueden ser utilizadas como un modelo que deberá tener en cuenta cualquier investigador -sociólogo, etnógrafo…-, a la hora de realizar, por ejemplo, un interrogatorio o una encuesta de campo. Antes de concretarlas, hay que añadir una matización, esta visión popular de las «Relaciones» extremeñas es la visión rural y campesina[23]. La mayor parte de la población española del S.XVI no es urbana y sin embargo, su lugar en las investigaciones históricas es casi residual frente al papel que juega la población de las ciudades y villas importantes. En estas páginas ofreceremos la opinión, el pensamiento, el esquema mental de esta «mayoría silenciosa» sobre el Pasado y la Memoria histórica y que de una manera muy genérica, resumimos en estos puntos:

  1. la concepción del tiempo y, por tanto, del Pasado es sustancialmente distinta. La memoria oral, supera a la escrita, inexistente en la mayor parte de los casos. Por eso, las referencias que se hacen a sucesos y personas concretas, no suelen superar casi nunca los cien años de antigüedad. El interés por los acontecimientos locales que se apartan -a veces, no excesivamente- de lo cotidiano, está mucho más marcado en la memoria histórica colectiva que otros supuestos grandes hechos históricos de carácter nacional o internacional.
  2. hay una recurrencia continua a los arquetipos o mitos históricos, no exenta de una curiosísima erudición popular. Por poner sólo un ejemplo tópico: todo aquello que se supone que es antiguo o es de «los moros» o es «obra de romanos». Al gusto por lo legendario, debemos añadir, sin embargo, dos peculiaridades compartidas con la «visión culta» de la Historia Barroca: el Providencialismo, y un rabioso antisemitismo.
  3. el conocimiento del terreno y del entorno geográfico que tienen los habitantes de los pueblos, debido a las labores agrícolas y a la práctica de la caza, hace que señalen a menudo la existencia de restos arqueológicos de forma frecuente y acertada[24]; el problema, estriba a la hora de las descripciones que, salvo excepciones, son siempre de una gran ambigüedad e indeterminación, poniendo de manifiesto la falta de preparación de los informantes, por lo que el investigador debe analizarlas con sumo cuidado.
  4. por último, sorprende la falta de referencias a un hecho tan conocido como fueron las Comunidades y que, sin embargo, aparece de una forma muy profusa en el resto de las «Relaciones», hasta el punto de que llamó la atención de Maravall[25]. ¿Por qué esta ausencia y este olvido consciente aquí?, quizás por el marcado carácter urbano de la Rebelión frente al ruralismo de la muestra que aquí ofrecemos, quizás por la necesidad de hacer olvidar una participación poco clara en este hecho, quizás porque la noticia del Levantamiento no llegó a ciertas zonas o lo hizo de una manera muy atenuada. También sorprende, y más tratándose de Extremadura, que no se cite nada al Nuevo Mundo, o algún conquistador o misionero, lo cual da una idea de lo poco que había calado el Descubrimiento y sus consecuencias en determinados y amplios sectores sociales en este tercer tercio del Quinientos.

Pero dejémonos ya de disquisiciones más o menos teóricas y pasemos a las respuestas en sí[26], dejando que cada cual saque sus propias conclusiones:

A) Provincia de Badajoz:

  1. Castilblanco: «1.-…se llama Castil Blanco y que la rrazon dello…estuvo en ella un castillo de lo qual ay clara notiçia porque en el sitio donde esta fundada la iglesia parrochial… han paresçido…algunos çimientos de piedra…».
  2. Helechosa: «1.-…se llama Helechosa y queste testigo no sabe averse llamado de otra manera…
    31.-…no sabe que aya epitafios ni antiguallas nyngunas.»
  3. Herrera: «1.-…se llama Herrera y ansi de todo el tiempo…
    9.-…en lo alto de la sierra…tenia una fortaleza de piedra comun y cal.
    31.-…en el termino, esta parte de un edifiçio adonde dizen el Castillejo fundado de tierra y tapieria que se dize aver antiguamente averse hecho para rremedio de los rrobos que avia en los tiempos pasados y en otra parte adonde dizen las Hozes de Benacaide en lo alto de una sierra, otro edifiçio a manera de castillo y alderredor çimientos y principios de edificios para casas. Esto deve ser mui antiguo y del tiempo que los moros señorearon a España.»
  4. Villaharta: «1.-…se llama Villaharta…y que…no lo saben…»

B) Provincia de Cáceres:

  1. Abadía:—
  2. Ahigal: «I.-…se llama Lahigal y no sabe que se haya llamado de otra manera…es mas antiguo pueblo que los que ay por aqui y ansi lo a oydo dezir.»
  3. Aldeanueva del Camino: «I.-…Aldeanueva, este es su nombre…no sabe porque…»
  4. Avellaneda: «Primeramente…que se llama el lugar del Avellaneda y que oyeron decir a sus mayores y mas ançianos que solia aver en el destrito…algunos avellanos y que por esta rraçon se llamo ansi…»
  5. Berrocalejo: «I.-…se llama Berrocalejo desde su origen…
    XXXI.-…que en un rribazo a la parte del medio dia junto a la rribera del rrio Tajo esta una cierta peña alta y muy fuerte que por su ser se llama Peñaflor y en la rredonda y çircuito de ella ay muchos edifiçios y antiguallas de caminos, de casa con alturas y piedras labradas en las quales y algunas de ellas estan unas letras esculpidas que dizen las unas «Galerio Valerio» y otras dizen «Julia Felicitas»».
  6. El Bronco: «1.-…se llama ansi y que debe ser mas nuebo que biejo…
    8.-…esta otra sierra que llaman Altamira, a do estaba un castillo donde se acogian muchos ladrones y salian de alli a robar y saltear en el tiempo de[27]…el qual castillo hizo derrocar la comendadora del monesterio de Sant Spiritus de Salamanca…en el qual castillo questaba en Altamira, estaba rretraydo un honbre deste lugar, casado, que se dezia Hernan Brabo y abiaa tres o quatro meses con el Allcaide de aquel castillo que abia miedo de los judios que abia muchos en el Casar a donde tenian laa sinagoga y hazian su oraçion…hallando a çinco judios apedreando una cruz al puerto del Gamo, junto a la mesma villa un Biernes Santo, los nombres de los judios eran…Yufçe Salomon, rrabi Chicala, Regaria, Catruito, Luzbro, los quales prendieron y justiciaron en la villa de Granada…Esto dixo Juan Roman que lo oyo decir a su abuelo del dicho…Brabo que era padre de la mujer deste Juan Roman que es viba oy dia.»
  7. Carrascalejo: «1.-…es Carrascalejo, el qual segun lo que avemos oydo a otros mas antiguos se llama ansi porque antes que se fundasze era un colmenar que estava en el mismo sitio donde aora esta el lugar…porque de todas partes estava cercado de carrascal e montes y de alli tomo el nombre el lugar porque se edifico e fundo adonde estava el dicho colmenar…»
  8. Castañar: «I.-…porque tiene unos castaños junto al pueblo».
  9. Cerezo: » I.-…no saben por que se llamo Cerezo…
    XVI.-…alrrededor deste pueblo ay muchos lugares que an sido poblados antiguamente y se an hallado muchas piedras de canteria labradas een ellos y muchos sepulcros antiguos y en ellos se an hallado hombres armados embalsamados en los dichos sepulcros y en otros ollas de corbres llenas, piedras escritas, un canto estaa en los Hoyos con letras muy antiguaas moriscas que no se pueden leer, esta entre unos montes y en la sierra que llaman los Hoyos cerca de la Baqueriza…»
  10. Coria: «…Esta çibdad se llama sienpre deste nonbre, el cual en latin se dize Cauria…y que se a de llamar Curia, que quiere dezir ayuntamiento de juezes, porque yo e leydo en los prebilegios antiguos que tiene la santa y cathedral yglesia desta çibdad, en los cuales el enperador don Alonso onzeno, hizo çierta merced a esta yglesia y al obispo della y dize que por que el obispo tenia excomulgados a los siete alcaldes que en esta çibdad governabala por el y porque a su rruego les absolvio, le hazia esta merced por lo qual consta claramente llamarse Curia, por quanto toda la comarca se juzgaba en esta antigua çibdad, pues en ella avia siete alcaldes hordinarios…
    …Esta çibdad es çercada de una hermosa çerca de canteria, cuya antiguedad se muestra en que ay muchas piedras con letreros rromanos que oy en dia se leen que por evitar prolixidad dexo de dezir, ansi mismo…ay piedras de canteria pegadas unas con otras sin cal ni otra cosa sino que an creçido y venidose a juntar como oy pareçe por ella, aunque esto pareçe ser contra opinion de philosophos, lo cual manifiestamente se ve oy en dia en un caballete de los dos que tiene la Puerta del Sol que llaman en esta çibdad y pareçiendome cosa digna de memoria yo lo e mostrado a muchas personas.
    …ay en la çerca desta çibdad una cosa harto señalada que es el enterramiento de Beriatro, aquel famosos capitán lusitano el qual nunca fue vencido por los rromanos, el qual habitaba en esta çiudad y su comarca y este entierro venle pocos porque esta dentro de su aposento de una casa que bive al presente el escribano del consistorio desta çiudad…
    A dos leguas hazia el poniente…ay un lugar arruinado que llaman Quilama, el qual esta asentado sobre unos rriscos los quales estan çercados de dos rrios, cosa muy fuerte pareçese la rruina de todo lo çercado y de la fortaleza y hedifiçios no ay memoria que fuese la causa de su destruçion.
    Hallase por esta comarca desta çiudad muchas monedas de enperadores rromanos dellas de oro y otras de plata y algunas de metal.»
  11. Fresnedoso: «1.-…se llama Fresnedoso es porque…avia donde esta este dicho lugar muchos arboles de fresnos…
    31.-…ovo dos moradas de moros en tienpo antiguo y las casas dellos eran muy baxas y de poca suerte y de piedra seca lo qual todo esta desbaratado.»
  12. Garbin: «1.-…porque se llama ansi que no lo saben…»
  13. Garrovillas: «1.-…y los antiguos dizen que se llamo deste nombre porque antiguamente se llamo el Garro y avia por aqui ciertos lugares y quisieron hazer el uno villa y echaron suertes y cupo al Garro ser villa y de alli le llamaron el Garro es villa…de Alconetar…
    15.-…la Puente de Alconetar que es antigua de piedra y esta caida junto a donde esta la puente de madera y un castillo que dizen se llamo Rochafrida junto a Tejo y tiene las piedras quue nadan, que dizen fue quemaado de alquitran pero es cosa que nadie lo sabe de los vivos mas de oydas.»
  14. Granada: «1.-…porque se llama ansi no lo saben…
    23.-…dos leguas desta villa estan las Ventas de Caparra…quera una gran çiudad que se llamava la cibdad de Caparra…Ay una torre cayda questan agora quatro pilares enhiestos con sus quatro harcos de canteria que devia ser alguna puerta de la dicha cibdad.»
  15. Granja: «1.-…que se llama La Granja.»
  16. Guixo de Granada: «I.-…y le parece por rraçon de los guijos y guijarros muchos qque alrrededor del ai y…sera de treçientos años a esta parte la poblaçion del.
    X.-…este lugar dista del rrio Alagon…media legua pequeña en el cual esta una puente de piedra de un ojo grande por do pasa todo el rrio…y el rrio de Anbroz dista deste lugar una legua grande…el cual rrio tiene una puente que edificaron los rromanos…la cual lleva en las juntas de las piedras barras de plomo y sin cal, tiene dos ojos y otro pequeño como desaguadero…»
  17. Halia: «1.-…fue morada antigua de moros y oy dia pareçen edifiçios de çimientos y casares asiento de pueblo y planta de arvoles y alli dizen que bivio un moro prinçipal que avia nonbre Hali…
    36.-Ay restos de edificios antiguos…La questa dicha en el çerro de Santa Catalina donde se dize que fue el pueblo por moro y otros edificios de antiguo ay una legua desta villa en una sierra muy alta de donde es señal la mucha tierra de vista y los edefiçios parescidos son de pocas calidades y muy antiguos que no se sabe origen dellos.
    57.-Que avra noventa años que ….fueron a caçar a la llanada de la Vega…y andando caçando salio un fuego …que los çerco a todos los caçadores, los quales se fueron rrecogiendo al agua… y todos murieron aquel dia…y que esto a sido y es mui notorio en esta villa…»
  18. Hernan Perez: «23.-…llamase la Sierra Burocada. Tiene dos o tres agujeros a manera de pozos y otros dos que pueden entrar por ellos llanamente um poco y que estam dentro dos o tres plaçuelas a manera de salas y esto dizem que an visto…»
  19. Mohedas: «I.-…que no saben por que se llama ansi.»
  20. Montehermoso: «1.-…Antiguamente dicen que se llamo Monte Cuco aunque pareze fabula y que un cavallero pasando por el y dijo que no le llamasen Monte Cuco sino Montehermoso pues ay tan hermosos montes alrededor del…
    12.-…Çerca deste pueblo uvo otros…a media legua rribera del dicho rrio de Alagon dizen que estuvo un pueblo que se llamo la villa de Rinconada, donde avia gente noble y çiertos cavalleros que trayan todos cavallos blancos, algunos quieren dezir queste pueblo era de los Tenplarios…»
  21. Navalcornocosa: «1.-…se llama Navaelcornocosa por rrazon que esta alli un çerro que se llama Valcornocosa…»
  22. Navalvillar: «1.-…se llama Navaelvillar de Ybor…por rrazon de que pasa un rrio junto a el que se dize Ybor…»
  23. Peraleda: «1.-…se llama Peraleda por su nombre antiguo…»
  24. Pino: «…se llamo asi por un pinar que antiguamnte avia çerca del, segun oyeron deçir a los viejos»
  25. Santa Cruz de las Cebollas: «1.-…esta villa se llama Santa Cruz de la Obispalia. Tienese por pueblo antiguo de mas de duzientos años…nuevamente se le a puesto de Santa Cruz de las Zebollas, por las muchas y buenas zebollas que en esta villa se crian.
    16.-…en la Sierra de Castillejo questa junto a esta villa, sse parezen agora señales de aver estado alli poblazion…que se presume que en tiempos de moros huvo alli bivienda…Ay en esta villa una piedra con unas letras antiguas que en este presente año declaro un peregrino que venia de Roma y dixo que dezian que «Flavio hijo de Flavia fizo aquella sepultura a su madre, a su costa»
    22.-…avra veynte años…yendo un niño desta villa de hedad de dos años y medio, tras su madre que iva por una carga de xara…azerto el niño a perderse de su madre y otro dia fue hallado enzima de la sierra…que llaman de Santa Cruz…y fue preguntado el niño que quien lo avia llevado alli, dezia que una muger…Tienen por çierto que Nuestra Señora estuvo con el niño y lo llevo alli…»
  26. Santivañez: «…antiguamente se solia llamar Santibañejos porque çerca deste lugar esta una villa de la encomienda de Alcantara que se llama Santibañez…
    …como media legua deste lugaresta una ermita a la parte de entre el medio dia y do sal el sol que oyo de sus antepasados que estubo poblaçion alli y esta agora de ermita sola…»
  27. Santivañez de Mascoles: «1.-…asi se llamo sienpre a causa que un moro lo fundo que se llamava asi, es antiquisimo.
    16.-No ai mas edeficios desta fortaleza, ai en ella una yglesia con algunos sepulcros sin letras…al pie de la Sierra ay una hermitaa que se diz Nuestra Señora de la Reyna, dizen que antiguamente uvo gran poblacion anse hallado algunos tesoros y tinajas;…cabando un hombre unoas cimientos de pared para sacar la piedra, hallo muchas rredomas bacias en sus encaxes de madera a modo de botica;…en la sierra, se an hallado algunos tesoros»
  28. Talavera la Vieja: «1.-…la jente vulgar le puso este nonbre rrespeto de çiertas antiguedades que en ella ay que adelante yran declaradas…
    29.-…en su jurisdiccion esta el castillo de la villa de Alixa que esta media legua desta villa y de cuyas rruinas e despoblaçion se edifico esta villa y queste castillo de Alixa…paresçe ser edifiçio morisco e que ansi mismo ay…a la parte del puniente otras dos torres e casas fuertes que llaman El Casar Blanco e Torre de Alonso, los quales edificios estan arruinados e paresçen ser obra de rromanos,…son de manposteria e argamasa de piedra y cal.
    31.-…ay mucha cantidad de edificios antiguos que manifiestan en si mucha grandeza…estan en pie sobre las aguas del…Tajo seys colunas ochavadas con un arco de medio punto por rremate de las dos dellas…y dellas sale un pase hazia el…rrio enlosado y el rremate deste enlosado esta muy bien labrado…y en el estan çiertas señales que paresçe encaxos de algunas verxas de hierro que devian de servir de antepecho e…estas seys colunas miran a otras tres…e son de la misma lavor y estas tres estan fundadas sobre una boveda de argamasa e todas nueve seran de altor de seys estado poco mas o menos e las concavidades de lo ochavado se a oydo dezir a los antiguos que las vieron llenas de un betun de vidrio que rresplandeçia desde aparte…y que todo este edefiçio estaa çercado en quadro de unas colunas toscamente labradas en rredondo que tendran de frente algo mas que vara y destas colunas estan en pie tres y las demas se an caydo y sirven de pilas a los labradores…otra esta puesta por fundamento del rrollo desta billa y que ansi mismo…arca de agua hecho de una mezcla que llaman argamasa…e por la parte de adentro esta toda embetunada e tiene de largo…como diez o doze pasos dentro. …en medio del rrio de Tajo un edifiçio de piedra labrada y en el un canal do paresçe que andava rrueda de agua que lo subia e vertia en esta dicha arcaa y della se van rrepartiendo por todo el çircuito…muchos caños de plomo…e ansi mysmo ay…vaños hechos de ladrillos de ynmensa grandeza y de argamasa, los quales estan dentro e fuera de la muralla a quien al presente la gente…llaman albuheras y estancos y que ansi mismo ay muchas piedras areniscas labradas en quadra que servian de sepulcros y en ellas escritos letreros y epitafios…uno de los quales esta en la hermita de los Martires desta villa el qual dize: «Ponpeya yubenta» con cierto numero de tiempo que en el esta señalado y el otro en latin…: «aqui yaze la desdichada Silvatita que por avariçia mato dos hijos suyos, tu que pasas si piadoso eres, mira esto» y que demas destos letreros aay otros muchos que…vino a ber Anbrosio de Morales, cronista de su magestad, el qual podra dar mejor rrazon destas cosas…, se an han hallado muchas monedas de plata y de otros metales…unas manifestaban ser de Ponpeyo y otras de Julio Cesar…
    44.-…demas de las dichas antiguedades que van declaradas, se an hallado…en la rribera de Tajo algunos vezinos, andando plantando heredades, sepulcros antiguos e sacaados los huesos que dentro estavan eran de tan ynmensa grandeza que los cascos de las cabeças se ponian algunos honbres desta villa por capaçetes…»
  29. Torrezillos: «…llamase antiguamente Torre de Trasgas porque pasa un arroyo cabel que se llama Trasgas…
    …esta una sierra que llaman Buracada y al puerta de la entrada, cabe un honbre en un caballo…que nadie osa entrar en ella…»
  30. Torrejonçillo:—
  31. Valdelacasa: «1.-…no sabe porque se llama ansi…»
  32. Valverde: «…ha menos de duzientos años que se fundo…la poblaron las reliquias de otra villa…que se dezia Salvaleon…y de las reliquias de otro pueblo que se despoblo como una legua del mismo Valverde que se dezia la Torre de la Mata. Dixose Valverde por el sitio en que esta fundada…de un fresno muy grande…
    …ha sido infamado por aver sido natural del, aquel famoso ladron Rabida…»
  33. Villar del Pedroso: «1.-…pasa un arroyo que se dize el Pedroso y a esta causa le llaman…
    31.-…en este pueblo estan unas paredes antiguas de tierra y piedras altas…y que oyeron dezir en sus tienpos que en otro tienpo se metian alli los ganados por mas seguridad, porque no se los llebasen en tiempos de moros…
    43.-…en la dehesa de la Oliva estan poblaciones antiguas y en la dehesa que se dize la Higueruela…esta una poblaçion pequeña çercada de piedra…en un çerro alto y en el rrio estan tres pilares de piedra, uno en medio del rrio y los dos a cada orilla el suyo y de franqueheza aquello para puente levadiza y llamanla dicha poblacion Castros, mas porque se despoblo no lo saben…»
  34. Zarza:—

NOTAS:

[1] ORTEGA RUBIO, J.:Relaciones topográficas de los pueblos de España. Lo más interesante de ellos . Madrid. 1918, p.28.

[2] Contestan a este cuestionario, en nuestro caso, las relaciones de: Abadia, Ahigal, Aldeanueva del Camino, El Bronco, Cerezo, Coria, Garrovillas, Granada, Granja, Guixo de Granada, Hernanperez, Mohedas, Montehermoso, Pino, Santa Cruz de las Cebollas, Santivañez, Santivañez de Mascoles, Torrecillo, Torejonçillo, Valverde, Zarza o Çarça.

[3] En nuestra zona, al cuestionario de 1575, corresponden: Castilblanco, Helechosa, Villaharta, El Avellaneda, El Castañar, Garbin, Halia, Navalvillar, Peraleda, Valdelacasa.

Al cuestionario de 1578: Herrera, Berrocalejo, Carrascalejo, Fresnedoso, Navalcornocosa, Talavera la Vieja, Villar del Pedroso.

[4] Real Biblioteca del Escorial, Ms.:J-I-12 a 18 (7Ts.). Aprovechamos para agradecer públicamente, todas las facilidades y atenciones de que hemos sido objeto por parte del director de este organismo, el agustino P. Teodoro Alonso Turienzo.

[5] MADOZ,P.:Diccionario Geográfico Estaadístico Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1846, p.XVI.

[6] Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Ms.:9/3954 a 60 (7Ts.).

[7] MADOZ, P.:Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1846, pp.XVI-XVII.

CABALLERO, F.: Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia, en la recepción pública del Excelentísimo Sr. D.—-. Madrid, l866.

[8] CATALINA, J.y VILLAMIL, M.: «Relaciones Topográficas de España. Relaciones de Pueblos de la provincia de Guadalajara».Memorial Histórico Español.Madrid, T.XLI(1903), T.XLIII(1905), T.XLV(1912), T.XLVI(1914), T.XLVII(1915).

[9] ZARCO, J.:Relación de los Pueblos del Obispado de Cuenca hecha por orden de FelipeII.Cuenca, 1927, 2Ts. Reedición de la misma efectuada por PEREZ RAMIREZ,D.:Relaciones de Pueblos del obispado de Cuenca hechas por orden de Felipe II. Cuenca, 1983.

[10] VIÑAS,C. y PAZ, R.: Estadísticas de los Pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Provincia de Madrid. Madrid, 1949.

————–:Provincia de Toledo. Madrid, 1951-63. 3Ts.

————–:Provincia de Ciudad Real. Madrid, 1971.

[11] El autor, juntamente con Francisco Chocarro y con Higinio Martín está realizando la publicación de las mismas en distintas revistas.

[12] ORTEGA RUBIO, J.:Op. Cit., Madrid, 1918.

[13] Gran Atlas Salvat España. Pamplona, 1988, Vol.III, p.124.

[14] Vid. mapa adjunto.

[15] SALOMON, N.:La vida rural castellana en tiempos de Felipe II. Barcelona, 1982.

[16] I.N.E.: Censo de Castilla de 1591. «Vecindarios». Madrid, 1984.( «Comentario» de MOLINIE BERTRAND, A., pp.9 y ss.).

[17] Para este aspecto vid. CAMPOS Y FERNANDEZ SEVILLA, F.J.:La mentalidad en Castilla la Nueva en el siglo XVI (Religión, Economía y Sociedad, según las «Relaciones Topográficas» de Felipe II. Real Monasterio del Escorial, 1986.

[18] Se ha considerado esta obra como el primer gran intento de construir una geografía descriptiva de España. GAVIRA,J.: «Las relaciones histórico-geográficas de Felipe II». Estudios Geográficos. nºXL. Madrid, 1950, pp.551-557.

[19] En este sentido, véase el artículo de IGLESIAS, L.; RODRIGUEZ, M.B. y MARCOS, M.S.: «Arqueología y Prehistoria de Salamanca: Intervenciones y bibliografía actualizada». Del Paleolítico a la Historia. Salamanca, 1991, pp.175-201 (especialmente pp.178-179).

[20] Las trascripciones presentadas, son las que aparecen en el libro de ARIAS, L., MARTIN, H. y CHOCARRO, F.J.: Op. Cit.

[21] Como una reciente síntesis introductoria Vid.CEPEDA ADAN,J.: «La Historiografía». Historia de España. (Dir. MENENDEZ PIDAL, R.). T.XXVI, Madrid, 1986, pp.525-643.

[22] CARO BAROJA, J.: «Sobre algunas formas elementales de exposición y explicación en la Historia (recuento de experiencias)». Reflexiones Nuevas sobre Viejos Temas.Madrid, 1990.

[23] Sobre la distinción de estos dos mundos ideológicos -rural/urbano- compartimos el criterio de ZAGORIN, P.:Revueltas y Revoluciones en la Edad Moderna. Vol.I, Madrid, 1985.

[24] Podemos comprobar cuál es el grado de fiabilidad en las descripciones de antigüedades y obras de arte, comparándolas con las de los catálogos hechos en este siglo por MELIDA, J.R.:Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz (1907-1910).y …Provincia de Cáceres. Madrid, 1926. y más recientemente por el MINISTERIO DE CULTURA:Inventario del Patrimonio artístico de España. Cáceres y su Provincia.Madrid, 1990.

[25] MARAVALL, J.A.: «El eco de las Comunidades en las `Relaciones de los pueblos de España’ (1575-1578)» en Las Comunidades de Castilla. Madrid, 1979, pp.212-233.

[26] Las normas de transcripción que seguimos son las señaladas por MILLARES CARLO, A. y MANTECON, J.I.:Album de Paleografía Hispanoamericana de los siglos XVI y XVII. Barcelona, 1975, T.I, pp.96 y ss.

Los puntos suspensivos señalan párrafos que omitimos por falta de interés.

[27] Ilegible.

Oct 011993
 

Manuel Vivas Moreno.

Hemos querido dedicar nuestra comunicación en este Foro de los XXII Coloquios Históricos de Extremadura a una suerte de introducción al estudio, que a lo largo de este curso pretendemos llevar a cabo, sobre la obra de Luís Chamizo, poeta extremeño, nacido en Guareña (Badajoz) el siete de Noviembre de 1894[1]. Es fácil, pues, adivinar de donde proviene el impulso a estudiar la obra de nuestro autor: la proximidad del centenario de su nacimiento; pero, sobre todo, la importancia que concedemos tanto a la poesía como al teatro de Chamizo nos obliga a prestarle una mínima atención.

Se preguntarán ustedes el motivo, incluso el sentido, que las reflexiones que aquí intentaremos desarrollar tienen en el marco de unos coloquios «históricos».Entendemos, empero, que entre historia y cultura se da una relación intrínseca: no hay lo primero sin lo segundo y la cultura es el auténtico, por único, pesebre de la historia. Aludimos con lo dicho, a lo que Gadamer ha denominado «el problema de la conciencia histórica»[2], situando como evidente el axioma del historiador de que el norte de su investigación, más que la mera curiosidad es la «comprensión». La historia, más que la mera narración de lo que sucedió, es la comprensión de lo sucedido, auténtica génesis de lo que denominamos «ideas y creencias» (digamos con Ortega) y que determinan la «vida» de un pueblo. Un pueblo que, tiene su comprensión de la historia y la cristaliza en sus textos, en sus escritos. No tenemos otro medio de acercarnos a la Historia, sino a través de la hermenéutica del texto[3]: bien sea escrito, artístico u oral. En cualquier caso se trata de la transmisión de la «tradición» que genera tanto el prejuicio[4] -legítimo- con el que un pueblo entiende su pasado y desde el que proyecta su futuro.

Pues bien, este es el sentido de la investigación sobre Luís Chamizo: un poeta que ha entendido su poesía, además de como un solemne ejercicio literario, como una meditación sobre lo que denominaremos «intrahistoria»[5] extremeña. Meditación cultural no exenta, por lo demás, del espíritu de la época.

En las antípodas, pues, de la celebre visión que Unamuno manifiesta en su obra «Por tierras de Portugal y España»[6] referente a la pasividad supuesta del extremeño, pasividad cuasi «existencial» tal y como la retrata Unamuno, Chamizo entiende al extremeño y a su tierra como auténtico caldo de cultivo de la historia. Así, en el pasado, los extremeños fueron embajadores de Occidente y en el presente, el de Chamizo, asumen reflexivamente el «progreso», palabra desde la que se ha entendido contemporáneamente la historia.

Pero hemos dicho que ese «progreso» se asumen «reflexivamente»; es decir, lejos de la asunción inconsciente de nuevos valores, que haría del extremeño un mero «esnobista», Chamizo propone la defensa de los valores culturales extremeños -comenzando por su dialecto propio- y el diálogo desde ellos con lo «nuevo»auténtica categoría de nuestro autor para entender esa asunción cultural de la que hablamos.

No todo el progreso -auténtico mito paradójicamente generado por la racionalidad ilustrada- es, consecuentemente, «bueno»el tren del progreso, tal será la metáfora de Luís Chamizo, «chirría» alguna que otra vez sobre los raíles de la historia, y, cuando imprevistamente tiene que «frenar» saltan chispas. Se da una genuina comprensión de la naturaleza humana y del tortuoso y hasta contradictorio camino que debe seguir -y que de hecho sigue- para profundizar en lo que constituye el auténtico progreso: la humanización del hombre. Este debe sentirse humano, en su doble naturaleza de fuerte e indigente (pareciera Chamizo haber leído el discurso de Diotima a Sócrates, expuesto magistralmente por Platón en El Banquete respecto de la naturaleza de Eros) el hombre deberá portarse ya desde su nacimiento -su nacencia, como veremos- agradecido con la tierra: con su tradición desde la que deberá dialogar con «lo nuevo»: con el tren de la historia que le invita al progreso.

Cuando un hombre carece de «intrahistoria» se convierte fulminantemente en una «nada»; es, pues, necesario «El miajón de los castúos»[7], la entraña, el jugo de lo extremeño, que se realiza desde el propio nacimiento. La nacencia, la entrañable poesía que describe el nacimiento del «chiriveje» extremeño es contundente en sus últimos versos: «Asina que nacio besó la tierra,/que, agraecía, se pegó a su cuerpo;/ y jué la mesma luna/ quien le pagó aquel beso…/¡Qué saben d’estas cosas/ los señores aquellos!».

Los «señores» son los señoritos del pueblo, no tanto por la diferencia de clase -indudablemente denunciada por Chamizo- como por su lejanía respecto de lo extremeño, entendiendo por tal, «lo castuo»: es la denuncia a quienes «asumen» -en falsa asunción- la historia exterior, sin la necesaria para Chamizo permanencia de una serie de valores fundamentales: la tierra, la lengua, la cultura propia, las costumbres, la religión; parece, incluso, que la «raza» juegue un papel importante en la visión de Chamizo.

Otros de los aspectos fundamentales de la obra de Chamizo -quizá el fundamental- sea el lenguaje[8]. Mucho podríamos decir aquí respecto del uso de vocablos, formas gramaticales, expresiones, metáforas, etc. Pero sólo queremos aludir a un aspecto que nos parece fundamental: el empleo del «castuo» como elemento transmisor del sentimiento de Chamizo no sólo constituye un alarde por parte del autor referente a su conocimiento tanto de vocabulario como de expresiones populares, sino que, ante todo, supone el ejercicio supremo de dignificación no sólo de un lenguaje, sino de un sentir y un entender genuinos extremeños. Hacer poesía en castuo supone hacer poesía de lo extremeño y a lo extremeño. Y todos debiéramos saber llevar con tal dignidad nuestro origen y nuestra cultura.

Mucho más podríamos seguir diciendo de Luís Chamizo y de su obra; pero entendemos que es suficiente para estos diez minutos de que estatutariamente disponemos. Seguiremos, Dios mediante, hablando de nuestro autor en próximos encuentros. Permítanme, para acabar, una pequeña síntesis: la obra de Chamizo supone una genuina comprensión del hombre en riguroso diálogo con su tierra, esto es con su cultura; diálogo desde el cual se comprende a sí mismo y se realiza. Este diálogo se denomina intrahistoria y sólo desde ella se puede hablar con propiedad de la «historia» y de su progreso.


NOTAS:

[1] Utilizamos para nuestro estudio la edición de las Obras Completas de Luís Chamizo en Universitas Editorial, Badajoz, 1982. El estudio introductorio y biográfico, las notas críticas y el glosario terminológico que llevan la firma de Antonio Viudas Camarasa es fundamental para la correcta comprensión de la obra de Chamizo.

[2] Puede leerse a este respecto la obra de Hans-Georg Gadamer, El problema de la conciencia histórica, Tecnos, Madrid 1993. Los presupuestos desde los que abordamos la comprensión de la historia son, en consecuencia, aquellos que provienen de la hermenéutica existencial heideggeriana (cfr. Ontologie. Hermeneutik der Faktizität) y de la comprensión posterior que Gadamer lleva a cabo. (cfr. por ejemplo, Wahrheit und Methode).

[3] Nótese que significamos de esa manera un límite serio a la investigación histórica: aquel que viene dado por la propia subjetividad del historiador, condicionada, al tiempo, por la «subjetividad histórica» de la época en la que vive e investiga. Algo, por lo demás, puesto de manifiesto por Diltey y, posteriormente, por el ya mencionado aquí Gadamer.

[4] El «prejuicio» es legítimo por cuanto es el detonante de la «tradición», concepto que ha de entenderse aquí dentro del marco filosófico ya explicitado por nosotros.

[5] Casi debiéramos hablar de «protohistoria» para connotar aquello que entendemos como motor de la genuina historia. Así, para Chamizo, sin esa asunción de la historia propia -en el sentido de genuina propiedad– por parte de un pueblo (sin la asunción de valores y tradiciones propias) no se dará el diálogo propio y fructífero con la historia. La poesía de Chamizo es, en este sentido, una auténtica reflexión sobre de la historia.

[6] Huelgan mayores referencias a la citada obra del Rector de Salamanca. Lamentamos, en todo caso, la incomprensión manifestada por Unamuno.

[7] Obra magistral de nuestro autor, puede considerarse como verdadero exponente de la visión de Chamizo tanto de la poesía como de lo extremeño: no se trata de poetizar sobre algo concreto sino sobre aquello que constituye la esencia de lo extremeño. Por ejemplo, «la nacencia» no lo es de nadie en concreto, sino del«chiriveje».

[8] Obviamente no entendiendo a Chamizo como una suerte de «paleógrafo» de lo extremeño. Aludimos simplemente al conocimiento y correcto uso, que Chamizo manifiesta en su obra, de las variantes dialectales y fonéticas que del castellano se dan en Extremadura.