Ene 112014
 

José A. Ramos Rubio.

     El antijudaísmo era particularmente fuerte en algunas ciudades de Castilla durante la época de los Reyes Católicos. A los judíos se los intentaba aislar de los cristianos, no sólo mediante muros o expulsiones parciales, sino también obligando a los judíos a llevar vestidos distintos. Los Reyes Católicos procuraron ser justos con ellos, pero las mismas leyes que ellos dictaron impulsaron una oleada ascendente de antijudaísmo en las ciudades, a las que se añadió el de la Iglesia[1].

     Entre los años     1489-1490, la Inquisición sacó el máximo partido de este movimiento antijudaista. Aprovechó la oportunidad para afirmar que los judíos tenían que sufrir tormentos para hacer conversos y para minar el cristianismo[2]. En junio de 1490, se inició un caso que podríamos denominar sensacionalista, conocido por el del Santo Niño de La Guardia (Toledo). Durante este caso, que duró más de un año, la Inquisición quiso probar que un grupo de conversos y judíos habían profanado una hostia y que habían matado ritualmente a una criatura cristiana; los conversos para obtener protección contra la nueva institución, y los judíos para destruir a todos los cristianos[3]. El defensor de uno de los acusados fue el judío Yuce Franco, el cual declaró el 27 de octubre de 1490 que Alonso Franco, de La Guardia, le había dicho (en 1488) que había crucificado a un muchacho. El 10 de abril de 1491, hizo una confesión completamente distinta, en la que implicaba a su difunto hermano, a otro judío muerto y a cuatro cristianos de La Guardia, en relación con los planes para obtener una hostia sacramental[4]. En vista de las confusas declaraciones, la Inquisición recurrió a un método poco usual, el careo de testigos[5].

     No se hizo el menor intento de verificar la verdad de las declaraciones que se hicieron. No se pudo probar la desaparición del niño, ni que hubiera sido enterrado en La Guardia o cerca de esta localidad[6]. También, podemos considerar improbable que los judíos usasen objetos rituales cristianos o que permitieran participar a los conversos no circuncisos con ellos en un acto religioso. Como resulta claro, la idea de llevar a cabo este juicio nació de ciertas leyendas del Medievo, según las cuales los judíos siempre estaban a punto de profanar hostias o de matar a los niños ritualmente[7].

     Podemos considerar por todas estas confusiones y alteraciones de declaraciones que no fue verdadera la historia del «Niño de La Guardia», pero el hecho es que, el 16 de noviembre de 1491, fue leída en voz alta en la Plaza de Avila la sentencia contra Yuce Franco y sus cómplices judíos y cristianos. A éste se le hizo confirmar la declaración en público. Los judíos fueron quemados vivos y los conversos estrangulados.

     Es evidente que las noticias sobre el juicio, la sentencia y ejecución fueron comunicadas a los Reyes Católicos. Si estas informaciones, unidas a otras más generales, los determinaron a expulsar a los judíos es difícil de saber. Pero no podemos negar que el mito del niño de La Guardia jugó un papel crucial en la preparación de la opinión pública para dicho paso.



    [1]Vid. SUAREZ FERNANDEZ, L.: Documentos acerca de la expulsión de los judíos. Valladolid, 1964, pp. 14-20.

    [2]BAER: Die Juden, II, 1969. pp. 484-509. History, II, pp. 384-394.

    [3]Pruebas sobre este caso sacadas a la luz por Lea. Vid. LEA, H. C.: Chapters from the Religious History of Spain. Filadelfia, 1890, pp. 437-468.

    [4]Durante el interrogatorio, Yuce Franco cambiaba el año cada vez que se refería a los hechos que habían sucedido. Incluso llegó a decir que había estado presente cuando crucificaron al niño. FITA, F.: BRAH, 11. Madrid, 1887, pp. 17, 28, 30-33, 40, 46 y 53.

    [5]LLORCA, editó un Bulario pontificio de la Inquisición española en su período constitucional (1478-1525), Roma, 1949, según los fondos del Archivo Histórico Nacional de Madrid, que contiene 79 documentos, muchos de ellos ya publicados por F. Fita en BRAH, op. cit., pp. 91 ss.

    [6]No obstante, el 17 de noviembre de 1491, existen referencias sobre el posible emplazamiento de la tumba del «Santo Niño». FITA, op. cit., pp. 100-108. En 1502, el posible santuario fue visitado por varios nobles flamencos, convirtiéndose en lugar de peregrinaje. LALAING, A. de: Collection des voyages des souverains des Pays-Bas, I. Bruselas, 1876, p. 164.

    [7]Estas sentencias aparecen e la obra de Alonso de Espina, de hacia 1460, en donde encontramos la creencia de que los judíos conspiran con una hostia consagrada para causar la destrucción del cristianismo. PALENCIA, A. de.; Crónicas de Enrique IV, t. II, ed. Paz y Melía, Madrid, 1970, p. 476.

Oct 072013
 

José María Martínez Díaz.

En los últimos años del siglo XVII y, especialmente, durante la primera mitad del siglo XVIII se produce una importante actividad creativa en Salvatierra de Santiago y Botija, dos pequeñas localidades situadas al SO. de Trujillo y pertenecientes al partido judicial de Montánchez.

En efecto, los libros de cuentas de las dos parroquias y de las diferentes cofradías en ese período están llenas de referencias sobre nuevas creaciones y el arreglo de las ya existentes. Si bien en la mayoría de los casos los mayordomos no incluyen en sus asientos el nombre de los autores y la mayor parte de los trabajos permanecen en el anonimato; sí conocemos el nombre de varios artistas y artesanos. Entre los que destaca un grupo de autores trujillanos o, al menos, residentes en la ciudad de Trujillo. Su importancia radica en tres puntos esenciales: en el carácter inédito de todos ellos, en la categoría de las obras que realizan y en la variedad de sus campos de actuación, de tal forma que hemos documentado pintores, doradores, escultores, entalladores, un platero y un maestro vidriero. Curiosamente, no se ha localizado ningún cantero, carpintero o albañil, oficios de larga e importante tradición en Trujillo desde el siglo XVI.

Seguidamente los presentamos, agrupados por sus actividades artísticas.

I.- Escultores, entalladores y ensambladores.

ALONSO MUÑOZ

Maestro de talla y ensamblador que construyó dos retablos para la iglesia parroquial de Santiago en Salvatierra de Santiago: el de la Virgen del Rosario y el de las Animas Benditas.

El retablo del Santísimo Rosario fue hecho entre los años 1692 y 1695. En 1692 se pagan 119 reales a los maestros que habían ido al lugar a hacer posturas sobre su fabricación, y 1.500 a Muñoz[1]. Mientras que en 1695 se le abonan otros 565 reales por la liquidación de la deuda y la cerradura del sagrario[2].

La obra fue escriturada y realizada en Trujillo tal y como indican sendos asientos de 1694 y 1695 en los que se recogen un gasto de ocho reales por sacar la escritura[3] y 102 reales y medio de transportarlo hasta Salvatierra[4], respectivamente.

En 1699 se procede al dorado del mismo por un valor de 2.841 reales, en el que se indican también los gastos de asentarlo. La nota es más imprecisa que las anteriores y no incluye el nombre del artista que lo llevó a cabo[5].

En 1718 Juan Antonio Morgado retoca la imagen de la titular y un año después dora el marco que Francisco de Rojas había hecho para el altar. Actividades que veremos más detalladamente al tratar sobre estos artistas. Lamentablemente, ni el retablo ni la imagen de la Virgen se conservan en la actualidad. Por otro lado, sí sabemos que se mantenían en la parroquia a finales del siglo XIX, según se desprende del inventario del 15 de junio de 1873, que fue ratificado en junio y agosto de 1885, en marzo de 1893 y, finalmente, en la Visita Episcopal del 15 de noviembre de 1894:

«Otro altar de Nuestra Señora del Rosario de talla, con la imagen del mismo título en su centro, de su cuerpo entero y a sus lados dos figuras de lienzo que representan a san Joaquín y santa Ana»[6].

El retablo de las Animas Benditas del Purgatorio también se ha perdido y sólo se mantienen el azulejo de la mesa del altar y el cuadro que se pintó en los inicios del siglo XIX.

Ambos se sitúan en el tramo más cercano al coro, en el muro de la epístola.

Como hemos indicado, del conjunto original sólo se conserva el azulejo que decora el frontal de la mesa del altar.

Una doble cenefa con temas geométricos, que alojan alternativamente veneras y cruces de la Orden de Santiago, enmarca por arriba y por los laterales los tres paneles centrales. En el central se representa un cuadro de Animas, con la Virgen del Carmen y San Nicolás de Tolentino socorriendo a las almas del purgatorio; mientras que en los laterales aparecen los escudos de la Orden de Santiago, en el derecho, y de la Provincia de León de dicha orden, en el izquierdo. Si bien su estado general de conservación es bueno, las cenefas exteriores tienen el dibujo alterado por la defectuosa colocación de sus piezas.

El cuadro de Animas nos muestra a la Virgen del Carmen, rodeada de una nube con cabezas de querubines en su parte superior y acompañada de San Lorenzo y San Nicolás de Tolentino. En la parte baja están las almas que surgen de las llamas, entre las que se representan papas, obispos, frailes, monjas, etc. El lienzo está firmado y fechado en su parte inferior:  «SIENDO CVRA D. LORENZO CAMPOS. SE IZO / AÑO DE 1802. TOMAS HIDALGO / Fva». El pintor Tomás Francisco Hidalgo

Villa forma parte de una destacada familia de pintores extremeños que actuaron a lo largo del siglo XVIII y primeros años del XIX en toda la región[7].

Los 325 reales en que se contrató el retablo le fueron abonados a Muñoz en dos pagas: la primera de 125 reales, en 1695[8], y una segunda de 351 reales, en 1696, en la que se incluían los gastos de traerlo desde Trujillo[9].

No obstante, antes de hacerse la cofradía ya había comprado en 1688 los azulejos para el frontal del altar por 80 reales[10] y en 1695 el cuadro de Animas por 126 reales[11], hoy perdido.

Su dorado se llevó a cabo en 1699 por 207 reales[12].

Como en el caso anterior, tampoco se incluye en el asiento el nombre del dorador.

En los inicios del siglo XIX el retablo y el cuadro no debían encontrarse en buen estado y la cofradía tuvo que sustituirlos. Trabajos que realizaron el carpintero Juan Olivera y, como hemos visto, el pintor Tomás Francisco Hidalgo Villa, por los que cobraron 300 reales y 1.040 reales[13], respectivamente.

Junto al de Animas, la parroquia guarda otro pequeño retablo barroco, el de la Inmaculada Concepción. Pese a no conocer a sus autores y dado que más adelante trataremos también sobre el retablo mayor de la parroquia, creemos conveniente hacer unas breves referencias sobre él. Se sitúa en el lado del evangelio en el tramo más cercano a la cabecera.

Es de madera tallada en blanco y se estructura en banco, cuerpo y tico. Su único cuerpo se divide en tres calles, la central se adelanta respecto a las laterales y acoge una hornacina trilobulada flanqueada por estípites. El ático contiene un jarrón con flores y se cierra con grandes volutas, rematadas por el anagrama mariano, inserto en un broche de hojarasca. Hoy cobija una imagen moderna de la Inmaculada.

La obra está perfectamente documentada en 1751 por un coste de 800 reales, más cuatro reales del altar[14].

FRANCISCO DE ROJAS Y ORENSE

Entallador, ensamblador y escultor que encontramos trabajando en Salvatierra de Santiago y Botija. En la primera localidad hace el marco para el altar del retablo de la Virgen del Rosario y la escultura de San Agustín, ambos para la parroquia, y recompone el primitivo retablo mayor de la ermita de Nuestra Señora de la Estrella; mientras que en la segunda realiza el retablo mayor de la iglesia, hoy perdido.

Su primer trabajo data de 1719, cuando elabora por 11 pesos el marco para el desaparecido altar de la Virgen del Rosario de la parroquia de Salvatierra de Santiago[15], dorado, como ya veremos, ese mismo año por Juan Antonio Morgado.

Talla y dorado se hicieron en la misma ciudad de Trujillo, según se desprende del asiento que aparece tras los dos referidos a su hechura y dorado. En l se nos dice que se gastaron 10 reales en ir a Trujillo a por el retablo[16].

En 1725 la cofradía de Nuestra Señora del Rosario presta a la parroquia 480 reales para hacer una imagen de San Agustín, trabajo que realizó Francisco de Rojas ese mismo año[17]. Es una talla policromada de mediano tamaño, 115 cms. de altura aproximadamente, situada en el lado izquierdo del retablo mayor de la parroquia. Se le representa con vestiduras episcopales, mitra, alba y capa, llevando el báculo pastoral en su mano derecha y una maqueta de iglesia en la izquierda. Se encuentra excesivamente repintada, impidiéndonos un juicio preciso sobre su calidad, si bien parece que ésta no pasa de discreta.

La coincidencia en el estilo nos hace pensar que el escultor trujillano también pudo hacer las tallas de Santiago Matamoros y del santo vestido de obispo, probablemente San Gregorio, que acompañan a San Agustín en el retablo, si bien no hemos encontrado documentación alguna que corrobore esta idea.

En 1726 limpia y recompone el desaparecido retablo mayor de la ermita de Nuestra Señora de la Estrella de Salvatierra de Santiago, trabajo por el que cobró 240 reales[18].

Tres años después, en 1729, Francisco de Rojas ejecuta el que, hasta el momento, es su trabajo más importante, el retablo mayor de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Botija. La obra no fue pagada por la propia parroquia, que carecía de los recursos necesarios para acometer unos gastos de tal magnitud, sino por la cofradía de los Mártires. Esta intervención fue obligada por un mandato de la Visita del 9 de abril de 1728[19].

El mandato fue rápidamente cumplido, y en las cuentas de ese mismo año encontramos un pago de ocho reales a un carpintero que fue a formar la planta de la obra que se estaba fabricando[20], y en las del año siguiente recogemos un pago de 1.054 reales a favor del entallador Francisco de Rojas[21]. No obstante, hay que señalar que la cofradía ya había asumido en 1725 algunos gastos referidos a su ejecución, que tuvo que esperar aún tres años para ser efectiva[22].

En 1732 vuelve a trabajar en el retablo, componiendo diferentes piezas, labor por la que recibió 78 reales y 8 maravedís[23].

Ese mismo año fue dorado por Francisco Jiménez Moreno, según veremos al tratar el apartado dedicado a los pintores y doradores.

Como ya adelantamos, esta obra no se conserva, desconociendo cuándo y en qué circunstancias desapareció. Sí sabemos, por el contrario, que en el primer cuarto del siglo XX se realizó otro retablo mayor que perduró hasta la década de los años setenta. De esta segunda obra todavía se guardan varias piezas en la parroquia: en la sacristía, la mesa del altar y el sagrario, una deteriorada pieza de trazas neogolíticas; y, en el coro, un gran lienzo de la titular del templo, muy deteriorado.

La minuciosidad de los mayordomos a la hora de presentar sus gastos en la obra parroquial desaparece de forma incomprensible cuando se fabrica el propio retablo de la cofradía.

En efecto, en 1750 se limpia y retoca la talla de San Sebastián, por 170 reales, y se construye se retablo, por 759 reales[24], sin que se incluya el nombre de los autores de ambos trabajos.

La pieza se asienta en el tramo más cercano a la cabecera, en el lado del evangelio. Está muy repintada y se divide en banco; cuerpo con nicho central, flanqueado por estípites; y Ìtico con el relieve de la Paloma del Espíritu Santo.

II.- Pintores y doradores.

JUAN ANTONIO MORGADO

Pintor y dorador que sólo aparece citado en los libros parroquiales de Salvatierra de Santiago, siempre realizando trabajos de escasa entidad: retoques a la talla de san Antonio, a la primitiva imagen de Nuestra Señora de la Estrella y a la Virgen del Rosario, los tres en 1718, y el dorado del marco del altar de la cofradía del Rosario, en 1719.

La restauración de la escultura de San Antonio de la parroquia de Salvatierra de Santiago se realizó en 1718 por 20 reales[25].

El mismo año retocó la primitiva imagen de la Virgen de la ermita de Nuestra Señora de la Estrella en su taller de Trujillo. El coste del trabajo fue de 150 reales, más otros 9 reales de llevar la talla a Trujillo. La cofradía, además, adquirió unas nuevas andas para la Virgen, hechas y pintadas por Francisco Pasarón y Juan Palacios, Vecinos de Torremocha[26]. Debemos señalar que la cofradía no liquido la cuenta total con Antonio Valle, mayordomo de ella en 1718, y en 1720 le tienen que dar los 19 reales que aún faltaban por pagarle[27].

También en 1718, Juan Antonio retoca la figura de la Virgen del rosario, por un valor de 114 reales[28].

Un año después dora el marco del altar de esta Virgen por 10 pesos[29].

De todas estas piezas la única que ha perdurado es la imagen de San Antonio. Una pequeña talla policromada que se sitúa en el presbiterio, junto al retablo mayor.

JOSÉ MONTERO

Maestro dorador que llevó a cabo el dorado del retablo mayor de la parroquial de Salvatierra de Santiago.

Este conjunto, de cascarón, ocupa todo el testero del ábside y se adapta perfectamente al mismo. Se estructura en banco, un solo cuerpo y tico. Su banco es elevado, y se compone de ménsulas de hojarasca y grandes paneles decorados con roleos y cruces de Santiago. El panel de la izquierda da acceso al pequeño hueco que queda entre la pared del fondo de la cabecera y el maderamiento.

Sobre este banco se eleva un único cuerpo dividido en cinco calles, las exteriores y las que flanquean la central son estrechas y de escasa entidad, por columnas salomónicas y pilastras en los extremos. En la central aparecen el sagrario y la hornacina del titular. El primero se concibe como un templete soportada por cuatro pequeñas columnas salomónicas.

El nicho central se abre en un arco de medio punto y, curiosamente, no cobija, la imagen de Santiago Matamoros. Este se eleva sobre una peana situada sobre el tabernáculo y delante de ese nicho central. Las calles laterales presentan sendas repisas sobre las que se apoyan las imágenes de San Agustín, en el lado izquierdo, y, posiblemente, San Gregorio, en el derecho. El entablamento es muy movido, con varios planos de profundidad, interrumpido por dos grandes broches a la altura de las calles laterales.

El tico se divide en siete sectores decorados con abultados roleos calados y se remata con el escudo de la Provincia de León de la Orden de Santiago. Todo el conjunto se ornamenta con los motivos típicos de su estilo: racimos de vid, roleos, hojarascas, grandes broches, motivos en ce, etc.

La primera noticia que encontramos en el libro de cuentas de fábrica de ese período sobre un retablo es un pequeño asiento de 1702 en el que se incluyen en data nueve reales por componerlo[30].

No volveremos a encontrarnos más noticias hasta 1714, año en que se entrega un pago a Juan Gómez por pintar la circunvalación del retablo, trabajo por el que recibe 85 reales[31]. Estas pinturas se conservan en la actualidad detrás del retablo mayor: en la pared del fondo de la capilla mayor se representan dos grandes cortinones unidos en su parte superior y abiertos por los laterales; mientras que en el trasdós del arco aparece una pequeña cruz de Santiago rodeada por pájaros, roleos, grandes flores y temas geométricos en tonos blancos sobre fondo amarillo.

No es lógico pensar que la parroquia afrontase un gasto de 85 reales en pinturas que no iban a ser vistas por los fieles, de lo que deducimos que se ejecutaron para decorar un retablo anterior al actual, y al que se referirían los dos asientos antes citados. Este hecho explicaría la curiosa distribución de las pinturas del fondo que dejan libre toda su zona central, la parte que estaría tapada por la primitiva obra y no haría falta decorar.

La ausencia total de noticias sobre la construcción del nuevo retablo en los libros parroquiales de este período y la presencia del escudo de la Provincia de San Marcos de León de la Orden de Santiago rematando la obra, nos hacen pensar que la parroquia carecía de los recursos necesarios para sustituir el viejo retablo mayor y que tuvo que ser la propia Orden la que afrontar los gastos de la construcción de la nueva obra.

La parroquia tampoco tenía fondos para abordar los gastos de su dorado, por lo que la Visita del 12 de abril de 1728 ordena en su mandato número veinte que la cofradía del Rosario corra con los gastos del dorado del sagrario. No obstante, una nota al margen exime a la cofradía del cumplimiento de este mandato por haber pagado ésta el dorado de todo el retablo mayor[32].

Este dorado fue realizado por el maestro José Montero entre 1732 y 1733, trabajo que contrató por 8.800 reales y que fueron abonados por la citada cofradía. En 1732 se le pagaron 4.120 reales y se gastaron 147 reales y 24 maravedís en diversas diligencias relacionadas con el retablo[33]. Mientras que en 1733 se dieron a Montero otros 4.679 reales; se gastaron 10 reales y 12 maravedís en una escritura de fianza; y 20 reales de un propio que fue a Trujillo a tratar sobre el asunto[34].

El sagrario se doró también entre 1731 y 1732, probablemente por el mismo José Montero, por un valor total de 950 reales. La cantidad fue aportada por la parroquia, 900 reales[35], y por la Cofradía del Rosario, los 50 restantes[36].

En 1735 José Montero vuelve a intervenir en el conjunto, en esta ocasión para dorar la peana de la imagen de Santiago, labor por la que recibió 83 reales y medio. Este trabajo se enmarca dentro de las actividades que la cofradía llevó a cabo sobre la obra parroquial: la hechura y ajuste de la peana de Santiago por parte de Francisco Crespo y Juan Olivera, por 114 reales; y el retoque de su caballo, por 83 reales y medio, hecho por el mismo Olivera[37].

FRANCISCO JIMÉNEZ MORENO

Pintor y dorador que realizó el dorado del desaparecido retablo mayor de la iglesia parroquial de Botija, obra del entallador Francisco de Rojas y Orense. Labor por la que en 1732 cobró 1.720 reales[38].

III.- Platero

MANUEL ARROYO

Maestro platero del que hemos podido documentar importantes trabajos, todos ellos perdidos, en Salvatierra de Santiago.

Sus primeras actuaciones conocidas datan de 1713, unas reparaciones sobre un copón y la cuchara de una naveta para la parroquia[39].

Un año después compone la cruz procesional de la parroquia, por un valor de 295 reales[40].

En ese mismo año de 1714 realiza la custodia para la cofradía del Santísimo por 405 reales[41].

En 1715 hace por 450 reales las coronas para la primitiva imagen de Nuestra Señora de la Estrella y el Niño, la misma que fue retocada por Juan Antonio Morgado en 1718[42].

Ninguna de estas piezas se ha conservado pero podemos conocer, aunque de forma elemental, como eran algunas de ellas gracias a los inventarios parroquiales del siglo XVIII. Las siguientes líneas están tomadas del inventario del 9 de febrero de 1743:

«Lo primero, una custodia de plata llana, su pie con dos soles, el del medio depósito del viril sobredorado, su peso, con su armadura de madera y ierro, seis libras y quarterón».

«La echura de la cruz de parroquia desta villa, es sobre una cruz de madera una tapa de plata como feligranada quebrada y bastante desclavada y con algunas tachuelas de yerro. Y en esta conformidad pesa tres libras y doze onzas. Su pie de dicha cruz de plata pesa tres libras y doze onzas»[43].

El inventario del 28 de abril de 1768 es un poco más preciso sobre la cruz parroquial y nos dice que estaba decorada con un crucifijo, una imagen de la Inmaculada Concepción y de Santiago, el patrón del templo:

«… una cruz de madera con un crucifijo, Nuestra Señora de la Concepción y el patrón, quebrada y bastante desclavada …»[44].

F. J. García Mogollón nos informa sobre un platero avecindado en Trujillo llamado también Manuel Arroyo, que trabaja a finales del siglo XVIII en Monroy, entre 1790 y 1793, y Benquerencia, en 1791[45]. La diferencia de 87 años entre los primeros trabajos de Salvatierra de Santiago y los de Monroy nos parece excesiva para que se tratase de una misma persona y nos inclinamos a pensar que eran dos artistas diferentes.

Si bien la semejanza de nombres nos hace suponer que eran familia, probablemente padre e hijo.

IV.- Vidriero

MAURO GARCIA

Maestro vidriero que hizo los cristales para las ventanas de la capilla mayor de la iglesia parroquial de Salvatierra de Santiago, labor que llevó a cabo en 1742 y por la que cobró 33 reales[46].

Y hasta aquí esta pequeña pero importante nómina de artistas trujillanos que sirve para mostrarnos la ciudad de Trujillo como un destacado centro artístico durante los primeros años del siglo XVIII.

APÉNDICE DOCUMENTAL

Archivo Diocesano de Cáceres. Salvatierra de Santiago. Cofradía de Animas Benditas. Libro de cuentas, inventarios y nombramientos, años 1684-1758. Libro 13.

– Cuentas de 1688, s. f. «Frontal. Ochenta reales que se sacaron del caudal de la cofradía, el frontal de azulejos que se hizo para el altar».

– Cuentas de 1695, s. f. «Quadro. Ziento y veynte y seis reales que tubo el quadro de Animas de costo, y medio más». «Ziento y veynte y zinco reales, pagados a Alonso Muñoz, carpintero de Trujillo, por quenta del retablo que ha de hazer para el quadro, conzertado en trescientos y veynte y zinco, que se le an de pagar los dozientos para marzo deste año, que lla de dar asentado».

– Cuentas de 1696, s. f. «Retablo. Trescientos y cinquenta y un reales que costó el retablo, en que entró la costa de trabajo».

– Cuentas de 1699, s. f. «Retablo y clavos. Dozientos y siete reales que se dieron al dorador por dorar el retablo».

A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía de las Benditas Animas. Libro de cuentas, años 1795-1818. Libro 14.

– Cuentas de 1802, s. f. «Primeramente es data un mil quarenta reales de vellón que pagó el dicho señor a don Thomás Francisco Hidalgo, maestro, vecino de la villa de Cáceres, por haber pintado el quadro de las Benditas Animas y renovar su retablo y pintado el pabellón que le adorna». «Ytem treszientos reales al maestro carpintero Juan Olivera, vezino desta villa, por haver executado los bastidores para dicha obra, siendo de su quenta el angeo y tachuelas necesarias y colocarlo en su sitio».

A. D. C. Salvatierra de Santiago. Iglesia parroquial de Santiago. Libro de cuentas, años 1692-1750. Libro 16.

– Cuentas de 1702, fol. 70. «Retablo. Más nueve reales que costó el componer el retablo».

– Cuentas de 1713, fol. 114. «Copón. Diez reales a Manuel Aroio, maestro platero, vecino de Truxillo, por componer la cuchara de la naveta, alargar la cadena y hazer la cruz del copón».

– Cuentas de 1714, fols. 117 v. y 118-118 v. «Pintura. Ochenta y cinco reales que pagó a la persona que pintó la circunvalación del retablo. A Juan Gómez». «Cruz. Doscientos y noventa y cinco reales de componer la cruz de la parrochia, que pagó a Manuel Aroio, maestro platero, vecino de Trujillo, en que entra la plata que puso en ella. Consta de recibo».

– Cuentas de 1718, fol. 146. «Retoque. Veinte reales que pagó a Juan Antonio, vezino de Trujillo, por venir a retoquar el san Antonio, y su trabajo».

– Cuentas de 1725.

– Cuenta de cargo, fol. 182. «Préstamo. Más se le cargan quatrocientos y ochenta reales que por vía de préstamo se dio a la cofradía del Rosario para hazer una ymagen de san Agustín».

– Cuenta de data, fol. 184 v. «San Agustín. Quatrocientos y ochenta reales que dio a Francisco de Rojas por la hechura de san Agustín».

– Visita del 12 de abril de 1728, fol. 194. «Que se dore el sagrario del altar maior y que a este fin se saque el caudal preciso del que tiene la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, con la misma facultad y comisión que en el libro de ella se le da al cura para otro asumpto dentro de los tres meses allí señalados se efectúe también este». (Nota al margen) «Nota. No ser esta providencia precisa pues tiene echa esta obligación por pagar el artífice del retablo. Dr. Loaysa Ante mi: A. de la Rivera»

– Cuentas de 1731, fol. 207. «Dorado. Novecientos reales, costo de dorar el tabernáculo».

– Cuentas de 1742, fol. 242 v. «Vidrieras. Treinta y tres reales, costo de las vidrieras de la capilla mayor a Muauro García, vecino de Trujillo».

A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella. Libro de cuentas y otros, años 1693-1795. Libro 17.

– Cuentas de 1715, fol. 82. «Corona. Ciento y quarenta reales que pagó a Manuel Aroio, platero de la ziudad de Trujillo, con los quales y más noventa reales que pesó una corona vieja que tenía Nuestra Señora, para que ambas partidas montan dozientos y treinta reales, avido esta cofradía para las dos coronas de la Virgen y el Niño, que con cinco pesos de echura costaron quatrocientos y cinquenta reales, y para el escesio avido un devoto a la restante cantidad de limosna».

– Cuentas de 1718, fol. 87. «Andas. Ciento y treinta y cinco reales que pagó a Francisco Pasarón y Juan Palacios, vecinos de Torremocha, por la echura y pintura de las andas de la imagen». «Retoque de imagen. Ciento y cinquenta y cinco reales que pagó a Juan Antonio Morgado, vezino de Trujillo, por el retoque de la imagen». «Idem. Nueve reales de llevar la imagen a componer a Trujillo».

– Cuentas de 1720, fol. 91 v. «Retoque. Diez y nueve reales que se le dejaron de abonar a Antonio Valle, que avía dado a Juan Antonio de Trujillo por el retoque de la imagen».

– Cuentas de 1726, fol. 105 v. «Composición de retablo. Doscientos y quarenta reales que pagó a Francisco de Rojas y Orense, maestro de arquitectura, vecino de Trujillo, por descomponer el retablo de la ermita y volver a componerlo».

A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía del Rosario. Libro de cuentas, años 1692-1757. Libro 25.

– Cuentas de 1692, fol. 8. «Retablo Mil y quinientos reales se le baxan, los mesmos que pagó Alfonso Muñoz, carpintero, escultor, por la hechura del retablo de la imagen del Santísimo Rosario». «Idem. Ciento y diez y nueve reales, los mesmos que se pagaron a los maestros que vinieron a baxar y hazer posturas en el retablo, y el maestro a tomar medidas y otros gastos …»

– Cuentas de 1694, fol. 28 v. «Retablo. Ocho reales, costó sacar la escritura publica del retablo de Truxillo».

– Cuentas de 1695, fol. 32 v. «Retablo. Quinientos y sesenta y zinco reales que pagó a Alonso Muñoz por el resto del retablo y zeradura del sagrario». «Traer el retablo. Ziento y dos reales y medio de la costa de traer el retablo».

– Cuentas de 1699, fol. 53. «Retablo. Y se le llevan en data dos mil ochozientos y quarenta y un reales que tuvo de costa el dorar el retablo, con su peana, clavos. Consta de asentarlo y demás pertenezientes».

– Cuentas de 1718, fol. 146. «Retoque de la ymagen. Ciento y catorce reales que pagó y gastó con Juan Antonio, vezino de Trujillo, por el retoque y composición de ambas imágenes».

– Cuentas de 1719, fol. 153. «Marco del altar. Once pesos que dio a Francisco Rojas, maestro de tallador, vezino de Trujillo, por la echura del marco del altar». «Ydem. Diez pesos a Juan Antonio, vezino de dicha ciudad, por dorar dicho marco». «Ydem. Diez reales, gasto de ir ajustar el marco y ir por él a dicha ciudad».

– Cuentas de 1732, fol. 234 v. «Dorado. Quatro mil ciento y veinte reales y medio que pagó a Joseph Montero, vecino de Trujillo y maestro de dorador, a quenta de los 8.000 reales que tiene esta cofradía obligación. Con la aprobación del señor Vicario General y Consejo de las Ordenes». «Diligencias. Ciento y quarenta y siete reales y veinte y quatro maravedís, en diligencias hasta efectuar el retablo y seguro de la dicha». «Dorado. Cinquenta reales que avido del dorado del sagrario de la fábrica».

– Cuentas de 1733, fol. 239. «Dorado. Quatro mil seiscientos y setenta y nueve reales y medio que fue de su quenta pagar a Joseph Montero, maestro y dorador, vecino de Trujillo, resto del ajuste del dorado del altar maior. según consta de la quenta antecedente». «Escritura. Diez reales y doze maravedís, gasto de la escritura de fianza del retablo y saca de la del trato con la villa». «Propio. A un propio que fue a Truxillo y esto para vistas al retablo, en lo endido veinte reales».

– Cuentas de 1735, fols. 243 v.-244. «Maestro de talla. Ciento y catorce reales que había pagado a Francisco Crespo y Juan Olivera, maestro de talla, el año antecedente por la echura de la peana y ajustarla en el retablo, para colocar en ella a Santiago, que no se le acreditó por no tener recibo y lo presentó». «Santiago. Trescientos y nueve reales, que gastó en el retoque de Santiago por averse descompuesto para vacear el cavallo con dicho Juan Olivera, y colores, clavazón y clavos». «Dorado. Ochenta y tres reales y medio que se pagaron a Joseph Montero, dorador, vezino de Trujillo, por el dorado de la peana de Santiago».

– Cuentas de 1751, fol. 312 v. «Retablo de la Concepción. Ochocientos reales que costó el retablo para colocar Nuestra Señora de la Concepción». «Altar. Quatro reales de hazer el altar para esta imagen»

A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía del Santísimo. Libro de cuentas y otros, años 1691-1810. Libro 30.

– Cuentas de 1714, s. f. «Custodia. Quatrozientos y zinco reales que dio a Manuel Aroio, maestro platero, vezino de Truxillo, para en pago de una custodia que se hizo».

A. D. C. Botija. Cofradía de los Mártires. Libro de cuentas, años 1703-1756. Libro 8.

– Visita del año 1728, fols. 107-107 v. «Y conoziendo la mucha pobreza en que se halla la yglesia parrochial de dicha villa, mandó su merced que entregue el caudal de la cofradía el mayordomo presente al de dicha yglesia un mil y quinientos reales de vellón por bía de préstito … / Y dichos mil y quinientos reales se distribuyan en aderezar el retablo de la yglesia, dorar un cáliz, dos patenas …»

– Cuentas de 1725, fol. 92. «Retablo. Quinze reales y dos maravedís que se dieron a un maestro de carpintería que vino a reconozer y registrar el retablo maior para dar providenzia de componerlo».

– Cuentas de 1728, fol. 111. «Gasto de carpintería. Más ocho reales que se hizieron de gasto con el carpintero que vino a formar la planta del retablo que se est fabricando».

– Cuentas de 1729, fol. 116. «Retablo. Ytem se le reciben en data un mil y cinquenta y quatro reales que esta cofradía y, en su nombre, su mayordomo a pagado a Francisco de Roxas y Orense, maestro tallador y ensamblador, para cuenta de un retablo que est obligado a hacer para el altar maior desta parrochia, según mandato del señor Vicario General desta provincia».

– Cuentas de 1732, fol. 135 v. «Ydem retablo. Ms setenta y ocho reales y ocho maravedís que pagó a Francisco de Roxas y Orense, maestro carpintero de la ciudad de Trujillo, por componer diferentes partes de dicho retablo». «Retablo. Ytem se le reciben en data un mil setecientos y veinte reales que se pagaron a don Francisco Ximénez Moreno, artífice de la pintura, vecino de la ciudad de Trujillo, por dorar el retablo del altar maior desta parrochia».

– Cuentas de 1750, s. f. «Santo. Y ziento y setenta reales de enbarnizar y retocar la imagen del señor san Sebastián». «Retablo. Setecientos zinquenta y nuebe reales que tubo de costo un retablo que se hizo para el santo».



[1] Archivo Diocesano de Cáceres. Salvatierra de Santiago. Cofradía del Rosario. Libro de cuentas y otros, años 1692-1757. Libro 25. Cuentas de 1692, fol. 8.

[2] Ibídem, cuentas de 1695, fol. 32 v.

[3] Ibídem, cuentas de 1694, fol. 28 v.

[4] Ibídem, cuentas de 1695, fol. 32 v.

[5] Ibídem, cuentas de 1699, fol. 53 v.

[6] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Parroquia de Santiago. Libro de inventarios, años 1743-1895. Libro 39. Año de 1873, fol. 54. Ratificaciones en: junio del año 1885, fol. 60; agosto del año 1885, fol. 61 v.; año 1893, fol. 63; y año 1894, fol. 63. Además de los retablos estudiados, este inventario describe también los del Santo Cristo de la Misericordia y de San Gregorio, desaparecidos.

[7] MOGOLLON CANO-CORTES, P., » Pintura extremeña del XVIII: los Hidalgo «, Norba, N’ IV, 1983, pp. 57-71.

[8] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía de las Benditas Animas. Libro de cuentas, inventarios y nombramientos, años 1684-1758. Libro 13. Cuentas de 1695, s. f.

[9] Ibídem, cuentas de 1696, s. f.

[10] Ibídem, cuentas de 1688, s. f.

[11] Ibídem, cuentas de 1695, s. f.

[12] Ibídem, cuentas de 1699, s. f.

[13] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía de las Benditas Animas. Libro de cuentas, años 1795-1818. Libro 14. Cuentas de 1802, s. f.

[14] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 25. Cuentas de 1751, fol. 312 v.

[15] Ibídem, cuentas de 1719, fol. 153.

[16] Ibídem, cuentas de 1729, fol. 153.

[17] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Iglesia Parroquial de Santiago. Libro de cuentas, años 1692-1750. Libro 16. Cuentas de cargo, fol. 182, y de data, fol. 184 v., de 1725.

[18] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella. Libro de cuentas y otros, años 1693-1795. Libro 17. Cuentas de 1726, fol. 105 v.

[19] A. D. C. Botija. Cofradía de los Mártires. Libros de cuentas, años 1703-1756. Libro 8. Visita del año 1728, fols. 107-107 v.

[20] Ibídem, cuentas de 1728, fol. 111.

[21] Ibídem, cuentas de 1729, fol. 116.

[22] Ibídem, cuentas de 1725, fol. 92.

[23] Ibídem, cuentas de 1732, fol. 153 v.

[24] Ibídem, cuentas de 1750, s. f.

[25] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 16. Cuentas de 1718, fol. 146.

[26] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 17. Cuentas de 1718, fol. 87.

[27] Ibídem, cuentas de 1720, fol. 91 v.

[28] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 25. Cuentas de 1718, fol. 146.

[29] Ibídem, cuentas de 1719, fol. 153.

[30] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 16. Cuentas de 1702, fol. 70.

[31] Ibídem, cuentas de 1714, fol. 117 v.

[32] Ibídem, Visita de 1728, fol. 194.

[33] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 25. Cuentas de 1732, fol. 234 v.

[34] Ibídem, cuentas de 1733, fol. 239.

[35] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 16. Cuentas de 1731, fol. 207.

[36] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 25. Cuentas de 1732, fol. 234 v,.

[37] Ibídem, cuenta de 1735, fols. 243 v. y 244.

[38] A. D. C. Botija. Libro 8. Cuentas de 1732, fol. 135 v.

[39] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 16. Cuentas de 1713, fol. 114.

[40] Ibídem, cuentas de 1714, fols. 118-118 v.

[41] A. D. C. Salvatierra de Santiago. Iglesia parroquial de Santiago. Cofradía del Santísimo. Libro de cuentas y otros, años 1691-1810. Libro 30. Cuentas de 1714, s. f.

[42] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 17. Cuentas de 1715, fol. 82.

[43] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 39. Inventario de 1743, fols. 3 y 4.

[44] Ibídem, inventario de 1768, fol. 19.

[45] GARCIA MOGOLLON, F. J., La orfebrería religiosa de la Diócesis de Coria (siglos XIII-XIX). Cáceres, 1987, t. II, pp. 825-826.

[46] A. D. C. Salvatierra de Santiago … Libro 16. Cuentas de 1742, fol. 242 v.

Oct 011992
 

Agustín Vivas Moreno y Luís Arias González.

I. INTRODUCCION

En este año de l992, la avalancha de publicaciones, congresos, mesas redondas y similares sobre la Conquista de América está llegando a ser abrumadora; en la mayor parte de los trabajos, los criterios economicistas, culturales y políticos dominan por encima de todo, sean cuales sean los esquemas políticos e historiográficos de los historiadores. Sin embargo, un tema como éste, el de las guerras civiles y enfrentamientos internos de los conquistadores extremeños se escapa un tanto a los intentos clasificatorios de hoy en día, pues no puede aplicarse ningún sistema cuantitativo o estadístico y, además, ya no se considera a estos movimientos como un precedente de la independencia iberoamericana como en el auge del romanticismo nacionalista [1]. Quizás, por esto, pueda ser calificado como un asunto incómodo, incluso para la historia de las mentalidades, y de este modo, tratado más por la literatura[2], o por el cine[3], que por la propia historiografía.

Por supuesto, sabemos que este pequeño artículo no va a solucionar este problema, ni tampoco lo pretendemos, dada la extensión del asunto, nuestros pocos conocimientos y lo limitado de los mismos. El propósito de estas páginas no es tampoco el de narrar la serie de acontecimientos que se produjeron en la conquista extremeña de América, aunque de vez en cuando, no tengamos más remedio que hacer referencia a ellos, así como a la biografía de los conquistadores, puesto que todo eso puede encontrarse mucho mejor en cualquiera de los múltiples manuales y libros especializados. Por tanto, la única pretensión de este escrito es la de analizar, comparar e intentar una cierta sistematización en torno a las fuentes existentes, contemporáneas a los hechos, que conforman el núcleo escogido.

Todo esto, porque Extremadura y la Conquista están muy entrelazados, y porque la Historia se hizo haciéndola -valga la redundancia- . Resulta imposible pretender un cuadro que registre a tantas individualidades, con los diferentes matices que en la participación extremeña se dieron, tanto por el número de los que se movieron a cruzar el océano como por las distintas categorías que de sus actos cabría registrar. Siempre a modo de representación, pero a sabiendas que mutilamos la realidad histórica, hacemos notar el nombre de una decena de extremeños que fueron fundamentales protagonistas de dicha conquista americana: fray Nicolás de Ovando, a quien cabe reconocer como el fundador de la Nueva América, ordenador de hombres y plantador de instituciones; Vasco Núñez de Balboa, que saltando del litoral al interior descubrió las espaldas oceánicas de América; Hernán Cortés y su México; Pedro de Alvarado; nuestro Francisco PizarroHernando de Soto;Gonzalo de Sandoval; Pedro de ValdiviaFrancisco de Orellana,…Si se ha escrito mucho sobre el ciclo descubridor, en el que fueron otros hombres, principalmente los protagonistas, cabría también hablar del «ciclo de los extremeños», para referirnos a la fase en que su paso del océano fue tan trascendente. Evidentemente, sin embargo, hubo también castellanos, andaluces, vascos y gentes de otras regiones que estuvieron también presentes en aquella empresa colectiva como es innegable.

No obstante, en dicha aventura múltiple, no todo fue incorruptible entre los conquistadores. Las «rebeliones de los dominadores»[4], disensiones internas, «guerras civiles», revueltas, sublevaciones, enfrentamientos, «traiciones»[5], o como queramos denominarlo, puesto que lo del término es lo de menos y su concepto es el mismo, comienzan con el mismo Descubrimiento: el propio Colón es el primero que padece este enfrentamiento en forma bilateral (Corona/otros conquistadores o funcionarios regios), inaugurando un extraño «triángulo» de relaciones que se va a reproducir durante todo el periodo de la Conquista y que finalizará en el siglo XVII con la instauración de una nueva Sociedad en la que el conquistador perderá todo su papel anterior y donde, paradójicamente, las relaciones con la metrópolis se hacen más distantes. La autonomía de esta «sociedad criolla» será mucho mayor y los peligros de rebeliones de grupos indígenas o cimarrones, y las invasiones de otros países europeos acabarán con los enfrentamientos internos.

Sorprende el gran número de estos sucesos, que llegan a crear la sensación de ser continuos, solapándose unos a otros e implicando directa e indirectamente a casi todos los participantes en el proceso de la conquista en alguno de los «bandos «, cuando no los vemos participando sucesivamente y según los acontecimientos en todos y cada uno de los «bandos» en litigio. Por ello, hemos hecho una selección de los mismos, tanto cronológica (entre l5l9 -conquista de México- y 1561-muerte de Lope de Aguirre-)[6], como temática[7]. Por consiguiente, hemos escogido los dos ejemplos más representativos para la Historia de la Conquista llevada a cabo por extremeños, y que pueden ilustrar además los distintos modelos de enfrentamiento:

  1. la conquista de México: enfrentamiento de Cortés con los funcionarios de las islas;
  2. la conquista del Perú: enfrentamientos entre los mismos conquistadores.[8]

Hubo otros muchos[9] pero nos ceñiremos a estos dos, por lo anteriormente expuesto y por ser los que cuentan con un mayor y contrastado número de fuentes.

Hay que señalar que esta problemática no se encuentra en las posteriores colonizaciones del siglo XVII efectuadas por ingleses, franceses, holandeses en las islas y el continente; ni siquiera son paralelizables a este tipo de revueltas y enfrentamientos españoles, las características de heterodoxia religiosa o el fenómeno del filibusterismo y bucanerismo británico. Tampoco la colonización portuguesa, tanto americana, como africana o asiática en los siglos XV y XVI tuvo acontecimientos tan similares a los españoles[10]. La pregunta es inminente: ¿Por qué esta peculiaridad?, ¿qué causas particulares pueden explicar esta situación?; podemos señalar las siguientes explicaciones:

  1. En América se van a reproducir, incluso de una forma más acusada, los enfrentamientos entre los grupos sociales por ocupar parcelas de poder creciente que se están dando en España desde los Reyes Católicos y que continúan con los Austrias. Precisamente en este enfrentamiento, queda reforzado, e incluso podemos decir que se apoya, el propio poder de la monarquía española. Los grupos enfrentados se clasifican según diversos criterios:
    • regionales: queda constatado cómo los conquistadores se unen según su origen geográfico (extremeños, andaluces, navarros, vizcaínos,…) y cómo se reproducen sus rencillas y odios por este motivo. Es sintomático y analizable, como veremos, el enfrentamiento extremeños/vizcaínos en el caso de México.[11]
    • socio-políticos: la dicotomía aquí expuesta se da entre conquistadores directos y primigenios, a los que luego definiremos, y conquistadores y funcionarios reales que intentan participar y/o reglamentar este proceso con posterioridad. Siendo los primeros, salvo excepciones, pertenecientes a la pequeña nobleza hidalga y militar o de un oscuro origen; mientras que los segundos, salvo excepciones también, pertenecen a la alta nobleza o a la jerarquía eclesiástica y al funcionariado.
  2. La figura humana del conquistador, sobre todo la de la denominada «generación de 1504»[12], predisponía totalmente a esto. Los siguientes tópicos sirven para definir a casi todos los personajes a los que posteriormente nos referiremos:
    • son de origen militar, de un valor temerario y cierto desprecio a la vida y a sus riesgos (por ejemplo, los «marañones» de Aguirre);
    • de origen pequeño-nobiliar, segundón o desconocidos; sin historia pasada o totalmente oscura; con un periodo de aprendizaje y adaptación en las islas antes de saltar al continente formando parte de una expedición en busca de hacienda y fama. La mayor parte de ellos, proceden de las zonas más deprimidas de España, como Extremadura (también Andalucía, Castilla,…). Todo esto, recuerda un tanto el proceso de Reconquista peninsular (formación de bandos y mesnadas, búsqueda de botín, tierras y fama, el estilo de vida de la frontera…)[13]; incluso, los indígenas eran incorporados o asimilados a los musulmanes ibéricos en todas las fuentes que hemos manejado;
    • todos ellos van a conocer, utilizar en sus luchas internas y explotar económicamente[14] a los pueblos indígenas, con una relación que, insistimos, recuerda en parte a las relaciones entre los reinos cristianos y los de taifas e incluso a la fase final de la conquista de Granada.
  3. La propia realidad americana, sorprendente, llena de paisajes, animales y lugares extraños, asimilables a los esquemas mitológicos europeos (por ejemplo el«Dorado»); con unas culturas, pueblos y costumbres totalmente nuevos y opuestos a los españoles con unas extensiones y unas distancias casi inabarcables para la época. Todo lo cual creó una sensación de irrealidad y de libertad, al mismo tiempo que se tradujo tanto en los casos de auténtica locura entre los conquistadores, como de rebeliones independentistas llenas de matices utópicos tan característicos de la transición del Renacimiento al Barroco[15].

II. GUERRAS Y CONFLICTOS INTERNOS EN LA CONQUISTA DE MÉXICO.

Cortés es comisionado por el gobernador de Cuba en 1519 para conquistar el continente. Bien pronto, deja de reconocer la autoridad del mismo y mediante pactos con los indígenas acaba por hacerse con el poder de la capital del imperio azteca (Tenochtitlan) y comienza la depredación del mismo; a pesar del descalabro de la«Noche Triste», el asesinato de Moctezuma y la posterior rebelión de Cuanhtemoc (1521), Cortés se hace con el dominio total de toda esta zona hasta 1528. En este año, tiene que regresar a la Península para hacer frente a las acusaciones y confirmar del rey la autoridad que hasta entonces se había auto conferido. Sus subordinados quedarán encargados de completar la conquista de la zona sur y norte de México, península de Yucatán y América Central. Muchos de ellos se van a sublevar (siguiendo casi el mismo esquema que utilizó Cortés respecto a Diego Velázquez) e intentan quedarse con todo o parte del poder de Cortés. Cuando él vuelve, conel título de Marqués del Valle de Oaxaca, se impone aunque ya no tiene el mando político directo al ser nombrados una serie de funcionarios de la Corona e, incluso, un Virrey (1535). Su vuelta a España (1540) y sus desesperados intentos por recuperar todos sus privilegios ante el emperador (incluyendo su participación en la campaña de Argel) no tuvieron ningún éxito y morirá poco tiempo después (1547).

2.1. FUENTES Y COMPARACIÓN.

Todos estos acontecimientos a que dio lugar la conquista del primer gran imperio continental americano, fueron relatados e interpretados de forma distinta según las fuentes. La importancia que se le concedió a las mismas es patente, puesto que ocupa la mayor parte de las crónicas generales como a continuación veremos.

2.1.1. Bernal Díaz del Castillo

Principalmente con su obra Historia verdadera de la Conquista de Nueva España. De este autor, como de otros muchos participantes en la Conquista, no se conocen sus orígenes ni su procedencia, aunque esté fuera de toda duda su larguísima estancia en América, donde actuó como soldado[16]. Esto le permite un conocimiento de primera mano de los hechos y personajes a que se refiere.

A pesar de que él se considera un hombre con pocas letras y escasa formación, su libro resulta de una manera fácil, sin las referencias eruditas y enojosas de los otros cronistas, lo que le confiere un carácter directo y plenamente actual alejado de los convencionalismos al uso del siglo XVI.

Hemos de decir, por otra parte, que su concepción histórica es de un rigor enorme. Tardó más de treinta años en elaborar este libro, aunque fue al final de su vida cuando elabora la redacción, y contrasta absolutamente todo lo que dice, con testimonios directos e indirectos; precisamente en esto, se diferencia un tanto deFrancisco López de Gómara al que acusa de hablar de cosas que nunca vio como si las hubiera presenciado[17]. Sin embargo, a pesar de esta búsqueda de objetividad e imparcialidad, Bernal Díaz tomó un claro partido por Hernán Cortés, al que él mismo sirvió. Pensaba de él que debía tener un carisma personal indudable, como puso de manifiesto en tantas ocasiones; de todas formas no llega a los «entusiasmos » laudatorios de Gómara. El personaje de Cortés en su obra destaca, más que por su propia figura, por la oposición respecto a sus enemigos:

  • Diego Velázquez es gordo y «poco acostumbrado a trabajos»;
  • Narváez es «borracho» y «avaro»;
  • Salvatierra es «cobarde» y «fanfarrón»;
  • Juan Rodríguez de Fonseca está «ávido de cargos».

Igual son considerados Bartolomé de las Casas, Luís Ponce de Leónfray Tomás de Ortiz, los soldados que se pasan al bando contrario, tales como Antonio de VillafañaRodrigo de Albornoz, Cristóbal de Olid y Pedro Barba

De la importancia de estos enfrentamientos internos, da cuenta la gran cantidad de capítulos que se dedican al tema y que pueden clasificarse de la siguiente manera:

  1. Sobre el enfrentamiento de Cortés y Diego Velázquez y sus enviados Pánfilo de Narváez y Pedro Vargas. Esto los podemos observar en los capítulos XXII, XXIV, CIX, CX, CXI, CXII, CXIII, CXIV, CXV (en el que se cuenta la utilización de Moctezuma por cada uno de los » bandos «, CXVI, CXVII, CXVIII, CXIX, CXX, CXXI, CXXII, CXXIII, CXXIV, CXXV, CXXXI, CXXXVI.
  2. Rebeliones y conspiraciones de lugartenientes del mismo Cortés: (sobre Antonio de Villafaña) cap. CXLVI, CLXXII (traición de Rodrigo de Albornoz), CLXXIII y CLXXIV (rebelión de Cristóbal de Olid).
  3. Sobre sus enemigos peninsulares, intrigas cortesanas contra él y los enfrentamientos con la burocracia y los legados del emperador: caps. CLXVII (sobre Juan Rodríguez de Fonseca, futuro Obispo de Burgos), CLXVIII (Pánfilo de Narváez Tapia ante el rey), CXCII (en torno al enfrentamiento de Cortés con los oficiales reales y, sobre todo, la «residencia » que iba a efectuar Luís Ponce de León sobre la actuación del conquistador), CCXI (que trata de los «repartimientos» y su polémica sobre el carácter hereditario de los mismos).

El resultado y desenlace de estas cuestiones puede ser encontrado en cualquier manual al uso. Pero esta es una cuestión en la que no nos detendremos.

No obstante, una lectura atenta, incluso «entre líneas», ofrece una serie de informaciones complementarias a veces más importantes que los propios acontecimientos. Entre otras, podemos encontrar las siguientes:

  1. Hay una crítica más o menos solapada al desconocimiento del emperador sobre la situación americana, su ingratitud y los favoritismos en su política de concesión de cargos;
  2. Esta crítica se hace extensiva también a personajes eclesiásticos, tanto pertenecientes a la más alta jerarquía como Juan Rodríguez de Fonseca (obispo de Burgos y arzobispo de Rosano), como al bajo clero, a los que también se acusa de no conocer ni comprender la realidad americana, ni lo que sucede con los indígenas. Bernal estudia las costumbres indígenas, su religión, el idioma, sus instituciones…, y no puede por menos de mostrar su admiración algunas veces; pero esto no evita que siga pensando en los indígenas como una fuerza peligrosa para el español y que está para el uso y disfrute del conquistador. Por eso, le molesta el «paternalismo » hacia el indígena, por parte de quien ni le conoce, ni le ha tratado[18].
  3. Siguiendo la vertiente crítica, ésta llega a las instituciones. Tanto el Real Consejo de Indias, como los funcionarios y sistemas castellanos trasplantados a América, son vistos como algo completamente ajeno e inoperante. Al decir esto, hemos de tener en cuenta que no es sólo la visión de un cronista sino también la opinión de un conquistador directo. Todo lo cual indica como desde un primer momento, los conquistadores tienen conciencia de estar en un espacio y situación diferente a la castellana y, por tanto, no pueden ser aplicados los mismos parámetros.
  4. Sobre las formas cotidianas de la vida colonial, es donde nos encontramos una extraña mezcla de penalidades y privaciones con el mayor desenfreno (véase las descripciones de fiestas, banquetes y las propias vestiduras de Hernán Cortés), la solidaridad de los españoles frente al peligro indígena[19] y las grandes envidias y rencillas internas plasmadas no sólo en las guerras y sublevaciones, sino también en asuntos más cotidianos como los libelos infamantes y las intrigas municipales.
  5. También hay una cierta desmitificación de la personalidad y el modo de actuar de Hernán Cortés. A pesar de la evidente admiración que Díaz del Castillosiente por él, no oculta, sin embargo, sus debilidades puestas de manifiesto en las acusaciones de que es objeto en la «residencia «efectuada contra él porLuís Ponce de León: parcialidad en los «repartimientos «, en las ventas de indios, en los repartos de indias concubinas e irregularidades en el «quinto del rey». Ninguna de estas acusaciones es desmentida totalmente, como tampoco lo es el posible envenenamiento (una forma de asesinato típicamente indiano) de alguno de sus enemigos (Luís Ponce de León y fray Tomás de Ortiz).

2.1.2. Francisco López de Gómara

Es autor de la obra Hispania victrix, primera y segunda parte de la Historia general de Indias, con todo el Descubrimiento y casas notables que han acontecido desde que se ganaron hasta el año 1551[20].

Aunque se ha discutido si estuvo o no en las Indias, parece indudable actualmente que estuvo al menos durante cuatro años. Fue estudiante de Humanidades en Alcalá y se ordenó como sacerdote; precisamente de ahí viene su vinculación a Hernán Cortés, ya que va a ser su capellán cuando regresa a España en 1540 y es nombrado Conde del Valle. Esta vinculación es fácil de apreciar , puesto que más de la mitad del libro corresponde a la conquista de México y toda la obra está dedicada al hijo de Hernán, Martín Cortés. Fue un trabajo con relativo éxito a pesar de su prohibición de impresión (bajo multa de 200.000 maravedís) a partir de l553, por las noticias no excesivamente benignas para la Monarquía y algunos importantes señores que esta obra contiene.

En cuanto a su estilo, él mismo habla («a los lectores») de utilizar un romance llano y escribir capítulos breves y fáciles de leer, aunque su formación hace que las notas eruditas y los ejemplos clásicos y las digresiones comparativas se multipliquen mucho más que en Bernal Díaz, lo que no quita que se encuentren expresiones y giros tan populares como «ciscábanse de miedo».

Su pretensión histórica es la de contar dónde, cuándo, quién y cómo se realizaron los hechos, sin preguntarse el porqué de los mismos, pues esto es algo que no le interesa. De esta forma, su obra responde a un típico esquema académico, con una ordenación escolástica: consideraciones filosóficas sobre el nuevo mundo, descripción geográfica, cuestiones técnicas, la figura de Colón y los Reyes Católicos, descripciones etnográficas y antropológicas, acontecimientos de la conquista, el elogio de los españoles…

No hay ningún intento de imparcialidad en lo referente a Cortés, sino más bien puede definirse como una hagiografía en el completo y absoluto sentido de la palabra, pues Cortés es presentado como un héroe con ciertos paralelismos con Alejandro Magno, César, etc., sin la menor crítica de sus actos[21].

Los breves títulos que resumen y preceden cada uno de los capítulos son tremendamente significativos, y aparte de facilitar la labor del lector y de los aprendices de investigador, conforman un esquema perfecto de la problemática aquí analizada:

  • «Motín que hubo contra Cortés y el castigo»;
  • «Deseo que algunos españoles tenían de dejar la guerra»;
  • «Oración de Cortés a los soldados»;
  • «De cómo Diego de Velázquez envió contra Cortés a Pánfilo de Narváez con mucha gente»;
  • «Lo que Cortés escribió a Narváez«;
  • «Lo que Pánfilo de Narváez dijo a los indios y respondió a Cortés«;
  • «Lo que dijo Cortés a los suyos»;
  • «Prisión de Pánfilo de Narváez«;
  • «Cómo fue Francisco de Garay a Pánmuco con grande armada»;
  • «Muerte del adelantado Francisco de Gray«;
  • «De cómo fue recusado el obispo de Burgos en las cosas de Cortés«;
  • «De cómo se alzó Cristóbal de Olid contra Hernán Cortés«;
  • «Cómo salió Hernán Cortés de México contra Cristóbal de Olid«;
  • «Cómo se alzaron en México sus tenientes: Alonso de Estrada y Rodrigo de Albornoz«;
  • «Misión del factor y veedor»;
  • «Lo que hizo Cortés cuando supo las revueltas de México»;
  • «Cómo envió el emperador a tomar residencia a Cortés»;
  • «Muerte de Luís Ponce«;
  • «Cómo Alfonso de Estrada desterró de México a Cortés«;
  • «Cómo vino Cortés a España»;
  • «Mercedes que hizo el emperador a Hernán Cortés«;
  • «Vuelta de Cortés a México».

Lo que se dice en estos capítulos es lo siguiente:

  1. La única causa de todas estas «traiciones» y desavenencias es la maldad humana que caracteriza a todos los enemigos del conquistador, presentados de forma caricaturesca (Rodríguez Fonseca es un hombre tan perverso que está enfrentado a su propio sobrino -¿hijo?-).
  2. Aparentemente, López de Gómara, asegura que la Corona está por encima de esta problemática e incluso parece que apoya y reconoce a Cortés. Sin embargo, se le «escapa» una serie de afirmaciones tan significativas como que el emperador sustituyera la primera revocación de los poderes de Cortés por un juicio de «residencia» debido al oro y los regalos que Hernán se apresuró a enviarle; también se señalan las demoras en ser recibido por parte de Carlos V, en su último viaje a España.
  3. Aunque es un hombre de Iglesia, un sacerdote, puede apreciarse una cierta crítica hacia sectores eclesiásticos, aunque siempre menor que en el caso anteriormente expuesto de Bernal. La crítica va dirigida sobre todo a la intromisión de los Jerónimos (orden hispánica por excelencia y con un fuerte apoyo real)[22] en los asuntos americanos y a la ambición de Juan Rodríguez de Fonseca, que tanto contrastan con el carácter «cristianísimo» y evangelizador deCortés.

2.1.3. Cartas de Hernán Cortés

Tomadas de un códice existente en la Biblioteca Imperial de Viena, estas extensísimas cinco cartas (en realidad son más «memoriales», que epístolas propiamente) abarcan un periodo de tiempo que va desde 1519 a 1526, sin referirse, por tanto, a todos los hechos posteriores. Van todas ellas dirigidas a Carlos V, y su finalidad es tanto la de justificar y hacer valorar su actuación, como la de condenar a sus enemigos, influyendo en las decisiones del emperador a su favor.

Primera Carta. Tiene fecha de 10 de Julio de 1519, y es solamente una descripción de los primeros momentos de la llegada del continente.

Segunda Carta. Tiene fecha de 30 de Octubre de 1520. Se cuentan las grandezas de la ciudad de Temixtitán, sus costumbres, «Muteczuma», la «Noche Triste», la posterior reconquista… Se hace referencia ya, aunque un tanto velada a Diego Velázquez y Pánfilo de Narváez, a quienes se hace aparecer como enemigos del rey y son acusados de ladrones y de aliarse con los aztecas y «Muteczuma» contra él.

Tercera Carta. Tiene fecha de 15 de Mayo de 1522. En ella escriben también sus ayudantes (Julián AlderetaAlonso de GradoBernardino Vázquez de Tapia); deliberadamente no hace referencia alguna a las disputas entre españoles, puesto que en esos momentos no representan peligro alguno para el potencial militar de Cortés. Simplemente, es una detallada exposición de sus luchas contra los indígenas, los terrenos poco a poco conquistados y de sus riquezas (una constante en todos sus escritos).

Cuarta Carta. Tiene fecha de 15 de Octubre de 1524. Es una de las más importantes dentro del tema que en este pequeño artículo estamos comentando. En ella, hay una acusación directa a Juan de Fonseca y a sus colaboradores (Diego ColónFrancisco de Garay) de intentar acaparar todas las mercedes, llegando incluso a interceptar sus cartas. Esta acusación se extiende a todos los hombres de Cuba (de nuevo la tensión islas/continente), a Gonzalo Dovalle, etc. También son enemigos en esta larga lista, los oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla (Juan López de Recalde y otros) que en connivencia con el obispo de Burgos no le proveen de los materiales que necesita. Como en un descuido, habla del regalo de una culebrina enteramente de plata, con un enorme valor que se envía al emperador. Su ataque va dirigido a las costumbres de los clérigos americanos (exceptuando siempre a franciscanos y dominicos); mientras, él se hace aparecer como un buen cristiano preocupado por la evangelización y pacificación de las tribus. Por último, defiende el sistema de perpetuación de las «encomiendas» y«repartimientos» como una forma (curiosamente paradójica) de evitar el despoblamiento y pobreza que asola las islas caribeñas y amenaza con extenderse por el continente.

Quinta Carta. Tiene fecha de 3 de Septiembre de 1526. Además de relatar como siempre, los nuevos descubrimientos y conquistas, hace referencia a la traición deCristóbal de Olid, el cual es acusado por boca de sus mismos soldados de «traidor» y de «maltratar indios». De una forma confusa se informa de la«residencia» llevada a cabo por Luis Ponce de León y de las acusaciones más fuertes contra él vertidas[23]Cortés no intenta rebatirlas una por una, sino que hace una exposición de todo lo que él ha hecho por la Corona y los exiguos gastos que esto ha costado a la misma. Las similitudes formales y de contenido con las«Cuentas del Gran Capitán» son evidentes.

La falta de objetividad e incluso la deformación de los hechos en todas estas cartas es, lógicamente, constante; pero, de todas formas, presentan una serie de rasgos completamente originales sobre la mentalidad de los conquistadores. No vamos a hablar aquí de los conocimientos de Cortés sobre los indígenas, que le convierten en uno de los primeros etnógrafos, ni tampoco de su formación en la Universidad de Salamanca que se traduce en la cuidada redacción de sus cartas y en la adopción de los típicos esquemas de la oratoria clásica para defender sus argumentos. A lo que nos vamos a referir aquí es a la relación entre conquistadores y rey o funcionarios reales. Cortés intenta representarse siempre como un fiel súbdito, mientras que sus enemigos no lo son; intenta hacer aparecer sus disputas contra sus antiguos lugartenientes como insurrecciones contra el emperador. De todas maneras, Hernán Cortés no puede disimular en algunas ocasiones la tensión que mantiene frente a un monarca que no valora su actuación y que parece preocupado sólo por obtener más riqueza. Esta pugna tiene muchas similitudes con la que se da en la Baja Edad Media, durante la Reconquista, entre Nobleza y Corona[24], como ya hemos dicho en alguna otra parte de este mismo artículo. Incluso, amenaza con la posibilidad del estallido de «comunidades » en América (Cuarta Carta), por causas similares a las que se dieron en Castilla[25]. Todo lo cual, pone de manifiesto la existencia de una mentalidad caballeresca, nobiliaria, dentro de los conquistadores; en este caso, sus enfrentamientos, pueden asemejarse a los de las«banderías» hispánicas. Y es que en América asistimos a un proceso, casi, de feudalización y de ahí las referencias constantes por parte de los conquistadores sobre la perpetuación de «encomiendas» y «reparticiones».

III. GUERRAS Y CONFLICTOS INTERNOS EN LA CONQUISTA DEL PERÚ

Todos los autores están de acuerdo en considerar al Perú como el lugar de formación de un tipo soldado-aventurero marginal, dispuesto a meterse en cualquier enfrentamiento ya sea contra los indígenas o contra los propios españoles. Sería éste, un fenómeno parecido al de los mercenarios y «condottieros» europeos. Las diferencias entre «vecinos» y soldados son enormes y en las fuentes parece que se tratara de dos sociedades totalmente distintas.

Las luchas comienzan con el propio proceso de la conquista encargado a dos personas. Con esto, la Administración busca un equilibrio basado en las disputas entre ambos, evitando así el poderoso y peligroso encumbramiento individual de un Cortés, por ejemplo.

Francisco y Fernando Pizarro y Diego de Almagro «el viejo «, inician muy pronto las desavenencias internas, y, a pesar de los múltiples juramentos por lo más sagrado, y la firma de pactos y tratados, se llega a la guerra. Las causas son la falta de entendimiento por el reparto del botín, territorios y «encomiendas «. El bando almagrista es derrotado en la batalla de las Salinas (26 de abril de 1538) y tanto Almagro «el viejo», como posteriormente Francisco Pizarro van a morir a manos de sus antiguos aliados. El conflicto lo van a continuar los familiares respectivos[26], siguiendo un código de honor y represalias característico. Las sublevaciones continúan:

  • primero, Diego de Almagro «el joven» (Batalla de Chapas, el 15 de Septiembre de 1542);
  • a continuación, sublevación de Gonzalo Pizarro contra las Nuevas Leyes y Ordenanzas para las Indias (Noviembre de 1542), y contra el propio rey, sus funcionarios y el bando almagrista.

Después de una larga guerra, Gonzalo Pizarro, será apresado (Batalla de Xaquixaguana) y ajusticiado por La Gasca (1550), funcionario que será recompensado con el obispado de Palencia y el Condado de Pernia, a su vuelta a España. En la rebelión de Gonzalo Pizarro, sí que encontramos ya un auténtico deseo de independencia; son muchos los que le aconsejan proclamarse rey y aliarse, y esto es extraordinariamente curioso, con franceses y turcos contra la monarquía española.

Son conflictos en los que se entremezclan:

  • los intereses personales, económicos sobre todo;
  • las contradicciones del sistema imperial de los Habsburgo, incapaz de terminar con las diferencias nacionales e incapaz de integrar a todos los sectores sociales en sus proyectos;
  • la persistencia de un código y costumbres medievales;
  • ciertos ideales difusos de libertad (aquí, cabe preguntarse si hay algún tipo de influencia de las «comunidades»).

3.1. FUENTES Y COMPARACIÓN

Aunque hay otros muchos autores cronistas que se refieren a los asuntos peruanos[27], nos han parecido los más completos López de Gómara y Pedro Cieza de León.

3.1.1. Francisco López de Gómara

En esta parte de su extensa obra, Gómara se muestra bastante más imparcial; ahora ya, no tiene que justificar nada, ni alabar a nadie y, además, los hechos del Perú estaban mucho más cerca en el tiempo que los de la conquista de México, y era, por tanto, más difícil de deformación. El resto de características que señalamos para los capítulos sobre Cortés, pueden aplicarse de nuevo a éstos. En concreto, los títulos que hacen referencia al Perú y que pueden ser utilizados para resumir el» problema «, son los siguientes:

  • «Bandos entre los españoles del Darién»: preceden a los enfrentamientos entre Pizarros y Almagros, a los de Nicuesa contra Enciso y Balboa, y posteriormente entre Enciso y Balboa;
  • «Albarado da su armada y recibe cien mil pesos de oro»: se expone la compra y venta de voluntades y la existencia de ejércitos personales entregados al mejor postor;
  • «Nuevas capitulaciones entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro«: en él comienzan los malentendidos entre ambos bandos y los juramentos, siempre violados, de amistad y fidelidad (algunos reproducen juramentos de vasallaje clásicos);
  • «Vuelta de Fernando Pizarro al Perú»: Primera exposición sobre las quejas de los conquistadores hacia el Emperador;
  • «Almagro toma por fuerza el Cuzco a los Pizarros«;
  • «Almagro prende al capitán Albarado, y rehúsa los partidos de Pizarro«: circunstancia que se da gracias al cambio de bando de Pedro de Lerma (esto es una constante en la actuación de la soldadesca);
  • «Vistas de Almagro y Pizarro en Mala sobre concierto»: franciscanos y mercedarios eran utilizados, sin éxito, como intermediarios en este conflicto;
  • «Prisión de Almagro«;
  • «Muerte de Francisco Pizarro«;
  • «Lo que hizo don Diego de Almagro después de muerto Pizarro«;
  • «Lo que hicieron en el Cuzco contra don Diego«;
  • «Cómo Vaca de Castro fue al Perú»: podemos observar aquí, como el rey, por fin, toma partido, enviando un delegado contra la sublevación;
  • «Batalla de Chupas entre Vaca de Castro y don Diego«;
  • «Nuevas leyes y ordenanzas para las indias»: redactadas y dirigidas por García de Loaisa, cardenal de Sevilla; su resultado es totalmente contrario al esperado;
  • «La grande alteración que hubo en el Perú por las Ordenanzas»;
  • «Cómo fueron al Perú Blasco Núñez de Vela y cuatro oidores»;
  • «Lo que pasó a Blasco Núñez con los de Trujillo»: rebelión de los habitantes de Trujillo, más o menos dirigidos por un fraile mercedario, fray Pedro Muñoz[28];
  • «Jura de Blasco Núñez y prisión de Vaca de Castro«;
  • «Lo que Gonzalo Pizarro hizo en el Cuzco contra las Ordenanzas»;
  • «La sonada de guerra que hizo Blasco Núñez de Vela«: a ella acuden los seguidores almagristas;
  • «Prisión del virrey Blasco Núñez de Vela«;
  • «Manera de cómo los oidores repartieron los negocios»;
  • «Cómo los oidores embarcaron al virrey para España»;
  • «Lo que hizo Cepeda después de la prisión del virrey»;
  • «De cómo Gonzalo Pizarro se hizo gobernador del Perú»;
  • «Lo que hizo Gonzalo Pizarro siendo gobernador»;
  • «Lo que hizo Hernando Bachicao por el mar»: va a buscar refuerzos a Panamá, para unirse a la insurrección;
  • «Cómo Gonzalo de Pizarro corrió a Blasco Núñez de Vela«;
  • «Lo que hizo Pedro de Hinojosa con la armada»;
  • «Robos y crueldades de Francisco de Carvajal con los del bando del rey»;
  • «Batalla en la que murió Blasco Núñez de Vela«;
  • «Lo que Blasco Núñez dijo y escribió a los oidores «: carta (probablemente apócrifa) contra los oidores, acusados de traidores en esta situación;
  • «Cómo Gonzalo de Pizarro quiso llamarse rey «;
  • «Cómo Pizarro degolló a Vela Núñez«: éste era hermano del virrey;
  • «Marcha del licenciado Pedro La Gasca al Perú»;
  • «Lo que La Gasca escribió a Gonzalo Pizarro «: se trata de un ofrecimiento de perdón y una vuelta atrás de las ordenanzas, a cambio de deponer las armas;
  • «Hinojosa entrega la flota de Pizarro a La Gasca«;
  • «Los muchos que se alzaron contra Pizarro, al saber que La Gasca tenía la flota»;
  • «Cómo Pizarro desamparaba al Perú»;
  • «Victoria de Pizarro contra Centeno«;
  • «Lo que hizo La Gasca al llegar al Perú»;
  • «Batalla de Xaquixaguana donde fue apresado Gonzalo Pizarro«;
  • «Muerte de Gonzalo Pizarro por justicia»;
  • «Repartimiento de indios que La Gasca hizo entre los españoles»;
  • «Consideraciones»;
  • «Otras consideraciones»: hemos de decir, que tanto en éste como en el anterior capítulo, López de Gómara hace una serie de curiosas y más o menos acertadas reflexiones sobre el fenómeno de la guerra civil.
  • «El robo que los Contreras hicieron a La Gasca cuando volvía a España»: muchos de los participantes en estos conflictos acabarán por transformarse en ladrones, mezclando ciertas consideraciones políticas y contando con algún apoyo por parte de la población, con un mecanismo ciertamente similar al que nos vamos a encontrar en Cataluña en el siglo XVII.

Para López de Gómara el origen de todos estos levantamientos sigue siendo la ambición humana y su respectiva maldad (como ejemplo de esto tenemos la crueldad de Carabajal, que con más de ochenta años mata personalmente a los presos negándoles la confesión); estos hombres, a veces, son equiparados como personajes heréticos o diabólicos. Sin embargo, en esta obra pueden verse otras causas:

  1. La intervención de los conquistadores frente a la intromisión de la Administración (Nuevas Leyes, Virrey, Oidores,…);
  2. El enfrentamiento conquistadores/clérigos protectores de los indígenas. De tal forma, que «todos maldecían a fray Bartolomé de las Casas« y no debe olvidarse que García de Loaisa se consideraba como un discípulo de Las Casas y que La Gasca acabará siendo obispo;
  3. La fuerte personalidad de Gonzalo Pizarro, tanto en el aspecto personal, militar o político. Es presentado más como un dictador, en el sentido original del concepto, que como un tirano despótico[29]. Hay una no disimulada simpatía hacia él, sobre todo a la hora de narrarnos su muerte[30]; sólo se le achaca el que estuviera acompañado por hombres no tan ilustres.

3.1.2. Pedro de Cieza de León

Extremeño, nacido en LLerena (hacia 1520) dentro de una familia muy modesta, va muy joven a América (1535) donde se hace «soldado de entradas» en distintas expediciones (violación de tumbas incas, una de las búsquedas del Dorado,…) y es aquí donde comienza una formación totalmente autodidacta donde se mezclan el quechua con los autores clásicos (Cicerón, Diodoro Sículo…), los libros de caballería con la literatura de cordel. Cieza, llega a participar en las guerras civiles en el bando real, con La Gasca (1547) y es en este momento donde comienza su actividad como cronista. A pesar de recibir «encomiendas»Pedro de Cieza puede ser considerado como un seguidor de Las Casas y sus discípulos (sobre todo fray Domingo de Santo Tomás). Estas ideas llenan todos sus escritos, e incluso, historiadores como Mario A. Valotta, sostienen que la segunda y la tercera parte de su obra responden a un encargo directo de fray Bartolomé. En 1550 regresa a España (Sevilla) donde corrige y comienza a publicar la Chrónica del Perú, falleciendo tempranamente en 1554.

En el proemio de la obra se expone la estructura de la misma, compuesta por cuatro partes autónomas y con identidad por sí mismas:

  • Primera Parte: descripción geográfico y cultural de la América andina;
  • Segunda Parte: la historia incaica anterior a los españoles;
  • Tercera Parte: sobre el proceso de la conquista;
  • Cuarta Parte: análisis de las guerras civiles. Esta parte, objeto de nuestro estudio, está a su vez dividida en cinco libros:
    • libro primero: la guerra de las Salinas;
    • libro segundo: la guerra de Chupas;
    • libro tercero: la guerra de Quito;
    • libro cuarto: la guerra de Huarina;
    • libro quinto: la guerra de Xaquixaguana
  • Además, pensaba añadir dos comentarios finales, que nunca llegó a realizar:
    • uno, sobre el gobierno de La Gasca (1550);
    • otro, sobre los hechos ocurridos en el Perú hasta la entrada del virrey Antonio de Mendoza (1551).

La problemática de esta obra comienza muy pronto. Es censurada y prohibida teniendo que publicarse parte de ella en Amberes, perdiéndose los manuscritos originales (algunos de ellos no han aparecido hasta 1984 y los dos últimos libros de la cuarta parte todavía no han sido localizados), circulando más o menos clandestinamente y siendo imitado y copiado por otros cronistas. Todo ello nos puede dar idea de la importancia de la obra.

Su visión histórica es muy simple, pues se limita a explicar de una forma llena los acontecimientos de una manera pormenorizada, recogiendo el mayor número posible de detalles y nombres de personajes y dejando al lector la interpretación de los mismos. Su rigor, le lleva a incluir documentos directos tan heterogéneos como los borradores y notas de La Gasca, las decisiones y libros concejiles e incluso romances populares, coplas y hasta cantos y dichos de los indígenas. Todo ello escrito en un castellano directo, sin «filacterías» ni «notas», y con capítulos muy breves precedidos por sus correspondientes títulos-resumen.

Todo lo que cuenta lo ha vivido casi directamente, proporcionando una información de primera mano, con un rigor muy estimable; quizás es porque no se trata de una historia oficial ni de encargo por lo que no intenta justificar nada, y así ha sido censurada y boicoteada sistemáticamente.

En cuanto a la parte que a nosotros ahora nos interesa, la de las guerras civiles y enfrentamientos internos, no añade ningún hecho que no haya sido recogido también por Gómara, pero da una visión algo diferente:

  1. La dureza del clima, las dificultades que opusieron los indios y la poca compensación económica, provocan un resentimiento único en los conquistadores del Perú, que llegan a considerarse una raza aparte;
  2. La rapiña de la Corona y de los funcionarios regios, se une a la de los propios conquistadores, y entra en colisión con los mismos;
  3. El gran perdedor de todos estos enfrentamientos no va a ser ninguno de los bandos (salvo los jefes más señalados, el resto no será represaliado), sino el sector indígena que pierde la poca protección que gozaba con las Nuevas Leyes y es el que realiza el gran gesto humano en la serie de guerras civiles;
  4. No hay ningún maniqueísmo buenos/malos, como el que de hecho encontramos en López de Gomara, sino que todos son expuestos con sus debilidades, sus crueldades (algunas recuerdan excesivamente a las descritas por el padre Las Casas) y también sus heroísmos. Sólo La Gasca parece destacar por encima de los demás personajes por el uso moderado del rigor y el perdón, lo que de hecho indica la debilidad en esta zona de la monarquía hispánica que para hacer frente a este foco subversivo tiene que utilizar amnistías, pagar traiciones, fomentar disputas antiguas, etc., porque no puede triunfar frontalmente.

Concluyendo:

La conquista española de América, llevada a cabo en gran parte por extremeños, creó la posibilidad del primer imperio en la historia humana de verdaderas dimensiones mundiales, como lo percibió Hernán Cortés con la rapidez característica en él cuando escribió a Carlos V desde México que estaba al alcance de su poder convertirse en el » monarca del mundo «: «se puede intitular de nuevo emperador, y con título y no menos mérito que el de Alemania, que por la gracia de Dios vuestra sacra majestad posee «[31].

Sin embargo, la política en relación con las Indias forzó los desarrollos institucionales. La Conquista de América resultó ser un proceso sumamente complejo en el que los soldados no siempre eran los que dominaban. Si al menos, al principio, fue una conquista militar, también poseyó desde sus primeras etapas, otras características. Estaba acompañada por un movimiento que apuntaba hacia la conquista espiritual; a esto siguió una masiva emigración desde España que culminó con la conquista demográfica de las Indias; posteriormente, la conquista efectiva de la tierra y la mano de obra se puso en marcha, pero los beneficios de esto fueron, sólo en parte, para los colonos, porque les pisaban los talones los burócratas, decididos a conquistar o re-conquistar el Nuevo Mundo para la Corona. La difusión de la autoridad se basaba en una distribución de obligaciones que reflejaban las distintas manifestaciones del poder real en Indias: administrativa, judicial, financiera y religiosa. Con frecuencia, las líneas de separación no estaban nítidamente trazadas[32]. No obstante, estas aparentes fuentes de debilidad eran la mejor garantía del predominio de las decisiones tomadas en Madrid, puesto que cada agente de autoridad delegada tendía a imponer un freno a los demás mientras, que al mismo tiempo a los súbditos del rey en las Indias, oponiendo una autoridad con la otra, se les dejaba suficiente espacio de maniobra en los intersticios del poder.

Del mismo modo, las disensiones internas, las «guerras civiles», las revueltas y sublevaciones, en fin, las «rebeliones de los dominadores« en el proceso de la conquista, instauran el principio de una nueva Sociedad, en la que como decíamos más arriba, el conquistador perderá todo su papel anterior. Elemento fundamental en este disgregación es el botín. La lucha por los botines de conquista inevitablemente condujo a disparidades en su repartimiento[33]; lo mismo que condujo lainterna desigualdad de los soldados[34]. Es lógico: «Todos los españoles -escribió el franciscano Fray Gerónimo de Mendieta– hasta el mas vil y desventurado, quieren ser señores y vivir por sí, y no servir a nadie sino ser servidos»[35].

NOTAS:

[1] Vid. MANPEL GONZÁLEZ, E. y ESCANDELL TUR, N.: Lope de Aguirre. Crónicas 1559-156l. Ed. Universidad de Barcelona, Barcelona, l986, págs. XIV-XV.

[2] Vid. SENDER,R.J.: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.

[3] Vid. SAURA,C.: El Dorado.

[4] Vid. BENNASAR, B.: La América española y la América portuguesa (ss. XVI – XVII), Ed. Sarpe, Madrid, l985, Págs. 224-231.

[5] Vid. MORALES, F.: Historia del descubrimiento y Conquista de América. Editora Nacional, Madrid, l98l, Pág. 365.

[6] La sublevación de Lope de Aguirre se incardina dentro de las sublevaciones peruanas y puede ser considerado como un epígono de las mismas y una consecuencia de la cantidad y pecualiar carácter de los soldados y aventureros del Perú. Precisamente, el virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza (marqués de Cañete), concibe un proyecto que permite la ocupación de toda esta gente peligrosa y rebelde, acumulada aquí por la conquista y las guerras civiles. El encargado de la dirección de todo esto es Pedro de Ursúa el navarro, hombre peligroso por su ambición y triunfador sobre los negros cimarrones panameños; su llamamiento atrae a un grupo heterogéneo en donde hay mulatos, negros esclavos y manumitidos, mestizos, proscritos, clérigos irregulares, ladrones y asesinos, descontentos por las Nuevas Leyes, nobles segundones en busca de empleo y algunas mujeres (Inés de Atienza, amante de Ursúa y Elvira, la hija de Aguirre entre otras). El viaje comienza en 1560 y casi al mismo tiempo, se inician las insurrecciones contra la dirección de Ursúa considerado como un extranjero «poco militar «, y que son siempre fomentadas por Lope de Aguirre. No vamos a extendernos más con esta sublevación típica y tópica, por no desviarnos de nuestro tema y nuestros conquistadores extremeños.

[7] Por sus peculiaridades, ya que se trata de un viaje de descubrimiento y no exclusivamente americano, no hemos integrado las sublevaciones y enfrentamientos en el periplo de Magallanes, en el que destaca la gran sublevación de marzo de 1520, en la costa patagónica (puerto de San Julián) por parte de Luis de Mendoza,Gaspar de Quesada, Juan de CartagenaAntonio de Coca, el clérigo Pedro Sánchez Reina y paradójicamente el mismo Elcano (PIGAFETTA, A.: Primer viaje alrededor del mundo, Ed. Orbis, Barcelona, 1986.

[8] Nos quedaría analizar la sublevación de Lope de Aguirre como ejemplo representativo del reflejo del enfrentamiento frontal contra la Corona.

[9] Entre estas sublevaciones «menores», hay que señalar la de aquellos conquistadores «pasados» a los indígenas, con un mecanismo más o menos similar al de los renegados cristianos en el norte de África; esto sucede con Francisco Martín en Venezuela, Gonzalo Guerrero en la península del Yucatán y Barrientos en el Perú. (MORALES, F.: Op. cit. pág. 363, l98l.).

[10] CORVISIER, A.: Historia Moderna, Ed. Labor, Barcelona, 1982. Págs. 278-280.

[11] Al desprecio hacia los «chapetones» (recién llegados) por parte de los «indianos»(adaptados), hay que unir el odio hacia los recién incorporados navarros, que siguen siendo acusados de «franceses», (ataque verbal de Lope de Aguirre hacia Pedro de Ursúa).

[12] MORALES PADRÓN, F.: Op. cit., pág. 341.

[13] GIBSON, C.: España en América, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1977, Págs. 50-87.

[14] Resulta curioso constatar el posterior «remordimiento» de muchos de los conquistadores por el trato que infringieron a los indígenas y que se recoge sobre todo en sus testamentos en forma de limosnas, libertades, reconocimiento de hijos, etc.

[15] Nos podemos preguntar, si realmente hay algo más «Barroco« que América y su contexto. Creemos que falta por hacer un estudio sobre la influencia de la conquista y conocimiento de las culturas indígenas de América, sobre el Barroco español.

[16] Se cree nació en 1495/96 en Medina del Campo. Soldado y cronista, hijo de Francisco Díaz del Castillo el Galán, regidor de Medina, pasó a América conPedrarías Dávila en 1514; insatisfecho ante la escasa fortuna que se conseguía y las disensiones entre el gobernador y Balboa, solicitó licencia de aquel con otros soldados para ir a Cuba, recién conquistada por Velázquez de Cuéllar, careciendo de encomienda, se asoció con otros soldados para una nueva empresa, y así participó en el viaje de Hernández de Córdoba, en que se descubrió el Yucatán(1517); al año siguiente se alistó igualmente, en la expedición de Grijalva, descubridor de México, y por tercera vez volvió a las nuevas tierras con Cortés, fue el único que tomó parte en las tres expediciones. En Nueva España asistió a toda la campaña y presenció de modo activo todos los hechos y operaciones de la campaña, figurando entre los amigos de Cortés en los momentos dudosos, como en el del hundimiento de las naves. Con ingenuo orgullo enumeraba haberse hallado en 114 batallas, de ellas 80 durante el sitio de México. Participó también en la expedición de Luís Marín contra los zapotecas y en la conquista de Chiapas (1523); acompañó a Cortés en la calamitosa expedición a Honduras. Más tarde, vecino de Coatzacoalcos fue diputado con Marín por los pobladores para solicitar un repartimiento perpetuo, que no otorgó el factor Salazar. Solicitó al presidente de la segunda Audiencia, Sebastián Ramírez de Fuenleal, que los indios no fueran considerados esclavos. En 1540 estuvo en España y obtuvo la concesión de una encomienda en Guatemala por habérsele quitado las que tenía en Tabasco y Chiapas, y al volver a Indias se estableció en Guatemala; regresó a España en l550 para solicitar nuevas recompensas y fue llamado a la discusión entre Las Casas y Sepúlveda. En sus últimos años fue vecino y regidor de Guatemala, donde se afincó y dejó descendencia, pues tuvo doce hijos entre legítimos e ilegítimos. Ya anciano, experimentó la necesidad de consignar por escrito sus recuerdos de la conquista, para vindicar los hechos de sus camaradas y suyos que se negaban o rebajaban y para replicar a López de Gómara, cuyo relato ensalzaba, como observaremos, en excelso a Cortés, con olvido de la eficaz y primordial colaboración de sus huestes. Así escribió su Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Obra capital en la historiografía americana y española, constituye una fuente insustituible para la historia de la conquista de México por el copiosísimo caudal de noticias que contiene, debido a la memoria excepcional del autor; todo ello es un relato sin pretensiones literarias, lleno de digresiones y a veces farragoso, pero vivo, pintoresco, plástico, animado, expuesto con ingenuidad, como en una prolija conversación. Es sincero, no oculta nada y no se abstiene de censurar a personas o hechos que cree lo merezcan. Evidentemente no faltan errores, descuidos u omisiones, pero siempre de poca monta. Entra su obra en la categoría de memorias militares, frecuentes en la historiografía española con tono literario además. Menospreciada desde Solís, cuyo refinamiento literario era incapaz de comprender la rudeza de Bernal Díaz, y todavía vista con cierto desdén por Prescott, ha ido subiendo desde fines del siglo XIX en estima por su indiscutible valor histórico, aunque se necesite contrastar su información con la de los demás cronistas. Bernal Díaz del Castillo, murió en Guatemala en 1584.

[17] DIAZ del CASTILLO, B.: Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, Ed. Historia l6 (TT. A y B), Madrid, l984, Pág. 120.

[18] A pesar de este sentimiento racista, Díaz del Castillo diferencia claramente entre Cortés con su conocimiento de los indios y su ascendiente sobre los mismos, y los advenedizos «chapetones» que nunca logran captar su confianza e incluso son objeto de burla.

[19] Los enfrentamientos entre facciones españolas queda en suspenso ante la rebelión de Cuathemoc, volviendo a proseguir, una vez sofocada ésta.

[20] Poco se sabe de la vida de López de Gómara. Fue sacerdote y acompañó a Carlos V en la expedición de Argel (1541), y fue capellán de Hernán Cortés. Hombre culto y aficionado a la Historia, escribió además de la citada arriba, varias obras de gran interés. Dicha obra, refiere la historia del Nuevo Mundo hasta la fecha de su aparición en su primera parte y está dedicada a Carlos V, y la segunda se refiere a los hechos de Cortés y la conquista de Nueva España , dedicada aMartín Cortés hijo del conquistador. Tuvo la obra gran éxito, con cinco ediciones en dos años, hasta que en 1553 fue prohibida por orden de Felipe II, aún príncipe, alegando que no convenía que se leyese; se ignoran las causas de la prohibición, debidas probablemente a querer evitar que se divulgaran en el extranjero noticias sobre América, atribuyéndose también a los grandes elogios otorgados a Cortés, a presión de Las Casas, y a evitar excesos de fantasías y de ensalzamiento de los conquistadores, ante las crisis ocurridas poco antes. En forma breve y con buen estilo trató en le primera parte de todos los países americanos, con noticias etnográficas y la historia de su descubrimiento y conquista, demostrando estar en general bien informado y poseer buen criterio a pesar de no haber cruzado el océano, trató con más detalle de la conquista del Perú; justifica la conquista, sin ocultar los desmanes, y la considera gloriosa para España, y el descubrimiento como el principal hecho de la Historia después de la misión de Cristo. Sus juicios son bastantes imparciales y libres. La Historia de la Conquista de México, o la segunda parte, ha gozado de menos estima, por su tono, como observaremos arriba, de continuado panegírico de Cortés, que provocó la indignación de Las Casas y de Bernal Díaz del Castillo, como hemos visto. Otras obras suyas (perdidas) fueron Barbarroja y HorméReyes de Argel y Anales de Carlos V (publicado en 1912), a los que se refiere en Hispania Victrix…, que refuerza indudablemente su carácter de historiador.

[21] Hay un sincero antagonismo en las obras de Bernal Díaz del Castillo y López de Gómara por refutarse las acusaciones sobre emponzoñamientos o heroísmos, malversaciones o benevolencias, parcialidades o ecuanimidad.

[22] En torno a las peculiaridades de la orden de S. Jerónimo y su actuación en la política española y enfrentamiento con los franciscanos y otras órdenes vid. BATAILLON, M.: Erasmo y España, F.C.E., México, 1950.

[23] Resulta sintomático comprobar, cómo la mayor parte de estas acusaciones son económicas y no políticas o sociales y que el «crimine lesae majestatis» que se le imputa es el relativo a haberse quedado con la parte del quinto del rey.

[24] Cortés se considera a sí mismo como integrante de una Cruzada. Así, a los templos indios los denomina como «mezquitas».

[25] La participación de soldados comuneros en la Conquista de América ha sido apuntada por algunos autores. Algunos testimonios sobre esto, también han sido recogidos por Bernal Díaz del Castillo.

[26] La persistencia de la saga familiar en América, de los conquistadores extremeños, es muy significativa; los conquistadores llevaban posteriormente a sus hermanos, sobrinos y demás, componiendo una sociedad cerrada, clánica, dando la impresión de conocerse todo el mundo, como ponen de manifiesto las descripciones y relaciones en este sentido tanto de Díaz del Castillo como de Pedro de Cieza.

[27] Son incompletas, por ser excesivamente parciales. Se limitan a copiar casi literalmente a Cieza, u otras que no hemos podido localizar. No trataremos aquí, por no ser tema de este pequeño trabajo, las obras de Jiménez QuesadaFrancisco de JerezMiguel de EsteteBernabé CoboJuan de Betanzos y las de los indígenas Inca GarcilasoFelipe GuamanTitu Cusi, o Juan de Santa Cruz.

[28] El enfrentamiento entre el virrey y el mercedario nabían comenzado ya en España (en Málaga). Estas continuaciones de disputas eran relativamente frecuentes.

[29] Recordemos, que «dictador» entre los antiguos romanos, era el magistrado supremo que nombraban los cónsules en momentos de peligro, el cual asumía todo el poder.

[30] Gonzalo Pizarro es apresado en la batalla de Xaquixaguana. Tras breve proceso es decapitado; su cabeza fue puesta en la picota de Lima y su cuerpo enterrado en el monasterio de las Mercedes del Cuzco, donde yacían, curiosamente, los de los Almagros, padre e hijo, que habían sido sus enconados enemigos.

[31] HERNAN CORTÉS: Cartas y documentos, ed. Mario Hernández Sánchez-Barba, México, l963, p. 33.

[32] Diferentes ramas del gobierno se superponían, un único funcionario podía combinar diversos tipos de funciones y había infinitas posibilidades de fricción que sólo podrían resolverse en el largo proceso de apelación al Consejo de Indias en Madrid.

[33] Cuando Cortés, por ejemplo, hizo el primer repartimiento de los indios mexicanos a sus seguidores en 1521, los hombres asociados con su enemigo, el gobernador de Cuba,tendían a ser excluídos. Igualmente, en Perú, hubo muchas amarguras en la distribución del tesoro de Atahualpa, siendo la parte del león para los hombres de Trujillo, los seguidores de Pizarro, mientras que los soldados que habían llegado de Panamá con Diego de Almagro en abril de 1533, se quedaron al margen.

[34] Los hombres a caballo recibían normalmente dos partes, mientras que los de infantería sólo una.

[35] Citado por DURAND, José: La transformación social del Conquistador. México, 1953, vol. II, p. 45.

Oct 011992
 

Manuel Rubio Andrada.

SITUACIÓN Y GENERALIDADES

La cercana sierra de S. Serván se encuentra situada en la parte SW de la ciudad de Mérida. Está formada por una cadena montañosa de cuarcitas primarias que emergieron en suelos generalmente pizarrosos. La población de S. Serván se encuentra cercana al comienzo del flanco W; de ella recibe el nombre.

Por su número y contenido esta sierra es uno de los núcleos con pinturas rupestres de tipo esquemático más importantes de nuestro país. Las que presenta la cara NE fueron presentadas y estudiadas por H. Brehuil en 1933[1], la cara W permaneció en el anonimato hasta 1983 siendo publicado un inventario muy completo de las mismas por Manuel León Gil y Ramón García-Verdugo Rubio[2]. Este estudio insiste en el dibujo individual de cada signo, su denominación y localización, faltando en él, las relaciones necesarias para una mayor comprensión.

En el trabajo que ahora presento aporto una relación de uno de los conjuntos de esa sierra con otros de las culturas maya y azteca. Culturas diferentes y muy distantes que, como cosa natural, tenían de fondo común la importancia del Sol y la Luna en las medidas temporales, la semejanza entre la expresión de esas medidas y su funcionamiento me llamó la atención proponiéndolo ahora como centro de reflexión y coloquio. Esta expresión conduce al descubrimiento de un sistema de numeración que pudo utilizarse durante parte de la Edad del Bronce extremeño. En los casos del maya y azteca era vigesimal[3].

El tema de la representación de un calendario y su relación estructural con «el calendario azteca» o «piedra solar» en uno de los conjuntos de la cueva Bermeja en el Parque Natural de Monfragüe fue presentado por mí en los Coloquios Históricos de Extremadura celebrados en 1983 en Trujillo; posteriormente en 1991 A. González Cordero redescubre estos mismos conjuntos inclinándose por la hipótesis antes apuntada[4] (Lám 1). Ahora relaciono el de la sierra de S. Serván con los calendarios religiosos maya y azteca publicados por la Sociedad Estatal para el Quinto Centenario (5).

DESCRIPCIÓN DE LAS PINTURAS

Se encuentran en el abrigo número 13 denominado por sus descubridores «Las Emes», en la cara W de la citada sierra de San Serván. Son sus coordenadas lat. 38º 50′ 15» y long. 2º 42′ 40», hoja 777 del mapa topográfico 1/50000 (Fig 1 y 2).

En esencia constan de dos circunferencias tangentes, segmentadas externamente, realizadas en color rojo y trazo grueso estando parcialmente perdidas en la parte derecha; el tamaño difiere en ambas, sus diámetros internos están aproximadamente en la proporción 6/10; la mayor presenta internamente tres círculos de tendencia concéntrica y el centro marcado por un punto; la circunferencia menor parece tener 15 ó 16 segmentaciones y la mayor lo probable es que posea 24; solamente tiene la maya en su círculo menor 13 y 20 en el mayor (Fig 3).

Esto probablemente indica que las «semanas» de nuestros antepasados tenían 24 días y las de los mayas 20. Si se multiplica el número de días de la «semana» por las veces que se segmentó la circunferencia pequeña se obtiene la duración de un año ó 23×16=368 días. El nuestro arroja una duración posible total de 24×15=360 días, siendo la de los maya y azteca de solamente 20×13=260 días[5]. El sistema de numeración empleado en cálculos ordinarios, el utilizado por los «extremeños» muy posiblemente fuera de base 24 ó muy cercana a ese número. ¿Se extendería el empleo de este sistema de numeración a otros ámbitos de la vida?, lo probable es que si, de cualquier modo esta hipótesis está por comprobar. El material con que contamos es bien escaso y frágil, estaría formado por algunos conjuntos de puntos y barras que, dentro del esquematismo, pueden indicar tablas elementales de contabilidad.

Podemos preguntarnos por la causa de que los calendarios americanos durasen solamente 260 días, -13 semanas de 20 días -, ello lo motiva el empleo de una contabilidad temporal basada en su sistema de numeración, que era precisamente el vigesimal; cabe señalar la existencia en aquellas naciones precolombinas de otro calendario civil que duraba 365 días, la combinación de ambos calendarios nos daba una duración de 18.980 días, este siglo de 52 años, indicaba la terminación de un ciclo solar y temían que el Sol no volviera a salir más, los cinco últimos días era de funestos presagios y el fin de año se apagaba todo el fuego y se escrutaba el firmamento hasta que un nuevo día confirmada el renacer del Sol. El empleo de ambos calendario estaba justificado para hallar mayores precisiones cósmicas.

FUNCIONAMIENTO

Las circunferencias se ensamblan a manera de ruedas dentadas, lo que mecánicamente se denomina piñones; para que los piñones coincidan es necesario que los segmentos de ambas circunferencias sean idénticos, esta cuestión que en términos reales no sale exacta, se lograba con mayor o menor espacio en los piñones y en los ángulos que ocupan – la diferencia entre segmentos era muy pequeña, ó, 273 cm. en los americanos y ó, 152 cm. en el extremeño -. Para su funcionamiento era necesario que estuvieran construidos en un material que posibilitase la rotación y las coincidencias entre los piñones de las ruedas tuvieran de holgura las pequeñas diferencias entes apuntadas. Lo que ahora traemos a estudio es una representación de esas maquinas de medir el tiempo que, sin duda existieron.

Por lo demás su mecanismo es muy sencillo, cada día pasa un piñón de cada circulo en el extremeño y un piñón con su ángulo correspondiente en los americanos; la terminación de estos ciclos y su repetición dura el tiempo que se denomina un año. El de nuestra edad del Bronce se basaba, muy posiblemente, en la división temporal de 24 espacios lunares – entre lunas nuevas y llenas -. Al estar perdida buena parte de la pintura extremeña hace que no podamos precisar la duración del año «extremeño». Lo que no impide reconocer su existencia mediante este calendario. La división de los segmentos de la circunferencia pequeña puede ser debido al conocimiento en primer lugar de la duración anual y los veinticuatro ciclos lunares y un repartimiento de aquellos entre éstos les daría el número exacto de segmentaciones a practicar en la primera circunferencia. Como una sencilla operación en la que se conoce el resultado y uno de los datos, calculándose con sencillez la cantidad que falta.

EL AUTOR

En primer lugar voy a tratar de profundizar en las características personales del individuo que realizó esta pintura: no poseía excesiva técnica ni entrenamiento en la ejecución del dibujo, el desajuste en el engranaje es manifiesto. Estas cuestiones no concurren en el autor del calendario de cueva Bermeja en Serrejón, Cáceres, donde todo es pulcritud y cálculo en el trazado.

Como individuo perteneciente a una sociedad se puede decir que estos conocimientos, junto a otros de tipo mitológico que sin duda irán surgiendo, debieron estar suficientemente extendidos, al menos entre algunos individuos culturalmente más inquietos y avanzados en las poblaciones a las que pertenecieron. De estos, como pueblo, no conocemos absolutamente nada, ninguna construcción o poblado, ningún resto de cerámica, mueble, arma, etc. Los arqueólogos llevan ya decenios tratando de llenar la secuencia que va desde finales del Calcolítico -entorno al 1800 a.C.- y los comienzos del Hierro -entorno al 700 a. de C.- sin que sus plausibles esfuerzos hayan aportado significativos resultados. En lugar de los habituales poblamientos encontramos únicamente algunos objetos hallados individualmente y con escasas conexiones. Sin duda hay que comenzar a suponer un despoblamiento que, debido a causas desconocidas, ocupó todo ese «milenio». Según mis observaciones la mayoría de estas múltiples realizaciones pictóricas y los grabados fueron realizados hacia el final de ese largo período; alguien los realizó pero sus circunstancias vitales nos son desconocidas por el momento. Formas culturales nada elementales en sus fondos, aunque si en sus formas.

Tales son las ausencias que bien podemos bautizar este milenio como «el milenio misterioso». Misterio que no debe circunscribirse a Extremadura, ya que en Comunidades cercanas el problema es parecido. De cualquier modo yo espero que la ciencia aclare tan atractivo misterio.

Sitúo nuestro calendario hacia esos siglos de comienzos del primer milenio antes de C. cuando el contacto con la cultura oriental es muy notoria.

Puede pensarse que sea una realización importada desde el Próximo Oriente o desde Centro Europa, yo no lo creo así por la razón de que hay numerosas pinturas de esteliformes solares que apuntan el tema de la sincronización y la división en segmentos, tales como en el conjunto VIII de la cueva de Los Murciélagos, Torrejón, Cáceres; en la cueva del Cristo en el Valle del río Batuecas, Salamanca; varias tentativas más en la misma sierra de San Serván no pudiendo rastrearse el fenómeno hacia la provincia de Ciudad Real, Andalucía o Portugal. No ocurre así en el S de la provincia de Salamanca. Este tipo de realizaciones es propio de un espacio bastante bien determinado que ocupa el S de Salamanca y la zona central de Extremadura, hasta la sierra de S. Serván. A pesar de ello creo que resulta algo distante la síntesis que ahora estudiamos, ello hace suponer que se hayan perdido algunas realizaciones intermedias.

Pienso que si fuera un calendario importado aparecería únicamente acabado, sin estadios intermedios de desarrollo. Llegado a este punto puede suponerse que los pueblos americanos habrían estado en comunicación con nuestros antepasados muchos siglos antes del famoso viaje de Colón. Como hipótesis de trabajo puede aceptarse, pero nada más. En ese caso nuestra realización aporta algo más que un grano de arena, ella, junto a otros hechos, que ya alguien anda buscando, demostrarían tan atrevida teoría. Por el momento soy de la opinión de que su coincidencia, por no ser única, piénsese en el tejido, la fundición de los metales, las armas líticas, etc. es producto de la casualidad.

CRONOLOGÍA

La datación de esta realización, como otras semejantes, no se puede por el momento precisar con mucha exactitud; se puede aproximar la fecha de sus realización en un sentido amplio, su factura debió realizarse en torno a los comienzos del primer milenio a. de C., (-1000 a -800). Para llegar a esta datación me fijo en algunas realizaciones que poseen entre otros rasgos significativos, trazos lineales y puntuaciones conjuntados, en un ambiente pictórico generalmente abstracto lineal. Entre ellos se observan algunos conjuntos con esquemas de trineos y carros de bronce que ayudan a datar esos conjuntos en torno al 800 a. de C., indirectamente ayudan a situar estos[6]. Es un proceso de relación de unos conjuntos con otros semejantes y estos con terceros. En el que ahora os presento es fácilmente relacionable, entre otros con el citado panel de la cueva del Cristo. Éste posee numerosos conjuntos lineales y puntuales ordenados que, estilísticamente son representativos por su orden y autonomía. Semejantes a estos se encuentran también en Puerto Palacios, Almadén, Ciudad Real y sobre todo en los Buitres, Peñalsordo, Badajoz acompañando a los citados carros de bronce.

BIBLIOGRAFÍA:

[1] BREUIL, Henri: Les peintures rupestres schématiques de la Peninsule Iberique, vol. II. Legny. 1933

[2] LEÓN GIL, Manuel y GARCÍA-VERDUGO RUBIO, Ramón: Las pinturas rupestres esquemáticas en Mérida, sierra de Arroyo de S. Serván, San Serván, (Badajoz). Departamento Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz, Mérida, 1983.

[3] AROCA, José L.: Los mayas utilizaban numeración vigesimal. Periódico Hoy 7-7-92.

[4] GONZÁLEZ CORDERO, Antonio y QUIJADA GONZÁLEZ, Domingo: Los orígenes del Campo Arañuelo y la Jara Cacereña y su integración en la Prehistoria regional. Navalmoral de la Mata, Excmo. Ayuntamiento 1991, pág. 131 ss.

[5] LUCENA SALMORAL, Manuel: América 1492, Sociedad Estatal para la ejecución de programas del Quinto Centenario 1990. Pág. 164 ss.

[6] ALMAGRO, Martín: Las estelas decoradas del suroeste peninsular. Biblioteca Prehistórica Hispana, vol. III. Madrid 1966.

Lámina III

Lámina 1.- Pintura del P. N. de Monfragüe. Conjunto del Calendario. Cueva Bermeja, Serrejón, (Cáceres).

Figura 1

Figura 1.- Esquema de calendario del abrigo de Las Emes, Arroyo de San Serván (Badajoz).

Figura 2

Figura 2.- Reconstrucción del esquema del calendario del abrigo de Las Emes, Arroyo de San Serván (Badajoz).

Figura 3

Figura 3.- Esquema del calendario maya.

 

Oct 011992
 

Resúmenes 1992

ANGUIANO, Marina (México)
LAS FIESTAS POPULARES EN EXTREMADURA Y MÉXICO (Semejanzas y diferencias)

En esta comunicación se hará énfasis en las semejanzas existentes entre la manera de celebrar las fiestas en Extremadura y en México en el presente siglo. La presencia de la tradición festiva extremeña, como es sabido, se originó a raíz de la conquista, la evangelización y la colonización iniciales de México, debido a que, posteriormente, las influencias culturales provendrían no sólo de Extremadura, sino de las diferentes regiones españolas. Se hablará con mayor detalle de los dos ciclos ceremoniales de la vida de Cristo, ya que son los que tuvieron más arraigo en el país ibero-americano. También se hará referencia al ciclo de la Virgen María, tanimportante en Extremadura. Se señalará cómo cada comunidad, tanto extremeña como mexicana, celebra a su santo patrono. Se mencionará cómo en otras localidades, los patronos no son los santos, sino diversas advocaciones de Cristo y la Virgen. Se indicarán además los santuarios marianos y aquellos dedicados a un Cristo milagroso que tiene importancia comarcal, provincial o regional. De igual forma, se mostrarán las diferencias entre ambas tradiciones culturales, ya que, después de 500 años, en la cultura mexicana se han dado diversos procesos: sincretismo, reinterpretación, refuncionalización, adaptación, simplificación, modificación y folclorización de los elementos festivosadquiridos. En Extremadura, a lo largo de este mismo tiempo, se han dado cambios y actualizaciones a las circunstancias del día.(Transparencias de 35 mm. serán proyectadas)

ARRANZ CASTELl, Félix
CÓMO SE VIAJABA A EXTREMADURA ANTES DE MEDIADOS DEL SIGLO IX HASTA EL REINADO DE ISABEL II

Se habla de la Nacional V y del Puente de Almaraz, que fue hecho por el Cabildo de Plasencia en 1537, y se habla también de que ésta fue la razón de por qué el Rey Católico murió en Madrigalejo, porque tenían que llegar a Talavera. De Talavera pasaban la cuenca del Tajo a la cuenca del Guadiana por el Puente del Arzobispo y luego, como Dios les daba a entender, por trochas, veredas y cañadas, hasta el camino romano que pasa por Córdoba y Zalamea, Sur de Don Benito y de Medellín, y de aquí pasa por una calzada romana a Mérida y de Mérida a Badajoz, porque la única frontera practicable era la de Caya.

El puente que hoy contemplamos y que lo hizo Felipe IV, costó 60.000 pesetas (lo que valía un Seat 600).

PATOLOGÍA DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA

En esta Comunicación se habla de por qué los españoles pudimos conquistar el Sur de los Estados Unidos, Méjico, América Central y América del Sur, y es porque estábamos, de nacimiento, vacunados contra el paludismo y contra la fiebre amarilla.

Los indios llamaban a los españoles «teúles» (dioses o semidioses).

Se habla de la patología médica que sufrieron los expedicionarios y también de la quirúrgica, puesto que hubo muchos mancos, cojos y ciegos, hasta el punto de que Cortés escribió al Emperador pidiéndole una pensión para estos soldados que habían luchado bajo la insignia española.

ARROYO MATEOS, Juan Francisco
MONJE ALCANTARINO QUE FUE OBISPO DE ZAMORA, BADAJOZ Y CORIA

Vivimos una época, en la que cuando a muchos les da gran satisfacción la labor de investigar sobre el pasado de nuestra región extremeña, encuentran a veces verdaderos y grandes tesoros casi completamente relegados al olvido, que luego, en justicia, conviene darlos a conocer. Es lo que acaba de ocurrir respecto al otrora monje benedictino de Alcántara Fray Juan Roco Campofrío (1565-1635), ya que consta en libros antiguos que no sólo tuvo relaciones con altas personalidades e incluso reyes, viéndose por ello obligado, en ocasiones, a residir en Portugal y los Países Bajos, sino que luego llegó a reformar la muy prestigiosa Universidad de Salamanca, y ocupar altísimos cargos también civiles, hasta que por últimose le nombró para Obispo, cuyos desvelos pastorales los ejerció sucesivamente en Zamora, Badajoz y Coria, muriendo al fin en su ciudad natal de Alcántara, en donde bien merece un buen monumento en bronce como ya lo tiene en Brozas otro esclarecido extremeño, coetáneo suyo, que es Francisco Sánchez, el Brócense.

AYALA VICENTE, Fernando
RESUMEN DE LA COMUNICACIÓN: LA DINÁMICA POLÍTICA-SOCIAL EN PLASENCIA DURANTE TRES AÑOS DE GUERRA (1936-1939)

Plasencia, una de las ciudades más importantes de Extremadura, no fue ajena a los tristes avatares de un conflicto fraticida, hoy favorablemente superado y asumido por una amplia capa de la población.

Estudiar este fenómeno, con mayor o menor acierto, es la tarea encomendada para unos historiadores que pretendan presumir de

CARRASCO MONTERO, Gregorio
UN EXTREMEÑO SIEMPRE VÁLIDO

Se sale de las coordenadas de su tiempo y ambiente para seguir caminos que no terminan en metas humanas.

En su búsqueda personal de silencio y soledad le sorprenden grandes y menos grandes insatisfechos. Cansados de lo prosaico lo quieren oteador de horizontes nuevos y guía de caminos distintos para metas de altura.

Se trata de un extremeño con biografías pero del que nadie ha tratado -que recordemos- en los Coloquios o sólo muy tangencialmente.

EN EL QUINTO CENTENARIO: OVANDO O LA EVANGELIZACIÓN COLATERAL

A) Antecedentes familiares en Cáceres y Brozas. Los palacios de ciudad y villa ¿pueden influir en la austeridad de este personaje? Sus características humanas y morales le tienen en el punto de mira para los encargos de familia y los puestos responsables de la Orden Militar de Alcántara.

B) Misión delicada en la Española confiada a nuestro personaje por los RR. Católicos. Aparejados con ella lleva encargos colaterales para la otra misión, la evangelizadora y, por tanto, humanizadora y cultural.

CILLÁN CILLÁN, Francisco
EL DOCTOR JERÓNIMO PUERTO

Cuando nos encontramos con un documento del s. XVII, podemos hallar dificultad en su lectura, por el tipo de letra en que está es crito, pero una vez descifrado, se presenta ante nosotros un mundo totalmente desconocido y nos sorprende el número de datos que nos puede aportar, tanto en el aspecto lingüístico como humano, máxime si se trata de la obra de personajes cuya influencia perduraron durante siglos, aunque sea en círculos reducidos o en aldeas olvidadas. Es el caso del mecenazgo del arcipreste Juan Pizarro, o las aportaciones históricas de los visitadores parroquiales, o del presbítero Jerónimo Puerto, ante cuyo testamento y obra quedé plenamente sorprendido.

CONEJERO SÁNCHEZ, Pedro Luis
DEL NOMBRE DE VALDEOBISPO

Valdeobispo es un pequeño lugar de la Alta Extremadura situado en la margen izquierda del Alagón. Su exacta situación geográfica viene señalada por los 40a 05 m. de latitud Norte y los 2° 34 m. de Longitud Oeste. Su altura sobre el nivel del mar es de 351 m. Tiene una población cercana al millar de habitantes y un término municipal aproximado de 42 km2.

Sobre el origen de su nombre existen una leyenda y las citas de tres autores que se han ocupado del tema hasta el presente.

La tradición oral tiene sólo un valor de existencia, según ella el nombre de Valdeobispo tendría su origen en una mera anécdota ocurrida en algún momento ignorado de la Historia, posterior en todo caso a la reconquista cristiana de estas tierras allá por el siglo XII.

DOMÍNGUEZ MORENO, José María
MITOLOGÍA EXTREMEÑA. LA DIOSA DE LA MUERTE

¿Estuvo en Extremadura el Finisterre? ¿Se ubicó en estas tierras Compostela? ¿Encontramos por estos lares la entrada a los infiernos, al paraíso cinegético de ultratumba?

La respuesta afirmativa a éstas y a otras muchas preguntas nos viene dada a través del estudio etnohistórico que presentamos. Partimos de una Leyenda «explicativa» de una actuación popular en torno a una de nuestras vírgenes: caída de su corona y formación de un cráter que tapan los devotos con guijarros. Buscamos paralelismos en tiempos remotos y en primitivos comportamientos actuales. Descubrimos su vertiente funeraria, que potenciamos mediante grabados aparecidos en la zona de nuestro estudio, lápidas funerarias, heráldica, aportaciones etnográficas… Así rastreamos la pervivencia en el tiempo: pueblos antiguos, árabes, reconquistadores cristianos… Con éstos arriba Santiago,el Sant lago de las crónicas medievales, que en Alcántara se topa a la Virgen y desde aquí también arenga contra los moros. Y como aglutinadora de todo se manifiesta Nuestra Señora de los Hitos, la heredera de la dea mater, de la Gran Madre de la Naturaleza, que sigue conjugando sobre sí la vida y la muerte, o lo que es igual, toda una amalgama de cultos a la fertilidad.

ENCINAS CERRILLO, Francisco
FRAY VICENTE VALVERDE, OBISPO DE CUZCO

Fue el superior de cinco religiosos que marcharon al descubrimiento del Perú, entre ellos Fray Juan de Sosa, vicario; Fray Vicente de Trujillo y Fray Juan de Vargas. Embarcaron en el puerto de Sanlúcar de Barrameda el 19 de enero de 1530, y entre ellos los hermanos de Francisco Pizarro, Hernando, Juan Gonzalo y Francisco Martín de Alcántara, otros parientes y muchos amigos.

Designado Obispo de Cuzco, se encontraba próximo a la isla de Puní, cuando le mataron los indios, a los que tanto defendiera, después del 15 de noviembre de 1541, fecha en la que aún se encontraba el Túmbez.

Esta triste noticia ensombrecía la hazaña de su amigo y paisanoel dominico Fray Gaspar de Carvajal por la gesta del descubrimiento del Amazonas. Murió tan insigne, siendo considerado el primer Obispo mártir.

FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Teodoro
EL OBISPO «ARQUITECTO»: DON GUTIERRE DE VARGAS Y CARVAJAL, OBISPO DE PLASENCIA (Apuntes biográficos)

Plasencia, capricho de reyes, piropo sonoro y flor exquisita del jardín ameno que baña el Jerte. Delicia de Dios y placer de los hombres. Su destino, por definición, es agradar y servir.

Ciudad amurallada, festoneada de almenas, poblada de palacios, conventos e iglesias. Museo de arte, historia, riqueza y virtudes.

Emporio de cultura y señorío cultivados a la sombre de la clerecía con escuelas de gramática y arte catedralicios, y de teología en San Vicente, aneja a la docta Salamanca.

Ciudad placentera, cargada de leyendas cantadas por J. Valdivieso y otros eximios poetas. Merece que cantemos las hazañas de sus hijos, héroes y santos.

Plasencia, no pierdas tus galas, tu honor ni tu historia.

Tu historia, hecha piedras artísticas, pregonan tu grandeza e hidalguía. Avanza y estimula siempre la audacia de tus mejores.

Tres obispos con recia estirpe y el noble apellido «Carvajal» ocuparon la sede episcopal de Plasencia. Los tres dignos de amplia y amena biografía. No guarda las cenizas de ninguno. Dos fueron investidos de la púrpura cardenalicia y ambos nacidos en Extremadura. Don Juan y don Bernardino.

APROXIMACIÓN AL CATÁLOGO GENERAL DE OBISPOS EXTREMEÑOS

Justificación : Hace años alcanzaron fama extraordinaria la letra y la música de una canción titulada: Los tres amores: Amor de madre, amor de patria y amor de Dios.

Dos están divinizados en el Decálogo evangélico, el lº y el 4.°.

El otro, amor de patria, debe estimarse sagrado, a tenor de aquella conocida frase: Justo y decoroso es morir por la patria.

Varios motivos me empujaron a realizar este trabajo de aproximación al catálogo general de Obispos extremeños.

Conocemos las campañas orquestadas en desprestigio de nuestra querida Extremadura, en sus hombres, sus vidas, su cultura y sus costumbres. (Tierra de belloteros, siempre colista, y «los indios de la nación»).

Me dolió en el alma leer en la prensa extremeña las declaraciones de cierta persona con cargo y dignidad, en las que negaba la existencia de cultura en Extremadura, o cultura extremeña. Podrían reconocerse algunos signos, pero nada más. (No era extremeño).

No tardó en publicarse un recio artículo, bien cortado, en la prensa nacional, rebatiendo con muy sólidas razones históricas, sobre el concepto de cultura y su existencia en Extremadura, con un catálogo de hombres sabios, cultos, eruditos y maestros del saber universal. También en el campo eclesiástico.

FUENTES BAJO, María Dolores
TRUJILLO Y AMÉRICA, AMÉRICA Y TRUJILLO. BREVE BOSQUEJO DE UNA CIUDAD VENEZOLANA

Tradicionalmente, los estudios americanistas han mostrado su preferencia por zonas como México o Perú, con un pasado precolombino que dejó huellas tan magníficas como las culturas azteca e inca y que, más tarde, con la llegada de los europeos se convirtieron en sedes de importantes virreinatos. Pero existe otra América hispánica cuyo análisis puede resultar tanto o más interesante; nos estamos refiriendo a las provincias marginales de ese vasto imperio colonial, a provincias que no logran entrar con paso firme en la historia hasta avanzado el siglo XVIII. Es el caso de Venezuela, cuyas realidades y enigmas históricos nos proponemos estudiar, partiendo de uno de sus enclaves urbanos (de origen hispánico) másantiguos: Trujillo.

GALÁN SERRADILLA, José
COMENTARIOS A LA INTERVENCIÓN DE FERNANDO JOSÉ PACÍ EN EL CONGRESO «V SIGLOS DE HISPANIDAD», DE CÓRDOBA (ARGENTINA)

En este trabajo el autor se asocia a la tesis de Femando José Paci, en su intervención sobre ESPAÑA Y LOS ORÍGENES DE LA ANTROPOLOGÍA, en la que defiende la labor de España en América. Aquí, continuando en la línea de F. J. PACÍ se refutan las modernas corrientes (Leyenda negra y todas las montañas de basura en que se trata de anegar el Descubrimiento, Conquista y Evangelización de América). Obra de España, labor ingente, hecha por hombres, con todos sus defectos, aunque siempre menores que otros países, que han colonizado y nada más.

Esta labor de España queda, como argumento supremo, impresa en los sencillos corazones de los indios sureños, que hoy alaban a Dios en nuestra lengua, sintiéndose hijos de Dios y hermanos nuestros. Pensando en esto se agigantan las dimensiones de la obra española, por más que fuera emprendida y ejecutada por «pobres hombres», que no habían salido de su terruño ni pasado de sus «duelos y quebrantos», y pasaron a ser brazos de España, de la España medieval, que iniciaba sus obras invocando al «Padre, al Hijo y al Espíritu Santo», continuadores de los que en España lucharon para rescatarla del dominio islámico, y siempre al servicio de Dios, Señor de la Historia.

GARRAIN VILLA, Luis José
EMIGRACIÓN DE LLERENENSES A INDIAS EN EL SIGLO XVI

GARCÍA-MURGA ALCÁNTARA, Juan
ICONOGRAFÍAS TRUJILLANAS DEL SIGLO XVI

En formas constructivas y decorativas pertenecientes al gótico final y estilos renacientes más o menos resaltados ha de tenerse en cuenta el sentido simbólico y significativo de las decoraciones, el valor iconográfico, o representativo de un determinado modo de pensar que presentará la fachada, la función iconográfica específica de los huecos, escudos heráldicos, remates y cresterías, etc. La presencia de elementos alegóricos nos habla de una manera de entender la cultura propia de la mentalidad renacentista, con ejemplos como las Cornucopias de la Abundancia o los detalles enaltecedores de personajes históricos significados.

Estas iconografías trujillanas influirán en el significado de arquitecturas representativas de un determinado orden e interés social, con elementos decorativos expresivos de afanes culturales renovadores que recuerdan el pasado clásico y otros que indican el conocimiento de los repertorios iconográficos de la antigüedad a comienzos del siglo XVI en la región extremeña.

GONZÁLEZ CORDERO, Antonio
EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS DURANTE SIETE AÑOS EN LA COMARCA DE TRUJILLO

Las excavaciones que durante siete años hemos venido efectuando entre las comarcas de Trujillo, Plasenzuela y La Cumbre nos han permitido reconstruir una secuencia ocupacional humana que abarca desde el 3.000 al 1.500 a.C./ es decir desde el Neolítico hasta las postrimerías de la Edad del Cobre. Fruto de esos trabajos son el hallazgo de una cantidad ingente de materiales y estructuras como la que aquí presentamos, de las Cabrerizas.

Se trata de una gran cabaña circular, a la que puede considerar se como verdadera precursora del habitat pastoril en Extremadura; habitada allá por el 2.200 a.C. acumulaba en su interior suficientes datos como para reconstruir los modos de vida técnicas, alimentación y costumbres de sus moradores.

Es un documento inédito y a la vez clave para entender la evolución social y cultural del hombre prehistórico en Extremadura.

GUTIÉRREZ MARÍAS, Valeriano
PEDRO CIEZA DE LEÓN, EXTREMEÑO, CONQUISTADOR, ETNÓGRAFO Y GRAN CRONISTA DEL PERÚ

El egregio soldado llerenense, Pedro Cieza de León, tomó parte en la conquista del Perú y en aquellas guerras civiles. Fue protegido por La Gasea, quien le ayudó en su indagación de datos e informaciones.

Cieza de León estuvo en Cartagena de Indias en 1535. Hizo diversas expediciones. Fue al Perú con La Gasca, de quien era cronista oficial. Recorrió el Perú como geógrafo, midió distancias y grados, extensiones; como etnógrafo, distinguió lenguas, recogió tradiciones, y como historiador relató acontecimientos. El año 1550 regresó a España y desde Sevilla marchó a Toledo para presentar a Felipe II parte de su obra «Crónica del Perú».

Estando en Sevilla, Cieza de León se entrevistó con su paisano Luis Zapata de Chaves, que había llegado de Flandes acompañando al príncipe Felipe. Para el historiador José Tudela, Pedro Cieza de León «es considerado como uno de los cronistas más útiles para el conocimiento del Perú prehistórico y más objetivo en la narración de las guerras civiles».

LÓPEZ LÓPEZ, Teodoro Agustín
FUENTE DEL MAESTRE: SU PROYECCIÓN EN AMÉRICA

Una vivencia comprometida en la magna efemérides del V Centenario nos lleva a presentar esta comunicación que quiere aportar algunos aspectos concretos a la Epopeya extremeña.

El trabajo se centra por una parte en la acción colonizadora del Nuevo Mundo hasta su independencia y autonomía; y por otra en la ayuda evangelizadora a las iglesias locales de Bolivia.

Consta de tres partes: PRIMERO, se recoge y completa nuevos nombres de aquellos que embarcaron a las Indias Occidentales. La situación socio-económica originaria, el número y calidad de las listas de embarque, sus lugares de destino nos lleva a comprender su espíritu aventurero.

SEGUNDO, estudiamos las fundaciones de capellanías que instituyeron en la Iglesia Mayor de la Candelaria los indianos fontaneses. El fin de las mismas es doble: el culto divino en las iglesias y el bien espiritual de las almas, aparte de la ayuda económica a los clérigos y otros fines caritativos. Los testamentos fundacionales han podido ser reconocidos recientemente debido al hallazgo personal del libro de fundaciones, que fue perdido, como ocurriera en 1775. De aquí que las fuentes primarias sean los fondos documentales del Archivo Parroquial de Fuente del Maestre, así como los libros sacramentales.

LOZANO RAMOS, José
RAMOS RUBIO, José Antonio

LIBRO DE ORDENANZAS DEL CABILDO DE TRUJILLO, AÑO DE 1573

Presentamos en estos XXI Coloquios Históricos de Extremadura un libro manuscrito que se consideraba perdido, y que hemos tenido la suerte de localizar.

El libro comprende un total de 26 folios, escritos a doble cara, en los cuales se recogen 31 ordenanzas ratificadas según las antiguas por el Abad y Cabildo mayor de los beneficiados de la ciudad de Trujillo, el 15 de abril de 1573 en la parroquia de Santiago de esta ciudad.

Con la misma rectitud con la que el Concejo se encargaba de la buena marcha de la administración pública en Trujillo, también el clero hizo lo propio, gobernando en lo eclesiástico los Cabildos de la Ciudad. Eran dos: el mayor, que lo componían los párrocos y beneficiados, y el menor, que formaban los capellanes. Los muchos abusos que la diversidad de criterio y la falta de obediencia y disciplina habían traído consigo en los años finales de la Edad Media y durante la primera mitad del siglo XVI, obligó a formar una asociación, reglamentada con su sanción penal, en la que todos los miembros tendrían bien definidos sus deberes y derechos; todo fue aprobado y alabado por la superioridad figurando estosestatutos como modelo para entidades de la misma clase en varias poblaciones de la Diócesis. Contiene datos de sumo interés para conocer mejor la rica historia de la ciudad de Trujillo.

LOZANO RAMOS, José
OBRAS DE TEATRO ESTRENADAS EN TRUJILLO EN EL S. XX

Principalmente este trabajo es una recopilación de obras de teatro estrenadas en Trujillo en un período desde 1918 a nuestros días.

No sólo se dicen las obras teatrales, sino las Compañías, lugares, llámese Teatros ambulantes. Festivales en el Castillo y de nuestro querido Teatro Gabriel y Galán.

Esto no hubiera sido posible sin la colaboración de un querido trujillano, José Luis Sánchez Blázquez.

Como datos curiosos les contaré que se trata de un total de 607 obras y la más representada es La Malquerida de Benavente, con ocho: la Zarzuela es otro de los platos fuertes.

De las Compañías Teatrales, se encuentran las mejores de España, empezando con la de Adamuz La Riva que vino en 1918, pasando por María Guerrero, Mari Delgado, Manuel Sabatino, Ricardo Calvo, etc. etc.

También es numerosa la aportación de aficionados locales con 32 obras. Importante es en nuestra ciudad, la Historia del Arte de Talia y lo que deseo es que siga y veamos en el remozado Teatro se sigan celebrando obras.

MARTÍN CUESTAS, José, S. J.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO: MEMORIAS MISIONERAS: «ENTRE EL CÓNDOR Y EL MARAÑÓN

Según el criterio del padre Marzal que prologa el libro, esta obra «es una rica fuente de información sobre una región importante del Perú y sobre los problemas de pastoral y promoción humana». El Padre Marzal, es catedrático de Antropología de la Universidad católica de Lima. Es una autoridad conocida mundialmente.

Por su parte, el catedrático de la Univ. Complutense, don Tomás Calvo, dice al respecto: «Es una gran obra que guarda un importante valor etnográfico antropológico para los profesionales de la Antropología y para los estudiosos de la Amazonia».

El autor del libro fue el primero que entró en contacto con los terribles aguarunas de Chingusal, los reductores de cabezas. Además cruzó varias veces los temibles Pongos del Marañen, Nieva y Santiago. En esta obra aporta sus vivencias, una mutua estima y valoración de dos mundos, dos culturas: la española y la americana.

MARTÍN JIMÉNEZ, Marcela
HISTORIA DE LA IGLESIA HONDURENA TRUJILLO, DEPARTAMENTO DE COLÓN, HONDURAS, C.A.

Al coincidir el V Centenario del Descubrimiento de América, con la celebración de estos XXI Coloquios Históricos de Extremadura, he querido aportar estos (humildes) datos de cómo se formó la Iglesia en Honduras, Centroamérica. Nos cabe el honor de ser Trujillo la ciudad donde se dijo la primera Misa de tierra firme y donde se fundó la primera sede episcopal de toda Honduras.

Al desarrollar la ponencia podremos adentramos en una serie de sucesos/ viviremos por unos momentos la historia a la que asistieron más de un extremeño que en realidad no sabemos qué parte le correspondió protagonizar pero que de cualquier modo lo que se dice y se cuenta es historia hecha por ellos.

Tú tuviste Trujillo el honor
que pusieran en ti, el pie al desembarcar
una nueva tierra, tierra siempre en flor
donde la primera Misa todos pudieron escuchar.

Tú forjastes la evangelización
acogiste la sede episcopal
abarcando gran extensión
con pocos medios pero con tesón, que era lo principal.

Tenían tus antiguos moradores
sus dioses particulares
del río, del monte, la quebrada o de los cazadores.

Decían que los nativos eran ignorantes
porque no sabían lo que sabían los descubridores
pero de sus tierras, ellos eran indiscutidos señores.

MARTÍNEZ BELTRÁN, Mercedes
UN VIAJE A MÉXICO…

Es la impresión de otro mundo a la antigua Tenochtitlan. Es digno de visitar sus museos, contemplar sus templos. Todo ello mezclado en dos culturas tan distintas para surgir una nueva.

Llenarse de aquellas fabulosas historias, que pudieron surgir de la imaginación de un gran Homero para aquellas odiseas/ dando vida a sus sueños y fantasías. Un día todo cambió. No se sabe si para bien o para mal. Mas es cierto que no fueron necesarios siglos de dominación; más bien fue como una entrega de admiración, conocer un nuevo Credo, que cambió sus vidas.

Durante mucho tiempo, tras de interesarme por Hernán Cortés, y conocer su vida, uno de mis mayores deseos fuera visitar México.

Tras años de anhelo, en este año de 1992 hice realidad mis sueños.

Fueron doce horas de vuelo. Es hermosísimo ver todo el gran valle de México (en la noche) cubierto de miles y miles de luces, que semejaban a luciérnagas; tantas como pueden dar luz veinte millones de personas que habitan aquel pueblo, situado a 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Aquellas magníficas lagunas de agua salada de Tescoco; al sur, las de agua dulce de Xochilmilco y Calco, y al noroeste las de Xaltocan y Zumpago. Ya no están aquellas tres magníficas calzadas, de Tepeyac (hoy Guadalupe), la de Tacuba y Cayoacan, como tampoco el gran acueducto de Chalpunitalpec. De todo ello quedan vestigios del pasado. Mas hay cosas inamovibles. Como el Cerro de la Estrella, La mujer blanca. El cerro de la Estrella se eleva en la parte posterior de la ciudad como señal perenne de aquellas ceremonias del fuego sagrado. Desde allí se contempla el valle con toda su grandeza.

MARTÍNEZ DÍAZ, José María
ARTISTAS TRUJILLANOS DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVIII EN SALVATIERRA DE SANTIAGO Y BOTIJA (CÁCERES)

En los últimos años del siglo XVII y, especialmente, durante la primera mitad del siglo XVIII se produce una importante actividad creativa en Salvatierra de Santiago y Botija, dos pequeñas localidades situadas al SO. de Trujillo y pertenecientes al partido judicial de Montánchez. En efecto, los libros de cuentas de las dos parroquias y de las diferentes cofradías en ese período están llenas de referencias sobre nuevas creaciones y el arreglo de las ya existentes. Si bien en la mayoría de los casos los mayordomos no incluyen en los asientos el nombre de los autores y la mayor parte de los trabajos permanecen en el anonimato; si conocemos el nombre de varios artistas y artesanos. Entre los que destaca un nutrido grupo de autores trujillanoso, al menos, residentes en la ciudad de Trujillo. La importancia de este grupo radica en la categoría de las obras que realizan y en la variedad de actividades que llevan a cabo, de tal forma que hemos podido documentar pintores, doradores, escultores, entalladores, un maestro platero y otro vidriero. Curiosamente, no hemos podido localizar ningún albañil ni maestro cantero en este grupo de artistas.

MATEOS CORTÉS, Manuel
ALDEACENTENERA Y ALONSO ALVAREZ DE PINEDA

Esta comunicación es una síntesis de las investigaciones que hemos realizado en tomo a los posibles orígenes aldeanos de Alonso Álvarez de Pineda; capitán y navegante español del siglo XVI, quien a las órdenes del gobernador de Jamaica, Francisco de Garay, recorrió y cartografió el denominado seno mexicano hacia el año 1519, atribuyéndose a su expedición un importante mapa sobre la zona.

Aunque los resultados no han sido concluyentes sobre el objetivo principal del trabajo, presentamos en esta comunicación la metodología e hipótesis de trabajo que hemos planteado sobre las múltiples lagunas y contradicciones existentes en la expedición de Alonso Álvarez, el recorrido que presumiblemente ésta siguió, así como el desenlace de la misma. Y finalmente insertamos el mapa atribuido a la citada expedición en el contexto cartográfico de la época haciendo una valoración sobre el mismo.

…………… tico impacto indiano en esta villa. Pero el beneficio de estos capitales fue desigual entre los vecinos de Castuera, siendo más favorecidos los familiares de los indianos. Esto nos lleva a considerar una oligarquía indiana, que además refuerza el poder de la oligarquía de Castuera, pues aquélla es una facción de ésta. No obstante, también existió un beneficio colectivo de estos capitales: el proporcionado por las obras pías, cuyas rentas de administración las gozaban también los familiares de los indianos. Así pues, hemos estructurado el estudio de la formación y definición de la oligarquía indiana de Castuera en la siguiente forma:

  1. El beneficio familiar y la formación de una oligarquía indiana
    1. Los factores de formación: los envíos de dinero y la administración de las fundaciones.
    2. Los factores de apreciación y consolidación: poder concejil, esclavitud y mayorazgo. El linaje de los Calderón Gallego.
  2. El benéfico colectivo: los objetivos píos.

PULIDO CORDERO, Mercedes
PULIDO CORDERO, Montaña

NOTAS DE BIBLIOGRAFÍA EXTREMEÑA

Tiempos hubo en los que se proyectó la formación de una gran biblioteca extremeña en la que figuraran cuantos autores extremeños habían plasmado sus inquietudes y saberes en letra impresa, o aquellos otros, que sin ser de la región habían escrito sobre ella. A conclusiones llegaron, sin pasar de ahí, las primeras Asambleas de Estudios Extremeños, de la necesidad de formar una Biblioteca y una Hemeroteca Regional. Y muchos años antes, desde 1899, la Revista de Extremadura llevó a cabo una gran labor de información bibliográfica, así como de recopilación de los periódicos recibidos en su redacción, con ánimo de formar buenas colecciones de los mismos y que depositadasen la biblioteca provincial contribuyeran a la formación de la Hemeroteca Regional. No es caso, por tanto, ahora «descubrir» la importancia que para Extremadura puede tener la creación y mantenimiento de la futura y anunciada Gran Biblioteca Regional que aglutinaría las manifestaciones intelectuales escritas que ha generado esta tierra. Deseamos que este último proyecto no lleve igual suerte que los anteriores, al mismo tiempo reconocemos la labor que mediante la compra y el intercambio realizan instituciones públicas y privadas. Las bibliotecas de las Diputaciones Provinciales de Cáceres y Badajoz han aumentado considerablemente sus fondos en estos últimos años, recuperando ediciones antiguas o de difícil adquisición,gracias a la gestión de sus responsables, al igual que la importantísima Biblioteca del Monasterio de Guadalupe, receptora en los años veinte de la que consiguió formar Vicente Barrantes, o la Hemeroteca de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que guarda fondos interesantísimos del Badajoz decimonónico o la gran biblioteca extremeña «Santa Ana», en Almendralejo, creada por el marqués de la Encomienda.

RAMOS RUBIO, José Antonio
APORTACIONES DOCUMENTALES SOBRE LA HISTORIA DEL CONVENTO FRANCISCANO DE NTRA. SRA. DE LA LUZ EN TRUJILLO

Cervantes en El Quijote y fray Luis de Granada en su Guía de Pecadores, recogen toda una serie de proverbios populares referentes a los franciscanos. El libro Manipulus Fratrum Minorum, dedicado al padre Gonzaga, General de la Orden, que tanto circuló por toda España, recogía múltiples alabanzas a los religiosos y religiosas de la Orden franciscana en Extremadura.

En la época de los Reyes Católicos debemos de destacar la gran labor llevada a cabo por los frailes Pedro de Melgar y Juan de Guadalupe, que fundaron numerosos conventos franciscanos por diversos puntos de nuestra región. Precisamente, fueron éstos los primero monjes que se instalaron el convento de Ntra. Sra. de la Luz, en Trujillo, una vez que don Gómez Fernández de Solís y don Alvaro de Hinojosa, caballeros de Trujillo, solicitaran al Papa Alejandro VI en 1498, la edificación de dicho convento. Consiguieron licencia de Roma y en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus (25 de julio de 1499) comenzaron las obras de construcción del nuevo cenobio.

Este convento de Ntra. Sra. de la Luz tiene una gran importancia para la historia de la conventualidad en Trujillo y de la Orden Franciscana en general. Estudiaremos su origen, historia y la supresión del mismo seis años después de su fundación, basándonos en fuentes documentales, entre las que podemos citar: De Origine Seraphicae Religionis, de Francisco Gonzaga (Roma, 1587); Memorial de la Provincia de San Gabriel, de Baptista Moles (Madrid, 1592);

Crónica de la Provincia de San Joseph de los Descalzos de la Orden de Frailes Menores, de fray Juan de Santa María (Madrid, 1615); Crónica de la fundación de la provincia de Castilla de la orden del B.P. San Francisco, de fray Pedro de Salazar (Madrid, 1612); Anuales Fratrum Minorum Capuccinoruum, de Z. Boverio (Lugduni, 1632);

Chronología Historico-Legalis Seraphici Ordinis Fratrum Minorum Sancti Patris Francisci, de M.A. Ñapóles (Ñapóles, 1650); Anuales Minorum seu trium Ordinum a S. Francisco Institutorum, de Waddingo (Roma, 1731-1774, t. XV, año 1498); y, por supuesto, documentos del Archivo Municipal de Trujillo.

RIVERO, Francisco
OVANDO Y LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA

Nicolás de Ovando (Brozas 1451 – Sevilla 1511) llegó a la isla de la Española (hoy República Dominicana y Haití) en 1502 acompaña do de un numeroso grupo de franciscanos, bajo la obediencia de fray Alonso de Espinar, ya que esta orden religiosa eran muy querida por él. Le construyó un convento, cuyas ruinas aún se conservan en el casco colonial de la actual Santo Domingo.

En el memorial de Ulloa y Golfín se dice que Isabel la Católica le encargó el cuidado del culto y reverencia de Dios, de la buena fe y el buen tratamiento de los indios. «Entre otras cláusulas de sus instrucciones fue una muy principal y muy encargada y mandada: que en nuestra santa fe católica fuesen instruidos, y cerca deste cuidado del buen tratamiento y conversión desta gente, fue siempre la reina muy solícita».

Ovando mandó levantar en 1502 el monasterio de San Francisco, primero de América. Sus ruinas se conservan hoy sobre un altozano que domina la ciudad, ofreciendo un aspecto de grandiosidad y fuerza. El monasterio estaba integrado por tres edificios unidos entre sí: El templo, el convento y la capilla de la Tercera Orden, ya que eran los franciscanos los que tenían permiso de los Reyes Católicos para instruir a los indígenas.

ROLLANO HERNÁNDEZ, Mª Rocío
ÁLVARO RUBIO, Joaquín
TRIGUERO MUÑOZ, Ángel

LOS EMIGRANTES EXTREMEÑOS A INDIAS A TRAVÉS DE SUS CARTAS: 1556-1614

En el Archivo General de Indias se encuentran 650 cartas pertenecientes a la correspondencia privada de emigrantes españoles a Indias durante el período moderno. De ellas 99 van dirigidas a personas residentes en la entonces provincia de Extremadura por familiares y amigos, lo que supone un 15/69 por ciento del total de las cartas. Pero el número de cartas no coincide con el de remitentes, ya que algunos escriben varias, por lo que nos encontramos con un total de 478 remitentes de los cuales 78 son extremeños, lo que supone un 16,28 por ciento del total. Curiosamente esta cifra esta muy próxima al porcentaje de extremeños emigrados a Indias, que se sitúa en un 18,7 por ciento.

Este intercambio epistolar se ha convertido en una fuente directa para el conocimiento de la población emigrada, susceptible de tratamiento histórico. La metodología seguida para extraer la información de las cartas ha sido la creación de una ficha con la que hemos establecido una pequeña base de datos que nos permitió montar el trabajo. El período que permite estudiar es principalmente el siglo XVI y la localización no puede ser otra que las Indias y Extremadura.

Así, pues, el presente trabajo es sólo una breve aproximación al tema de la emigración extremeña a Indias a través de las cartas que estos desplazados remitieron a parientes y amigos en el citado período. Por lo que pretendemos ver quién emigra y por qué, cómo se realiza el viaje, cuál será su nueva situación, cuánto hay de mito y cuanto de realidad en la colonización de las Indias, qué relación mantienen con los que se quedan en Castilla y cómo les van a influir; también pretendemos averiguar de dónde son los emigrantes, cuál su procedencia geográfica y social, y dónde se asentarán en América; y por último,intentaremos ver cuáles son las preocupaciones y necesidades de estos emigrantes extremeños.

RUBIO ANDRADA, Manuel
SEMEJANZAS ENTRE LOS CALENDARIOS DE MÉXICO, PRECOLOMBINO Y LOS DEL BRONCE EXTREMEÑO

Presento en este trabajo un estudio funcional y comparativo entre estas importantes realizaciones culturales. Profundizo en las causas del empleo de los diferentes sistemas matemáticos empleados e integro estos sorprendentes hechos entre las variadas coincidencias interculturales desechando otro tipo de suposiciones.

SENDÍN BLÁZQUEZ José
LA VÍA DE LA PLATA – CAMINO DE SANTIAGO. HISTORIA, MITO Y LEYENDA

Para responder al movimiento de renovación, potenciación y desarrollo de la Vía de la Plata como Camino de Santiago del Sur, nace este libro, patrocinado y sufragado por la FUNDACIÓN RAMOS DE CASTRO, Fundación que ha despertado y asumido este empeño antes que nadie y por encima de cualquier otro tipo de opción que no sea este formidable empeño.

Nos hallamos ante un propósito gigantesco pero todas las cosas requieren un nacimiento y éste se alumbró el pasado año en el encuentro Mundial de Zamora, bajo los auspicios de esta misma Fundación, cuyo único tema era precisamente LA VÍA DE LA PLATA -CAMINO DE SANTIAGO.

El libro que presentamos no pretende ser un libro exhaustivo ni exclusivamente científico sino una obra dinámica, viva, también científica, dirigida a todos aquellos que quieren sumarse a este formidable empeño.

A lo largo de varios siglos la Vía de la Plata con las variantes y concesiones que impone el tiempo se ha convertido en un camino de cultura, arte, desarrollo, historia, religión… pero además es un camino de mitos, leyendas y misterios con los que el pueblo llano suple cuantas lagunas faltan a su lógica sencilla e inocente.

Este camino es un camino de culturas y religiones distintas aunque su utilización muchas veces bélica pero otras también pacífica, incluso más que otras rutas.

En el libro no sólo se reflejan todas las mansiones o ciudades romanas comprendidas entre Mérida y Astorga sino todas aquellas rectificaciones y ampliaciones que ha impuesto la historia al nacer ciudades como Plasencia o Béjar.

Este Camino, como todos los caminos de peregrinación y romería presentaban opciones y derivaciones hacia lugares célebres como Tentudía, El Palancar, Serradilla, Peña de Francia, Alba de Tormes, Tábara, etc.

Pensamos que nos encontramos en el momento óptimo para comenzar o, si se quiere/ vitalizar esta oportunidad que empeña a ciudades Patrimonio de la Humanidad, a viejos emporios de culturas romana, árabe, judía, románica, gótica, renacentista, barroca y moderna. Pocos trayectos pueden ofrecer lo que aquí se ofrece.

Ofrecer esto. Llamar la atención sobre tanto haber y tantos siglos es lo que pretende el libro que ahora presentamos.

SORIA SÁNCHEZ, Valentín
INSCRIPCIONES PARA UNA HISTORIA DE EXTREMADURA ESCRITA EN PIEDRA

Badajoz: inscripción árabe en anverso y reverso con fórmula coránica de un diñar de Abderraman III.
Berrocalejo: DN/MAXI/MIA-NO/NOB/CAES/XXXII.
Brozas: CILIVS/CAENONI/SAQVLVS-GAKLLXXII/V.S.L.M.
Jarandilla: Inscripción monetal: IMP. ALE-XAND. Otra moneda: IMP. GORDIANO.
Losar: DMS/STTL. Méri-da. Moneda de oro: DNRECCAREWDVSREX/OIVSEMERITA VÍCTOR.
Peraleda de la Mata: DIVCIA/T.I.F.HI/SI.E.S.T./TL.
Ribera del Fresno: CLV/CARMONE/LAMANCLOBA/AVIGI (ECIJA) CEL-TILXLVII (SAN NICOLÁS) REGIANNAXVIII (CASTILLO DE REINA) EMÉRITA.
Segura de León: C.IVLIV C.E.CARVSGENER/ AVGVSTICESARIS/ FVNDATORSEGURAECOLONHIAEMERI-TE.
Talaverilla: Luna/V ALERIO/CRESCENS.
Trujillo: ANXL/ HSESTTL/FVSCILLA/FRATRIFC.
Talaverilla: ELENA/ALAESII/ HSESTTL/MODE/A. Moneda de Honorio facilitada por Duran.
Talavera de la Reina. 1.FLACCVS/SAMB/ATIFA/LVHS/E. 2.CAPITI/ NIARR/LIOAN/NXXV. 3.SIS/LIBDS/FC. 4. DACCILIA/TANGI/ ALILIAE/MEMODESE/ANNORVM/XXVMATER/POSVIT. 5. CI-VLIVSCFGL/SENATVIPOPV(LOQVE) /AVCVSTOBR/ (BRICEN -SI)/HOSPESD(ONVM)/DAT.
Valdelacasa: ANTESTEN.
Restos romanos cerca de Navalmoral en la nueva carretera.
Dibujos en color en cueva de Serrejón.
Otros dibujos en cueva en Villuercas en febrero de 1992.
Varias aras en estudio en Talaverilla.
Salamanca. BOV-TIA/BOVTIF/ANNXL/HSSTLE/
León: FLAVOS(VO)CONIV/GI-PIEN(TISSIMO)F(ACIENDVM)C(VRAVIT) /S(IT)T(IBI)T(ERRA) -L(EVIS).
Santiago de Bencaliz. CAESRA/NERV/TRAIA/IBPOT/ PP/MP/XXVII.
San Vicente de Alcántara: SAGAE/MAVRVS/CAV-DI/VLAS.

IMPRESORES/ AUTORES, EDITORES Y LIBREROS DE EXTREMADURA DESDE EL SIGLO XV

Jarandilla: Gabriel Azedo de la Berrueza. Jaraíz: Gonzalo Correas. Talarrubias: R. Fray Francisco de Ledesma y Mansilla, Fray Juan Luengo, Lorenzo Mansilla, José Mohedano, Fray Bartolomé Guevara, Fray Juan González Guevara, Doctor Pedro Calderón, Padre Isidoro Alfonso Cabanillas, Diego Collado de Mia jadas (autor de un diccionario y de una gramática en latín y en japonés en 1632), Fray Antonio de Trujillo, Olivenza Fray Jerónimo de Belén, Antonio de Zamora (impresor de incunables, natural de Aldeacentenera), Diego López Bueno, de Valencia de Alcántara (traductor de Virgilio). Francisco R. Fernández Serrano, Zaragoza, 1969, Obispos auxiliares en tiempos de los arzobispo de la casa real de Aragón,Obispos hispánicos de la Orden de San Jerónimo, Obispos auxiliares de Plasencia. Editorial Atenea de Jaraíz con la Revista La Vera, Villanueva de la Vera, José García Mora. Los neos sin careta y varios libros en 1871. Méjico, Teodoro Soria Hernández, 22.a edición, Psicología, Editorial Porrúa, 1991. Francisco García, Medellín…

Luis Vázquez Fernández, O. de M.
DOS DOCUMENTOS INÉDITOS DE HERNANDO PIZARRO (MADRID, 1543) INCLUIDO OTRO DE GONZALO PIZARRO (QUITO, 1541)

Este trabajo se divide en tres partes:

  1. Presentación de los documentos. Trato sucintamente sobre «algunos aspectos lingüísticos y semánticos de estas Cartas de poder». Además de la anarquía ortográfica y los arcaísmos, destaco algunos términos típicamente jurídicos.
  2. Luego me fijo en el contenido histórico de cada una de las cartas de poder de Hernando Pizarro, además de la adjunta de Gonzalo Pizarro. Subrayo ciertas aportaciones después de constatar las coincidencias con lo que ya sabemos por la historia de sus vidas en las fechas señaladas.
    Saco una conclusión acerca de la novedad que supone ver a Hernando Pizarro firmando estos documentos en Madrid, cuando le suponemos encerrado en el castillo de la Mota (1543).
  3. Finalmente, transcribo los Documentos, puntuando y acentuando, pero guardando las características ortográficas y los vocablos de la época.

VIVAS MORENO, Agustín
ARIAS GONZÁLEZ, Luis

EXTREMADURA Y AMÉRICA: LOS MANUALES DE CONFESIÓN PARA INDÍGENAS DEL SIGLO XVI. HACIA UN NUEVO MODELO DE FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA

Si la evangelización confiere una originalidad única a la tarea descubridora y civilizadora, y si Extremadura ofrece una floración de misioneros paralela a la de conquistadores, más profunda y no menos trascedente, es necesario para entender la formación de la Conciencia cristiana de los indígenas, el estudio de los«manuales de confesión» del siglo XVI, en la que tanto tuvieron que ver dichos misioneros extremeños.

Hemos optado por el análisis de dos obras fundamentales protagonizadas por extremeños, cada una de ellas paradigma y resumen de las dos principales corrientes misioneras (clero regular /clero secular) y de las dos principales áreas de América (México/Perú). Precisamente esta significación y valor paradigmático fueron apreciados por los jesuítas que la seleccionaron para su completísima biblioteca del Colegio Real de Salamanca, de donde pasaron a la Biblioteca de la Universidad tras su expulsión en 1767, y en donde hoy se encuentran los ejemplares que hemos manejado. Nos referimos al «Confessionario Mayor…» del extremeño Fray Alonso de Molina, y la obra encargada por el Tercer Conciliode Lima: «Confessionario para los curas de indias…» en la que si no directamente, sí probablemente intervinieron en su ideología los extremeños Jerónimo de Loaysa, Antonio de San Miguel o Diego de Medellín.

Observaremos cómo, con una metodología de clara raíz jurídica, se intenta evitar el denominado «pecado indígena», con la consecuente trasculturización, contribuyendo a la dislocación de la estructura social, de la vida económica y política indígena, fortaleciéndose, al mismo tiempo, el poder colonial español. La Conciencia queda así como un instrumento de aculturación, pero también de control de una sociedad en donde el pecado, el confesor y la confesión aparecen como fundamentales elementos estabilizadores.

Queda claro, creemos, la presencia y proyección extremeña en la religiosidad indígena a través de estos «Manuales de Confesión».

REVUELTAS Y ENFRENTAMIENTOS DE LOS DOMINADORES EXTREMEÑOS EN AMÉRICA: ANÁLISIS Y COMENTARIO DE SUS FUENTES HISTÓRICAS

Un tema, como el de las «guerras civiles» y enfrentamientos internos de los conquistadores extremeños se escapa, un tanto, a los intentos clasificatorios de hoy en día. La única pretensión de este escrito es la de analizar, comparar e intentar una cierta sistematización en tomo a las fuentes existentes, contemporáneas al hecho, que conforma el núcleo escogido.

Las «rebeliones de los dominadores», disensiones internas, revueltas, etc. se reproducen durante todo el período de la conquista y finalizarán en el siglo XVII con la instauración de una nueva Sociedad en la que el conquistador (extremeño) perderá todo su papel anterior.

Sorprende el gran número de estos sucesos solapándose unos a otros e implicando directa o indirectamente a casi todos los participantes en el proceso de la conquista en alguno de los «bandos». Las rivalidades regionales (extremeño/vizcaínos, por ejemplo) socio-políticas, etc. del conquistador de la denominada«generación de 1504» de origen militar y pequeño-nobiliar a lo sumo, unida a la propia realidad americana, dará lugar a grupo enfrentado, sublevaciones, guerras y sensaciones de irrealidad y libertad que se traducen en rebeliones independentistas, llenas de matices utópicos.

Hemos escogido los dos ejemplos más representativos para la historia de la conquista, llevados a cabo por extremeños, y que pueden ilustrar, además, los distintos modelos de enfrentamiento:

  1. La Conquista de México: enfrentamiento de Cortés con los «funcionarios» de las islas. Las fuentes utilizadas serán las de Bernal Díaz del Castillo, Francisco López de Gomara y las Cartas del propio Hernán Cortés;
  2. La Conquista del Perú: enfrentamiento entre los mismos conquistadores; acabará con la rivalidades de Lope de Rivalid, reflejo del enfrentamiento frontal con la Corona. Las fuentes utilizadas serán las de Francisco López de Gomara y Cieza de León.

Por consiguiente, rivalidades y sus conquistadores contribuirán no sólo a que América y Europa no sigan siendo lo que habían sido con anterioridad a 1492, sino también a la rivalidades de un proceso rivalidad complejo, en el que los soldados no siempre eran los que dominaban, ya sea por rivalidades internas o por los “burócratas” decididos a reconquistar el Nuevo Mundo para la Corona.

Manuel Vivas Moreno
AMÉRICA INVENTADA

Como ya dijimos en alguna ocasión en este mismo foro, América más que un descubrimiento o un mero problema de conquista, es un invento, un invento de Occidente y Extremadura es, según nuestro juicio, protagonista fundamental en la mencionada invención.

Oct 011992
 

José Antonio Ramos Rubio.

En 1850, nace en el arrabal de Huertas de Animas, a dos kilómetros de Trujillo, el pintor don José Bermudo Mateos.

Se conocen todavía muy pocas noticias biográficas de este artista. Fue alumno de la Escuela Superior de Pintura de Madrid. Se presentó frecuentemente a las Exposiciones Nacionales desde 1876.

Entre sus obras hemos de destacar Una Bacante, presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en el año 1876. En 1881, presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, su obra Antes del Baile. En la Exposición Nacional de 1884, en Madrid, la obra Los Mártires o «Eudoro y Cimodea» y Los presentes para la boda, costumbre de la provincia de Cáceres.

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, del año 1887, presentó su obra Alfonso XII visitando a los coléricos de Aranjuez. En estas últimas exposiciones citadas, las comprendidas entre los años 1884-1887, recibió el artista Menciones Honoríficas. Fue profesor con título de la Escuela Central de Artes y Oficios.

Obtuvo Tercera Medalla en 1892, con las obras Los hijos de Antonio Pérez ante Rodrigo Vázquez y Alegoría del 2º Centenario de Calderón, propiedad del Museo de Cáceres, sito en el Palacio de las Veletas. En esta Exposición Nacional de 1892 se presentaron varias obras suyas, entre las que podemos citar: Un cigarro que no arteEchadora de cartas, En Guiñol: los palos del PierrotLección de Baile y Un Angel más. En la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid del año 1895 obtuvo Tercera Medalla con la obra Encomienda de Isabel la Católica. Fue condecorado en 1899 y 1901.

Pintor esencialmente romántico y costumbrista, con un lenguaje figurativo y dentro del realismo decimonónico, consiguió ciertas calidades por su capacidad de dibujante y suficiente práctica académica. Obras suyas, que se conservan, son por ejemplo el gran lienzo Buenos amigos, propiedad de la Excma. Diputación de Cáceres, presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920; obra de corte naturalista pero no alejada de cierta afectación y referencias tópicas. O la obra ¡Vaya un par!, propiedad de la Excma. Diputación de Cáceres, variante de la presentada en la Exposición Iberoamericana de Sevilla del año 1929 que le valió ser condecorado con la Cruz de Caballero de Isabel la Católica. Es una pintura un poco edulcorada pero con interés, se trata de un paisaje rural amable y descriptivo, con varios personajes, donde la naturaleza, los animales y las figuras, se organizan equilibradamente para conseguir una serenidad que es exaltada bucólicamente por el luminoso y un poco artificial colorido.

En el Museo Provincial de Cáceres hay una acuarela que representa Una Maja, de 1881, de corte romántico con la mantilla de blonda y situada en un ambiente al aire libre.

CATALOGO DE EXPOSICIONES DE BELLAS ARTES. BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID.

DIAZ Y PEREZ, N.: Diccionario de extremeños ilustres. T. I. p. 99.

EXPOSICION J. BERMUDO. CATALOGO. En el Salón Witcomb, Buenos Aires, septiembre de 1903.

NARBON, J.J. y otros: Catálogo Costumbristas Extremeños. Cáceres, 1983.

PIZARRO GOMEZ, F.J.: «El costumbrismo extremeño de los siglos XIX y XX en el panorama pictórico español de su tiempo». Alcántara, núm. 9. Cáceres, 1986.

PIZARRO GOMEZ, F.J. y TERRON REYNOLDS, M.T.: Catálogo de pintura de la Diputación Provincial de Cáceres. Cáceres, 1989.

Oct 011992
 

Mercedes Pulido Cordero y Montaña Pulido Cordero.

Resulta bastante llamativo, el escaso eco que en los repertorios bibliográficos han tenido los libros de carácter pedagógico. Los catálogos de “librerías de viejo” sólo excepcionalmente ofrecen alguna publicación de este tipo, por lo que es difícil localizar tratados teóricos de pedagogía o textos escolares, especialmente los que estuvieron vigentes durante el siglo pasado. Es claro que agotado su momento de servicio, perdida su actualidad metodológica, su interés académico, fueron desechados y olvidados para, en el mejor de los casos, ocupar silencioso y oscuro espacio en desvanes y doblados; no volvieron a inspirar interés y mucho menos curiosidad, no digamos al profesional de la enseñanza o al estudioso de la historia de la Pedagogía o a quien pretende localizar las claves que determinan los comportamientos de una sociedad, sino que también han sufrido la indiferencia de bibliógrafos y de bibliófilos. Y sin embargo, y no es nuestra intención justificar su importancia, esta bibliografía  es una parcela a tener muy en cuenta, tanto por el pedagogo como por el interesado en la ciencia histórica al ofrecer adecuada información sobre las exigencias y necesidades de la sociedad de un tiempo sin olvidar que ilustra sobre una actividad intelectual.

Hemos seleccionado para estos Coloquios una pequeña muestra de la actividad desarrollada por algunos buenos maestros y pedagogos extremeños en el campo de las publicaciones didácticas y de la teoría pedagógica. Estos trabajos tienen unas notas comunes: se trata de textos escolares editados en Cáceres durante el siglo XIX, son de corta extensión, están escritos con un estilo sencillo que pretende sobre todo la claridad en la exposición y sus autores ejercieron su profesión en Cáceres.

Algunos datos de carácter biográfico acompañan a estos autores que citamos a continuación por orden alfabético:

Antonio Beltrán, maestro de la escuela gratuita de Cáceres, fue pensionado para estudiar en la Central de Madrid. Ejerció desde 1856 como profesor de Gramática y Aritmética en la Normal de Maestros de la que llegó a ser director. Y como profesor de Lectura y Escritura en el Instituto hasta su fallecimiento en 1858. En algún momento debió desempeñar el puesto de inspector de escuelas.

Es autor del método didáctico titulado: Juego Ortológico o Nuevo Método de Lectura redactado por Don , segundo maestro de la Escuela Normal Provincial. Este método se publicó en Cáceres en 1846. Los maestros de la época hacen verdad aquello de «cada maestrillo con su librillo» y no sólo desarrollan en su escuela el resultado de su experiencia sino que divulgan y publican su método. En este caso, el aprendizaje de la lectura comprende el de la adecuada articulación de los sonidos y de las palabras. Posteriormente publicó Complemento al Manual de Lectura.

Luís Codina Sánchez era, en 1846, profesor de Instrucción Primaria en Navalmoral de la Mata y es en este mismo año cuando publica Reflexiones sobre la reforma de la profesión de Instrucción Primaria (Imp. de Concha y Cª, Cáceres). Veinte años después lo encontramos de director de la Escuela Normal de Maestros; por entonces publica en El Eco de Extremadura, periódico de Cáceres, una serie de artículos bajo el título “Necesidades y medios de mejorar la educación de los pueblos”. También es autor de Cartas a Floro (Imp. de Nicolás Mª Jiménez, Cáceres, 1864). En 1885, ya próximo a su jubilación, era Regente de la Escuela de Práctica Aneja a la Normal de Cáceres.

Es autor del texto escolar, Lecciones de Urbanidad e Higiene para uso de las Escuelas primarias de ambos sexos. Cáceres. Imp. de Nicolás Mª Jiménez, 1885, que se implantó en las escuelas cacereñas y que debió tener bastante éxito pues esta edición de 1885 era la tercera.

La necesidad de que los alumnos adquirieran «porte y modales decorosos» incitó a Luís Codina a escribir este tratado de urbanidad, muy breve de contenido pues  es presentado en pequeño formato, de treinta páginas más índice y en el que siguiendo la forma habitual de preguntas y respuestas, se dan las elementales normas de convivencia haciendo especial hincapié en las que deben conocer y respetar las niñas.

Joaquín Cuadrado Retamosa nació en 1839, posiblemente en Trujillo, pues aquí vivía ya jubilado, en la calle García de Paredes nº 25, por los años 1910 y 1911, año en que falleció. Es, además, el autor de la letra del himno a la Virgen de la Victoria de Trujillo. Fue profesor de Instrucción Primaria, y maestro de una de las  Escuelas Públicas de Cáceres en 1887.

Escribió una Cartilla Agraria en verso para uso de las escuelas de primera enseñanza. Imp. de Nicolás M. Jiménez,  Cáceres, 1887, 64 págs más cubierta. Cuadrado Retamosa, asesorado por Juan Campón y Valiente, catedrático de Agricultura en la Escuela Normal Superior de Maestros de Cáceres, publica estas lecciones en verso con la finalidad de que los alumnos las aprendieran «al recitado», método memorístico muy en boga entonces. No dejan de ser curiosas las costumbres  que describe e igualmente los términos agrícolas empleados en este tratado.

Juan Daza Malato era natural de Valencia de Alcántara y se estableció en Cáceres en 1852 para ejercer su título de licenciado en Derecho. Aquí se manifiesta  como hombre inquieto y activo a juzgar por las actividades a que se dedicó y que quedaron interrumpidas por su fallecimiento pocos años después. Fue representante en la provincia de “La Protectora”, sociedad de seguros contra la muerte e inutilidad completa de los ganados de carga y tiro, dirigió y redactó El Regenerador Extremeño, periódico que se editaba en Cáceres  en los años 1852 1856, fue poeta, novelista, autor de teatro (estrenó la comedia en verso  “Seis años después o favores por agravios», estrenada el 30 4 1853) y primer bibliotecario de la Biblioteca Provincial de Cáceres.

Entre otros trabajos de temática diversa, escribió una Cartilla Geográfico Estadística de Extremadura. Cáceres. Imprenta de la Viuda de Burgos e Hijos, 1854. Se trata de un folleto, de 16 páginas que contiene lecciones de Geografía y de Estadística sobre Extremadura y que posiblemente, según Vicente Barrantes, fue declarado texto para las escuelas por el Consejo de Instrucción Pública. Aparece dividido en 8 lecciones en las que se formulan preguntas muy concretas y se responde a las mismas con excesiva brevedad.

Vicente Barrantes reproduce esta obra en el tomo II de su obra Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura. Madrid, 1870. Y Víctor Chamorro también la incluye en el tomo III de su Historia de Extremadura.

José Gerber de Robles se nominaba doctor en ciencias médicas, fue catedrático de Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres hasta su fallecimiento en 1849. Perteneció a la Sociedad Económica de Amigos del País de Cáceres y a otras corporaciones científicas y literarias.

Es el autor de Elementos de Historia Natural, que imprimió Lucas de Burgos en Cáceres en 1843.

Alejo Leal y Jiménez. En 1855 era segundo maestro interino en una escuela de Cáceres. Antes de 1881 ejercía en Cáceres como maestro de primeras letras. Mantuvo una escuela particular en la Plaza de los Golfines de Cáceres y ejerció, en 1891 y en 1904, el cargo de secretario de la Junta de Instrucción Pública de la Provincia. Sus alumnos aprendieron Geografía en un texto de título larguísimo, que él escribió en verso para facilitar la retención de lo leído. Es el siguiente:Geografía Descriptiva en verso. Comprende un vocabulario geográfico, la Geografía general de Europa, la general y particular de España y la general de Asia, África, América y Oceanía. Cáceres. Imprenta de Nicolás M. Jiménez, 1881.

Oct 011992
 

Juan Luís de la Montaña Conchita.


Becario Fundación Valhondo en el departamento de Historia. Área de Historia medieval. Facultad de Filosofía y Letras. Cáceres

Los siglos XII y XIII marcan el comienzo de la definitiva reconquista y repoblación cristiana de Extremadura finalizando en torno a 1247. Desde ese mismo instante y hasta mediados del siglo XIV se llevará a cabo el proceso de consolidación y de toma de identidad de la región, salvando para ello una de sus grandes deficiencias: la fuerte despoblación que padecía.

En este marco de despoblación es en el que trataremos de estudiar de forma aproximada la existencia del monte como unidad de primer orden en la organización del espacio y actividad económica de la Alta Extremadura. A través de este estudio podremos observar que la existencia de determinadas zonas de monte-yermos denotan, por un lado, la ausencia poblacional a la que venimos aludiendo, y por otro la pervivencia de estas zonas como un elemento de primer orden dentro de la economía de frontera que se va a desarrollar durante todo el siglo XII y primer tercio del XIII. También trataremos a grandes rasgos la proyección socioeconómica que se va a desarrollar en siglos posteriores.

Poblamiento y formación del paisaje en la Alta Extremadura.

El poblamiento que se conoce en Extremadura desde 1230 hasta mediados del siglo XIV registra una importante evolución cuantitativa y cualitativamente. La repoblación y organización del espacio durante los siglos XII y XIII se va a mostrar intensa, y se va a apoyar en la iniciativa de los pobladores cristianos que ocuparán amplios espacios territoriales enmarcados fundamentalmente entre las sierras del norte: Sierra de Béjar, las Hurdes, Gata; y la cuenca del río Tajo. La nueva población asentada en castillos y aldeas, muchos de ellos dependientes de concejos de realengo o de dominios de órdenes militares, roturaban ingentes extensiones de tierras que hasta entonces no habían sido tocadas. La permanencia de tan amplios espacios yermos posee como causa fundamental: la circunscripción de la población musulmana a un hábitat exclusivamente urbano y su escasa participación en las labores de roturación de la tierra.

La labor desarrollada por los monarcas leoneses Fernando II y Alfonso IX fue decisiva, especialmente la llevada a cabo por el segundo monarca. El rey leonés consolidó la línea de frontera en el Tajo con la conquista de Alcántara en 1213, paralelamente generó un proceso de repoblación -impulsado por la intervención de las órdenes militares- en el que se fundaron nuevas poblaciones realengas, como las villas de Galisteo y Salvaleón, y se otorgaron fueros a núcleos tan importantes como Coria. Por su parte Alfonso VIII de Castilla fundaba en la orilla del Jerte una de las ciudades más importantes de la Transierra: Plasencia, a la que asignó términos en 1189. El avance reconquistador cristiano fue decisivo cuando en 1229 se recuperaba Cáceres y en 1232 Trujillo, liberándose la Alta Extremadura de la presencia musulmana. Semejante éxito militar iba a crear el clima necesario para una continuada llegada de pobladores.

A lo largo de los siglos XIII y XIV los distintos centros de poblamiento más importantes comienzan a ver cómo en sus dilatados términos fruto del proceso de ocupación y organización del espacio aparecen de forma constante numerosos asentamientos de marcado carácter rural. Sin ir más lejos podemos citar el caso de Plasencia en cuyo término se mencionarán diecisiete aldeas en 1254[1]; o Alcántara que poseerá una amplia jurisdicción que se extendía desde la Sierra de Gata hasta la Sierra de San Pedro e incluía villas como las de Moraleja, Salvaleón, Milana; castillos como los de Santibáñez el Alto, Peñafiel y numerosas aldeas repartidas por sus términos. Ya en los inicios del siglo XIV la Alta Extremadura, incluida en las pretensiones reales y sobre todo señoriales de conseguir tierras, presenta una cierta complejidad jurisdiccional al convivir los concejos de realengo con señoríos laicos nacidos en sus propios términos.

En definitiva, el poblamiento se acrecienta y desde las villas y ciudades se polariza el asentamiento de pobladores llegados procedentes de numerosos lugares del reino castellano. El concejo de Cáceres ve surgir en sus términos las aldeas del Casar, Sierra de Fuentes, Arroyo del Puerco (Arroyo de la Luz), lo mismo ocurre con el de Trujillo que en la primera mitad del siglo XIV vio surgir algunas aldeas como La Sarça, Madrigalejo, Logrosán, Pasarón, etc. y Alcántara con aldeas como Alberguería, Zarza, Villasbuenas, Gata, Torre de don Miguel, etc.

En la dinámica repobladora de la Edad Media el nacimiento de los centros de poblamiento conlleva la adjudicación inmediata de cierta cantidad de tierra que constituirá el término o alfoz. En palabras de otros autores, se concreta un espacio articulado bastante extenso enmarcado en una solución a los problemas suscitados por el poblamiento de frontera. De esta forma se reconocían las posibilidades de expansión y crecimiento que poseían todas las células poblacionales[2].

El conjunto de tierras o términos posee una estructuración interna que queda reflejada en la documentación medieval. Aparecen de modo claro las referencias a montes y pastos de aprovechamiento comunal, términos y pertenencias en general referidas a tierras de diversa índole, heredades campesinas campos de cereal, huertos, viñas. Igualmente quedan integrados en los términos otros elementos necesarios para el desarrollo de la vida campesina, como las pescaderas, aceñas, corrientes de agua y la importante red viaria. La reiteración de fórmulas en los documentos expresa mejor lo que señalamos: «…dono et concedo integre cum omnibus terminis suis, hereditatibus, solaribus, aquis, pascuis et cum ingressibus et exitibus…»[3].

La articulación de este espacio en torno a los centros de hábitat viene definida en la reglamentación foral. La organización del espacio podemos dividirla en dos partes una más cercana donde se asienta el espacio agrario por excelencia, donde predominan los cultivos y gran parte de la ganadería estante; la otra parte más alejada y que rodea a la primera, engloba los espacios yermos de aprovechamiento comunal o «estremos» en los que el monte es una pieza importante[4].

El paisaje más humanizado aparece perfectamente delimitado. Los huertos, viñas y prados deben estar cercados con un muro de piedra y no deben cerrar ningún camino. Más alejados se encuentran los campos de cereal que, de mayores dimensiones, no están cercados. Alrededor de los campos abiertos se ubican los pastos y prados dedicados al pastoreo en los que nacerán las futuras dehesas concejiles.

En cuanto a los «estremos» o baldíos, también dedicados al pastoreo, poseen en el monte un apoyo de índole económico importante. Las posibilidades de aprovechamiento son grandes y por supuesto no se limitan a las ganaderas, pues se extienden a las de la tala de madera, la apicultura, la caza y la recolección de frutos en general. La tradición del monte va a hacer que se confeccionen ordenanzas y leyes referidas a su uso y protección.

El monte: importancia y terminología.

Hemos visto, aunque de forma muy general pues el tema es muy extenso, cómo el proceso repoblador va surtiendo efecto en una región que presenta unos índices de despoblación bastante elevados con respecto a otras zonas anejas de la Transierra. Surgen nuevos lugares junto a los preexistentes y de forma rigurosa van siendo dotados de términos o alfoces que permitan el desarrollo económico de la población, estos términos en algunos casos son amplios y en otros más reducidos en función de la existencia de otros centros y sobre todo en función de los condicionamientos geográficos, tales como las altitudes, las corrientes de agua y los suelos, principalmente[5]. Dentro de las extensiones territoriales que son concedidas a los núcleos de poblamiento se encuentran determinadas áreas dedicadas a explotaciones distintas entre las que se encuentra el Monte, de cuya explotación hablaremos más tarde.

La importancia del monte se remonta a épocas anteriores a la repoblación de Extremadura y se halla estrechamente vinculada a la explotación ganadera desarrollada por los propietarios de ganados del reino de León. Las zonas de monte englobadas en toda la documentación medieval, gozan de una pervivencia y de una importancia inusitada en los momentos iniciales de la repoblación apareciendo de forma continuada en los deslindes de lugares, donaciones, compraventas de tierras y lugares poblados. Ello se debe principalmente a determinadas causas en las que las condiciones de frontera que atravesó la Extremadura histórica durante más de dos siglos fueron decisivas. Por un lado hay que señalar la falta de efectivos demográficos suficientes para diezmar con eficacia las extensiones boscosas. Pero la causa que creemos más importante es el peligro que encerraba la cercanía de establecimientos musulmanes obligando de alguna forma a desarrollar una economía muy limitada y basada fundamentalmente en bienes semovientes como la ganadería, que en caso de ataque era fácil de replegar y evitar mayores pérdidas[6]. Por tanto, la protección de las zonas de monte encuentra su origen en la etapa de frontera. No obstante, este proceso se venía realizando prácticamente desde el inicio del despegue de la economía castellano leonesa, cuando de forma más o menos organizada se favorecía el movimiento de ganados por parte de señores y concejos a los denominados estremos[7].

Ya metidos en la repoblación extremeña, como en cualquier repoblación de frontera, las concesiones por parte de los monarcas de áreas de yermo -muchas de ellas monte- a centros de poblamiento son importantes desde el punto de vista cuantitativo. El saltus, como en el resto del occidente medieval, forma parte de la estructura agraria en extensiones muy variables y queda incluido dentro de otras unidades mayores denominadas por la documentación «estremos» y «baldíos» que conforman el conjunto de tierras incultas localizadas en la periferia del término[8].

Pero el estudio del monte presenta una dificultad referida a la terminología empleada, por lo que debemos preguntarnos acerca de la significación de esta palabra, las zonas que define, y las especies que designa En las fórmulas documentales para definir espacios boscosos la palabra monte se utiliza de una forma muy genérica siempre acompañada de otras que definen espacios yermos: «…pratris, pascuis, montibus, fontibus…», «…cum montibus, terris et aquis…», «…silvis ac montibus…», «…con montes, con fuentes, con rios, e con pastos…». Apoyándonos sólo en este tipo de información podemos observar la enorme ambigüedad de las fuentes a la hora de delimitar el término monte, pues se aplica la misma palabra para designar a la montaña y al bosque e incluso a espacios incultos en general sin ningún tipo de diferenciación[9]. Con todo ello no parecen existir más datos que podamos utilizar para establecer una distinción de espacios por lo cual, como señalan ya algunos autores, nos inclinamos a pensar que la utilización de esta palabra no indica sólo una diferenciación topográfica sino a un tipo de vegetación más concreta[10].

En la misma línea y siguiendo un poco el trabajo de Mª del Carmen Carlé sobre el bosque en la Edad Media, observamos que dentro de esta terminología tan general se pueden encontrar otras definiciones existentes en la toponimia del momento que designan un tipo de monte muy concreto. Así, aparecen numerosas referencias a tipos de bosques como mata «Mata del Llano» en Moraleja, «La Mata Tornera» en Trujillo; o sotos «Sotofermoso» en Granadilla, etc. Otras definiciones de monte vienen dadas por las especies que las componen, aquí encontramos numerosas referencias de este tipo, en Plasencia tenemos: «Cabeza del Endrinal», «Carrascal de la Dehesa», «Castañar de la Cepeda», «Dehesa del Piornal», «Robrediello», «Xara del Torno». En Trujillo podemos encontrar: «La Madroñera», «Xariella de Juste». En Guadalupe encontramos otros como: «Cabesça del Castanno», «Cerro del Castañar», «Robredo Fermoso», y otros más. Finalmente otras definiciones identifican el monte en determinados lugares poblados o en proceso de poblamiento, así se pueden destacar: «Navafermosa» , «Ojalba» y «Valverde» en Plasencia; «Alcollarín» y «Sierra de Pela» en Trujillo; «Ibor» en Guadalupe.

Geografía del monte en la Alta Extremadura.

Las especiales características geográficas de la alta Extremadura permitieron desde el principio la formación de grandes extensiones boscosas que sin lugar a dudas pervivieron durante gran parte de la Edad Media.

La orografía de Extremadura se articula en tres grandes unidades, dos de las cuales se encuentran en nuestra zona de estudio. Por un lado La Cordillera Central, con dirección W-E, que en su conjunto forma una barrera compacta que ha dificultado la penetración humana, a este sector corresponde la zona de Gata-Hurdes y Sistema Central, destacan la Sierra de Béjar, la Peña de Francia, el Puerto de Perales, y el Puerto de Santa Clara, entre otros . La otra gran unidad son los Montes de Toledo, que ocupan una posición central desarrollándose más fuertemente al E, es de alturas moderadas y constituye la divisoria de aguas entre el Tajo y el Guadiana; dentro de esta unidad se pueden distinguir varios sectores importantes como la Sierra de Montánchez, la sierra de Guadalupe y Sierra de San Pedro.

Además del relieve propiamente dicho el papel de los suelos es decisivo en la formación de áreas boscosas. En las zonas de montaña existe un predominio de los suelos de tierras pardas y tierras pardas húmedas que se extienden por toda Gata Hurdes, Gredos, Valverde del Fresno, Eljas, etc. y su dedicación es prácticamente forestal, destacando especies como el haya, el roble , los pinos. En los topónimos recogidos en la documentación se deja constancia de la existencia de esta especie apareciendo seis menciones, algunas de las cuales se identifican con lugares poblados como «Robrediello Vellido», actual Robledillo en el término de Santibáñez el Alto[11]. El poblamiento en esta zona sería siempre menor y de dedicaciones muy limitadas: especialmente el pastoreo.

Las tierras pardas subhúmedas también son importantes porque marcan la transición a las tierras pardas meridionales dedicadas en su mayoría al cultivo de cereales. Este tipo se da fundamentalmente en San Martín de Trevejo, Hoyos, Cañaveral, La Vera-Baños, Villuercas y en general toda la Sierra de Gata. Aquí predomina un tipo de bosque más mediterráneo, basado en especies arbóreas como la encina, el alcornoque y la asociación de un tipo de matorral compuesto principalmente por especies como la jara, el madroño, el brezo, la retama, la escoba, el tomillo, el cantueso, etc. Las fuentes al respecto son bastante indicativas, pues nos señalan numerosos espacios arbolados de especies como el alcornoque del que aparecen diez menciones, cuatro de encinas, y otras treinta repartidas entre jaras, madroños, castaños y acebuches[12].

Otras especies que van a ser mencionadas son los alisos, propios de zonas húmedas y de riberas, piornos, algunos de los cuales darán nombre a posteriores asentamientos humanos (Piornal), fresnos. Del mismo modo se mencionan numerosas especies de monte bajo como zarza, esparragales, carrascos y helechales[13].

El establecimiento de las zonas de monte en el periodo propuesto no deja de ser una tarea que presupone cierta dificultad. El principal problema que nos encontramos radica en la escasez de noticias que las fuentes nos presentan, aunque siempre podemos aventurar conclusiones a través de la observación detenida de los datos que de manera indirecta se recogen en la documentación.

De forma general la simple observación de documentos, como las donaciones de lugares y sus correspondientes deslindes de términos, nos ayuda a crearnos una idea bastante clara sobre el paisaje coetáneo a la repoblación de los siglos XII y XIII. Los documentos de delimitaciones de términos, en especial, hacen continuas alusiones a espacios incultos, sirva como ejemplo la donación del castillo de Montánchez en 1230 «cum pratris, pascuis, montibus, fontibus, aquis…»; o la de Monfrague a Plasencia el 28 de agosto de 1246: «…castellum de Monfrace, quod ego fratribus Calatravensibus preparavi, cum omnibus terminis suis, silvis ac montibus, fontibus, et nemoribus, aquis, rivis, pascuis, cum canalibus, et pasagiis, cum ingresibus et egresibus et cum omnibus pertinetiis et directuris suis…»[14].

Aunque a primera vista las fórmulas documentales no parezcan decirnos mucho, el monte siempre aparece integrado en las extensiones de tierras que se reparten entre los lugares objeto de población, y es muy probable que ocupara gran parte de la extensión de los alfoces, pues las noticias referentes a espacios roturados son escasas. Sólo a finales del siglo XII, y de forma muy esporádica, encontramos indicios sobre la intervención del hombre en los primeros poblamientos conocidos en Extremadura. Las más evidentes son las contenidas en la donación a la Orden de Santiago de Barrueco Pardo y Palombeiro en 1195: «…quod do et hereditatio iure concedo Deo et ordini milici S. J. et vobis magistro dommo Sancio…Barrocum Pardum et Palumbeirum per suos terminos et divisiones cum suis pertinentiis et directuris…»[15], la expresión «términos y divisiones» nos está señalando la existencia de actividad roturadora en esta zona.

Pero la realidad es otra, frente a la posible humanización del espacio la inmensa mayoría de los topónimos que se recogen en los deslindes y donaciones de lugares aluden a zonas incultas, así aparecen continuas menciones a especies arbóreas, accidentes del terreno e incluso animales. En el deslinde de Santibáñez el Alto en 1227 se mencionan encinares, robledales y alisedas; en el de Trujillo se citan matas, alcornoques y jaras; en 1338 en Guadalupe se citan robledales.

Conocemos al respecto una gran cantidad de topónimos distribuidos de distinta forma por todos los términos que conformarían, sin duda, importantes manchas forestales. Así se recogen numerosas menciones de acehuche (acebuche) en Plasencia y la villa de Alcántara, al igual que los cañales o cañaverales que aparecen prácticamente en todos los alfoces importantes, «Cañal de Constanzo» en Coria, «Cañales» en Plasencia, «Sierra del Cañaveral», en Alcántara-Portezuelo. Una de las especies más mencionadas son los alcornoques, aparecen como «Fondo de alcornoque», «Fontem de Alcornoque» citados ambos en Coria[16]; «Navalcornocos» en Trujillo y «Cabo del cornocal» en Salvaleón. Otras especies abundantes son los helechos, «Vallem Felechosa» en Alcántara, «Majada del Helechar» en Guadalupe; las jaras, como «Xariella de la Gargüera» en Plasencia, «Xariella», «Xariella de Zorita», «Prado de la Xariella» en Trujillo, todos ellos refrentes a un monte bajo vinculado a los espacios anteriores.

La masa boscosa que ocupa una gran parte de la Alta Extremadura en los siglos XII y XIII parece persistir en los primeros compases del siglo siguiente, según se deja ver en el «Libro de la Montería» del Alfonso XI. Escrito hacia 1340 designa y cita importantes zonas de monte aptas para las actividades cinegéticas, resultando ser una fuente de información importante para conocer el grado de roturación y pervivencia de espacios incultos, además permite establecer un determinado paisaje una vez conocidas las condiciones geográficas y las especies que se van a dar. Por supuesto, las extensiones de bosque no quedan relegadas explícitamente a zonas montañosas, como se pudiera pensar en un primer momento, pues junto a los lugares citados en el «Libro de la Montería» existen extensiones arboladas recogidas en la toponimia de distribución muy dispar.

Las zonas mencionadas se localizan en amplios espacios entre la sierra de Gata, valle del Alagón y depresión del Tajo; siguiendo una pauta parecida en el lado castellano, predominan los valles del Jerte y la Vera, extendiéndose hasta la Sierra de las Villuercas, Trujillo para terminar en Guadalupe.

En la zona norte aledaña al Sistema Central se mencionan montes idóneos para la caza del oso y del jabalí en Abadía. Con dirección a Granadilla colindando con el Alagón al norte y la Guinea al sur parece detectarse una prolongación de monte proveniente del área salmantina, se mencionan los montes de «Sotofermoso» y «Alcornocal de la Abadía»[17].

Por el ángulo occidental predominan las zonas boscosas de la sierra de Gata, Cadalso, Eljas y Valverde del Fresno, prolongándose hasta la sierra de Santa Olalla (próxima a Cilleros). Los montes que se mencionan aquí son numerosos, así podemos señalar los de «Aliseda de Santibáñez», «Monte de las Ferrerías», «Monte de Mastores» en Santibáñez el Alto; los de «Los Llanos» y «Las Rozas en Cadalso».[18] Hacia el interior en torno a las villas de Milana y Moraleja y con soporte en la sierra de Cilleros se localizan los montes de «Malladas», «Mata del Llano», «Monte de Tinnallas», «Cabreras de Trebejo» y «Alcornocosa». En el espacio localizado entre Galisteo-Atalaya, Coria, Calzadilla, Guijo de Coria y Guijo de Galisteo, además de Montehermoso se detectan importantes manchas aledañas a la Sierra de Santa Cruz de Paniagua, «Monte de la Renconada», «Cozuela», «Val de Marifranca» y el monte de «Santa María de Alfageme».[19] En torno a Coria se pueden destacar, además de los citados, los montes de «Navas del Morante», «Monte de la Candeleda» y «Monte de la Sarzuela».

Del mismo modo, se detectan amplias zonas yermas entre Cilleros y Zarza la Mayor, que se prolongarían hasta Alcántara y Piedras Albas, donde se localizan los montes de «Menuegas», «Dehesa de Benavente», y «Peñas Rubias». Entre Alcántara y Ceclavín situamos otra zona donde se cita el Monte de la «Mata» y «Ribera de Fresneda» [20]. La sierra de Cañaveral con Portezuelo y su prolongación hasta la sierra de Santa Catalina, marca otra área donde aparecen los montes de «Sierra del Cañaveral» y «Grimaldo».

Por la zona de Plasencia las elevaciones montañosas jalonadas por los valles ofrecen grandes espacios vírgenes que tardarán en ser repoblados, así se deja ver por la gran cantidad de topónimos recogidos. Conocemos grandes manchas boscosas como la «Cabeza del Madroñal», «Castañar de la Cepeda», «Dehesa del Piornal», «Navafermosa», «Navamojada», «Ojalba», «Robrediello», «Valverde», «Xara de las Lagunas» y «Xara del Torno». Hay que destacar también la «Sierra de las Corchuelas», la «Sierra de Miravete» y su prolongación hasta las Villuercas, además del espacio comprendido entre Albalat y Almaraz[21]. Son citados los montes de «Carrascal de la Dehesa», ubicado en el término de Jaraicejo y «Ladera del Miravete».

El último espacio reconocido con existencia de monte es el que se comprende entre Guadalupe y Trujillo, aquí las menciones son numerosas dadas las condiciones geográficas del terreno, se citan los montes «Cabesça del castanno», «Cabesça del Cerezo», «Cabeza Encinosa», «Cerro del Castannar», «Garganta de Serecediella», «Garganta Fonda», «Ibor», «Majadas Viejas», «Naval Forniello», «Robredo Fermoso», «Val de Fuentes», «Val de Paraiso», y «Valfondo» [22].

Es evidente, por tanto, que la pervivencia de áreas incultas y de monte se ven favorecidas por la escasez de población . La desproporción existente entre la cantidad de lugares poblados que durante el siglo XIII y mediados del siglo XIV se conocen y las menciones recogidas de «lugares» y «montes» es significativa. Haciendo un recuento de todos los topónimos recogidos que aluden a zonas de monte encontramos 14 menciones en Plasencia, por 16 de Trujillo y 19 de Guadalupe, otros lugares presentan menos como las 3 de Coria, las 4 de Alcántara y 1 de Cáceres, se conocen otras repartidas por otros términos como las 3 de Santibáñez el Alto, y las 2 de Galisteo y Moraleja. Las menciones a lugares -entendidos estos como simples lugares despoblados que pueden ser montes o no- son numerosas, en Plasencia se recogen 44, en Cáceres 46, Trujillo posee 49, Guadalupe 16, Alcántara 13 y Coria 17; sólo se registra una pequeña parte de topónimos que inspiran presencia humana.

El poblamiento es más reducido, aunque desde el siglo XIII hasta mediados del XIV son numerosos los centros de poblamiento que se conocen. Entre ciudades y villas conocemos 9 establecimientos, 2 de los cuales son las ciudades de Coria y Plasencia, más numerosos son los asentamientos aldeanos pues reconocidos se cuentan alrededor de 63; castillos se conocen 17, algunos de los cuales se encuentran semidespoblados o ya abandonados.

Con estos datos y de forma general, podemos hacernos una idea aproximada de las proporciones existentes entre el poblamiento-monte-yermos basándonos en el número de menciones. Así podemos observar que predominan los lugares yermos sobre el poblamiento y el monte en un 57%, el monte ocuparía un 21% y sólo el 20% restante quedaría para los asentamientos. Esta misma cuantificación por alfoces da unos resultados interesantes. Así, Guadalupe, Trujillo y Plasencia ocupan con un 32%, 27% y 24% respectivamente la cabeza en la posesión de zonas de monte; en último lugar están Alcántara, Coria y Cáceres, con un 8%, 5% y un 1%, respectivamente[23].

Proyección económica del monte en la Alta Extremadura

La entrega de montes por parte de los monarcas a los primeros concejos extremeños formaba parte del amplio programa repoblador en el que estas instituciones asumían la tarea de humanizar el espacio. Para ello el concejo era dotado de una serie de privilegios y prerrogativas entre las que se incluía el control sobre el espacio agrario y su explotación, unido al que va a desarrollar sobre las áreas de aprovechamiento comunal[24]. Los montes pasaban a formar parte de los bienes del común que podían usar todos y cada uno de los vecinos del alfoz[25]. Así se expresa en el «Libro de la Siete Partidas» de Alfonso X al referirse a los espacios comunales:

«…Apartadamente son del comun de cada ciudad o villa las fuentes y las plazas donde hacen feria y los mercados, y los lugares donde se juntan a concejo, y los arenales que están en las riberas de los rios y los otros ejidos y las correderas donde corren los caballos y los montes y las dehesas y todos los otros lugares…»[26].

Desde un principio, este aprovechamiento comunal va a requerir por parte del concejo la confección de una normativa seria para evitar los excesos y abusos en su utilización, esta normativa se va hacer extensiva sobre todo a finales de la Edad Media, cuando los concejos confeccionan las ordenanzas municipales en las que se van a regular de forma precisa todas las actividades relacionadas con la explotación.

Con anterioridad la redacción de la ordenanzas, otras fuentes como el «Libro del Fuero Juzgo» dispone en contra de una serie de acciones que de manera repetida influirán en la disminución del monte. El reglamento contra los incendios así como la tala indiscriminada de montes propios o ajenos ocupa un lugar relevante, ya que el avance colonizador y la puesta en cultivo de nuevas tierras generalizó este tipo de actos, «…Si algun omne enciende monte aieno o arbores de qual manera quier, prendalo el iuez e fagal dar C azotes e faga emienda de lo que se quemo, cuemo asmaren omnes buenos….»[27] La ganadería supuso también una merma en las extensiones forestales ya que pastores y ganaderos buscaban a través del desbroce del monte la consecución de pastos primaverales abundantes y de buena calidad. Pero el principal enemigo del monte es el campesino, pues ávido de tierras que cultivar va a proceder al desmonte de una forma constante y efectiva.

Los primigenios síntomas de pérdida de masa forestal los encontramos en los inicios del siglo XIII, cuando de manera reiterativa aparecen topónimos como «duas encinas» u otros similares que se refieren concretamente a la existencia de masa forestal aislada y relativamente disminuida. Del mismo modo, otros topónimos como «toconal», cuyo significado es el de paraje poblado de tocones o árboles talados, nos hablan directamente del proceso que señalamos[28]. Ya entrados en el siglo siguiente las acciones roturadoras emprendidas por el campesinado desde las villas y las aldeas es mayor, nuevamente la toponimia nos deja rastros palpables del proceso pues aparecen citados numerosos «quemadales » como los de Plasencia, mencionados en 1325 en la entrega de una dehesa a la aldea de Gargüera: «Quema de Francisco Domínguez», «Quema de Juan Martín», «Quema de Pascual Domingo»[29], y aparecen referencias a huertas, pequeñas cercas y otros cultivos como campos de lino, mijo, etc., en los que la mano del hombre es esencial.

Ante la evidencia del proceso de eliminación de monte los concejos tomarán medidas afines para evitar la pérdida total de lo que supone una parte importante de sus términos y complemento esencial de la economía. En efecto, los concejos se preocuparon por la conservación de sus montes, y buena prueba de ello son las regulaciones de los fueros del grupo conquense[30] entre los que se encuentra el fuero placentino. En dicho fuero se regula la tala de determinadas especies como encinas, nogales, aplicando penas que oscilan entre los cinco y veinte maravedíes[31].

La problemática puso en pie de alerta a monarcas como Alfonso X que sin demora comenzó a legislar pues la extensión arbórea de otras partes del reino castellano se veía disminuir en grandes cantidades. Pero, no serán sólo los concejos los que diriman al respecto, incluso las Cortes Castellanas se van a hacer eco de este problema durante toda la Edad Media, especialmente en los siglos XIII y XIV, momento en el que se elaboran numerosas disposiciones, algunas con duras penas, donde se prohibirá prender fuego, talar y arrancar árboles sin consentimiento del órgano municipal[32].

La importancia económica de estos espacios queda igualmente reflejada en los numerosos conflictos que se derivan de la apropiación e invasión, involuntaria o no, de los términos protagonizada por la búsqueda de mayores extensiones de pastos y otros aprovechamientos. Los pleitos y convenios sobre la utilización común del monte por los vecinos de la villa o aldea originaban numerosos problemas, pero sin duda no fueron mayores que los que surgieron entre dos comunidades distintas sobre el mismo monte o montes colindantes[33]. Un claro ejemplo lo encontramos en la discordia surgida entre el concejo de Alburquerque y el de Cáceres en torno al aprovechamiento de unas dehesas en 1306: «…cuando el Conçeio de Caçeres cotaren los montes de ssu termino que iohan domingues guarde el coto que el conçeio de caçeres posiere en fecho del augua et del pescar et de la caça et de las venaciones et de la madera de los montes et de las otras cosas que se contienen en la ordenación de Montarazia que el concejo de caçeres posieren…».[34]

Los problemas en torno a la pertenencia de los montes no siempre se solucionaban con éxito debido a que las delimitaciones de términos, nunca todo lo precisas que se desearan, suponían continuos enfrentamientos entre comunidades concejiles. Por supuesto los enfrentamientos y pleitos se producían en el seno de algunas comunidades en las que villas y aldeas perpetuaban los pleitos muchas veces solventados gracias a la intervención real. Un ejemplo claro lo tenemos en el pleito surgido entre la villa de Valencia de Alcántara y la aldea de Cabeza de Esparragal en 1341, donde el Maestre de la Orden tuvo que dictar sentencia:

«…quexaronsele que los vecinos de Esparragal, aldea suya, se levantaba con su termino y que siendo sus aldeanos no querian estar a sus ordenes y cotaban los pastos prados y egidos sin licencia ni consentimiento suyo y de su procurador. Impedianles tambien el pasto de las viñas y que cortasen madera para sus casas y labores, que cazasen en sus montes…»[35].

De cualquier forma las labores de protección del monte desarrolladas por los concejos responden a otros motivos al margen de los propiamente comunales. Los intereses de las oligarquías concejiles, que poseen el gobierno efectivo de los concejos, van a jugar un papel importante en la apropiación y usurpación indebida de los baldíos y espacios comunales, controlando gran parte de la renta proveniente de su explotación y contribuyendo al acotamiento y adehesamiento de estos espacios en beneficio propio. La causa de estas acciones las encontramos en la búsqueda de pastos que llevaban a cabo para mantener y aumentar sus respectivas cabañas frente a las del resto de los habitantes del concejo.

Esta política de disminución de los espacios baldíos y, por tanto, de los derechos comunales de los pobladores del concejo, encontraba en la despoblación de los alfoces una causa importante. Los escasos residentes de pequeñas aldeas y castillos no podían hacer frente a la ocupación de tierras. Así mismo, la inestabilidad política de determinados reinados favorecieron este tipo de actos[36]

Centrándonos en los aspectos puramente económicos del monte, la explotación más antigua a la que se ha sometido ha sido la ganadera, pues desde un principio el aprovechamiento del monte se vincula directamente a la explotación de pastos que ofrecía. Autores como José Luís Martín Martín señalan la entrada por las sierras de contingentes pastoriles al frente de rebaños de ovejas y cerdos en épocas precedentes a la repoblación; efectivamente, son continuas las referencias que se contienen en los fueros salmantinos respecto a la llegada de rebaños de forma organizada y/o fortuita a la Transierra extremeña buscando alimento[37].

De esta forma podemos deducir que ganadería y monte se ven estrechamente relacionados, especialmente en los momentos cumbre de la etapa de frontera, cuando esta actividad se convierta en la base de la economía. La explotación ganadera va a tener claras repercusiones porque el aprovechamiento de los «estremos» en los que quedan incluidos los montes provocó el acuerdo entre concejos no sólo extremeños sino de otros lugares como el de Béjar, Escalona y Ciudad Rodrigo, por citar algunos. Las cartas de Hermandad establecidas entre concejos incluían el paso de ganados de unos términos a otros sin ningún tipo de impedimento legal ni pecuniario que quedara satisfecho a través de las correspondientes tasas de montazgo. A este respecto, los monarcas legislaron en numerosas ocasiones entregando no pocos privilegios a instituciones eclesiásticas y concejiles. Conocemos alguno como el concedido a Béjar en noviembre de 1248, en el que se permitía el paso de ganado a términos placentinos sin ningún tipo de pago y viceversa[38]. La iglesia de Coria gozó de otros tantos privilegios reales dados por Sancho IV en 1285, en los que se garantizaba la movilidad de los ganados por diversos términos y se controlaba mejor la llegada de rebaños a los suyos.

Del mismo modo se permitía, a través de numerosos privilegios reales y leyes contenidas en el Fuero Juzgo, que los ganados trashumantes no encontraran cercados los espacios comunales en sus desplazamientos anuales hacia Extremadura, de forma que pudieran pastar libremente y aprovechar las ingentes extensiones yermas propicias -debido a cuestiones climáticas y físicas- a la formación de pastos de reconocida calidad en Castilla. Algunas veces estos privilegios contenían ciertas limitaciones como el número de cabezas que podían pacer en determinado lugar, o la limitación en el acceso a determinadas zonas acotadas por los concejos[39].

El monte ofrece otras posibilidades contenidas en los ordenamientos forales. Una de ellas es la caza, que supone un importante complemento para la vida económica del campesinado y una actividad más reservada a las clases prestigiosas. La reglamentación de la misma va a hacer que se llevara acabo en épocas determinadas y en las zonas que los concejos iban a establecer para el desarrollo de semejante actividad. Se mencionan animales como los venados, liebres, conejos y perdices, además de de osos y jabalíes. Las piezas obtenidas en la caza o pesca debían ser vendidas en el mercado según disponía para ello el fuero de Plasencia[40].

La obtención de la madera supone un aporte importante con respecto a la leña que se puede conseguir para hornos y demás actividades cotidianas, la construcción de edificios, especialmente la vivienda común, que contenía grandes cantidades de madera, construcción de elementos defensivos, armas, y multitud de utensilios domésticos. Las disposiciones concejiles que comienzan a aparecer a finales del siglo XIV poseen un objetivo común: la protección de la masa boscosa de forma que se evite el peligro de su desaparición. Para ello los concejos otorgaban licencias para la tala de madera durante un tiempo y espacio determinado. Otra medida llevada a cabo por el gobierno municipal era la de la repoblación de zonas deforestadas multando severamente al que no las respetara.

Además de la leña propiamente dicha se aprovechaba la denominada casca o primera corteza de la encina y segunda del alcornoque, utilizada para el curtido del cuero. Ésta era extraída por los zapateros, quienes tenían la obligación de solicitar al concejo el permiso correspondiente[41]. Del mismo modo el aprovechamiento de los frutos por parte de los animales era también regulada por el concejo.

Otra actividad estrechamente vinculada al monte es la explotación colmenera, que se encuentra perfectamente organizada a través de la existencia de la figura del colmenero. De hecho las colmenas fueron desde el principio una de las actividades económicas más importantes de Extremadura, así se deja ver en los numerosos topónimos conservados referentes a «colmenares». El desarrollo e importancia de esta actividad en las zonas montañosas es evidente a juzgar por los pleitos surgidos entre villas y aldeas como el protagonizado por la aldea de Hervás y la villa de Béjar en septiembre de 1271: «…sobre la contienda que eran entre nos la Universidat de los clerigos de Beiar de la una parte e nos los clerigos de Hervas aldea de Beiar de la otra parte sobre razon de los diezmos de las colmenas que eran de ffuera de termino de Beiar…».[42]

NOTAS:

[1] D.SÁNCHEZ LORO: Historias placentinas inéditas, Cáceres, 1983, Vol. I, págs. 405-412.

[2] C. LALIENA CORBERA: Sistema social, estructura agraria y organización del poder en el Bajo Aragón en la Edad Media (siglos XII-XV), Teruel, 1987, pág.36.

[3] JULIO GONZÁLEZ: El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid, 1960, pág. 139-140, doc. 641.

[4] El modelo de organización espacial contenida en los fueros queda perfectamente desarrolladas en el trabajo de J. CLEMENTE RAMOS: La sociedad en el fuero de Cáceres (siglo XIII), Cáceres, 1990, págs. 20-23.

[5] Las células poblacionales que fueron constituyéndose o reforzándose también por la llegada de emigrantes, villas, aldeas o aldehuelas, constituyeron también las unidades básicas del paisaje, al cual parcelaron en espacios centralizados en torno al núcleo poblacional, delimitándolos con términos establecidos, posiblemente en función de un reparto original, pero sin duda en relación con la capacidad y actitud productiva de las poblaciones. M.A. VILLAR GARCÍA: La Extremadura castellanoleonesa. Guerreros, clérigos y campesinos (711-1252). Valladolid, 1985, pág. 137.

[6] ANGUS MACKAY: La España de la Edad Media. Desde la frontera hasta el Imperio 1000-1500, pág. 87. Señala igualmente que los problemas militares de la frontera inclinaron la balanza en favor de la ganadería. C. J. BISHKO: «El castellano hombre de llanura: la explotación ganadera en el área fronteriza de la Mancha y Extremadura durante la Edad Media», Homenaje a J. Vicens Vives, Barcelona 1967, Vol. II, págs. 201-218

[7] J. A. GARCÍA DE CORTÁZAR: La sociedad rural en la España Medieval, Madrid, 1988, 141-143. Monte era sinónimo de riqueza de pastos y en definitiva de riqueza ganadera. R. PASTOR DE TOGNERY: «La lana en Castilla antes de la organización de la Mesta», Conflictos sociales y estancamiento económico en la España Medieval, Barcelona, 1973.

[8] M. C. GERBET: La nobleza en la Corona de Castilla, Cáceres, 1989, pag. 37. señala el «saltus» considerando como tal los extremos, ejidos, baldíos y montes.

[9] Mª DEL CARMEN CARLÉ: «El bosque en la Edad media (Asturias, León, Castilla), C. H. E., págs. 298-299

[10] Mª SANCHEZ RUBIO: «El monte como fenómeno económico. Uso y protección en la Extremadura Bajomedieval (Trujillo). Norba IV, Cáceres, (1983), pág. 308. CARMEN ARGENTE DEL CASTILLO OCAÑA: «La utilización pecuaria de los baldíos andaluces. siglos XIII-XIV», A.E.M., nº 20, (1990) , pág. 449.

[11] J. E. CASARIEGO; Libro de la Montería de Alfonso XI, Madrid, 1976. Será nuestras principal fuente de información y de donde han salido gran parte de los topónimos utilizados para desarrollar el tema.

[12] E. ALVARADO CORRALES: El sector forestal en Extremadura. Ecología y Economía, Cáceres, 1983. Nos ofrece una visión de conjunto sobre las zonas forestales, en extensiones y especies.

[13] G. BARRIENTOS ALFAGEME: Geografía de Extremadura, Badajoz, 1990, págs. 21-63.

[14] JULIO GONZALEZ: Reinado y diplomas de Fernando III, Córdoba, 1983, Vol. III, pág. 307, doc. 742. En el documento en el que Fernando IV, confirma los límites de Jaraicejo1305 podemos observar lo mismo: «…el primero, un villar al pie de la sierra de la foz de Malueñes, do estan acebuches y un árbol que dicen charneta y otro que dicen asdre. Y va una quebrada ayuso, que comienza de este villar y llega a una fuente que esta en esta quebrada…». DOMINGO SÁNCHEZ LORO: ob. cit., Vol. II, págs. 152-155.

[15] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX, Madrid, 1944, págs. 137-138, doc. 92.

[16] G. VELO Y NIETO: Coria Reconquista de la Alta Extremadura. Apén. nº XXX, Deslinde de términos entre Coria y Alcántara según escritura de 1234.

[17] CASARIEGO, Jesús E.: Libro de la Montería de Alfonso XI, Madrid, 1976, págs. 160-161.

[18] Ibidem, pág. 182.

[19] Ibidem, págs. 253-254.

[20] Ibidem, págs. 255-256.

[21] Ibidem, pág. 242.

[22] Véase mapa nº 1.

[23] Veáse mapa 2. El total de zonas de monte y lugares-yermos representan el 79,404% con respecto al poblamiento.

[24] En la carta de población de Cáceres se hace referencia directa al carácter comunal de los montes. A. FLORIANO CUMBREÑO: Documentación histórica del archivo municipal de Cáceres (1229-1471), Cáceres, 1987, pág. 7

[25] Los bienes comunales constituían una especie de reserva de la que las ciudades, villas y aldeas disponían según las competencias que tuvieran asumidas, de acuerdo con la tipología y funciones que leyes y costumbres atribuían a cada una de ellas, y según lo permitiera el juego de necesidades y capacidad de decisión que se articulara en cada lugar. J.L. MARTÍN MARTÍN: «Evolución de los bienes comunales en el siglo XV», Studia Historica Hª Medieval, Vol. VIII, (1990), pág. 7.

[26] ALFONSO X EL SABIO: Las Siete Partidas (antología), Selección, prólogo y notas de Francisco López Estrada, Madrid, 1992, pág. 267.

[27] UYÁ, Jaime: Fuero Juzgo o libro de los jueces, Barcelona, 1968, pág. 114. La normativa al respecto es amplia y variada.

[28] I. J. ORTEGA Y COTES: Bullarium Ordinis Militiae Alcantara, Madrid, 1759, pág. 27, scrip. X: Donación del castillo de Santibáñez el Alto a la Orden de Alcántara en 1227: «…de loco, qui dicitur Mezquitiella in cima Portu, qui dicitur Almazay, sicut vadit via ad Cauriam, usque ad rivum, qui dicitur Arrago, et deinde a Encinar Vellido, et deinde a las Zafurdas del Mazarron, et deinde al toconal, quomodo vertente aquas a Vellotatem…»

[29] D. SÁNCHEZ LORO: ob. cit., Vol.II, págs. 181-184.

[30] A. ARRANZ GUZMÁN: «Alfonso X y la conservación de la naturaleza», Actas de congreso internacional Alfonso X el Sabio, vida, obra y época, Madrid, 1989, pág. 129.

[31] E. RAMÍREZ VAQUERO: El fuero de Plasencia, Mérida, 1987, Título de daño de los árboles, leyes 584, 585, 586, 587, 588, 589, 590, págs. 146-147.

[32] Cortes de los antiguos reinos de León y Castilla, publicadas por la Real Academia de la Historia, Madrid, 1861, pag. 62, Ley 42: «…Manda el rey que non pongan fuego pora quemar los montes, e al que lo fallaren faziendo que echen dentro, e sinon pudieren aver quel tomen lo que oviere…» Cortes de Valladolid de 1258, (Esta misma ley se repite en las cortes de jerez de 1268).

[33] M. C. CARLÉ: art. cit., págs. 312-313.

[34] A. FLORIANO CUMBREÑO: ob. cit., págs. 46-47, doc. 28.

[35] A. TORRES Y TAPIA: Crónica de la orden de Alcántara, T. II, Vol. I, pág. 41

[36] Mª DOLORES GARCÍA OLIVA: Organización económica y social del concejo de Cáceres y su tierra en la Baja Edad Media, Cáceres, 1990, págs. 105-106.

[37] J.L. MARTÍN MARTÍN: «La repoblación de la Transierra (siglos XII y XIII)», Estudios dedicados a Carlos Callejo, Cáceres, 1979, pág. 480.

[38] J. GONZÁLEZ GONZÁLEZ: ob. cit., Vol. III, pág. 338, doc. 768.

[39] J. KLEIN: La Mesta, Madrid, 1990, págs. 309-310. Se plantea el clásico problema de los ganados mesteños y los concejos que intentaban reservar el máximo espacio posible de pastos para su cabaña, acotando y delimitando las dehesas

[40] E. RAMIREZ VAQUERO.: ob. cit,, art. 651, pág. 155

[41] Mª DOLORES GARCÍA OLIVA: ob. cit., págs. 170-171.

[42] A. MARTÍN LÁZARO: Colección diplomática de S. Salvador de Béjar, Vol. I, Doc. IV, págs. 144-145

Oct 011992
 

Marcela Martín Jiménez.
Trujillo, Departamento de Colón, HONDURAS, C.A.

Al coincidir el V centenario del descubrimiento de América, con la celebración de estos XXI Coloquios Históricos de Extremadura, he querido aportar estos (humildes) datos de como se formó la Iglesia en Honduras, Centro América. Nos cabe el honor de ser Trujillo, la ciudad donde se dijo la primera Misa de tierra firma y donde se fundó la primera sede episcopal de toda Honduras.

Al desarrollar la ponencia podremos adentrarnos en una serie de sucesos, viviremos por unos momentos la historia a la que asistieron más de un extremeño que en realidad no sabemos que parte le correspondió protagonizar pero que de cualquier modo lo que se dice y se cuenta es historia hecha por ellos.

Tu Tuviste Trujillo el honor
que pusieran en ti, el pie al desembarcar
una nueva tierra, tierra siempre en flor
donde la primera Misa todos pudieron escuchar.

Tu forjaste la evangelización
acogiste la sede episcopal
abarcando gran extensión
con pocos medios pero con tesón, que era lo principal.

Tenían tus antiguos moradores
sus dioses particulares
del río, del monte, la quebrada o de los cazadores.

Decían que los nativos eran ignorantes
porque no sabían lo que sabían los descubridores
pero de sus tierras, ellos eran indiscutidos señores.

Marcela Martín
Trujillo del departamento de Colón. Primera Sede Episcopal.

La religión indígena.

A finales del siglo XV y principios del XVI, había dos grandes grupos culturales, pertenecientes a las culturas mesoamericanas. Sedentarios agrícolas, (Valle del Ulúa), eran los mayas, con sus variantes Chortis, Chontales, o Chol y los Lencas, menos evolucionados, que eran los Cares y Cerquines. Aún hay otra cultura seminómada y cazadora, de origen sudamericano son culturas como de bosque tropical, solos Jicaques y Payas, Matagalpas, Sumos y Misquitos. Ademas había algún enclave comercial mejicano azteca, cerca de Trujillo.

Había dos tipos de religiosidad, la maya unida a categoría espacio temporales, (a los cultivos, al clima, a los árboles, a las montañas), con una función más evolucionada de sus sacerdotes y ritos mas elaborados. Las culturas del bosque tropical estaban mas unidas al chamanismo, es decir giraba alrededor del sacerdote hechicero que pretende tener relaciones con los espíritus, buenos o malos, e influir sobre ellos, puede curar enfermedades y producirlas. Tenían menos dioses y sus ritos eran sencillos. Para los españoles controlar a estos les fue relativamente fácil. La base de la religiosidad hondureña podemos decir que estuvo en los grupos sedentarios entre los que se formó, al contacto con el cristianismo.

La religiosidad maya era politeísta, creían en una pareja de dioses a los que ayudaban otros dioses a los que también habían dado origen. La pareja y sus dioses ayudantes generalmente estaban lejos del campesino maya que se entregaba al culto de los dioses más cercanos a sus actividades directas. Dios de la lluvia, de los ríos, del maíz, de la caza, de la pesca, de los árboles y de la selva. Toda la naturaleza era divina. En la actualidad se conserva una oración para antes de desbrozar el bosque para sembrar el maíz, y en la que se aprecia lo dicho de la tierra divinizada.

«¡Oh Dios, padre mío, madre mía, señor de los montes y los valles, espíritu de la selva, trátame bien!. Voy a hacer como siempre he hecho. Voy a hacerte mi ofrenda para que sepas que voy a molestar tu corazón. Permítelo. Voy a mancillarte (destruir tu belleza), a labrarte para poder vivir. Permite que ningún animal me persiga, que no me pique ninguna serpiente, ningún alacrán, ninguna avispa. No permitas que me caiga encima un árbol, ni que me corte hacha ni machete. Con todo mi corazón voy a labrarte».

El maíz es con su divinidad correspondiente otro de los elementos fundamentales de la religiosidad del campesino maya, Decían a sus hijos que los dioses tras varios intentos habían conseguido hacer un hombre de maíz. Según E. Thompson, Bartolomé de las Casas, cuenta como el primer alimento del niño maya es un atole hecho de la primera cosecha de maíz. De esa misma cosecha se guardaban granos para que el niño, llegada la edad de producir los sembrara en su primera milpa y ofrecerá el producto a los dioses. El dios maíz enseña al campesino al sufrimiento, es dios de pasividad. Las circunstancias ambientales etc. le hacen sufrir y el campesino ha de ayudarlo, ruega por la lluvia, le defiende de los animales, erradica las malas hierbas. El maíz a cambio lo alimenta a él y a su familia. Cada uno depende del otro y de la dependencia nace el amor.

También es importante tener en cuenta los conceptos de donación de los dioses y la retribución y agradecimiento por parte de los hombres. Las fiestas y ritos a veces se hacían como pago por adelantado a los favores esperados de los dioses. El ayuno, la abstinencia sexual, hacerse heridas voluntariamente, peregrinaciones a lugares de culto (cuevas) eran frecuentes, y todo ello hacia del espíritu de sacrificio (algo que le cueste a uno personalmente). Había el dios de la bebida alcohólica. Dios de la alegría, etc.

Los Lencas tenían su peculiar aspecto religioso según indica Antonio Herrera en su «Historia General de los Hechos de los Castellanos». Nos cuenta el politeísmo con caras de animales, tigres … etc., y el tipo de sacerdocio cercano al chamanismo: «hombres viejos, desnudos, que hacían áspera vida, con el cabello muy largo y trenzado alrededor de la cabeza», a los que se pedía consejo «en caso de guerra, justicia, casamiento y otras necesidades». Tiene importancia los sueños. Tiene cierto relieve el nagualato, costumbre muy arraigada entre los indios, hablar con los ríos, piedras y montes. Los aojos, el temor a ciertas personas también es importante. Se nos revela muy fuerte la religión de la naturaleza.

En todo esto los conquistadores tendían a ver ritos y costumbres perversas creadas por los demonios.

La conquista.

Fue muy irregular. Fue escenario no solo de guerras entre los españoles e indígenas, sino de luchas, asesinatos y conspiraciones entre los primeros españoles. Gil González mata a Cristóbal de Olid.

Cristóbal Méndez asesina a Sancho Herrera y es a su vez asesinado por los partidarios de Andrés de Cereceda. Diego López Salcedo y Cereceda se destacan por su crueldad con los indios.

Muchos indios fueron sacados de Honduras como esclavos, y hubo zonas de despoblación inicial, los mismos gobernadores sacaban barcadas de sus pueblos vendiéndolos en el puerto de Trujillo.

Inicios de la Iglesia hondureña.

Los comienzos de la Iglesia hondureña tuvo el mismo desorden que la época. No existía una Iglesia constituida, sino clérigos. alguno de ellos con unas características de aventureros que acompañaban a los españoles y eventualmente predicaban a los indios.

La primera Misa de Honduras en tierra firme fue celebrada en las playas de la actual Trujillo, el domingo 14 de Agosto de 1502 por el P. Alejandro (Capellán).

En 1525, con Cortés desembarcaron dos franciscanos y predican a los indígenas. El clero permanente era escaso, sin pasar de cuatro o cinco, hasta la llegada de Pedraza como Obispo.

En 1529 aparece en Trujillo como acompañante de Diego López Salcedo, el P. Juan Habela, que aparece en una lista como dueño de esclavos indios traídos desde León, (Nicaragua). Este P. Juan Habela administraba la iglesia de Trujillo y apoyó a Cereceda y participó indirectamente de la muerte de Cristóbal Méndez. En 1536 aparece de nuevo en el repartimiento de encomiendas hecho en Puerto Caballos por Pedro de Alvarado. En este reparto le tocaron los pueblos de Chumbazina y Chiquilar y Tascoava y Aplaca, que son el Valle de Cura, con todos sus señores e indios de los citados pueblos. Con él figuraba otro clérigo que se dice Juan Habela, citado por el licenciado Cerrato, presidente de la Audiencia de Guatemala, en carta de 1549, en la que habla del pleito entre el Oidor Herrera y el clérigo Habela, disputando la propiedad de una mina muy rica y una cuadrilla de negros.

Hay una gran desorganización eclesial, la Corona determina construir una Iglesia en esos lugares remotos o «loca profunda» como menciona a Honduras el obispo Zumárraga en el decreto de erección de la diócesis de México. Según el obispo Manuel Francisco Vélez, la diócesis de Honduras fue creada por el Papa Clemente VII en 1527. No se le dio sede fija, pero el 6 de septiembre de 1531 se concreta su enclave en la ciudad de Trujillo. El 18 de Agosto de 1532, en Cédula real se nombra a Fr. Alonso Guzmán Gobernador de la Provincia de Higueras y Cabo de Honduras, se le menciona que «su santidad, a petición nuestra, ha hecho gracia del obispado de dicha provincia a vos, el reverendo padre don fray Alonso de Guzmán, de la Orden de San Jerónimo». Nunca llegó a Honduras fray Alonso de Guzmán, solo media en el conflicto de intereses surgidos entre las provincias de Honduras y Nicaragua. Desde sus nombramiento al nombramiento de Cristóbal Pedraza se ha afirmado que hubo otro obispo, fray Juan de Talavera que tampoco llegó a Honduras. Se dice que tanto fray Juan de Talavera como fray Alonso de Guzmán eran la misma persona, eran Jerónimos los dos y en la misma época priores del Convento del Pardo. Lo creen así M. Vélez y el historiador Reina Valenzuela.

Sin sede fija primero, sin obispo además, los gobernadores dirigían la Iglesia, con la esclavitud que esto suponía.

En 1526 Diego López Salcedo pregunta desde Honduras sobre cuando debe bautizarse a los indios. Se hacía eco de una discusión en la que los frailes dominicos llevaban la iniciativa, decían unos que debían bautizar inmediatamente, otros que no si no lo pedían y otros que aunque lo pidiesen si no supiesen primero el pater nóster y el ave Maria y el Credo, y salve regina, y los mandamientos y artículos de la fe, y lo demás que todo cristiano debe saber. En el fondo estaba en discusión si el bautismo era un método de hacer vasallos del rey o de manifestar la conversión al cristianismo, aunque se pudieran dar diversos argumentos de corte teológico por cada parte. L idea española de cristiandad y de conquista empujaba más a una evangelización por decreto que a una predicación libre de la fe, como pedían la mayor parte de los religiosos. Pero aún entre estos había también toda una serie de discusiones.

El descubrimiento de insospechadas culturas y de gran número de gente en un nuevo continente significó no sólo un desafío político o cultural, sino también religioso. Coincidía además con una etapa de la Iglesia en la que la creatividad y el debate estaban muy presentes (tiempo de la Reforma y Contrarreforma).

La ignorancia y la resistencia a la fe eran dos argumentos básicos que justificaban la conquista: enseñar era un deber de los civilizados y erradicar la idolatría hacía «lícita y santa la fuerza».

Las Casas dice que los indios no son ignorantes y tienen, donde se ha predicado pacíficamente, un «admirable aprovechamiento…» En cuánto a los sacrificios humanos; responde Las Casas, «más han sacrificado los españoles a su diosa muy amada y adorada de ellos, la codicia».

Dentro de la misma Iglesia se daban distintas posturas en la catequesis y evangelización. Mientras que casi todos los misioneros y clérigos coincidían en la necesidad de predicar el Evangelio en las lenguas indígenas, e incluso editar catecismos en las mismas lenguas, no todos coincidían a la hora de analizar la religión de los indígenas. Mientras muchos veían en los dioses de los indígenas a verdaderas estampas de diversos demonios, otros apreciaban el cierto conocimiento de Dios que se manifestaba en las diversas religiones de los indios.

El Obispo Pedraza, primer Obispo de Honduras Trujillo. Cristóbal Pedraza nació en Sevilla a finales del siglo XV. en el puerto que pronto seria el nudo principal de comunicación con el nuevo mundo. En 1533 ocupa la posición de chantre en la catedral de México. En este tiempo le toca hacer de mediador entre Hernán Cortés y Nuño de Guzmán, pariente de Pedraza, y a la sazón presidente de la Primera Audiencia de la Nueva España. Posteriormente viaja a España, 1536 y es nombrado al año siguiente Protector de los indios de las Higueras y Cabo de Honduras. En primer lugar pidió ampliar facultades para castigar, como protector de indios, a todos los que vendieran a los indígenas como esclavos o los compraran. Siendo el protector, también un evangelizador, exponía ante el rey que «no con matarlos y robarlos, robándoles las mujeres e hijos y venderlos y llevárselos a tierras extrañas» vendrán los indios a la paz y la religión. «Y quien de esta manera dice que los dichos naturales han de venir de paz y a conocimiento de Dios, no es cristiano ni siente bien de la fe». Pedraza pide para viaje y para comprar ornamentos, misales y otros objetos de culto. El mismo Pedraza se acusa de pedir dinero, aunque la tarea encomendada era imposible realizarla sin un mínimo de recursos económicos. La corona nunca fue generosa con la Iglesia de Honduras.

En 1538 Pedraza llega a Honduras, cuando se estaba dando en el país la más fuerte de las sublevaciones indígenas. Le recibieron muy bien pero pronto tuvo problemas. El adelantado Montejo que en un primer momento lo alaba empieza a tener con él desavenencias. De carácter fuerte, Pedraza entra en confrontación con los conquistadores que le responden con las mismas armas.

A principios de 1540 Pedraza regresa a España, donde es nombrado obispo de Trujillo. En España estuvo 5 años y despliega una relativa amplia actividad en beneficio de Honduras. En 1541 aparece como gestor de un contrato por el que se envían a Honduras «trescientas piezas de esclavos, los dos tercios de machos y un tercio de hembras, de edades comprendidas entre los quince y los treinta y cinco años». Pedraza caía así, como muchos otros defensores de los indígenas, en el error de propiciar la importación de esclavos negros para América con la esperanza de que mitigaría la explotación de los naturales. Pasado el tiempo comprendieron el error aunque no querían aceptarlo pues lo que les guiaba era un deseo grande de proteger a los indios.

En 1545 regresa a Honduras, acompañado por cuatro clérigos conseguidos en su estancia en España y a los que se agregan cuatro más en Santo Domingo, así, con un contingente de ocho clérigos, entre los que estaba su pariente Juan Verdugo, completa al llegar a su diócesis el número de quince, empezando su primera labor organizativa.

Con motivo de organizarse tarda Pedraza en llegar a Gracias donde le esperaban los obispos Marroquín y Bartolomé de Las Casas para consagrar al electo obispo de León (Nicaragua), el dominico fray Antonio de Valdivieso. Este retraso fuerza al obispo Las Casas a proferir juicios desagradables contra Pedraza. Cuando se juntan al fin los cuatro obispos centroamericanos, comparten su vida llena de amargura, nace entre ellos la idea de presentar quejas y exigencias. Pedraza, comparte con menor protagonismo, muchos de los puntos de vista de los obispos dominicos en las polémicas que surgen.

Desde la ciudad de Gracias, Pedraza escribe carta el 9 de Noviembre de 1545 donde da cuenta del único de sus problemas económicos. Durante la ausencia de Pedraza, Montejo había cobrado los diezmos, con el pretexto de ayudar económicamente a algunos curas. Pedraza se encontraba, nada más llegar, sin recursos. Al mismo tiempo los oficiales de la gobernación seguía reclamando para ellos el cobro de los diezmos, y ser ellos quienes ayudaran a curas y sacristanes.

La Iglesia se encontraba desmantelada económicamente, sin construcciones adecuadas, sin ornamentos en las Iglesias. El fruto de los diezmos cobrados no se veía por ninguna parte. Con razón Pedraza podía reclamar los diezmos desde 1539. Esto no le ayudaba en sus relaciones con las autoridades. Para mayor preocupación del Obispo, sus sacerdotes empiezan a exigir un pago adecuado a las dificultades que ofrecía la tierra. Poco a poco empiezan a abandonarle y solo se conoce a Alfonso Mejía que más tarde sería canónigo quien le sigue fielmente.

Los mercedarios dejan su puesto en 1549 y en 1550 el presidente de la Audiencia, ya en Guatemala, informa a la corona que en «el obispado de Honduras no hay sino tres clérigos y un fraile que no bautizan ni doctrinan indios». El Obispo que en su tiempo de protector de los indios se sentía optimista y narraba con orgullo de pionero su subida a «lo alto de la sierra sin tener allí, camino ni vereda… cortando ramas y árboles con machetes y con hachas, se siente ahora agotado y se da cuenta con amargura de las dificultades de su trabajo». Recuerda la vida de los obispos de España, no se parece esto en nada porque a caballo, a pie con el lodo hasta medios muslos y descalzos, muchas veces subiendo hasta el cielo o bajando hasta los abismos de la tierra es el purgatorio y el infierno.

Cuenta el obispo Pedraza a cabo de su vejez, que a veces se hallaba medio muerto al pie de un árbol, casi sin sentido por eso el recuerdo de los Obispos de Castilla cuando andando en su litera, durmiendo en poblado cada noche en buena cama de cuatro colchones y paseándose por la Corte, visitando las ventas y monasterios o haciendo ejercicio, podían venir a Honduras y verán que ejercicio ir de montaña en montaña, de sierra en sierra, de quebrada en quebrada, de río en río, de ciénaga y mosquitero en mosquitero.

En 1550 se ve calumniado como administrador, Pedraza se revuelve y reacciona con justa cólera llamando «demonios» a quienes tales cosas dicen de él, «porque, Dios sea loado, yo nací para dar, y no para robar ni tomar nada de nadie; y por eso no tengo hoy un pan que comer y vivo en la pobreza». En esta fecha del informe a la corona, el limite de la paciencia del anciano obispo llega a su fin. «Su Majestad el rey, en vez de hacernos mercedes (….) a los pobres obispos de estas partes, nos han quitado el nombre de obispos que teníamos y nos ha dado nombres de ladrones y robadores». Entre otras cosas le sigue diciendo: «mis letras le son a Vuestra Majestad aborrecibles y fastidiosas». Como podemos ver el estilo del buen obispo era de tal libertad que estaba cerca de la falta de respeto.

La edad, los sufrimientos y el fuerte trabajo, doblegaron al fin al obispo pionero de Honduras, mientras viajaba a Guatemala. Su vida está llena de viajes y aventuras, contradicciones y fracasos nos revela lo que era la situación de Honduras y las grandes dificultades para establecer la Iglesia local y una opción evangélica por los pobres, los indios.

Intento de construir la Iglesia.

Con 15 sacerdotes organiza su diócesis y crea el cabildo, dando cabida en él a varios de los sacerdotes que estaban en Honduras cuando él llegó, y la impresión general es la de haberse ganado la simpatía de los habitantes de Trujillo. Da solemnidad a la liturgia y hay quien dice que parece que está en España. Pedraza emprende visita pastoral a su diócesis y tarda un año y medio en ese cometido explicando como lo ha vivido él. Conoce las dificultades físicas de la diócesis, lo despoblado de la tierra implicaba ayunos y sueños a la intemperie. Lo agreste y montañoso exigía grandes esfuerzos físicos. Pero él no se arredra y viaja para realizar sus visitas.

Cuando visita a los españoles sus visitas es la denuncia de sus pecados, de no guardar fiestas ni domingos, comer carne cuando es abstinencia, vivir amancebados etc. Pero cuando visita a los indios las preocupaciones son otras, allí el proceso de evangelización, enseñar la doctrina para llegar al bautismo. La predicación a los indígenas es a través de intérpretes y en lengua nahuatl.

Juicios sobre Pedraza.

  • López Cerrato (Audiencia de Guatemala) reconoce que era «algo aspero», pero «muy buen prelado», «remiso en el castigo a los clérigos».
  • Montejo que le conoció 10 años antes de que Cerrato llegara a la Audiencia de Guatemala, es tal vez el que da un juicio más negativo cuando aún solo era el Protector de los indios.
  • Las Casas hace un juicio negativo y esto influye incluso en los historiadores. Pero lo cierto que cuando Pedraza va a Gracias, se llevan bien y Las Casas cambia su opinión.

Lo cierto es que el juicio sobre Pedraza es pasado el tiempo como persona apasionada y de muy buena voluntad. Aprender de sus errores, imitar su coraje, sigue siendo un programa aún en nuestros días.

BIBLIOGRAFIA: LA IGLESIA EN HONDURAS.

  • Panorama histórico de la Iglesia en Honduras. José María Tojeira. S. J. (sacerdote jesuita).
  • Historia y Religión de los Mayas. J. Eric S. Thompson. siglo XXI.
  • Honduras Maya Federico Lunardi.
  • Historia de las Ideas en Centro América Constantino Láscaris.
  • Historia eclesiástica de honduras J. Reina Valenzuela.
  • Memoria del Licenciado Pedraza 1537 1538.
  • El Padre Las Casas y la defensa de los Indios Marcel Bataillon y André Saint Lu. Ed. Ariel

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO ESPASA.

MESOAMERICANAS= Nombre con que se designa a América central. Antillas y México que en el tiempo de la conquista española formaban un área cultural muy delimitada.

ATOLE= Muy usado en América, bebida hecha con maíz cocido, molido y desleido en agua del que se quitan las partes gruesas con un dezazo y hervido hasta darlo consistencia.

MILPA= tierra destinada a cultivar el maíz (América Central).

ENCOMIENDAS= dignidad dotada de renta. Diccionario Popular de la Lengua Castellana. Madrid 1845 D. Prudencio J. de Vega.

La Ponencia del año pasado fue un exponer la ciudad de Trujillo de Honduras C.A.

Oct 011992
 

Antonio González Cordero.

Al principio plantaron horcones, y entrelazándolos con ramas, levantaron paredes que cubrieron con barro; otros edificaron con terrones y céspedes secos, sobre los que colocaron maderos crudos, cubriendo todo ello con cañas y ramas secas para resguardarse de las lluvias invernales, las remataban en punta y las cubrían con barro para que a merced de los techos inclinados resbalase el agua.

Podemos explicarnos que esto pasó así en sus orígenes, como hemos dicho, porque hoy mismo lo vemos en algunas naciones, como en Galia, en Hispania y en Aquitania, cuyos edificios aún se siguen cubriendo con chillas y bálagos.

(Vitrubio, «La vivienda en Lusitania», De Arquitectura, L.II, c.1).

1- INTRODUCCION

Cuando Vitrubio intuyó en el siglo I a.C., cual era el origen de las viviendas pastoriles, se encontraba lejos de imaginar que dos mil años antes en la Península Ibérica ya existía un modulo de estas construcciones perfectamente introducido que perduraría, sin apenas variaciones hasta el presente siglo. Las recientes excavaciones que efectuamos en las Cabrerizas de la Cumbre, han venido a demostrar, no sólo la verdad del aserto Vitrubiano, que por otra parte se hallaba perfectamente constatado, sino que en Extremadura, hacia finales del III milenio se había establecido un hábitat al que podemos considerar el verdadero precursor de la vivienda pastoril. Pero más allá de este hecho, los hallazgos que se sucedieron nos han permitido revivir las formas de vida de una población y sus distintas estrategias de subsistencia.

El trabajo que aquí presentamos, es el avance parcial, de una serie de tareas que hemos venido desarrollando a lo largo de siete años, entre las comarcas de Trujillo, La Cumbre y Plasenzuela, destinados a revisar el poblamiento de la Edad del Cobre en la provincia de Cáceres. Dicho proyecto, que comenzó con la excavación del yacimiento del Cerro de la Horca en Plasenzuela, se extendió mediante sondeos a otra serie de yacimientos instalados en los bordes del berrocal o batolito de la mencionada localidad, que tuvieron como resultado el descubrimiento de una secuencia ocupacional que abarca desde el 3000 a.C. al 1500 a. C., es decir, desde finales del Neolítico, hasta la etapa Campaniforme. Es una secuencia donde se instalan poblados, fortificaciones y todo tipo de estructuras, como la que aquí presentamos de las Cabrerizas.

2- DESARROLLO DE LOS TRABAJOS

Como en ocasiones precedentes, en el año 1990, planteamos una serie de cortes en un área que presentaba indicios de poblamiento semejantes a los que veníamos estudiando. Se trataba de un cerro situado en el borde oriental del batolito de Plasenzuela, con vistas al valle del río Gibranzos, en la zona de contacto entre la pizarra y el granito, un lugar favorable si se tiene en cuenta no sólo el factor estratégico defensivo, sino la abundancia de agua que esa circunstancia conlleva.

El primero de los cortes lo planteamos aleatoriamente en una zona llana, para profundizar lo más hondo posible y obtener una estratigrafía que nos permitiera comparar con los otros yacimientos, pero el hallazgo primero de pellas de barro procedentes de una techumbre y después el del calzo de un poste y parte de un hogar, nos inclinaron a extender la cuadricula abierta y descubrir la estructura de lo que ya presumíamos se trataba de restos de una construcción.

Los sucesivos cortes conformaron un cuadrado de veinticinco metros de lado, en el que se inscribía una cabaña de planta circular completa, con una distribución de espacios, enseres y objetos que refrendaban la ocupación humana del lugar, durante la edad del cobre o como concretarían más tarde los análisis de C14, alrededor del 2265-+100 a.C.

3- LA CONSTRUCCION

El muro de cerramiento de la cabaña, con una anchura de 70 cm. describe un arco completamente circular, con un diámetro exterior de 5,30 m. y uno interior de 4,60 m. que encierran una superficie de 16,61 m2 . Fue construida utilizando un aparejo irregular de granito levantado a doble hilada, presentando su cara más regular al interior y exterior de la cabaña mientras el núcleo del muro se rellena con otras piedras más pequeñas o con barro.

Las hiladas del zócalo no siguen el mismo nivel debido a que en el segmento oeste del arco, afloran rocas, que tienen que ser embutidas o encabalgadas, para que el muro no pierda solidez. A la izquierda de estas un vano de 80 cm. interrumpe el recorrido del muro; este espacio, al que reconocemos como la puerta, era además el único punto de ventilación reconocible de la cabaña y se hallaba orientado hacia el noreste fuera de los vientos dominantes en la zona.

La altura que alcanzó el muro de cimentación hasta su coronamiento, oscila entre los 60 y 69 cm., pero lo más probable, es que hubiera alcanzado originalmente mayor altura y que fuera completado con tapial.

El suelo de la cabaña, había sido regularizado a base de un relleno de tierra, hasta cubrir casi todas las rocas que forman el suelo natural, añadiéndoseles posteriormente una capa de ceniza, no sabemos si con intención, pero fue creciendo, a medida que perduró el asentamiento.

Esta capa desempeña una función muy importante al servir de aislante de la humedad del subsuelo, de ahí que ignoremos si su existencia se debe a la intención o a la casualidad.

La techumbre quedó configurada por un número no determinado de horquillas de madera (tal vez ojaranzo, roble, encina u otro tipo de árboles ribereños), que se apoyaron por un extremo al poste central del que quedan como testigos las piedras que sirvieron de calzo, y por el otro, en las juntas de piedra de las dos hiladas del muro, al que se sujetaron con pellas de barro.

A partir de las horquillas se construyó un apretado armazón utilizando para ello cañas que obtenían de las riberas del Gibranzos pues la huellas de muchas ha quedado grabada en el barro seco que se utilizó para tapar las juntas, sobre todo en lo que debió de ser el cono de la cabaña, ya que las mayoría de las pellas encontradas con estas características se hallaban en un radio muy pequeño, en torno al poste central. Otras pellas mostraban improntas de retamas junco y algunas herbáceas que no hemos logrado identificar. Es posible que a excepción del cono superior donde se utilizó el barro, con el fin de proporcionar un agarre a la urdimbre y facilitar el deslizamiento del agua, el resto del techo fuera recubierto con dos capas vegetales distintas, con la intención de impermeabilizar por una parte y de aislar térmicamente por otras.

En el interior no existe compartimentación alguna, salvo que esta hubiera sido fabricada con materiales perecederos. De cualquier manera, hay una clara distinción entre el espacio de trabajo, el espacio de almacenamiento, y el espacio dedicado a dormitorio.

3.1.- Espacio de trabajo

De los tres el más reducido corresponde al espacio de trabajo, ubicado junto a la puerta. Allí llevaban a cabo la tarea de molienda, utilizando para ello un molino de los llamados naviformes o barquiformes; en el momento del hallazgo, éste se encontraba vertido hacia la pared y junto a él descansaban varias muelas de granito y canto rodado, algunas con un pulimento que acusaba un uso prolongado. También encontramos un hacha sin huellas de desgaste en sus extremos, por lo que deducimos que en ocasiones, la muela se utilizó también para aguzar los filos de algunas herramientas de piedra.

El trabajo de molienda se podía realizar cómodamente sentado en un escaño, consistente en una lastra de granito que los moradores habían situado aprovechando una de las rocas que sobresalían del suelo natural.

Frente al molino, entre la puerta y el hogar una lancha de pizarra, pudo servir de torno fijo para moldear la cerámica y fabricar algunos recipientes, muchos de los cuales pudieron cocerse entre las brasas del hogar.

El hogar se sitúa al lado del poste central, es decir, casi en el centro del habitáculo, no existiendo otro tipo de ventilación que la puerta o los resquicios que pudieran abrirse entre las ramas del techo, condición explicable, porque con el humo no anidan parásitos y era una forma de mantener no solo saneada la cabaña, sino también la de conservar algunos alimentos que eventualmente podrían colgar de las horquillas.

Para evitar que las brasas se expandieran, el hogar se delimitó mediante una serie de piedras, dispuestas en derredor, formando un óvalo de 1 m. de diámetro, que en el momento de la excavación se encontró abierto por el extremo que da a la puerta, como si la última actividad antes del abandono definitivo hubiera sido la de retirar las cenizas que lo colmataban.

Entre el hogar, el poste y la roca que sobresale del suelo recogimos numerosas esquirlas de sílex, lascas y algún núcleo, resultado de una actividad de talla que se traducía en puntas de flecha, láminas, cuchillos, piezas de hoz, todo un muestrario de herramientas y útiles de trabajo. El taller ocupa por tanto una posición junto al fuego, un elemento imprescindible para el tratamiento del pedernal. También desde esta posición el tallista podía aprovechar la luz diurna que entraba por la puerta situada enfrente.

Otras labores domésticas, como la confección de tejidos, se llevaron a cabo dentro de la cabaña, como deducimos de la presencia de pesas o fusaiolas de barro que se utilizaron para tensar la trama. De éstas se recogieron una docena de piezas dispersas por el fondo de la cabaña, aunque la mayor asociación se registró en el arco sur.

3.2.-Espacio de almacenamiento

Dos zonas se emplearon como lugar de depósito. La primera consistió en una especie de artesa cerámica de 70 cm. de diámetro, calzada con piedras y barro, que se halló orillada junto al arco oeste del muro. Esta pudo ostentar la condición de contenedor de frutos que no requerían especial protección, tales como bellotas, castañas o nueces, si nos guiamos por una moledera convexa hallada junto al contenedor, apta para ser utilizada como yunque o base durmiente para machacar o molturar productos, más que para moler grano.

El otro lugar de almacenamiento utilizaba el espacio muerto de la roca que aflora junto a la pared, para arrinconar en él a los vasos, cuencos y restantes enseres de cerámica, y otros que se fabricaron sin duda con materiales perecederos. Prueba de ello son la gran cantidad de estos utensilios que descubrimos hacinados, algunos incluso con sus correspondientes tapadera de pizarra.

Existen otros indicios de utilización de la techumbre como anclaje de algunas vasijas que en su momento pudieron también contener algunos alimentos, para ello se perforaban las paredes de algunas o se le aplicaban unos sencillos mamelones para suspenderlas fácilmente con un cordaje. Especialmente ilustrativo es el caso de un cuenco aplastado bajo las pellas del vértice de la cabaña, que debía de encontrarse colgado en el momento del desplome.

3.3.-Espacio de dormitorio

Lógicamente el espacio dedicado a dormitorio es mayor que el resto de los espacios de la vivienda, allí debían descansar holgadamente cinco o seis personas, un número mayor hubiera supuesto un hacinamiento poco saludable.

Ignoramos si llegaron a construir camastros como los que aún pueden verse en los chozos de pastores actuales, si utilizaron algún tipo de jergón relleno de paja o hierbas, o simplemente envueltos en alguna piel o tejido descansaron sobre el suelo desnudo.

El espacio dormitorio es a la vez el lugar de reunión y de vivencia, pero su trasiego debía quedar bastante limitado, ignorándose la estructura de parentesco que regiría entre los miembros de cada espacio doméstico o de la comunidad.

4.- MATERIALES Y ESTRATIGRAFIA

Aparte de la estructura y los distintos espacios en que esta se compartimenta, la excavación deparó el hallazgo de otros elementos informadores, imprescindibles para conocer y valorar de forma aproximada y coherente, los orígenes de la cultura que los produjo, su conexión con otros grupos, su relación con el medio, y todas aquellas cuestiones relativas a su grado de desarrollo.

La secuencia estratigráfica que amparaba a los materiales es compacta en cuanto a su afinidad ergológica, indicando la cohesión cultural de una misma comunidad afincada en esta localidad durante la Edad del Cobre, sin embargo pueden diferenciarse dos momentos, uno previo a la construcción, representado por materiales muy fragmentados, consistentes en morillos, vasos y platos revueltos entre una tierra amarillenta, con la que rellenaron los espacios que quedaban entre las rocas hasta el nivel en que se asentaría el zócalo de la cabaña.

A partir de ese nivel la coloración de la tierra se torna grisácea, debido al alto componente en cenizas. Esta capa también contenía materiales sobre todo fuentes y platos de bordes engrosados y almendrados, en número tan elevado que puede aventurarse una larga ocupación generacional del asentamiento, de otro modo resulta difícil entender la acumulación tan impresionante de materiales.

Por encima de la capa cenicienta se sitúa el horizonte ocupacional mejor caracterizado y con mayor porcentaje y variedad de hallazgos.

Las cerámicas encabezan el grueso de materiales, con un claro predominio de platos y fuentes, normalmente provistos de bordes engrosado-reforzados, sobre los almendrados o de pestañas entrantes o salientes, escudillas o fuentes plano-cóncavas, etc. A continuación los recipientes semiesféricos y las ollas de todos los tamaños y formas y algunos ejemplares atípicos como uno que tiene el fondo plano y paredes rectas o pequeño cuenco de menos de tres centímetros de diámetro.

Las especies decoradas son igualmente abundantes, distinguiéndose un grupo de decoración utilitaria, entre las que cabe incluir a las vasijas perforadas o con mamelones, de otro funcional con valor de identificación cultural. Al último se remite un importante grupo de pastillas repujadas, algunas aplicadas, triángulos o bandas rellenas con impresiones, series de digitaciones y unguiformes, cerámicas con decoración a peine, acanalada, diseños en forma de espiga a base de zig-zags continuos, incisdas y un esteliforme.

De todo ello precisamos que el grupo más característico es el de las pastillas repujadas, seguidas de las impresas e incisas, destacando así mismo, la importante presencia de cerámicas con decoración a peine asociadas frecuentemente a mamelones.

La industria lítica es igualmente abundante, siendo relativamente variada la representación de útiles tallados, sobresaliendo por su elevado índice el de foliáceos, ligeramente superior al de hojas, a las que le siguen en menor cuantía, raspadores y dientes de hoz. Aparte de algunas lascas y desechos de talla, estos artefactos resultan definidos por la escasez de armaduras, contándose foliáceos de base convexa, plana y un ejemplar romboidal.

Entre los elementos de trituración, afilado y molienda recogimos varios juegos completos que acusaban un apreciable desgaste.

Dentro de los objetos con valor ornamental, hay que aludir a una cuenta de collar de variscita, mientras que los objetos de valor sacro o simbólicos se hallan ausentes.

La industria ósea tiene también una buena representación, tanto por número como por el despliegue tipológico, síntoma de una multiplicidad de aplicaciones. Las espátulas suponen una mínima parte del elenco, mientras que los punzones ostentan la mayoría; no obstante entre estos se distinguen aquellos que se usaron para perforar o engarzar, de los que se usaron como matrices para grabar sobre el barro fresco diseños geométricos.

El cobre tiene una presencia minoritaria, con un registro de dos rebabas de fundición con la forma del molde y un fragmento distal de hacha. Es muy interesante la aparición de objetos de cobre en este horizonte, pues hasta la fecha el metal sólo había sido asociado en la Alta Extremadura a especies campaniformes, que no constan en absoluto en el yacimiento.

5.- RELACION CON EL ECOSISTEMA

5.1.La Fauna

La alimentación de estos pueblos resulta claro que se halla en función de una producción, pero dentro de ella existen unos productos que podemos denominar básicos y que debieron de constituir el centro de su dieta alimenticia. Los análisis de la fauna del yacimiento y de algunos útiles empleados en la producción nos han permitido concretar cual fue el centro de su dieta alimenticia.

En primer lugar tenemos que destacar que el conjunto de especies animales registradas, dos terceras partes de los animales consumidos, pertenecen al grupo de fauna doméstica. El ganado ovicaprido se revela como el mejor representado cuando se considera el número de restos de individuos, el hallazgo de queseras testimonia su utilización no sólo como reserva de carne, sino para la fabricación de queso a partir de la leche. Le siguen en importancia el porcino, el equino y bovino, en este mismo orden pero sin grandes diferencias entre ellos. Esta distribución se modifica cuando se considera el peso de los huesos. El caballo entonces aparece como la especie que en principio aporta más cantidad de carne seguido del bovino doméstico.

En resumen, las distintas especies identificadas pueden agruparse en tres conjuntos de distinta significación arqueológica. Por un lado hay grupos de animales domésticos (vacuno, ovicaprino y cerdo) o con visos de domesticación (caballo). En segundo término quedan agrupados los ungulados salvajes objeto de caza (uro, ciervo, corzo y jabalí). Y el cuadro se completa con dos carnívoros (zorro y tejón), dos logomorfos (liebre y conejo) y un ave rapaz.

La muestra por tanto de este yacimiento indica un tipo de economía animal con predominio de especies domésticas conservando porcentajes estimables de caza, aunque en general el modelo de aprovechamiento de las principales cabañas domésticas es de tipo mixto. Junto a ejemplares sacrificados antes de la madurez como fuente de carne hay otros que se conservan hasta edad adulta con el fin de aprovecharlos como productos secundarios (P. Castaños, 1992)

No hay pruebas en este yacimiento de actividades relacionadas con la pesca, en primer lugar por lo deleznable de la estructura ósea de los peces o anfibios y por la escasa superficie excavada, pero contamos con una valiosa información que proporciona el yacimiento coetáneo y vecino del Cerro de la Horca (Plasenzuela), donde aparte de las pesas para redes, se localizaron bolsas estratigáficas rellenas con ingentes cantidades de conchas de moluscos (Unio litoralis y Anodonta cynagea), a los que vulgarmente se les conoce como mejillón y almeja de río.

5.2.- Las plantas

Junto a esta economía de tipo pastoril-depredadora coexistiría una incipiente horticultura, basada probablemente en un consumo doméstico, junto a la recolección de algunos productos silvestres.

Las huertas o campos de cultivo se localizarían cerca del poblado, perfilándose como la zona más apta, la tierra que media entre éste y la ribera del río Gibranzos. Para desbrozar el monte se emplearían las distintas variedades de azuelas de piedra que serían adaptadas en función del trabajo que fueran a realizar, de ahí que la tipología de estos materiales sea muy amplia. Unas se emplearían para el arranque del matorral, otras para cavar y otras es posible que fueran empleadas como incipientes rejas para hendir surcos.

Los dientes de hoz son otro elemento a tener en cuenta dentro de las faenas del campo, pero su hallazgo no implica necesariamente la existencia de procesos agrarios, por la simple razón de que estos pudieron ser engastados para segar forrajes destinados a la alimentación animal, a la cobertura de techumbres o a menesteres domésticos. Sólo el estudio bajo las lentes de un microscopio del lustre o pátina de un útil, podría proporcionar algún dato seguro sobre su utilización en la recolección de cereales, extremo que parece confirmado por la existencia de molederas y de algunos lugares de almacenamiento, como los silos excavados en la roca que hemos encontrado en yacimientos vecinos.

Los árboles y las plantas desempeñaron también un papel importante, aparte de la dieta alimenticia, en la vida del hombre, aportando la materia prima para la construcción de arcos, flechas y otros utensilios, para la cobertura de las cabañas, como combustible, etc.

6.- IDENTIFICACION CULTURAL

Partiendo de una valoración general, este y los otros poblados asentados en derredor del batolito granítico de Plasenzuela, se hallan conectados con el extenso abanico de complejos Calcolíticos de la Baja Extremadura, la Estremadura portuguesa, suroeste, sureste y centro peninsular.

Desde esta perspectiva, la secuencia cultural de las Cabrerizas se instala dentro de una tercera fase de desarrollo de la Edad del Cobre, es decir en un momento pleno precampaniforme caracterizado por la presencia de elementos tales como las pastillas repujadas, las decoraciones peinadas-onduladas, los esteliformes y la sustitución casi total o total en algunos casos, de las cazuelas carenadas por los platos de bordes engrosados y almendrados.

Con estas razones, Cabrerizas podría asimilarse sin dificultad al desarrollo ocupacional del Cero de la Horca en Plasenzuela (González et alii, 1988, 100) y de la Pijotilla en Solana de Barros (Badajoz) (Hurtado, 1986), en un momento en que asistimos a una mayor complejidad en los hábitos de ocupación del territorio, cuando los asentamientos tienden a desmarcarse del llano y pasan a ocupar paulatinamente elevaciones del terreno, en busca de una posición que les proporcione mayores ventajas defensivas, aumentadas en ocasiones por los recintos amurallados, como el que sin duda tuvo Cabrerizas.

Paralelos más concretos con el tipo de construcciones de las Cabrerizas no constan en ninguno de los yacimientos antes citados, no obstante, excavaciones recientes en el poblado de Palacio Quemado (Badajoz), han puesto de manifiesto que la existencia de las mismas obedece a patrones puramente circunstanciales que en ningún caso son sintomáticas del grado de evolución o de la capacidad económica de los poblados. Tanto la Pijotilla como el Cerro de la Horca o muchos de los asentamientos desplegados por la Cuenca del Guadiana (Enríquez, 1990), muestran una variedad y riqueza en sus cuadros de materiales, que por el momento no han hecho aparición en nuestro yacimiento.

Así pues el alzado de cabañas sólidas obedece más a un sentido de perdurabilidad que de pujanza, aunque en algunos casos de Andalucía se asocien a prospectores metalúrgicos, caso de los poblados de El Malagón (Arribas,1978), Cerro de Las Canteras (Motos,1918), y el Cerro de la Virgen (Schule y Pellicer, 1966). Donde al igual que sucede en Cabrerizas el complejo cultural en que se desarrollan estos yacimientos tiene lugar en la fase plena precampaniforme, documentándose a lo largo de la misma un poblamiento de regular extensión, con viviendas de adobe de planta circular, levantadas en ocasiones sobre zócalos de piedra que legan a dibujar plantas circulares con diámetros interiores que oscilan entre 4,20 y 6,40 m. Dentro de las viviendas no existen tabicaciones y sólo se han podido apreciar en el interior grandes hogares formados por círculos de adobe o barro.

En Portugal, la construcción de cabaña del tipo que venimos estudiando, son una constante dentro de las series de grandes poblados, tanto de la Extremadura portuguesa, como del Alentejo o del Algarve.

Santa Justa (Gonsalvez, 1982) o el Monte da Tumba (Tavares y Soares, 1987) serían ejemplos más que clarificadores dentro de este estilo de edificaciones.

BIBLIOGRAFIA

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  • CASTAÑOS P.(1.992): «Origen de la fauna doméstica y salvaje en Extremadura», en prensa.
  • ENRIQUEZ J.J. (1.990): El Calcolítico o Edad del Cobre de la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados. Badajoz.
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  • GONZALEZ A., DE ALVARADO M., PIÑÓN F. Y MUNICIO L., (1.988): «El poblado Calcolítico del Cerro de la Horca (Plasenzuela ., Cáceres). Datos para la secuencia del Neolítico Tardío y la Edad del Cobre en la Alta Extremadura». Trabajos de Prehistoria., 45 Madrid.
  • HURTADO V. (1.986): «El Calcolítico en la Cuenca Media del Guadiana y la necrópolis de la Pijotilla». Acta de la mesa redonda de Megalitismo Peninsular (Madrid 1.984.), Boletín de la A.E.A.A., Madrid.
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  • TAVARES DA SILVA C. Y SOARES J., (1.987): «O Povoado fortificado calcolítico do Monte da Tumba, Escavaçoes arqueológicas de 1.982-86 (Resultados Preliminares)», Setubal Arqueológica , VIII, Setubal.
  • SCHULE,W. Y PELLICER M. (1.966)1/02/9: «El Cerro de la Virgen, Orce (Granada) I, Exc.Arq. de España, 46 Madrid.