Oct 011983
 

Antonio Tercero Moreno.
Profesor de Historia – Barcelona

Que la creación de la Real Audiencia de Extremadura, en 1790, produjo a la región una serie importante de beneficios políticos y administrativos es hoy un hecho harto conocido tras los trabajos de don Miguel Muñoz de San Pedro[1]. Pero de la instalación del alto tribunal en la, entonces, villa de Cáceres se derivaron también otras importantes ventajas de orden diverso. A este respecto destacan sobremanera las iniciativas conducentes al mejor conocimiento del territorio regional; conocimiento asentado sobre las informaciones conseguidas a partir de las respuestas dadas al que propongo sea designado a partir de ahora con el nombre de Interrogatorio Campomanes, al que fueron sometidas todas las localidades de la provincia de Extremadura, con objeto de tener una información exhaustiva y homogénea previa a la entrada en funcionamiento de la Audiencia[2].

Con las contestaciones de este interrogatorio se formó una voluminosa documentación, que actualmente se conserva – aunque no completa – casi virgen en el Archivo Provincial de Cáceres, a la espera de que los investigadores se decidan a penetrar en ella y develar su rica información[3].

Nosotros, que hemos tenido la fortuna y el placer de entrar en contacto directo con este venero inagotable del pasado de Extremadura con motivo de los trabajos de acopio de material e investigación para nuestra tesis doctoral, y como sentido homenaje a la tierra que nos sirvió de cuna, queremos ofrecer algunos datos extraídos de tan valiosas fuentes documentales referidos a Trujillo y centrados en los hospitales y obras pías existentes en la ciudad a finales del siglo XVIII.

La ciudad de Trujillo era a finales de la centuria del XVIII la cabeza del partido más grande de la provincia de Extremadura, el cual, a más de lo que comprende hoy, se prolongaba por los actuales Navalmoral de la Mata, Logrosán, Herrera del Duque, Puebla de Alcocer y Don Benito, abarcando un total de setenta y dos pueblos.

La visita del partido fue encomendada a don Pedro Bernardo de Sanchoyerto y Achúcarro, uno de los cuatro alcaldes del crimen de la primera planta de la Real Audiencia. Su informe, fechado el día 13 de febrero de 1791, consta de sesenta y cinco folios manuscritos, completados con una serie de informes secundarios sobre temas concretos, ampliación de varios puntos tratados en el informe general. A lo largo de las cincuenta y seis preguntas del interrogatorio Campomanes a que se ajusta el informe[4], éste nos va dando noticias sobre el aspecto general de la localidad, su situación geográfica y régimen jurisdiccional, para pasar sucesivamente a considerar extremos tales como la condición, número y ocupación del vecindario, administración de justicia, actividad económica, situación religiosa, educativa y cultural, entre otros.

Trujillo era ciudad realenga, con corregidor y alcalde mayor nombrados por el rey. La población alcanzaba los 720 vecinos en el casco de la ciudad, sumando con los arrabales 978, ocupados fundamentalmente en la “servidumbre del campo” y como labradores para los vecinos de los arrabales, y como menestrales y jornaleros para los de la ciudad.

HOSPITALES

A la sazón funcionaban en la ciudad dos hospitales: el del Espíritu Santo y el de la Caridad.

El primero de ellos[5] estaba “a cargo de los caballeros”[6] y regido por una Junta formada por un hermano mayor, visitadores y contadores. Al referirse a él, Juan Tena Fernández en su obra sobre la historia de Trujillo, señala que en este hospital estaba la Cofradía del Espíritu Santo, “a la que únicamente podían pertenecer quienes gozasen de hidalguía”[7]. Según el informe de Sanchoyerto sus rentas consistían en “yerbas, juros, censos y casas”, que ascendían a una suma de doce a trece mil reales.

Por lo que se refiere al tema de la fundación, se afirma que ésta era inmemorial. Las ordenanzas al parecer se hicieron en virtud de la Bula papal de 1572, sin estar refrendadas por el Consejo.

La Junta se celebraba, con autorización del corregidor, el primer domingo de octubre para elegir los cargos.

Este hospital estaba especializado en la cura del mal venéreo, “tanto a vecinos como a soldados y forasteros hasta dieciocho, y más si urge la necesidad”[8]. Para el cumplimiento de tan específica misión sanitaria contaba con el siguiente personal: capellán, médico, cirujano, boticario, sangrador, enfermero y dos enfermeras. Además de la lucha contra el morbo gálico, los documentos señalan otras tareas de asistencia diversas como la compra de ropas de camas, la entrega de camisas a los necesitados, el pago de misas de dotación y el servicio de convalecencia a los pobres.

En lo relativo a la administración, se tomaban las cuentas de unos a otros sin intervención judicial, práctica que – nos dice el informante – “necesita de alguna reforma”.

El hospital de la Caridad, de que era patrona la ciudad, tenía una renta anual de quince mil setenta y ocho reales y veintidós maravedíes en yerbas, molinos, casas, huertas y cercas. Se dedicaban a atender los gastos de servicios muy diversos que incluían la manutención de pobres enfermos, el pago de las dotaciones y cargas que tenía, los oficios de Semana Santa, la misa cantada el día de San Lorenzo, el oficio de difuntos que se celebraba cada año por los que morían en el hospital, la paga de subsidio, el refresco que se daba a los caballeros comisarios del Ayuntamiento a quienes se rendían las cuentas, y la cura de las enfermedades regulares a excepción de las contagiosas.

En sus causas entendía el Juez Real, y las visitas eran realizadas por el eclesiástico.

Al parecer tenía ordenanzas formadas y remitidas para su aprobación al Supremo Consejo de Castilla. Al referirse a ellas, el ya mencionado Tena Fernández[9]afirma no conocerlas, aunque – añade – que es presumible fueran iguales o muy parecidas a las de otras Cofradías de la Caridad, existentes en muchos pueblos extremeños. A este respecto cita el caso de la de Garciaz, de la que ofrece varios datos precisos y el texto del capitulo tercero, “De las entradas”, en el que consta que la benéfica institución se sostenía económicamente de la caridad, es decir de las aportaciones voluntarias de los hermanos y de otras limosnas[10].

A finales de la centuria del XVIII la institución atravesó, a lo que parece, una grave crisis y sus rentas estuvieron en muy mal estado. El hecho se debió -informa Sanchoyerto- a que durante varios años no cesaron los litigios entre los hermanos sobre reelecciones de oficios “y otras inútiles instancias, de modo que en esto, y en refrescos, tenían perdidas y consumidas sus rentas”, así que para mantener a los pobres enfermos hobo que salir a pedir limosna por las calles. Y debiendo tener de continuo el establecimiento doce camas, fue preciso cerrarlo en 1790, para reabrirlo, al año siguiente probablemente, con menor número de camas. Sobre estos incidentes fueron enviadas varias representaciones al Consejo. El informante termina proponiendo la intervención de “una superior providencia” para contener los excesos, arreglar los gastos y hacer que se le dé a sus caudales la debida distribución, “pues, aunque la Justicia Real conoce de él, y el eclesiástico le visita, no parece ha habido el correspondiente celo en el cuidado de su manejo”[11].

Hubo con anterioridad otros dos hospitales llamados de Santa María y de Santa Lucía, cuyas ermitas se hallaban ya arruinadas y sus rentas perdidas. El informe establece la hipótesis, que nosotros aceptamos, de que se tratara de sencillos establecimientos para acoger a pasajeros en tránsito por la ciudad[12].

OBRAS PÍAS

Además de las dos instituciones hospitalarias referidas, en Trujillo existían en la última década del siglo XVIII, y según el informe del vicario eclesiástico citado por Snachoyerto, nada menos que veintiséis memorias pías[13]. En el citado informe, al decir del ministro de la Audiencia, se consignan datos reveladores sobre las mismas, como los referentes a sus fundadores, rentas, administraciones y fines, que habrán de consultarse a la hora de abordar el estudio en profundidad de las obras pías trujillanas y extremeñas. Pero no es éste el propósito del presente trabajo, que, en su sencillez, no aspira sino a dar algunas noticias sobre el tema, y a fijar una línea de posible interés para ulteriores investigaciones.

Sin embargo, conviene señalar que entre las referidas fundaciones piadosas, y otras diversas “pero pequeñas y casi perdidas”, destacaba la que se dedicaba a “la crianza de niños expósitos” de que era patrono el Padre Prior de los dominicos de la Encarnación de la ciudad. La historia de la presencia de los monjes de Santo Domingo en Trujillo llena una de las páginas más brillantes de la ciudad. Instalados inicialmente en el berrocal trujillano, en 1489, accedieron, a ruegos del Concejo – que deseaba proporcionar a los trujillanos los bienes de ciencia y virtudes en que los dominicos eran notables maestros – y se trasladaron a un alcacer, terreno de pan llevar, extramuros de la cuidad, donde habían levantado nuevo monasterio en un solar cedido por el Concejo. El convento recibió el nombre de Encarnación, y ocupaba el amplio espacio que hoy cubren el Colegio hasta hace pocos años regentado por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, su Iglesia, la calle del Marqués de Albayda, el Colegio de Religiosas Carmelitas y el Cuartel de la Guardia Civil. Como bien dice Tena Fernández[14], de quien hemos tomado los datos que anteceden, durante tres largas centurias de permanencia de los dominicos en la cuidad, fue ésta su casa religiosa, hontanar rico de ciencia y virtud que fecundó la vida de Trujillo y su comarca, y que proyectó su benéfica acción por la geografía de España y del Nuevo Mundo.

Según el informe de Sanchoyerto la renta anual con que contaban los dominicos para llevar a cabo su misión de cuidado y crianza de los niños abandonados era de doce mil reales aproximadamente, y daban cuentas al vicario con presentación de libros de registro y gastos.

NOTAS:

[1] La bibliografía sobre la Real Audiencia de Extremadura es muy pobre. Se reduce prácticamente a los siguientes trabajos : DUARTE, Lino: “Antiguallas extremeñas. La Audiencia Territorial de Extremadura”, en Revista del Centro de Estudios Extemeños, 1935, pp. 315-349; MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel: La Real Audiencia de Extremadura. Antecedentes, establecimiento y primeras décadas. 1775 – 1813, Madrid, 1966; El mismo: “La Real Audiencia de Extremadura en la Guerra de la Independencia”, en Estudios de la Guerra de la Independencia, I, Zaragoza, 1964; El mismo: “Regentes, ministros y fiscales de la Real Audiencia de Extremadura durante las primeras décadas” en Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 1959, pp. 609-621.
Tratan también del tribunal extremeño autores como Vicente Barrantes en su valiosísimo Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura, Madrid, 1875, que en la voz “Cáceres” recoge un amplio extracto del discurso del primer regente de la Audiencia en el acto de la apertura, redactado por el extremeño Juan Meléndez Valdés. También Publio HURTADO, en sus “Tribunales y abogados cacereños”, en Revista de Extremadura, tomo XII (1910), pp. 101-172 (Reeditado aparte: Madrid, 1980); J. SANGUINO Y MICHEL: “Cáceres en 1790”, en Revista de Extremadura, tomo I (1899), pp. 213-230, y Juan Félix SANZ SAMPELAYO en “Desintegración de la Real Chancillería de Granada”, en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Moderna, II, Córdoba, 1978, pp. 245-252, se refieren a la Real Audiencia de Extremadura.

[2] Fueron encomendadas las visitas a los ministros de la primera planta, que se dividieron el territorio en nueve demarcaciones, correspondientes a los ocho partidos de la provincia de Extremadura – no nueve como erróneamente dice Muñoz de San Pedro – más las tierras de la jurisdicción de Coria. Fueron contestando a un cuestionario o interrogatorio, mandado redactar por Campomanes, compuesto por cincuenta y seis preguntas, a fin de obtener una información completa de la situación de la provincia.

[3] Es de lamentar el poco fruto que hasta el momento actual se ha sacado de una fuente tan rica y tan incomprensiblemente ignorada. Relacionada con este inagotable fondo archivístico no conocemos más obra que la de Juan Martínez Quesada Extremadura en el siglo XVIII según las visitas giradas por la Real Audiencia en 1790. I-Partido de Cáceres, Barcelona, 1965, que transcribe literalmente el texto de los legajos correspondientes al partido citado en el título. En su obra Morir en Extremadura. La muerte en la horca a finales del Antiguo Régimen, 1792 – 1909, Cáceres, 1980, A. RODRÍGUEZ SÁNCHEZ ha utilizado parcialmente la información de las visitas. En proceso de elaboración o ya concluidas, aunque no publicadas, hay varias tesis doctorales que tratan aspectos diversos relacionados con la documentación referida. Tenemos noticias de los trabajos de TEXTON NUÑEZ, SANTILLANA PEREZ Y VALVERDE SAIZ, entre otros.

[4] Este informe se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres (a partir de ahora, AHPC), legajo 13, expediente 16.

[5] Sobre este hospital véase la obra de Juan TENA FERNÁNDEZ Trujillo histórico y monumental, 1967, pp. 111-115

[6] Se refiere a los caballeros de la Cofradía del Espíritu Santo, en la que como se señala a renglón seguido ingresaban exclusivamente caballeros de notaria y probada hidalguía. De ahí que en diversos expedientes de pruebas de nobleza se recurría por el pretendiente a atestiguar que era cofrade de la del Espíritu Santo.

[7] Juan TENA FERNÁNDEZ, op. cit., p. 112.

[8] AHPC, leg. 13, exp. 16.

[9] Juan TENA FERNÁNDEZ, op. cit., p. 150.

[10] Para un conocimiento completo de estas ordenanzas véase Francisco FERNÁNDEZ SERRANO, Las constituciones y ordenanzas de la Cofradía de la Caridad de Garciaz, Badajoz, 1975.

[11] AHPC, leg. 13, exp. 16.

[12] Debieron ser, en efecto, muy sencillos establecimientos porque en la obra citada de TENA no hemos encontrado ninguna referencia a ellos.

[13] El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, en la cuarta acepción define el vocablo memoria de la siguiente manera: “Obra pía o aniversario que instituye o funda uno y en que se conserva su memoria”. Es en este sentido, es decir, como fundaciones y obras pías, que se toma aquí la denominación de memorias pías.

[14] Juan TENA FERNÁNDEZ, op. cit ., pp. 143 y 144.

Oct 011983
 

Eleuterio Sánchez Alegría.

¡En marcha, generosa Extremadura, la de los bravos caballeros!

En mi bibliografía tengo siete trabajos que concurren a un concurso literario en prosa bajo el tema de «Extremadura», convocado estos días por el Hogar Extremeño de Barcelona, con motivo de la festividad de su Patrona la Virgen de Guadalupe.

Precisamente, cuando ya me había determinado a enviar una Comunicación este año acerca del turismo literario en Extremadura, particularmente en Trujillo, allá por los años 1954 al 1960 y aun en tiempos posteriores, he aquí la lectura de los precitados relatos en orden a emitir mi voto como Vocal del Jurado, me ha hecho cambiar mi idea y un comentario sobre los mismos me parece oportuno y de interés para una concurrencia cual la de estos Coloquios. Quizás me equivoque en mis apreciaciones sobre cada uno, pero mis conclusiones generales sobre sus conceptos de la Extremadura actual son para mi muy significativos y nos obligan a una reflexión.

De uno de ellos, no cabe decir más que es la expresión de un posible aspirante a 1º de BUP, por la infantilidad y simpleza de su redacción y contenido. Debió pensar en la consigna generalizada de que lo que importa es participar, y ahí va eso, señores del jurado.

Un segundo nos lanza su panegírico de Extremadura bajo el epígrafe de «Guadalupe, pila bautismal de América» e invoca sus testimonios históricos. Entrega de cartas a Juan de Peñalosa para Colón en el Monasterio de Guadalupe antes de emprender su expedición; el bautismo de los dos indios verificado en el propio monasterio extremeño, en cuyo archivo se guardan y las visitas de tantos conquistadores y colonizadores para demandar protección a la Virgen de las Villuercas o dar gracias a Dios por haber tornado a la península sanos y salvos, generalmente rumbo a Trujillo, con sus miras puestas siempre en las lejanas Indias.

Hace luego una evocación particular del convento franciscano de Tesas cala en la excesiva altiplanicie que a 3.000 metros sobre el nivel del mar se alza entre la ciudad de Méjico y la Puebla de los Ángeles, en medio de gigantescos volcanes. Allí hay una gran pila bautismal, «tazón de piedra para un cíclope», como dice muy bien nuestro/a concursante, y una lápida que testifica el gran gesto oficial de los jefes mejicanos y que supuso tanto para ellos como para nosotros, hispanos, la conversión de Recadero. En esta fuente fueron bautizados los cuatro senadores de la República de Tesasela por don Juan Diego, capellán del ejército de don Hernán Cortés y sus cuatro distinguidos capitanes: don Pedro de Alvarado, don Andrés de Tapia, don Gonzalo de Sandoval y don Diego Ortiz. Un viejo lienzo en el palacio de Chapultepec nos recuerda la emotiva escena de fe católica a las futuras generaciones.

Los misioneros españoles constantemente multiplicaron las pilas bautismales en todas las latitudes de la inmensa América y más adelante la Virgen de Guadalupe es la celestial mensajera, apareciéndose entre rosas al indio Juan Diego, ante cuyo milagro se rinde el piadoso arzobispo de Méjico, Mújica, y surge en su día primero la extendida devoción a la común Madre Guadalupana y sus maravillosos templos después, asombro de los Continentes.

El tercero de turno es un bello cuento sobre «el Cartero de Ahigal», ese castizo pueblo del partido de Hervás, del que dista, sin embargo 45 Km. y otros 124 de la capital de provincia, pero ya en los contornos de Plasencia. En la margen derecha de la carretera general de Salamanca – Cáceres y a unos 30 Km. de la misma, vive este tranquilo pueblo su ajetreada vida entre sus variadas fincas de labor, cultivando sus cereales y olivos, con su miaja de regadíos. No escasean sus talleres de carros y sus tejares que surten de tejas y ladrillos a la vecindad y pueblos comarcanos. Para la pinta tampoco faltan tabernas. Hay varios cortijos en su territorio, figurando como el más destacado el denominado «Venta de la Quemada». Para recreo de mozos y mozas hay un salón de baile y hasta un cine…

Pues bien. Siguiendo más o menos el hilo de la narración, el cuento aludido «El tío Leonardo o el cumplimiento del deber», se desarrolla en estos términos:

«Eran los tiempos de maricastaña, cuando se terminó de hacer la carretera que va desde Plasencia al pintoresco y no pequeño pueblo de Ahigal y, tan pronto estuvo terminada, empezaron a circular por ella los primeros coches que, saliendo de la muy hermosa ciudad del Jerte, recorrían los pueblos de Oliva de Plasencia y Santibáñez el Bajo (alude, en efecto, a los coches de línea que atienden actualmente a la ruta Plasencia – Casar de Palomero). Pero, como dicha carretera no llegaba más que hasta Ahigal, el correo era llevado a los vecinos pueblos de Mohedas de Granadilla, Cerezo, Marchagaz y Palomero, por un peatón llamado «El tío Leonardo» que llegó a hacerse popular, no sólo por su carácter sencillo y bonachón, sino también porque, en el cumplimiento de su deber estaba dispuesto a ofrendar su vida, como llegó a demostrarlo con hechos. Salía por las mañanas caballero en su jumento, con la cartera llena de correspondencia y giros postales, regresando de nuevo, cuando el astro rey se iba ocultando tras la Sierra llamada de «Dios Padre». Era un hombre valiente y no le tenía miedo a nadie; pero, en cambio, sí que le horrorizaba tener que cruzar el riachuelo llamado «El Palomero», que, si bien es verdad que en verano no llevaba agua ni para beber el jumento, tampoco es menos cierto, que en invierno, con algunas fuertes tormentas caídas en las Sierras del Casar de Palomero, bajaba tan crecido hacia el río Alagón que muchas veces nuestro Cartero tenía que ponerse de rodillas sobre la albarda del borriquillo, para poderlo cruzar, teniendo que hacer más equilibrios que los trapecistas de los circos.»

Y a continuación nos cuenta de manera encantadora alguna que otra anécdota de este cartero tan güeno y salao, haciendo gala de su habla extremeña, que de verdad cotiza mucho tan hábil narrador de este cuento:

«Uno de esos días de invierno se le partió la cincha que sujetaba la albarda del animal y hubo de entretenerse más de la cuenta en el pueblo del Cerezo, para que tío Bartolo, zapatero de oficio, se la cosiera, diciéndole el tío Leonardo en su lengua vernácula: «Aquí vengu, Boartolu, pa que jagas el favol de coslmi la mi cincha, porque sin ella, me se va a cael la abarda». El zapatero que, como todos los de su oficio, era un guasón le contestó: «Pero, Lonardu, no digas delantri de naidi que te se cai la tu albarda, porque puedin rebuznalti dicil: «Ahí va el burru de tiu Lonardu». Además, has debido de tenel, en ves de un burru, una burra y asina hubieras teníu la ocurrencia que tuvu un Padri Cura llamau «El Padri Manjón» que sigún dicin fundó las Escuelas del Ave María, que resulta que iba montau en burru pa dal clasi en Graná y un día los estudiantis le dijeron que por qué era burra y no burru, a lo que contestó el curita que era burra, pa que cuandu lo vieran llegal, no le dijeran: «Allí vieni ya el burru del Padri Manjón».

Y ya que hablamus de albarda – prosiguió el zapatero – hay que tenel a vecis muchu cudiau cómu se dicin las cosas, pa que no se intrepetin mal, comu le pasó al sacristán del pueblo de Lagunilla, que comu a esi pueblu iban a veraneal los Obispus de Coria, llegó unu nuevu allá y el sacristán lo saludó mu atentu y le preguntó el señol Obispu: «¿Y que otro oficio tiene nuestro hombre, además de sacristán? Y, sin pensarlu siquiera, le contestó de siguía: «Soy albarderu, pa servirli a su Reverendísima». Pero como el Señor Obispo no se lo tomó a mal, se echó a reír y le contestó: «No, no, será para servirle a los burros del pueblo y a los de los alrededores, a los que hace las albardas».

Entre bromas y veras el tío Bartolo había rematado el cosido de la cincha y, puesto que no quería cobrarle por su trabajo, el tío Leonardo le invitó a tomar un cuartillo de vino de la tierra en la taberna más próxima. Y, en efecto, allí lo tomaron en la típica jarra de barro colorado, al estilo de pueblo. Al salir de la taberna ambos amigos, he aquí que viene al encuentro del cartero una mocita de 20 años muy agradecida, pero sin dientes, cosa muy natural, a causa del agua excesivamente fría de la comarca, como la declara la copla que los mozos de Ahigal cantan a las mozas del Casar:

«Las mocitas del Casal
son guapas; pero sin dientes,
pol bebel el agua fría
y los calvotis calientis.»

Pues bien. Nuestra moza le dijo al «Peatón», mientras le entregaba dos cartas que llevaba en las manos: «Tíu Lonardu, ha dichu mi madri, que tenga usté estas cartas que una es pa mi hermana que está sirviendu en Murcia y la otra es pal mi noviu que está de milital en Cáceres y me ha recomendau muchu mi madri que tenga cudiau con los dos, porque llevan die durus en cada una, pa que los probis se los gastin en estas Navidadis.»

«¡Me casu en Reus! – exclamó el «Peatón». «¿No sos tengu dichu mil vecis que no metáis las perras en las cartas y que mandal dineru está el Serviciu del Giru Postal que es el mas seguru? Paeci mentira que seais asina. Sos lo voy a tenel que dicil cantandu pa a vel si asín me entendéis de una vez pa siempri!»

La moza lo contestó: «Güenu, tiu Lonardu, no se ponga usté asina que pol una ves naidi se va a enteral; no lo golveremus a jacel …» Y la moza se alejó rápidamente calle abajo, pues un fuerte viento, anunciador de recia tormenta, se precipitaba y la gentil adolescente se veía impotente para bajar sus faldas, mientras farfullaba entre dientes estas palabras: «¡Qué airi más alcagüeti y puñeteru esti de las tormentas! Mos arremanga las faldas pa arriba, pa que mos vean los mozus las pantorrillas y aluegu, en el baili, mos pongan más colorás que un tomati de los del Mercau de Plasencia!».

El cartero, por su parte, regresaba a Ahigal y por el camino iba pensando que para estar ya en vísperas de Navidad, no llevaba muchos giros y la sospecha acudía a su mente: «Si tos estus vecinus de estus pueblus, jacin comu la mocita y su madri que metel las perras en las cartas, está bien demás el Serviciu del Giru …»

Volviendo más en si, levanta la vista y divisa en el horizonte lejano unos negros nubarrones cargadísimos por encima de las Sierras de Hervás, sombreando su pico más algo, «El Pinajarro». Como el fenómeno lo había experimentado tantas veces, nuestro buen hombre no se asustó, aunque ya preveía lo que iba a suceder, es decir, que se encontraría con el río Palomero bastante más crecido por el cúmulo de torrentes que ocasionan las tormentas. Pero en esta ocasión el río enano se había convertido en un río gigantesco. Por eso el borriquillo, pese a ser obligada comparación de los tontos, se negaba a pasarlo, barruntando el peligro de muerte. El tío Leonardo se sentía acuciado por el cumplimiento de su deber en el reparto de la correspondencia que llevaba para sus vecinos. Cierto miedo le corría por su cuerpo, pero lo disipó en buena parte, el santiguarse y rezar unas oraciones. Tal vez pensara incluso en el peligro de muerte, pero cual filósofo estoico o buen cristiano, «Ad utrumque paratus» (Dispuesto a todo), atizó a su jumentillo y al agua los dos.

Lograron dar sus primeros pasos, pero al fin el pobre animal hundió sus patas en un hoyo del río y los dos se vieron arrastrados por la impetuosa corriente. El borriquillo pereció bien pronto al golpearse contra un molino, mientras el tío Leonardo conseguía asirse a una rama de encina y tras muchos esfuerzos y dando tumbos, con el agua hasta el cuello, sin perder la cartera, arribaba a la otra orilla. Apenas se repuso un poco, magulladísimo y medio muerto, arribó a Ahigal. Ya se puede suponer la impresión de su mujer al contemplarle convertido en un «Ecce homo».

Tan dolorido como estaba, bien a su pesar se metió en la cama, todo obsesionado por al correspondencia que al día siguiente repartió su esposa. El médico del pueblo viendo que nada mejoraba de su mal, lo remitió a un Doctor de Plasencia, quien tan malo a través de Rayos X le pareció, que diagnosticó que no tenía remedio y tornó a Ahigal. Y un día pasaba y otro volvía, pero el Cartero no mejoraba; más bien se les iba, se les iba para la eternidad … Al fin, le llegó su hora y jamás se había concentrado tanto gentío por un entierro. En verdad, el tío Leonardo, dechado de virtudes ciudadanas, se merecía tal homenaje de sus paisanos y vecinos, que le consideraban muerto en el cumplimiento de su deber. Con mucha razón el Alcalde regaló a cada vecino de Ahigal una copia del epitafio compuesto en su honor y del que transcribo sus primeras estrofas:

«Aquí hubu un hombri cabal,
güenu y mu cristianu,
que pa tos los del mi Ahigal,
siempri jue como un hermanu.

Tíu Lonardu jué su nombri
y de oficiu el de Peatón,
lo que se dici un gran hombri,
servicial y bonachón.

Lo que el pueblu ha de sabel
es que la vida perdió
cumpliendu con el debel
y que muchu mos amó …»

Este hermoso cuento del «Cartero de Ahigal» es posible que haya sido una afortunada realidad y el autor del relato, anónimo hasta este momento para el Jurado, ha recordado los hechos históricos en su afán de moralizar a sus lectores. Si se dio el caso, ciertamente para todos se constituiría en un ejemplo de virtud y que puede interpretarse como antídoto contra la natural pereza y desidia de muchos extremeños que, por otra parte, se lamentan de la decadencia de Extremadura y fomentan el pesimismo colectivo.

Nosotros, en cambio, estamos convencidos de que todavía hay cantera sobrada de hombres grandes en nuestra Extremadura, pero es preciso contar ante todo con el trabajo constante y el esfuerzo personal sin regateo por la región, contando por supuesto con su gloriosa historia como acicate mayor e ideal supremo. Al estilo romano, debemos recordar a todas horas el ejemplo de nuestros mayores, en sus empresas y propósitos.

Confieso que, leyendo el inestimable libro «Semblanza de España» por Maurice Legendre, antiguo profesor mío en la Universidad de Madrid, me emocionó aquella página que dedica a Don Fausto Maldonado, un conquistador moderno, quien a sus veinte años, humilde pastor, aprendió a leer y escribir y con su fuerza de voluntad rayó tan alto en el aspecto de la cultura que en su día se le encargó el organizar de forma responsable la enseñanza en la comarca de las Hurdes. Y en verdad que cumplió perfectamente su misión, pues era todo un bravo y noble caballero de Extremadura.

Los elogios de Manuel Siurot primero a «El genial Don Fausto» y los comentarios del insigne hispanista francés son muy justos: «Era uno de aquellos extremeños a cuya voluntad nada se resiste. Su Nuevo Mundo fue aquel distrito montaraz de las Hurdes; allí enseñó a leer y escribir, a cuidar de los olivos y de las cabras, a sanear la choza, a erguir la frente inclinada desde siglos hacia la tierra y hacia la tumba, a descubrir el cielo, a pensar y a experimentar esperanza …. Propagaba la Buena Nueva para el cuerpo, la inteligencia y el alma; pero prodigando el bien con un arrojo que la muerte no fue capaz de menguar. Hoy millares de hombres viven vida humana porque don Fausto pasó por allí. Midiendo perfectamente el alcance de mis palabras, digo que el fallecimiento de aquel desconocido fue una inmensa desgracia para España».

Precisamente hace poco más de un mes que visitaba yo por primera vez las Hurdes y, a pesar de tanta literatura funesta, aunque alguna positiva, las he encontrado muy normales y hasta muy superiores en su aspecto agrario y urbano con relación al resto de España. Procedente de la Alberca y adentrándome por las salmantinas Batuecas, en el abismal valle de impresionante silencio y soledad, con verdadero agrado contemplaba entre jaras y brezo Las Mestas, Vegas de Coria y Nuñomoral, donde me encontré con una perfecta urbanización, en que había edificios oficiales al día que eran un primor: su Casa Consistorial, su Grupo Escolar, su Iglesia parroquial, su Centro de Higiene y Hospital, etc. todo recién estrenado o muy bien conservado como el primer día. Visitando luego Caminomorisco y Pinofranqueado, al contemplar sus regadíos, arbolado de todo tipo, además de los clásicos olivos y encinas, comunes a toda Extremadura, quedé encantado de su paisaje. Sus respectivos Ayuntamientos y Grupos escolares son edificios exactamente capaces y modelos de los que se observan en grandes ciudades. Su campiña y centro urbano concebidos para vivir con la mayor comodidad.

Si el milagro se ha operado por obra y gracia del Estado, por la repoblación forestal concretamente, no lo podría afirmar de manera rotunda. Suponemos que en su buena parte será debido al esfuerzo personal y sacrificio de los propios hurdanos, alentados en sus faenas por jefes extremeños de la talla humana del citado don Fausto. Por de pronto, la Diputación Provincial tiene muy bien cuidadas aquellas carreteras y se llega cómodamente por todos los trayectos a cualquiera población de las Hurdes, ya gires hacia Casar de Palomero o Villanueva de la Sierra, pueblos encantadores. Nosotros, después de visitar estos dos pueblos, optamos por dirigirnos al importante Montehermoso, el del castizo indumento de la Alta Extremadura, para acabar en Coria. ¡Los regadíos de esta zona qué riqueza y qué hermosura!

Si tenemos en cuenta las fértiles tierras del Valle y la Vera de Plasencia, con producciones de toda clase, sus extensas dehesas, con ganado sobrado de todas las especies, no es posible que la economía cacereña sea tan mala y para tanta alarma general: Y por muy a menos que haya venido el gran Plan de Badajoz, no puede ser tan catastrófico como nos lo quieren hacer ver. El problema de la sequía es pasajero y la urgente ayuda estatal no debe faltar…

Comoquiera que sea, los cuatro concursantes que me restan y cuyos conceptos analizo en este reportaje me hacen temer que existe una generalizada visión de Extremadura catastrófica y pesimista en sumo grado, que aun desde el punto de vista político, no hay razones serias para compartir, al menos en esa escala.

Así, pues, continuando con nuestros concursantes, diremos que un cuarto, bajo el epígrafe «El ritmo de Terpsícore»,bella alusión a la graciosa musa de la danza, con su lira como atributo, apenas esboza una idea sobre la tierra extremeña y sus hombres, envuelta en el cendal de pesimismo. Es un «palabrero». Adjetivo con el que tildó Unamuno injustamente a Donoso Cortés, al situarle en la línea plenamente andaluza de Castelar, hombre de vagos conceptos con demasiada forma para poco fondo, escaso pensamiento. Sin embargo, ello implicaba un elogio al grandilocuente orador de España, la gran figura católica de aquel momento…

Y he aquí un quinto que pretende ser un poeta lírico y se despacha con su «Mi piropo a Extremadura» (La otra cara extremeña) y en sus diez folios nos entretiene con la sentida narración de su nacencia en la estación ferroviaria de Usagre-Bienvenida, por cuyo trayecto de encinares circula el tren de Sevilla, «entre jierros y nubes negruzcas o de blanquinoso pelaje, jadeante y chillón». «Asina me asomé al mundo en aquel cacho de tierra extremeña, una esgarrá amanecida, mucho tiempo d’ello jace». Y a continuación nos cuenta su vida fuera de su tierra y sus reacciones: «Cuando aún no era más que un zagalón cañibalao, un empujón de la suerte me lanzó lejos de mi tierra. Lejos de la tierra de Dios … Y entonces empecé a escuchar conceptos y pareceres sobre mi patria chica que no me gustaron jamás: topónimos, escatológicas definiciones y equivocados modismos para ofrecer a Extremadura el ese malhadado escaparate de la «parda tierra y el hombre pardo».

Y precisamente para borrar el efecto de esta monótona cantilena «parda tierra», «hombre pardo» él ensaya este piropo. Un piropo de diez folios, en que se mezcla lo divino con lo profano, la verdad con lo imaginativo, lo real y lo irreal en un sueño de pura grandeza para su querida Extremadura.

He aquí algunos fragmentos, en que a su modo nos describe esta bendita tierra:

«Extremadura no es tan parda como intentan esquematizar: yo puedo verla rosa y lozana al cristal de nuestras querencias. Sueño con sus castillos roqueros y sus lozanas vegas; con las legiones de encinas y alcornoques y con el oro viejo de sus pastos en dejesa; con los garabatos de sus prietos encinares y con el punteo simétrico de sus viñedos; con los verdes brillantes de la Vera o con los ocres ondulados de la Serena; bajo la quebrada cuna del Tajo poderoso o la mansa caricia de las pandas orillas guadianeras; sobre riscos y canchales de sierras que aroman a tomillo y romero, a jaras y brezos, a charnecas, torviscas y a la sazón pura del madroño, a humo de chozo trahumante y al aliento de las nómadas carboneras…

Extremadura es paisaje de fuertes contrastes, choque eterno de confines en cielo, agua y tierra: Engendro escarnecido para otros cacho vivo del alma en nuestra querencia. Y donde otros no ven más que pardos sucios de miseria, yo veo nítido el color de sangre seca en tierra regada con el sudor y la sangre de hombres que, en su humildad noble, se yerguen sobre la Historia con esplendente grandeza. Choque de ¡juerza contra juerza… y puede más la juerza del hombre nuestro, apoyado en los bríos sencillos y llanos del alma extremeña … Raza de hombres cansados de abrir surcos y destripar terrones, prieta la mano sobre la esteva.

Y sí, no podemos olvidar que a Extremadura la llaman la «C e ni cien t a» la de los hombres explotados a de de sol a sol por una miseria; la tierra de las esperanzas eternas; la que suspira por redenciones que nunca llegan; a la que ministriles y gobiernos multicolores siempre la dieron de lado, relegando para los últimos o para nunca sus justas pretensiones, instadas en el tiempo en un clamoreo tan desgarrador y continuo como desoído y olvidado fuera a través de unas y otras generaciones.»

Alude luego a que la misma capital de Badajoz fue considerada siempre como «Plaza de castigo» y que se tilda de «belloteros» a los extremeños con cierta sorna. Y, en verdad, que su reacción es una digna pieza de un agudo castúo: «¡A mucha jonra!, que páablá como argunas gentes capitalinas , farseando su lengua, prefiero jacerlo d’esta manera ajogao en la nobleza, en la juerza y en la jonra de mi tierra! porque naiede me jizo renegá d’ella …» Y creo que es hora que se nos conozca por lo que tenemos y somos, no por lo que otros quieren que tengamos o pretendan que seamos en acepcionestan dispares de nuestra auténtica forma y razón de ser: Extremadura, no vamos a discutirlo es gañanía de nombres ilustres en lo militar y lo civil, en las artes y las letras; es cuna de mentes pulimentadas y hombres de preclara inteligencia: hijos del caletre de aquellos gañanes que hicieron posible el milagro de un natural saber conjugado con los entríngulis de cencia …»

Y como si diera un beso sonoro a la tierra madre, su piropo se consuma con las palabras más cariñosas: «He recorrido muchas tierras; he visitado maravillosos y exóticos lugares de otros mundos, muy lejanos a la parcela extremeña, y puedo decir llana y lisamente, con la mayor objetividad, que jamás ojos vieron en parte alguna la luz y las claridades de nuestros amaneceres ni la maravillosa sinfonía de colores, claridades y luces que nos puede ofrecer un atardecer otoñal en tierras pacenses … ¡Es algo único!»

Quien esto escribía para un concurso literario en prosa, ahíto de «saudade», vive actualmente en Badajoz, en los límites de Portugal, y el Jurado le otorgó muy gustoso el 2º Premio: D. Teodosio Moralo Guerrero.

Se da la coincidencia de que el primer premio se le concedió a otro aspirante que también reside en Badajoz: D. Luís Martínez Terrón. Es extraordinaria la evocación que hace de Extremadura y su paisaje, mereciendo su trabajo altos elogios. Buen conocedor de Madrid, nos cuenta bellamente sus andanzas de acá para allá en su búsqueda de libros sobre Extremadura y es emocionante cómo nos describe su afán y su congoja ante el hecho del desconocimiento general de una Extremadura, ante la cual habría que descubrirse con gran respeto. Pues bien, he aquí su relato:

«Recorrí las librerías donde tradicionalmente hay de todo, viejo y nuevo, enclavadas en las calles de Tudescos, Silva, Libreros, Luna, buscando obras sobre Extremadura o de autores extremeños. Nada. La negativa por repuesta. Me acerqué a la Librería Internacional de Espasa-Calpe, en la antigua Avenida de José Antonio y sólo pudieron mostrarme «EXTREMADURA SAQUEADA» y una ANTOLOGÍA de Álvarez Lencero. Nada más …»

«Ya no sentía las finas saetas de lluvia clavándose en mi rostro ni los manotazos del viento flagelando mi cuerpo. Lo que sentía en todo mi ser era el frío del abandono en que vivimos. EXTREMADURA, mi tierra, la que dio al mundo y a esta España olvidadiza días de gloria y hombres de talla gigantesca, San Pedro de Alcántara, Donoso Cortés, Menacho, López de Ayala, bravo murillo, Arias Montero, Francisco Sánchez de las brozas, «El Brocense» y los héroes míticos de la gran aventura americana, Cortés, Pizarro, Orellana, Valdivia, Balboa, Alvarado, Hernando de Soto, Cabeza de Vaca, García de Paredes, Alonso de Ojeda, Sebastián Belalcázar, los Ovandos y los Aldanas y mil nombres más que están recogidos con letras de oro en el Libre de la Historia, era ignorada, desconocida en el corazón de gran urbe».

Nos habla luego de su desplazamiento a la Cuesta de Moyano, entre Glorieta de Atocha y El Retiro, en nueva búsqueda por la Feria del Libro. Poeta melancólico, como un sonámbulo iba pronunciando sus propios versos:

«¡Por no saber defenderla
y propagar su cultura
se nos muere entre las manos,
se me muere EXTREMADURA!»

¿Dónde están sus hombres geniales, su poetas, autores, investigadores, pintores, escultores? ¿Dónde el capital extremeño, el ahorro de los emigrantes, la voz de los políticos?

La respuesta a este interrogante se la de él mismo en el coloquio con un librero: «Quizás el error ha sido mío, ya que en vez de preguntarle si tenía lago sobre EXTREMADURA, debí haberle dicho: -¿Le queda algo de Meléndez Valdés, Carolina Coronado, Gabriel y Galán, Espronceda, Manuel Monterrey, Juan Luís Cordero, Delgado Valhondo, Manuel Pacheco, Gutiérrez Macías, Felipe Trigo, Antonio Hurtado, Vicente Barrantes, López Prudencio, Reyes Huertas, Muñoz de San Pedro, Rodríguez Moñino, Alfonso Albalá, Pedro de Lorenzo, Romero de Mendoza, Pedro Caba, Víctor Chamorro y un largo etc.?»

Más adelante completa este cuadro con personas de nuestros días: «Y pensaba que una tierra que ha dado a luz artistas como Zurbarán, el Divino Morales, Eugenio Hermoso, Covarsí, Barjola, Ortega Muñoz, Felipe Checa, Jaime de Jaraiz, Sánchez Varona, Pérez Comendador, Juan Ávalos y otros no tiene por qué permanecer en silencio, humildemente callada, ya que de nada tiene que avergonzarse. Si la Historia no le ha hecho justicia, ya se la harán algún día los hijos de los que escriben la Historia».

Alude luego al fenómeno de la emigración: «Al evocar la figura del emigrante, llegaron a mi memoria las palabras del escritor cacereño Sánchez Morales, en las que afirma que EXTREMADURA sufre una sangrante hemorragia que la debilita por momentos, con esas riadas de emigrantes que están dejando secos los veneros de nacencia chamiciana de nuestros pueblos, de los pobres y de los ricos; de los ribereños de las secas tierras del Tajo y de las faldas norteñas de nuestra Sierra Morena; de las fértiles tierras del Tiétar, del Alagón y del Guadiana, así como las ricas campiñas de Tierra de Barros y La Serena. Es una hemorragia que nos recuerda aquel desarraigo total de Abraham, de tantos Abrahames extremeños que emprenden a ciegas los caminos del desierto y los que les llevan a ignotas tierras de promisión.»

El que este escribe es cabalmente un maestro emigrante, que un buen día saltó de los campos de Alpotrepo a la capital de España y tras 25 años de ausencia regresa a su tierra extremeña. Situado en el encumbrado Montánchez, «balcón de Extremadura», contempla con nostalgia los paisajes variados de campiñas dilatadas en tierras de Miajadas y Almoharín, en que se divisan higueras múltiples y viñedos, entre cortijos derramados. A lo lejos el picacho de Santa Cruz y más allá el famoso Trujillo, supremo solar de conquistadores, siempre tan hermoso con sus numerosas iglesias y otros tantos palacios, refugio de millares de cigüeñas.

Con tristeza cierra su exposición, con estas palabras y una estrofa: «Los grandes problemas de nuestra tierra han surgido siempre del campo y del exceso de mano de obra:

-«Muchos jornaleros, padre,
para tan poco jornal.
-Vamos a la Feria, hijo;
el vino te hará olvidar».

Y para rematar mi análisis de quienes concurrieron al I Certamen literario en prosa del Hogar Extremeño de Barcelona, 1982, veamos ahora concisamente la composición «Extremadura a tres tiempos» por «un castúo extremeño», posiblemente también de la Baja Extremadura. Esta sí que es en su limpia prosa una perfecta elegía de los infortunios de Extremadura en toda su historia.

Su inicio ya es, en verdad, enfático: «Decía Ana Frank: «Cuando se piensa en el hombre hay para llorar toda una vida». Eso mismo habría que decir al tratar de Extremadura. Pero no hemos de quedarnos en el llanto inútil, porque el río de las lágrimas no conduce a puerto alguno. El pasado debe servirnos para agradecer lo bueno que nos legaron y para no permitirnos caer en los mismos errores. Lo importante es encarar con coraje el reto del futuro y lanzarnos a la aventura de ser nosotros mismos.»

Y con voz de premonición seguidamente declara: «Y el país por los años de los años y por los siglos de los siglos nos montó en el tren del abandono en el cual no sé si por espíritu fatalista, por virtud de resignación, por aventura o por locura colectiva, que es un poco colectivo suicidio, hemos estado hasta hoy».

En ocho folios y medio nos presenta un buen estudio del pasado, del presente y del futuro de la región. Un análisis muy acertado, a nuestro juicio, aunque con espíritu pesimista, tal vez teniendo en cuenta esa copla que días atrás alguien cantaba por Radio L, en emisión «De costa a costa», en el programa del genial Luís del Olmo:

«No esperes del mañana
lo que no te dio el ayer».

Aduce ciertas razones de la soledad y el vacío en que se ha desenvuelto la historia real de Extremadura a espaldas de la historia de España. Una desventaja notable, a su juicio, supone el que Extremadura sea una región fronteriza con Portugal. Y por añadidura en anteriores siglos bajo el dominio árabe sus recursos les eran arrebatados por los soberanos de Córdoba y Granada. El avance cristiano se establece en nuestra tierra por parte de los reyes de León y Castilla, que se consolida con las Órdenes Militares de Santiago y Alcántara que aquí tuvieron su nacimiento…

Afirma igualmente que los intrépidos conquistadores y colonizadores extremeños que tan buenas cargas de oro proporcionaron a España no aportaron riqueza alguna a sus tierras y a su desarrollo colectivo.

Estudia luego uno por uno los grandes problemas que de muy antiguo viene pesando sobre Extremadura: el absentismo, las minas, la emigración, la peste porcina, la lana, la quiebra de grandes industrias, las zonas deprimidas de las Hurdes y la Siberia, las deficientes vías de comunicación, la Extremadura eternamente explotada y las posibilidades perdidas. En fin, esa Extremadura actual defraudada hasta en el aspecto eclesiástico, ya que a raíz de la reconquista cristiana se privó a Mérida de su sede metropolitana en favor de Santiago de Compostela y de manera similar Guadalupe, cuya Virgen es la patrona de Extremadura sigue perteneciendo a la archidiócesis de Toledo. Y entre el colmo de sus problemas está pendiente de su autonomía, que es posible sea la última en aprobarse, si es que el invento no se rompe antes de estrenarlo…

Naturalmente le preocupa su futuro y de esa forma recopila sus conceptos: «Extremadura tiene lanzado su reto: el de la unión, el tomar conciencia de nuestro futuro, el de caminar unidos hacia la búsqueda de nuestra identidad perdida. Cuando el director de «HOY» escribió su artículo «Extremadura no existe», muchos se rasgaron sus vestiduras. No ha existido, porque no la han dejado existir. No ha existido como unidad militar, como provincia eclesiástica, como distrito universitario, como unidad de acción, como voz común y coral, como entendimiento, unidos solamente en las soledumbres y desventuras.»

Y como epílogo marca las consignas para la rendición integral de Extremadura: vocación de extremeños, que debe ser vocación de mártires, de conquistadores y de quijotes; conciencia regional, redescubrimientos de nosotros mismos. Para ello, sigue diciendo, «conocer nuestra historia, nuestras posibilidades, reconocer nuestros yerros, apatía, indiferencia, conformismo y exigir lo que en justicia se nos debe. Conciencia colectiva de comunidad de destino, borrar las fronteras entre partidos, saber renunciar, mirar hacia el horizonte, enterrar el hacha de la guerra fraticida, de los miopes y suicidad localismos.»

No sé si será la espontánea reacción de las regiones españolas, en el despertar de su autonomía, pero conceptos y consignas muy parecidas fueron las que en víspera de la «Diada» catalana pronunciaba el inteligente Presidente de la Generalitat Jordi Pujol y que aparecían en «LA VANGUARDIA» del 11 de septiembre, y que tienen plena aplicación a la Extremadura actual: «Somos un pueblo que viene de lejos, que tiene una larga historia. Un pueblo que tiene poso, que tiene una riqueza espiritual y moral que darán a nuestra determinación de no dejarnos malograr una segura eficacia. …A pesar de los problemas y la crisis, a nosotros nos corresponde continuar la obra de nuestros antepasados con toda la esperanza de un pueblo que no ha dejado de creer en el trabajo, en la convivencia y en su identidad.»

Con cierto optimismo confiemos que todos los problemas más acuciantes se vayan solucionando en esta Extremadura que amamos todos y en esto, al menos, no hay la menor duda y sírvanos de consigna para nuestra vida aquellos hermosos versos que escribiera un día F. Balart:

«Si al astro rey a veces vela la nube,
sobre la nube destella siempre el astro.»

L’Hospitalet de Llobregat, 21-IX-82

Oct 011983
 

Felipe Parrón Fernández.

En la presente edición de los Coloquios Históricos de Extremadura, se nos ocurre, a pesar de que exista la posibilidad de haber sido presentado en otras ediciones, presentar el nombre de otro extremeño, quizás de nacimiento, y decimos de nacimiento porque si bien gran parte de su vida la dedicara a nuestra región, también esa otra parte de la misma estuvo fuera de ella; su nombre Juan Donoso Cortés, deja deseos de conocer bien por parte de los hijos de Extremadura, y por ser, como se ha dicho al principio, natural de ella, la época en que se desenvolvió la vida de Juan.

Para continuar, hemos de citar que Juan Donoso Cortés nace en el Valle de la Serena, en la provincia de Badajoz; en el año 1809, se sabe que sus primeros estudios en jurisprudencia los realizó en la capital, si se puede decir así, de Andalucía, concretamente en Sevilla, ejerciendo como abogado más tarde en Don Benito (Badajoz), en el bufete que ya tenía su padre; contrae matrimonio en el año 1830 con Teresa Carrasco, matrimonio que no iba a durar demasiado tiempo, ya que ella fallecería cinco años después del mismo, es decir, en el año 1835; pero tres años antes de quedar viudo se había instalado en Madrid, cumbre de toda aspiración dentro de la vida que llevara él; en la capital de la Nación, publica su «Memoria de al Monarquía», mostrando con ella actitudes de un liberalismo conservador, iniciando también entonces su actividad como periodista político, actividad que más tarde le llevaría por completo al campo de la política; fuertemente influido por el Liberalismo Conservador de Royer-Collard.

En el mes de Febrero de 1833, ingresa en la Secretaría de Estado, iniciando entonces su carrera en la burocracia gubernamental, que le levaría en el año 1.836 a ser Secretario del Gabinete y de la Presidencia del Consejo, con Mendizábal en el poder. Ya de lleno en el susodicho campo de la política fue nombrado diputado por Cádiz, pero en el año 1840, poco antes de que fuera derribada del poder la regente María Cristina marchó a Francia, donde redactó el manifiesto que desde allí dirigiera a la Nación la depuesta regente el día 8 del mes de Noviembre del citado últimamente, año de 1840, y se dice que fue entonces cuando Donoso Cortés se convirtió en el hombre de confianza y agente de María Cristina, no volviendo a instalarse en España hasta la caída de Espartero, ocurrida en el año 1843, regresando entonces al Congreso como diputado, al igual que en la anterior ocasión, pero en esta ya no de Cádiz sino por la de su naturaleza, Badajoz.

En el año 1846 y con ocasión de la boda de Isabel II se le concede el título de Marqués de Valdegamas, ingresando en el año 1848 en la Real Academia Española, con cuyo motivo pronunció el famoso discurso sobre la Biblia, con lo que llegó a dar motivos de una oratoria pomposa, y a ganar una gran reputación en su tiempo.

La revolución de 1848 acabó de clarificar sus ideas, que al parecer aún no llegaban más lejos de la duda; eliminando con ello todo barniz de liberalismo; era esta una evolución que venía produciéndose en él, ya desde hacía varios años; por ello la razón que citábamos antes de la duda, sin que quepa hablar de «Conversión» al referirnos a su ruptura con el liberalismo; erigiéndose entonces en defensor de las posturas de la extrema derecha, viendo en al mera existencia de socialistas una prueba del «Dogma de la perversión ingénita de la naturaleza humana»; en esta línea se situaba su discurso sobre la dictadura, pronunciado en las Cortes en el mes de Enero de 1849, en apoyo del Gobierno Narváez.

En el mes de Febrero de 1849, fue nombrado Embajador de España en Berlín, cargo que ostentó hasta el mes de Noviembre de 1850, pasando más tarde, concretamente en Febrero de 1851, a ocupar el mismo cargo en París, llegándose a conocer que muere dos años más tarde.

En estos últimos años de su vida, su evolución hacia un reaccionarismo, teñido de un misticismo, le condujo incluso a romper con Narváez y el Partido Moderado, y se asegura que tuvo la intención de ingresar en la Compañía de Jesús. Sus ideas aparecen expuestas en su famosa obra «Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo», publicada simultáneamente en español y francés, en el mes de Junio de 1851, donde rehuye todo intento de justificación racional de su pensamiento, pretendiendo siempre apoyarlo en los dogmas del cristianismo, se hallaba obsesionado por el problema de la lucha de clases, que achacaba a hecho de que los ricos hubiesen abandonado la caridad, y los pobres la paciencia; la solución que propugnaba era la reinstauración de esas virtudes en la sociedad de su tiempo. El pensamiento de Donoso en al línea de Bonald y de Maistre despertó gran interés entre la extrema derecha alemana en los años entre la primera y segunda Guerra Mundial, (Biblio).

La década en la vida de Juan Donoso Cortés

La década en que vivió intensiva y políticamente Donoso Cortés se le ha conocido como «Década Moderada», nombre que se le dio a la historia de dicho período y que comprende desde el año 1843 hasta el 1854; uno después de su muerte, comprendida si se puede decir, entre dos grandes acontecimientos, como son la caída de Espartero en el año nombrado de 1843, y la revolución del igualmente nombrado año de 1854; y durante la cual se mantuvieron en el poder, a través de diversos gobiernos los liberales y moderados.

En el verano de 1843, moderados y progresistas no gubernamentales, unidos sólo por la oposición a Espartero confluyeron en un movimiento de insurrecciones y juntas, dirigido por los Generales Serrano, Prim, Narváez y Concha que derribó al General para establecer un gobierno provisional, radicales y republicanos reclamaron la formación de una Junta Central, para impedir las arbitrariedades del poder Supremo. El gobierno encabezado por Joaquín María López, exigió la disolución de las Juntas; Barcelona no aceptó; la milicia y el pueblo se lanzaron a la calle en el mes de Septiembre de 1.843, para reprimir esta revuelta denominada «Jumancia», la ciudad fue bombardeada. La coalición que había derribado a Espartero no pudo mantenerse en el gobierno; una vez declarada la mayoría de edad de Isabel II, sin atender al plazo fijado por la Constitución, los moderados iniciaron la lucha para capitalizar en su favor el cambio de gobierno; Olózaga que sucedió a López en la Presidencia del Consejo, intentó conseguir el poder para un gobierno Progresista. Obtuvo de la Reina un Decreto de disolución de las Cortes, pero los moderados acusaron al Olózaga de haber apelado a la fuerza para obtener el Decreto, y el ministro fue inculpado ante la Cortes y condenado.

González Bravo, que se había distinguido en la intriga contra Olózaga, fue nombrado Presidente del Gobierno. Su gestión duró cuatro meses, durante los cuales tuvo que luchar contra los partidos carlistas que aparecieron en el Maestrazgo, y contra las revueltas progresistas que estallaron en Alicante, Murcia y Cartagena (Febrero de 1844). desarmó la Milicia Nacional y promulgó el Decreto del día 30 de Diciembre de 1843 que daba vigencia a la Ley de Ayuntamientos que tres años atrás había sido rechazada por reaccionaria y centralista, provocando la caída de María Cristina.

El 3 de Mayo de 1844, el General Narváez que era el hombre duro de los moderados, sustituyó a González Bravo en el poder, y estableció un gobierno semidictatorial, que se caracterizó por el control total que el sistema adquirió sobre el gobierno, sin dejar el menor resquicio a una recuperación electoral de los progresistas. Este régimen pudo imponerse gracias a la represión llevada a cabo. Se calcula que unas 214 personas fueron fusiladas durante el primer año de gobierno moderado también a nivel legislativo intentó una reducción de las libertades. Mediante un Decreto sobre legislación de Imprenta, en el día 10 de Abril, año de 1844 que exigía un depósito de 30.000 pesetas a los editores de periódicos, puso freno a la libertad de prensa. Creó la Guardia Civil. (Decretos del 28 de Marzo y 12 de Abril), que debía convertirse en garantía del Orden establecido, mediante la intervención del Duque de Ahumada Francisco Javier Girón y Ezpeleta de las Casas Enrrile, como fundador de la misma y como primer Director General a la vez, dado que la Milicia Nacional se había convertido en un peligro. Permitió volver a la Reina Madre, María Cristina y a su marido, que a partir de aquel momento tendría una influencia importante dentro de la Corte. Suspendió la venta de bienes desamortizados y devolvió los que aún no habían sido vendidos. Disolvió las Cortes y convocó otras para reformar al Constitución. Por otro lado Narváez logró terminar con la guerra Carlista. Pero este final no significó una derrota, sino la integración en el régimen Isabelino de elementos Carlistas que pasaron a reforzar las posiciones más conservadoras.

Un punto importante en la labor política del gobierno de Narváez fue la reforma administrativa, llevada a cabo por Alejandro Món, Ministro de Hacienda en el año 1844. Consolidó al 3% la enorme deuda flotante y creó un sistema de impuestos uniforme para toda España, basado en una imposición gradual sobre las tierras y rentas urbanas y los beneficios comerciales e industriales, los derechos e hipotecas y los consumos. Este nuevo sistema se convirtió en la base del presupuesto español durante todo el siglo XIX. Fue muy impopular fundamentalmente a causa del impuesto de consumos (impuestos por la venta de vino, carne, jabón, etc.) que parecía la causa obvia de los elevados precios de los productos alimenticios. La lucha contra los consumos radicalizó la oposición popular; su abolición figuró en todos los programas democráticos, especialmente a medida que aumentaban los impuestos indirectos respecto a los directos.

Aunque fue presentada la Constitución de 1845 como una reforma a la de 1837, su sentido político fue notablemente distinto y siempre ha sido considerada como una constitución diferente. Estaba destinada a imponer la ideología, las instituciones y el orden de los moderados. Para ello estructuraba la sociedad y el estado y el estado según los criterios políticos moderados, consolidaba la hegemonía de la Oligarquía agraria y financiera, manteniendo en segundo plano la burguesía, el proletariado y el campesinado. Donoso Cortés interviene de lleno en esta ocasión, ya que fue el inspirador fundamental del texto; defendía que, ante el peligro que suponía el sufragio universal y la democracia, era preferible la dictadura militar. La Constitución recogiendo las ideas básicas del moderantismo, rechazaba la soberanía Nacional y la sustituía por la soberanía conjunta del Rey y de las Cortes, negaba la distinción entre el poder constituyente y el poder constituido, y adecuaba el sistema político a las clases dominantes, estableciendo la hegemonía constitucional del Monarca y asegurando la dirección política del estado por una reducida oligarquía política.

Proclamó la confesionalidad del estado, aumentó el poder del Rey, modificó la composición del Senado y del Congreso en sentido conservador. Un punto importante dentro de la Constitución era la prerrogativa fundamental de la Corona, de nombrar libremente a los ministros. La Reina nombraba sistemáticamente jefe del gobierno al político de su preferencia, entregándole al mismo tiempo el documento, Decreto de la disolución de las Cortes. Así, los principios políticos que establecía la Constitución inspirada fundamentalmente y como se ha dicho anteriormente por Juan Donoso Cortés, moderada y promulgada el día 3 de Mayo de 1845, marcaría la línea política del estado español durante el resto del siglo XIX y parte del XX. Su larga vigencia y su influencia respondieron al dominio que la oligarquía ejercía efectivamente sobre el resto de la sociedad y a la debilidad política de las demás clases. Su aplicación se debió a través de una represión durísima de las demás oposiciones políticas y de todas las reivindicaciones sociales, con utilización sistemática del Ejército y de la Guardia Civil, así como del aparato judicial, y también a través del dominio ideológico de la Iglesia sobre una población mayoritariamente campesina y analfabeta.

La labor legislativa de los moderados quedó redondeada con una serie de leyes orgánicas que venían a completar la función represora de la Constitución (reducción del cuerpo electoral al 1% de la población). Entre otras medidas legislativas cabe destacar la reforma educativa del Gil Zárate (1845) que llevó a la creación de los institutos de enseñanza media y una reorganización de las facultades, y una serie de reformas económicas, entre las que destacan la autorización de las construcciones de ferrocarriles, la regulación de las sociedades por acciones, la aprobación de una ley para la Bolsa (1846) y la reforma bancaria (1847).

Los partidos políticos en la década moderada de Juan Donoso Cortés

Las divisiones del Partido Progresista lo redujeron casi a la impotencia y facilitaron la larga hegemonía de los moderados. Al colaborar con el gobierno de coalición para derrotar a la rebelión centralista de 1843 el partido se apartó de su única fuerza, el radicalismo provincial, cuando la Coalición Gubernamental impidió a los partidos de la Junta Central, mantener viva la revolución hasta que se promulgara la Constitución, los progresistas gubernamentales contribuyeron a derrotar a sus aliados de la izquierda.

De estos radicales desilusionados, surgió el Partido Demócrata, cuyos orígenes se remontan a la minoría de activistas extremistas, herederos de los exaltados que aparecían en todos los brotes de actividad revolucionaria de los años 1830 al 1840. El grupo de los demócratas estaba formado por los revolucionarios de las ciudades de la periferia y un crecido número de seguidores obreros. Mientras los progresistas consideraban que la función de la política era reflejar el equilibrio entre las fuerzas sociales, los demócratas consideraban el poder político como un instrumento para la creación de una sociedad justa.

Los demócratas y sus aliados entre los progresistas revolucionarios confiaban en el Ejército, pero no ponían sus esperanzas en las ambiciones de los Generales, sino en el espíritu de rebelión de los oficiales jóvenes, los sargentos y la tropa. El descontento general en el Ejército debido a la irregularidad de las pegas, las escasas posibilidades de ascenso para los oficiales subalternos y el sistema de reclutamiento, basado en quintas, abandonaba este espíritu. El manifiesto del 6 de Abril de 1849 constituyó la primera declaración pública del Partido Demócrata, cuyos puntos fundamentales eran: La Declaración de Derechos del hombre añadiendo la libertad de conciencia y los Derechos de reunión de asociación y de instrucción primaria gratuita, la transformación del régimen en un sistema político basado en la soberanía Nacional, aún admitiendo el carácter representativo de la Corona como símbolo de la voluntad nacional, y por último, la preocupación por una intervención del estado en las relaciones sociales: Instrucción pública, Asistencia social y Sistema fiscal.

Dentro de los moderados también aparecieron movimientos fraccionales. La fracción de opinión en las Cortes, encabezada por Pacheco, con Insturiz Pastor Díaz y Cánovas del Castillo, elaboró un programa a través del cual intentaba crear las condiciones para una reconciliación liberal en que los progresistas aceptarían la Constitución de 1845 a cambio de diversas condiciones de leyes orgánicas, con objeto de llegar al establecimiento de un turno pacífico; esta fórmula se anticipaba en tres décadas a lo que había de ser la restauración. Los puritanos (tal como se denominó al grupo de Pacheco), surgidos de la oposición a la reforma constitucional de 1845 cubrieron en buena parte la etapa de gobierno entre dos gabinetes Narváez (Abril de 1846 – Octubre de 1847), sin que las declaraciones programáticas se reflejaran en una apertura real del régimen, aunque sí en una interpretación más favorable de sus normas. En la coyuntura revolucionaria de 1848 los puritanos volvieron al seno del moderantismo y votaron los poderes extraordinarios concedidos a Narváez. No volvieron a surgir hasta 1855, en que junto con progresistas de derecho, formaron un grupo político que anticipaba el nacimiento de la Unión Liberal.

Repercusiones del período revolucionario de 1848

Tras la consolidación del sistema por Narváez, surgieron varios gobiernos efímeros hasta el acceso en el mes de Abril de 1846, de Pacheco, criticó la reforma constitucional, pero que mantuvo las mismas instituciones admitiendo solo una mayor tolerancia. Tras varios gobiernos puente, volvió Narváez al poder a finales del año 1847. La revolución democrática en Europa había llevado a Francia al hundimiento del trono de Luís Felipe (23 de Febrero de 1848) y la proclamación de la segunda república, la revolución estalló también en Baden, Baviera, Wüttemberg, Sajonia, Berlín y Budapest. Por primera vez la clase obrera participaba con personalidad propia en este movimiento dirigido contra el viejo orden de cosas.

Narváez tomó medidas para prevenir drásticamente la posible influencia de la revolución de 1848 en España, asumiendo poderes extraordinarios, ordenando el fusilamiento de los primeros madrileños que intentaron un levantamiento, y dictando un decreto de «Sospechosos» en virtud del cual dispuso la deportación (Marzo de 1848) y las que se produjeron en el mes de Mayo en Barcelona, Valencia y Sevilla. El movimiento progresista de 1848 se desenvolvió con una total falta de sincronización y el gobierno pudo reprimirlo sin dificultad.

Relaciones con la Santa Sede

En un principio la Santa Sede fue hostil a Isabel II y no quiso reconocerla, al igual que las potencias autoritarias como Prusia, Austria, Rusia, Nápoles y Cerdeña. El gobierno moderado siguió una política de acercamiento a la Santa Sede, que inició con la suspensión de la venta de los bienes de la Iglesia y la declaración de la confesionalidad del estado en la constitución de 1845. En 1849 Narváez envió una expedición a Italia para restablecer al Papa Pío IX en le poder temporal que le había sido arrebatado por la revolución y la república romana. Con Bravo Murillo, se llegó a la firma del concordato de 1851, que liquidaba el pleito de la venta de bienes eclesiásticos, mediante reconocimiento por parte de la Iglesia del hecho consumado, la dotación del culto y del clero por parte del estado, y el derecho de la Iglesia a adquirir propiedades bajo cualquier título legítimo. Estipulaba que la religión católica era la de los españoles, que los prelados intervendrían en la instrucción de la juventud en todos los grados y que podían impedir la circulación de libros declarados nocivos. Los bienes eclesiásticos que quedaban por vender se devolvieron a la Iglesia convertidos en títulos de la deuda del estado, al 3%.

Transformación económica: los ferrocarriles

El régimen moderado se consolidó porque concedió a la oligarquía agraria y financiera las riendas del poder y permitió a la burguesía, que se mantenía en segundo plano, una acumulación del capital segura, gracias a la regulación estrictísima del orden público, así como a ciertas mejoras en la infraestructura económica. El sector textil cobró un nuevo impulso en Cataluña; la importación de algodón se duplicó y extendió el maquinismo en los procesos de producción. Al mismo tiempo surgieron las primeras fábricas de maquinaria. El Vapor Bonaplata, nueva Vulcano y Barcelonesa. En el norte se desarrolló la industria siderúrgica y la producción del carbón. Sin embargo estos fenómenos no entrañaron el desarrollo capitalista del país, que seguía vinculado a una economía agraria y semifeudal, Aun no había llegado la época de las grandes inversiones. El déficit en el sistema de comunicaciones era muy grande e impedía la formación de un mercado interior importante; los tendidos de ferrocarriles estaban aún en inicios.

El fenómeno más importante a nivel económico fue le auge de la especulación en los medios madrileños. Mientras que en Cataluña y el País Vasco surgía el espíritu de empresa industrial, en el centro, los capitales, producto de la acumulación agraria, se orientaron hacia la especulación, el crédito y las concesiones gubernamentales y no hacia el desarrollo de las fuerzas productivas. Fue la época de los grandes negocios, en los que estaban inmiscuidos gentes de las diversas camarillas de la Corte, desde la Reina madre y su marido, hasta el banquero Salamanca o el Ministro Sartorius.

Surgieron las sociedades anónimas, aunque la mayoría de ellas se consagraron definitivamente al crédito. Aparecieron nuevos bancos, como el Banco de Barcelona creado por la casa Girona, y en Madrid el Banco de Isabel II, creado por el Marqués de Santa Olalla. Pero las acuñaciones siguieron descendiendo y la moneda metálica extranjera siguió circulando. La situación se agravó en el año 1847 con la subida del precio de la planta, que obligó a reducir el peso del real.

A pesar de ser una época de «Orden y administración», de «Mano dura» y de «Censura de prensa» no fue ni mucho menos una época de expansión, sorprende el retraso en la construcción de la red ferroviaria (el primer período de construcción intensa fue el de 1856-1865). Durante la Década Moderada se construyeron las primeras líneas ferroviarias del país. La construcción de la línea Barcelona-Mataró corrió a cargo de la Gran Compañía española del camino de hierro de Barcelona-Mataró, bajo la protección de María Cristina. Pero la dirección de la obra estaba a cargo de ingenieros británicos, y las operaciones comerciales y financieras estaban a cargo también de una firma británica que tenía una participación en el ferrocarril. El Madrid-Aranjuez empezado en el año 1846, no se terminó hasta 1851. Su principal promotor fue José de Salamanca, que se hallaba envuelto en una tupida red financiera, donde se debatía entre el Banco de San Fernando, el Banco de Isabel II y al Bolsa de Madrid. La línea Langréo-Gijón en construcción desde 1845, no se terminó hasta el año 1855, estaba destinada a transportar carbón desde la cuenca carbonífera asturiana hasta el mar.

La política del gobierno fue el principal obstáculo durante la primera mitad del siglo XIX. Durante la década de 1840, la actitud del gobierno se convirtió en un estímulo mal encaminado, que llevaría a errores como la elección de un ancho de vías distinto al resto de Europa y el Establecimiento de un sistema de concesiones a contratistas privados, que abonaba el campo de la especulación y la corrupción. Tras la crisis de 1847, la actitud gubernamental volvió a hacerse intransigente. La ley de Sociedades por Acciones de 1848, dio a las Cortes la prerrogativa exclusiva para otorgar concesiones a las compañías ferroviarias. A partir de 1.851 las Cortes se convirtieron en un campo de caza de concesiones provisionales, que se obtenían por influencia o mediante sobornos. Los escándalos ferroviarios de estos años movieron a la oposición a favorecer el pronunciamiento de 1854.

Gobierno Bravo Murillo
Fin de la década moderada
Primer aniversario de la muerte de Juan Donoso Cortés

En 1851, tras la caída de Narváez, debido a la oposición de María Cristina, Bravo Murillo estableció un gobierno ultra conservador, inspirado en el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en Francia. Suspendió y clausuró las Cortes, que no volverían a reunirse hasta finales de 1852 y emprendió la elaboración de un nuevo sistema político con objeto de extender aún más las competencias de la Corona. Intentó llevar a cabo una reforma constitucional que adecuase el texto a la realidad política, muy poco liberal y nada parlamentaria. Tanto el Partido Progresista como la mayoría de los moderados se opusieron al ella. La acción concertada de los dos grandes partidos que hicieron pública simultáneamente su oposición a la forma, y la desconfianza de la Reina madre obligaron a Bravo Murillo a renunciar. Pero a partir de este momento la lucha entre el gobierno y las fuerzas políticas que sostenían el régimen constitucional no se interrumpió. Se sucedieron varios gabinetes políticos; bajo el gabinete presidido por Sartorius, Conde de San Luís un voto de censura del Senado a unas concesiones ferroviarias provocó una serie de medidas represivas contra los funcionarios que votaron negativamente y una intensificación del control de la prensa. Un grupo de más de dos centenares de diputados elevó al trono una exposición pidiendo la vuelta a las normas constitucionales propias del régimen vigente. La petición no obtuvo respuesta y un mes más tarde (Febrero de 1854) se produjo en Zaragoza el primer levantamiento contra el gobierno. Fue reprimido pero la conspiración no cesó. El 30 de Junio el General Dulce se pronunció en Vicálvaro, enfrentándose a las fuerzas gubernamentales. Ante la falta de adhesión popular, los sublevados aceptando las ideas de Cánovas del Castillo hicieron una declaración programática (Manifiesto de Manzanares) con la promesa de reformar las leyes orgánicas (electoral y de imprenta), poner fin al centralismo y reorganizar la Milicia Nacional. El movimiento se extendió a todo el país. Se alzaron Barcelona, Valladolid y Valencia obligando a dimitir al gabinete. La capitulación de Isabel II, al confiar el poder a Espartero, dio a la junta de salvación el carácter de un gobierno provisional. Se iniciaba así el Bienio Progresista. H.R.

Así terminaba también la década en la que políticamente Juan Donoso Cortés intervino; varios años como periodista político, otros como miembro de la Secretaría de Estado, otros como exiliado, otros como Secretario del Gabinete de la Presidencia del Consejo, como diputado en Cádiz, como diputado en Badajoz, y nos preguntamos desde estas líneas, si ya lo ha tenido, ¿no merece uno nuevo?; y si no lo ha tenido ¿no merece este hombre un recuerdo de su gente? ¿de los que nacimos en su misma tierra?; si bien para poder obtener este recuerdo hayamos tenido que recurrir a obras de consulta, las que nos han facilitado gran parte de los datos expuestos en este trabajo, aunque modesto haya resultado, y hoy por hoy existen centros de enseñanza que en su día fueron bautizados con el nombre de Juan Donoso Cortés.

Resaltemos también lo poco que es nombrado Juan Donoso Cortés en el desarrollo de estas letras, quizás haya sido mejor conocer la época en que este hombre consumiera su vida pública, que su propio nombre, pues lo importante es saber que «QUIEN AUMENTA EL SABER; AUMENTA EL AFÁN; EL AFÁN POR SABER».

PROPUESTA CREACIÓN ENCICLOPEDIA

Sólo unas líneas más para exponer una breve y nueva alocución a Extremadura, exponiendo la idea a la vez de existir en ella la posibilidad de crear una «GRAN ENCICLOPEDIA DE EXTREMADURA», tomando con ello el ejemplo de otras regiones españolas en las que ya existe, teniendo en cuenta la facilidad en que muchas familias de nuestra región, y por qué no acordarnos de aquellos que fuera de ella viven tendrían al hablar de la historia de nuestra región. Compramos obras inmensas, aunque con enormes facilidades de pago, y nos preguntamos «¿NO PODEMOS ADQUIRIR EN IGUALES CONDICIONES UNA DE NUESTRA TIERRA?».

Oct 011983
 

Gumersindo Martín Hernández.

La importancia que para la causa española tuvo el alzamiento de Extremadura contra la ocupación francesa en 1808, fue decisiva en la guerra de la Independencia. Su situación fronteriza con Portugal produjo, en el primer instante, la ruptura de comunicaciones entre los franceses del Alentejo, al mando de Junot, y los de la Mancha, a las órdenes directas del mariscal Murat.

Pero esta misma situación de paso entre Madrid y Lisboa, hizo que nuestra tierra se viese invadida sucesivamente por uno y toro bando contendiente, con las consiguientes consecuencias de saqueos, exacciones, desolación y muerte. Tropas francesas, inglesas y portuguesas, depauperaron y arruinaron nuestros pueblos y ciudades, y aunque fueron pocas las grandes batallas que se dieron en nuestro suelo, el movimiento de tropas fue extraordinariamente intenso, así como la ocupación y abandono de plazas. Por si fuera poco, las partidas de heroicos guerrilleros y sobre todo, las tropas españolas incontroladas y dispersas en las grandes derrotas sufridas, se dedicaron muchas veces al saqueo y al pillaje, con tanta intensidad como las mismas tropas extranjeras.

En lo que respecta a la Extremadura alta, las sierras y valles que arrancan de la derecha del Tajo estuvieron desguarnecidas casi todo el tiempo por las tropas nacionales, que operaron todos estos años casi exclusivamente en las tierras llanas al sur del Tajo, que facilitaban el empleo de grandes contingentes de fuerzas y el movimiento de la caballería y la artillería, en esa obcecación de nuestros generales de jugar a batallas campales, moviendo peones y caballos en unas condiciones de inferioridad numérica, de armamento, de abastecimientos y , sobre todo, de mandos generales e intermedios.

Todo ello llevó a la mayor y más prolongada catástrofe que haya podido sufrir país alguno, de la cual, por los desgraciados incidentes que la sucedieron a lo largo de todo el siglo XIX, aún, al cabo de 175 años, no nos hemos recuperado.

Es difícil extractar en un breve trabajo de este tipo todos los acontecimientos nefastos ocurridos en estas tierras a lo largo de cinco extractar en un breve trabajo de este tipo todos los acontecimientos nefastos ocurridos en estas tierra a lo largo de cinco intensos años de guerra, por lo que me limitaré a consignar en el mismo sólo los más destacados expolios sufridos en la Alta Extremadura, centrándome principalmente en los ocurridos en la ciudad de Plasencia y basándome en los testimonios de dos testigos de la época: el Excmo. Sr. Conde Toreno, en su «Historia del levantamiento, guerra y revolución de España», y don José Mª de Barrio y Rufo en sus «Apuntes de historia de la Ciudad de Plasencia».

Con el fin de darnos una idea de los sacrificios que para la ciudad y provincia supuso este desgraciado y a la vez heroico acontecimiento, he intentado, de forma aproximada, traducir a pesetas, en su valor actual, el real de vellón en que vienen expresadas las cantidades satisfechas, teniendo en cuenta la diferencia en el nivel de vida de entonces acá y la circunstancia de ser la población unas seis  menor que la actual, con lo que la imposición «per cápita» se elevaba notablemente. A estas cantidades hemos de añadir aquellas otras en especies, avituallamiento de las tropas, robo de joyas y obras de arte y destrozos de todo tipo, de imposible valoración en metálico, además de las pérdidas humanas, las levas de soldados, la falta de brazos en el trabajo y la paralización del comercio y la industria.

La sangría económica y humana de nuestra tierra comienza el 18 de Octubre de 1807, en el momento en que el general Junot, al mando de un ejército de 25.000 hombres y 3.000 caballos llamado cuerpo de observación de la Gironda, penetra en España con el pretexto de la invasión de Portugal. El gobierno de D. Manuel Godoy dicta una exacción para la manutención y avituallamiento de este ejército, correspondiendo a la ciudad de Plasencia la entrega de 800 fanegas de trigo y 1.000 de cebada (un sacrificio económico equivalente a los 36 millones de pesetas actuales). D. Vicente de Vargas y Laguna, señor del Barrado y Villanueva de la Sierra y Regidor perpetuo de la Ciudad, para aliviar al pobre labrador, dio 100 fanegas de trigo, que luego cedió a beneficio de la nación. Poco después, el funesto valido dictó una proclama exigiendo a su tierra extremeña la entrega de hombres y caballos par la lucha en Portugal.

El 9 de Enero de 1808 comenzó la entrada en España de otro ejército francés de otros 25.000 hombres y 2.700 caballos, llamado cuerpo de observación de las costas del Océano, capitaneado por el mariscal Moncey. Y el 26 de Febrero el Cabildo de la Catedral de Plasencia, a instancias del intendente D. Agustín Gutiérrez de Tovar, ofreció 2.000 fanegas de trigo a 50 reales cada una, entregando en metálico 100.000 reales (unos 60 millones de pesetas).

Los sucesos del lunes 2 de Mayo en Madrid y el famoso bando del Alcalde de Móstoles son conocidos en Plasencia a las pocas horas de acontecer. La muchedumbre de los pueblos comarcanos, congregada en su Plaza Mayor con motivo de la celebración del tradicional mercado semanal de los martes, hace correr la noticia inmediatamente por los más apartados rincones de la zona. El miércoles día 4 es recibida la comunicación en Badajoz y el día 5 se dio desde allí la primera proclama de España contra los franceses, enviándose emisarios con la misma a Lisboa, Madrid y Sevilla, proclama que queda limitada a simples palabras escritas, ya que el ejército acantonado en Badajoz al mando del general Solano y el gobernador de la plaza Conde de Torres del Fresno, siguen obedientes a las órdenes del Gobierno de Madrid, dominado por el mariscal Muret, quien a mediados de Mayo ordena el traslado al Campo de Gibraltar de todas las tropas de Extremadura.

El 26 de Mayo se produjo el alzamiento en Sevilla, comenzado por el regimiento de Olivenza. El estallido de Extremadura dio comienzo en Badajoz el día 30, día de San Fernando, a consecuencia de la orden de Murrat de que no se enarbolase bandera ni se disparasen las salvas, tradicionales desde siglos atrás en honor de Fernando III el Santo. Fue una mujer la que quitándole la mecha a un artillero disparó un cañón, siendo seguido por el disparo de los restantes cañones del fuerte y el grito unánime de la población de viva Fernando VII y meran los franceses. El gobernador puesto por Godoy, Conde de Torres del Fresno, fue agredido y muerto por la muchedumbre; en Plasencia y la villa de los Santos hubo también linchamiento de unos tachados de afrancesados, pero en el resto de Extremadura el alzamiento se produjo con orden y alegría. Fue constituida la Junta Suprema de Extremadura, ocupando el mando el brigadier de artillería D. José Galluzo y siendo nombrado vicepresidente D. Vicente de Vargas y Laguna. Al mismo tiempo se formaron las Juntas locales de defensa en las distintas ciudades, siendo elegidos para la de Plasencia su obispo D. Lorenzo Igual de Soria y D. Antonio Vicente de arce, entre otros.

De los dos regimientos provinciales de Extremadura el de Plasencia se encontraba en el Campo de Gibraltar y el de Badajoz se encontraba desarmado, entando todas las plazas de la provincia totalmente desguarnecidas, por lo que el brigadier D. José Galluzo logró formar, durante todo el mes de Junio, un nuevo ejército de 20.000 hombres y un cuerpo de extranjeros formado por portugueses y franceses evadidos de Junot.

El 8 de Junio entregó el Cabildo de la Catedral de Plasencia al Ayuntamiento, según orden de la Junta provincial, una ayuda consistente en toda la plata del aparador de la sacristía, además de una aportación en metálico de 200.000 reales (más de 100 millones de pesetas actuales), para agregar a la prorrata establecida en toda la cuidad, sin que sepamos cual fue la total aportación. Cinco días más tarde, el 13 de Junio dio el Cabildo otro donativo a la Junta local de Trujillo, consistente en 10.000 reales (unos 6 millones de pesetas).

Este nuevo ejército extremeño es entrenado durante el verano y fogueado en algunas pequeñas acciones, principalmente en Portugal. Tiene en su haber, como decíamos al principio, el haber roto las comunicaciones de los franceses entre Madrid y Lisboa, quedando arrinconadas las tropas del general Junot en Portugal, desconectadas del resto de los ejércitos imperiales y a merced de los ingleses, que se preparan para intervenir al mando del general Wellesley, más tarde conocido como Lord Wellington.

Mientras tanto, el ejército de Andalucía, al mando de don Francisco Javier Castaños – en el que se encuentra integrado el Provincial de Plasencia -, tras la toma y saqueo por los franceses de Jaén y Córdoba, inicia el 16 de Julio la batalla de Bailén, que habría de proporcionar el mayor triunfo de las armas españolas y donde fue hecho prisionero íntegramente todo el ejército francés. Ello hace que el Intruso y el «melenudo» Murat abandonen Madrid y desaparezcan las tropas francesas de todo el territorio nacional al sur del Ebro.

A finales de Julio la Junta Suprema de la provincia impuso contribución subsidial a toda Extremadura por una cantidad de 1.100.000 reales (más de 600 millones actuales) y el 2 de Agosto el Cabildo de Plasencia aportó los fondos que le correspondieron en la prorrata, sin que se especifique la cantidad.

Libre de franceses la mayor parte del territorio español, quedó arrinconado en Portugal el ejército de Junot, frente a las tropas anglo-portuguesas del general Wellesley, que logra el triunfo a finales de Agosto en la batalla de Vimeiro; victoria que se vio ensombrecida por la extraña capitulación firmada en la llamada convención de Gibraltar, según la cual los ingleses se comprometían a llevar a Francia en sus barcos a todas las tropas francesas que ocupaban Portugal. Viendo la Junta de Extremadura que aquel ejército que quedaba libre volvería a ser armado y enviado de nuevo a la Península – como así sucedió dos meses más tarde _ , envió al general don José de Arce contra la plaza del Yelbes el 7 de Septiembre, obligando al comandante francés Girod de Novilard a encerrarse en el fuerte de La Lippe. Los ingleses enviaron un regimiento al mando del coronel Graham para convencer a los españoles que dejasen embarcar libremente a los franceses, según el tratado que ellos habían firmado, mas el general Arce y la Junta de Extremadura se opusieron a dejar libre a los sitiados, y sólo tras largas negociaciones accedieron a la petición inglesa.

No fue recíproco el trato dado a los 3.500 soldados del ejército de Extremadura presos por Junot en Lisboa, pertenecientes a los regimientos de caballería de Santiago y Alcántara, al batallón de tropas ligeras de Valencia y al de granaderos provinciales, que debían ser entregados a cambio de los franceses prisioneros por la Junta de Extremadura y que no fueron entregados directamente a su provincia, sino que fueron desembarcados al mes siguiente en la Rápita de Tortosa y en los Alfaques, a las órdenes del mariscal de campo don Gregorio Laguna.

Los preparativos para la segunda invasión napoleónica comienzan a finales de Octubre de 1808, y el 29 de este mes la Junta Central ordena para esta provincia una aportación de un millón de reales por vía de préstamo, que el Cabildo y la Ciudad realizan en letras sobre Madrid, sin especificar su cuantía.

El 24 de Noviembre el obispo de Plasencia realiza una colecta para socorrer a la ciudad de Zaragoza, sin que se sepa la cuantía de este socorro.

El ejército de Extremadura es derrotado en Burgos por la caballería del general Lasalle el 10 de Noviembre y sus restos, unidos a los restos del ejército de Castilla, son derrotados nuevamente por el propio Napoleón en el puerto de Somosierra. El desaliento por estas derrotas y la entrada de Napoleón en Madrid, leva a estas tropas dispersas por el campo de Talavera y norte de Extremadura a convertirse en bandas de forajidos que saquearon y arrasaron cuantos pueblos encontraron a su paso, hasta el punto de asesinar a su propio jefe, el general San Juan.

El 10 de Diciembre la Junta local de Plasencia hace otra petición de granos y dineros para socorrer a las tropas de Madrid, y el día 13, la Junta Central, desde Trujillo, solicita ayuda al Cabildo, contribuyendo éste con 60.000 reales (más de 30 millones de pesetas actuales) y el señor obispo con 30.000 (más de 15 millones).

Las tropas francesas de los generales Lefebvre y Sebastiani invadieron Plasencia el 28 de Diciembre de 1808. La ciudad se encontraba desguarnecida y totalmente despoblada de hombres jóvenes, pues a las constantes levas para reponer las bajas del ejército, se unió la creación por don Vicente de Vargas y Laguna del Batallón de Voluntarios de Plasencia, formado por toda la juventud placentina, sin distinción de clases, que operaba en Navalmoral y puente de Almaraz. No obstante, todavía pudo formarse una tropa de hombres maduros de unos quinientos escopeteros, que tuvieron la osadía de atacar a todo el ejército francés y detenerle durante varias horas en el paso del Tiétar. Para evitar mayores males y represalias, un anciano tomó el mando de la ciudad y salió a recibir a Lefebvre al camino de Malpartida, realizando la capitulación de la ciudad.

El 25 de Enero de 1809, por oficio de la Junta de Trujillo, correspondió a Plasencia el pago de 80.000 reales (unos 48 millones de pesetas actuales) y mil raciones diarias de pan, vino y aguardiente. El Cabildo puso a disposición de la Junta 20.000 reales (unos 12 millones de pesetas).

El 17 de Mayo el Cabildo dispuso de la entrega de todas las alhajas de plata, reservando las precisas para el culto. Se cree fuesen 10 arrobas de plata por un importe de 80.960 reales (unos 48 millones de pesetas).

En este tiempo ocurre el desastre de la batalla de Medellín, que fue una auténtica tragedia para Extremadura y para España.

El 19 de Junio llegó a Plasencia el mariscal Víctor replegándose desde Mérida, habiendo antes destruido el famoso puente de Alcántara. El general don Gregorio de la Cuesta le siguió, situando su cuartel en las Casas del Puerto de Miravete el 20 de Junio.

Por orden del intruso dejó Víctor Plasencia a finales de Junio, para instalarse en Talavera. Sir Arturo Wellosley aprovechó esta ausencia para establecer en Plasencia el cuartel general de las tropas inglesas y portuguesas, el 8 de Julio, preparando con el general  Cuesta la campaña de Talavera. La Junta provincial ordenó a la ciudad  mantener y avituallar a estos ejércitos, a consecuencia de las continuas protestas del general inglés.

La batalla de Talavera se lleva a efecto los días 26, 27 y 28 de Julio, con el magnífico triunfo de las armas aliadas, declarándose, a consecuencia de la misma, un colosal incendio que arrasa todos los bosques de la zona y de la vera de Plasencia.

El día 1º de Agosto entran en Plasencia los mariscales Soult y Ney y el general Mortier con sus tropas, saliendo de ésta el día 6. Vuelve de nuevo Soult el día 10, para permanecer en ella hasta el 1º de Octubre, siendo en este tiempo cuando se producen los mayores saqueos y destrucciones, tanto en la ciudad como en todos los pueblos de la zona, muchos de los cuales son incendiados, como el tristemente célebre de Torrejoncillo. Destruyen los archivos de la ciudad, incendian las iglesias de San Julián, de la Magdalena y de los Mártires, establecen su depósito de armas en el convento de San Ildefonso, saqueándolo y destrozando incluso la estatua del coronel Villalba, desvalijan todos los templos y casas particulares e incluso profanan las tumbas, entre ellas las del obispo don Cristóbal de Lobera, a quien momificado con sus ropajes colocan en la puerta de la iglesia de Santa Teresa con un fusil en las manos, como haciendo guardia.

El valle de Plasencia es entrado a saco por un destacamento de 6.000 franceses, siendo heroica la defensa que hizo de Cabezuela el coronel Golfín y la que hizo en el Torno el «Tío Picote», que derrotó a tres escuadrones de caballería. No hubo pueblo o casería en todo el norte de Extremadura que no recibiese el saqueo sistemático de las tropas francesas. Las partidas de guerrilleros españoles fueron numerosas y muy efectivas, destacándose las tropas de don Julián Sánchez y los 600 lanceros de la Cruzada del Valle del Tiétar.

Volvieron los franceses a Plasencia del 11 al 15 de Febrero de 1810, exigiendo a la ciudad el pago de 200.000 reales, mas como las arcas de todos sus habitantes se encontraban ya exhaustas, se conformaron con llevarse 51.500 reales (cerca de 30 millones de pesetas), aportando la ciudad 20.000 y los 31.500 restantes el Cabildo.

El 22 de Abril pasaron tropas francesas que partieron el mismo día, llevándose como rehén al corregidor don Antonio Alonso Varona, exigiendo a cambio la entrega de 24.000 reales (unos 14 millones de pesetas), cantidad que fue pagada el día 24 en Baños de Montemayor. El mismo día 24 llegaron otras tropas francesas al mando de Villarí que partieron el 25 llevándose 7.565 reales (unos 4 millones).

El 29 de Mayo, por comisión militar despachada por el general español don Martín de la Carrera, se exigía al Cabildo, en el plazo de 12 horas, 80.000 reales (cerca de 48 millones de pesetas).

El 17 de Julio volvieron tropas francesas que no marcharon hasta el 9 de Septiembre, mandadas por el Conde de Reynor, requisando 4.000 fanegas de trigo, 4.000 quintales de harina, 4.000 arrobas de vino, 600 arrobas de aguardiente, 6.000 raciones de forraje y 900.000 reales, más 14.000 reales por costas de ejecución (más de 500 millones de pesetas actuales). Además ahorcó a dos infelices paisanos de la Oliva sin justificación alguna, haciendo que fueran ahorcados por dos placentinos cogidos al azar.

El 24 de Agosto el general francés Regnia, exigió 900.000 reales, encerrando y sometiendo a malos tratos al Cabildo y notables de la ciudad. Con grandes esfuerzos logró el Cabildo 99.720 reales (más de 50 millones de pesetas).

El 7 de Septiembre otro general francés realizó una exacción de 300.000 reales, cargando además 4.800 de costas (unos 18 millones en total).

El 26 de Octubre, el heroico guerrillero don Julián Sánchez saqueó con violencia toda la plata que encontró en la Catedral, llevándose en total 28 arrobas de plata y 32 onzas de oro, por un importe total de 238.840 reales (más de 140 millones de pesetas).

El 6 de Diciembre hubo de entregar al Cabildo la plata del servicio del altar, por un importe total de 2.368 reales (más de un millón de pesetas).

El 27 de Diciembre entregó el Cabildo a la Junta de la ciudad todos los granos de la cilla, sin que conste cantidad ni valor. El 29 del mismo la Junta Local obligó al Cabildo a gravar a los clérigos con 200 reales semanales.

El 31 de Enero de 1811, el Cabildo envió 20.000 reales (unos 12 millones de pesetas) para socorro de las tropas sitiadas en Badajoz por los franceses.

El 17 de Febrero y hasta el 19, el general Villet sacó de la ciudad y pueblos del partido 1.163.485 reales (cerca de 700 millones de pesetas actuales).

Esta fue la última invasión francesa de la ciudad.

El 27 de Marzo, para socorro del hospital de Alburquerque, donó el Cabildo 3.000 reales (casi 2 millones de pesetas).

Durante los años siguientes siguieron las exacciones frecuentes, aunque de menor cuantía, teniendo además que atender a los ingleses y portugueses acuartelados en ésta en 1813 y padeciendo un largo período de hambre durante los años 1811 y 1812.

No acertamos a comprender cómo pudo soportarse tan catastrófica situación, lo que nos lleva a pensar que el heroísmo de la nación no estuvo sólo en los campos de batalla.

Oct 011983
 

Juan García-Murga Alcántara.

En nuestra área cultural y social mediterránea, y particularmente dentro de ella en la regional extremeña, más que en otras zonas y colectividades o ámbitos geográficos, la calle de nuestras ciudades y pueblos se nos presenta como un núcleo de convivencia, de encuentro y manifestación de civilizaciones: «voy a la calle», es una expresión que encierra un valor mucho más profundo que el simple hecho de salir de casa, se trata de un programa o forma de vivir la contenida en esta sencilla frase: se diría que el recinto doméstico se prolonga de puertas afuera del reducido lugar donde vivimos.

Nuestra sociedad es abierta, climáticamente receptiva e invitadora al contacto personal; se crea lo que se denomina «ambiente», palabra de difícil comprensión y definición, y que está marcada en su contenido por las personas que viven y laboran en un determinado lugar: son los seres humanos los que marcan el ambiente, no se puede en ningún caso creer en le determinismo de los lugares: el historiador, por ejemplo; sabe muy bien que para decir que un determinado rincón del mundo imprime carácter, ha de estudiarse el citado lugar generalmente desprovisto de la finalidad  primera para la que se concibió, y sin la presencia de los habitantes primitivos que lo hicieron; son los hombres de cada día los que, con la evolución de su pensamiento, que fluye afortunadamente sin fin, dan una interpretación trascendente a los edificios, rincones y ámbitos ahora con frecuencia desiertos o poco o nada utilizados.

La calle de los núcleos donde se desenvuelve nuestra sociedad es, lo repetimos, lugar de encuentro e invitación a la convivencia, la cual puede y debe estar rodeada de valores espirituales y también materiales que sean estéticamente hermosos.

Los recintos urbanos actuales, se les considera como reflejo de épocas pasadas en su trama constructiva o como prefiguración o encuadre de acontecimientos históricos, merecen en muchas ocasiones su custodia, vigilante por nuestra parte, pero sin procurar una mera conservación sino una valoración con criterios actuales, que no pueden pretender una conservación erudita si más: conservar por conservar es un criterio que no debe estar presente nunca en la mente del historiador: esta iniciativa supuestamente conservadora se trata en muchos casos de un costosísimo capricho; ¿y el valor de la simple contemplación estética, sin más?, podríamos preguntarnos; es éste un preciosísimo valor moral, pero su calidad alcanza mayor brillo si se procura orientar la referida contemplación a procurar el perfeccionamiento, en su uso por parte de la comunidad en donde se incruste, del monumento de que se trate.

Todos comprendemos que existen muchas clases de lo que se ha dado en llamar «vida»; los edificios en sí y las obras de arte no son seres vivos, pero participan de esa vida en tanto en cuanto el sentido que les den esas personas que los construyen y habitan; el historiador sabe como pocos que el hombre no hace las cosas sin una finalidad, especialmente aquellas iniciativas que por su tamaño, dificultad de ejecución, importancia,…son obras de y para una colectividad; lo que ocurre es que , partiendo de la base de poseer una mente equilibrada y ágil, ha de tenerse como criterio de la máxima importancia el de la armonía de los elementos de un conjunto arquitectónico o recinto urbano; consideramos este mismo equilibrio armónico, que también exigimos en las arquitecturas actuales, como un valor integrante del patrimonio artístico que se pretende defender; nos sentimos menos vivos si nos rodean obras que parezcan testimonio de la falta de interés estético o cultural de otros seres humanos, especialmente cuanto más cercanos sean a nosotros, en el espacio y el tiempo; el monumento queda de esta forma disminuido en importancia, la pretensión de originalidad se convierte en una muestra de falta de gusto, tan frecuente por otra parte en muchos elementos puestos a nuestro servicio en esta vida excesivamente volcada a lo práctico, utilitario y materialista.

Obviamente la vida moderna no puede desenvolverse a nuestro gusto en los mismos ámbitos urbanos que en épocas pasadas; son diferentes materiales y otras técnicas constructivas, la población es mucho más numerosa y uniformizada, imponiéndose de esta forma criterios en los que prime lo práctico, el sentido de lo colectivo antes que el genio individual; pero, a pesar de todo, los hombres de nuestra época no tienen que pasar a la Historia como aquéllos que perdieron el gusto estético y destruyeron todo lo que merecía la pena conservar en le terreno del arte y del amor por los edificios monumentales; en vez de modernos se nos podría llamar bárbaros, pero en el sentido etimológico de la palabra: extranjeros en el campo de la Cultura.

Oct 011983
 

Valentín Soria Sánchez.

Detallamos algunas inscripciones romanas difundidas en Extremadura recientemente. En Torrejón el Rubio: CALETVS / COROPOTI / YFHSE.

En Ahigal: CASVESPPPOELDEPIVDICAN.

En Alcántara: IOVIRE / IVREVSSL / MATISAL.

En Alcuescar: DDS / TVRIBR / IADAEC / INAE / CCSEV / IRVS / ALVS.

En Montánchez: M / NORB / AREN / VVS.

En Albala de Montánchez: COPEIE / CVSLA / CIBASA / VSLN.

En Herguijuela: DAE SANCTAE / TVRIBRICE / PFLORIVS / VENVSTVS / LAPOSVIT.

En Cáceres: NEIAV /SCIILSVSA / RAMDVA/ DONAVIT / SITIOVIO.

En Plasenzuela: AIV / CSSI / VAEIO / CASV / VSLI / ISAL.

En Monroy: BELLONA / GALITIGIV / AVGUSTA / FEEX.

Nueva lectura en Plasenzuela: LILIVSLSSCI / VIIBARRAAN / XXXIIIHSSE / STTLPATER / FFC / CIVI.

En Arroyo de la Luz: ERBA.

En Abadía: DMS / SEVERVSFILIVS / TANGINIANXI / HSESTL / MATERFC.

En Conquista de la Sierra: AVIVF / RCISV / XORDC.

En Granadilla: ARANTO / DCS / NIVSTA / NCINI / ANLXXX / HSESTTL.

En Ibahernando: ARAIOVI / PASTORV.

En Ibahernando: COVTIVS / VEICOR / ML.IVLTA / FANIA / ALXXHIC / STTLFFC.

En Plasenzuela: IV / CFRV / … / SANXLV / SESTT / LI. AVITI / V / SAL / BONI

En Puerto de Santa Cruz: 1ºLivli2ºCASIA / VSPAP / II.3º / RANIA / LEMO / ISFTV / AAN / XVH / TAEST / TL.4ºONIS / HSESTTL / MAXSVMA / CALVIFFC.5ºAHICS / LARVS / MATRI.6ºQVARTA.7ºAZ / LFA / VNT.8ºFILIA / CHSES / CILIN / EIIL / FC.9ºPIDIVS / HISPANV / MILES.

En Valencia de Alcántara: CAMILLVS / ARRIVS / AIONIS / CLVNIENSIS / ANLXX / HSTTL.

Destacamos los descubrimientos arqueológicos de un ídolo estela en Nuñomoral, de un mosaico lucha de atletas, una escultura de mármol de Talavera la Real, una cabeza de mármol romana en Don Benito, un rudimentario sarcófago romano e piedra, un capitel y una columna en San Vicente de Alcántara, una inscripción griega en tumba visigótica emeritense y un capitel visigótico con arquillos y decoración vegetal parecida a Alcuescar.

BREVE NOTICIA HISTÓRICA DE JARANDILLA

Visitaron Jarandilla estos obispos placentinos: Ochoa de Salazar diez y seis, octubre mil quinientos noventa, González Acevedo, veintiocho, treinta, octubre, mil quinientos noventa y nueve, Obispo sin poner apellidos, tres, noviembre, mil seiscientos uno, Sancho Dávila, diez y siete, octubre, mil seiscientos veinticinco, Obispo de Troya, veintiocho abril, mil seiscientos cuarenta y siete, Juan Coello de Sandoval Ribera enterrado en Capilla Mayor, trece de septiembre, mil seiscientos cincuenta y cinco, Alonso García Losad, obispo de Constantina, once enero mil seiscientos setenta y cuatro, Juan Lozano, arzobispo de Palermo, obispo de Plasencia, virrey de Nápoles, tres noviembre mil seiscientos setenta y ocho, Ocampo Matta, veinte octubre, mil setecientos y veinticinco, junio mil setecientos dos, Samaniego, veintinueve , julio, mil seiscientos ochenta y cinco, Fr. Joseph González, diez y siete, mayo mil seiscientos noventa y nueve, otro obispo de Troya, veintinueve agosto, mil setecientos cuatro, Lasso de la Vega Córdova, diez y siete octubre mil setecientos veinticinco, y treinta y uno de julio, mil setecientos treinta y tres, Arze Reinoso, catorce diciembre mil setecientos treinta y cinco, Cornejo, dos noviembre, mil setecientos cincuenta y siete, Gómez de la Torre, diez y ocho, diez y nueve, veinte, junio mil setecientos cincuenta y ocho, Bailes Padilla, once, junio, mil setecientos cuarenta y tres, González Laso, veintiocho mayo mil setecientos sesenta y ocho, veintidós junio mil setecientos ochenta y tres, Pedro, veinticuatro, octubre, mil ochocientos ochenta y cuatro, Perea Porras, veintinueve mayo mil setecientos diez y nueve, Ocampo, seis noviembre mil setecientos, diez y nueve agosto mil setecientos dos, catorce octubre mil setecientos dos, Juan Álvarez de Toledo Conde de Oropesa fallece en Jarandilla jueves en la noche de primero de agosto de mil seiscientos diez y nueve, Guillermo Mondey, inglés católico capitán muere trece de febrero mil ochocientos diez, Antonio Olivier, capitán francés muere veinticinco de julio mil ochocientos once, Francisco Camacho muere en la guerra de Cataluña, veintitrés julio mil seiscientos cuarenta y uno, Mateo Ramos, diez y nueve octubre mil seiscientos cuarenta y seis, Pedro Jiménez, soldado muere en Alcántara treinta diciembre mil seiscientos cuarenta y ocho, Pedro Jiménez, soldado muere en Alcántara treinta diciembre mil seiscientos cuarenta y ocho, Rectores de la Compañía de Jesús de Oropesa relacionados con Jarandilla, Manuel bernardo, veintiséis enero mil seiscientos sesenta y seis, Domingo Fernández Navas, diez y seis agosto mil seiscientos sesenta y seis, Marcos Rodríguez Coronel, veintiuno marzo mil seiscientos setenta y dos, Priores de Yuste relacionados con Jarandilla José de Madrid, tres marzo mil setecientos treinta y ocho, José de Santa María, cuatro febrero mil setecientos cuarenta y ocho, Antonio de la Encarnación, seis febrero, mil setecientos ocho. La duquesa de Alba, marquesa de Jarandilla, marquesa de Villafranca, duquesa de Frías, condesa de Oropesa, fue pintada por Francisco de Goya; tiene documentos fechados en Jarandilla, diez y siete febrero mil setecientos noventa y seis, doce marzo mil ochocientos uno, diez y ocho marzo mil ochocientos dos, cuatro agosto mil ochocientos dos, dos abril mil ochocientos cinco. Juan Alcedo de la Rocha, jarandillano, fiscal del tribunal de inquisición de Lima deja por testamento de diez y siete marzo mil quinientos setenta y cinco, siete millones, siete «cuentos» para Jarandilla, y el capitán jarandillano Gaspar de Loaysa por testamento de dos de octubre de mil quinientos ochenta y seis deja la cantidad de pesos de oro que en los reinos de España valgan siete mil ducados y el capitán Francisco de la Rocha deja una lámpara de plata a Jarandilla.

ADVERTENCIA

Las fechas en números arábigos y los meses en números romanos.

Con lo cual el resumen se acerca a las veinticinco líneas.

Con el fin de evitar errores en las cifras he puesto todo en letras para dejar más exacto la fecha y el dato histórico.

Por ejemplo 17,III, 1575

Oct 011983
 

ALVARADO GONZALO. Manuel (de)
GONZÁLEZ CORDERO, Antonio

«EL FORTÍN ROMANO DE SALVATIERRA DE SANTIAGO»

En el mes de Julio tuvimos la ocasión de dar la noticia del hallazgo de un Fortín romano en Salvatierra de Santiago, destacando la importancia del mismo, no ya por su monumentalidad, sino por sus circunstancias Histórico-Geográficas que procurarán ser estudiadas posteriormente en un trabajo más exhaustivo; sin embargo trataremos en estos Coloquios de dar a conocer algunos de los puntos más interesantes que se derivan de este descubrimiento.

Los Fortines alcanzaron su máximo desarrollo en época Bajo-Imperial, sobre todo en tiempos de máxima inseguridad, surgiendo estos alrededor de los caminos, en centros neurálgicos de comunicaciones, etc.

Con dichas premisas podemos establecer a priori una relación directa entre este tipo de construcciones y una serie de vías que surcaban el mapa, no ya de Hispania sino de la región que nos ocupa.

Una de las vías que más polémica ha suscitado a lo largo de los numerosos estudios que se han hecho acerca de ellas es la que en el Itinerario de Antonio o en el Anónimo de Rávena se denomina (Alio itinere ab Emérita Caesarea Augusta), donde se hace patente una serie de mansiones colocadas arbitrariamente según los datos de los diversos investigadores.

Este Fortín ayudado de numerosos datos recogidos en esta zona puede ayudarnos a concretar aún más la situación de esta vía cuyo trazado a través de estas tierras fue defendida por M. Rosso de Luna, etc.

BENITEZ FLORIANO, Santos
«TESTAMENTO DE D. PEDRO GARCÍA DE GALARZA. OBISPO DE CORIA» (1578-1603)

Aparte de su último testamento, de fecha 6 de Agosto de 1602, el Obispo Galarza, tal vez a causa de alguna enfermedad grave, otorgó así mismo carta de testamento y última voluntad el 28 de Septiembre de 1584 ante el escribano Francisco Mogollón en Cáceres.

Esta carta de testamento aparece junto a otras de inventario de bienes, etc., formando un cuerpo documental que se encuentra en las páginas 190 a la 193, cada una con varias hojas, en el Legajo 4.074 en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres.

Este trabajo es un análisis de dicho cuerpo documental, muy valioso, no sólo por los mencionados inventarios de bienes, sino también porque se señalan todas las obras y donaciones que pensaba realizar.

Hemos elaborado un estudio comparativo de algunos aspectos que tienen comunes ambos testimonios.

BENITEZ FLORIANO, Santos 
«COMPORTAMIENTOS SOCIO-POLÍTICOS DE LA NOBLEZA CACEREÑA A FINES DEL SIGLO XV»

Este estudio pretende ser análisis sobre algunas funciones sociales y políticas, que tradicionalmente se estudian como propias de la clase mobiliaria hispano-cristiana en este periodo histórico, sacadas de un total de once documentos que se encuentran en el Archivo Municipal de Cáceres y que tienen relación con la nobleza cacereña.

A través de ellos hemos investigado este espíritu de la nobleza cacereña, intentando conocer mejor su forma de vida, similar como veremos, a la del resto de la España cristiana del momento.

Recordemos que ya Fernán Mexia, en el siglo XV, nos señalaba que la villa de Cáceres era desde fines de la Edad Media uno de los cuatro principales solares de nobleza de España.

Cuatro conductas o hechos hemos analizado en nuestro trabajo:
a) La exención de pechar.
b) El espíritu guerrero.
c) El acceso a los cargos municipales.
d) Los abusos cometidos por parte de la nobleza cacereña.

CARRASCO MONTERO, Gregorio
«INTERPRETACION DEL RETABLO DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE BROZAS»

I. Descripción del monumental retablo actual en líneas generales.
II. Teología esculpida en madera y en su calle central.
III. Huellas de la Orden Militar de Alcántara en las calles laterales del mismo.
IV. Angelogía en el retablo. Hasta ciento catorce ángeles tallados existen en el mismo.

DÍAZ LÓPEZ, Manuel
«UNA TALLA DE LUIS SALVADOR CARMONA EN PLASENCIA»

Siempre nos llamó la atención la perfecta talla y la lograda expresión de dolor sereno de la cara de Na. Sa. de la Soledad, pero hace algún tiempo encontramos en un manuscrito debido a un Mayordomo de la Cofradía, del siglo XVIII, entre otras anotaciones de diversas índole la que sigue:

Este año de 1.764 cayó Jueves Santos en 19 de Abril y se estrenó en el convento de San Vicente, una imagen de N.ª S.ª de la Soledad, la cual hizo en Madrid por mi dirección D. Luis Salvador Carmena, cuya habilidad es bien notoria en la Corte y fuera de ella, hizo solo la cabeza y manos, pues el cuerpo, brazos y demás armazón la hizo el tallista Francisco Gómez vecino de esta Ciudad. Costó sesenta ducados en esta forma.

A dicho Carmona por cabeza y manos y cajón donde vino se le dieron seiscientos reales. Por llevar el cajón al mesón dos reales. Por el porte desde Madrid a esta Ciudad ocho reales y cincuenta al tallista Francisco Gómez por su trabajo. La bendijo en casa de la sala de la cerca el R. P. Fray Andrés Bermúdez, Guardián de este convento de S. Francisco observante, y el día 18 entre doce y una del día se llevó a dicho convento de San Vicente en andas y con cuatro hachones. Y todo el importe se juntó de limosnas de devotos incluso ciento sesenta reales que dio el Sr. D. Juan Francisco Manrique de Lara obispo de esta Ciudad.

Diéguez Luengo, Elías
«NOTICIAS RARAS, CURIOSAS Y POCO CONOCIDAS DE LA HISTORIA DE EXTREMADURA»

Huyendo de la Historia que nos narra grandes epopeyas, vidas de «dioses» o sucesos grandilocuentemente contados, presentamos varias noticias pintorescas, curiosas, de la pequeña historia extremeña, de la historia cotidiana y sencilla.

Noticias poco conocidas, pero que contribuyen a un mejor conocimiento de la psicología de nuestros paisanos.

De los trescientos casos pintorescos que tenemos recogidos en nuestro archivo, traemos a los Coloquios, una breve selección, ¡lustrada con diapositivas.

DOMÍNGUEZ MORENO, José María
«LOS AUGURIOS DE MUERTE EN LA TRADICIÓN EXTREMEÑA»

Baso este trabajo en una serie de investigaciones que sobre la «cultura popular funeraria» he realizado en el área norte de la provincia de Cáceres. Expongo una larga lista de los más insólitos y variados presagios que afectan a una persona concreta o a una colectividad, así como los mecanismos que el pueblo utiliza para librarse de la muerte segura que acompaña a todos estos augurios.

«ASPECTOS LITOLATRICOS EN EL CULTO DE LA VIRGEN DE LOS HITOS, EN ALCÁNTARA»

Muchos de los aspectos culturales relacionados con vírgenes o santos responden a una adaptación o asimilación de viejos cultos a la fuerza de la naturaleza, con un origen que muchas veces se pierde en nuestra más lejana prehistoria. Esto es lo que sucede con una antigua práctica centrada en torno a la Virgen de los Hitos, a la que los alcantarinos han dado una explicación «coherente», pero cuyo significado se aleja del mero sincretismo. En mi comunicación analizo esa costumbre y llego a la conclusión de que la leyenda envuelve o disimula unos aspectos litolátricos o de culto a las piedras, cuya pervivencia es detestable fácilmente en nuestro folklore.

«DOS AÑOS DE HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS POR LA AGRUPACIÓN «AMIGOS DE AHIGAL»»

«LA NOCHE DE SAN JUAN EN AHIGAL»

DOMEÑE, Domingo 
«LA ENSEÑANZA PRIMARIA EN VILLAMIEL» (1.771 –1.936)

A base de datos obtenidos en los Libros de Actas del Ayuntamiento y en los dos de la Junta Municipal de Enseñanza, el autor nos va demostrando la eterna lucha entre el Ayuntamiento -que sistemáticamente invierte lo menos posible en la enseñanza- y los Inspectores y Maestros de Enseñanza Primaria, que casi con la misma insistencia reclamen mejores condiciones técnicas y retribuciones más elevadas.

Se citan los profesores que dejaron más profunda huella y la pequeña anécdota de muchos de ellos: Desde su renuncia a pagar el arbitrario arbitrio de consumos, a su justificación de porque no se usa en la escuela la máquina de coser.

A su vez, se van exponiendo las principales disposiciones legales que a nivel nacional fueron conformando la escuela, durante la época estudiada.

FERNANDEZ SERRANO, Francisco
«DE MADRID A TOLEDO PASANDO POR GUADALUPE» UN VIAJE DEL EMPERADOR CARLOS V.

El título evoca otro libro más conocido que suena «de Madrid a Oviedo, pasando por las Azores», pero no se trata de una novela, sino de una crónica detallada, documentada, y aclarada, de aquel viaje pio-ameno-recreativo que se inició en Madrid el martes 4 de Abril de 1.525 , y que se terminó en Toledo el día 27 del mismo mes y año.

Veinticuatro días para recorrer la corta distancia de Madrid a Toledo, que hoy, fácilmente se recorre en poco más de una hora. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Desde que en 1.914 D. Manuel de Foronda y Aguilera publicó su obra grandiosa titulada «Estancias y viajes del emperador Carlos V», resulta sencillo y cómodo seguir las trayectorias varias del emperador.

Baste aquí reseñar sus etapas.
1)24. IV: Madrid.
2) Móstoles-Casarrubios.
3) San Silvestre-Santa Olalla.
4) Cazalegas-Talavera de la Reina.
5) Calera-Puente del Arzobispo.
6) Villar del Pedroso.
7) Hospital del Obispo-Nuestra Señora de Guadalupe.

Las etapas de vuelta fueron las siguientes:
1) Guadalupe-Navalvillar de Ibor.
2) San Román-Valdelacasa.
3) Oropesa.
4) Talavera.
5) Cebolla-Torrijos..
6) Ollas.
7) Toledo.

A la ida Carlos V se detuvo un día el domingo, 9 de Abril en La Puente del Arzobispo. Posó en Guadalupe la semana del martes 11, al martes 18, y al regreso paró dos días en Oropesa 20-22, y otros dos días 22-24 en Talavera de la Reina y, en Olias del Rey 25-27.

FERNANDEZ SERRANO, Francisco.
«CUATRO INDIANOS DE GARCIAZ» ANTE EL V CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO.

D. Publio Hurtado, un nombre señero en las letras de Extremadura dejó como recuerdo impreso del IV Centenario del Descubrimiento por antonomasia, el de América, su valioso libro «Indianos Cacereños».

Si nosotros, españoles y extremeños, ante el V Centenario no queremos que todo se reduzca a celebraciones folklóricas, o a peticiones inútiles, no tenemos más remedio que desempolvar nuestra colaboración americana.

El caminar emparejadas, a lo largo de tres siglos, España y América fundió vidas, e historia, y somos, como dijo el general argentino Lanusse «más que amigos». Por eso examinamos hoy, del archivo parroquial de Garciaz, cuatro nombres, nuevos y significativos.

1) Gonzalo Alonso. Sólo sabemos que murió en indias y que fundó, en la parroquia de Garciaz, una capellanía.
2) Juan de Ruanes, clérigo y vecino de Garciaz, murió en Indias y fundó en su pueblo una capellanía con 7.000 reales de principal.
3) Bartolomé Sánchez, fue un perulero-regresado del Perú, natural de Garciaz y vecino de Jaraicejo cuando testaba el 23 de Octubre de 1.629, fundando en Garciaz cuatro aniversarios de misas cantadas.
4) Francisco Díaz, otorgó su testamento en la ciudad de los Reyes, Lima, y también murió en Indias, encargando al capellán de su capellanía en Garciaz la celebración de 211 misas anuales.

Cuatro «indianos» que dejaron perdurables recuerdos en Garciaz.

GARCIA-MURGA ALCÁNTARA, Juan
«AMBIENTES URBANOS EXTREMEÑOS»

Reflexionando sobre los modos de vida en nuestra área cultural y geográfica y a la luz de algunas muestras gráficas de la muy variada geografía urbana extremeña, se plantea la hipótesis de que la calle de nuestras ciudades y pueblos es un auténtico núcleo de convivencia, se pone de manifiesto la importancia y profundidad de la vida en la vía pública, creadora del ambiente en el que se desenvuelven nuestros grupos sociales.

La calle puede y debe ser un lugar o ámbito de contemplación y formación estética, alcanzable en la consideración y estudio de los innumerables monumentos que adornan nuestros pueblos y ciudades, en los edificios y muestras artísticas singulares y en las tramas urbanas, desde las conservadas de épocas pasadas hasta las de nuestros días; se forma así el criterio de conservación y valoración de los conjuntos o ambientes urbanos, guiados por el principio del equilibrio armónico y por la pretensión de no cometer los mismos errores de tiempos anteriores y no dejarse llevar por un excesivo sentido práctico de la vida, para que no pasemos a la Historia como seres carentes de todo gusto estético y destructores de todo lo digno de conservación en el terreno monumental y artístico.

GUTIERREZ MACIAS, Valeriano
«EL PASO DEL FOLKLORE DE UNAS PARCELAS A OTRAS»

En la comunicación que abordamos, «El paso del folklore de unas parcelas a otras», se trata del folklore extremeño y cuanto se relaciona con la milicia, si bien igualmente, incluimos otras endechas populares plenas de gracia y galanura y ajenas a lo castrense.

Muchos cambios de folklore, de unas regiones a otras, se verifican en las Unidades Militares, Regimientos, Centros y Dependencias en los que los soldados, en sus horas de descanso -y sobre todo en los días que preceden al licenciamiento- organizan tertulias, divertimientos y actos no pocos plenos de originalidad. El ocio, en la verdadera extensión de la palabra, bajo el signo castrense, por la índole del servicio, cuenta no solo con la simpatía sino con el entusiasta apoyo de los superiores, percatados de los valores que encierra.

En el trabajo se incluyen algunas canciones, letrillas, refranes, dichos, ¿andones de ronda, de diversas poblaciones extremeñas, que el comunicante, fiel a su condición de viejo infante, ha recorrido escuchando emocionadamente todo cuanto se consigna, al propio tiempo que rinde culto a los eminentes folkloristas que han abordado el tema extremeño y merced a ellos se conservan los verdaderos tesoros de savia popular.

GOMEZ ALFARO, Antonio
«SOBRE LA HISTORIA DE LOS GITANOS DE EXTREMADURA»

El 19 de Septiembre de 1.783 -ahora se cumplen los dos siglos, coincidiendo con la celebración de los XII Coloquios Históricos de Extremadura-, Carlos III firmaba la última de las pragmáticas generales que intentaron en nuestro país la «reducción» de los gitanos. La ejecución de dicha pragmática puso en marcha un proceso administrativo y judicial minuciosamente controlado desde Madrid, y originó el único censo «nacional» que hasta ahora se ha hecho de la comunidad gitana. De las, aproximadamente, 12.000 personas a las que consideró legalmente comprendidas en el grupo en toda España, sólo 631 estaban asentadas en la entonces provincia única de Extremadura; salvo algunos núcleos aislados, el grueso de esa población vivía en lo que hoy pertenece administrativamente a Badajoz. Lugares, como Trujillo, ligado desde antiguo a la historia gitana, únicamente registra a la viuda paya de un gitano y a sus cuatro hijas, dos de ellas casadas con extremeños no pertenecientes a la estirpe. Aunque este y otros casos de mestizaje parecen demostrar ciertos niveles de aceptación de la gitanería, lo cierto es que ello no impedía el uso del rigor en la persecución de los elementos reacios a abandonar «traje, lengua y modales».

El licenciado D. Juan Meléndez Valdés, alcalde mayor de Almendralejo, siguió un prolijo proceso contra varios que utilizaban salvoconductos falsificados, tratando de obviar las consecuencias de la chalanería trashumante; el autor de las falsificaciones, también procesado, era el maestro de primeras letras de Santa Marta. Andando el tiempo, los descendientes de muchos gitanos de Extremadura consiguieron finalmente provisiones para ejercer legalmente el comercio de bestias, haciendo hincapié en sus comportamientos patrióticos durante los avalares históricos que padeció España en las primeras décadas del siglo XIX.

GÓMEZ GÓMEZ, José
«RESTAURACIÓN OBRAS DE ARTE»

Restauración, arte, ciencia, misterio y lucha contra los grandes enemigos: El tiempo, manos inexpertas, xilófagos y termitas. Logros del Estudio-Taller de Trujillo.

HURTADO DE SAN ANTONIO, Ricardo
SIMO RODRÍGUEZ. M.a Isabel 

«DOS INTENTOS FRUSTRADOS DE URBANIZAR Y REMODELAR LA PLAZA MAYOR DE CÁCERES»

Se trata de un suceso desconocido e inédito para los estudiosos de la arquitectura y urbanismo de Cáceres que estuvo a punto de cambiar la actual conformación de la Plaza Mayor y que se produjo en el año 1.787 y se prolongó hasta finales de 1.804. La documentación se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres y su estudio aporta nuevas luces para el conocimiento urbanístico y político del Cáceres dieciochesco.

LOZANO RAMOS. José
«APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA DE D. JOSÉ ÁLVAREZ IMAZ»

En un principio tenia preparada esta biografía desde el punto de vista cultural, pero el trabajo que me han proporcionado estos Coloquios me lo han impedido, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad y lo llamaremos. «Apuntes para una biografía de D. José Álvarez Imaz».

Persona que si no fue trujillano de nacimiento, si lo fue por su matrimonio con Dª. Concepción Cortés Villarreal.

Ya en 1.916, recita el prólogo de los Intereses Creados de Benavente en el teatro para obras de caridad.

1.927 actúa en el Ateneo Regional con Mario Roso de Luna, Goro y otros. Antes en 1.919 es propietario del periódico «Voz Regional».

Basten estas notas para dar las tres cualidades que yo he querido resaltar, de este personaje, que con sus defectos y virtudes tanto quiso a Trujillo, gracias a una trujillana de excepción D.ª Concepción Cortés Villarreal.

LUENGO BLAZQUEZ, José
«LA BANDA MUNICIPAL DE TRUJILLO»

Este trabajo quiero que sirva de homenaje a esa Banda Municipal desaparecida y a todos los miembros de ella, que generación tras generación, trabajaron y contribuyeron con ello a alegrar muchas jornadas en la vida de nuestra Ciudad.

En este trabajo se recogen los nombres de algunos de sus directores así como algunas de las anécdotas y vicisitudes que esta Banda pasó hasta su desaparición.

Quiero con este trabajo lanzar la idea de que con el esfuerzo de todos podamos dentro de poco volver a tener otra Banda que continúe con la labor, ahora interrumpida, de nuestros antepasados más recientes, y que pronto podamos escuchar aquel grito con el que se comenzaban los conciertos en el «Paseino» y que se hizo famoso: «Música Maillo».

«LOS JUDÍOS DE TRUJILLO»

Este trabajo comprende un breve estudio de la comunidad judía trujillana, desde época romana, primeras noticias que tenemos de ella, hasta su expulsión en el año 1.492, durante el reinado de los Reyes Católicos, añadiendo algunos documentos y datos posteriores de limpieza de Sangre.

Se sitúa el lugar exacto de la judería nueva, se hace un estudio de las diferentes profesiones conocidas a través de los documentos estudiados de los miembros de esta aljama trujillana. Vicisitudes por las que ha tenido que pasar. Un estudio de los documentos y ordenanzas referentes al tema, hallados en el Archivo Municipal. Relación de judíos conocidos del siglo XV indicando su profesión y datos más importantes.

MARTÍN HERNÁNDEZ, Gumersindo
«EXPOLIO INTERNACIONAL DE LA ALTA EXTREMADURA»

La importancia que por la causa española tuvo el alzamiento de Extremadura contra la ocupación francesa en 1.808, fue decisiva en la guerra de la Independencia. Su situación fronteriza con Portugal produjo en el primer instante la ruptura de comunicaciones entre los franceses del Alentejo, al mando de Junot, y los de la Mancha, a las órdenes directas del mariscal Murat.

Pero la misma situación de paso entre Madrid y Lisboa, hizo que nuestra tierra se viese invadida sucesivamente por uno y otro bando contendiente, con las consiguientes consecuencias de saqueos, exacciones, desolación y muerte. Tropas francesas, inglesas y portuguesas depauperaron y arruinaron nuestros pueblos y ciudades, y aunque fueron pocas las grandes batallas que se dieron en nuestro suelo, el movimiento de tropas fue extraordinariamente intenso, así como la .ocupación y abandono de plazas. Por si fuera poco, las partidas de heroicos guerrilleros y, sobre todo, las tropas españolas incontroladas y dispersas en las grandes derrotas sufridas, se dedicaron muchas veces al pillaje con tanta intensidad como las mismas tropas extranjeras.

En lo que respecta a la Extremadura Alta, las sierras y valles que arrancan a la derecha del Tajo estuvieron desguarnecidas casi todo el tiempo por las tropas nacionales, que operaron todos estos años casi exclusivamente en las tierras bajas y llanas al sur del Tajo, donde se facilitaba el empleo de grandes contingentes de fuerzas y el movimiento de caballería y artillería, en esa obcecación de nuestros generales de jugar a batallas campales, moviendo peones y caballos en unas condiciones de inferioridad numérica, de armamento, de abastecimiento y, sobre todo, de mandos generales e intermedios.

Todo ello llevó a la mayor y más prolongada catástrofe que haya podido sufrir país alguno, de la cual, por los desgraciados incidentes que la sucedieron a lo largo de todo el siglo XIX, aún al cabo de 175, no nos hemos recuperado.

MARTÍN VIZCAÍNO, José
«PLASENCIA EN MADRID»

El Excmo. Sr. D. Antonio de Salcedo y Aguirre, primer marqués de Vadillo corregidor de Plasencia (1.689-1.696) y de Madrid (1.715-1.729), en que murió, ha sido uno de los grandes devotos de la Virgen del Puerto, Patrona de la Episcopal ciudad extremeña.

Estando en Plasencia robaron las alhajas que la Virgen tenia en el Camarín del Santuario y al saber la sacrílega noticia cuando se estaba afeitando, le produjo tal disgusto que hizo la promesa de no volver a afeitarse y mudar de ropa hasta encontrar a los ladrones, logrando apresarlos en Portugal.

Una vez de corregidor en Madrid, determinó hacer un Santuario a la Patrona de Plasencia, entre las riberas del Manzanares y los regios jardines del Palacio Real, encargando la obra al famoso arquitecto D. Pedro de Rivera, que edificó un templo de bellísima traza, declarado Monumento Nacional Histórico Artístico (28-XII-45), al que el generoso marqués dotó con profusión.

De esta manera se estableció en la Villa y Corte el culto a la Stma. Virgen del Puerto, el 8 de Septiembre de 1.718, que ha proporcionado a Plasencia el señalado privilegio de ser la única población de España que tiene en Madrid Santuario propio de su Excelsa Patrona.

En el epitafio que cubre el sepulcro del fundador en el Santuario madrileño de la Virgen del Puerto, se puede leer una frase muy significativa: «Aquí está enterrado quien no debía haber nacido o no debía haber muerto».

MORENO LÁZARO, Juan
«LOS MANUSCRITOS DE DON FEDERICO ACEDO TRIGO»

Que en síntesis podría resumirse «Relación de los manuscritos entregados por Juan Moreno Lázaro al Excmo. Ayuntamiento de Trujillo, como voluntaria donación de D. Enrique Altamirano, residente en Hispanoamérica, que los rescató de los herederos para que no salieran de Trujillo, a cuya Histórica Ciudad, y sus principales Linajes, afectan la mayor parte de los documentos. Cuando y porqué».

NUÑEZ MARTÍN, Ramón
«CERVANTES DE GAETE CARDENAL DE TARRAGONA, UNA DE LAS GLORIAS DE TRUJILLO EN EL SIGLO XVI»

PARRÓN FERNANDEZ, Felipe
«JUAN DONOSO CORTES»

DONOSO CORTES (Juan), marqués de Valdegamas, escritor y político español (Valle de la Serena, Badajoz 1.809 – Paris 1.853). Estudió Jurisprudencia en Sevilla, ejerció como abogado en Don Benito (Badajoz), en el bufete de su padre, y contrajo matrimonio en 1.830 con Teresa Carrasco, que fallecería cinco años más tarde. En 1.832 se instaló en Madrid, donde publicó sus «Memorias sobre la Monarquía» que mostraba actitudes de un liberalismo conservador; inició también entonces su actividad como periodista político, fuertemente influido por el liberalismo doctrinario de Royer-Collard.

En Febrero de 1.833 ingresó en la Secretaría de Estado e inició su carrera en burocracia gubernamental, que le llevaría en Mayo de 1.836 a ser secretario del gabinete y de la presidencia del Consejo, con Mendizabal en el poder. En 1.837 fue elegido Diputado por Cádiz, pero, en 1.840 poco antes de que fuera derribada la regente María Cristina, marchó a Francia, en donde redactó el manifiesto que desde allí dirigiría a la Nación la depuesta regente (8 de Noviembre de 1.840).

Donoso Cortés se convirtió en hombre de confianza de María Cristina y no volvió a instalarse en España hasta la caída (1.843), regresando entonces al Congreso como Diputado por la provincia de Badajoz.

PAULE RUBIO, Ángel
«REFRANES, SENTENCIAS Y ACERTIJOS»

Mi trabajo será el recopilar aquellos refranes, sentencias que condensan el saber popular de pasadas generaciones. Según una encuesta realizada con cien personas de ambos sexos que oscilan entre 12 y 18 años de esta localidad sobre nuestro refranero y nuestra cultura paramiológica, no queda nada.

Acertijos, que en castuo llamamos acertajones, y que hacían las delicias de los niños de antaño en las frías veladas, bien debajo del balcón de la plaza, bien al calor del hogar, donde las familias nos reuníamos para facilitar el cariño familiar, han pasado. Como dicen los jóvenes de hoy: «También de eso, paso».

Por ello entiendo que hay que salvar y recoger nuestro folklore que es cultura. Nos corresponde a los que tenemos un pie en la generación de antaño, cargada de romanticismo, de poesía. Y el otro en el hogaño, cargado de materia, de cansancio, de aburrimiento producido por excesivas dosis de facilidad, de divertimiento, de ocio.

PASTOR SERRANO, Juan José
<LA VIRGEN DE GUADALUPE, SAN FULGENCIO Y SANTA FLORENTINA»

Breve exposición del por qué están entre nosotros. Corrección a la «Historia de la Virgen de Guadalupe» de Fray Diego de Écija en los capítulos III y IV.

PÉREZ REVIRIEGO, Miguel
«ESPRONCEDA Y EL MAR»

«No deja de ser un contrasentido o, cuando menos, un «grave atrevimiento», hablar aquí, en pleno corazón de Extremadura -de la Extremadura mesetaria-, del Mar. Aún cuando de aquí partiera lo más granado de la conquista americana, difícilmente encontraríamos por estas latitudes algo que nos evocara la coloración, los aromas o, tan sólo, ese «aire marinero» consustancialmente a otras comunidades.

(…) No obstante, pese a esa abrumadora lejanía, como el eterno mito de Tántalo, nuestros escritores, nuestros artistas, no han dejado de acercarse, tímidos quizás, alborozados siempre, a ese tema permanente y nuevo que es la sal y la luz y el azul oceánico».

Meléndez Valdés…, hasta Chamizo. La Poesía extremeña contemporánea. Versos al Mar: «melancolía marinera entrelazada con lo más puro de la quejumbre esteparia».

Espronceda y el Mar: vida y obra, Espronceda, poeta de soledades. «El Mar: libertad… Y aún es poco». «Versos para una Antología»: «Mar-Amigo», «Mar-Paisaje», «Mar-Metáfora», «Mar-Vida», «Mar-Melancolía», «Mar-Historia»…, «Mar, en fin, doliente posesión»: «Yo indiferente sigo mi camino/ a merced de los vientos del mar/ y entregado en los brazos del destino/ no me importa salvarme o zozobrar».

RUBIO ANDRADA, Manuel
«DESCUBRIMIENTO DE UN CALENDARIO SOLAR EN EL BRONCE ESQUEMÁTICO EXTREMEÑO»

Este trabajo analiza un grupo de las pinturas esquemáticas encontradas en un abrigo de nuestra Región, mostrando como figura central un sistema heliocéntrico con varias divisiones y subdivisiones que corresponden con los meses, fases lunares, etc.

Puede considerarse el primer calendario de Occidente.

SÁNCHEZ ALEGRÍA, Eleuterio
«LA SÁTIRA ANTICLERICAL COBIJADA EN LA SILLERÍA DEL CORO DE LA CATEDRAL NUEVA DE PLASENCIA»

Responde este epígrafe a un capitulo que el autor de la «Ruta del río Jerte» (Plasencia, su valle y sus zonas de influencia hacia el N. y S. de la Vía de la Plata) ha escrito como razonada explicación al hecho insólito que aparece en las Catedrales de Plasencia, Ciudad Rodrigo y Zamora.

Es el casco curioso de las habilísimas tallas satíricas del genial Rodrigo Alemán, a finales del siglo XV y principios del XVI, burlescas, deshonestas e irrespetuosas en grado sumo contra curas y frailes, sin respetar jerarquías y que se consideran producto netamente renacentista.

Tal vez una verdadera venganza contra alguna alta autoridad eclesiástica y que se repite encarnizadamente en los tres coros catedralicios.

En una época en que el lodo salpicaba hasta la Curia Pontificia, el autor de este comentario cree que posiblemente este ataque personal pudiera haber sido dirigido contra los arzobispos de Santiago Alfonso padre e hijo, cuyas flaquezas históricamente se constataban…

SÁNCHEZ VALLE, Luis Guillermo
MOLINA JIMÉNEZ, Francisco J.

«TRUJILLO, SUS GENTES EN EL V CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO»

SOLIS RODRÍGUEZ, Carmelo
«LA ESCULTURA DEL XVII EN TRUJILLO»

A lo largo del siglo cobra nuevo ritmo la actividad arquitectónica en la ciudad, provocando la lógica participación de escultores y retablistas encargados de decorar los nuevos templos y monasterios. Hay obras en los monasterios de San Antonio, San Francisco, Santa Clara, la Magdalena y la Merced, así como en la iglesia de la Sangre. A este rebrote constructivo -extraño para la débil economía trujillana, avocada irremediablemente a la ruina- hay que añadir el cambio estético a favor del nuevo estilo, que constituyó no pocos retablos antiguos en las iglesias parroquiales e instaló otros en las iglesias de nueva planta.

La mayoría de los maestros trujillanos activos en el XVII son modestos ensambladores y tallistas, y los contados imagineros no pasan de modestos practicantes, sin personalidad acusada. De ahí que las imágenes de bulto se encarguen preferentemente a maestros foráneos, como Antonio Paz, salmantino, que en 1.647 recibe la oferta de la decoración escultórica del retablo del monasterio de Santa Clara.

Entre otros artistas, anotamos los nombres de Benito de Ureta, Juan de Tovar, Pedro de Avilés, Marcos Martínez, vecino de Jarandilla, Miguel Gutiérrez, activos en los comienzos del siglo; Benito Rojo, documentado entre 1.615 y 1.655, y una familia de ensambladores, los Carrasco, uno de cuyos miembros, Gaspar García, trabajó en diversos encargos como los retablos de la ermita de San Juan, el de la capilla mayor de la parroquial de Santiago y el de la iglesia conventual de Santa Clara, entre otros. Coetáneos suyos fueron Gregorio Sanz de Azebedo y el escultor Tomás de Vera, sucediéndoles los ensambladores Francisco Pérez Navarreño, autor del desaparecido retablo de la capilla de los Carvajales, en Santa Maria, y Felipe Viera y Alonso Rodríguez Muñoz, a quienes el cabildo de capellanes de la ciudad encargara en 1.671 el retablo del Cristo de la Sangre, colocado recientemente en la capilla mayor de la parroquial de San Martín.

La documentación conservada permite reconstruir con bastante fidelidad el panorama escultórico trujillano, aunque la desaparición de no pocas obras -en su mayor parte aventadas en los dias de la Desamortización- impida un estudio pormenorizado de estilos y autores y una .valoración exacta de éstos dentro del ambiente modesto, que, al igual que en el siglo precedente, parece conformar la personalidad de la escultura en Trujillo.

SORIA SÁNCHEZ. Valentín
«INSCRIPCIONES ROMANAS EN EXTREMADURA»

Detallamos algunas inscripciones romanas difundidas en Extremadura recientemente.

En Torrejón el Rubio: CALAETVS – COROPOTI – YEHSE. En Ahigal: CAESVESPPPOELDEPI-VDICAN.

En Alcántara: IOVIRE – PULLSORI – IVREVSSL – MATISAL. En Alcuéscar: DDS TVRIBR – IADAEC – IRAE – CCSEV – IRVS – ALVS.

En Montánchez: M – NORB – AREN – VSS.

En Albalá de Montánchez: COPEIE – CVSLA – CIBASA – VSLN.

En Herguijuela: DEAE SANCTAE TVRIBRIGE – PPLORIVS – VENVSTVS – LAPOSVIT.

En Cáceres: NEIAV – SCIILSVSA RAMDVA – DONAVIT – SITIOVIO.

En Plasenzuela: AIV – OSSI – VAEIO – CAEV – VSLI – ISAL.

En Monroy: BELLONA – GALITIGIV – AVGVSTA – FEEX.

Nueva lectura en Plasenzuela: LIVLIVSLASCI – VIIBARRAAN – XXXIIIHSSE – STTLPATER – PPC – CIVI.

En Arroyo de la Luz: ERBA.

En Abadía: DMS – SEVERVSFILIVS – TANGINIANXI – HSESTL – MATERFC.

En Conquista de la Sierra: AVIVF – RCISV – XORDC.

En Granadilla: ARANTO – NIVSTA – NCINI ANLXXX – HSESTTL.

En Ibahernando: ARAIOVI – PASTORV.

En Ibahernando: COVTIVS VEICOR – ML. IVLIA – PANIA – ALXXHIC – STTLFFC.

En Plasenzuela: IV – CFRV – SANXLV SESTT-LI.AVITI-V-SAL-BONI.

En Puerto de Santa Cruz:
1.º Livii
2.º CASIA – VSPAP II.
3.º PANIA – LEÑO – ISFTV – AAN – XVH – TAEST – TL.
4.º ONIS – HSESTTL – MAXSVMA CALVIFFC.
5.º AHICS – LARVS – MATRI.
6.º QVARTA.
7.º Al – LFA – VNT.
8.º FILIA CHSES – CILIN – EIIL – FC.
9.º PIDIVS – HISPANV – MILES.

En Valencia de Alcántara: CAMILLVS – ARRIVS – AIONIS – CLVNIENSIS – ANLXX – HSTTL.

Destacamos los descubrimientos arqueológicos de un Ídolo estela en Nuñomoral, de un mosaico con lucha de atletas, una escultura de mármol de Talavera la Real, una cabeza de marmol romana en Don Benito, un rudimentario sarcófago romano de piedra, un capitel y una columna en San Vicente de Alcántara, una inscripción griega en tumba visigótica emeritense y un capitel visigótico con arquillos y decoración vegetal parecida a Alcuéscar.

«BREVE NOTICIA HISTÓRICA DE JARANDILLA»

TENA AVILA, María de los Ángeles
«ESTANCIA DE ISABEL LA CATÓLICA EN TRUJILLO»

Trabajo realizado por el Ilustre Académico de la Historia, D. Juan Tena Fernández, en el año 1.951, con motivo del homenaje mundial rendido a nuestra Reina Isabel la Católica, con motivo del 5.° centenario de su nacimiento.

D. Juan Tena Fernández, nació en Trujillo en 1.888, falleciendo en la misma ciudad en 1.967.

TEJADA VIZUETE, Francisco
«JUAN DE VALENCIA, ESCULTOR LLENERENSE. NUEVAS APORTACIONES»

Juan de Valencia ha sido calificado como el más vigoroso de los artistas llerenenses del bajo renacimiento: el retablo mayor de la parroquial de Ntra. Sra. del Valle en Villafranca de los Barros justifica la adjetivación de A. Carrasco García, quien también nos ha ofrecido la nómina de una serie de obras que jalonan la biografía artística de este llenerense.

Recientes hallazgos documentales nos permiten prolongar la actividad del artista, cuya muerte habrá que situar post 1.588: en abril de dicho año presenta ante el provisor de Llerena una petición a fin de que se le pague la imagen de Ntra. Sra. del Rosario, que ha realizado para la hermandad de este nombre de Valencia de las Torres. Serian tasadores de la obra los llerenenses Luis Hernández, entallador, su cuñado y colaborador, y el pintor Rafael Xuárez.

Por otra parte, y si los datos biográficos son ajustados (nacimiento en 1.539), lo encontramos bien joven comprometido en una obra de excepcional envergadura, junto a otros dos artistas llenerenses: los entalladores Juan Marín y Juan Pérez. Se trata de un magnifico retablo plateresco, con profusión de imaginería, que realizan para la capilla de San Ildefonso, que instituyera Alonso Martín Engorrilla, y según muestra (lo único del retablo que nos ha llegado) firmada por el licenciado Montoro, provisor, adscribible al área de influencia de Juan Bautista Vázquez el Viejo. Concertada la obra en Octubre de 1.560 para ser concluida en el plazo de seis meses, una vez colocada transcurren cuatro años sin haber recibido los artistas más que una pequeña parte del importe pretendido, por lo que se procede a nombrar tasadores que fijan su precio en 632 ducados.

Los entalladores Francisco de Escobar, de Villanueva de la Serena, y Pedro de Requena, de Mérida, serian los encargados de realizar una tasación que se consideraría desproporcionada por los mayordomos de la capilla, quienes -además- inventarían mil excusas, en un juicio que se dilata sin fin, ante un hecho evidente: las rentas de la capilla no son suficientes para hacer frente a los gastos de un retablo que, por la propia descriptiva del contrato, bien merecía el precio de la tasación.

VERA CAMACHO, Juan Pedro
«ALGUNOS TOPONÍMICOS EXTREMEÑOS EN EL MAPA-MUNDI»

«Como residuo de la gran aportación de los extremeños a la conquista y colonización de América, existe en aquél continente gran cantidad de pueblos, ríos y montañas que llevan nombres de otros de nuestra región.

Hemos encontrado, por ejemplo, 32 «GUADALUPE» en Estados Unidos, Méjico, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina, Venezuela y Archipiélago de Magallanes, en Oceanía; tres MEDELLIN, cinco MÉRIDA, seis TRUJILLO, dos CÁCERES, tres ALTAMIRA, cuatro ALBURQUERQUE, tres CABEZA DE VACA, dos QUINTANA, etc. Y también nombres geográficos como los de nuestros conquistadores famosos: cuatro CORTES, tres PIZARRO, cuatro VALDIVIA y tres BALBOA…,expandidos éstos por Estados Unidos, isla de Cuba, Méjico, Honduras y Argentina y Chile. Toda una serie de recuerdos de los extremeños que pisaron aquellas tierras antaño, sin olvidar los ORELLANA, por supuesto, que aparecen tres veces, una dando nombre a un río.

En la Exposición Hispano-Americana en Sevilla, en 1.929, se presentó un mapa de la correlación toponímica extremeño-americana, por Ángel Rubio y Muñoz Bocanegra, catedrático de Geografía en Cáceres, suceso que hoy hemos querido complementar con estos apuntes. Sirvan de recordatorio a la gran andadura de nuestros paisanos por todo el mapa-mundi.

Oct 011983
 

María Murillo de Quirós.

En una biblioteca de un pueblo de la provincia de Cádiz existe una publicación impresa en Cáceres en la imprenta de D. Lucas de Burgos en el año 1838.

En su portada se lee lo siguiente: «Memoria de la Causa de Dilapidaciones de Guadalupe que ofrece al público el Juez que ha entendido en su formación don José García de Atocha, Diputado Provincial de la de Cáceres, Jefe Político cesante de la de Badajoz, y Ministro honorario de la Audiencia nacional de Extremadura».

En todo lo expuesto se aprecia el río revuelto de los problemas de la exclaustración de los frailes y la incautación de los bienes del convento.

Al parecer se creía encontrar en Guadalupe grandes tesoros que no hallaron.

Tuvo Trujillo mucha relación con la causa de las «dilapidaciones» ya que aquí vinieron a venderse las cabezas de ganados que encontraron al hacer inventarios por segunda vez y también vinieron conducidos «con escolta a Trujillo los mantos de la Virgen y alhajas de plata…».

En la lista de «ocultaciones» figuran entre otras cosas insólitas «dos tinajas pequeñas» y un crédito a favor del Monasterio «contra Lord Londonderri» por valor de 104.875 reales.

Esta causa fue motivo del cese del Juez encargado de su formación, que recurre a la Reina en varias cartas aquí publicadas y que al consignar sus honorarios, pone los 17 días de estancia en Guadalupe a 66 reales cada uno y los «cuatro de camino de ida y vuelta» (de Trujillo a Guadalupe) a 132 reales.

Sevilla 31 agosto de 1983

Oct 011983
 

Valeriano Gutiérrez Macías
.Académico C. de la Real de la Historia.

El estudio del folklore, – palabra que empleó por primera vez Ambrosio Merton en la revista londinense «The Atheneum» en 1848 – lleva a no pocas consideraciones y algunas muy interesantes, relacionadas con la milicia, que conviene poner de relieve en este trabajo.

Muchos cambios de folklore, de unas regiones a otras, en los que los soldados, en sus horas de descanso, organizan tertulias y divertimientos, no pocos plenos de originalidad. El ocio, en la verdadera extensión de la palabra, bajo el signo castrense, por la índole del servicio, facilita este intercambio.

Entonces, hay, como si dijéramos a modo de un intercambio de canciones, refranes, dichos, etc.

Así, cuando se reúnen soldados de Galicia, Asturias, Extremadura, Aragón, Andalucía…jubilosamente, dan a conocer cuanto caracteriza a su tierra por lo que respecta al material folklorístico, tan interesante, como fácilmente se puede constatar.

No faltan soldados que con dos cucharas hacen el mismo sonido que si manejasen diestramente las más estupendas castañuelas. «¿El mejor bailaor y sin castañuelas?», tal es una expresión de Ahigal, pueblo de la alta Extremadura, cuyos hijos se distinguen por sus buenos golpes o machadas.

La cosa tiene su explicación por la incorporación establecida de los ocho llamamientos militares actuales a los Cuerpos, en los que se airea al rico venero popular, tan digno de admiración como buscado con ahínco por los investigadores de la rama de la Etnología.

Aquí se puede comentar mucho.

Y lo propio por lo que concierne a la paremiología, que agrupa los comprimidos filosóficos cristalizados a través de los tiempos. Cervantes, nuestro escritor por antonomasia, llamaba a los refranes evangelios breves.

Hay también entre unos y otros servidores de la Patria intercambio de palabras por lo extrañas que son, por el efecto que les producen y se oyen manifestaciones como ésta, que no podemos omitir: «No te repuchis, quinto», que cabe interpretar en el sentido de que no te ofendas ni te subleves.

Y es que, pensándolo bien, no hay otra manera de encontrarse, salvo hoy, con la terrible lacar de la emigración, ahora muy mitigada por la crisis económica, a la que, en todo caso, hay que poner coto, como sea, por la sangría que representa para la nación, como ocurrió en otros tiempos pasados de nuestra historia. Al poema «Regreso», del celebrado vate campesino José María Gabriel y Galán (1870 – 1905), pertenece el verso «…y vuelvo a vuestro lado», que ahora está muy de actualidad.

Además, hay que tener en cuenta que, antiguamente, el servicio a la Patria duraba tres y hasta cuatro años, en África.

Marchaban los soldados a Marruecos casi niños y volvían hechos unos hombres. ¡Cuántas impresiones se cambiarían en estos períodos tan amplios que daban de sí lugar a la transformación del hombre!

Cada región tiene sus instrumentos musicales, como harto es sabido, que constituyen verdaderas maravillas para – como el mejor acompañamiento – traducir el folklore nacional, variopinto por excelencia.

Cada región tiene sus instrumentos musicales, como harto es sabido, que constituyen verdaderas maravillas para – como el mejor acompañamiento – traducir el folklore nacional, variopinto por excelencia.

Conviene recalcar que nos estamos refiriendo a gente joven, con muchas ilusiones e inquietudes, sin temor a nada, dispuestos siempre a comunicar lo propio, lo que distingue específicamente a las parcelas de donde procede.

Porque el autor de este ensayo vive en Extremadura, donde desarrolla sus actividades y conoce su folklore, va a incluir algunas canciones, letrillas, refranes, dichos, etc. de la tierra parda, que estudian los afamados folkloristas Rafael García Plata de Osma, Manuel García Matos, Antonio Rodríguez-Moñino, Ángela Capdevielle, Adolfo Maillo García, Domingo Sánchez Loro, Juan Pedro Vera Camacho, Isabel Gallardo de Álvarez, Isabel Alía Pazos, etc. Aparte mencionaremos a los que fueron prestigiosos músicos militares, Bonifacio Gil, Guillermo Guió, Fernández Amor, Santiago Berzosa González y Julio Terrón. Todas estas figuras hicieron las importantísimas aportaciones de sus obras, que hoy son consultadas por cuantos se interesan por estas cuestiones, que muestran la idiosincrasia de los hombres de la región centro – occidental española.

Una forma de organizar los espectáculos era – y sigue siéndolo – la solemne conmemoración de los patronos de los Cuerpos. Siempre había y habrá espontáneos que amenicen las celebraciones con sus aires y decires, plenos de agudeza e ingenio, sobresaliendo el humor y algunas otras formas pintorescas que constituyen su sal y pimienta.

PIORNAL

Techo de Extremadura, a 1160 m., es famoso por su fiesta típica del «Jarramplas», que tiene lugar el día 20 de enero. No se conoce – anota Emilio Páramo Sánchez – el origen del «Jarramplas». Se barajan teorías desde mitológicas (Las luchas y el castigo que infligió Hércules a Caco), hasta las ceremonias vistas por los primeros conquistadores de América entre los indios, o la más simple, en la que se habla del personaje como el típico ladrón de ganados, que es sometido al castigo y a las burlas de sus convecinos. La fiesta se celebra el 20 de enero, en honor de San Sebastián, casi siempre entre nieve. El protagonista «Jarramplas», vestido con un traje de cintas multicolores, una rara máscara con cuernos y crines de caballo y acompañado de un tamboril de piel de perro que toca con gruesas «cachiporras», se dispone a recibir durante el día una verdadera lluvia de golpes. Nabos, troncos de col, bolas de nieve arrojadas por el pueblo, etc.

Cuenta Piornal con un importante grupo folklórico que da a conocer sabrosas, alegres y dignas de ser aventadas canciones. El grupo se acompaña con música de acordeón y de varios instrumentos tradicionales: la botella de anís, el caldero, el peculiar triángulo y almirez. Lo forman hombres y mujeres. Han grabado «Villancicos rondaores» y otros aires piornaliegos. Debido a esta circhstancia transmiten las letrillas y músicas propias del pueblo.

Piornal tiene tradición cantoral que sus quintos llevan a la mili.

El veinte de enero,
cuando más nieva,
sale un capitán valiente
a poner bandera

La otra tarde un piornalego
amargamente lloraba;
porque no alcanzaba el burro
al pilar a beber agua.

Que la tomatera
que no da tomate,
que no es tomatera,
que es hierba que nace.

Que la pimentero
que no da pimiento,
que no es pimentera,
que es hierba del huerto.

ARROYO DE LA LUZ Villa de labradores y alfareros. Posee un rico floklore en el vestir y en las canciones que se entonaban al son del pandero moruno en los «corros» que desfilaban por la Corredera el Lunes de Pascua de Resurrección. Incluimos en este trabajo la copla que con frecuencia nos recita el esclarecido hijo de la localidad, el filósofo Pedro Caba:

¿Dónde estará mi amante
que no ha venío,
ni a la voz, ni al reclamo
ni al retumbío?

Con la copla que trasladamos ahora a los lectores brotaba de las mozas un son de queja, cuando se formaban, antiguamente, en Arroyo, los bailes del pandero en cualquier esquina, aunque fuesen las de las iglesias, al son monorrítmica del pandero y no acudían los mozos:

Toda la calle viene
llena de Juanes;
como no viene el mío
no viene nadie.

Canciones arroyanas de quintos

Ya se van los quintos, madre,
ya se llevan a mi hermano,
ya no tiene quién le dé
pañuelo para la mano

Ya se van los quintos, madre,
ya se llevan a mi primo,
ya no tiene quién le dé
pañuelo para el bolsillo.

La vara de San José

La vara de San José
todos los años florece;
la vergüenza de los hombres
se ha perdido y no aparece.

GARGANTA LA OLLA

Cuna de la garrida moza que tiene por sobrenombre «La serrana de la Vera», que en la historia hecha leyenda, presenta también su folklore, con la famosa danza de «Las Italianas» y canciones de quintos:

Ya se van los quintos, madre,
ya se va mi corazón,
ya se van los que tiraban
chinitas a mi balcón

(Estribillo:

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.
Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir.

Mi morena tiene pena,
porque soy «quinto» de hogaño.
Yo le digo a mi morena
que pronto pasan tres años.

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.
Si te toca te aguantas
que te tienes que ir .

Esta calle la rondan los mozos,
los que se van a la guerra,
voluntarios y forzosos.
Esta calle la rondan los mozos…

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.
Si te toca te aguantas
que te tienes que ir.

Caminito de la fuente,
las mozas llorando van.
Se dicen unas a otras.
«Mi novio también se va»

(Al estribillo)

A tu puerta puse un guindo
y a ventana un cerezo.
Por cada guinda, un abrazo;
Por cada cereza, un beso.

(Al estribillo)

JERTE

En la población de Jerte – enclavada en el maravilloso valle de Plasencia, que lleva a evocar la estampa oriental de los cerezos en flor – se baila la «Jota del Jerte». He aquí una copla que dice lo que son las jerteñas:

Vale más una jerteña
con una cintita al pelo
que toda la serranía
vestida de terciopelo.

ABERTURA

En esta localidad, próxima a Trujillo, cuna de la Conquista, se ponían los quintos en el Ayuntamiento. Estaban esperando el sorteo que empezaba a las nueve en punto de la mañana. De aquí la canción:

¡Qué ganas tengo que lleguen
las nueve de la mañana,
para saber si mi suerte
ha sido buena o mala!

Acostumbraban a poner dos cántaros del fino cobre de Guadalupe. En uno iban las papeletas con los nombres y en el otro los números. Cantaban, tanto los nombres como los números, dos niños, y el alguacil o «El voz pública», como se llamaba allí, daba a conocer dichos nombres y números. Aludiendo a esto, había una copla que decía:

Mete la mano, chiquillo,
en ese cántaro nuevo
y sácame el número uno
que me vaya de este pueblo.
¡Qué ocurrencia de quintos!
Somos los «quintos» de hogaño
y verán los fanfarrones
que nos sobra valentía
y tenemos pantalones.

Todos temen a Melilla
como si en Melilla hubiera
algún león encantado
que a los hombres comiera.

Las mocitas de este pueblo
son pocas y bailan bien
y en llegando a la costura,
ninguna sabe coser.

Esta copla iba muy en contra de la realidad.

Esta es la «Calle Real»,
la de las mozas garrida,
que tienen sal por arrobas
y que son muy pretendidas.

La pandereta del «quinto»
no lleva oro ni plata;
lleva el aro de una criba
con piel de perro y sonajas.

Uno de los quintos abertureños cantó en la calle del domicilio de su amada:

¡Adiós, «Calle de la Huerta»,
cuánto por ti he paseado,
y lo que yo pasearía
si no fuera a ser soldado!

La copla hizo fortuna entonces y en años siguientes, pues con sólo variar el nombre de calles, iba sirviendo para todo «quinto», enamorado de reemplazos posteriores.

Alguna vez se dio el caso de que, entre los «quintos» sorteados ya y los que se sortearían después, no reinó el buen compañerismo. Ello lo justifican las dos coplas que figuran a continuación. Cantaron los no sorteados:

Los «quintos» son los que cantan,
que los «sextos» ya no valen;
pues van las calles arriba
sin decir adiós a nadie.

Y cantaron los aludidos:

Estos «quintos» no son «quintos»,
que son niños por criar;
pues rompen las panderetas
por no saberlas tocar.

Casi todas estas coplas fueron acompañadas por estribillo. Había varios, pero es oportuna su omisión, porque en ellos anduvo muy libertina la picaresca de manos del Diablo.

VILLAMESÍAS

Los de Villamesías solían cantar en las rondas de quintos:

Esta noche, si Dios quiere,
me tengo que divertir
con permiso del alcalde
y de la Guardia Civil.

Aquí se ve el respeto que tenían a las autoridades y sus agentes, en sentido un tanto irónico. Pero hay que añadir que las canciones no adolecían de sus notas picarescas. Los quintos de las fechas evocadas había días que constituían la máxima autoridad de hecho. Cometían toda clase de excesos. Volteaban carros, cogían pollos y gallinas, en fin, par qué seguir. Después, el alcalde los sancionaba con arreglos de calles y caminos o imponiéndoles multas que pagaban los padres.

IBHERNANDO

Debemos al comandante Honorífico de Artillería, Antonio Cartagena Martínez, parte de la letra del folklore de su pueblo natal, Ibahernando, que incluimos seguidamente:

Bien sé que estás acostada,
pero, dormidita no,
yo sé que estarás diciendo:
-Ese que canta es mi amor.

Por una calle me voy,
por la otra doy la vuelta,
la que quiera ser mi novia
que deje la puerta abierta.

A lerén, lerén, lechga,
a lerén, lerén, cogollo.
Se ha muerto mi delirio,
madre, cómprame otro.

¡Qué contenta está la novia,
porque estrena cama nueva;
más contento estará el novio
que se va acostar en ella.

La madrina es una rosa
y el padrino es un clavel,
la novia es un espejo
y el novio se mira en él.

Viva la novia y el novio
y el cura que los casó,
y padrino y la madrina
y que viva también yo.

HERGUIJUELA

Cuando las guerras Carlistas se cantaba en la localidad, por las mozas:

Ojos que te vieron dil
por aquel camino llano,
¿cuándo te verán venil
con el canuto en la mano?

MONTEHERMOSO

En Montehermoso, de la parcela cacereña, capitalidad del traje típico regional que se distingue por el famoso sombrero, promontorio de borlas, se cantan en todas las fiestas de la localidad y, principalmente, el día del Patrono, San Bartolomé, 24 de agosto, por los mozos, rondas con letras algunas muy picarescas. Vamos a incluir una que nos ha facilitado Juan Clemente Quijada, monterhermoseño de ley y capitán del Cuerpo de Oficinas Militares:

Cuando yo era chiquinino
me arruyaban las mozuelas,
y ahora que soy mayorcito,
juyen de mí como ciervas.

Hacemos la salvedad de que la terminación INO distingue a los hipocorísticos cariñosos de la tierra parda.

¿Me quieres, Costilla?
-Te quiero, Costal.
-Dame las manos
y vamos a bailar.

Ya se van los «quintos», madre,
ya se van los buenos mozos,
ya queda la plaza llena
de tuertos y legañosos.

Claramente alude a los que no van a la prestación del honroso servicio militar.

PUERTO DE SANTA CRUZ

En Santa Cruz hay un árbol,
en El Puerto caen las hojas
y en el pueblo de Ibahernando
están las mejores mozas.

¿Me quieres, Talega?
-Te quiero, Costal.
-Pos conmigo esta noche
te vas a acostal.

TORREJONCILLO

Pueblo industrial, famoso por sus antiguos telares y la fiesta de «La envamisá», se canta:

El novio le dio a la novia
la mano por la gatera;
pero no pudo saberse
lo que el novio le dio a ella.

NAVALMORAL DE LA MATA

Esta localidad es una de las más bellas puertas de entrada en la alta Extremadura. A ella corresponde esta nota folklórica, que es un elogio de las bellas moralitas:

¿Con qué lavas la cara
que la tienes tan bonita?.
-Me lavo con agua clara
de la fuente de la ermita.

VIANDAR DE LA VERA

El Sargento Mutilado Permanente, Bonifacio Miranda, nos dice algo popular de su pueblo natal; el segundo en altitud de la fértil comarca cacereña de La Vera:

Viandar, parar y andar,
la merienda adelante
y no atrás.

Sin duda alguna para evitar la sustracción.

VILLANUEVA DE LA VERA

En el desarrollo de la fiesta del «Pero-Palo», declarada de Interés Turístico, las mozas y los mozos, ataviados con el típico indumento, cantan:

Ese que llaman «Reviste»
y por nombre Pero-Palo,
ha salido en la sentencia
que tiene que ser quemado
a eso del tercer día.

COMARCA DE LA SIBERIA EXTREMEÑA

En la provincia de Badajoz existe la comarca denominada «La Liberia Extremeña», a la que pertenecen estas rondas:

Por esta calle abajo
va una gallina,
con la cola a la rastra,
la muy cochina.

Catalina María Márquez,
¿cómo has tenido el valor
a casarte con Juan Lanas
estando en el mundo yo?.

Por la calle abajo
van tres ratones;
uno va haciendo media
y el otro calzones.
Y el otro lleva la cesta
de los botones.

A la comarca citada pertenecen esta estrofas, que denotan los exacerbacismos y rivalidad entre pueblos vecinos:

El castillo de Herrera
se está jundiendo;
una pulga y un piojo
los están sosteniendo

En Peloches, no hagas noche,
en Herrera, las que quieras,
en Fuenlabrada de los Montes,
las semanitas enteras.

SIRUELA

Por la curiosidad que presentan, vamos a incluir una expresión relacionada con la forma en que pretendían a las mozas, antiguamente, en Siruela, de la provincia de Badajoz:

¿Me quieres, Mantuda?
Te quiero, Estropajo.
-Pues ya está hecho el ajo.

El diálogo de la manifestación amorosa no puede ser más rudo y expresivo.

VILLANUEVA DE LA SERNA

En la populosa Villanueva de la Serena, también de la Baja Extremadura, cuando existía Caja de Recluta, al incorporarse los quintos, cantaban:

Al entrar en Villanueva
lo primero que se ve,
la Caja de Recluta
y el Teniente Coronel.

ESPARRAGOSA

En encomio de las mozas de Esparrgosa, se cantaba esta copla:

Las mozas de Esparragosa
tienen todas tanta maña
que hasta el agua de la fuente
la toman con una caña.

DON BENITO

Esta apacible y próspera ciudad de la provincia de Badajoz, a través del muy aplaudido «Grupo Caramancho», ha resucitado mucho de su antiguo folklore. De allí son estas canciones de quintos:

Ya se van los quintos, madre;
ya se va mi corazón,
ya se va quien me tiraba
chinitas en mi balcón.

(Estribillo)

Si te toca te aguantas
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti,
para librarte a ti,
para librarte a ti…
Si te toca te aguantas
que te tienes que ir.

Las madres son las que lloran,
que las novias no lo sienten.
Les quedan cuatro chavales
y con ellos se divierten.

Al estribillo

A ti te ha tocao el uno
y a tu compañero el dos.
¡Qué suerte tan desgraciá
que habéis tenío los dos!

Al estribillo

Esta es la calle del aire,
la calle del remolino,
donde se remolinea
tu corazón con el mío.

Al estribillo

Un pie tengo en el umbral
y otro tengo en el tejado.
Mira si por tu cariño,
vivo yo espatarracao.

Al estribillo

Frecuente también era este otro estribillo:

Acabarse la paja,
morirse el burro
y caerse el pesebre
todo fue uno;
fue todo uno, niña,
fue todo uno,
acabarse la paja
y morirse el burro.

OLIVENZA

Ciudad de la provincia de Badajoz, a dos kilómetros de Portugal. La razón fundamental de su existencia está en que el rey don Dionis de Portugal, en 1.306, ordenó edificar un castillo y una ciudadela, que pasaron a la Corona de España en la llamada «Guerra de las Naranjas». Tiene magníficos monumentos, como la fabulosa iglesia de Santa María del Castillo y Santa María Magdalena, y el Hospital de la Misericordia. Olivenza fue hace poco declarada Conjunto Monumental Histórico – Artístico. Su gastronomía es muy rica, requiriendo especial mención el «Bollo podre», «Las quesadas» y la «Técula Méluca», de fórmula casi misteriosa, arcano aún por descifrar, pues nadie ha podido ni siquiera imitar esta maravillosa muestra de la repostería extremeña.

A las luchas y vicisitudes de Olivenza se debe la siguiente canción:

Las chicas de Olivenza
no son como las demás:
son hijas de España
y nietas de Portugal.

Las oliventinas muestran la belleza de la mujer lusitana y el salero y la gracia de la mujer española.

Del folklore oliventino es la siguiente estrofa:

Anda diciendo tu madre
que tiene un olivar;
el olivar que tu tienes
es que te quieres casar.

PLASENCIA

Plasencia, llamada por sobrenombre «La Perla del Jerte», sede episcopal, «Grata a Dios y a los hombres», tiene también un rico y variado folklore, del que, a continuación ofrecemos una muestra.

LOS QUINTOS DE HOGAÑO

(Canción de ronda de los coros de Plasencia)

Dicen que no hay morenas por los rincones,
morenas hay que roban los corazones.

-Traime, majico, un peine,
de esus que en Madre vendin;
azuli, colorau, pajusu y verdi.

-Adios, cariñosita, quitapesaris,
que me voy a la guerra
y tú no lo sabis,
por unas malas lenguas
y malas voluntadis.

La ronda va por la calli
la ronda va por la calli,
no va ningún andalú,
que todos son extremeñus
y llevan la sal de Jesús.

Hola, resalá y olé,
lleva la sal de Jesús.
Desde que te vi, morena,
me van a matar,
me tiene a mí
malitu en la cama
desde que te vi.

GARROVILLAS DE ALCONETAR

En la villa de Garrovillas de Alconetar, después de las ferias de San Mateo, mozos y mozas se reúnen y hasta la Navidad cantan, entre otras, esta estrofa

Mi suegra, la novelera,
no encuentra nuera a su gusto;
que haga una de madera
y luego le coja el fruto.

BADAJOZ

Transcribamos a continuación una copla geográfica badajocense:

Una niña bonita
se tragó, se tragó;
Montijo y La Puebla,
Talavera y Lobón.
Y si no la sujetan
se traga a Badajoz,
el cuartel de la Bomba,
con artilleros y tó…

PAREMIOLOGÍA

Es muy curiosa la paremiología extremeña, y, como toda, goza de la fuerza, «porque, en pocas palabras y de un modo atractivo, expresan generalmente la verdad, ofrecen un consejo o reflejan una experiencia que resulta valiosa». Un verdadero haz podríamos formar. Vayan algunas muestras.

«Primero están los dientes/, después el tragadero».

«A los viajeros les quita Dios el dormir,/ pero no les quita el gruñir».

«Alos viejos les quita Dios el mascar, / pero no les quita el tragar».

«El que habla mal de la pera/ comer quiere de ella».

«El tiempo que viene a su tiempo/ es buen tiempo».

«El que en la juventud se come la sardina/ en la vejez caga las espinas».

«El que a mi casa no viene/ de la suya me desecha».

«Ahí va la loba,/ con el tocino en la boca» (indica la hora de comer entre los que cogen aceitunas o «apañadores», en los olivares, y que anuncian en voz alta).

«El que quiere comer de la olla ajena/ que tenga la suya sin tapadera».

«No comer por haber comido/ nada perdido».

«Por San Antón / pares son» (Las perdices, que se aparecen).

«Por San Antón/ toda ave pon».

«Entre San Sebastián y Los Mártires/ no salgas de casa aunque de pan no te jartes».

«Tú lo que quieres es peer en botija, para que retumbe». (Alude a quién fanfarronea, que no quiere pasar inadvertido, que a toda costa quiere que se le oiga)

DICHOS

Son muchísimos los que podríamos agavillar y tienen su encanto. He aquí los que damos a conocer a los lectores:

«Por Navidad/ muchos a Guadalupe van/ pero luego van los que van».

«Ruin con ruin/ así se casan en Dueñas».

«El tamborilero de Bodonal/ que tacando, tocando/ se le olvidó tocar».

«Si tienes un hijo conde o desea ser duque/ mételo a fraile en Guadalupe» (El real y secular monasterio mariano extremeño, uno de los principales templos de la cristiandad).

«Si quieres matar a un fraile/ quítale la siesta y échale de comer tarde». (Los frailes se levantan muy temprano y llevan el horario a rajatabla).

«O por fraile o por hermano/ todo el mundo franciscano».

Estos saberes, estos sentires, estas canciones, proverbios y dichos, salidos de lo más hondo de la entraña del pueblo, del pueblo más sincero, han recorrido el mundo entero, desde la tórrida y húmeda manigua cubana hasta la jungla filipina, desde las heladas tierras centroeuropeas, hasta los resecos desiertos africanos, siempre en boca de soldados, de soldados y misioneros.

Y han dejado algo de ellos en aquellas tierras, han dejado parte del alma y, a veces, frecuentemente, la vida. Pero con ello han inspirado y moldeado, a lo largo del tiempo, el folklore de otras regiones, de otros países, pues la huella del hombre auténtico, en nuestro caso el soldado, es imperecedera.

BIBLIOGRAFÍA

  • ALIA PAZOS, Isabel: Trabajos periodísticos sobre asuntos extremeños en los diarios «Extremadura» y «Hoy», de Cáceres y Badajoz, respectivamente, y comunicaciones presentadas a los Congresos de Estudios Extremeños.
  • BERZOSA GONZÁLEZ, Santiago: «Boda típica extremeña», fiesta típica en Torrejoncillo» «Cáceres canta», «Sinfonía extremeña», «Tornavacas canta», «Redoble, redoble» etc.
  • BLÁZQUEZ MARCOS, José: «Por la vieja Extremadura», «Guía artística de la provincia de la provincia de Cáceres», Cáceres. Tipografía Extremadura. 1929
  • CAPDEVIELLE, Ángela: «Cancionero de Cáceres y su provincia». Servicios Culturales de la Diputación Provincial de Cáceres. Artes Gráficas. Madrid, 1969.
  • COLLADO ALONSO, Gregoria: «Ensayos sobre asuntos extremeños».
  • CORDERO GÓMEZ, Juan Luis: «Lírica arroyana».
  • GALLARDO DE ALVAREZ, Isabel: Colaboraciones sobre folklore en la «Revista de Estudios Extremeños», de los Servicios Culturales de la Diputación Provincial de Badajoz.
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  • GIL GARCÍA, Bonifacio: «Folklore musical extremeño. Principales rasgos de su riqueza tonal», Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 1935. «Cancionero popular de Extremadura». Colección, estudio y notas. Dos tomos. Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 1971.
  • GONZÁLEZ BARROSO, Emilio: «Cancionero popular extremeño». Biblioteca Básica Extremeña. Badajoz, 1980.
  • GONZÁLEZ MENA, María Ángeles: «Museo de Cáceres. Sección de Etnografía». Servicios Culturales de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1976.
  • HOYOS, Nieves de: Ensayos publicados y comunicaciones presentadas a los Congresos de Estudios Extremeños.
  • MAILLO GARCÍA, Adolfo: «Ensayos sobre material folklórico». Diario «El Imparcial», Madrid, 1930.
  • MARTÍN GIL, Tomás: «Motivos extremeños» (artículos publicados en «La Montaña» y «Extremadura» de Cáceres; «Revista del Centro de Estudios Extremeños» y «Hoy», de Badajoz). Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón de Jesús. Juan Bravo, 3. Madrid, 1968.
  • NICOLÁS RODRÍGUEZ, Santos: Información proporcionada al autor de este ensayo.
  • SÁNCHEZ LORO, Domingo: Trabajos sobre «Los coros placentinos y coros y danzas», del libro «Jornadas Literarias por la Alta Extremadura». Cáceres, 1955.
  • TERRÓN SOBRADO, Julio: «Recopilación de canciones populares». Plasencia.
Oct 011983
 

Domingo Domeñé.

1. De las escuelas parroquiales a las municipales.

Sabido es que durante la Edad Media la enseñanza elemental, que hoy llamamos primaria o básica, estuvo encomendada a la Iglesia a través de las diversas escuelas: catedralicias, monacales, parroquiales, etc.

Pero cuando a partir del siglo XIV el aumento de la población impide que todos los posibles alumnos – que tampoco debían ser demasiados -, puedan ser atendidos en las escuelas tradicionales y por lo tanto por religiosos, surgen los primeros maestros seglares que mediante una retribución están dispuestos a ejercer su docencia y que se asocian en gremios como cualquier otro industrial o artesano de la época.

En ese mismo siglo XIV comienzan los Municipios a consignar en sus ordenanzas la obligación de sostener escuelas. Esas escuelas municipales solían ser regentadas por un maestro seglar al que se le contrataba, generalmente, por un período de tres años. Mas hemos de entender siempre, para evitar equívocos de competencia entre Iglesia y Ayuntamientos, que las escuelas municipales eran supletorias o complementarias de las parroquiales y que era la Iglesia quien en última instancia vigilaba el contenido de la enseñanza en la escuela municipal.

Como los maestros van siendo cada vez más numerosos y no hay ninguna disposición legal que los ampare consiguen que Enrique II expida en Toro (1370) un Pragmática que les concede una serie de privilegios que si no debieron aumentar su bienestar material, sí les dio prestigio social: «poder usar de toda clase de armas, exención del servicio militar y alojamiento a las tropas en tránsito; prohibición de ser encarcelados; prelación del despacho de sus litigios por los tribunales de justicia; y la asignación, a los que hubiesen enseñado durante cuarenta años, de una especio de retiro retribuido»[1]. La verdad es que estos privilegios no les eran exclusivos y que gozaban de ellos numerosos gremios.

Durante el reinado de los Reyes Católicos llega a preceptuarse la obligación de la asistencia a escuela con sanción penal, incluso, para quienes no acudan. La ley, realmente, nunca llegó a aplicarse.

Carlos I confirma la Pragmática de Enrique II y muestra su interés por los maestros cuando llega a un pueblo; el metódico Felipe II reglamenta los exámenes de maestro, manda que las autoridades visiten la escuela una vez al año, y tasa el precio de las cartillas de lectura, para evitar abusos.

Pero las escuelas municipales dependen de la propia situación económica del Municipio, y así cuando a partir de Felipe IV muchos Ayuntamientos empiezan a carecer de los más elementales recursos, uno de los primeros gastos que se suprimen es el de la enseñanza, hecho éste que será tradicional en toda la historia de España.

Aumentan entonces los maestros, que a título particular, se dedican a ejercer su profesión. Los de Madrid, agrupados en gremio como cualquier otro artesano que se estime crean la Hermandad de San Casiano (1642) para ayudarse mutuamente y controlar la calidad de la enseñanza. Felipe IV les concede la facultad de examinar a los aspirantes a maestros, tanto en Madrid como en el resto de Castilla. Leamos cuanto al respecto se nos dice, y que nos muestra claramente cual era el nivel de sus conocimientos y por derivación, cuales eran las enseñanzas que se impartían en las escuelas[2]: «Cualquiera que intentare ser examinado de maestro de primeras letras, si es para estar en esta Corte, ha de tener su fe de bautismo y ha de hacer con asistencia de los Hermanos Mayores de la Congregación de San Casiano y ante el escribano de ella, información de limpieza de sangre, vida y costumbres, y de haber sido pasante cuatro años con maestro aprobado en esta Corte, con seis testigos; y hecho, le examinarán los referidos, para ello ha de saber leer sueltamente, así en libro de molde como de coro, bula y letra manuscrita antigua y difícil; ha de saber escribir las seis formas de letras que son bastardilla, grifa, italiana, romanilla, de coro y redonda; ha de dar razón en la Aritmética de las cuatro reglas, con las de quebrados, reducción, prorrateo, reglas de tres, compañías, aligaciones, mezclas y testamentos y falsas posiciones y extracción de las raíces cuadrada y cúbica; también ha de saber la Doctrina cristiana que contiene el Catecismo del Padre Ripalda, y otras respuestas que se hallan en el libro titulado Arte de escribir por preceptos geométricos, que dio a la luz el maestro Juan Claudio Aznar de Polanco, pues por él examinan además de ser libro útil y preciso para dichos profesores; y saliendo aprobado … acudirá a sacar el título a la Escribanía de gobierno del Real y Supremo Consejo de Castilla. Si es para fuera de Madrid …» se seguirá el mismo procedimiento.

2. Las «escuelas de amiga» y las «de costura».

Todo cuanto llevamos dicho es válido únicamente para las escuelas de niños.

Para lo que hoy llamamos enseñanza preescolar o de párvulos existían las «escuelas de amiga», es decir locales donde una mujer de buena moralidad y harta paciencia reunía, mediante retribución, a unos cuantos pequeños y donde los entretenía como mejor le daba Dios a entender.

Para las niñas, ya creciditas, existían las llamadas «escuelas de costura», en las cuales una mujer con la consabida buena moralidad y previa licencia de las autoridades y examen elemental de la doctrina cristiana, les enseñaba a leer y escribir malamente, los principios de la fe, y los más corrientes tipos de costura, bordado y cosas afines.

3. La primera escuela de Institución Primaria en Villamiel.

Los tres tipos de escuela: de amiga, de costura, parroquial, los hubo en cualquier población mediana y Villamiel lo era.

Mas la primera escuela pública de Villamiel, de la cual tengamos noticia ciertas es la que fundara don José Jerez, posiblemente en 1771, cuando Carlos III – de quien era consejero don José – reorganiza la enseñanza.

Don José Jerez y Baile, villamelano de pro «era miembro del Gremio y Claustro de la Universidad de Salamanca por ser catedrático de Primaria de Leyes en Constituciones de Preámbulo, Canónigo-Deán de la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo, Teniente Vicario General de los Ejércitos reales y – ello casi se da por supuesto después de tanto título – miembro del Consejo de su Majestad»[3].

Deseoso de ayudar a su pueblo, en la medida de lo posible, crea una Capellanía perfectamente dotada – era la única congrua, es decir, capaz de sustentar a un sacerdote -, construye o al menos repara el camino que a través de la ladera Sur de la Sierra de Jálama va de Villamiel a Ciudad Rodrigo, y sobre todo y por lo que ahora nos ocupa crea la primera escuela pública, regida por un seglar, de la que tenemos noticia. Y al decir que crea una escuela hemos de entender el sentido del verbo crear en su exacto significado: hacer algo de la nada. En efecto, edifica el local – escuela y la casa del maestro (ambos existen en la actualidad, aunque ahora sean casas particulares), y cede además los bienes precisos para que con sus rentas pueda vivir el maestro. A efectos legales la creación del deán Jerez tenía la consideración de Obra Pía, es decir, estaba bajo la supervisión de la Iglesia.

¿Por qué creó don José la escuela? En primer lugar para dejar más libre al párroco y que éste pudiese dedicarse con mayor intensidad a su labor pastoral; en segundo lugar, porque cree que un maestro debe estar mejor preparado en aquello de las seis clases de letras, en lo de los quebrados, la reducción y los prorrateos, etc. que evidentemente no se enseñaba en los seminarios; y finalmente porque había visto el interés del rey por mejorar la enseñanza y para don José los deseos del rey eran órdenes. (El camino de Jálama, por ejemplo, lo arregló porque así lo deseaba el rey. Antonio Ponz nos lo cuenta).

El primer maestro de la nueva escuela fue don Rafael Hernández Cano del que no sabemos más que el nombre y que era miembro de la prestigiosa y elitista Cofradía del Santísimo de Villamiel.

Por cierto que ese año citado, 1771, el Rey firma una Real Provisión en la que vuelve a regular el procedimiento para los exámenes de maestro, que es prácticamente el mismo que el de 1642 salvo en la diferencia de que tales exámenes pueden realizarse en cualquier localidad, ante escribano, y remitirse los ejercicios a la madrileña Hermandad de San Casiano para que los califique. Pero dicha Real Provisión contiene otros preceptos que por su curiosidad e interés transcribimos:

«Ni los maestros ni las maestras podrán enseñar a niños de ambos sexos; de modo que las maestras admitan sólo niñas y los maestros varones en sus escuelas públicas.»

«Para que se consiga el fin propuesto (la mejor educación posible) a lo que contribuye mucho la elección de los libreros en que los niños empiezan a leer, que habiendo sido hasta aquí fábulas frías, historias mal formadas o devociones indiscretas, sin lenguaje puro ni máximas sólidas, con las que se depravaba el gusto de los mismos niños y se acostumbraban a locuciones impropias, a credulidades nocivas y a muchos vicios trascendentales a toda la vida, … mando que en las escuelas se enseñe, además del pequeño y fundamental Catecismo que señale el ordinario de la diócesis, el Catecismo histórico  de Fleury, y algún compendio de historia de la Nación, que señalen respectivamente los corregidores de las cabezas de partido con acuerdo o dictamen de personas instruidas, y  … de que fácilmente se puedan surtir las escuelas del mismo partido»[4].

Vemos que el rey intenta poner una cierta racionalidad en la enseñanza e incluso en la elección de los libros de texto. Lo extraño aquí es la imposición del Catecismo de Fleury, que además de su carácter no español, sería incluido en el Índice.

La escuela fundada por el Deán Jerez, merced a sus rentas propias, debió estar un tanto al margen de la desidia y el abandono a los que solían estar sometidas las escuelas tuteladas y financiadas por los Ayuntamientos. Tuvo un triste final cuando, dado su carácter de Obra Pía, fue desamortizada en 1836.

4. ¿Era el maestro también relojero?

Esa desaparición de escuelas, como efecto no deseado de las leyes desamortizadoras, debió ser común a muchos pueblos de España, tantos, que en 1838 el Gobierno – bajo la inspiración de Pablo Montesino – tuvo que autorizar un Plan de Instrucción Primaria y un Reglamento de las escuelas públicas, por los que se obligaba al establecimiento de tales centros en los pueblos, según el vecindario; se establecen asimismo los sueldos de los maestros y las retribuciones que estos pueden percibir de los niños pudientes. El nombramiento del maestro será potestativo del Ayuntamiento, quien por otra parte será el que abone sus haberes, aunque con el visto bueno del Jefe Político Provincial.

Esos sueldos de los maestros deben ser un tanto aleatorios. Pascual Madoz dice en su Diccionario, con datos de 1843, y refiriéndose a Villamiel; «Escuela dotada con el producto del peso de la harina, 200 reales por el régimen del reloj y la corta retribución de los 50 niños de ambos sexos que concurren».

Si tenemos en cuenta que los datos que Madoz proporciona son los que le han facilitado los respectivos Ayuntamientos, entenderemos todo lo que de capcioso hay en esa información. El producto del peso de la harina, el impuesto que gravaba el consumo de harina, era variable de un año para otro; y además, defraudar al Fisco – sea éste municipal o nacional – ha sido siempre una inveterada afición patria; luego, lo que percibiera el maestro por «el producto del peso de la harina» era sumamente variable; lo de los 200 reales del régimen del reloj, los únicos seguros y ciertos por otra parte, no sabemos si exigían que el maestro fuese también el relojero de la Villa, o el encargado al menos de darle diariamente cuerda; aquello otro de la «corta retribución de los 50 niños de ambos sexos que concurren», es una media verdad – en lo de la corta retribución – y una mentira total, porque aquellas fechas sigue vigente la Provisión de Carlos III que prohibía la enseñanza mixta, y además el que asistieran juntos a escuela niños y niñas, ya mayorcitos, hubiera supuesto un escándalo y un ataque frontal a la moralidad pública.

En resumen, que el pobre maestro de Villamiel, desaparecida la Obra pía fundada por don José Jerez, debía sufrir el hambre que la tradición asigna al gremio; hambre que por otra parte casi le estaba impuesta por Ley como veremos en el apartado siguiente. (A título de comparación, odiosa y discriminatoria como todas las comparaciones, digamos que el mismo Mandoz informa de que el Secretario del Ayuntamiento cobraba 2.000 reales, de un presupuesto municipal de 6.000).

5. Pobres, por Circular del Sr. Ministro.

Poco a poco se va sintiendo la necesidad de regular la formación de los maestros y abandonar el anticuado sistema de las pasantía – del que nos hablaba la Ordenanza de la Hermandad de San Casiano – . Va surgiendo esporádica, y, a veces anárquicamente las Escuelas Normales.

En 1849 se da un Reglamento Orgánico para los nacientes centros, y junto al Reglamento, el Señor Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, don Fermín Caballero, envía una circular a los jefes políticos, en la cual y entre otras perlas van las siguientes:

«No haya en el Escuela Normal … ni mezquindad ni lujo. Aquella apoca el ánimo e infunde hábitos de ruindad y desaseo; pero no es menos perjudicial el lujo en establecimientos destinados a educar a personas que han de pasar su vida en condición obscura y honrada medianía. Los maestros educados en ellos perderían los hábitos de sencillez, de frugalidad, de amor al trabajo que deben acompañarles en toda su carrera; cobrarían odio a su profesión, adquiriendo necesidades que luego no han de ser satisfechas, y se engendraría en ellos ese disgusto de toda condición modesta, ese excesivo afán de mejorar de suerte y adquirir bienes materiales, que en nuestros días atormenta a tantos hombres y pervierte los mejores caracteres». (El Sr. Ministro cubriría, sin duda, todas sus necesidades y no tendría excesivo afán de cambiar de suerte y de adquirir bienes materiales, que seguro ya poseía.)

Pero el Sr. Ministro de lo heterogéneo – Comercio, Instrucción y Obras Públicas, todo en una cartera es sumamente original – se sentía inspirado y siguió:

Después de aclarar que no se debe enseñar demasiado a la gente de las aldeas porque «no tendrán el tiempo necesario para la reflexión y el estudio», dice algo tan demencial como lo siguiente: «Dar demasiada latitud a las materias, es un lujo de enseñanza impropio, perjudicial, que , o bien abruma a entendimientos no dispuestos a recibirla, o engendra pedantes insufribles, que envanecidos luego con su saber mal digerido, salen de una condición que les hubiera ofrecido paz y bienestar, para correr tras de otra donde solo encuentran zozobra y miserias».

La Filosofía educativa de don Fermín Caballero, autor del primer Reglamento, que pretende ser serio, de las escuelas públicas, de la Edad Contemporánea se condensa en otras palabras antológicas: «Sin saber leer y escribir puede un hombre ser buen padre de familia, súbdito obediente, pacífico ciudadano: nada de esto será se le faltan los principios de la moral, y si desconoce los deberes que la religión prescribe»[5] (no se nos ocurre más que preguntar el porqué don Fermín no convertiría las escuelas públicas en escuelas de catequesis, entidades estas que nosotros creemos también son necesarias.)

Pero en el haber de ese Ministro tan citado no todo han de ser notas negativas. Anotemos dos: una pintoresca y otra, ciertamente positiva. La pintoresca: por Real Orden de 1 de diciembre de ese mismo año (1849), se ordena que en las escuelas públicas se enseñe sólo la letra bastardilla, que por sus condiciones de belleza y claridad debía ser preferida al carácter inglés que la moda iba imponiendo[6]. (Aunque parezca extraño, solamente hacía cinco años que se había obligado que en cuestiones ortográficas se siguiesen las reglas de la Real Academia, porque hasta entonces cada cual había escrito como mejor le parecía).

La otra nota, la buena nota de don Fermín: la creación (1849) del Cuerpo de Inspectores provinciales de Instrucción Primaria, que con categoría de facultativos eran los «encargados de visitar las escuelas, de velar por la puntual aplicación de las medidas dictadas a favor de la enseñanza y de amonestar a las autoridades cuando no cumplieran con sus deberes. Aconsejando a los maestros, enseñándoles continuamente, informando al gobierno sobre el estado de la enseñanza y necesidades de las escuelas, hicieron estos funcionarios en pocos años lo que sin  ellos no hubiera podido conseguirse en muchos, y dieron un impulso extraordinario a la instrucción primaria[7].

6. Llega un Inspector.

Los nuevos Inspectores de Instrucción Primaria entran rápidamente en acción. En octubre de 1851[8] el Inspector Provincial se reúne con el Ayuntamiento de Villamiel «después de haber visitado la escuela pública elemental de niños», (eso es, que acogía únicamente a niños de 5 a 10 años) y «previno dicho señor que era necesario preparar el local y el menaje de aquel establecimiento de conformidad con las disposiciones vigente, … que era indispensable para obtener buenos resultados en la enseñanza auxiliar al maestro con un ayudante», (esto último se debería sin duda al elevado número de alumnos, que no podemos precisar; digamos, como referencia que en 1825 Calomarde dispuso que se estableciese un pasante de maestro en las escuelas con más de 100 niños. Calomarde, además de receptor de sonoras bofetadas principescas, fue uno de los pocos ministros que en el siglo pasado quisieron enfrentarse con mayor seriedad y buena intención, pero con menos eficacia, ante el problema de la enseñanza; de ahí nuestra duda sobre si su orden sobre los pasantes de maestro tuviera validez alguna); el Sr. Inspector previno además al Ayuntamiento a «que providenciase lo oportuno para cumplir en todas sus partes con la circular inserta en el boletín Oficial de al Provincia del 27 de septiembre último (que hacía referencia a la creación de escuelas de niñas), «así como para que vuelvan a la instrucción primaria de esta villa las Obras Pías que con este objeto fundó el doctor don José Jerez, deán y Canónigo que fue de la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo».

El Sr. Inspector olvidaba que había habido una desamortización de los bienes de la Iglesia, y que incluso, apenas tres meses antes de su visita se había decretado la venta de los bienes realengos y baldíos, que en este pueblo eran numerosos, y que por consiguiente el Ayuntamiento tenía las arcas vacías.

Los representantes del Municipio dieron al señor Inspector la típica respuesta municipal, cortés e imprecisa, que no compromete a nada. Se acuerda ocuparse de lo expuesto «hasta satisfacer en todos los deseos del Señor Inspector, que son los de la Corporación, declarando desde luego acordada la creación de la escuela de niñas, si bien suspendiendo la publicación de al vacante hasta tanto que sea asegurada su dotación, para todo lo cual la Corporación se reserva proponer los arbitrios necesarios».

Pasados dos meses (13 de diciembre de 1851) el alcalde, Policarpo Navarro y los concejales dicen que «han  meditado detenidamente sobre el arbitrio que deban proponer para la dotación de la maestra de niñas y no encuentran otro que imponer dicha cantidad sobre la contribución de inmuebles, cultivo y ganadería, pues aunque está ya recargada con los otras dos contribuciones de industria y consumo, aún cabe este pequeño recargo sobre lo que permite la Ley». Se manda copiar al Gobernador civil, para la aprobación de los arbitrios «o resulte lo que sea de justicia».

No debió resultar nada porque diez años después, y a pesar de la continua insistencia del Inspector don Cándido H. De Bustamante, la escuela de niñas sigue sin crearse; presumiblemente, el local y el menaje también se quedaron sin reparar.

7. Aparecen las cuentas claras.

En 1853 (10-enero-1853) se nombra profesor de la escuela de niños a don José  Polo Toribio, quien entre otros méritos, tiene el – no escaso- de ser el único aspirante. (Teóricamente debiera haber habido una terna de aspirantes). Se le asigna una dotación anual fija, con cargo a los fondos municipales, de 2.200 reales (2.000 de sueldo y 200 para pago de casa y material escolar), más la eventual de los niños no pobres que concurren y que mensualmente será; 1 real y 20 maravedíes, los que principian; 2 reales los que deletrean; 3 reales los que lean; y 4 reales, los que escriban y cuenten, «con obligación de enseñar de balde a todos los niños pobres de esta población que señale el Ayuntamiento».

En fin, algo se iba consiguiendo en cuanto a la retribución del profesor. Recordemos que diez años antes – fecha de los datos de Madoz – el maestro sólo tenía seguros 200 reales; ahora se dice que se le pagarán 2.200. Lo malo es que no siempre se le pagarán, como más tarde veremos.

8. Palabras, palabras, palabras.

El 9 de agosto de 1855 el Inspector ataca de nuevo. Dice que acaba de visitar la escuela de niños y que hay poca asistencia, que el local está tan desastroso como siempre, que otro tanto sucede con el escaso menaje, que es necesaria y obligatoria la creación de la tan ya citada escuela de niñas, y que el ayuntamiento debe sacar el dinero de donde pueda para cumplir con esta última obligación. El Inspector debe estar ciertamente enfadado, y los siempre corteses representantes municipales dicen a todo que sí, que el Sr. Inspector tiene razón, y que la escuela de niñas empezará a funcionar a comienzos del último trimestre del año en curso.

El Inspector se fue, no sabemos si confiado, pero de la prometida escuela – como era de esperar – nunca más se supo.

No sabemos si el curioso lector, en este caso oyente, se habrá fijado en la fecha de la visita del Inspector: el 9 de agosto; pero, ¿había clase en agosto? Pues claro que sí. La Real Orden de 23 de mayo de ese mismo año preceptuaba que serían días de escuela todos los del año salvo los domingos y demás días de fiesta entera; las vacaciones de Navidad: del 24 de diciembre al 1 de enero, ambos inclusive; las de Semana Santa: del Miércoles Santo hasta el Martes de Pascua, también incluidos; los días del santo y cumpleaños de Sus Majestades, y los días de fiesta nacional (que no se especifican); por costumbre, también se hacía fiesta: lunes y martes de Carnaval, Miércoles de Ceniza, lunes y martes de Pentecostés y el Día de los Difuntos. También por costumbre en muchas localidades se vacaba la tarde de los jueves en las semanas que no tenían día festivo. No había pues, vacaciones de verano. (Éstas, las vacaciones caniculares, como entonces se decía, se establecerán por R.O. de 6 de julio de 1888, y únicamente entre el 18 de julio y el 31 de agosto. Por cierto, que como los maestros debían aprovechar esas vacaciones para redondear un tanto sus exiguos ingresos, dando clase en el local de la escuela, ello fue rigurosamente prohibido tres años después).

9. Se acerca la Ley Moyano.

En 1857 (2 – febrero – 1857) y en la recogida de datos para facilitar la futura implantación de la Ley de Instrucción Pública que en esas fechas se estaba debatiendo en el Congreso, el Gobernador Civil ordena a los alcaldes «manifiesten sin pérdida de tiempo los recursos con que cuentan para la habilitación de las escuelas públicas»; el mismo Gobernador dice que según sus informes, Villamiel debe disponer de 2.000 reales para habilitación y 2.000 más para menaje, (ello se entiende que además de los 2.000 que cobraba el maestro como sueldo); el Ayuntamiento responde como siempre, que el local es bueno y el menaje regular – recordemos la opinión contraria del inspector no hacía demasiado tiempo – y que por consiguiente no hace falta presupuestar esos 4.000 reales, y además, aunque quisiera hacerlo le sería imposible por carencia de recursos. Pero he aquí que por aquellas fechas surge un hecho que da lugar a otra odiosa comparación, que algunos tal vez achaquen a la mala intención del autor.

El médico de la Villa, don Tomás Calzada, cobraba en ese año 3.000 reales, más las igualas; pero como estima que es una retribución muy baja – y posiblemente lo fuera – renuncia al cargo. El Ayuntamiento, que antes le ha dicho al Gobernador que carece de recursos, concede al médico un aumento de 2.500 reales.

En fin, el 17 de julio la Reina sanciona la Ley de Instrucción Pública, más conocida como Ley Moyano, que por primera vez divide la enseñanza en los tres ciclos actuales: primaria, media y superior, que implanta un texto único para todas las escuelas (obligación que pronto caerá en desuso); que implanta definitivamente las Escuelas Normales, y que incluso prevé la posibilidad de que el Estado ayude a los pueblos que no puedan costear por sí mismos la instrucción primaria (extremo éste que tampoco se cumplirá con exactitud). Los maestros de la época le pusieron una sola objeción: que el derecho a la jubilación que ya las había prometido en 1370 Enrique II, y en fecha más reciente Calomarde (1825), no les fuera reconocido.

10. La «característica generosidad» del maestro.

El Ayuntamiento de 1859 (13-2-1859) forma un presupuesto adicional para educación «ascendente a 925 reales», que se distribuyen de la forma siguiente: 525 reales para menaje y material de escuela, 400 reales para pagar al maestro por los niños pobres de solemnidad, que unidos a los 400 que se le deben por este último concepto desde el año anterior, hacen un total de 1.325 reales. Se supone que al maestro se le van a abonar los 800 reales que se le adeudan; mas, esa cantidad debe parecerle a los munícipes excesiva, así que acuerdan «por unanimidad absoluta» invitar al profesor de Instrucción Pública de la población, don José Polo Toribio» a que acuda al Ayuntamiento «a fin de intentar un convenio con dicho profesor», y éste «con la generosidad que le caracteriza accedió a él en la cantidad de 700 reales de vellón», pagaderos por trimestres. En resumen, que al profesor se le habían prometido 2.000 reales de sueldo, pero sólo se le habían abonado 1.600 y si quiere cobrar los débitos, tiene que hacer una rebaja, a cambio de la cual se le dirá – ¡faltaría más! – que es buena persona, con lo que ya podrá comer tranquilo y satisfecho.

11 Trevejo se une a los problemas.

En 1859 el vecino pueblo de Trevejo, privado por las leyes desamortizadoras de sus bienes de propios, está en franca bancarrota. En agosto se encarga interinamente de su administración al Ayuntamiento de Villamiel (14 – agosto – 1859), que como sabemos tampoco anda muy sobrado de fondos.  Como primera medida este último Ayuntamiento ruega al secretario de aquella Villa, – Trevejo -, don Balbino Escobedo que provisionalmente se ocupe de la instrucción pública. Dos meses más tarde «unida ya (definitivamente) la Villa de Trevejo a esta de Villamiel, deben considerarse como una sola población la matriz y su arrabal (aunque estén separadas por un mal camino de dos kilómetros) y no reuniendo el número de almas para sostener dos escuelas (lo que indica que las tantas veces prometida escuela de niñas sigue sin crearse) diríjase una comunicación que comprenda los extremos que sean oportunos a la Junta Superior de Instrucción Primaria de la provincia para que acuerde la supresión de la escuela incompleta de dicho arrabal». El gobierno de Villamiel en Trevejo no podía empezar con peor pie. Ello daría lugar a un resentimiento y a un sentido de humillación, que en parte, todavía perduran. Pese a la petición de suprimir la escuela de Trevejo, y según lo previsto en la Ley Moyano, siguió habiendo maestro en dicho pueblo aunque sus haberes los percibía a través de la Diputación y no del Ayuntamiento.

12. Un profesor un tanto osado.

En 1861 (4 – enero – 1861) el nuevo profesor de Villamiel, que indudablemente desconoce el terreno que pisa, se siente valiente y osado. Hasta se atreve a poner condiciones al Ayuntamiento para su continuidad en la escuela: 1ª . Que se le asignen 20 duros mensuales de dotación y retribución y que se le abonen mensualmente, conforme a la R.O. de 17 de junio de 1860; 2º. «Que si le conviniera tener casa abierta, no se le hará pagar arbitrio de consumos». (Y es que el arbitrio de consumos debía ser bastante arbitrario, y el maestro sospechaba que lo que se le daba de sueldo por su lado, se le iba a quitar por otro. Años después, el «grito santo» de la Revolución del 68 en Villamiel será: «¡Viva la libertad! ¡Abajo consumos!); 3º. Que en el «semestre primero del corriente año se arregle la escuela o parte».

El Ayuntamiento dice lo de siempre: ni sí, ni no. A la primera petición  – los 20 duros mensuales – que se conforme con los 3.300 reales estipulados, más lo que pueda cobrar de los niños no pobres. (Hay una diferencia de 1500 reales entre lo que pide el profesor y lo que se le concede); a la segunda petición – no pagar arbitrio de consumos – : «que se hará en la primavera próxima o a principios de verano».

El maestro debió conformarse con los 3.300 reales, porque no se habla en los libros ni de su renuncia, ni de ningún otro nombramiento.

13. El maestro no paga los consumos.

En 1865 (13 – junio – 1865) figuran como maestros de las dos escuelas del Municipio don Miguel Parra Velázquez, que lo es de Villamiel, y que es quien había reclamado los 20 duros mensuales y el no pagar consumos; y don Domingo Corbacho, que lo es de Trevejo.

Don Miguel se ausentará un año después (10 – mayo – 1867) sin haber pagado los últimos tres trimestres del famoso arbitrio y que importaban 20 escudos y quinientos cincuenta y seis milésimas. Ese débito debió molestar bastante al Ayuntamiento, más que por el importe en sí, porque al fin y a la postre el maestro se había salido con la suya. (Había cuenta que un escudo equivalía a 10 reales, tras el oportuno cálculo podemos saber que el famoso arbitrio de consumos suponía para el profesos el 8,33 % de su sueldo).

14. Desaparece la escuela de Trevejo.

Don Domingo Corbacho tendría que dejar su escuela de Trevejo (2 – julio – 1868) cuando el Sr. Ministro de Fomento don Severo Catalina tuvo la afortunada idea de suprimir las Escuelas Normales – que se habían convertido en peligroso foco de ideas liberales y ya no cumplían aquellos fines tan claramente expuestos, años atrás, por el ínclito don Fermín Caballero – y para rematar la operación ordenó que en los pueblos de menos de 500 habitantes se encomendase la enseñanza al párroco, al coadjutor o a otro eclesiástico; únicamente a falta de estos, y como mal menor podría nombrarse un maestro seglar. Como en Trevejo sí había párroco, Bartolomé Barrientos de nombre, fue éste el sustituto del maestro; aunque por poco tiempo, y por circunstancias totalmente ajenas a su voluntad.

15. El Sexenio Revolucionario, que introduce novedades educativas, acaba en misa.

Ante la salida del Isabel II, de España (1868), el 2 de octubre de ese mismo año la autotitulada Junta Revolucionaria de Villamiel se hace cargo del gobierno del Municipio. Una de las primeras medidas que toma es la de destituir a los profesores; pero ese mismo día los repone en sus destinos. En aquel momento tales profesores eran don Doroteo Carrasco «de manifiestas ideas liberales» y doña Ceferina Pascua a quien también se cree «adherida a la causa de la libertad». (Es la primera noticia que tenemos de la tan ansiada escuela de niñas, cuya fecha de creación ignoramos, por otra parte); pero no se hace otro tanto con el cura de Trevejo. Don Juan Francisco González, alcalde pedáneo de esta localidad, comunica al Presidente de la Junta revolucionaria de Villamiel, don Juan Crisóstomo Gómez Gordillo (quien anteriormente había sido Gobernador Civil de Guadalajara y después lo será de Manila), lo siguiente: «He recibido sus comunicaciones referentes  a la destitución (del párroco) de esta escuela, y no puedo dar cumplimiento a ellas por falta de Secretario. Sírvase Vd. En su vista acordar lo que proceda. El local y la llave de él, como no es edificio de la Villa y sí casa particular no me es permitido cerrarlo, ni apoderarme de la llave». El día 18, el párroco – el ya citado don Bartolomé Barrientos – escribe al Presidente de la Junta: «Gustoso me resigno, por hoy, a la destitución de esta escuela. Y doy a la Junta las más expresivas gracias por las palabras lisonjeras con que se ha dignado favorecerme en la instrucción de los veinte o treinta niños de ambos sexos que existen en esta Parroquia, por más que me sea sensible no hayan producido el efecto que Vd. Se proponía».

Ignoramos si la escuela de Trevejo se cerró, si fue repuesto el maestro anterior o si don Bartolomé siguió, en forma desinteresada, dando clase. Sospechamos que debió suceder este último dada la índole tan poco revolucionaria de los revolucionarios de Villamiel; por la oposición de Trevejo, representado por su alcalde pedáneo, al cierre de la escuela; y por la nueva legislación que en virtud del Decreto – Ley de 14 de octubre de octubre de 1868 permitía a todos los españoles establecer y dirigir escuelas de primera enseñanza sin necesidad de título, ni de autorización previa.

En enero de 1869 (3 – enero – 1969) se confirma a los profesores en sus funciones, pero se les retira la potestad de cobrar a los niños, en virtud de otro Decreto.

(A partir de este momento y como los Ayuntamientos pagaban tarde y mal la situación de muchos maestros se hizo angustiosa; en 1871 se les debían en toda España unos 20 millones de reales, y el Ministro de Fomento Ruiz Zorrilla ordenó que fuesen abonados por el Tesoro y cargados a los respectivos Ayuntamientos).

Ese mismo año se sustituyó el estudio del Catecismo, por el del Título II de la recién aprobada Constitución, a la que obligatoriamente hubo de prestársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela ársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela ársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela  de Villamiel la enseñanza del Sistema Métrico Decimal y se ha establecido un calendario para ello. Durante el mes de abril se enseñará el metro; el mes de mayo, el litro; y en junio, el kilogramo.

Los años siguientes debieron ser de gran penuria económica: los presupuestos para Instrucción Pública se rebajan; don Domingo Obregón – dueño de la casa donde viven los maestros – dice que o se le pagan los 18 duros de renta anual acordados, en lugar de los 16 realmente percibidos, o pone en la calle a los maestros (5 – julio – 1873). El Ayuntamiento abona los 6 duros que le debe de los tres años anteriores.

La situación económica llegó a ser tan mala que incluso el cura dijo que se marchaba porque no tenía medios para subsistir (12 – febrero – 74).

Durante los años del Sexenio las buenas y religiosas costumbres de los profesores se han debido ir relajando un tanto, tal vez porque creyeran demasiado en el art.21  de la Constitución del 69 que garantizaba la libertad de cultos, además del más puro laicismo en la enseñanza. El caso es que en 1874 (30 – mayo – 1874) el Ayuntamiento acuerda «se haga ver a los profesores de esta Villa, por medio de comunicación, el disgusto con que la Corporación (ve) la falta de asistencia de los mismos a los actos religiosos en los días festivos, y particularmente a la Misa con los niños y niñas en corporación, exigiendo de los profesores devuelvan la comunicación que se les pase, con nota de quedar enterados».

Ese mismo año (1974) la prohibición de cobrar a los niños no pobres implantada cinco años antes debe haber desaparecido, ya que se autoriza a los profesores a percibir de los alumnos «dos reales (mensuales) hasta que dejen de leer en Catón y cuatro a los que lean en otros libros, cuenten, escriban, etc.»

16. Hacia la modernidad.

Gran avance en pro de la independencia del Magisterio supuso el que a partir de 1876 el nombramiento para las diversas escuelas fuese realizado por el Rector de la Universidad correspondiente, evitando así el caciquismo y el nombramiento de favor.

Un año después el eterno problema del lamentable estado del local escuela de niños es ya extremado. Leamos (21 – abril – 1877) lo que dice el alcalde dirigiéndose a los concejales: «que les constaba que con motivo de hallarse ruinosa la escuela de niños había mandado apuntalarla oportunamente; esto no obstante, el Inspector al hacer la visita hace pocos días, indicó debía proveerse al maestro de un local interino para evitar el que pudiera suceder una desgracia». Ignoramos las medidas que se tomaron al respecto.

En 1882, y para evitar el tradicional retraso con el que los maestros percibían sus retribuciones se creó en cada capital de provincia una caja especial en la cual los Ayuntamientos habían de ingresar dichas retribuciones; esa caja pagaría a los maestros trimestralmente. Se concedía, además, a los Gobernadores el poder usar de medidas coercitivas frente a los Ayuntamientos morosos. La tal Caja y las tales medidas coercitivas dieron su resultado, porque varios años después (12 – agosto – 1894) el alcalde de Villamiel comunica a los concejales una noticia, que dados los antecedentes del Ayuntamiento, nos resulta sorprendente: «se ha ingresado más cantidad que la necesaria para cubrir dichas atenciones de Instrucción Primaria», lo que ha de tenerse en cuanta para el próximo ejercicio económico.

En 1884 se dispone que las maestras – cuyo sueldo se ha nivelado con el de los maestros – dirijan las escuelas mixtas, esto es: las escuelas a las que asistan niños de ambos sexos; esa medida fue recibida con desagrado en numerosos pueblos y entre ellos debió estar Trevejo, puesto que sabemos que cinco años después ejerce allí un maestro, aunque ignoramos en que fecha fue restablecida la escuela suprimida en 1868 ( 23 – junio – 188).

El 1 de enero de 1887 se recibe escrito del Director General de Instrucción Pública en el que se comunica haber concedido una biblioteca al pueblo; y ese mismo año se concede a los maestros – además de las vacaciones de verano, ya citadas – el tan ansiado derecho de jubilación retribuida.

17. Un maestro conflictivo y una maestra que desaparece.

El hacerse el Censo electoral de 1889 no son incluidos en él ni don Pedro Costa Martín, – profesor de Trevejo -, ni don Manuel Pérez Gutiérrez, profesor de Villamiel, por su condición de empleados municipales. (Eran de este tipo las elecciones a realizar).

Ese don Manuel Pérez debió ser una constante fuente de conflictos. De él se dice; (26 – enero – 1889) «que a pesar del tiempo transcurrido y de las citaciones dirigidas ya de palabra, ya por escrito, no había sido posible conseguir que el profesor de Instrucción Primaria don Manuel Pérez y Gutiérrez presente las cuentas del material de su escuela correspondientes a los tres últimos ejercicios», mientras que la profesora sí lo ha hecho. Su actitud es comunicada al Gobernador Civil. El mismo año se le denuncia ante el Juzgado y la Junta Local de Escuelas porque ha causado una lesión en un ojo, «lo tiene deshecho» dice el acta correspondiente, al niño Eusebio Obregón Montero (quien pasado el tiempo preciso será Rector del Seminario y Canónigo de Ciudad Rodrigo); además se quejan los denunciantes del abandono en el que don Manuel tiene a los niños, ya que la escuela «parece una plaza de toros», teniendo también abandonada la enseñanza religiosa; los padres denunciantes terminan diciendo que de seguir así retirarán a sus hijos de la escuela ya que los prefieren ignorantes a mal educados.

Don Manuel debió tener las cosas poco claras y en noviembre permutó con don Esteban Silva Blanco y marchó a Robleda, en Salamanca, sin despedirse de nadie, sin rendir las consabidas cuentas e incluso llevándose la llave de la escuela. Un año después el asunto sigue coleando, puesto que le Gobernador Civil pide que a la mayor brevedad posible se le remita certificación del día en que cesó don Manuel. El Ayuntamiento comunica todo lo que ya sabemos y por último acuerda «que se le ruegue a referida superior autoridad  que obligue a repetido profesor a rendir las cuentas dichas». Suponemos que así debió hacerse porque no volvemos a oír hablar del asunto (21 – dic. – 1890).

(El nuevo profesor don Esteban Silva, una de las primeras cosas que hizo fue pedir al Ayuntamiento que se le rebajase a su esposa el importe del arbitrio de consumos, a lo que el Ayuntamiento, generosamente accedió).

Pero si terminan los conflictos con el profesor, comienzan con la profesora.

En 1890 tomó posesión de la escuela de niñas, como maestra propietaria, doña Ignacia Dolores Robuster y Álvarez, quien automáticamente y con permiso del Rector, se ausentó de la Villa para cursar estudios en la Escuela Normal Central de Madrid. En su lugar dejó como maestra, y a sus expensas, a doña Ana Roncero Cantero.

Dos años más tarde se informa haberse abierto expediente, por abandono de servicio, siguiendo órdenes superiores, a doña Ignacia. La Junta Local informa «que desde el 18 de junio de 1890 en que tomó posesión de su escuela, ni un solo día ha estado al frente de la misma y que en 30 de septiembre último terminó la última licencia que le fue concedida». Doña Ana, su sustituta, dice no saber donde se encuentra – doña Ignacia – y además, sigue diciendo, que ésta le debe seis meses y que como ella no tiene dinero, puesto que doña Ignacia cobró sueldo y material, dejará la escuela. El Ayuntamiento acordó nombrar a doña Ana como maestra interina, hasta tanto no proveyese el Rector otra cosa. Al año siguiente se pide a la evasiva doña Ignacia – que debe haber aparecido – que justifique las cuentas de los cursos 90 – 91 y 91 – 92.

18. Pequeños problemas: la vida sigue igual.

Por motivos económicos surge otro conflicto, no demasiado enconado, que tardará en resolverse casi dos años y que perderá, como siempre, el maestro.

Parece ser que bastantes padres de los niños llamados no pobres preferían que estos abandonasen la escuela antes que pagar. Una Comisión se encargó de estudiar la cantidad que en total debían pagar esos niños, confeccionar la lista de los mismos e incluso la posibilidad de que ese dinero fuere recaudado por el Ayuntamiento y entregado al maestro. Se llegó a la conclusión de que por ese concepto se podrían recaudar 260 ptas. anuales. La cantidad pareció excesiva a los comisionados quienes además juzgaron que el maestro estaba suficientemente bien pagado. En conclusión, se acuerda suprimir la retribución que los niños no pobres venían pagando. La escuela, pues, será gratuita para todos. (Libros de Actas de 21-10-94; 27-1-95; 10-2-95; 21-4-95; 9-2-96 y 3-5-96).

Los señores que desde siempre nos han gobernado desde Madrid suelen ser a veces hasta imaginativos y sentimentales e incluso dan leyes de profunda sensibilidad. Viene esto a cuento porque el art. 2º de la Ley de 19 de septiembre de 1896 dispuso que en las puertas de las escuelas se colocase un cuadro con la siguiente inscripción: «Niños, no privéis de la libertad a los pájaros; no los martiricéis ni les destruyáis  sus nidos. – Dios premia a los niños que protegen a los pájaros, y la Ley prohíbe que se les cace, se destruyan sus nidos y se les quiten las crías». El Boletín Oficial que incluyó tal normativa tal vez sea el único que pueda figurar en una antología de la poesía lírica.

Dejemos lo poético y vayamos a lo cotidiano.

En 1898 toma posesión como profesora propietaria doña Antonia Posadas Luengo, cesando la interina y sufrida doña Ana Roncero, quien llena de amor al pueblo volverá a esta Villa 18 años después, como propietaria, y aquí se jubilará al final de la Guerra Civil (1939).

En el curso 1900-1901 se crea una escuela de adultos, dotada con la cuarta parte del sueldo del maestro y la cuarta parte del material que se asigna a la escuela ordinaria. Las cantidades consignadas para esa escuela son 206,25 ptas. de sueldo y 60 ptas. de material, pagaderas por quintas partes durante cada uno de los meses en que funcionen dichas escuelas, esto es: de noviembre a marzo, ambos inclusive. El horario será de 7 a 9 de la tarde.

En 1901 se publica el nuevo Plan de estudios de las Escuelas de Instrucción Primaria y que comprende las siguientes materias: Doctrina Cristiana y Nociones de Historia Sagrada; Lengua Castellana (Lectura, Escritura, Gramática), Aritmética, Geografía e Historia; Rudimentos de Derecho; Nociones de Geometría; Idem de Ciencias Físicas, Químicas y Naturales; Idem de Higiene y Fisiología Humana; Dibujo; Canto; Trabajos Manuales; Ejercicios corporales.

A finales de la primavera de 1901 se cierran las escuelas de Villamiel, a petición del médico, por haber sarampión; se suspenden también los exámenes semestrales.

Al año siguiente se acuerda que el párroco don Agustín Hernández Peral visite las escuelas al menos una vez al mes. (1-2-1902).

En noviembre del mismo año se rompe una viga de la escuela de niñas. Se acuerda repararla urgentemente y que el gasto no ascienda a más de 300 ptas. (23-nov-1902)

19. Se suprime la escuela de Trevejo.

Apenas comenzado el curso 1902-03 se recibe una comunicación del Presidente de la Diputación Provincial en la que se dice que ha sido suprimida la escuela de Trevejo sostenida con fondos provinciales. Se transmite la comunicación a la profesora del arrabal y se le satisfacen las 30 ptas. que importa el arriendo del local. Una vez más, el cura viene a solucionar el problema: dará escuela gratis si se le proporciona el local y el material. El Ayuntamiento accede e incluso los maestros de Villamiel cederán parte del material de sus escuelas para facilitar el trabajo de don José Roldán, que es el párroco de la antigua Villa.

20. Un gran maestro

Por las dos escuelas se van sucediendo numerosos maestros los cuales y dada la brevedad de su estancia apenas si dejan  recuerdo. Si acaso, será justo citar a don Germán García Fernández quien permaneció ocho cursos, a don Eugenio Moreno Rodríguez, quien permanecerá diez y al cual el Inspector, don Ildefonso Yañez, concedió un voto de gracias, es decir: una felicitación pública por la brillantez de su trabajo; y a doña Juana Sanguino Fajardo, que habiendo sido profesora de esta Villa – en fecha que ignoramos – donó 200 ptas. para que se invirtieran en material fijo con destino a su antigua escuela.

En 1922 se incorpora como propietario don José Viera López, el cual permanecerá aquí hasta 1936.

La labor de don José fue sumamente eficaz. Es sin duda el profesor – que durante la época estudiada – ha dejado más y mejor profunda huella.

En sus horas libres y con la ayuda de un hermano, organizó una academia para estudios de Bachillerato de la cual salió una gran cantidad de alumnos que accedería a estudios superiores, en número sorprendente para la época.

Paralela a la labor de don José fue la de doña Ana Roncero.

21 Descripción de las escuelas

En 1923 el Inspector, don Ángel Rodríguez Matas, emite un informe sobre el estado de las escuelas de la Villa. En resumen viene a decir:

  1. Escuela de niñas. Situada en la Plaza del Rollo, con unas dimensiones de 8,5 m. de largo, 6 m. de ancho y 2,75 m. de alto. Cuenta con una iluminación de 2 metros cuadrados, que es insuficiente. Con todas esas limitaciones la preparación de los alumnos no es buena. Regenta la escuela – la ya citada – doña Ana Roncero.
  2. Escuela de niños: 10 m. de largo, 5 m. de ancho y 3,30 m. de alto. Superficie de iluminación: 3,5 metros cuadrados. Número de alumnos matriculados: 74; asistencia media: 40. La organización es buena y se cree que dará notables resultados. Regenta la escuela: don José Viera López.

Por esas mismas fechas – acaba de proclamarse la Dictadura – el vocal de la Junta de Enseñanza, don Ricardo Galván, propone se dote de escuela a Trevejo.

22. La República: problemas de fiestas y técnicos.

Al proclamarse la República se le pide al Consejo escolar de Primera Enseñanza – que es como se llamó a la antigua Junta Local de Enseñanza – que proponga las fechas de las ocho fiestas locales que por Ley le corresponde designar.

El Consejo propone: el 19 de marzo (Festividad de San José); el 19 de Mayo (San Pedro Celestino, Patrono de la Villa); 1 de noviembre (Festividad de Todos los Santos); 21 de noviembre (Nª Sª de la Piedad, Patrona de la Villa) y 8 de diciembre (Festividad de la Inmaculada Concepción); pero el escrito en el que se envía la propuesta al Consejo Provincial es «recibido, devuelto y protestado .. basando la devolución y protesta en haber tenido en cuenta ese Consejo (el Local) el espíritu laico que informa las leyes de al República». El Consejo Local, presidido por doña Ana Roncero – el alcalde se negó a asistir a ninguna de las reuniones – propuso un nuevo calendario de fiestas: 23 de abril (Día del Libro), dos días en Carnaval, dos días en mayo (fiestas del pueblo), dos días en noviembre (por los mercados y feria de ese mes), y el 1 de octubre (Día del Maestro)(4-4-32).

En noviembre de 1932 don José Viera propone al Consejo la creación de dos escuelas unitarias para cada sexo, y otra de párvulos. Se le hizo caso a medias, ya que se construyeron las dos actuales ubicadas en el paraje denominado La Sorda.

El mes de diciembre el Consejo acuerda: «que los maestros cumplan y que la maestra enseñe a las niñas a coser con la máquina Alfa; la maestra dice que no la usa por no haber niñas mayores y estimar más conveniente otras costuras; y que al ser cuestión técnica – en la que no tienen competencia ni el Ayuntamiento ni el Consejo – se lo comunicará al Sr. Inspector  y obrará en consecuencia (11-12-32). (No sabemos ni cuando se había adquirido la polémica máquina Alfa, ni cual sería el dictamen del Inspector, al respecto).

Ya a final del año, el mismo Consejo – que debía reunirse con harta frecuencia – declara que los principales centros de interés que deben informar toda la enseñanza han de ser la República y la enseñanza de la Agricultura; tal vez esos centros de interés no interesen demasiado a las chicas porque doña Ana informa que no se ha matriculado ninguna alumna en al clase de adultos (22-12-32).

En 1934 se cierran nuevamente las escuelas por la epidemia de sarampión.

23. Final: ¿se culturizarían los concejales?

A finales de enero de 1936 cesa – ya lo hemos dicho – don José Viera, que se traslada a Coria, por concurso. Le sustituye don Francisco Barrigón.

El 15 de septiembre de 1936 toma posesión de la escuela de Trevejo – que suponemos se habría creado hacía poco tiempo – don Jesús Delgado Valhondo.

El que después será gran y conocido poeta, movido sin duda por sus sentimientos humanitarios ante las miserias que acaba de ver dada su reciente incorporación , propone la creación de una cantina y un ropero escolar 815-9-36). El ropero escolar debió crearse, puesto que apenas quince días más tarde se acordó reunir a los padres de familia par que dijeran cuales eran, a su parecer, los niños más necesitados de ropa, mientras, consta se seguía trabajando por la cantina.

Dadas las características de la población de Trevejo, pobreza extremada y trabajo de los niños, se autorizó a Delgado Valhondo para que las 6 horas de clase las distribuyera a su mejor criterio, pero sin desatender la labor escolar.

Aunque la estancia de Valhondo en Trevejo fue corta, su recuerdo será perdurable.

Y finalmente, como punto final a esta breve exposición, daremos cuenta de la más desacertada decisión que se tomó en aquellos días.

En noviembre de 1936 el concejal don Dimas Rodrigo Pérez, invitó a los maestros – en reunión del Consejo – a trasladar las bibliotecas escolares al Ayuntamiento. Se aceptó la invitación (4-11-36).

No sabemos si el señor Rodrigo Pérez movido por su amor a los libros, siempre inocentes, quiso librarlos de los desastres de la guerra; o si, simplemente, quería que los libros estuviesen en el Ayuntamiento para que los concejales se culturizasen más, lo que tampoco hubiera sido malo.

Únicamente podemos hablar de un resultado cierto: de aquellas bibliotecas escolares, nunca más se supo.

NOTAS:

[1] CASAS Y SÁNCHEZ, Manuel: «Elementos de Historia de la Pedagogía» Zaragoza, 1913, pág. 161.

[2] Ibídem: pag. 180.

[3] Véase mi libro: «Apuntes para una Historia de la Encomienda de Trevejo». En prensa.

[4] CASAS: ob. cit. pág. 196.

[5] Ibídem; pag. 216 y ss.

[6] Ib. pág. 223.

[7] Ib. pag. 219.

[8] Todas las fechas, con indicación de día, mes y año, que a partir de aquí aparezcan entre paréntesis, corresponden a los libros de Actas. Libros de Actas del Ayuntamiento de Villamiel: se indica el mes en letra: ej. (13-dic-1851) Los Libros de Actas de la Junta Local de escuelas: se expresa toda la fecha en número; ej (1-2-1902). Se ha utilizado este procedimiento, no muy usual, porque tales libros de Actas están sin numerar y lo mismo sucede con sus hojas.