Oct 011977
 

Eduardo Martín de Hijas y Luengo.

La figura de D. Lorenzo Igual de Soria encaja en estos Coloquios Históricos de Extremadura en un doble sentido: como extremeño de nacimiento, lo que por si solo bastaría para su inclusión en ellos; y como Obispo de la ciudad de Plasencia, cuya sede ocupó en la ultima etapa de su vida, muy azarosa a causa de su postura patriótica en la guerra de la Independencia. La vida de D. Lorenzo es muy rica en cargos y responsabilidades: de ahí la dificultad de resumirla en unos minutos. Por otra parte su figura se presta más a unos estudios monográficos de los distintos cargos o etapas de su vida que a una biografía general, que había de ser necesariamente extensísima y heterogénea. Así el estudio detallado de su etapa inquisitorial en Madrid, el de su actuación en las Cortes de Cádiz, de su Obispado en Pamplona o del de Plasencia el más idóneo para estos Coloquios. También podría descomponerse su personalidad en estos tres aspectos o frentes principales: en el cultural o intelectual, que culminó como Catedrático de la Universidad de Alcalá; en el religioso, que terminó en el Obispado de Plasencia; y en el político o patriótico que remata en su actuación en las celebres Cortes de Cádiz como diputado por Toledo. Por eso mi intención al venir hoy aquí no es otra que la de airear y actualizar su figura, tan sugestiva, y ver si entre los estudiosos presentes o ausentes que siguen estos Coloquios prende el interés por ella y realizan en años sucesivos estos estudios monográficos que aporten nuevos datos para completar el total de su biografía.

Don Lorenzo Igual de Soria y Martín de Hijas nace en El Gordo, en esta provincia, el día 9 de Agosto de 1946. Seis días después, el 15, es bautizado en su iglesia parroquial en cuyo Archivo se conserva el acta de su bautismo en el folio 89 vuelto del Libro 3º de nacimientos. Según ella al Infante se le pusieron los nombres de Lorenzo Justo, siendo hijo legítimo de Sebastián Igual de Soria, natural de este Lugar y de su legítima mujer María Cuadrado natural de la Villa de la Calzada de Oropesa. Abuelos paternos el Reverendo Fray Juan de la Soledad, religioso carmelita, y Francisca de Soria, difunta, naturales de este dicho Lugar; maternos Francisco Martín de Hijas y Catalina Cuadrado, naturales de la dicha Villa de la Calzada.

De su ascendencia paterna, de la rama de los Iguales especialmente, tengo la genealogía bastante completa; de la materna, tanto del Martín de Hijas como del Cuadrado muy completa por haberlas estudiado durante años.

El primer Igual que conocemos ascendiente de nuestro Obispo es Francisco Igual de Torralba, que muy posiblemente fuese hijo o acaso nieto de Alonso Igual, nacido hacia 1493. Este Alonso Igual es el primero de este apellido del que tenemos noticias como nacido o asentado en El Gordo. Aparece como testigo en un famoso proceso inquisitorial contra un tal Martín Zahonero, vecino de El Gordo como presunto judaizante. Alonso Igual era, según consta, cristiano viejo. De más inmediatos ascendientes digamos que su abuelo se llamaba Juan Igual de Suela, nacido el día primero de Enero de 1698; que se casó el 22 de Octubre de 1717 con Francisca de Soria, también de El Gordo. Solo conocemos un hijo de este matrimonio llamado Sebastián, nombre tradicional en la familia. Como tradicional era también en ella la dedicación a la vida religiosa, en especial la carmelita. Por eso no debe extrañarnos que al quedarse viudo Juan Igual ingrese en esta Orden con el nombre de Fray Juan de la Soledad con el que aparece en el acta. Sebastián Igual de Soria, padre de D. Lorenzo, nació el 5 de Julio de 1718. Debió ser hijo único y con el tiempo un importante hombre de negocios. Tuvo durante varios años el monopolio del abastecimiento de tocino de Madrid; y por un pleito que tuvo con un socio de Talavera que le estafó sabemos que llego a entrar en el matadero de la Corte más de cien mil cerdos cebados. Estas relaciones de Sebastián en Madrid y sus continuos viajes son muy importantes para explicarnos el arranque estudiantil de D. Lorenzo; como su ascendiente tradicional religioso para explicarnos su vocación.

María Martín de Hijas y Cuadrado, madre de nuestro Obispo, era hija de Francisco Martín de Hijas y de Catalina Cuadrado. A Francisco le llamaban de sobrenombre Marqués, seguramente para distinguirle de su padre y de su abuelo, que también llevaban este mismo nombre, nombre que se continuaría después en uno de sus hijos, hermano de María. Es casualidad que la primera que conocemos de este apellido lleve también el nombre de María. María de Hijas «la vieja» debió nacer hacia mediados del XVI. Aparece con el calificativo de «la vieja» no solo porque efectivamente lo fuera, sino para diferenciarla de su hija del mismo nombre. Esta María de Hijas joven se casa con Juan Martín y del matrimonio nace un niño que es bautizado el Domingo 25 de Febrero de 1601 con el nombre de Francisco Martín de Hijas, formándose así nuestro apellido.

María la madre de D. Lorenzo tiene cuatro hermanos llamados Francisco, Agustín, Ignacio y Catalina. Hasta diecisiete hijos de estos conozco, primos hermanos por tanto de D. Lorenzo con los que jugaría en su niñez en los constantes viajes a La Calzada. En esta industriosa villa de entonces vivía también su abuela Catalina. Su abuelo Francisco «el Marqués» falleció justamente el día siguiente de nacer D. Lorenzo, lo que nos hace pensar que su bautizo sería de luto riguroso y que a María le seria imposible asistir al entierro de su padre recién dada a luz como estaba.

Desconocemos la fecha exacta de la llegada a Alcalá de D. Lorenzo para realizar sus estudios; hemos de suponer que en su primera juventud. Y si hasta ahora su vida había transcurrido entre El Gordo y La Calzada a partir de este momento transcurrirá entre Alcalá y Madrid, poblaciones que consumirán la mayor parte de los años de su madurez. En la Universidad Complutense alterna con los numerosos paisanos calzadeños de La Llave y conoce a una de las personalidades mas relevantes del siglo, Jovellanos, que ha nacido dos años antes que él. Ambos se encontrarían de nuevo, ya en su vejez, en el Cádiz de las Cortes.

En Alcalá obtiene D. Lorenzo el Doctorado en ambos Derechos, el Canónico y el Civil y mas tarde es nombrado Catedrático de su Universidad. Se le concede una Canonjía en la Magistral de Alcalá, se le nombra Vicario General y en el año 1790 es promovido a la Vicaría Eclesiástica de Madrid, otorgándosele la dignidad de Capellán Mayor de la Magistral de Alcalá. Se le concede también el cargo de Inquisidor Ordinario de la capital de España, viniendo de esta forma a continuar la tradición calzadeña y gordeña de Inquisidores, Comisarios y Familiares del Santo Oficio, desde los hermanos D. Bartolomé y D. Diego Martínez de Carnacedo, Inquisidores de Granada y de Sevilla respectivamente en el siglo XVI, hasta D. Manuel Gregorio Blázquez y D. Francisco García Ballesteros, Familiares de la Inquisición de Toledo en su mismo siglo XVIII. Precisamente dos descendientes de estos, andando el tiempo, contraerían matrimonio con dos descendientes de Manuel, hermano de nuestro obispo. Al mismo tiempo fue D. Lorenzo miembro de la Junta de Caridad de la Corte. Su último cargo en esta etapa fue el de Párroco de S. Ginés de Madrid, que era el que desempeñaba el 12 de Septiembre de 1795 cuando fue presentado para el Obispado de Pamplona. Tenía entonces D. Lorenzo 49 años de edad.

Su etapa de Pamplona duró ocho años, exactamente hasta el 8 de Agosto de 1803 en que fue promovido al Obispado de Plasencia. No era la primera vez que un personaje relacionado con nuestra comarca ocupaba un cargo de importancia en la capital navarra. Un siglo y medio antes habían estado allí, nada menos que como Virreyes, D. Duarte Álvarez de Toledo, VIII Conde de Oropesa, y su esposa Dª Ana Mónica de Córdoba Zúñiga y Pimentel. Llevaba el matrimonio muchos años sin sucesión; y fue en esta capital de Pamplona donde por intercesión de un famoso hermano carmelita con visos de santidad se produjo, según se dice, el milagro de esta sucesión. El día 6 de Enero de 1644 trajeron los Reyes Magos a los Condes oropesanos el sin par regalo de un hermoso niño que vio la luz del mundo en esta capital de Navarra, bautizándosele con el nombre de Joaquín. Con el tiempo este D. Joaquín Álvarez de Toledo, IX Conde de Oropesa, sería Presidente del Consejo de Castilla y Primer Ministro y Privado del último de los Austrias, el hechizado Carlos II.

Y en nuestra Historia local el fundador, junto con la Madre Isabel de la Serradilla, del Convento de Agustinas Recoletas de La Calzada. En 1803 D. Lorenzo, ya con 57 años, retorna a su tierra extremeña como Obispo de la Diócesis a la que ahora pertenece su pueblo, pues El Gordo entonces pertenecía a la de Ávila.

En Plasencia su dedicación a la tarea pastoral se vio interrumpida por el trauma que supuso la Guerra de la Independencia contra los franceses. D. Lorenzo es amigo personal de Carlos IV al que realizado frecuentes visitas. Desde el principio su postura es la de un patriota insobornable. Antes al contrario entrega a raudales inmensas riquezas de la Catedral, una de las más ricas de España entonces, para la causa nacional. Así ha podido escribir recientemente el Catedrático de Valencia Regla Campistol estas palabras: «Una sola catedral -la de Plasencia- pudo entregar al Gobierno 5 arrobas de plata en 1795, 10 en 1809, 6 en 1810, 28 y gran cantidad de oro en 1811 al guerrillero Julián Sánchez y todavía 5 mas en 1823».

En esta generosidad suya tiene base la popular redondilla, que ha corrido por los Seminarios más cercanos hasta nuestros días. Asistía en una ocasión el Sr. Obispo a una comida celebrada en su honor en una gira por una de las comarcas de la Diócesis. Estaban ya terminados los postres y a punto de empezar la sobremesa, cuando D. Lorenzo pidió a un clérigo famoso por su chispa e ingenio le hiciese unos versos seleccionados con él. El tal clérigo se quedó pensando un momento y en seguida levantándose de su asiento declamó:

Para perpetua memoria
de los siglos venideros
dejó a los curas en cueros
don Lorenzo Igual de Soria

El día de la Purísima de 1808 se comunica por parte del Obispado a las Congregaciones de monjas que estén preparadas porque tendrían que abandonar sus conventos en plazo muy breve. D. Lorenzo tiene que huir. Al ausentarse nombra Gobernador Eclesiástico a D. Rafael Aznar Martín que desde 1803 era Provisor de la Diócesis. Así mismo nombra Gobernador Eclesiástico Adjunto a su sobrino del mismo nombre e idénticos apellidos, Sacerdote y Penitenciario que los estudiosos de la vida de nuestro Obispo deben tener mucho cuidado en no confundir con él. El 28 de Diciembre entraron en Plasencia los franceses por primera vez. Su número era de unos 25.000 hombres con sus caballos, cañones, carros de guerra y demás pertrechos. Formaban el grueso del Cuarto Cuerpo de Ejército del Mariscal Lefebre al mando de Sebastiani. El Estado Mayor se alojó precisamente en el Palacio Episcopal.

La 2ª vez que entran los franceses es el 19 de junio de 1809, ahora los del Cuerpo del Mariscal Víctor. El 27 del mismo mes entran en la ciudad las tropas de Sir Arturo Wellesley, estableciendo en ella su Cuartel general. Pero de nuevo el 3 de Agosto de ese año entran en Plasencia los franceses ahora al mandó de Soult, que a decir del Conde de Toreno, compañero también de D. Lorenzo en las Cortes gaditanas, talaron campos, quemaron pueblos y cometieron todo genero de excesos. Al Obispo de Coria D. Juan Álvarez de Castro, de 85 años que estaba postrado en cama le sacaron violentamente de ella y le arcabucearon sin piedad. D. Lorenzo entre tanto realizaba por los pueblos comarcanos un accidentado recorrido. El 16 de Marzo de 1809 se hallaba en Talaván. De allí pasó a Serradilla, y el 3 de Agosto huyó a Torrejón ante la entrada de las tropas de Soult en la capital de su Diócesis. Este le manda un pliego para él y un oficio para el Provisor; pero no creyéndolos dignos de contestación siquiera mandó ambos escritos a la Junta Suprema para que por su mediación llegasen a la Junta Central. De Torrejón pasó a Monroy y, siempre huyendo, llegó a la Villa de Campo donde le quisieron matar por traidor. Al fin logró escapar y refugiarse en Ciudad Rodrigo.

Designado diputado por Toledo para la reunión extraordinaria a Cortes en Cádiz, allí acude nuestro Obispo con sus 64 años cumplidos en 1810. Solo otros cinco Obispos tomaron parte en ellas: el de Cisano, el de Calahorra, D. Francisco Mateo Aguiriano; el de Mallorca, D. Bernardo Nadal y Crespí; el de Ibiza, D. Blas Jacobo Beltrán; y el de Sigüenza, D. Pedro Inocencio Bejerano. Interesante sería para los estudiosos que en una futura colaboración en estos Coloquios se abordara la intervención detallada de D. Lorenzo en aquellas celebérrimas Cortes, entresacando sus actuaciones del diario de las sesiones y de los periódicos de la época.

Concluidas las Cortes D. Lorenzo regresa a su Diócesis. Reintegrado Fernando VI a su trono acude nuestro Obispo a cumplimentarle a Madrid. Al volver hacia Plasencia se encuentra enfermo de gravedad por el camino y pasa a instalarse a casa de su hermano Manuel en la Plaza Mayor de La Calzada. Por un designio de la Providencia vino a morir a este pueblo de su madre en el que de niño tanto había jugado. Falleció el día 15 de Septiembre de 1814, segundo día de las fiestas del Cristo de las Misericordias patrón de la Villa. Ese mismo día fue enterrado en la Capilla del Rosario de la Iglesia Parroquial que, según parece, había sido construida a sus expensas para este fin. El acta de su enterramiento figura en el Libro de Difuntos correspondiente de este Archivo y esta escrita y firmada por D. Miguel Igual de Soria, sobrino carnal suyo, que fue Cura Ecónomo muchos años de la Iglesia de La Calzada.

Aquí pudiéramos terminar la semblanza de D. Lorenzo, a grandes rasgos descrita. Pero la Historia debe completarse, aunque a veces sea desagradable y no nos guste. En los primeros días del Alzamiento de 1936, los milicianos rojos llegados desde Madrid principalmente a La Calzada en número de algunos millares ocuparon para su residencia la Iglesia y el Monasterio de Agustinas. Cuando las tropas nacionales reconquistaron el pueblo el 28 de Agosto de ese mismo año, se instalaron también en esos lugares ya profanados. Y se pudieron ver por algún tiempo en la Capilla del Rosario, de la que se había levantado parcialmente el piso, los restos venerables de D. Lorenzo sobre los cuales habían defecado las tropas, los moros especialmente, hasta que la tumba fue cubierta de nuevo y encementada según aparece en la actualidad. «Non omnis moriar…» dice Horacio en una de sus Odas.

Aun quedan restos, puramente materiales unos y espirituales otros, que nos recuerdan su figura y en cierto modo la sobreviven al paso de los años. Queda en El Gordo, bastante bien conservada la casa donde nació y la pila en que fue bautizado. Y en La Calzada el lugar donde estuvo la casa en la que murió y las puertas de la misma, que fueron las ultimas que traspaso con vida. Nos quedan algunos retratos suyos, uno en El Gordo, propiedad de los descendientes de su hermana Ramona y dos en Madrid, en casa de D. Víctor Huertas descendiente de su hermano Manuel.

En el despacho de mi casa de La Calzada se conserva su bargueño escritorio, en bastante buen estado, que fue heredado, no por la rama Martín de Hijas que parecería lo más lógico sino por la Gómez Igual de un bisabuelo mío que era gordeño. Y queda su sangre ampliamente extendida en los pueblos de la comarca entre los descendientes de los hermanos de su madre y, sobre todo, de sus propios hermanos Tres hermanos tuvo nuestro Obispo: Juan Antonio, que fue sacerdote y no tuvo por lo tanto descendencia; Manuel, que se casó en 1761 con Marta Arroyo, de Lagartera y una vez fallecida esta contrajo nuevo matrimonio en 1767 con María Josefa Martín de Hijas, prima hermana suya.

Del primer matrimonio tuvo dos hijos llamados José y María del Carmen Igual de Soria y Arroyo. Esta última no dejo descendencia, pero de José deriva toda la aristocracia local de los últimos tiempos.

Del segundo matrimonio quedaron 7 hijos: Lorenzo y Miguel, ya citados, que fueron sacerdotes; Manuel, profesor de Cánones y Leyes que murió joven y soltero; Francisco, que se casó con una prima hermana suya, hija de Ramona la única hermana de D. Lorenzo; Micaela, que contrajo matrimonio con D. Pedro García Ballesteros y no quedó descendencia; y Sebastiana, que se casó con Manuel Herrero, de Lagartera, con descendientes actuales en dicho pueblo y en La Calzada. Manuel Igual de Soria y Martín de Hijas murió en Diciembre de 1814, tres meses después, que su hermano el Obispo. Su hijo Miguel que escribe también este acta de enterramiento nos dice que murió falto de juicio. Ramona, única hermana como decimos de D. Lorenzo, se casó con Juan Arroyo Alía, de Lagartera, y tuvo cinco hijos. Inés fue monja carmelita en el Convento de Talavera, del que fue Priora muchos años, muriendo en olor de santidad. Marta fue también carmelita en Ávila. Lorenzo, sacerdote como su primo hermano del mismo nombre. María, que permaneció soltera. Y Teresa que se casó según hemos dicho con su primo hermano Francisco, hijo de Manuel. Fallecido este contrajo segundas nupcias con Bernardino Lozano, de Oropesa del que tuvo un hijo de nombre ¡como no¡ Lorenzo Lozano Arroyo. Este se casó con María Gómez y Camacho, natural de La Puebla de Naciados, villa hoy desaparecida de la que El Gordo era anexo. Tuvieron seis hijos; cuatro casados en El Gordo y dos en La Calzada, de los que quedan en la actualidad numerosos descendientes en estos dos pueblos, alfa y omega de la vida de D. Lorenzo. Entre ellos se perpetua, repetido varias veces, el nombre de Lorenzo, que ha venido pasando generación tras generación hasta nuestros días. Y lo que es mucho mas importante: queda aquel espíritu religioso tradicional de la familia. Dos monjas jóvenes hay ahora entre estos descendientes de La Calzada; y un sacerdote, D. Julián Lorente Lozano que por espacio de 18 años ejerció su misión en la América española y hoy cumple su vocación en la Catedral de Plasencia, sede de la Diócesis de la que nuestro tío D. Lorenzo ha sido uno de sus más grandes y famosos obispos.

Oct 011977
 

Juan Pedro Vera Camacho.

Una síntesis en pequeño de la flora europea se encuentra localizada en la Siberia Extremeña, entre los pueblos de Helechosa, Villarta y Herrera del Duque, y más concretamente en el enclave del Puerto de los Carneros.

La afirmación no es nuestra, sino del catedrático de Botánica de la Universidad de Madrid don Salvador Rivas Goday, criado en Serradilla (Cáceres), de donde sus padres eran oriundos, que así nos lo manifestó en una entrevista que hace algunos años le hicimos para «HOY», de Badajoz.

Nos produjo tal impacto la noticia, que en nuestras continuas visitas a estas tierras extremeñas, en uno de cuyos pueblos hemos nacido, nos interesamos por comprobar «de visu» la realidad de tal circunstancia. Y ello ha dado como resultado, este modesto trabajo que sobre el particular, con simple afán de ofrecer noticia vulgarizada, pues no somos expertos en la ciencia Botánica, ofrecemos al lector.

Tomando el agua muy arriba, y puesto que el clima condiciona grandemente la vegetación y los cultivos así como el «hábitat» en general, hemos de consignar que parte de Extremadura se formó, geológicamente hablando, al igual que Galicia, en la Era Arcaica; es decir, que éstos son los terrenos más antiguos de España. De aquí de una similitud de plantas y árboles extremeño-galaicos como son el cerezo, castaño y otros más, que también inciden, por la misma circunstancia, en la provincia de Ávila, en el entorno de la sierra de Gredos, límite con Extremadura. Las isotermas de verano, de invierno y del año, así como las isobaras y la pluviosidad, son casi iguales en la provincia de Lugo y Bierzo leonés que en la Vera de Plasencia y el Valle del Jerte, en la provincia de Cáceres. Y en los alrededores de Guadalupe. Aparte de esto, también en la Siberia Extremeña existen terrenos de clima subtropical y aún desértico, así como mediterráneo, lo que puede ser premisa fundamental para esta diversidad de flora que en los pueblos de la comarca se da, y que es, en conjunto, una síntesis de la flora europea, que abarcan desde plantas de origen galaico e irlandés, reminiscencias de la época glacial, hasta el mirto de Brabante, con el de los alemanes conservaban la cerveza antes de hacerlo con el lúpulo.

La zona a que nos referimos está situada entre los ríos Guadiana y Zújar, a mitad de camino pelo más o menos de ambos ríos, en el ámbito geográfico llamado «de los Montes» por lo accidentado del terreno. No olvidemos que tres pueblos pacenses –Helechosa, Villarta y Fuenlabrada- añaden a su nombre el apelativo de «de los Montes». Y que en sus términos municipales se encuentra esta flora tan rica, hasta el límite con Garbayuela.

UN EXPERIMENTO ALECCIONADOR

Se realizó hace años cerca Puerto de los Carneros, a la orilla de la carretera de Fuenlabrada a Talarrubias. Se sembró arroz, y a pesar de la sequedad del clima, nació y creció, dando una calidad que según nos aseguraron era pareja a los arroces de Levante, y en ciertos aspectos, superior a estos. Poco más allá proliferan los naranjos abundantemente, otro total típicamente levantino. Como el granado y la higuera chumba. Debido a la gran cantidad de flores existentes en la comarca, se incrementó en los últimos años masivamente la apicultura, hasta el punto de que en algunos pueblos como Fuenlabrada es base hoy y de la economía, sin desdeñar otras aportaciones como el olivo, los cereales y la ganadería, muy florecientes. Hubieron de ser los valencianos precisamente los que desarrollaron primeramente la apicultura en estos pueblos extremeños, con técnicas modernas, sustituyendo los antiguos «corchos» por «cajas», y que los habitantes de la zona asimilaron con perfección y eficacia.

BOTONES DE MUESTRA DE LA VARIEDAD FLORAL:

Existen aquí plantas alpinas y nórdicas, como el pino piñonero y maderero; mediterráneas, como la encina, el alcornoque, la jara, retama, tomillo, romero y espliego (que aquí llaman poleo y que años ha incrementó grandemente la economía de estos pueblos, en los que se recogió en cantidades masivas para fabricar esencias y otros derivados, exportándolo fuera); setas, que este mismo año de 1976-77, han producido con su venta solamente en Fuenlabrada, cerca de los dos millones pesetas en poco más de una semana; el quejigo, el chaparro, etc, etc.

Entre las plantas subtropicales, aparte de la higuera chumba, se crían palmeras y plantas de tipo desértico, con fuertes pinchos. Hay plantas medicinales como el llantán, al que se atribuyen por el vulgo efectos anticancerosos, manzanilla, azahar, carquesa, té y cornezuelo, del mejor que se conoce. Hay lirios, celedonias, «pan y quesito», «chirivitas» y amapolas. Árboles de similitud galaica, como queda dicho anteriormente, y olivos, endrinos, higuera corriente, perales, manzanos, nogales, álamo blanco y negro, eucaliptus, laurel, esparragueras, achicorias, «collejas», «toquillas», y hasta trufas.

Entre las plantas industriales abundan los juncos y mimbres para hacer cestos, espuertas y serillos y aguadaras; esparto y lino (base éste último de una industria artesanal de la que salían, tejidas en los telares de la comarca, sábanas y ropa interior para el uso de los hombres labradores. Hay hierbas de todas clases, incluido el trébol. Se dan asimismo toda clase de plantas no útiles económicamente, como la ortiga y el jaramago. Y algunas para condimento, como los cardillos.

Desde los árboles más clásicos como el melocotonero, almendro, membrillo, ciruelo y morera, sin olvidarse de la planta de la vid (por la proliferación de esta última se llamó a Fuenlabrada antiguamente La Manchuela), hasta los más salvajes como el espino y el acebuche, casi todas las representaciones florales europeas se encuentran en este trozo de tierra, de aproximadamente 200 kilómetros cuadrados de extensión, de la Siberia Extremeña, en la provincia de Badajoz. Allí nace casi de todo, y allí se aclimata con facilidad todo lo que se siembre y es consustancial al continente europeo y parte de África. Desde la flora subtropical y mediterránea se pasa en unos cientos de metros a la nórdica, húmeda y fría, en la que ha abundan musgos y líquenes y los clásicos helechos, de los que por su cuantía, tomó nombre el pueblo de Helechosa de los Montes.

Hay también gran número de raíces comestibles variadísimas, de las que es una prueba la «macuca», especie de trufa que nace en los terrenos de sierra donde abundan las «casqueras» de cantos. Las macucas son difíciles de coger por la delgadez y longitud de sus tallos, que entre cantos, nos llevan a la raíz, que es lo comestible.

La variedad de hongos es grande, y también se crían en esta zona plantas venenosas como el beleño y la cicuta, planta esta última con la que se envenenó el filósofo griego Sócrates.

Las plantas olorosas son muchas, como el sándalo, los rosales silvestres, la hoja morisca, el orégano, el tomillo de Italia y el sansero, los alhelíes blancos y amarillos de las orillas de los arroyos, madreselvas silvestres y ruda (esta última huele muy mal, a diferencia de las antedichas).

En algunos sitios húmedos se crían embudillos, hiedra y acederas.

Los habitantes de la comarca son por experiencia sabedores de la variedad floral, de la que siempre se aprovecharon para cuidar sus enfermedades, a base de infusiones herbáceas; o para la alimentación de su ganado, doméstico o no (lanar, cabrío de cerda o abejas, muy abundantes todos). Nunca se han ocupado, empero, de industrializar esta riqueza arbórea y herbácea, aunque a veces, por serles solicitada de fuera, les ha supuesto buenas ganancias económicas (casos citados de poleo y setas). Los apicultores sí se han dado cuenta de la enorme importancia de esta flora múltiple, y la aprovechan «mudando» sus colmenas de un lado a otro según la época del año, para que las abejas no pierdan las mejores floraciones.

Hay que resaltar las repoblaciones forestales de pinos y eucaliptus por el Estado, que abarcan miles de hectáreas.

CONSECUENCIAS FINALES:

Se deduce de todo lo escrito, la riqueza floral de la Siberia Extremeña, que aún podría ser mayor de no abundar tanto en ella los rebaños de cabras. Nos dijo el doctor Rivas Goday en la entrevista antes citada, que las cabras son el peor enemigo de los bosques, porque se comen los brotes tiernos de las plantas, arruinándolas; y porque los cabreros, muchas veces, para obtener mejores pastos, queman el monte. Esperemos que con los nuevos adelantos agrícolas y la mejor solidaridad del vecindario, podamos mantener y aumentar esta riqueza variada y atractiva.

Juan Pedro Vera Camacho

Oct 011977
 

Ubaldo Rubio Calzón.

DEL ARCHIVO DE SIMANCAS

Madrigalejo:
Doña Juana, etc. A vos el que confiero mi carta, Regidor y Juez de Residencia de la Ciudad de Trujillo e a vuestro Alcalde en el dicho Concejo e a cada uno de vos, salud e gracia. Sepades que Juan Menéndez fue nombrado como Procurador del lugar de Madrigalejo, tierra y jurisdicción de esa Ciudad me hizo relación y juramentó diciendo que bien sabido el pleito de las dichas sus partes tratan con los frailes de Guadalupe como por otras cosas más y sobre cuál está mandado que esa Ciudad lo siga a su costa y dice que está prohibido y mandado por leyes de mis Reinos que cuando en el Ayuntamiento se hablare de alguna cosa, visto que algún Regidor o su pariente no dé su voto, y se salga del Regimiento entretanto que se votaren y hablaren el tal negocio, y dice que a causa que Juan Núñez de Prado y Alonso García Calderón y Juan de Gonzalo y Vasco Calderón, Regidores que son de esa Ciudad, que son negociadores y favorecedores y ayudadores del dicho Monasterio, enemigos de Juan de Vargas, propietario, el mayor heredero del dicho lugar de Madrigalejo, y habiéndose mostrado que el dicho pleito como partes formales no han guardado lo que las dichas leyes disponen, antes dice que están presentes al Ayuntamiento que han hecho y harán entendimiento en dicho pleito, y dice que han votado y votan cuál de que las dichas partes ha recibido y reciben mucho atranco y daño, por ende que me suplicaba y porque por merced en el dicho nombre vos mandase que de aquí adelante cuando se hablase en los pleitos que negocien tocante a las dichas sus partes hiciésedes que los dichos Juan Núñez de Prado y Alonso García Calderón y Vasco Calderón y Juan de Prado se saliesen fuera del Regimiento y no tornasen a entrar dentro hasta que el dicho negocio fuese hablado y votado porqué de esta manera la justicia de las dichas sus partes perdería conque sobre ello les prohibía ese como la mi merced fuese, lo cual visto por los de mi Consejo fue acordado que después mandara dar esta mi carta para vos con la dicha razón, y yo túvelo por bien y por cuanto en los capítulos que yo mando tener y guardar a mis Corregidores y Jueces de Residencia de las Ciudades y Villas y lugares de estos mis reinos está un capítulo que cerca de lo susodicho dispone… del cual es éste el que se sigue, que tengan cuidado se platicare alguna cosa en Concejo que particularmente toque a los Regidores o a otras personas que ende estuvieren se salgan luego las tales personas o persona a quien tocare el negocio y no entre entretanto que aquel negocio se platicare, y esto mismo se ponga si el negocio tocare a la otra persona que con él traiga interés debido con tal amistad, corazón y por cuya causa debe ser recusado. Que los actos que se hicieren contrae esto no valgan; pero que vos mando a todos que vea es el dicho capítulo que suso va incorporado que lo guardéis y cumpláis y ejecutéis y hagáis guardar y cumplir y ejecutar en todo y por todo, según cree en él se contiene y contra el tenor en forma de lo cual contenido no vayáis ni paséis ni consintáis ir ni pasar ahora ni de aquí adelante por alguna manera, y los unos ni los otros hagáis ni hagan ende al… alguna manera. He hecho emplazamiento en forma. Dada en la Ciudad de Plasencia a dieciocho días del mes de diciembre de mil quinientos y quince años. El Arzobispo de Granada, Ilegible.

Santiago Polanco Cabrero. Sigue firma ilegible.

NOTA.- El Rey estuvo en Plasencia, Abadía y Galisteo entre el 2 y el 28 de diciembre de 1515. Por eso está expedida la carta en Plasencia el día 18.

ITINERARIO DEL REY DON FERNANDO V desde Plasencia a Madrigalejo, antes de morir.

1515
26 de noviembre    Casatejada
28-30 noviembre    Plasencia
2-6 diciembre         Plasencia
7-11 diciembre       La Abadía
11-12 diciembre     Plasencia
13-17 diciembre     Galisteo
18-28 diciembre     Plasencia
Malpartida
Almaraz
Jaraicejo
2 de enero              Trujillo
5-9 enero               Trujillo
11-13 enero           La Abertura
20-23 enero           Madrigalejo

En este día, a las dos de la madrugada, falleció el rey titular de Aragón y Gobernador general de Castilla, don Fernando.

ESCUDO HERÁLDICO MUNICIPAL DE MADRIGALEJO
MEMORIA

El Municipio de Madrigalejo, como comunidad humana, ha tenido últimamente un gran desarrollo en todos los órdenes. Sus relaciones oficiales y de carácter social le exigen plasmar sus hechos históricos mas relevantes en un escudo heráldico municipal.

Es obligado en este caso concretar al máximo los hechos históricos que conduzcan a plasmar en el escudo la síntesis de lo que ha sido el pueblo de Madrigalejo. Los elementos históricos que consideramos más fundamentales los vamos a sistematizar en los siguientes grupos:

  1. El poblado.
  2. La ciudad de Trujillo.
  3. El castillo y su feudo.
  4. La Casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe.
  5. La muerte del Rey don Fernando V «El Católico» en este pueblo y el otorgamiento de su testamento.
  6. Los actos del Centenario de los Reyes Católicos.
  7. El Escudo Heráldico de Madrigalejo, y
  8. petición.

El poblado de MADRIGALEJO

El origen del pueblo, como el de casi todas las entidades de población, va surgiendo a través de los tiempos y de las épocas históricas sin un contorno bien definido. Situado geográficamente en la llanura de la cuenca media del río Ruecas, afluente del Guadiana, pertenece en el origen administrativo a la provincia de Cáceres o Alta Extremadura, pero geológicamente y hasta en el aspecto externo forma parte de la Baja Extremadura, por estar situado en la gran anchura de la fértil vega del río Guadiana, afectándole en gran medida el esplendoroso progreso operado por los regadíos del llamado indebidamente Plan Badajoz.

Desde el punto de vista arqueológico son conocidos los antecedentes de origen céltico siguientes: El verraco de Madrigalejo y el «Toro del Hito» también de este pueblo, expuestos ambos en el Museo de Cáceres, y una arracada de propiedad privada. Los tres objetos fueron estudiados y descritos por el ilustre escritor don José-Ramón Fernández de Oxea, inspector de enseñanza primaria, en SOBRETIRO DE ZEPHYRVS IV Salamanca 1953 y en «Nuevas esculturas zoomorfas prehistóricas en Extremadura.

En el Catálogo Monumental de España, 1914-1916 por don José-Ramón Mélido, paginas 425 y 426, el Sr. Cura Párroco don Matías Pazos dio noticia de los hallazgos de «RUINAS DE EDIFICIOS. A kilómetro y medio al oeste del pueblo, en el sitio llamado «Tesoro», ocurrió en 1886 el hallazgo casual de los restos de un edificio romano, cimientos de muros y pavimento de mosaico. Sobre uno de estos había otro pavimento de argamasa, de dos o tres pulgadas de espesor, que levantado, dejó ver el mosaico de 6 metros por 4,20. Su labor consistía en un trazado geométrico, con un recuadro y dentro de él un óvalo ocupado por un pulpo o cangrejo de mar, en los ángulos del recuadro figuras de peces o delfines y caballos marinos en los intermedios; en otro recuadro el sol en el medio y lunas a los lados; y los demás de motivos ornamentales, todo ello de colores. Cerca de ese pavimento se descubrió una construcción hidráulica importante, especie del alberca de 100 metros de circunferencia, revestida de cemento de cal, con tres conductos de desagüe profundos revestidos de plomo o de baldosas. A distancia de unos 20 metros apareció otro pavimento de mosaico, de 7 por 6 metros, en el que se veían representadas cuatro sirenas y varios adornos. Junto al mosaico se halló una estatua da mujer, en un asiento rústico, con un perro al lado. A ambas figuras faltaba la cabeza y a la primera un brazo. La estatua de mujer, hoy de propiedad privada, es una diana cazadora, según la descripción del escritor señor Fernández de Oxea, ya citado. También se encontraron en el mismo sitio varias monedas de plata y bronce, piezas de mármol y cerámica, especialmente de urnas cinerarias. Y también varias inscripciones en piedras de granito, algunas de ellas descifradas por el P. Fita. Otras permanecen inéditas. Todo ello no es de extrañar teniendo en cuenta la relativa proximidad a Mérida.

El poblado, en la época de loa Reyes Católicos, que es desde cuando hay algunos antecedentes históricos, tenia cuarenta y ocho vecinos y sus edificaciones, que debían ser generalmente pequeñas, estaban agrupadas alrededor de la Iglesia, con una plaza bastante espaciosa e irregular, dividida en dos por una estrechura entre una esquina de la torre y una casa inmediata  Una parte de la plaza, la que esta al mediodía de la iglesia, siempre se la conoció con el nombre de «Plaza de la Iglesia», y la otra, por donde esta la fachada y entrada principal del templo, sufrió el cambio sucesivo de nombres que han determinado en España los fenómenos políticos y sociales.

Las gradas de acceso a la entrada se las conoce por el nombre de «El Cementerio», sin duda porque antiguamente lo fue. En uno de sus peldaños está fijado el vértice geodésico que marca la altura de 296 metros sobre el nivel del mar. Tenía por entonces el pueblo ocho calles estrechas y tortuosas, y debió existir gran limitación de terrenos para edificar, como lo demuestra el hecho de que varios vecinos, y también el Concejo, tenían que pagar a la Casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe uno o varios capones de censo anual por las edificaciones construidas sobre terrenos de su propiedad.

En 1753 y según el Libro de Seglares para imposición de la Única Contribución, conocido también por el Catastro del Marques de la Ensenada, tenía 123 vecinos y 117 casas; en 1848 tenía 180 vecinos y 200 casas; en 1900 tenía 600 familias y 2331 habitantes; en 192O, 846 familias y 3379 habitantes, llegando en 196O a 1117 familias y 5794 habitantes, máximo de población conocida en la localidad debido al influjo de las obras de regadíos del Plan Badajoz. Actualmente y debido al fenómeno de la emigración tiene 1015 familias y 3134 habitantes.

La población tiene ahora aspecto urbano moderno, debido al Plan de Ordenación  Urbana formado por el Ayuntamiento en 1946 -primero en el medio rural extremeño- por el cual se dio gran ensanche y se trazaron alineaciones en las calles del interior. El número de calles es ahora de 71, con regular trazado y anchos de 6, 8, 10 y 12 metros. Está dotada de los servicios comunales de abastecimiento de agua a domicilio y alcantarillado, alumbrado, pavimentaciones, correos y telégrafos, teléfono interurbano, servicios sanitarios, centros escolares suficientes y de recreo, esparcimiento y deportes que la hacen muy agradable y acogedora, teniendo el aspecto de una verdadera villa moderna.

En el orden económico, el progreso es aún mayor, pues la transformación de tierras de secano en regadío por el plan Badajoz determinaron una evolución económica sorprendente, siendo buena prueba de ello la existencia de tres entidades bancarias y un gran parque do medios de transporte, tractores y maquinaria agrícola y turismos. En el aspecto humano y de convivencia la población ha sido siempre abierta, tolerante, hospitalaria, sin reminiscencias clasistas.

Hasta mediados del siglo XIX Madrigalejo gira entre dos polos de gran poderío:

  1. De doble vertiente; La Ciudad de Trujillo y el feudo de los Vargas, y
  2. La casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, de la Orden de los Jerónimos.

LA CIUDAD DE TRUJILLO

El dominio de la ciudad de Trujillo sobre Madrigalejo se pierde en el tiempo, pero históricamente data del privilegio que le concedió el Rey don Alfonso X «El Sabio», firmado en Segovia el día 27 de julio de 1294, que abarca dos aspectos: El fuero de juzgar y, en consecuencia, la tutela y representación jurídica del poblado de Madrigalejo, uno de los veinticinco que constituían su tierra, que llegaba por el Sur hasta el río Guadiana comprendiendo las dos Orellanas, Navalvillar de Pela y Acedera, hoy de Badajoz, y Madrigalejo, de Cáceres. Así se lee en el acta capitular del Concejo de Trujillo del día 26 de Enero de 1516: «Se da cuenta que el Rey don Fernando, nuestro señor, falleció en Madrigalejo, lugar y término de esta Ciudad».

En cuanto a la representación jurídica son bien elocuentes las dos citas siguientes: El poblado tenia muchos pleitos con la Casa de Nuestra Señora de Guadalupe por cuestión de pastos y aprovechamientos y para zanjarlos llegaron a una concordia que se tramita a través de la Ciudad de Trujillo, constando en la escritura respectiva los aspectos siguientes: «Sepan cuantos esta carta e público instrumento de poder vieren como nos el Concejo, Justicia e Regidores, Caballeros, Escuderos e oficiales y Homes buenos de la muy leal Ciudad de Trujillo, estando ayuntados a campana tañida so el portal de la Iglesia de San Martín de la dicha Ciudad, que es en la acera de la plaza de ella, según que lo habemos de uso e costumbre, estando ende presentes los honrados Pedro Nuñez, Alcalde en la dicha Ciudad y su tierra, por el honrado caballero Diego López de Ayala, Corregidor en la dicha Ciudad e su tierra por el Rey e la Reyna nuestros señores, a Juan de Hinojosa e García de Torres e Juan Calderón e Cristóbal Pizarro, Regidores en la dicha Ciudad, e otro si Luis de Chaves e García de Vargas e Francisco de Hinojosa e Juan Núñez de Prado e Diego de Torres, caballeros, e otros muchos de los caballeros e escuderos de la dicha Ciudad, todos en concordia, por nos en nombre de la dicha Ciudad e del lugar de Madrigalejo, término y jurisdicción de la dicha Ciudad, decimos que por razón que hasta agora entre nos el dicho Concejo de la dicha Ciudad de Trujillo, e el Concejo del dicho lugar de Madrigalejo de la una parte e el Monasterio, Prior e frailes del Convento de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, de la otra, e nuestros Procuradores en nuestros nombres han sido y sean tratados ciertos pleitos e debates e diferencias sobre razón de los pastos e labores de las tierras que son en el término del dicho lugar de Madrigalejo e sobre… por nos y en nombre de la dicha Ciudad y del lugar de Madrigalejo y Concejo y herederos y pobladores de él: OTORGAMOS poder cumplido libre e llenero e bastante, según que lo habemos e tenemos, e según que mejor e más cumplidamente lo podamos e debemos dar e otorgar de derecho e de hecho para más valer a Alvaro da Loaysa e a Diego Alonso de Tapia, vecinos e Regidores en la dicha ciudad, a ambos a dos juntamente e especialmente para que por nos el dicho concejo e en nuestro nombre e del dicho lugar de Madrigalejo … con la persona o personas que el dicho Monasterio … concierten para agora e para de aqui adelante … en la dicha Ciudad de Trujillo a diez días del mes de Octubre año del nascimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil e cuatrocientos e ochenta e ocho años».

Y en otro pasaje de la misma escritura se lee: «Después de lo suso dicho en el dicho lugar de Madrigalejo a dos días del mes de Noviembre… de mil cuatrocientos e ochenta e ocho años, estando cerca de la Iglesia del dicho lugar de Madrgalejo el Concejo, alcalde e homes buenos… a campana repicada, según que lo han de uso e costumbre e estando ende presentes: ( Aqui figura la relación de cuarenta y ocho vecinos y entre ellos el mayordomo de Garcia de Vargas }, vecinos del dicho lugar do Madrigalejo en presencia de nos… Alonso Rodríguez y Luis Alonso, escribanos, paresció ende presente el dicho Diego Alonso de Tapia, Redidor de la dicha Ciudad de Trujillo y mostró y notifico y fizo leer por nos los dichos escribanos ante el dicho Concejo… la dicha escritura de iguala e conveniencia o concordia» ( folio 11 ).

El otro aspecto del Fuero era la concesión de treinta y seis dehesas a la Ciudad de Trujillo, en concepto de bienes de propios, con la denominación Histórica de «Caballerías», una de las cuales era «La Matabudiona», del término de Madrigalejo; es decir, que la ciudad de Trujillo tenía jurisdicción y, además, bienes de propios en Madrigalejo.

EL CASTILLO Y EL ESCUDO DE LOS VARGAS

En el sitio conocido actualmente por el «Cerro del Castillejo», dominando  la confluencia de los ríos Ruecas y Pizarroso, existió un castillo que mandó destruir la Reina doña Isabel «La Católica» en 1477, en el primer viaje que hizo por Extremadura y Andalucía para someter a la altiva nobleza, según los testimonios siguientes:

Menéndez Pidal, en su historia de España, páginas 265 y 266 dice:

«Isabel llevó a Extremadura las acostumbradas normas de pacificación interior; establecimiento de la Hermandad, supresión de querellas entre bandos en las Ciudades, derribo de fortalezas privadas. Todas las villas de Extremadura entran en la Hermandad. Se otorga perdón general… Los castillos en que anidaron los caballeros bandidos de la Región… Madrigalejo, Castilnovo, Orellana… son destruidos». Calificación parecida hace Willians Thomas Welsh en su novela Isabel de España.

Según don Publio Hurtado en su obra «Castillos, Torres y Casas Fuertes de la provincia de Cáceres», sitúa en Madrigalejo una CASA FUERTE, que se atribuye a los árabes fundadores de la villa por los años ochocientos de nuestra era. Mas la fortaleza señorial fue obra de los Vargas trujillanos, de quienes era feudo el poblado a fines del siglo XIV. La Reina, haciendo justicia para apaciguar la tierra y escarmiento de los malvados, logró prender a Vargas, lo mandó matar, confiscó sus bienes y demoler la fortaleza, de la que tantos daños habían salido para la comarca». El poderío de los Vargas se extendía hasta las Orellanas.

En la obra «EXTREMADURA» (La tierra en que nacían los dioses), del ilustre escritor don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, página 315 se lee:«A orillas del Ruecas, Madrigalejo, que desde los tiempos árabes fue una insignificante aldea, sin tener siquiera parroquia hasta el siglo XVII, ha prosperado de tal forma, que hoy es el pueblo de más vecindario  del distrito. Su porvenir le reserva aun mayor prosperidad, porgue a su tierra llana y fértil, frontera de la Baja Extremadura, llegarán riegos del Plan Badajoz…» Es muy estimada la opinión del ilustre Conde de Canilleros en cuanto se refiere al progreso de la villa, hecho cierto; pero hay que disentir de él en cuanto a que la insignificante aldea no tuvo parroquia hasta el siglo XVII, pues como se acredita anteriormente se reunió el Concejo el día 3 de Noviembre de 1488 cerca de la Iglesia. Y es tradición en el pueblo que para embalsamar el cuerpo del Rey don Fernando V «El Católico» le extrajeron las vísceras y las enterraron en la Iglesia parroquial, debajo de la lámpara situada al lado derecho, entre el presbiterio y la nave general, colocando una lápida de granito con una inscripción alusiva; lápida que desapareció a principios de este siglo al renovar el pavimento de la Iglesia, según hemos oído a ancianos del lugar y entre ellos al señor «Pepe el Sacristán».

Al construir el Canal de Orellana, del Plan Badajoz, que pasa por el pie del «Cerro del Castillejo», donde estuvo emplazado el castillo, se encontraron capiteles de estilo árabe y unas piedras de molino.

Y a pesar de que don Publio Hurtado dice que la Reyna mandó confiscar los bienes de los Vargas, no debió ser la medida tan radical, puesto que en la reunión del Concejo del día 3 de Noviembre de 1488 está presente Juan García, mayordomo de García de Vargas, lo que prueba que seguían teniendo bienes; y su influencia en el pueblo debió ser mucha, puesto que el camino de salida de Madrigalejo hacia Trujillo aún se le conoce con el nombre de «Callejón de Vargas «.

LA CASA DE NUESTRA SEÑORA SANTA MARÍA DE GUADALUPE

El segundo polo sobre el que giraba la vida del lugar de Madrigalejo fue la casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, que el Monasterio regido por la Orden de los Jerónimos tuvo en este pueblo hasta la desamortización.

El P. Arturo Alvarez, O.F.M. siendo archivero del Monasterio publicó en la sección de huecograbado de ABC un trabajo que vamos a seguir:

«El Rey aragonés don Fernando «El Católico» dirigió sus pasos a Guadalupe. Bajando en andas por la villa de Jaraicejo llegó a Trujillo, donde pasó el día de Reyes de 1516; pero no pudo continuar su viaje. Allí se agravó de tal manera que a toda prisa tuvo que ser llevado al cercano pueblo de Madrigalejo, donde los monjes de Guadalupe poseían grandes fincas y una buena casa en que don Fernando fue alojado. (No ha tenido el P. Arturo, nuestro buen amigo, mucha fortuna en esta descripción, pues el día 13 de enero estaba el Rey en el pueblo de «La Abertura», desde donde escribió una carta al Concejo de Trujillo ordenándole la rendición de cuentas de cincuenta mil maravedises que en cada año se habían dado de los Propios para reparación de la fortaleza, carta que se conserva en el archivo de la Ciudad). Pero sigámosle: réstanos ahora un recuerdo para la casa en que dejó este mundo tan esclarecido Monarca. ¿que sabemos de ella?. Documentalmente podemos asegurar que Madrigalejo fue uno de los lugares en que el opulento cenobio guadalupense tuvo mas antiguas y mejores tierras de trigo y ganado… y que en las ordenaciones respectivas se mandaba que hubiera allí cinco camas de frailes, una para el escribano y dos para mozos… y también se halla una capilla y que la cámara del Rey está bien apuntalada. En la misma casa se alojó en 1580 el Rey don Felipe II, con su familia, cuando fue a Badajoz por los asuntos con Portugal, según el P. Germán Rubio en su Historia de Guadalupe.

Gabriel Tetzel, secretario del Barón de Rosmithal, en la narración de sus viajes por España, dice: «Medellín dista seis millas de Madrigalejo, que es un lugar situado en llano; el canino va por medio de selvas amenísimas en que abundan varias especies de animales y entre ellos ciervos, gamos y otros. En este lugar hay unos magníficos edificios que aventajan a los demás que lo forman y que pertenecen a cierto Monasterio del que después hablaremos; suelen posar en ellos caballeros que pagan su gasto y tienen unas caballerizas en que caben más de cien caballos, porque esta hospedería es casi regia».

En el Libro de Seglares para el establecimiento de la Única Contribución de Madrigalejo del año 1753, figura en el folio 17 la pregunta 21ª, a la que se contesta:«Que inmediato a la población hay una Casa-Granja del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, en la que habita un religioso, y por casero tiene un vecino de este lugar». Y en el libro de Hacienda del Monasterio de Guadalupe consta: «En Madrigalejo tiene unas casas que es aposentamiento de los frailes, con una capilla en que dicen misa, con otros aposentamientos para los gañanes y estables, y aquí está continuamente un casero, que tiene cargo de la labor y de acoger los gañanes». En otro pasaje del mismo libro se dice que tiene «Unas casas con sus corrales y cortinales, que fueron de Gonzalo de Burgos y óvose por compra». La casa estaba separada del pueblo en principio y de todo ello se deduce que formaba un recinto cerrado de más de una hectárea de suelo, al lado del camino de Guadalupe y de otro camino que la separaba del río Ruecas, un poco en alto. Separadamente tenía otro edificio destinado a caballerizas.

Con Motivo de las leyes desamortizadoras, la Comisión do Arbitrios para la amortización de bienes formuló inventario de los del Monasterio de Guadalupe en este pueblo, el día 23 de mayo de 1836, entre los cuales figura: «Una casa en las de esta población, con piso alto y bajo, capilla para celebrar misa y un huertecillo con olivos, los graneros, horno, corral y cuadras, nombrada Santa María». Con el nombre de Santa María se conoce actualmente el barrio. Como restos identificables solamente queda una especie de salón, que bien pudo haber sido uno de los graneros, por no tener signo alguno que haya podido haber planta alta sobre él y por la disposición de ventanas muy estrechas y alargadas, altas, sin duda aptas para ventilación solamente. La construcción es de mampostería y tapias de hormigón de cal. Tiene una portada hacia la mitad del salón que da para el interior de unas cuadras de un vecino, de granito, tapiada. Del resto de las casas no queda nada antiguo. Debió ser totalmente destruido y el terreno está ocupado por más de treinta viviendas, algunas muy pequeñas, de construcción muy modesta. Hasta tal punto es así que se identifican hoy portadas y rejas de ventanas en varias edificaciones de la población, que sin duda alguna debieron ser de la Casa de Santa Maria. De la documentación relativa a la desamortización se deduce que el pueblo se había extendido ya hasta la misma Casa.

Durante al reinado de Carlos V un criado de la Casa de Santa Maria cometió un crimen refugiándose en ella y el pueblo, amotinado pretendió prenderlo, pero como no podía entrar intentó destruir los tejados y prenderle fuego, teniendo que intervenir el Justicia de la Ciudad de Trujillo para poner orden, y al fallar el asunto la Cancillería de Granada en nombre del Emperador hace el razonamiento, o más bien se lamenta, de que el pueblo ni siquiera había respetado la casa donde había fallecido su abuelo. Este suceso revela bien claramente el estado de animo y el de las relaciones de convivencia entre el lugar y la Casa de Santa Maria de Guadalupe, lo que explica en algún modo que la Casa haya sido destruida casi totalmente en cuanto se produjo la desamortización.

El P. Arturo Álvarez, citado anteriormente, dice que Madrigalejo fue uno de los lugares en que el opulento cenobio guadalupense tuvo más antiguas y mejores tierras de trigo y ganado. Esto y la mezcla de intereses con el lugar, ponía a este en franco estado de inferioridad y sometimiento que le harían casi imposible la vida. Los dos hechos que vamos a relatar dan la medida:  Gozaba asimismo la Casa de Santa María del privilegio de dos oficios del Número y ayuntamiento, por los cuales percibía anualmente del Concejo la cantidad de cuarenta y 3 reales y treinta y tres maravedises vellón. Y el comentario es fácil. Nombraba libremente tan decisivos funcionarios y, además percibía  retribución por ellos, aunque fuera simbólica. Con la agravante de que el Concejo tenia que pagar salarios a dichos empleados.

El otro privilegio consistía en que para ordenar los aprovechamientos comunales, el Concejo tenía que ponerse de acuerdo con el mayordomo o casero de la Casa de Santa María; es decir, que el voto suyo valía tanto como el de todo el concejo, lo que hoy llamamos voto de calidad o mejor aún, veto.

LA MUERTE DEL REY Y SU TESTAMENTO

La Muerte

Siguiendo la sucesión natural de los hechos parece lógico que debíamos tratar primero el aspecto del testamento. Alteramos el orden anteponiendo la muerte, por considerar esta como hecho más relevante en la localidad para fijar de modo definitivo el suceso, desvirtuando así la leyenda que existía.

Cuando el Ministerio de Educación Nacional decretó en 8 de septiembre de 1950 la conmemoración del V Centenario del nacimiento de los Reyes Católicos, esta villa, que había presenciado la muerte del Rey don Fernando V quiso asociarse a los actos; pero se encontró con un vacío total de datos históricos ciertos. Le leyenda en Madrigalejo era que el Rey había muerto en el sitio llamado «La Cruz de los Barreros», a las afueras del pueblo, en el camino de Villanueva de la Serena, cuando le traían enfermo en andas para la Casa de Santa María. Era compartida la leyenda incluso por personas de cultura histórica. En los centros oficiales y culturales de la provincia se ponían en duda ya el hecho, y hasta los Mismos frailes del Monasterio de Guadalupe aran escépticos, llegando a formular la hipótesis de que la muerte había ocurrido en otra casa del Monasterio, que no era la de Madrigalejo.

En la Historia de España de don Ramón Menéndez Pidal, tomo XVII, que comprende el periodo de 1474-1516, la España de los Reyes Católicos, no se hace constar la muerte del Rey, cuando era lógico que con ella finalizara tan glorioso y largo reinado, omisión que fue luego subsanada en el prólogo del tomo XVIII. Parecía todo una confabulación para ocultarlo. Ante vacío tan grande, el Ayuntamiento y en su nombre loe señores Alcalde y Secretario, se propuso y consiguió reunir una autentica documentación. Del archivo del Monasterio de Guadalupe se obtuvo fotocopia del acta de la entrega de la muerte del Rey en Granada, en la que se hace constar, y lo juran, Juan Ramírez, Lugarteniente de Mayordomo de la Casa del Hoy, y Fray Antonio de San Gabriel, religioso de la Orden de los Jerónimos de dicho Monasterio y los Monteros que le acompañaron, que aquel era el cuerpo del Rey, y que lo rabian porqu ellos estaban con su vileza en Madrigalejo, donde falleció y le vieron poner en el ataúd. Y en el archivo municipal de la ciudad de Trujillo, en el libro de actas del Concejo consta que el día 26 de enero de 1516 se da cuenta que «el Rey don Fernando falleció en Madrigalejo, lugar y término de esta ciudad. En la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial se obtuvo copia también de una carta escrita en latín por Pedro Mártir de Anglería, Milanés, a Luis Marlio, físico y consejero del Emperador Carlos, dándole cuenta de la muerte del Rey, fechada en Guadalupe el día 23 de enero de 1516, en la que dice «que le había llevado la divina voluntad a morir… en Madrigalejo, aldehuela que en otro lugar te he descrito. En una casucha sin comodidades, no merecida de él, indispuesto se detuvo…».

Términos tan despectivos como aldehuela y casucha eran de un extranjero que vivía al amparo de la grandeza de la Corte; ya en aquellos tiempos se aprovechaba cualquier otro motivo para menospreciarnos.

También se obtuvieron datos en el mismo Monasterio de El Escorial de la colección de documentos inéditos, tomo 18, en los que están los anales Breves del reinado de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, que dejó manuscritos el Dr. don Lorenzo Galíndez de Carvajal, de su consejo y Cámara, según los cuales «el Rey partió de Plasencia y vino a Jaraicejo por la puente del Cardenal en andas; el día de Reyes lo pasó en Trujillo, y otro día sin más detenerse, con asaz dolor y pasión, partió y fue a La Abertura, donde estuvo cinco o seis días, y de allí fue a Madrigalejo, aldea de Trujillo», a la que debió llegar, según el P. Germán Rubio, hacia el 15 de enero o poco después. En consecuencia, el día 22 de enero, martes, por la tarde, otorgó testamento.

Después recibió los Santos Sacramentos, y por fin, después de media noche, entre una y dos de la madrugada del miércoles 23 de enero, día de San Ildefonso de 1516, expiró.

Y por último fue localizada una copia del testamento en la Biblioteca de la Casa de los Duques de Alba, familia amante de la cultura, que generosamente permitió obtener una fotocopia por mediación del Bibliotecario Superior de la del Real Monasterio de El Escorial, Rvdo. P. Luciano Rubio Calzón, con lo cual se cerró y completo la investigación documental que acredita el hecho cierto de la muerte del Rey don Fernando V «El Católico» en Madrigalejo, desvaneciéndose la leyenda para convertirse en hecho histórico.

Con la copia del testamento, la escritura de concordia de pleitos con el Monasterio de Guadalupe (documento más antiguo del Municipio que data de 1488) y el acta de la entrega del cuerpo del Rey en Granada, la Secretaría del Ayuntamiento formó un legajo encuadernado en piel repujada de estilo árabe, con estuche para su conservación y fue inventariado bajo la rúbrica de DOCUMENTO HISTÓRICO.

EL TESTAMENTO

Según la crónica de Galíndez de Carvajal, capitulo II, el Rey se resistía a recibir al confesor Fr. Martín de Matienzo, de la Orden de Predicadores, pero al fin algunas buenas personas, así criados cono otros que deseaban la salvación de su ánima, le apartaron de aquel propósito y el Espíritu Santo lo inspiró e hizo llamar una tarde a dicho confesor, y después recibió a su tiempo los Sacramentos, y de la confesión resultó que mando el Rey llamar al Licenciado Zapata y al Dr. Carvajal, sus relatores y referendarios y de su Consejo y de la Cámara, y al Licenciado Vargas, su Tesorero, todos del Consejo Real, a los cuales en gran secreto dijo que ya sabían cuanto de ellos había fiado en la vida, y de lo que le habían aconsejado siempre había hallado bien; que ahora en la muerte les rogaba y encargaba muy caramente le aconsejasen lo que había de hacer principalmente acerca de la gobernación de los Reinos de Castilla y Aragón, lo cual en el testamento que había hecho en Burgos había encomendado al Infante don Fernando, su nieto, que había criado a la manera y costumbre de acá, porque creía que el Príncipe Carlos, su nieto, no vendría ni estaría de asiento en ellos, a los regir y gobernar como era menester, y estando como estaba fuera de ellos, su gobernación por personas no naturales, que mirarían antes a su propio interés que no al del Príncipe ni el bien común de los Reinos. A lo cual fue respondido por los del Consejo, que su alteza sabia bien con cuantos trabajos y afanes había reducido estos Reinos en buena gobernación, paz y justicia en que estaban, y que asimismo su Alteza sabia que los hijos de los reyes todos nacen con codicia de ser reyes, y que ninguna diferencia cuanto a esto había entre el mayor y los otros hermanos, sino tener el primogénito la posesión, y que asimismo conocía la condición de los Grandes Caballeros de Castilla, que con movimientos y necesidades en que ponían a los Reyes, se acrecentaban, y que por esto les parecía dejar por Gobernador de los Reinos de Castilla al que de derecho le pertenecía la sucesión de ellos, que era el Príncipe Carlos, su nieto, porque no embargante que el Señor Infante don Fernando fuese tan excelente en virtudes y buenas costumbres, en quien cesaba toda sospecha, pero que siendo de tan corta edad como era, había de sor regido y gobernado por otros, de los cuales no se podía tener tanta seguridad, que puesto en la posesión y gobierno no desean movimientos y revoluciones para acrecentarse, y no podría haber seguridad bastante que esto excusase, sino dejando lo suyo a su dueño, y que esto era conforme a Dios y a buena conciencia y razón natural y a todo derecho divino y humano, y en que había menos inconveniente, que si se acordaba de lo pasado y de la dificultad y trabajo que él y la Reina Católica habían tenido en principio de su reinado para reducir estos reinos a su obediencia y devoción, conocería claro en cuánta ventura y discrimen quedaba todo, dejando por Gobernador al infante… «Oídas estas razones y otras que le fueron dichas al Rey, así llorando dijo que le parecía bien, y que ordenasen las cláusulas del testamento, y parecía que lo que él tenía ordenado primero en Burgos le debía del todo casar, que nunca pareciese, y escribir de nuevo el testamento, porque no pareciesen testigos de él ni se engendrase algún mal concepto…».

El P. Germán Rubio, en el trabajo ya citado dice: «Allí fue donde tuvo aquel último y famosísimo Consejo que, después de haberse confesado, celebró con los licenciados Zapata y Vargas, este su Tesorero y aquel, juntamente con el Dr. Carvajal, que también asistió a tan solemne acto, sus referendarios de Cámara y los tres de su consejo, saliendo de él la reforma del testamento del Rey, por el cual quedó a su nieto Carlos y no a don Fernando, como en anteriores testamentos había hecho. Gobernador de los reinos de Castilla, evitando de este modo innumerables trastornos y revueltas».

En el folio 29 del testamento -consta de 43- otorgado en Madrigalejo el 22 de enero de 1516, líneas 32 a 37, se lee:

«POR ENDE EN LA MEJOR VIA Y MANERA QUE PODEMOS E DEBEMOS DEXAMOS E NOMBRAMOS POR GOBERNADOR GENERAL DE TODOS LOS DICHO LOS REINOS Y SEÑORÍOS NUESTROS AL DICHO ILTMO. PRINCIPE CARLOS, NUESTRO MUY CARO NIETO, PARA QUE EN NOMBRE DE LA DICHA SERENÍSIMA REYNA, SU MADRE, LOS GOBIERNE CONFORME RIJA Y ADMINISTRE».

«Otorgado ante Miguel Velázquez Chimen, nuestro Protonotario, Secretario y Notario público por todos nuestros Reynos y Señoríos».

«Fueron testigos don Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla; don Bernaldo de Rojas y Sandoval, Marqués de Denia, Mayordomo Mayor; don Fadrique, Obispo de Sigüenza; Mosén Luis Sánchez, Tesorero General; Juan Velázquez, Contador Mayor; don Diego Sánchez de Calatayud, Camarlengo, y Mosén Martín Cabrero, Camarero y del Consejo de su Alteza».

QUEDO CONSOLIDADA LA UNIDAD NACIONAL

El Rey don Fernando V «El Católico», con el otorgamiento de su testamento en Madrigalejo, consolidó la unidad nacional.

Y la consolidó él solo, sin la compañía de la Reyna Isabel.

Y la consolidó en un acto heroico, en lucha con su conciencia ante la muerte, después de haber confesado y ante los razonamientos de su Consejo, el de los hombres íntegros que él sabía escoger para ayudarle a dirigir la política con visión universal.

Y la consolidó nombrando Gobernador General de todos sus Reinos y Señoríos a su nieto el Príncipe Carlos, pues con sólo haber dejado el de Aragón a su nieto preferido el Infante don Fernando se hubiere quebrado la unidad nacional.

Y la consolidó en la vertiente atlántica, la que desde España mira al Nuevo Mundo, en la tierra de los descubridores y conquistadores, porque sabía que una nueva era empezaba en España.

Y la consolidó en la Casa de Nuestra Señora de Guadalupe, en Madrigalejo, aldea de la ciudad de Trujillo, en contraste con el acto de la firma de las capitulaciones para organizar la expedición de Colón para el descubrimiento de América, que lo fue en el Real Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe.

Y la consolidó en Madrigalejo, aldea de menos de cincuenta vecinos, en la que apenas cabrían los caballeros y séquito de la Corte aquellos días.

Y el yugo y las flechas y las coyundas que utilizaron Isabel y Fernando como símbolo de su matrimonio y de la unión de los reinos de Castilla y Aragón cumplieron su cometido a la perfección, quedaron unidos todos los reinos de España, sin posible desunión.

LA CONMEMORACIÓN DEL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE LOS REYES CATÓLICOS

Ya hemos dicho anteriormente que el Ministerio de Educación Nacional, por Decreto de 8 de septiembre de 1950, decidió conmemorar el nacimiento de los Reyes Católicos – el de doña Isabel I de Castilla en Madrigal de las Altas Torres el día 22 de abril de 1451 y el del Rey don Fernando II de Aragón el 10 de marzo de 1458 en Sos del Rey Católico. Entre ambas fechas quedaba enmarcado posiblemente el nacimiento de don Cristóbal Colón, descubridor del Nuevo Mundo. Ante tal acontecimiento, el Ayuntamiento de Madrigalejo tomó el acuerdo de asociarse a los actos, por haber presenciado la villa la muerte del Rey el día 23 de enero de 1516, y en virtud de las gestiones realizadas, la Junta Ejecutiva del Centenario acordó incluir a Madrigalejo en la Comisión Nacional, en la persona del señor Alcalde don Francisco Gómez Lozano de Sosa. Entre los actos programados figuró el de restablecer la lápida que existió con la inscripción primitiva, cuyo texto daremos después.

El día 23 de enero de 1952 tuvieron lugar en este pueblo los actos conmemorativos, asistieron el Ilmo. Sr. Director general de Archivos y Bibliotecas don Carlos Sintes Obrador, en representación del Ministro de Educación Nacional; el Excmo. y Rvdo. Sr. Obispo de Plasencia, doctor don Pedro Zarranz y Pueyo; el Ilmo. Sr. Alcalde de Cáceres don Francisco Elviro Meseguer, en representación del Sr. Gobernador Civil; representaciones de los demás organismos oficiales y culturales de la provincia; los jueces, alcaldes y curas párrocos de la comarca, las autoridades locales y el pueblo en masa.

También una nutrida representación de la Comunidad Franciscana del Monasterio de Guadalupe.

Los actos consistieron en una función religiosa la víspera para recibir la Virgen de Guadalupe, peregrina para El Tepeyac, con Hora Santa y vela nocturna, y el propio día con inauguración definitiva de la Biblioteca Pública municipal, solemne funeral oficiado por el Rvdo. P. Bonilla y responso del Sr. Obispo; el descubrimiento de la lápida restablecida en la casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe y, finalmente, la despedida de la imagen de la Virgen que Extremadura regalara al Monasterio del Tepeyac, de Méjico.

La lápida restablecida es de mármol blanco y su texto es como sigue:

FALLECIO EL MUY ALTO Y PODEROSO REY DON FERNANDO EL V, DE GLORIOSA
MEMORIA, AQUI EN ESTA CAMARA DE MADRIGALEJO EN LA CASA DE NUESTRA SEÑORA SANTA MARIA DE GUADALUPE, MIERCOLES DIA DE SAN ILDEFONSO ENTRE LAS TRES Y LAS CUATRO DE LA MAÑANA, QUE FUERON VEINTITRES DIAS DEL MES DE ENERO DE MIL QUINIENTOS DIECISEIS.

El texto se tomó de la que copió Dormer en sus anales de Aragón, pág.3.

El señor Alcalde, en un documentado discurso, entre otras cosas dijo:

Que la Casa, si no era un palacio digno de los últimos momentos de tan gran Rey, no era tan humilde como habían dicho varios historiadores; que la Providencia quiso que esta humilde aldea de no más de cincuenta vecinos fuese escenario de la rectificación de conducta del Rey, anulando el testamento de Burgos y asegurando así la unidad nacional, conseguida a costa de tanta sangre vertida, y que Madrigalejo fuese la ultima Corte de aquel gran Rey.

Y en la alocución de despedida a la Virgen dijo: «Recibid, Señora, el adiós emocionado de Extremadura, de la que sois excelsa embajadora en el Nuevo Mundo». Y a continuación colocó una cinta en la bandera nacional que acompaña a la imagen con la inscripción siguiente: «EN MADRIGALEJO DESPIDE EXTREMADURA A LA VIRGEN DE GUADALUPE PARA EL TEPEYAC».

ESCUDO HERALDICO MUNICIPAL

El que se propone, sin pretender una descripción técnica, es como sigue:

Se organiza en dos cuarteles: El de diestra sobre campo de plata, un haz de nueve flechas, yugo y coyundas, y sobre todo ello, enlazado con las coyundas, un pergamino, en oro, entreabierto con escritura. El de siniestra, sobre campo de gules, castillo semiderruido, en oro. Orlado con franja azur y leyenda: DE ISABEL EL AMOR: DE FERNANDO LA UNIÓN. Al timbre, en oro, corona real de los Reyes Católicos.

EXPLICACIÓN DE LOS MOTIVOS

El castillo semiderruido, de estilo y origen árabe, propiedad de los poderosos Vargas de Trujillo, que mandó destruir la reyna Isabel en 1477, en el primer viaje que hizo por Extremadura para someter a la nobleza, significa: En primer lugar, JUSTICIA sobre los abusos que los nobles poderoso cometían en la comarca, para asegurar la paz y la convivencia, y en segundo lugar, afirmación de la autoridad de los Reyes y respeto a las leyes, germen de un Estado organizado, todo por AMOR A ESPAÑA.

El de diestra con el haz de flechas, el yugo y las coyundas significa que la unión hace la fuerza, EL TANTO MONTA, símbolo que adoptaron los Reyes Católicos al contraer matrimonio. Y el pergamino sobre todo ello, enlazado con las coyundas, es el testamento que otorgó el Rey en Madrigalejo, que significa la consolidación de la unidad Nacional, y como síntesis, orlándolo, la leyenda: DE ISABEL

EL AMOR: DE FERNANDO LA UNIÓN.

PETICIÓN A LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

Con ello considera la Corporación municipal de Madrigalejo haber cumplido suficientemente el trámite de explicación histórica de la localidad y propuesta para que la Real academia de la Historia pueda informar favorablemente el proyecto de ESCUDO HERÁLDICO MUNICIPAL, y para que se otorgue a esta población el título de VILLA.

Firmado: Waldo Rubio, Secretario Jubilado de este Ayuntamiento.

Oct 011977
 

Resúmenes 1977

ABAD PÉREZ, Antolín
«EXTREMEÑOS EN LA COMISARIA GENERAL DE INDIAS DE MADRID»

Para evitar equívocos, digamos que al hablar de Comisarios Generales existió una triple función, según el campo de afanes y área de ocupación; así podemos hablar con toda propiedad de Comisarios Generales de Indias en Madrid y Comisarios Generales de Méjico y Perú; en los tres cargos hallamos la huella de hijos de esta tierra y de todos ellos nos ocuparemos algún día, aunque ahora sólo miremos a los que desde San Francisco de Madrid tiraron de los hilos de la gran tramoya y lograron el despliegue misional de la Orden por las tierras de Ultramar; porque a ellos les estaban sometidos todos los misioneros de aquellas partes, incluidos los Comisarios de Méjico y Lima.

El Comisario de Indias en Madrid atendía a todos los problemas que planteaba la misión franciscana: reclutamiento, pasaje, manutención, ayuda, defensa, orientación, propaganda, informes y relaciones con la Corte y Roma; en Sevilla contaba con un ayudante, al que se le dio el cargo de vicecomisario general, que allí recibía a los misioneros, recogía sus cédulas, presentaba ante el Consejo de Indias, buscaba la tramitación de embarque y aviamento y los dirigía hasta sus puertos de destino en las Indias, como también los recogía al regreso de sus viajes y andanzas, velaba por su seguridad y persona ante los Consejos y los preparaba la documentación para el mejor logro de sus misiones hasta Madrid. Su importancia -la de la Comisaría de Indias- no tiene parangón con otra cualquiera; baste saber que tenían bajo su inspección y dirección una falange de 5.000 religiosos, aproximadamente, y que la epopeya misional franciscana, podemos decir sin exagerar, que ha sido la mayor en la historia de la Iglesia.

Misioneros y Comisarios Generales de Indias fueron: el P. Francisco de Guzmán, natural de Feria, cuyo mandato tuvo lugar entre 1572 y 1588; P. Antonio de Trejo, de la noble familia de los Trejos y Paniaguas de Plasencia, Comisario General de 1610 a 1613; P. Andrés de Guadalupe, de 1659 a 1951, y finalmente, el P. Juan Luengo, natural de Talarrubias.

ÁLVAREZ RUIZ, Fernando
«CRÓNICA EXTREMEÑA DE LA VÍA DE LA PLATA»

La romanidad de Mérida, es calzada, itinerario de piedra, tramos completos que sobreviven para arqueólogos y caminantes. Por los antiguos bosques de fresnos de la sierra de Fregenal, junto a murallones y picos de cuarcitas, se estiraba el camino de la Plata. Atrás, en la sierra de Aracena, la peña de Alejar (retiro de Arias Montano).

Por Fregenal, la «Concordia Julia Nertobrigensis» cruzan templarios donde tienen sede y maestre.

La Vía de la Plata, ha sido sin duda, camino de expansión para la historia, el arte, la cultura y costumbres extremeñas. Mérida, sede metropolitana, a principios del siglo XII, fue despojada por Diego Gelmírez, que traslada la antigua metrópoli emeritense a Santiago. La romanidad de la Vía de la Plata, ha hecho una monumentalidad extremeña, una idiosincrasia extremeña. Y de las obras hidráulicas, de los puentes romanos, de las cisternas, del lago de Proserpina, aquella diosa, hija de Júpiter y Ceres, que habitaba en un bosque sagrado en el confín occidental de la tierra, o sea, la Extremadura, de las leyendas de los dioses romanos, nacieron los dioses de la Conquista.

Entre la legión X Gemina del campamento de Norba, a la Orden militar de los Freires de Cáceres, hay sólo la proyección de un sentido jurídico y caballeresco de la guerra. De los frisos con sátiros y bacantes, de Ceres, la hija de Saturno, hermana de Vesta que adornaba el anfiteatro de Emérita Augusta, de la Estata Mater, la deidad romana del foro, se pasa a esa maravillosa iconografía mariana de la calzada romana de la Vía de la Plata.

AVILA RUIZ, Rosa María
«EL RETABLO DE LA MAGDALENA DE LA CATEDRAL DE BADAJOZ»

El Retablo de la Magdalena de la Catedral de Badajoz fue mandado hacer por el Obispo Marín de Rodezno en la última década del siglo XVII. Está situado en la primera de las capillas, que empezando desde la cabecera, corresponden a la nave del Evangelio.

Es un retablo barroco tallado en madera, que mide 6,58 m. de alto por 5,05 de ancho. Consta de una sola calle dividida en dos partes: cuerpo central y ático, claramente diferenciados por su decoración, estructura y temática. El cuerpo central está formado por una composición pictórica, mientras que el ático lleva tres esculturas representando a Cristo en la cruz, la Virgen y San Juan. Para contrarrestar la verticalidad del retablo, en la parte inferior se han colocado, a ambos lados, dos aletones (sic) bajo los que se encuentran el retrato del Obispo Marín de Rodezno (ala izquierda) y una inscripción a él dedicada (ala derecha).

Destaca en el cuerpo central, entre columnas salomónicas, un gran lienzo de la Magdalena penitente, que por su belleza y gran calidad compositiva, atrajo la atención de diversos autores, atribuyéndolos unos, como Ponz (1784), nada menos que a Van Dyck, y otros, como J. Ramón Molida (1907), a Mateo Cerezo, etcétera.

Sin embargo, nuestras Investigaciones han demostrado que se trata de un cuadro pintado por Antonio María Esquive], en 1833, como asegura la firma del pintor situada en el ángulo inferior derecho del lienzo, y han certificado los documentos encontrados en el Archivo de la Cátedra, de Badajoz. A juzgar por la data, tal vez sea este lienzo el más antiguo documentado del gran pintor andaluz.

Referencias: PONZ, A.: Viaje de España. Madrid (1784), t. VIII, Pág. 160.

BLANCO REY, Manuel
«UN OBISPO GALLEGO EN PLASENC1A: D. JUSTO RIVAS FERNANDEZ (1925-1930)»

Nace en San Pedro de Riotorto (Diócesis de Mondoñedo) el 3 de junio de 1873, de familia sumamente humilde. Es vocación tardía: Ingresa en el Seminario a los dieciocho años. Estos dos hechos harán que su formación literaria y gramatical se resientan durante toda su vida: Nunca llegó a hablar correctamente el castellano.

En el año 1900 es ordenado sacerdote, habiendo obtenido en todas y cada una de las asignaturas la calificación de «meritissimus». Tres años más tarde, consigue el título de Dr. en Teología y Lic. en Derecho Canónico, por la Universidad Pontificia de Santiago de Compostela.

El 31 de julio de 1922 es nombrado Obispo titular de Priene y auxiliar del Cardenal Arzobispo de Santiago de Compostela, D. José Martín de Herrera; días más tarde, el insigne purpurado le nombra Provisor, Vicario General del Arzobispado y Delegado General de Capellanías, Conmutaciones y Redenciones. A la muerte del Cardenal (8-XII-1922) es elegido por unanimidad Vicario Capitular. El Dr. Rivas queda electo pero no consagrado. En esta situación extraña permaneció, en Santiago, dos años largos sin poder recibir la ordenación episcopal hasta que por Real Decreto de 21-X-1924 fue nombrado por S. M. el Rey, Obispo de Plasencia, habiendo sido preconizado, por Pío XI, para la misma sede en el Consistorio de 18 de diciembre. Recibe el episcopado el 26 de julio de 1925, en Santiago, de manos del nuncio apostólico Monseñor Tedeschini, auxiliado por los Obispos de Mondoñedo y Lugo. El 20 de enero de 1925 el Vicario Capitular de Plasencia, Dr. Francisco Javier Flórez Gómez, anuncia a todos los diocesanos la noticia de la preconización del Dr. Rivas para la sede placentina. Sucede en esta silla episcopal al prestigioso D. Ángel Regueras López.

Hace su entrada en la diócesis el 13 de septiembre de 1925. Su pontificado placentino, de corta duración, impresionó a todos por su sencillez, bondad y espíritu de trabajo. La muerte le sorprende en Santiago, el 16 de julio de 1930. Contaba cincuenta y siete años y se disponía a participar y solemnizar, con su presencia, las fiestas jacobeas. Está enterrado en la Catedral Metropolitana de la Ciudad del Apóstol.

BUENO ROCHA, José
«LA TORRE DE LA CASA QUEMADA DE CÁCERES»

La torre de la llamada «Casa quemada», junto a la de Carvajal, merece un estudio por sus características, muy diferentes de las demás torres cacereñas. Ni las torres del recinto amurallado ni las de las casas señoriales tienen semejanza con la que nos ocupa.

La torre es cilíndrica, sin almenas, dotada de tres ventanas de distinto estilo y una aspillera. La ventana más característica es la que se abre al N., sin adornos, pero con un arco de herradura realizado en un solo sillar. El aparejo de la torre es de sillarejo de cuarcita.

La torre ha sido definida como «indudablemente árabe», opinión autorizada aunque emitida de modo sumario sin aducir razones específicas para tal atribución.

Esta torre cilíndrica exenta no tiene paralelos en la región, aunque sí antecedentes en la torre romana del NE. del recinto amurallado que es casi exenta. Por su aparejo es semejante a lienzos de muralla cacereña considerados como «visigodos». Es esencialmente diferente a las torres almohades de planta cuadrada y octogonal.

Su ventana de arco ultrasemicircular tiene grandes semejanzas con otras de época visigoda de la segunda mitad del siglo Vil (Sta. Olalla en la Aldehuela de Cáceres), sin que existan modelos árabes paralelos.

Conclusiones: La torre es un ejemplar único en su género de la Alta Edad Media en la región extremeña. Cronológicamente hay que situarla provisionalmente en un amplio espacio de tiempo de trescientos años (mediados del siglo IX a mediados del XII). Estilísticamente hay que identificarla como mozárabe, obra de mozárabes o muladíes de la comarca cacereño-emeritense.

CALLEJO SERRANO, Carlos
«OMISIONES Y ERRORES EN EL MAPA PROVINCIAL DE CÁCERES»

Con mucha frecuencia las publicaciones turísticas, guías o mapas ‘de carácter oficial que publican los organismos del Estado contienen errores de mayor o menor importancia, que los deslucen en mayor o menor grado, errores generalmente debidos a estar elaboradas dichas publicaciones en la capital de la nación o por oficinas centrales, sin haber previamente hecho consulta a los elementos que, por radicar en el territorio provincial, podían suministrar datos fidedignos.

En 1973 fue confeccionado y poco más tarde puesto a la venta un mapa de gran tamaño de la provincia de Cáceres a escala 1:250.000 y a todo color, con lujo de medios técnicos verdaderamente extraordinario y que resulta el más completo y detallado y con mucho el mejor de cuantos se han publicado sobre el territorio provincial. En esta obra, y según reza al pie de la cartela, fueron efectivamente colaboradores gran número de entidades provinciales, con la lamentable preterición de la veterana y -en el pasado al menos- muy eficaz Comisión Provincial de Monumentos. El resultado es que este magnífico mapa tiene lamentables y sustanciales fallos en tan importante parcela como es la visión monumental de la provincia de Cáceres.

En el presente trabajo se mencionan las más salientes omisiones de que el mapa adolece en lo que se refiere a monumentos artísticos o pictóricos. Por ejemplo: han dejado de señalarse el emplazamiento actual del Pórtico curial romano de Augustóbriga; el también trasladado de sitio puente romano de Alconétar y la importantísima Cueva de Maltravieso, estación paleolítica junto a Cáceres, todos ellos monumentos nacionales. Tampoco figura nada menos que el conjunto histórico-religioso de Monfragüe, donde se citan un castillo de Templarios, una ermita con veneradísima imagen y una cueva con pinturas rupestres. Faltan castillos perfectamente accesibles como Seguras, Arguijuelas de Arriba y Blasco Muñoz; ermitas conocidísimas como Ntra. Señora del Prado, Sopetrán en Jarandilla, Santa Lucía y Santa Olalla, al sur de Cáceres, etc.

CANDEL CRESPO, Francisco
«DON ARIAS GONZÁLEZ GALLEGO (1500-1575)»

Natural de Jerez de los Caballeros. Obispo de Gerona y Cartagena. Padre en el Concilio de Trento

Este ilustre y casi desconocido extremeño, es otro de aquellos Obispos del Siglo de Oro español que intentaron llevar a sus diócesis y aún a sus mismas vidas la letra y el espíritu del Concilio tridentino.

Nacido en Jerez de los Caballeros, al parecer de noble familia, Licenciado en ambos Derechos, ocupa el importante cargo de Inquisidor de Aragón.

Consagrado Obispo para Gerona en la Seo de Zaragoza, el 31 de mayo de 1556 por el Arzobispo de Zaragoza y Virrey de Aragón, Don Hernando de Aragón, nieto del rey don Fernando el Católico, hace su entrada en Gerona el 18 de noviembre.

Asistió a la tercera convocatoria del Concilio tridentino, siendo calificadas sus actuaciones como de «doctas y piadosas»; como tal Obispo de Gerona suscribe las actas del Concilio «propria manu»… Regresando a Gerona intenta con todas sus fuerzas imponer el espíritu post-conciliar, desterrando ciertas prácticas supersticiosas y costumbres menos dignas que arrancaban, sin duda, de la Edad Media.

También asiste por aquellos días (1564) al Concilio tarraconense. Trasladado a la diócesis de Cartagena, en 1565, sigue su misma línea de conducta pastoral celebrando cuatro Sínodos diocesanos, efectuándose durante su pontificado varias fundaciones religiosas.

Como verdadero hombre de leyes da nuevas Constituciones al Convento de Monjas Justinianas de Madre de Dios de Murcia, adaptando las primitivas al espíritu de Trento. Después de larga enfermedad, fallece en ‘Murcia el 28 de abril de 1575 mandándose sepultar, modestísimamente, en la Iglesia del Convento de Madre de Dios al que nombra heredero de sus escasos bienes. Desaparecidos iglesia y convento en 1936, perdura la fama de austeridad y virtudes de este Obispo netamente tridentino.

CÁRCEL RAMOS, Adelaido
«OBISPOS VALENCIANOS EN EXTREMADURA»

Don Luis Crespí de Borja nació en Valencia el año 1607, de familia noble. Doctor en Teología, obtuvo una pabordía en la catedral de Valencia con cátedra en su Universidad. Gozó de fama como hombre docto y virtuoso, contribuyendo a la fundación en Valencia del Oratorio de San Felipe Neri. En 1651 fue nombrado Obispo de Orihuela, pasando en 1658 a la diócesis de Plasencia. Falleció en Noves cuando se dirigía a Madrid el 19 de abril de 1665.

Don Joaquín Hernández Herrero, hijo de familia humilde, nació en Alpuente (Valencia) en 1808. Estudió Filosofía y Teología en la Universidad de Valencia, ordenado de presbítero en 1833. Fue párroco del Salvador y penitenciario de la catedral de Valencia, Obispo de Badajoz en 1864, pasando a la diócesis de Segorbe en 1866, donde falleció en 1868.

Don Ramón Peris Mencheta nació en Valencia en 1851. Doctor en Filosofía y Teología por su Universidad Pontificia, presbítero en 1876, fue beneficiado, canónigo y arcipreste de la Catedral hasta 1894 en que fue nombrado Obispo de Coria, donde falleció en 1920.

Don José M. Alcaraz Alenda nació en Aspe (Alicante) en 1877. Estudió en los seminarios de Orihuela y Roma, donde se doctoró en Filosofía y Teología; presbítero en 1901, fue nombrado penitenciario de Orihuela y secretario de cámara del obispado hasta 1930 en que fue nombrado Obispo de Badajoz, ‘donde falleció en 1971.

Don Manuel Llopis Iborra nació en Alcoy (Alicante) en 1902. Estudió en el seminario de Valencia donde se licenció en Teología y fue colegial del Patriarca. Ordenado de presbítero en 1928. Ha sido capellán del Santo Sepulcro de Alcoy y en 1942 párroco del Santo Ángel Custodio de Valencia, hasta 1950 en que fue nombrado Obispo de Coria. Habiendo dimitido en 1977, reside actualmente en Moneada (Valencia).

Don Antonio Vilaplana Molina nació en Alcoy (Alicante) en 1926. Estudió en los seminarios de Valencia y Roma, donde se doctoró en Teología. Ha sido profeso» de Dogma en el Seminario, canónigo magistral y colegial perpetuo del Patriarca hasta su nombramiento para la sede episcopal de Plasencia, en 1976, que sigue gobernando.

CARVAJAL GALLEGO, José
«EL POLIFACÉTICO, DON CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA»

No intentamos contar su vida, esa vida que inesperadamente un día se quebró… Nos fijaremos y diseñaremos las fases más marcadas. Queremos sea una especie de memoria de su vida, por ello prescindimos de otros aspectos menos interesantes y destacar más bien su perfil humano y sacerdotal. Llama la atención su espíritu de iniciativa, quizás lo más original en él, y sobre todo su tenacidad para realizarlas y llevarlas a la práctica. No había problema pastoral que no detectara con esa sensibilidad tan exquisita que le caracterizaba. Enamorado de las clases humildes, les ayudaba a ir hacia adelante y a abrirse camino en la vida a cuantos estaban a su alrededor.

«Seriedad en todo. En su correspondencia, en su trato. Jamás una carta sin contestar, jamás una cita a la que no acudiera. Todo en orden y a su tiempo. Daba gusto colaborar con él por eso. Y al mismo tiempo, esa seriedad unida a una humanísima comprensión. Bastaba darle unas explicaciones para desarmarle por completo y hacer que se le pasara el enfado que hubiera podido tener por alguna informalidad que le hiciésemos. Pulcro, sin afectación ninguna. Lleno de detalles de buen gusto en su casa, en el membrete de sus cartas, en el obsequio que hacía a un amigo. Cordial, afectuoso, pero enteramente alejado del empalago. Viril, pero no brusco. Era generoso. Exigía, pero sabía corresponder.» Así lo retrata uno de sus íntimos colaboradores. Todo ello exponente de lo que vamos a tratar aquí.

No podemos prescindir al narrarlo, aunque nada más sea sucintamente, poner una palabrita sobre sus primeros años, seminario, Roma, Toledo, Granada… Su incorporación al seminario como profesor y sus creaciones de «Liturgia», «Incunable», «Remanso», «P. P. C.», etc.

Bien puede aplicársele lo del autor sagrado: «Llegado en poco tiempo a la perfección, vivió una larga vida. Pues su alma era grata al Señor; por ésto se dio prisa a sacarle de en medio de la maldad.» (Sab. IV,13-14.)

DIEGUEZ LUENGO, Elías
«CUADERNO AUTOBIOGRÁFICO DE DON JOSÉ DE VIU, AUTOR DE LA OBRA «EXTREMADURA. COLECCIÓN DE SUS INSCRIPCIONES Y MONUMENTOS». 1852

La existencia en Valencia de Alcántara del archivo de don José de Viu proporciona material abundante para la biografía del autor de la primera obra sobre nuestras inscripciones y monumentos.

Don José de Viu murió en Valencia de Alcántara, donde vivió los últimos años de su vida.

DONATO BÚA, Salvador
«PLEITO ENTRE PUEBLOS DE CÁCERES Y SALAMANCA SOBRE PROPIEDAD DE UNA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE LA PEÑA DE FRANCIA»

Documentación del Archivo Histórico Diocesano de Santiago de Compostela.

FERNANDEZ SERRANO, Francisco
«ALGUNOS CARMELITAS DESCALZOS DE EXTREMADURA»

Teresa de Ahumada, Teresa de Jesús, Santa Teresa, pocas relaciones mantuvo con Extremadura en vida. Becedas, Guadalupe y Trujillo la recuerdan.

Sus monjas fundaron en PLASENCIA (1628), TALAYERA LA REAL (1637) FUENTE DE CANTOS (1652), ZAFRA {1704), BADAJOZ (1733) y DON BENITO (1833). Sus hijos llegaron a LAS BATUECAS en 1602, y a ZAFRA en 1909. He aquí algunos varones ilustres Carmelitas Descalzos, nacidos en Extramadura:

Agustín de la Santísima Trinidad, de FREGENAL DE LA SIERRA 1676,

Alonso de la Madre de Dios, de BROZAS, promotor de Las Batuecas.

Ernesto de la Virgen del Carmen, de TORREJON EL RUBIO. Vivía en Cuba, 1953.

Florentino del Sagrado Corazón, de BERZOCANA, asesinado en Madrid, 6-X-1936.

Gabriel de Jesús, de JARAICEJO, escritor prolífico en 1949.

Gregorio de San Joaquín, de ZALAMEA DE LA SERENA, Genera] de la Orden +1788.

Ildefonso de los Ángeles, de CECLAVIN, autor de los tomos V y VI del Curso de Moral de los Salmanticenses 1737.

Juan Castro Carrasco, de MONTANCHEZ, prior de Bolarque, en 1835.

Alvaro Agustín Liaño, de BARCARROTA, que salió de la Orden y de la iglesia católica en la juventud, fue bibliotecario en Berlín, y, a la postre, reingresó en el catolicismo, en 1832.

Basta un ramillete de nombres, par ver cómo la semilla teresiana arraigó también en Extremadura y produjo sus frutos de santidad, de sabiduría, de ejemplaridad, y hasta su oveja negra, como cualquier otro redil.

FERNANDEZ SERRANO, Francisco
«EN EL CENTENARIO DE UNA MAESTRA NACIONAL. UNA ESCRITORA DE GARCIAZ»

Dominica Palacios Lozano nació, y murió, en Garciaz (Cáceres) 1876-1963. No fue ni pretendió ser:

  1. Pedagoga -helenismo grato para resabidos pedantescos.
  2. Profesora de Educación General Básica -invención modernísima autorizada por el ministro Villar Palasí.
  3. simple maestra de niñas, como en los siglos pasados.

Fue en cambio:

  1. Hija de familia. Sus padres, Ildefonso y Rosalía, vecinos modestos de Garciaz.
  2. Hermana mayor de un varón, y de otras tres hermanas.
  3. Esposa única de don José Gallardo Rico, también Maestro Nacional, nacido en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) pero afincado y fallecido en Garciaz, 1941.
  4. Cruz de Alfonso X el Sabio, por Orden ministerial del 3-X1I-1953.
  5. Escritora modesta de la que nos quedan a) impresa, una descripción de Garciaz, intitulada «El Reino de Extremadura» e impresa en Sobrino de Benito Peña de Trujillo, después de 1941, pero sin año expreso, y b) unas cuartillas que leyó en la escuela el día de su jubilación forzosa y legal.
  6. Fue, sobre todo, Maestra Nacional: año y medio en ALIA, tres años en CAÑAMERO, y 41 años en su mismo pueblo natal de GARCIAZ. Tres generaciones de mujeres recibieron en su escuela, única para niñas en la población, como única para niños era la de su esposo, don José Gallardo Rico, lo que modernamente se ha llamado Educación General Básica: aquel saber leer, escribir, y contar -por lo menos, las cuatro reglas- que sacaban a los niños de la plaga general del analfabetismo.

Así el matrimonio de Maestros Nacionales, a quienes Dios no concedió hijos, y tuvieron pocos sobrinos, se convirtieron espiritualmente en patriarcas de todo un pueblo.

GARCÍA CUADRADO, Nazareth
«UNA SANTA EXTREMEÑA, PATRONA DE ASTURIAS»

La resonancia del martirio de Santa Eulalia de Mérida, en una región, tan alejada geográficamente, como Asturias, es tanta, que 48 parroquias están bajo su advocación, así como numerosos lugares, pueblos, caseríos, e incluso un concejo. Además de ser patrona de la Diócesis de Oviedo y de todo el Principado. El cuerpo de Santa Eulalia fue traído, como preciada reliquia, por los guerreros astures de una incursión contra los árabes.

A ella le fueron dedicadas iglesias, capillas, ermitas… Algunas de las cuales tienen mucho interés, como ocurre con la de Santa Eulalia de Abamia, muy cerca de Cangas de Onís. Esta iglesia se dice que es obra de don Pelayo, y que allí estuvo su tumba y la de su mujer, antes de enterrarle definitivamente en Covadonga, según una inscripción en uno de los sepulcros. A pesar de estar en ruinas muchos investigadores se refieren a ella por su gran valor artístico.

La iglesia de Santa Eulalia de Lloraza, en Villaviciosa, está muy bien conservada. Es románica, del siglo XII, y en los capiteles y ménsulas hay representaciones de figuras humanas, animales y vegetales.

Otras muchas iglesias eulalienses son las de Luarca, de Morcín, de Baldornón (Gijón), de Ujo, de La Manzaneda… hacia las que la devoción hace que acudan las gentes, cada 10 de diciembre para celebrar la fiesta de «Santulaina», como la llaman, cariñosamente, en bable los asturianos.

GARCIA-MURGA ALCÁNTARA, Juan
«LA IGLESIA DE SANTA MARÍA, DE GUAREÑA, EN LA ARQUITECTURA EXTREMEÑA DEL SIGLO XVI»

I.-El plateresco en Extremadura. Influencias:
a) El foco de Burgos.
b) El plateresco del centro de la península
c) El plateresco de Andalucía.
d) Influencias del característico arte portugués.

II.-La ciudad de Guareña.
Emplazamiento de la iglesia de Santa María.

III.-Breve descripción de la iglesia de Santa María de Guareña.

IV.-Puesta en conocimiento y valoración del monumento.

GARCÍA SÁNCHEZ, Francisco
«ERMITAS METELLINENSES»

  1. Ermita de los Santos Mártires.
  2. Ermita de San Raimundo.
  3. Ermita de San Pablo.
  4. Ermita de San Miguel.
  5. Ermita de san Blas.

GÓMEZ Y GÓMEZ, José
«PINTURA MURAL, TRADICIÓN Y MANIFESTACIÓN DE FE»

GONZÁLEZ RAMOS, Vicente
Recuerdos «REYES HUERTAS: EL SENTIDO DE LA MEDIDA»

Ser cacereño es para mí un honor. En el Colegio de Santa Cecilia de las Hermanas Carmelitas de la capital de la alta Extremadura hice mis estudios primarios. Allí conocí a un hijo del eximio novelista don Antonio Reyes Huertas. Se llamaba igual que él. Dios quiso segar su vida prematuramente. Tan fuerte se anudó el afecto que llegué a ser su mejor amigo. Corriendo los años, don Antonio, con una generosidad que estaba lejos de merecer, quiso expresarlo, afectuosísimamente, en la dedicatoria que me escribió en un ejemplar de su novela «LA CANCIÓN DE LA ALDEA», editada como homenaje de las dos provincias extremeñas a su gran cantor: «A Vicente González Ramos, que ya no es una promesa sino una realidad en la cosecha de frutos literarios extremeños. Con el afecto entrañable a través del hijo querido y muerto, su mejor amigo, Antonio Reyes Huertas. Mayo, 1952.»

La amistad con el hijo y el hecho de ser mi padre practicante de don Antonio, determinaron mi encuentro con la valiosa personalidad que había de ser mi entrañable maestro de periodismo. Como conocía mis aficiones, me llamó y propuso que entrara como reportero en el diario «HOY», del que él era Corresponsal-Delegado en Cáceres. Acepté con muchísima ilusión. Comencé a trabajar en seguida, haciendo diferentes informaciones de calle y centros oficiales.

Era yo entonces un muchacho que empezaba a vivir. Tenía mucho que aprender. De la vida y del periodismo. En efecto, aprendí provechosamente al lado de don Antonio. Una de sus mejores enseñanzas fue la que se resume en la frase de la Moral: «Favores sunt ampliandi et odia restringenda.» Me enseñó que, sin incurrir en lisonjas -de las que debe huir el periodista- ni quebrantar, tampoco, la libertad profesional, no hay nadie que se moleste por excederse algo en un elogio, ya que la vanidad humana es cosa corriente. Por el contrario, la censura y la crítica, aunque sean leves y bien intencionadas, siempre molestan al hombre. Por ello y por otras razones, el periodista debe estar adornado de un gran sentido de la ponderación y la medida. ¡Magnífica lección valedera para los periodistas y el Periodismo de todos los tiempos y países! Ese sentido de la ponderación y la medida lo tuvo en grado eminente Reyes Huertas. Quienes hayan leído sus escritos y artículos podrán comprobarlo, valorarlo y admirarlo. Ni adulador ni ofensor de nadie, la Verdad y la Justicia, aunque él no fue noble de sangre ni heredó heráldicos blasones, presidieron siempre -como destacadas insignias o inquebrantables lemas -su ideal escudo profesional.

GUERIN BETTS, Patricio
«JOVELLANOS, ALCANTARINO»

Alcántara es un municipio de la provincia de Cáceres. Por eso son alcantarinos en rigor los naturales y vecinos de él ,pero Alcántara no es sólo eso. Es el lugar de donde tomó nombre una ínclita Orden de Caballería y así, no por mera tautología sino por profunda relación espiritual, quedan vinculados a Alcántara los que lo están a dicha Orden. Entre éstos, que han sido numerosísimos, uno de los más distinguidos fue Gaspar Melchor de Jovellanos. Fue admitido en la Orden en 1780. Le había precedido el padre de su abuelo materno en el siglo XVII.

De su gran amor y solicitud por la Orden nos informa el historiador y contemporáneo de Jovellanos, Fray Roberto Muñiz.

Trataremos, pues de exponer quien fue este insigne varón. Muchísimo se ha publicado sobre él, pero nos fundaremos, sobre todo, en el amplio expediente de ingreso en la Orden que se conserva original en el Archivo Histórico Nacional.

Jovellanos nació en Gijón el 5 de enero de 1744. Falleció en Vega en 1811. Tuvo muchos contratiempos y algunos triunfos. Los tiempos eran muy difíciles. De todos modos por su ánimo inquebrantable, su profunda religiosidad y su inveterado hábito de trabajo legó gran tesoro de máximas y enseñanzas a la posteridad. Uno de sus biógrafos es Constantino Suárez en su Diccionario de Artistas y Escritores Asturianos.

HURTADO DE SAN ANTONIO, Ricardo
«NUEVO CAPITULO PARA ESTUDIO DE LA ROMANIZACIÓN EN LA PROVINCIA CACEREÑA»

Si por fuente histórica, en general, entendemos todo material que puede utilizarse para realizar la labor de síntesis histórica, es indudable que la Historia Antigua para lograr un universalismo y una composición unitaria del quehacer huma no ha de apoyarse en un complejo abundantísimo de fuentes: ciencias básicas, ciencias instrumentales, ciencias ajenas y ciencias auxiliares. Entre estas últimas, la Epigrafía -con todas sus limitaciones- merece un lugar destacado y fundamental en el conocimiento de nuestro pasado histórico, sobre todo cuando los testimonios literarios nos niegan casi todo detalle. Un epígrafe, de manera directa interesa a la Epigrafía, pero afecta también a la Arqueología, a la Filología y a ciencias ajenas como son: el Derecho, la Religión, la Economía y la Sociología.

Empeñados en hacer un trabajo -ya iniciado- sobre la romanización en nuestra provincia, aportamos a estos «Vil Coloquios Históricos de Extremadura» el estudio de un ara romana inédita descubierta en Arroyo de la Luz y celosamente guardada por el Sr. Arcipreste, quien nos ha dado las máximas facilidades para su examen y publicación. Aún cuando el valor de la Epigrafía se apoya en seriaciones y corpora, hemos atribuido al ara descubierta en Arroyo de la Luz el título que encabeza este resumen porque en toda inscripción hay un intento de perdurabilidad y recuerdo y cuando merece ser grabada en piedra es porque existió una voluntad de publicidad local por parte del oferente, lo cual nos hace avanzar en el conocimiento zonal de determinadas áreas provinciales.

Nuestra conclusión es que incluso en las zonas más reacias a la romanización, hubo núcleos que aceptaron la cultura y formas romanas, dejándonos testimonios de ello tales como este ara en honor de los lares y nombres tan sonoramente romanos como Victoria.

LÓPEZ VALCARCEL, Amador
«DOS BIOGRAFÍAS LUCENSES DE FR. JUAN DE LA SERENA, NATURAL DE CABEZA DEL BUEY (BADAJOZ)»

La primera es obra de don Inocencio Portábales Nogueira, y se guarda inédita en el archivo diocesano de Lugo. La segunda fue publicada en 1946 dentro de la «Gran historia del episcopado gallego», que tuvo por autor al padre franciscano Manuel R. Pazos. Y porque las dos se complementan, bien pueden figurar en los «VII Coloquios Históricos de Extremadura».

Don Inocencio Portábales Nogueira había nacido en Maside, provincia de Orense, el año 1858; fue profesor en el seminario diocesano de Orense, y en 1896 vicario general, provisor, y dignidad de arcipreste en la S. I. Catedral de Plasencia, durante la última época del pontificado de don Pedro Casas y Souto. Desde 1907 hasta su muerte, ocurrida en Lugo el 4 de julio de 1923, por haber permutado con don Manuel Prieto Martín, fue arcipreste de la catedral de Lugo. También en esta última diócesis compartió los afanes de la investigación histórica, galardonada en 6 de noviembre de 1914 con el nombramiento de Académico Correspondiente en Lugo de la Real Academia de la Historia, con las tareas del gobierno en la curia diocesana: Examinador y juez prosinodal, vocal eclesiástico de la Junta Provincial de Beneficencia; vicario general de los obispos don Manuel Basulto Jiménez, martirizado en Paracuellos el año 1936, y de fr. Plácido Ángel Rey Lemos, franciscano lucense.

Publicó los siguientes libros, algunos referidos directamente a historia de la diócesis placentina: El coro de la catedral de Lugo.-Historia Eclesiástica en tres tomos.-Monografía del misal incunable de la catedral de Orense.-Manual de gobierno de las monjas y religiosas de España.-Crónica de la peregrinación de Lugo a Tierra Santa, y la Vida y Pontificado del limo. Sr. D. Pedro Casas y Souto, Obispo de Plasencia.

Dejó también manuscritos una serie de datos sobre el cabildo y la catedral de Lugo con el título de «Abecedario de la catedral», que ahora se agrupan en ocho volúmenes con un conjunto de 2.764 cuartillas, del que se ha copiado la primera biografía, inédita de fr. Juan de la Serena, Obispo de Lugo desde el 22 de octubre de 1643 al 12 de enero de 1646.

LOZANO MATEOS, Jesús
«FUENTE DEL MAESTRE EN LA HISTORIA. APUNTES BIOGRÁFICOS DE FONTANESES ILUSTRES»

LOZANO RAMOS, José
«PEQUEÑAS BIOGRAFÍAS DE TRESCIENTOS PERSONAJES TRUJILLANOS»

Una ciudad es, en cierto modo, lo que sus habitantes son o quieren que sea. Pero esto no debe entenderse referido solamente a la generación viva en un cierto momento. En una ciudad han existido, generalmente, ciertos personajes que, de una manera o de otra, le han dado talante e historia. Su número es particularmente amplio en el caso de Trujillo.

Hemos querido trazar unas brevísimas biografías de trescientos personajes trujillanos que, por una u otra causa, han sido famosos o, al menos, que llamaron la atención de sus contemporáneos o de escritores, periodistas, etc., posteriores. Sería imposible citar en este pequeño resumen a todos estos personajes. Al lado de figuras casi fabulosas, militares como Pizarro y sus hermanos, Francisco de Orellana; los García de Paredes, padre e hijo; Alvaro Pizarro; cardenales, como Cervantes de Gaete y Juan de Carvajal, arquitectos, como Becerra; aparecen personajes más humildes, como la ejemplar María, la Viuda, el soldado Sanabria, famoso por una cuarteta, Francisco de Godoy, que escribió un libro sobre el arte de lidiar toros, o pintores como Pizarro y Bermudo. Precediéndoles, cronológicamente, los moros trujillanos, Abou-Djafar-lbou-Aroum, médico y, según algunos, maestro de Averroes, y el poeta Abu-Mohamed-Abdala.

Es claro que, en este caso, «son todos los que están», aunque, evidentemente, no podemos afirmar que «están todos los que son».

MARTÍN DE HIJAS Y LUENGO, Eduardo
«DON LORENZO IGUAL DE SORIA Y MARTÍN DE HIJAS, GRAN OBISPO EXTREMEÑO»

Pretendemos hacer con este trabajo una semblanza biográfica del ilustre Obispo que dé a conocer a grandes rasgos su vida, y popularice y airee su figura. Hablaremos de su nacimiento, en agosto de 1746, en el pueblo cacereño de El Gordo, que por aquel entonces era uno de los anexos de la ya desaparecida villa de La Puebla de Nadados, en la comarca del Campo Arañuelo. De sus antecedentes paternos en aquel pueblo y de los maternos en la vecina villa de La Calzada de Oropesa, «puerta de Extremadura», como la definió don José Carvajal en este mismo lugar el año pasado. De sus estudios en Alcalá. De los importantes cargos que en esta histórica ciudad y en la Corte fue ocupando a medida que avanzaba su vida: Catedrático de la Universidad, Vicario General, Canónigo de la Magistral, Capellán Mayor de la misma. Vicario Eclesiástico de Madrid, Inquisidor, miembro de la Santa de la Caridad de la Corte, Párroco de S. Ginés… El 12 de septiembre de 1795 fue presentado para el Obispado de Pamplona en cuya sede permaneció hasta 1803 en que fue promovido al de Plasencia. Vuelve así Lorenzo a su tierra natal extremeña. A la faceta cultural y a la religiosa hay que añadir ahora la patriótica. Hablaremos de su éxodo por los pueblos cacereños perseguido por los franceses: Talaván, Serradilla, Torrejón, Monroy, Villa del Campo, donde estuvo a punto de ser fusilado, logrando escapar y refugiarse en Ciudad Rodrigo. La última etapa es la del Cádiz de las Cortes a las que asiste como diputado por Toledo. Y en la villa de La Calzada falleció en 1814 cuando regresaba a su Diócesis de saludar al Rey, enterrándose en la capilla del Rosario de la Iglesia de esta villa. Hablaremos también de sus hermanos y de los descendientes que dejaron. Y de otras curiosidades con él relacionadas: los religiosos de la familia, en tradición que continúa: la propagación del nombre de Lorenzo; sus retratos que conocemos; de su bargueño-escritorio, que aún se conserva; del origen y razón de la popular redondilla que ha corrido por los más cercanos seminarios hasta nuestros días:

Para perpetua memoria de los siglos venideros dejó a los curas en cueros Don Lorenzo Igual de Soria.

MARTÍN VIZCAÍNO, José
«MONSEÑOR ILDEFONSO PRIETO LÓPEZ, ILUSTRE SACERDOTE PLACENTINO»

Nació en Casas del Monte (Cáceres), 28 octubre 1903. A los nueve años ingresó en el colegio benéfico-docente de huérfanos del Marqués de la Constancia; después en el seminario diocesano, y posteriormente pasó al Colegio Español de Roma. doctorándose en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico.

En 1927 recibió las órdenes sagradas de manos del cardenal Merrv del Val, y regresó a Plasencia donde fue: Profesor en el Instituto de E. M. «Gabriel y Galán», catedrático y prefecto de estudios del seminario diocesano; canónigo doctoral en la S. I. Catedral; provisor, vicario general, visitador episcopal, y gobernador eclesiástico de la diócesis.

Desde 1931 organizó varias ramas de la Acción Católica, y fundó en 1946, el periódico «Llama», que alcanzó enorme difusión entre las asociadas.

Cuando preparaba en Plasencia una Casa de Ejercicios Espirituales, le llegó el nombramiento de auditor del Tribunal de la Rota Española, y de Prelado Doméstico de Su Santidad.

Situado en la Rota de Madrid, simultaneó con sus trabajos jurídicos, otros apostólicos: consiliario de las jóvenes de A. C. de San Ginés; consiliario del Hogar Extremeño, a la muerte del famoso jesuita P. Bayie; director espiritual de la Cofradía de la V. del Puerto -institución de Plasencia en la capital de España- y con José Montero Neria redactó los Estatutos de la misma.

Es autor -aunque se ocultó en el anonimato a veces- de obras de derecho canónico, ascética, y biografías.

El 14 de diciembre de 1955, fecha de su muerte, edificante y santa, seré siempre de triste memoria para sus amigos y paisanos.

MARTÍNEZ DÍAZ, Tomás – E.
«MERIDA. PENSAMIENTOS BAJO EL PUENTE»

MAZO ROMERO, Fernando
«LA INTERVENCIÓN DEL SEGUNDO CONDE DE FERIA EN LA GUERRA DE SUCESIÓN CASTELLANO PORTUGUESA»

Tradicionalmente se ha considerado que la causa de los Reyes Católicos durante la Guerra de Sucesión en la región extremeña y más concretamente en la zona de Badajoz, fue sostenida y defendida de un modo primordial por don Alonso de Cárdenas, comendador mayor de la provincia de León y, posteriormente, maestre de la Orden de Santiago. Se ha señalado en alguna ocasión, el papel desempeñado por otros personajes de segunda fila, entre los cuales se cita a don Gomes Suárez de Figueroa, segundo conde de Feria.

Sin embargo, a la luz de recientes investigaciones llevadas a cabo por el autor de esta comunicación, el papel jugado por este procer extremeño se agiganta y cobra una dimensión de primera figura hasta el punto de que podemos afirmar que en los primeros momentos de la Guerra Civil fue el personaje de confianza de los Jóvenes monarcas castellanos y el brazo ejecutor de sus órdenes con prioridad sobre cualquier otra persona, y sólo más tarde este protagonismo fue compartido con don Alonso de Cárdenas, a quien, sin embargo, los reyes premiaron sus servicios con mayor largueza que al conde de Feria. El análisis de todas estas cuestiones constituye el objeto de la presente comunicación.

MUÑOZ Y MUÑOZ, Antonio
«SANTA TERESA DE JESÚS EN BECEDAS (Un episodio de la vida de la Santa en esta parroquia entonces placentina)»

El hecho lo narra la misma Doctora mística en el de su vida. Libro Ahondando 22 en el tema, investigando sobre el casi inédito Archivo Parroquial, A. Muñoz ha trazado un cuadro completo de lo que fueron aquellos tres meses de la estancia de Santa Teresa en Becedas.

Junto al rigor de la investigación, la buena manera de escribir de este profesor de Literatura. Hay también un punto de pasión, pues no en vano el Sr. Muñoz vivió durante diez años en el mismo lugar que acogió a Teresa de Jesús en la primavera de 1536.

Creemos que este trabajo, en vísperas de publicación, constituye una valiosa aportación para la historia de la Diócesis placentina, de la cual formó parte la Parroquia de Becedas hasta el año 1954.

NAHARRO RIERA, Alfonso
«LA LUCHA DE CLASES EN LA LUSITANIA DE VIRIATO»

NAVAZO GANCEDO, José Luis
«ENFOQUE METODOLÓGICO PARA EL ESTUDIO DE UN PUEBLO EXTREMEÑO. APLICACIÓN A TRUJILLO»

Introducción.-Características de la metodología empleada. El por qué de la necesidad de un método. La aplicación a los pueblos extremeños.

Estudio geográfico.-La influencia de la geografía. Emplazamiento. Extensión y situación del término municipal. Localidades más cercanas. Características geológicas. Vegetación. Fauna. Climatología. Mapa físico general.

Estudio histórico.-Orígenes y desarrollo. Épocas y fechas importantes. Fiestas y folklore. Proyección nacional e internacional. Monumentos y restos arqueológicos. Causas del estado actual. Su futuro inmediato.

Estudio cultural.-Actividades culturales. Leyendas. Giros del lenguaje. Costumbres. Analfabetismo. Nivel de estudios. La vivienda popular.

Estudio demográfico.-índices de natalidad, mortalidad, nupcialidad. Proyecciones para el futuro: ¿crece el pueblo, se estanca o decae por hab.- El problema de la emigración. Población activa (por sectores) y pasiva. Otras estadísticas: paro, enfermedades, ocupaciones eventuales, etc.

Estudio económico.-Modo de producción. Fuerzas productivas y relaciones de producción. Diferenciación de la producción activa: sectores primario, secundario y terciario. Posibles tipos de industrias. Cooperativas. Superficie productiva (agrícola) y productos. Cabaña. Régimen de propiedad de la tierra. Distribución de la renta.

Apéndice: Fuentes y bibliografía.

NÚÑEZ MARTÍN, Ramón
«UNA FIESTA DEL ÁRBOL MULTISECULAR EN UN PUEBLO DEL VALLE»

Todo el valle de Plasencia es un vergel. Dentro de él Tornavacas, el último pueblo de la provincia. Su principal riqueza, el agua. Gracias a ella plantaciones de árboles frutales y bosques de árboles silvestres.

Desde tiempo inmemorial, en las fiestas patronales del Cristo del Perdón, se viene teniendo en los días 14 y 15 de septiembre una Fiesta del Árbol muy original. Se cortan dos árboles grandes, de hoja perenne. Acebo es su nombre. Con no poco trabajo se traen a la Iglesia Parroquial para ponerlos en andas y celebrar el Canto del Ramo. En los dos días, después de la Misa Mayor, se tiene la «Loa» cantada al Cristo del Perdón. Un grupo de doce chicas jóvenes, en dos coros, bien amaestradas, lo cantan, alternándose, siempre con la misma música del siglo XVI, pero cada vez con letra diferente. Cada árbol, espléndidamente adornado y cargado de frutos y dones, es la ofrenda de una persona agradecida del pueblo a un favor recibido del Santo Cristo. Los cantares, como es natural, compuestos por gente del pueblo, hacen referencia al motivo del ofrecimiento. Toda la comunidad parroquial presente en la Iglesia, escucha conmovida y silenciosa. Es la Fiesta anual de la unidad.

Al terminar la última estrofa, como expresión de su fe, lanzan al aire un grito vibrante que a manera de un trueno resuena en todo el templo parroquial. Equivale al «amén» litúrgico que significa «así es». Así lo creemos y así venimos dando testimonio de que la fe cristiana sigue viva entre nosotros. Después se hace la rifa y lo que se ha obtenido se entrega a la cofradía para el culto de] Cristo.

Lo insólito es que esta Fiesta, a pesar de su antigüedad, tiene siempre un aire nuevo como si cada año se hiciera por primera vez.

PALOMO IGLESIAS, Crescencio
«M. R. P. MTRO. FR. MARTÍN CLEMENTE Y PULIDO. O. P. (1812-1883)»

El P. Martín Clemente y Pulido nació en Montehermoso. El 13 de noviembre de 1828; a la edad de dieciséis años, hizo profesión religiosa en el convento de dominicos de Plasencia. Le tocó vivir las leyes desamortizadoras y después fue uno de los principales restauradores de los Dominicos en España, siendo el último Vicario General para España y el primer Provincial de la provincia restaurada de España, en cuyo cargo murió el 9 de enero de 1883 en el convento de San Esteban de Salamanca.

Siempre fue estudiante de primera fila, por lo que se le eligió para colegia] del Colegio de Santo Tomás de Alcalá de Henares. Durante la exclaustración fue profesor en el seminario de Plasencia y de Ávila, siendo también nombrado vicerrector de éste. Asistió al Concilio Vaticano I en calidad de teólogo-consultor del Obispo de Ávila, Mons. Fernando Blanco. Después de la restauración de los Dominicos fue nombrado rector del Colegio de Corias (Asturias), por lo que le tocó ser uno de los organizadores de los estudios de los restaurados Dominicos.

PARRÓN FERNANDEZ, Felipe
«UN EXTREMEÑO Y SU PEQUEÑA HISTORIA»

Don Felipe Jiménez Vasco nace en Cuacos de Yuste (Cáceres) en el año 1908. A los quince años de edad, da comienzo a sus estudios de música, disciplina que cultiva hasta dominar órgano, piano, acordeón y guitarra. Dedicado al estudio de las Letras, destacase pronto al publicar sus primeros trabajos en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, en un periódico llamado «Nuevo día», que dirigiera Narciso Madral Vaquero y que se puede ver en el archivo de la Diputación Provincial de Cáceres debidamente encuadernado.

Está en posesión de un gran número de diplomas, recompensas y trofeos de España y del extranjero, habiéndose traducido muchos de sus poemas al danés, de cuya nación es miembro de la Societé Royal des Anticuaires du Nord, de la Real Academia de la Historia del Norte de Copenhague, título este último otorgado por S. M. el Rey Frederik IX de Dinamarca.

Es autor de más de un millar de artículos sobre la Vera y entre sus libros de poemas, cuyo arte cultivó con preferencia, destacan «Ecos de Extremadura», «Al compás de mi lira», «Gotas de rocío», «La naturaleza canta» y un breve tratado de historia titulado «Cómo nace un Monasterio y muere un César», en donde se comprendían la época y vicisitudes por las que pasan los llamados «Hermanos de la pobre vida», para edificar el Monasterio de Jerónimos, levantado a la distancia de dos kilómetros de Cuacos, seis de Aldeanueva de la Vera y diez de Jaraíz de la Vera, en el año 1402, en donde vino a morir el más grande emperador de la Cristiandad.

PARRÓN FERNANDEZ, Felipe
«DATOS ESTADÍSTICOS DE LA VERA, CON UN POCO DE HISTORIA, EN ALDEANUEVA, CUACOS Y GUIJO DE SANTA BARBARA»

PRIETO AGUILAR, Dionisio
«UN COLEGIO PARA OTRO SIGLO»

La Fundación del Colegio de huérfanos de la Constancia de Plasencia es, junto a su análoga de niñas huérfanas de San José, una institución que cuenta con más de un siglo de existencia.

Por la gran transcendencia de esta obra benéfica, su fundador don Calixto Payan y Vargas, Marqués de la Constancia, ha alcanzado el honor de la posteridad en el recuerdo de centenares de huérfanos protegidos, y el de figurar en la historia placentina entre sus grandes benefactores de todos los tiempos.

La gratitud de los alumnos del Colegio a su egregia persona .obtuvo su máxima expresión en dos importantes realizaciones. Una, plasmada en el grupo escultórico erigido a don Calixto, ante el que se le rinde homenaje anualmente, y, otra, la tributada en Madrid con la entronización en la ermita de la Virgen del Puerto de una imagen de San Calixto, de veneración en la capilla del colegio placentino, donada por los antiguos alumnos. La devoción a este Santo Papa, prendió pronto en la gran capital, como lo indica el haber sido proclamado, hace unos años, Patrón de la Construcción por su Sindicato Nacional .

Pero tras el júbilo de estas emotivas manifestaciones y de las celebradas masivamente para conmemorar el setenta y cinco aniversario y su inolvidable centenario, quedaba en nuestro ánimo la pesadumbre por la evidente decadencia de la Fundación.

En el ano de 1969 de su centenario, tuve el honor de pronunciar una conferencia, bajo este mismo título, en la que formulaba una propuesta de reorganización de su economía y construcción de un nuevo Colegio, que no obtuvo resultado positivo. Desde entonces vengo insistiendo en este tema con la esperanza de encontrar piadosa y justa comprensión para esta obra y, tal vez, una ayuda necesaria, porque por fortuna los sentimientos benéficos se mantienen vigentes. Por otra parte el Estado favorece con deducciones de impuestos las donaciones de esta naturaleza. El patrocinio de una obra benéfica, es la acción que más puede perpetuar y dignificar una vida.

RUBIO ANDRADA, Manuel
«CONCLUSIONES AL ESTUDIO ARQUEOLÓGICO DE LOS YACIMIENTOS CÁSTRENOS DE EXTREMADURA»

El presente trabajo trata sólo de dar a conocer las conclusiones -dejando su desarrollo para otra ocasión- de un estudio que, de forma primordial, intenta llenar el vacío de contenidos fundamentales de Extremadura como región, de buscar los fundamentos de lo esencialmente extremeño.

Nos lanzamos en él a lo más alto de nuestras posibilidades en un intento de tomar de la ciencia arqueológica, no exclusivamente los datos cronológicos, sino que, partiendo de los restos materiales encontrados en yacimientos y estudios, los hemos utilizado en una particular dirección: tratar de encontrar datos de contenido social y económico, labor que faltaba por hacer en Extremadura.

Al conocimiento de los contenidos arqueológicos, que nos ha llevado una gran tarea que apenas se vislumbra en estas conclusiones y que nos hizo convertir el mapa regional en un enorme rutario, hemos de añadir el estudio en bibliotecas esparcidas, distantes, poco conocidas y las conversaciones, generalmente informales, recogidas en los lugares más imprevistos. Con el material recogido en este movimiento salpicado de aventuras, hemos hecho una elaboración aplicando el método dialéctico (tesis, antítesis, síntesis). Le hemos añadido bases de contenido Marx-Engels, sin que en ningún momento estuviésemos condicionados a cobijarnos en una determinada ideología. Todo ello nos ha llevado a unas conclusiones basadas en el consumismo (material o espiritual) como energía del motor o motores históricos.

RUBIO CALZÓN, Waldo
«FECHAS EN QUE ESTUVO EN MADRIGALEJO EL REY DON FERNANDO V, EL CATÓLICO, Y DOCUMENTOS QUE FIRMO»
«ESCUDO HERALDICO MUNICIPAL DE MADRIGALEJO»

RUBIO MASA, Juan Carlos
«LA ERMITA DE LA OLIVA EN SERREJON»

En 1627, Alonso Fernández citaba a la Virgen de la Oliva como una de las advocaciones marianas de mayor devoción en el Obispado de Plasencia. Su ermita, situada a unos seis kilómetros, al este de Serrejón y a escasa distancia del antiguo lugar de La Anguila, debió comenzarse hacia la segunda mitad del siglo XVI, época a la que pertenece la capilla mayor; conocida vulgarmente por «el camarín», se cubrió posteriormente con una bóveda de lunetos decorada, entre 1706 y 1725, con un fresco, hoy casi perdido, cuya temática es la coronación de Nuestra Señora por la Trinidad entre ángeles músicos y medallones en los lunetos con santas figuras.

Durante la Santa Visita de 1758, se ordena «se haga una hermita correspondiente de bóveda dejando existente la capilla mayor que lo esté». Las obras se realizan en el trienio de 1759-61 por «Joseph y Manuel Rodríguez vecinos de Oropesa Maestros de Arquitectura». Estos construyen una nave única, con transepto saliente, cubierta con bóveda de lunetos, y cúpula sobre pechinas en el crucero, hoy desaparecida; también trazan y levantan un pequeño tramo recto anterior a la cabecera.

El estudio documenta] lo hemos realizado a través de los dos únicos libros de cuentas de fábrica de la ermita existentes en el archivo parroquial de Serrejón de 1644 a 1705 y de 1706 a 1818; presentan dos importantes lagunas de unos veinte años al comienzo de cada uno de ellos.

RUBIO ROJAS, Antonio
«VECINDAD ENTRE CÁCERES Y TRUJILLO, EN EL TRANSCURSO DE LOS SIGLOS XV Y XVI»

Impuesta por una realidad geográfica la vecindad entre ambas poblaciones extremeñas ha tenido su reflejo en una variada documentación que, surgida a tenor de las muy distintas relaciones habidas entre ellas, arranca del siglo XIII. Distintos temas sugería tal documentación, pero he decidido elegir el relacionado con la vecindad, propiamente dicha, polarizada, casi en exclusiva, sobre la ganadería, montes y pastizales sitos en los confines de ambos términos.

Fuente primordial, para el enmarque legal de dicha vecindad, son: La Carta de asiento y vecindad, suscrita en Marta por ambas ciudades el 16 de mayo de 1485 y la que, confirmando la anterior, fue acordada en Plasenzuela el 10 de enero de 1497; ambos textos han sido estudiados a través de los originales y de sus traslados al Libro de Ordenanzas del Ayuntamiento de Cáceres, formado en 1569. También se han utilizado los poderes otorgados por ambos concejos a sus representantes en tales actos.

A esta documentación se suman acuerdos consistoriales y documentos reales que sirven a la precisión del marco vital en que aquellas disposiciones se aplicaron».

SÁNCHEZ MAURANDI, Antonio
«UN OBISPO MURCIANO EN EXTREMADURA, DON FRANCISCO CAVERO TORMO»

Nacimiento.-Ascendencia.-Estudios.-Cargos parroquiales.-Su paso por Granada.-Obispo de Coria.-Muerte y entierro.-Su muerte en Murcia.-Obras inéditas-selección de cuestiones apologéticas.-El Fuero del Trabajo.-La devoción del jueves sacerdotal y anécdotas.

SOLANO GARCÍA, Juan
«CONVENTO DE AGUSTINOS DESCALZOS DE VALDEFUENTES»

1.° Su fundación y patronazgo de doña Ana de Sande, biznieta del célebre don Álvaro de Sande, II Marquesa de Valdefuentes y de su esposo don Alfonso de Láncaster, I Duque de Abrantes.

2.° Su emplazamiento y primeros años de vida.

3.° EL LIBRO DE GASTOS de la Comunidad, hallado en el Archivo de la Delegación de Hacienda de Cáceres y hoy conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

4.° Vicisitudes por las que atravesó el Convento.

5.° Sus relaciones con el Convento que, en Santa Cruz de la Sierra, poseía la misma Orden Religiosa.

6.° La Iglesia Conventual.

7.° Destacadas obras artísticas del Convento e Iglesia.

8.° Un bello panteón, sin enterramientos.

9.° Intentos de restauración, sin resultados.

10° Estado actual de estos edificios.

SOLIS RODRÍGUEZ, Carmelo
«EL DESAPARECIDO RETABLO DE LA CAPILLA DE SANTA ANA, DE LA CATEDRAL DE BADAJOZ»

Sobre la historia y paradero de esta obra se han formulado diversas hipótesis, que intentamos esclarecer con base documental. Solano de Figueroa es el primero en afirmar la intervención de Morales en su ejecución (Historia Eclesiástica de… Badajoz, 1ª, parte, I, Pág. 249). Antonio Ponz, más explícito, ofrece una descripción detallada de los temas representados (Viaje de España, T. VIII, pág. 161). Esta referencia de Ponz la copian Ceán Bermúdez y todos los historiadores morallanos, sin añadir dato alguno.

La intervención de Morales en el retablo de Santa Ana la situamos en fecha posterior al año 1550, en que el Concejo de Puebla de la Calzada pleiteaba con el pintor Estacio de Bruselas sobre la obra del retablo de la parroquial de este lugar.

Últimamente se ha afirmado que la desaparición se debió al ejército francés durante la Guerra de la Independencia. Nada más lejos de la verdad. El retablo permaneció en su primitivo emplazamiento hasta mayo de 1844, en que el patrón de la capilla, don Diego Carvajal, «arrancó y se llevó todo el retablo… prometiendo hacer otro mejor y de más lucimiento…»

¿Dónde se encuentran las tablas de la Capilla de Santa Ana? Descendiente de don Diego Carvajal, la familia de los herederos de doña Josefa Carvajal, viuda de López Montenegro, en Cáceres, conserva varias pinturas atribuidas a Morales, dos de ellas coincidentes con los temas descritos por Antonio Ponz: La Adoración de los Reyes y la Imposición de la casulla a San Ildefonso. ¿No serán algunas de estas tablas restos del retablo de Santa Ana? Berjano y Backsbacka afirman, aunque sin base documental, que proceden de un retablo de las Herguijuelas de Arriba, cerca de Cáceres. En todo caso, llamamos la atención sobre estas obras de la familia Montenegro, en orden a rastrear el paradero de las obras de la Capilla de Santa Ana de la Catedral de Badajoz.

SOLIS RODRÍGUEZ, Carmelo
«EL «SAN JERÓNIMO» DE LUIS DE MORALES, EN EL MUSEO CATEDRALICIO DE BADAJOZ»

Controvertida ha sido la identificación del tema representado en esta hermosa tabla de Morales, propiedad del Cabildo pacense. Ponz y Ceán la creían efigie de «San Pablo primer ermitaño», sin que hayan faltado autores que han querido ver nada menos que a «San Dimas», como hasta hace poco designaba una cartela sobre el marco. Gaya Nuño, más acertado, la denomina «Tránsito de San Jerónimo», coincidiendo con el título de «Expiración de San Jerónimo», con que se cita en las actas capitulares de 13 de julio de 1735, fecha de la donación al Cabildo por su propietario, el canónigo magistral don Juan Casas.

Colocado en el presbiterio, al lado del Evangelio, donde la contemplara Ponz, el cuadro sufrió notables desperfectos, al substituirse el marco original por otro ovalado, barroco, ajeno al espíritu del tema. Restituido hoy a su primitivo formato y convenientemente restaurado, es muestra importante del arte de Morales, en una época en que su acendrado misticismo y su estilo decididamente manierista alcanzan las cotas más elevadas.

SORIA SÁNCHEZ, Valentín
«INSCRIPCIONES LATINAS Y HEBREAS EN EXTREMADURA»

Para los «VII Coloquios Históricos de Trujillo» envío estás noticias arqueológicas con el fin de reseñar anualmente algunos de los descubrimientos. En Jarandilla, en una finca cercana al pueblo se ha encontrado una inscripción latina que dice así: OM//GALAETC//ANRI]] F E//SETL//ETC//FESTUS//ETVIRLA// TUS//. En Malpartida de Cáceres ha sido hallada la siguientes inscripción latina:

DM//MAILA//CILIF//ANXIII//HSST//TLPAT//ERET//MATER//FC//. En Siruela (Badajoz) ha sido descubierta la siguiente inscripción: LUCIOIULIUS//CAIFILIUSGALERIA//EBURACUS//ANNORUM XXX//H1C SITUS EST// En Trujillo, don José María Muñoz Claro me entregó un calco de unas letras hebreas trujillanas. Vimos la pared de la farmacia del Sr. Solís. Pasaron algunas semanas y yo envié una fotografía de tal calco a don Francisco Cantera Burgos, catedrático de lengua hebrea de la Universidad de Madrid, y traductor de la Santa Biblia. Se trata de la inscripción de la puerta de una sinagoga trujillana. Se traduce así: Esta es la puerta de Yahveh. Los justos entrarán por ella». Es el verso veinte del salmo ciento dieciocho. Yo he preguntado al P. Peinador, claretiano, que igualmente me confirmó el empleo de este salmo en Roma en un dintel de Sinagoga en el Trastevere. Esta misma inscripción, me ha dicho don Francisco Cantera, figura en la sinagoga nueva de Salamanca y en la sinagoga de Nuestra Señora del Tránsito en Toledo de mil trescientos diecisiete. En Trujillo es interesante destacar el modo de inscribir en tetragrámaton divino. Recordemos que en e! libro «Las inscripciones hebraicas de España» no figuraba más que la inscripción hebrea de Alcántara.

Señalemos que en Trujillo, que sepamos, hay otras dos inscripciones hebreas, además de ésta descubierta como dintel de la sinagoga existente extramuros de Trujillo.

TEJADA VIZÜETE, Francisco
«APORTACIÓN AL CANCIONERO NAVIDEÑO DE EXTREMADURA»

Presentación de villancicos inéditos de cinco localidades pertenecientes a diversas zonas de la provincia de Badajoz.

Partiendo del estudio numérico y localización geográfica de las canciones navideñas del Cancionero Popular de Extremadura se concluye, no obstante, la riqueza cuantitativa y cualitativa de lo recogido, la urgente necesidad de salvar el patrimonio folklórico musical ante la irreversibilidad de nuevos fenómenos culturales (cultura secular, urbana, etc.), cuyas consecuencias deterioran dicho patrimonio. Se motiva, a la vez, la metodología de recogida de datos a partir del campo concreto de los diversos ámbitos locales. Se presenta el entorno ambiental de los villancicos aportados en el contexto folklórico de Aceuchal, Valle de Matamoros, Jerez de los Caballeros, Granja de Torrehermosa y Castuera, a la vez que se hace un breve análisis literario-musical de cada villancico. Se deducen rasgos del villancico extremeño, subrayando de modo especial:

– el sentido lírico de la expresión y «lo maravillosamente bello» de las melodías.
– el predominio, si no de lo melancólico, sí de la ternura y lo amable íntimo.
– la frecuente apoyatura de una sátira social en el desarrollo de la temática literaria, etc.
Por último, se aporta una sección literaria, en que se recogen las letras correspondientes a los villancicos, así como la transcripción musical de las melodías respectivas.

URDICIAIN MORÓN, Joaquín
«EL DESIERTO DE LA VICIOSA»

Introducción -Los PP. Franciscanos Recoletos o Alcantarinos – Los PP. Agustinos Re-coletos-Quema del Convento de la Viciosa -Profundos cambios en el Desierto de la Viciosa: Nuevo Convento: Nuevas ermitas: Trazado de calles, etc.-Leyes o estructuras orgánicas de vida eremítica-Normatívas Constitucionales para los Conventos de los Desiertos -Régimen jurídico-administrativo de gobierno -Sección Diplomática: Pruebas documentales -Informe especial -Noviciado -Mininoticias -Libros Parroquiales de la Iglesia de San Juan Evangelista de la Villa de Deleitosa -Exclaustración y fin del Desierto de la Viciosa -Exclaustración.

VALVERDE LUENGO, Francisco de Jesús
«APUNTES PARA LA HISTORIA DE GALISTEO»

Este mismo título encabeza el trabajo realizado por un clérigo, don Tomás Ávila Gómez, párroco que fue de la Villa de Galisteo, que actualmente se encuentra en depósito, cedido por los herederos del autor, en el Ayuntamiento de esta localidad. Son dos legajos manuscritos de más de quinientas páginas cada uno, de tamaño cuartilla y firmado por don Tomás Ávila Gómez el día uno de mayo de 1934. Es el compendio de una labor concienzuda sobre la historia de Galisteo, sus costumbres y tradiciones, que está esperando ver la luz de la publicación. Valgan estas líneas como descripción generalizada de la obra.

En el primer legajo y bajo el título de «Apuntes para la Historia de Galisteo», se encuentran los siguientes apartados: A modo de introducción dos capítulos titulados, «Rusticiana» y «Atalaya», para después pasar a una descripción de la topografía, orografía, hidrología y flora de Galisteo. En el capítulo siguiente «Génesis de Galisteo», el Castillo, Murallas y Hospital. A continuación dedica el autor varios capítulos al templo parroquial, con descripción interna y externa, capillas, altares, tesoros artísticos, etc. Invasión francesa, incendios, destrucción de la ermita de los Santos Mártires, fuga del vecindario. En otro apartado se estudian las ermitas de Santiago, San Bartolomé de las Angustias, San Antonio de las Quebradas, Fuente Santa, Santos Mártires. Otro capítulo dedicado a las Cofradías, de Santiago, de Fuente Santa, del Santísimo, de Animas, de la Vera Cruz y del Niño Dios. Como tema aparte se describe la Fiesta de la Vaquilla. Sigue luego el autor con datos del siglo XVIII, para terminar con la Genealogía-Biográfica de Ilustres abolengos en la Villa de Galisteo.

El segundo legajo está completamente dedicado a la familia de los Manrique de Lara, Señores de Galisteo, comenzando con un árbol genealógico y describiendo las distintas etapas de su historia.

VELO PENSADO, Ismael
«EL AUTOR DE UN LIBRO CITADO EN «EL QUIJOTE»»

Felipe de Meneses, de la Orden de Predicadores, desarrolla su actividad en el medio del siglo XVI. Nació en Trujillo. En 1540 entra en el colegio de San Gregorio de Valladolid, presentado por el convento de Lugo. Conoce en Valladolid a los grandes teólogos de la época; como profesores, entre otros, a Bartolomé Carranza de Miranda y a Melchor Cano. Allí tuvo también su primera labor docente.

En el pueblo natal, Trujillo, fue pacificador de las luchas y rencillas entre diversas familias. En 1553 comenzó esta labor social con sus paisanos, aprovechando algunos viajes al pueblo natal. En 1554 logró que asistieran a reuniones y juntas los bandos rivales. La paz se concertó el 5 de abril de 1554 entre las familias Chaves y Vargas. Con el fin de que la paz fuera duradera, se creó la asociación de la Cofradía de la Paz, que más tarde se denominó Concordia, solemnemente Jurada y pactada. Fray Felipe de Meneses escribió la Crónica de la Pacificación de los dos bandos de Trujillo.

Fue profesor de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares (1557-7O). Intervino en el proceso de Bartolomé Carranza, arzobispo de Toledo, declarando en su favor ante el tribunal de la Inquisición. La Orden de los Dominicos le concedió el título de maestro en 1561. Fue confesor de Santa Teresa, aconsejándole en la reforma.

Compuso, entre otras obras, el catecismo Luz del alma. Es alabado por Miguel de Cervantes. Se han podido constatar doce ediciones.

Siendo comisario real y pontificio para la reforma de los mercedarios de Galicia muere en el convento de Santa Marta, en 1572.

VERA CAMACHO, Juan Pedro
«LA SIBERIA EXTREMEÑA ES UNA SÍNTESIS DE LA FLORA EUROPEA»

Nos lo dijo el profesor Rivas Goday, catedrático de Botánica en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid, en una entrevista que hace años le hicimos para el periódico «Hoy», de Badajoz.

Como somos nacidos en un pueblo de aquella zona, hemos ido comprobando «de visu», en nuestros continuos viajes, tan sorprendente hecho. En efecto, en el triángulo formado por los pueblos de Helechosa, Villarta y Herrera del Duque, y más concretamente en el Puerto de los Carneros, se han visto reminiscencias de plantas irlandesas y gallegas de la época glacial, así como el llantén, al que el vulgo atribuye propiedades curativas anticancerígenas; y el mirto de Brabante, con el que los alemanes conservaban la cerveza antes de conocerse el lúpulo.

Allí se ven plantas nórdicas como el pino, musgos, líquenes y helechos, de lo que tomó el nombre de Helechosa de los Montes; mediterráneas como la encina, la jara, el alcornoque y la higuera; tropicales, como la palmera y la higuera chumba; las hay venenosas, como la cicuta, planta con la que se envenenó el filósofo Sócrates, y el beleño; curativas, como la manzanilla; industriales, como el lino, el esparto, el junco y la mimbre; oleaginosas, como el olivo; frutales de toda especie, desde el moral al naranjo. De buen y mal olor, como el sándalo y la ruda.

Existen, asimismo, plantas arto aprovechables económicamente, como la ortiga y el jaramago; y para condimento, como los cardillos. Abundan el «poleo», de finísimo olor, del que años atrás se extrajeron grandes cantidades para hacer esencias y perfumes, y que rindió buen producto económico a los habitantes de aquellos pueblos, que lo exportaron; como el año 1976, en que los habitantes de Fuenlabrada de los Montes sacaron dos millones de pesetas de beneficios recogiendo setas, también para exportar, y sólo en dos o tres semanas.

ZARAGOZA PASCUAL, Ernesto
«FRAY PEDRO DE CHAVES, REFORMADOR DE LOS MONASTERIOS BENEDICTINOS PORTUGUESES»

Fray Pedro de Chaves nació en Zafra (Badajoz) en 1514. Tomó el hábito benedictino en el monasterio de Montserrat en 1536. En 1558 fue enviado a Portugal para reformar el monasterio de San Tirso y los demás monasterios benedictinos. Ante las dificultades insolubles para llevar a cabo su misión, decidió volver a Castilla y esperar mejores circunstancias. Se estableció en el monasterio de Oña, de donde le llamó el General de la Congregación de Valladolid en 1569 para que de nuevo intentara la reforma de los monasterios portugueses. Por entonces era definidor y visitador de la Congregación de Castilla y como tal pasó a Portugal donde llevó a cabo la reforma de todos los monasterios y fue elegido General de la Congregación portuguesa en 1569. Su generalato llegó hasta 1581 y durante este tiempo reformó todos los monasterios, fundó el de San Benito de Lisboa y celebró el primer Capítulo General de la Congregación portuguesa. Fue modelo de superiores por sus dotes de gobierno y por su carácter benigno y misericordioso. Su vida fue verdaderamente ejemplar, penitente, austera y observante.

Antes de ir a Portugal había sido abad de Lorenzana y había escrito un tratado ascético que intituló: «Libro de la vida y conversión de santa María Magdalena y de la alta perfección a que subió después de convertida», que se imprimió en Barcelona en 1549 y mereció ser vertida al italiano.

Lleno de virtudes y méritos entregó su alma al Creador en el monasterio de San Benito de Lisboa, el 10 de octubre de 1584, dejando tras de sí fama de santo, escritor y reformador. Su principal gloria es la de haber sido el reformador de los monasterios portugueses y el fundador de la Congregación de San Benito del reino de Portugal de la que fue su primer General.

Oct 011977
 

Dionisio Prieto Aguilar.

Un ilustre sacerdote muy vinculado a la organización de estos Coloquios Históricos de Extremadura, valorando con exceso mi capacidad y competencia, que le agradezco y mucho me honra, ha tenido la amabilidad de pedir mi aportación con algún trabajo a las sesiones de esta su séptima edición.

Conocedor de mi lógica preocupación, como alumno protegido, por los problemas del Colegio de huérfanos de Plasencia, fundado por Don Calixto Payán y Vargas, Marqués de la Constancia, en cuya solución vengo trabajando desde hace años, cortésmente me indicó que podría ser interesante hablar de esta Institución benéfico-docente, que redimió a centenares de huérfanos de la diócesis placentina de la indigencia y la ignorancia.

En la conmemoración del centenario de esta Fundación benéfica, celebrado en el año de 1969, tuve el honor de ser designado para pronunciar una conferencia, que encabezaba con el mismo título de este trabajo, por la que fundamentalmente pretendía despertar la atención acerca de la evidente decadencia de su Colegio, aprovechando la resonancia de esta efemérides y la magna concentración en Plasencia de antiguos alumnos, llegados de los más diversos y lejanos lugares de su habitual residencia.

No era nueva para mi esta idea. Desde hace años, en la breve hoja del Boletín informativo de la Asociación de antiguos alumnos, y en las reuniones anuales de la festividad de San Calixto, bajo cuya Advocación se rige la vida religiosa del Colegio, vengo insistiendo en la necesidad de acometer con urgencia la reestructuración de su capital, y en dotarle de una nueva organización, ya que de continuar con impasible indiferencia ante su situación actual, podríamos asistir en fecha no lejana a su cierta e inevitable desaparición.

Conviene señalar ante todo, que la causa fundamental de la actual decadencia de esta Fundación, que llegó a sostener en su internado, durante largos períodos a más de 150 alumnos, cuando en los últimos treinta años no ha llegado a rebasar el medio centenar, no obedece a la disminución de su patrimonio, ni a la cuantía de sus rentas, sino a la pérdida de la capacidad real adquisitiva de éstas, originadas por la constante depreciación de la moneda. Así se observa, que fundaciones prósperas a principio de siglo y con el mismo capital, apencas si pueden hoy subsistir.

Junto a este tema, ampliamente desarrollado en la conferencia, considero conveniente ofrecer algunas referencias de las actividades del Colegio para mejor conocimiento de su Fundación.

BALANCE DEL COLEGIO

En la vida del Colegio en su primer siglo de existencia, debemos distinguir dos etapas perfectamente diferenciadas.

La primera de muy larga duración, que comprende el periodo de sus setenta primeros años, constituye la época dorada del Colegio, en la que las rentas de la Fundación, no solo eran suficientes para sostener el elevado número de huérfanos antes citado, sino para emprender con sus excedentes el pretencioso proyecto de construir un nuevo colegio de enormes dimensiones, hoy cuartel militar, que, por dificultades económicas, en las últimas fases de su edificación tuvo que enajenar.

El Colegio estaba a tope de la capacidad de su internado, y la Fundación podía cumplir con toda amplitud los fines de protección, educación y enseñanza.

Centenares de alumnos se formaron en esta larga etapa en las distintas ramas de la artesanía y servicios; en los estudios para sacerdotes, maestros de primera enseñanza y del bachillerato, que llevaron por todo el ámbito nacional, y más allá de sus fronteras, el amor a su Fundador, el espíritu del colegio y el recuerdo perenne de la ciudad de Plasencia de su juventud.

Como en toda familia numerosa su suerte en la vida fue diversa. Unos ejercieron sus profesiones y oficios, y levantaron industrias con mayor o menor éxito. Otros alcanzaron grados eclesiásticos, militares y administrativos de relieve, y prestigio y honores en el profesorado y en la enseñanza primaria; y algunos tal vez más débiles o peor preparados, conocieron el fracaso ante el vacío que se produce al salir del colegio en la dura lucha por conseguir, sin protección alguna, un puesto en la sociedad.

Si tuviera que destacar alguna de estas vidas, con respeto y admiración por el noble esfuerzo de las demás, yo me inclinaría ante las figuras de dos maestros nacionales, recientemente fallecidos, que, con reconocida competencia y méritos para ocupar más importantes destinos, renunciaron voluntariamente a las ambiciones humanas y se sumieron durante más de treinta años en las aldeas y alquerías de las inhóspitas Hurdes de aquellos tiempos, iluminando las mentes de humildes generaciones, con un espíritu franciscano que causó la emoción y admiración de algún ministro en visita oficial a aquella región.

Pocas condecoraciones fueron mas justas que las otorgadas a aquellos modestos compañeros por sus oscuros y abnegados servicios.

Precisamente se presenta en estas reuniones un trabajo elaborado por un placentino integral, amante de la Fundación, en torno a la figura de Monseñor Ildefonso Prieto López, Prelado Auditor del Tribunal de la Rota de Madrid, el alumno más sobresaliente formado en el Colegio durante esta etapa.

El segundo período comenzó en el año de 1943, después de nuestra guerra civil, en la que nuestra Fundación sufrió importantes pérdidas en sus rentas por la aplicación de la ley del desbloqueo de sus cuentas bancarias. A partir de esta fecha. la dirección del Colegio y de su internado fue encomendado a la Comunidad de los Hermanos Maristas, que la inauguró con 37 niños huérfanos.

Bajo este régimen en el que actualmente continúa, se produjo una profunda transformación en su colegio, y sus puertas se abrieron de par en par a la enseñanza y al internado de la juventud placentina y de su comarca, con lo cual se encontró la ciudad con un importante centro escolar religioso del que carecía. Dentro de esta masa de escolares y estudiantes pertenecientes a todas las clases sociales, quedaron integrados el reducido número de sus alumnos huérfanos.

Pocas referencias tenemos de los huérfanos de esta nueva etapa. Solo sabemos de algunos que profesaron en la Comunidad marista y de otros que ocupan puestos en distintos destinos.

Pero la situación actual del Colegio puede llegar pronto a su fin. En este sentido se manifestaron años atrás los Hermanos maristas en su aspiración plausible y lógica de construir un Colegio de propiedad exclusiva, en la ciudad, que reuniera las condiciones pedagógicas exigibles a los centros de enseñanza modernos, de las que carece el vetusto colegio actual. Cuando estos propósitos se cumplan y la Comunidad marista rescinda el contrato establecido con la Fundación, se planteará el problema de la acomodación y destino de sus huérfanos y de la continuidad de su Colegio.

PROPUESTA DE SOLUCIÓN

Como posible solución de este problema, formulaba en aquel acto una propuesta basada en la reestructuración del capital de la Fundación, formado en su mayor parte por un valioso patrimonio inmobiliario, totalmente improductivo, y proceder a su enajenación, presumiblemente fácil, dada su céntrica situación en la ciudad. Con el producto de estas ventas, podría obtenerse el capital suficiente para construir sobradamente, no otro colegio propiamente dicho, que requeriría una costosa plantilla de profesorado, sino una moderna Residencia de estudiantes.

Cuando las rentas de la Fundación no permitieran sostener el número de huérfanos suficiente, para cubrir la totalidad de las plazas de su internado, podría admitirse para ocupar las restantes vacantes a estudiantes pensionistas. Con este internado mixto de huérfanos y estudiantes de pago, que se podría elevar o reducir, se encontraría el equilibrio necesario y la fórmula ideal para la continuidad indefinida de su Colegio, que yo limitaba a otro siglo.

CONSTRUCCIÓN DE LA RESIDENCIA

Para que este proyecto pudiera llevarse a efecto con las necesarias garantías de éxito, y poder gozar de atractivo en la juventud pensionista, el inmueble de la Residencia debería estar dotado de todas las comodidades que ofrece la vida moderna, con instalaciones dentro de su recinto o en sus proximidades, de amplias zonas para la práctica de los diversos deportes, que tanto distingue y valora a estos Centros, y cuya construcción viene siendo promovida y protegida por el Estado, por lo que su ubicación habría de situarse fuera de la zona urbana de la ciudad.

Una Residencia con capacidad para 150 a 200 plazas de alumnos internos, en la que no se impartiría enseñanza alguna, que se pudiera recibir en los centros oficiales y de Formación profesional de la ciudad. Estaría regida por uno o dos educadores a nivel universitario, con una organización que rompiera la tradicional del antiguo colegio, en la que los alumnos mejor dotados y con auténtica vocación para los estudios, pudieran prolongarlos en las universidades y escuelas técnicas, protegidos por la Fundación y con la ayuda de becas oficiales y particulares. Podría ser un Centro de formación de una juventud selecta, con posibilidades de establecer en vacaciones intercambios escolares con estudiantes nacionales para el mutuo conocimiento de las regiones españolas, y también con extranjeros, especialmente en una loable aspiración de organizar cursillos de castellano, historia, arte, etc., establecidos en tantas capitales españolas, a cuya acción cultural y turística se incorporaría una ciudad extremeña.

La solución que brevemente acabamos de exponer, tuvo una favorable acogida entre el numeroso público asistente a dicho acto, formado en su mayoría por antiguos alumnos del Colegio y, asimismo, fue clara la opinión del Sr. Obispo de Plasencia, Presidente del Patronato de la Fundación cuando en la misa de acción de gracias, celebrada en la catedral, y programada como uno de los actos mas solemnes del centenario, manifestó en la homilía la necesidad de hacer todo lo posible por mejorar el Colegio en la forma que tan acertadamente se había dicho en la conferencia de la tarde anterior.

También fue inequívoca la diligente actitud del Alcalde de Plasencia, Vicepresidente del Patronato, con la presentación en el primer pleno celebrado por la Corporación municipal, de una moción, solicitando la cesión de unos terrenos comunales en las afueras de la ciudad para construir el nuevo colegio, que fue aprobada por unanimidad.

Posteriormente realicé, a indicaciones del Patronato, un amplio y detallado estudio económico referido a la valoración del patrimonio de la Fundación, costes de la construcción y equipamiento de la Residencia, y de las instalaciones deportivas, gastos de sostenimiento del internado, del personal y la dirección, ingresos previsibles, etc., que examinado en una reunión de sus miembros, le encontró convincente y viable. No obstante, hice una tirada en multicopista de un centenar de ejemplares, que envié a personas técnicas y competentes, la mayoría placentinos, con el fin de someter dicho estudio a información pública y crítica, dispuesto a rectificar cualquier error de cálculo o de concepto, sin que se formulara ninguna objeción.

Después de tan esperanzadoras actitudes, incomprensiblemente, y sin alegar razonamiento válido alguno, fue cayendo este proyecto, que pudo ser ya realidad a uno costes que no volveremos a conocer, en el silencio de las causas perdidas.

Podrá parecer insólito el planteamiento en estos coloquios de un tema actual, alejado de los predominantemente históricos, que constituyen su principal objetivo. Su inscripción entre otras más relevantes comunicaciones, viene determinada por la categoría y valor social, que a mi juicio, debemos conceder a una Institución auténticamente extremeña por el origen de su Fundador, nacido en Badajoz, y de su ubicación en una ciudad cacereña, si además añadimos, su larga existencia de más de un siglo en que comúnmente sé entiende se ha traspasado ya los umbrales de la historia.

De otra parte, en mi ya largo peregrinaje en busca de comprensión y apoyo para esta obra benéfica, la utilización del valor de esta tribuna que gentilmente me brindaron personas de espíritu altruista, conocedores de la Fundación y de su fecunda historia, alcanza los límites, nada despreciables, de la más alta resonancia en el ámbito regional.

Afortunadamente abundan más de lo que pudiera suponerse los sentimientos caritativos y benéficos. En una serie de programas de la televisión, de proyección reciente, por los que desfilaron personalidades de la máxima actualidad española, pudimos oír a uno de los entrevistados, actualmente ministro del Gobierno, que su gran ilusión y deseo era el de poder legar a la posteridad una fundación benéfico docente.

Pocas acciones humanas revisten mayor trascendencia y valoración social, ni otorgan a sus benefactores tan larga o eterna posteridad, como las destinadas al servicio o en beneficio del prójimo.

La mayor gloria del Marqués de la Constancia, fundador del Colegio de huérfanos placentino, estriba en su obra benéfica, por la que viene permaneciendo vivo más de un siglo, en el fervoroso recuerdo de centenares de sus alumnos protegidos, y su nombre es constantemente bendecido en todas las geografías de sus residencias.

La primera decisión, adoptada por la Asociación de antiguos alumnos del Colegio, fue la de realizar una demostración publica de gratitud a su Fundador, con la erección de un monumento a su memoria, que hoy se alza en los mas bellos jardines de la ciudad placentina.

También acordaron proyectar su espíritu caritativo y benéfico en la capital de España, en donde residía un numeroso grupo de antiguos alumnos, mediante la entronización de una imagen de San Calixto en la ermita de la Virgen del Puerto madrileña. Hoy este Santo Papa, de veneración, privada en el Colegio, por haber sido proclamado Patrón Nacional de la Construcción, se sitúa en el ancho camino de poder alcanzar la cima de las grandes devociones.

Con fervor vengo pidiendo a San Calixto, que de su humilde condición de esclavo llegó a escalar la máxima cumbre del Pontificado, que inspire a las poderosas empresas de este importante Sector industrial o a algunos de sus hombres, el espíritu benéfico de su Advocación, en la protección y apoyo al Colegio placentino cuna del origen de su culto en España.

Y para terminar, y en el sentido deseo de generalizar este tema benéfico, me permito indicar que podría reportar una indudable y positiva eficacia regional, la constitución de una Asociación de amigos de estas Instituciones de Extremadura, limitando su actuación a funciones mediadoras y de orientación de las acciones de esta naturaleza.

Tendría por finalidad, la canalización de las futuras donaciones hacia las Instituciones benéficas particulares existentes en las dos provincias extremeñas, necesitadas de ayuda económica para su subsistencia y normal funcionamiento.

Fundamentamos esta sugerencia en la propia voluntad de los benefactores, que al legar a perpetuidad un capital en beneficio de determinados grupos sociales (niños huérfanos, ancianos, subnormales, etc., cuya protección asumirá cada vez más el Estado), redunda al propio tiempo en favor de la Sociedad y, en cierto modo, la impone el deber de su defensa.

De otra parte, es el mismo Estado quien viene estimulando estas acciones, al conceder sean deducidas de la base de los impuestos directos, las cantidades, cualquiera que sea su cuantía, donadas a las fundaciones benéficas y benéfico-docentes, para la investigación científica, becas a estas Instituciones, así como el coste efectivo de la compra de libros donados a las bibliotecas públicas, incluidas, por tanto, las de carácter municipal.

Pero por encima de todas estas consideraciones, debemos invocar el cumplimiento del precepto cristiano de amor al prójimo, que constituye uno de los dos grandes pilares en que se centra la doctrina de sus mandamientos.

Madrid, septiembre de 1.977
DIONISIO PRIETO AGUILAR Antiguo alumno del Colegio de Huérfanos de la Constancia de Plasencia.

Oct 011977
 

Felipe Parrón Fernández.

En la presente edición de los Coloquios Históricos de Extremadura tengo por pretensión hablar de algo relacionado con la ponencia que ya hubiera presentado en anterior edición; pero habrán observado, queridos amigos, que el título es totalmente diferente, puesto que el pasado era «LA SERRANA DE LA VERA UNA LEYENDA MEDIEVAL CON VARIAS VERSIONES», y el presente es «UN EXTREMEÑO Y SU PEQUEÑA HISTORIA»; pues bien, todo se debe a que la mayor parte de este trabajo, voy a dedicarla más al autor, compositor y poeta, D. Felipe Jiménez Vasco; y en cuanto a lo escrito por él, referente a tan famosa mujer, como lo fue la tal Serrana, lo conoceremos al final; pero al hablar, como ya dijera en otra ocasión de esta cerril e indómita salvaje, me veo obligado a hacerlo sobre lo que fuera la morada final del Cesar Carlos I.

Antes de seguir adelante, voy a decir algo sobre lo que fue y sigue siendo D. Felipe Jiménez Vasco, empezando por decir que nace en Cuacos de Yuste (Cáceres), en el año 1.908:

A los quince años de edad, da comienzo a sus estudios de música, disciplina que cultiva hasta dominar piano, órgano, acordeón y guitarra.

Dedicado al estudio de las letras destacase pronto al publicar sus primeros trabajos en tiempos de la Dictadura de José Antonio Primo de Rivera, en un periódico llamado Nuevo Día que dirigía Narciso Madral Vaquero, y que se puede ver en el archivo de la Diputación Provincial de Cáceres debidamente encuadernado.

Está en posesión de un gran número de diplomas recompensas y trofeos de España y del Extranjero, habiéndose traducido muchos de sus poemas al Danés, de cuya nación es miembro de la Societé Royales des Anticuaires du Nord, de la Real Academia de la Historia del Norte de Copenhague, título este último, otorgado por S. M. el Rey Frederik IX de Dinamarca.

Es autor de más de un millar de artículos sobre la Vera, y entre sus libros de poemas, cuyo arte cultivó con preferencia, destacan «ECOS DE EXTREMADURA», «AL COMPÁS DE MI LIRA», «GOTAS DE ROCIO», «LA NATURALEZA CANTA», y un breve tratado de historia, titulado «COMO NACE UN MONASTERIO Y MUERE UN CESAR», en donde se comprendían la época y vicisitudes por las que pasan los llamados «Hermanos de la pobre vida», para edificar el monasterio de Jerónimos, levantado a la distancia de dos Kms. de Cuacos, seis de Aldeanueva de la Vera y diez de Jaraíz de la Vera; en el año 1.402, en dónde vino a morir el más grande emperador de la Cristiandad.

Felipe Jiménez Vasco, es miembro de la administración de Justicia, cargo que sabe hacer compatible con sus afanes literarios, que por su prodigalidad en radio, revistas y periódicos han hecho de el uno de los populares en el campo de las letras.

Ha organizado corales, conjuntos musicales y coros folklóricos a los que él mismo puso letra y música.

«COMO NACE UN MONASTERIO Y MUERE UN CESAR» ha sido reeditado con el título de «YUSTE Y LA SERRANA DE LA VERA», acabándose su impresión, en los talleres de la Imprenta Romero de Jaraíz de la Vera, el día doce de Julio de 1.974; claro, que al cambiar de título, le une un capítulo más; producto de su fogosa fantasía, sobre la mujer de la cual ya hable en otra ocasión.
Dice Felipe, antes de dar comienzo a su mini-libro, como así le vamos a llamar ahora, lo siguiente; «Antes de entrar de lleno en el primer capítulo de este opúsculo que te ofrezco se hace necesaria una breve explicación que disculpe el humilde estilo de esta narración que me propongo hacer sobre la fundación de Yuste, sus vicisitudes y contrariedades, así como de los hechos más salientes y trascendentales acaecidos con motivo de la llegada a este cenobio del gran Cesar Carlos I de España y V de Alemania, y de su vida en este remanso de paz hasta su muerte.

Insignes historiadores y conspicuos literatos han abordado el tema con magistrales plumas y no pocos han deslizado entre las páginas de la Historia conceptos inexactos e insultantes catalinarias contra los hijos de Cuacos que solo tuvieron delicadezas y consideraciones para los fundadores del monasterio, para la comunidad allí enclaustrada y para el emperador Carlos, injusticias que en estas breves líneas me propongo publicar con dolorida pluma.

Mi interés constante por Yuste, su historia y el deseo de presentar ante mis conterráneos un resumen sencillo y vicisitudinario de los hechos más salientes de la fundación del monasterio, y de la estancia en el mismo del Cesar hasta su muerte, hiciéronme publicar en la prensa un resumen de estos hechos, que son los que, sin mas arreglo, he vertido en estas páginas, sin anfibologías ni metáforas, en atención a esta sencilla gente de mi tierra, en honor de las cuales he escrito este resumen tras una labor de búsqueda en archivos, librerías de viejos manuscritos y algún que otro incunable encontrado entre montañas de legajos apolillados y cubiertos de polvo secular y complicada caligrafía.

Osados y poco escrupulosos novelistas y escritores mitomaníacos no sintieron reparo en usar el egregio nombre del Cesar o el insigne y valeroso de Jeromín (Convertido después en D. Juan de Austria) para urdir novelas cuyo pasaje eran aceptados por la plebe como verídicos hechos, de tal forma, que ha de costar mucho trabajo el desterrar esas creencias, una de las cuales consistía en pintar a Jeromín -Cuando vivía en Cuacos tenía solo de diez a once años de edad ya que su nacimiento acaeció en 1547- enamorado de una tal Magdalena, con cuya familia vivía, por ser amigo de un hermano de ésta, con el cual llegó a tener un duelo a causa del odio de su abuelo (un antiguo comunero de Castilla) que odiaba al Cesar y sus familiares en los cuales había jurado vengar la muerte del hijo del viejo y padre del amigo que tenía por nombre Conrado.

El Emperador llego casualmente al castillo, muy cercano al monasterio, evitó el duelo y convenció al comunero que ninguna culpa había tenido en aquellas muertes. ¿No resulta muy peregrino todo esto?.
Hablando de Yuste, Felipe dedica estos versos al pórtico del mismo:

Descúbrete pecador
y reclina tu cabeza
ante la augusta grandeza
del Cesar Emperador

Que este sagrado recinto
de puerta al mundo cerrada
fue la última morada
del invicto Carlos V.

En la lid no tuvo calma
su espada nadie venció
cuando morir se sintió
vino aquí a salvar su alma.

En la última victoria
sin espada ni arcabuz
cambió el cetro por la cruz
solo por ganar la gloria.

En cuanto a lo que nuestro amigo Felipe habla sobre la legendaria Serrana, también lo vamos a conocer ahora:

Allá por los años de Maricastaña, cuando en la Vera no existía ni con mucho el celebre monasterio de Yuste, y las sierras estaban pobladas de vetustos robles y castaños seculares, había en lo alto de una sierra desde dónde se divisan los pueblos de Jaraíz, Garganta la Olla y Cuacos, una pequeña ermita llamada de San Salvador, que unida a una mísera edificación hecha de piedra y barro, servía de morada y retiro espiritual a un puñado de cenobitas que retirados del mundo hacían oración en aquellos apartados lugares, viviendo casi de las limosnas que recogían de los pueblos cercanos y que conducían sobre sus espaldas cubiertas escasamente con raído y burdo sayal.

Tras largas noches de vigilia y duros cilicios, estos pobres anacoretas que en las horas de descanso de la oración cultivaban un pequeño huerto no muy lejano a la ermita, vieron extrañados cómo junto al altar alguien había dejado una especie de cesta, repleta de conejos, tórtolas y perdices que aún sangraban por sus recientes heridas, ninguna de las cuales parecía hecha por arma de fuego, desconocida entonces en esta tierra.

Aquellos pobres mendicantes, creyendo ver la voluntad de Dios que de esta forma les proporcionaba el condumio necesario para sus escasos estómagos, lo comieron con verdadera fruición, hasta dejar limpios los huesos de aquella caza providencial que la mano de Dios les había proporcionado.

Ya casi habían olvidado las delicias de este hecho insólito cuando un buen día en que regresaban de sus constantes merodeos casi sin nada que poder llevarse a la boca, vieron cómo de un corpulento castaño que daba sombra al santuario pendía una ristra de conejos y liebres, con algunas palomas y perdices, atadas por el cuello con una cuerda vegetal.

No fue menos la alegría de estos pobres eremitas al ver aquellos manjares que habían de solucionarles el problema de su pitanza de tan difícil solución para ellos diariamente; y así hasta tres veces se repitió este hecho que ellos siguieron considerando milagroso, ya que nadie solía acercarse por aquellos contornos tan llenos de profundos arroyos y malos pasos.

Quiso la casualidad que un día en que todos habían ido por esos pueblos de Dios en busca de algún cuscurro de pan con que alimentarse, uno de aquellos solitarios regresara antes de la hora prevista, ya porque su carga fuera menos pesada, o bien por alguna otra circunstancia que la historia omite. El caso es que estando colocando en la despensa el zurrón vio acercarse a la capilla una mujer de tez tostada por el sol y duras facciones, que vistiendo zamarra y falda de piel de oveja, adornaba su cintura con gran surtido de aves que colgaban atadas por el cuello y en bandolera, con una descomunal honda hecha con correas de la misma piel.

No fue pequeño el sobresalto de aquel hombre al ver como aquella mujer de fuerte complexión y porte de amazona, dejando su caza sobre las ramas del viejo castaño, regresa a buen paso por la estrecha vereda que conducía al pueblo de Piornal. Si grande fue el asombro del pobre cenobita mudo testigo de estas escenas, no lo fue menos del resto de los ascetas a su regreso de los pueblos.

Contado por el penitente con toda clase de detalles, no salían de su asombro, y reunidos en capítulo, decidieron averiguar la protección de tan extraña protectora, por si se trataba de la hija de algún magnate de aquellos contornos al que conviniera hacer una visita de cumplido y darle las gracias por tan gran favor.

Elegido quien había de llevar a cabo las pesquisas, nombramiento que recayó en el penitente que la viera llegar a la ermita, este vistiose de campesino, y deambulando día tras día por vericuetos y escarpadas pudo al fin dar con aquella mujer que, sentada a la puerta de una cueva, le llamaba a grandes voces.

Sintió miedo el falso campesino, al ver la cara lasciva y gestos libidinosos que hacía para atraerle. Quiso correr, pero ya era tarde. Aquella endemoniada mujer al ver perdida su presa, pone sobre su terrible honda una enorme piedra, y después de darla varias vueltas alrededor de su cabeza la dispara hacia el desgraciado curioso al cual dejó por muerto a merced de las alimañas que durante la noche merodeaban por aquellos contornos.

Sólo un milagro pudo hacer que el desgraciado eremita llegara casi arrastrando hasta el santuario de San Salvador, y contar a los asustados compañeros los extraños sucesos, muriendo al poco rato a consecuencia de la herida terrible de su cabeza.

Uno de los pastores que acudió al entierro, al ser informado de tan extraño suceso, manifestó; «Esa mujer es la terrible Serrana de la Vera que tiene su morada en estas montañas, alimentándose de caza y matando a cuantos hombres tienen la desgracia de caer en sus manos».

Dicen que ésta y no otra fue la causa de que aquellos hermanos de la pobre vida bajaran hasta Cuacos, y al socaire de estas montañas, fundaran lo que al correr de los años había de llamarse el Real e Imperial Monasterio de Yuste.

Acabamos de conocer un poco la personalidad de un extremeño, que ama de verdad a su tierra, en su historia y en lo que concierne en el campo de las letras.

Felipe Jiménez Vasco, es a actualmente el secretario del juzgado de Jaraíz de la Vera, y es el hombre a quien tengo el honor de presentar personalmente.

Felipe Parrón Fernández
ARDISA, 11 de Abril de 1.977

Oct 011977
 

Amador López Valcárcel.

Don Fray Juan de la Serena, natural de Cabeza de Buey, Serena, en Extremadura, alumno de cánones y leyes en Salamanca, fraile jerónimo de Guadalupe, donde profesó a los 31 años de edad, teólogo en Sigüenza, Prior en Guadalupe, San Jerónimo el Real de Madrid, Yuste y San Lorenzo del Escorial, fue presentado a los setenta y cuatro años de edad por Felipe IV a la muerte del señor Rosales y se consagró en Madrid el 11 de octubre de 1643.

Por medio del Licenciado Don Pedro Rabal y Oleo, su apoderado, tomó posesión el 22 del mismo mes, dándosele el Deán.

Acercándose el día de su llegada se presentó en Cabildo el 19 de Noviembre una comisión del regimiento diciendo que «la Justicia y todo el Regimiento iría según costumbre hasta el crucero de la ermita de San Amaro a esperarlo y suplicando que desde allí en vez de venir el señor obispo en medio de los representantes del Cabildo y delante de los del ayuntamiento se invirtiese el orden de tal acompañamiento hasta la ermita de San Roque, donde prestaba juramento, y que así volviesen a continuar hasta la puerta de San Pedro, donde se formaba la procesión. Hecha la proposición se retiraron los comisionados, reservándose el Cabildo el contestar, como lo hizo él 21 en sentido negativo por el «grande inconveniente» que se seguía de alterar el derecho y costumbre.

Aunque el señor Pallares, que era entonces ya Lectoral, dice que el señor obispo hizo su entrada en 25 de Nov. y de las actas parece que fue el 26, sin embargo hasta el 2 de enero de 1644 no se describe diciendo que los comisarios del Cabildo llegaron «a la aldea de santa Comba a cassa de Bernardo de Saavedra en donde hallaron a dicho Sr. obpo. acabando de comer y le dieron la carta del cavº que la leyó con mucho agrado y luego tomó mula con gualdrapa y se vino… trahiendolo en medio dichos comisarios y delante con la demás gente … los comissarios q. avia inviado la ciudad y en esta forma caminaran… asta llegar al campo de sanfiz en donde estaba la justicia y Regimiento… y allí Valcárcel (un regidor) en nonbre de la ciudad dió… la norabuena… y luego comenzaron a caminar viniendo la dha. justicia y Regimiento delante con la demás gente… y dho. Sr. obpo. en medio de dichos comissarios del cavº y en llegando a la hermita de san Roque… se apeó… tomo capa de choro y dichos comissarios sobrepellices y havitos de choro y… Valcarcel como Regidor más antiguo y la Justicia tomaron juramtº al sr. obpo. en la forma acostumbrada pª guardar los fueros y Privilegios que tiene esta ciudad… y quando hubo avisso q. el cavildo llegaba a Recevirle en procession… salio de dha. hermita de san Roque con dichos Comissarios y dicha Justicia y Regimiento y los demas q. acompañaban delante y de esta manera se entro en la Procession del cavº. y vino en ella asta el portico desta santa Iglesia en donde el sr. Dean le tomo juramento de guardar los estatutos y loables costumbres… y luego entro… a hacer oracion al Smo. Sacramanto y se sento y asistieron los señores Dean y Arnº de Abeancos y todos los señores Prebendados le fueron a bessar la mano y los ministros de la Iglª que alli se hallaron y desta manera se volvió a salir… acompañandole el cavº asta los Palacios episcopales».

Hizo la visita «de costumbre» al Cabildo y, según dice Pallares, «se puso cuello eclesiastico» en prueba de estimación a sus prebendados y al hábito de San Pedro, usándolo siempre que ponía capa de coro, manteleta y muceta, aunque del color del hábito de su orden.

Por gracia del Cabildo y haciéndolo constar así el señor obispo con su firma fueron a buscarle en corporación para la Misa de Pontifical que se celebró en 6 de noviembre de 1644 por Doña Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV.

Con aquiescencia del mismo Prelado otorgaros en 18 de junio de 1645 escritura a favor de Pedro de Lage y su Mujer Catalina de Pena, vecinos de esta ciudad, cediéndoles perpetuamente el patronato de la capilla del Buen Jesús situada en el trascoro y el derecho de sepultura ellos y sus herederos «dentro da dha. capilla»en virtud de la entrega de ochocientos ducados y dotar un capellán con cincuenta fanegas de pan reservándoles la presentación.

Vivió y falleció pobre en 12 de enero de 1646 y le sucedió fray Juan del Pozo, pero falta el libro de actas de tal año y de los tres siguientes. Por eso hay que atenerse a lo que dice el señor Pallares, que era capitular entonces.

Después de esta nota manuscrita de los apuntes del señor Portabales hay una hoja en la que están pegados dos recortes de periódico, bajo los cuales puesto de letra del citado Portabales se lee:

«Nota.- Para el obispo Fray Juan de Laserna tomada del Archivo del Ayuntamiento.»

En tales recortes se lee:

«El Obispo D. Fray Juan de Laserna.- En Consistorio de 22 de octubre del año de 1643 compareció el Lic. D. Pedro de Rabal Olea, persona nombrada y dispuesta por el Obispo electo Fray Juan de Laserna para que en su nombre se posesionara de la Ciudad y Obispado de Lugo, habiéndolo asi efectuado en este mismo Consistorio.

En 26 de noviembre del año de 1643 hizo su entrada solemne en esta Ciudad y prestó el juramento de costumbre, el Obispo Fray Juan de Laserna quedando desde esta fecha encargado de la diócesis y ciudad como señor y Obispo de la misma»

«La Capilla de la Casa de Ayuntamiento.- En consistorio de 6 de abril de 1645 se tomó el siguiente acuerdo: En este Consistorio el Lic. D. Manuel de Alarcón, Regidor, propuso como habiendo informado a S.Sª. Fray Juan de Laserna Obispo y Señor de esta Ciudad como en este Consistorio y sus casas no había Capilla donde dijesen misa como la había en las demás de este Reino; que S.Sª fuese servido de dar licencia para que se hiciese, que dicho Sr. Obispo había respondido: que con mucho gusto, y que se escogiese la parte de las casas más conveniente, y que ayudaría o la haría a su costa, poniéndose las Armas Reales y las de S.Sª en el cuadro, que ha de ser del Espíritu Santo.

Y la Ciudad habiéndolo entendido lo estimó mucho, estimando, como es razón, la merced que se hace a la Ciudad, acordaron que los señores Regidores D. José Felipe Arias de Prado y Pedro Sanjurjo de Rubinos vayan a dar las gracias a S.Sª., y en cuanto a la ejecución de la dicha Capilla se encomienda al Sr. D. Manuel de Alarcón. Y lo firmaron.-C.»

Más datos sobre este Obispo, tomados de la obra del franciscano Manuel R. Pazos, «EL EPISCOPADO GALLEGO A LA LUZ DE DOCUMENTOS ROMANOS», tomo III (Obispos de Lugo y Mondoñedo, 1539-1839 y 1550-1839) C.S.I.C., Madrid, 1946, pág. 119 y ss.:

– Nació el 28 de octubre de 1568 en el lugar de Cabeza de Buey, en Extremadura, «Priorato de Magacela de la Orden de Alcántara, nullius dioecesis», como testifican los que declararon en el proceso, naturales también ellos del mismo lugar. Bautizóse el día 9 de noviembre en la parroquial de Santa María; fueron sus padres don Benito Sánchez Cuadrado y doña Catalina Alonso de Guevara, «vezinos y naturales de la dicha villa de Cabeça de Buey».

Luego de hacer los primeros estudios en Guadalupe pasó a continuarlos a Salamanca… (Pero) en el proceso, don Francisco de Sande, que conocía a Fr. Juan«desde que este testigo tiene uso de raçon», declaró que Fr. Juan «está graduado de licenciado en cánones por la Vniuersidad de Salamanca, y de Maestro en santa Theolugía por la Vniuersidad de Sigüenza, y lo saue este testigo por haber bisto los títulos de dichos grados».

En el mismo año de 1593, y movido por vocación religiosa, tomó el hábito de San Jerónimo en el vetusto y muy célebre monasterio de Guadalupe, profesando al año siguiente a 4 de diciembre. A los cinco años de profeso se ordenó de sacerdote…

Hacia el año 1600 le destinaron los superiores a estudiar al Colegio de San Antonio de Portaceli, en la Universidad de Sigüenza, en el que se impuso en Artes y Teología, y estando de colegial le nombraron maestro de novicios. Vuelto a Guadalupe, puso allí cátedra de Artes y de Sagrada Escritura. Y ahora comienzan los altos cargos que tuvo dentro de su Orden, y que enumeran los autores, si bien creemos que con alguna confusión. Por de pronto parece que debemos atenernos a lo que los testigos declararon en el proceso, según los cuales fue tres veces vicario de su Orden, prior del monasterio de Sanlúcar de Barrameda, de Yuste, de San Jerónimo de Madrid, tres veces de Guadalupe y dos de San Lorenzo del Escorial, de donde salió para la mitra. Pallares dice que fue otras tres veces definidor mayor nombrado en tres capítulos generales, mientras que el citado Sande declaró que sólo fue dos veces, y el testigo Juan Francisco de Torres expresa que una vez fue elegido en el capítulo general y la otra en capítulo privado.

Como quiera que haya sido, nos consta por la historia del monasterio guadalupano que Fr. Juan fue por vez primera prior de Guadalupe en el trienio de l6l5-l6l8; la segunda en el de 1620-1623, y la tercera, en el trienio de 1633-1636, al tiempo en que ponía término a su priorato en Barrameda. El monasterio de Guadalupe tuvo en el P. de la Serena uno de los priores más conspicuos y celosos que pasaron por su celda prioral, cual lo prueban las múltiples obras y mejoras que introdujo, a pesar de los disgustos que por todo ello hubo de sufrir el entusiasta Fr. Juan. (Cita aquí el P. Pazos a Fray Germán Rubio: Historia de Ntra. Sra. de Guadalupe. Barcelona, 1926, 154, 158 y 159).

Pallares elogia la intrepidez de este obispo cuando, siendo prior del Escorial, se atrevió a insinuar a Felipe IV dispusiese las cosas de su alma e hiciese testamento.

El 21 de mayo de 1642 es la fecha que llevaba la real cédula de (su) presentación (para la diócesis lucense), según puede apreciarse por el oficio que el embajador Chumacero dirigió al Papa con el mismo fin, y que firma su secretario Gregorio de Romero de Romerales.

El proceso correspondiente fue formado por el Nuncio Juan Jacobo Pancirolo el 14 de mayo del mismo año.

Don Diego Osorio, «presbítero prothonotario apostólico y abogado de los Reales Consejos, natural de la ciudad de Lugo», dice que esta ciudad es «de más de quatrocientos vezinos». (Que) en la catedral lucense «ay ocho Dignidades, que son: Deán… que sus rentas balen cada año ochocientos ducados; seys Arcedianatos, como son el de Deça, que bale ochocientos ducados cada año; de Doçón, que bale setecientos ducados; el de Beancos y el de Neyra, a seyscientos ducados cada uno, y el de Tira Castela, quinientos; Chantre, quinientos, y el Maestrescuela, quatrocientos, y catorce canónigos a tres mill reales cada uno; seys racioneros a ciento cinquenta ducados cada uno, y asimismo ay otros presbíteros y beneficiados que tienen congrua sustentación».

«En la dicha Yglesia ay dos curas de almas»
«Las rentas del dicho obispado valdrán cada un año de cinco a seys mill ducados».
«Saue que en la dicha Yglesia Cathedral están inclusas dos parrochiales que se llaman San Pedro y Santiago, y dos conuentos de las Ordenes de Santo Domingo y San Francisco, y vn monasterio de monjas dominicas… y vn hospital que llaman San Bartholomé».
«En la dicha ciudad ay un Seminario donde se crían niños… y que en él se enseña la gramática y se leen casos morales».

El testigo tiene cuarenta años de edad.

El 27 del mismo mes de mayo aprobaba el Nuncio estas informaciones acompañadas de la profesión de fe hecha en manos del mismo el 14 de mayo…

La confirmación consistorial de Fr. Juan de la Serena se hizo en el consistorio del lunes 13 de julio del año de 1643, cuya acta dice:

«Referente eodem Rmo. Cardinali Cueua, providit… Ecclesiae Lucensi in Regno Galitiae vacanti per obitum Petri Rosales, de persona Rev. Fratris Joannis de la Serna, Ordinis Sancti Hieronimi expresse professi, ipsumque eidem Ecciesiae in Episcopum praefecit et Pastorem… cum decreto ut Praebendam Theologalem et Poenitentiariam ad praescriptum Sacri Concilii Tridentini erigat, onerando in hoc ejus conscientiam» (Cita Pazos el fol. 162 r., del vol. XVIII de las Acta Camerarii. Y los datos anteriores acerca del proceso los tome de los folios 40-50 del vol. XLIII de los Processi Consistoriali del Archivo Vaticano).

El 11 de octubre de aquel año de 1643 recibía la consagración episcopal en la iglesia madrileña de San Jerónimo, de la que fuera prior. Ofició de consagrante el obispo de Calahorra, don Juan Piñeiro Osorio, asistido por los titulares de Siria y Aspán.

Por lo que se refiere al Pallares que en esta reseña extractada del obispo Serena del que fue canónigo de Lugo Don Inocencio Portabales Nogueira y Fr. Manuel R. Pazos, debe advertirse que se trata de Don Juan Pallares Gayoso, Magistral de Lectura de la Catedral de Lugo de 1638 a 1668, quien dejó escrita una obra publicada en Santiago en 1700 con el título «Argos. Divina. Santa María de los Ojos Grandes de Lugo». Es muy digno de fe en todo lo que pudo comprobar personalmente a base de la documentación entonces existente en el archivo catedralicio.

Oct 011977
 

Patricio Guerin Betts.

Alcántara es un municipio de la provincia de Cáceres, rico en historia, más conocido universalmente por haber tomado de él el nombre de una ínclita Orden de Caballería. Pertenecieron a esta Orden numerosos personajes entre los cuales ocupa un lugar aventajado don Gaspar Melchor de Jovellanos.

Esta pertenencia de Jovellanos durante veintiún años no tiene nada de casual ni rutinario. Ya le había precedido su bisabuelo (padre del abuelo materno), don Alonso Antonio Ramírez, en 1662. Jovellanos ingresa en 1780 a los treinta y seis años. De su gran amor y solicitud por la Orden nos habla su paisano, el historiador cisterciense Fray Roberto Muñiz, natural de Avilés y abad a la sazón de San Martín de Castañeda. Dice, pues en la dedicatoria del tomo séptimo de su Médula Histórica Cisterciense, que trata exclusivamente de la Orden de Alcántara:

AL SEÑOR D.GASPAR DE JOVELLANOS
CABALLERO DEL HÁBITO DE ALCÁNTARA, DEL CONSEJO DE S.M. EN EL DE LAS ÓRDENES, DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA, DE LA HISTORIA Y DE SAN FERNANDO, DE LA JUNTA DEL COMERCIO, MONEDA Y MINAS, DIRECTOR DE LA NUEVA REAL COMPAÑÍA DE SEGUROS, etc.

Siempre fue ambición cuidadosa de la fineza el declarar sus favores por lisonjear sus afectos y no pudiendo yo desentenderme a los que merezco de V.S. o había de incurrir en la nota de ingratitud o esta pequeña obra había de caminar sin detención a sus manos. Toda ella se reduce a un compendio o resumen del origen, méritos, gracias y prerrogativas del Real y Militar Orden de Alcántara, cuya sagrada venera esmalta el pecho de V.S. y obra que renueva la memoria de las heroicas acciones, valor y fidelidad de los Caballeros de Alcántara ¿a quién podía dirigirse con más acierto que ha V.S. que de día y de noche estudia en promover sus aumentos, en mantener sus regalías y en procurar su esplendor?. Bien notorio es a todos los que tienen el honor de tratar a V.S. de cerca, que entre el tropel de varios y delicados asuntos que continuamente arrebataban su atención jamás pierde de vista los intereses de su Orden, mostrándose V.S. en todas las ocasiones como su particular corifeo.

Nuestro Señor guarde la vida de V.S. para lustre de España, gloria de la Religión de Alcántara y protección de sabios. De este colegio de San Martín de Castañeda y marzo 10 de 1789.

Su más rendido siervo y capellán,
Q.B.S.M
Fr. Roberto Muñiz

Queremos, pues tratar este año para los Coloquios Extremeños de Trujillo sobre Jovellanos. Muchas facetas tiene, muchas relaciones, la de Alcántara es muy suficiente para ponerle aquí en evidencia.

Como de costumbre he acudido a los archivos, al menos al principal, el Archivo Histórico Nacional para proceder documentalmente. Otras fuentes impresas he consultado. He de decir también que siento simpatía especial hacia Jovellanos desde doble ángulo, aunque ambos parten del mismo punto: ALCÁNTARA, que le acercan a Extremadura, con la cual tengo relación personal a través de los Coloquios y lo acerca a mi Orden cisterciense.

Dicho todo esto, hablemos de Jovellanos no exhaustivamente, porque eso sería agotador, más si concierto detenimiento, porque se trata de un hombre excepcional.

Nace en Gijón en 5 de enero de 1744. El mismo día le bautizó de socorro Ángel Gutiérrez. Al recibir los óleos le impusieron los nombres de Baltasar Melchor Gaspar María. Su primer apellido Jovellanos se descompone en Jove y Llanos, como se ve por los distintos cuarteles del escudo de armas familiar, porque el procede de un auténtico linaje y por parte de su madre es nieto de marqués.

Sus padres fueron Francisco Gregorio, nacido en Val de Soto (Pola de Siero) y bautizado el 25 de enero, 1706. La madre, Francisca Eulalia Apolinaria Benita Ramírez, nació en Gijón el 23 de julio, 1703 y en Gijón se casaron en 30 de junio de 1732. Resulta, pues, que B. Gaspar es hijo de padres bien maduros. No es, sin embargo, hijo único. El mayorazgo fue Francisco de Paula, capitán de Fragata y brazo derecho de Gaspar. A éste sigue inmediatamente su hermana Josefa. Otra hermana fue condesa de Peñalva. Josefa quedó viuda en 1784 y contra el parecer y gusto de Gaspar se hizo agustina precisamente al lado de o dentro de la casa paterna. Fundó una escuela para niñas huérfanas y murió en olor de santidad. Tuvieron una tía benedictina, abadesa de San Pelayo en Oviedo.

El abuelo paterno, Andrés de Jovellanos, nació en Gijón, bautizado en 8 de diciembre, 1676. Su esposa fue doña Serafina de Carreño, natural de Val de Soto. Se casaron en 23 de septiembre, 1703. El ya fue hija de Francisco Carreño Estrada y de Luisa de Peón Vigil. Bautizada el 16 de enero, 1680. Tenían los Carreño un escudo en la parroquia de San Tirso de Oviedo. El abuelo materno fue Carlos Miguel Ramírez, marqués de San Esteban, bautizado en Gijón el 21 de diciembre, 1673, hijo de Alonso Antonio Ramírez (el Caballero de Alcántara) y de Catalina de Vigil de la Concha. La abuela, Francisca María Juliana Benedicta de Miranda Ponce de León, hija de los marqueses de Valdecarzana (Lope de Miranda y Josefa de Trelles Albornoz), nació en Muros, bautizada en 8 de marzo de 1667.

Pero estamos diciendo demasiado por nuestra cuenta. Pongamos al lado de los informantes: Fray Roque de Prado y Ulloa y Fray Francisco Valencia. Comienzan la investigación en Gijón el 3 de julio, 1780. Comparecen testigos: don Pedro Miguel Valdés Llanos. Dice entre otras cosas que un progenitor fue nombrado en 1558 alférez mayor perpetuo de Gijón. El título llegó hasta el hermano mayor de Jovellanos. Otros siete. Después preguntaron a don Miguel de Jovellanos, tío carnal del pretendiente por los documentos. Le señaló la única parroquia de Gijón. El abuelo paterno fue hijo de Gregorio de Jovellanos y de Antonia de Jove Huergo. Dicho Gregorio tuvo por padres a Francisco de Llanos y Juana Ramírez. La abuela hija de Gregorio de Jove y de Ana de Jove.

En Gijón había testamentos. El del padre del abuelo materno, precisamente el alcantarino. Muy devoto de Santa Teresa. Testa en 15 de octubre, fiesta de la gloriosa Santa Teresa de Jesús, mi especial madre y abogada. Tuvo trece hijos. El abuelo materno casó con hija de que Lope de Miranda Ponce de León y de Josefa de Trelles Simo Carrillo de Albornoz, marqueses de Valdecarzana y Torralba.

Tuvieron una hija, Isabel Teresa, monja en San Pelayo de Oviedo y abadesa. El primogénito, Alonso Antonio, se iba a casar con María Josefa Bernardo de Miranda, señora de las casas de Campomanes y nieta de María Bernardo de Quirós. Francisco de Carreño Estrada (hijo de Francisco de Carreño y de Antonia de Estrada) y Luisa de Peón Vigil (hija de Pedro de Peón y de Isabel de Vigil), casaron en 26 de noviembre, 1677.

Los informantes visitaron también el archivo de la casa del pretendiente y el de su tío, marqués de San Esteban. Vieron el título de alférez mayor de Gijón a favor del licenciado Francisco Álvarez de Jove, fiscal de S.M. en la corte y el título de Castilla de la casa de la madre del pretendiente de 20 de marzo de 1708 debido a los servicios del mariscal de Campo don Francisco Ramírez, tío del actual marqués y del pretendiente. Defendió durante dos meses el castillo de Tortona (Milán), por lo cual los enemigos le pasaron a cuchillo. Título de comisario provincial de artillería concedido al abuelo materno del pretendiente en 1 de octubre, 1649. En los padrones de Muros de 1668 a 1698 figura doña Josefa Trelles Simo Carrillo Albornoz, madre de la abuela materna y marquesa de Valdecarzana, Torralba y Bonanaro y tenía señoríos en Cerdeña. Había nacido en Gaeta. Testó en Oviedo ante Diego Blanco en 17 de febrero, 1713. Su marido Lope Fernández de Miranda Ponce de León fue mayordomo de la Reina doña Ana de Austria. En su testamento doña Josefa manda traer los restos de Lope y los de don Álvaro de Miranda, Abate que fue de Teverga, depositados en el monasterio cisterciense de Santa Ana de Madrid, a Teverga, donde estaba el panteón familiar. El bisabuelo materno, Caballero de Alcántara, nació en Gijón, hijo de Alonso Ramírez y de Margarita Valdés.

Abuelos paternos Alonso Ramírez y Catalina Menéndez, maternos Fernando de Valdés y Luisa de Valdés, todos vecinos y naturales de Gijón.

Con esto vemos de cuanta raigambre era Jovellanos y en lo sabía perfectamente. Faltaba que respondiese a su alcurnia. Lo que resta por decir lo comprueba plenamente. El hecho cierto es que comenzó a estudiar la carrera eclesiástica. Dicen que fue por disposición de sus padres. Estudió las primeras letras y latín en Gijón. En lo del destino eclesiástico pudieron influir no sólo sus padres sino también sus parientes eclesiásticos, que también le pudieron ayudar en los primeros estudios. La filosofía la cursó en Oviedo. Luego pasó a Ávila, donde estudió leyes y cánones. El plan eclesiástico iba delante y bien encauzado y apoyado. Ya a los trece años había sido tonsurado en Oviedo. El prelado abulense, don Romualdo Velarde le confirió dos beneficios y le proporcionó una beca de colegial mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares. En 1766, a los veintidós años de edad y licenciado en ambos derechos iba a opositar a la canongía lectoral de Tuy. En este momento crítico, cuando ya tenía preparación muy suficiente para orientarse personalmente, dicen que le disuadieron sus amigos y parientes de seguir por el camino emprendido y le aconsejaron el de la magistratura. Entonces se plantea la cuestión de cuál era la auténtica vocación de Jovellanos. La solución podría tal vez darse con un examen de toda su trayectoria hasta el 66, en particular sus manifestaciones y comportamiento personal. Cabe también que no hubiese sido una vocación muy clara y decidida.

Al cambiar de rumbo siguió adelante sin titubeos y pese a la malísima época que le tocó vivir, llegó hasta el puesto de Ministro de Gracia y Justicia, no sin antes ser alcalde del crimen de la Audiencia de Sevilla, alcalde de Corte de Madrid y Consejero de las Órdenes Militares, académico de la Historia, de la de Nobles Artes de San Fernando y supernumerario de la Española. Fue un auténtico polígrafo y muy avanzado en cuestiones agrícolas. En particular nos interesa su labor como consejero de las Órdenes Militares. Dice Espasa que su «Consulta acerca de la jurisdicción temporal del Consejo» es un brillante resumen de la historia política de las Órdenes Militares y el «Reglamento del Colegio Imperial de Calatrava» constituye el plan de enseñanza más completo y perfecto que hasta entonces hubo en Europa. Fue Superintendente de los tesoros de Calatrava y Alcántara y prácticamente el mentor de las Órdenes Militares. Existe una obra de José Gómez Centurión «Jovellanos y los Colegios de las Órdenes Militares en Salamanca» (Madrid, 1913). Dice: «entre miles de importantes documentos de las Órdenes Militares sobresalen y se distinguen cuál fuente luminosa los de este genio organizador, de gran conocimiento del corazón humano, hombre de ciencia unida a la más profunda y extensa enciclopedia, siempre encaminada a la educación en general».

Desde abril a agosto de 1790 se ocupó de visitar el colegio de Calatrava de Salamanca y arreglar su disciplina interior y estudios. Colocó al mismo tiempo la primera piedra del nuevo colegio para mí Orden de Alcántara. No se trataba de sustituir al ya existente, sino que este estaba repleto. En principio se pensó en un modesto anejo, capaz para unos ocho estudiantes, pero Jovellanos preveía bastante más, y planeó un edificio que él describe como el mejor de Salamanca. ¿Cómo se podría hacer sin un presupuesto enorme? Aquí Jovellanos contesta como alcantarino y casi como cisterciense. Enjuicia a los arquitectos de los edificios de Salamanca. Lo que hace falta es algo sencillo y elegante. Puso el máximo interés y pleiteó contra los franciscanos, que se oponían, más, como él indica al fin de sus días, los contrarios tenía mucha influencia en la Corte y salieron perdiendo Alcántara y Salamanca una obra de arte, que hubiese sido uno de sus mejores adornos. Solamente este punto merecía un estudio a fondo. ¿Cuáles eran las ideas estéticas arquitectónicas de Jovellanos? No bastaría oírle a él sólo, aunque debía de ser una de sus especialidades y conocía gran número de edificios artísticos, entre ellos varios monasterios cistercienses. En sus Diarios póstumos enjuicia muchas de estas obras de arte.

En dichos diarios le vemos caminando, no por simple sino encargado por el gobierno de estudiar la situación de las minas. En todo lo unía, sin confundir en absoluto ambas cosas. Al llegar a Salamanca, hace mención de sus Visitas a Alcántara, sin especificar, y al colegio del Rey, que era de Santiago. Le pusieron algunos peros, pero lo fue convenciendo por artículos y no tuvieron que responder. Visitó el monasterio de Moreruela con poca fortuna y fue una lástima, Carracedo. Buena librería, ancha y grande y bastante iluminada, aunque pudiera serlo más, bastantes libros, aunque no llena y buenos, aunque no en todo. El archivo, que es muy rico en documentos, está en una pieza de bóveda de piedra. Buena comida, buena siesta, trabajó en los becerros, paseé en la librería y claustros, conversación con el abacial hasta las nueve. Estuvo en Cornellana y allá le fue a buscar el abad de Belmonte, Fray Alberico Salazar, posteriormente General. En Belmonte estuvo ante todo el archivo. Lo grande fue que el domingo 22 de 1792 hizo profesión. ¿Qué profesión? Dice el mismo que fue según la forma de las definiciones, que él se sabría de memoria. ¿Qué definiciones? Eso lo daba por supuesto. No serían las cistercienses, pero si él era de Alcántara había mucho de cisterciense. El Monasterio era cisterciense.

Oigamos a Jovellanos: Este día destinado a mi profesión… Dispúsose que yo recibiese la profesión en público después de la Misa conventual y en la iglesia. Asistió la Comunidad en el coro bajo. El prelado ocupó su silla, me postré e hice la profesión según la forma establecida por definiciones y acabada besé la mano al Prelado y luego le abracé como también a toda la Comunidad, habiendo concurrido a este acto muchas gentes de la tierra y además lo presenció y dio fe de él el escribano del coto y del concejo de Miranda, Andrés Puente. También asistió mi sobrino, don Álvaro de Cienfuegos. Después se trabajó en el archivo hasta la hora de comer… es mucho lo que hay en él y corto el tiempo, la cabeza ya no puede más.

Y ahí tenéis a Jovellanos, Alcantarino. Para profesar en Belmonte, así como en la sacristía el Abad se revistió de pontifical, él se puso su manto capitular de su Orden. Monje de todo corazón, político por las circunstancias. Llegó a hacer sombra al favorito Godoy, el cual, sin embargo le hubo de nombrar Ministro de Gracia y Justicia durante un breve período. Mucho más largos fueron los destierros, en particular a Mallorca durante siete años. Finalmente sucumbió por una enfermedad contraída al huir de los franceses de los cuales como invasores era enemigo declarado y adalid de la Junta Central.

Falleció en Vega en 1811.

En vida no le faltaron a Jovellanos enemigos, contrarios, denigrantes. Ya fallecido y hasta hoy han predominado los elogios y grandes elogios. En este punto vamos a escoger como encomiador entusiasta de nuestro alcantarino a otro insigne polígrafo, otro patriota, otro católico de sólido renombre, don Marcelino Menéndez Pelayo. En su obra maestra «Historia de los Heterodoxos Españoles» es donde más ampliamente habla de Jovellanos. En el tomo quinto de la edición del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Santander, 1947) dice:

«Un gran nombre hemos omitido en esta revista del siglo pasado y sin duda el nombre más glorioso de todos: el de Jovellanos. Recuerda que por decreto de 5 de septiembre de 1825 fue a parar al Índice su obra «La Ley Agraria» junto con la de Campomanes «La Regalía de Amortización», pero reconoce que resulta acendrada y sin mácula la ortodoxia de Jovellanos. Ya hemos confesado que Jovellanos fue economista y no es este leve pecado, como que de él nacen todos los demás suyos. Pero de aquí a tenerle por incrédulo y revolucionario allí largo camino. Sin ser economista, creo que este reparo de Menéndez Pelayo, quien tampoco debió serlo, sea discutible. Más que se suele estar ex tradicionalista acérrimo. En 1805 comulgaba cada quince días y rezaba las horas canónicas con el mismo rigor que un monje y llamaba al Kempis su antiguo amigo. Herejía política llamaba Jovellanos al dogma de la soberanía nacional en la «Consulta sobre Cortes». Abomina de la manía democrática y de las constituciones quiméricas abstractas y a priori, que se hacen en pocos días, se contienen en pocas hojas y duran muy pocos meses… la Constitución de que habla es siempre efectiva, la histórica, la que, no en turbulentas asambleas ni en un día de asonada si no en largas edades fue lenta y trabajosamente educando la conciencia nacional con el concurso de todos y para el bien de la comunidad, Constitución que puede reformarse y mejorarse, pero que nunca es lícito ni conveniente, ni quizá posible destruir so pena de un suicidio nacional peor que la misma anarquía. ¡Qué mayor locura que pretender hacer una Constitución como quien hace un drama o una novela!… Este es Jovellanos en sus escritos públicos, pero aún hay un testimonio menos sospechoso, sus diarios privados… En esta especie de confesión o examen de conciencia que Jovellanos hacía de sus actos nada se halla que desmienta el juicio que de él hemos formado sino antes bien nuevos y poderosos motivos para confirmarle. Los diarios eran de 1790 a 1798. Decía Jovellanos que nada bueno se puede esperar de las revoluciones en el gobierno y todo de la mejora de las ideas. No, cuanto más se estudia a Jovino más se adquiere el convencimiento de que en aquella alma heroica y hermosísima, quizá la más hermosa de la España moderna, nunca ni por ningún resquicio penetró la incredulidad. Por eso, cuando se elogie al varón justo o integérrimo, al estadista todo grandeza y desinterés, al mártir de la justicia y de la patria, al grande orador, cuya elocuencia fue digna de la antigua Roma, al gran satírico, a quien Juvenal hubiera envidiado, al moralista, al historiador de las artes, al político, al padre y autor de tanta prosperidad y de tanto adelantamiento, no se olviden sus biógrafos de poner sobre todas esas eminentes cualidades otra mucho más excelsa que, levantándole sobre los Campomanes y los Floridablancas, es la fuente y la raíz de su grandeza como hombre y de su obra y la que le salva del bajo y rastrero utilitarismo de sus contemporáneos, hábiles en trazar caminos y canales y torpísimos en conocer los senderos por dónde vienen el alma de los pueblos la felicidad o la ruina. Y esa nota fundamental del espíritu de Jovellanos es el vivo anhelo de la perfección moral, no filosófica y abstracta sino «iluminada», como él dice en su «Tratado de enseñanza»: con la luz divina que sobre sus principios derramó la doctrina de Jesucristo, sin la cual ninguna regla de conducta será constante, ni verdadera ninguna. Esta sublime enseñanza dio aliento a Jovellanos en la aflicción y en los hierros. No querían destruir las leyes sino reformar las costumbres, persuadido de que sin las costumbres son cosa vana e irrisoria las leyes. Nada esperaban de la revolución, pero veía podridas muchas de las antiguas instituciones y no le pesaba que la ola revolucionaria viniese a anegar aquellas clases degeneradas qué con su torpe de depravación y mísero abandono habían perdido hasta el derecho de existir.

Tal fue Jovellanos, austero moralista, filósofo católico, desconfiado hasta un exceso de las fuerzas de la razón… tradicionalista en filosofía, reformador templado y honradísimo, como quien sujetaba los principios y experiencias de la escuela histórica a una ley superior de eterna justicia… pudo… exclamar con ánimo sincero en todas las fortunas prósperas y adversas de su vida:

Sumiso y fiel la Religión augusta
De nuestros padres y su culto santo
Sin ficción profesé…
¡Cuán pocos podían decir lo mismo entre los hombres del siglo XVIII!

Largo elogio y muy autorizado. En el tomo I de la Ciencia Española (edición C.S.I.C., Santander, 1953), pág. 163 aparece la lista de predilectos de Menéndez Pelayo: diez en ocho siglos.

En la misma línea pueden entrar otros preclaros sabios españoles que, si no dieron origen a escuelas o sectas filosóficas propiamente dichas, personifican grandes fases de la vida intelectual de la Península, aparecen como iniciadores de trascendentales movimientos en la esfera de las ideas o descuellan por la originalidad y universalidad de su doctrina de tal suerte que para darles a conocer debidamente es preciso trazar en torno suyo el cuadro de la época en que florecieron con sus antecedentes y consiguientes. A esta clase corresponden:

El arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada
Alfonso el Sabio
Antonio de Nebrija
Antonio Agustín
Arias Montano
Caramuel
Feijoo
Campomanes
Jovellanos
Hervás y Panduro

No excluye a otros, pero los que nombra los tiene muy grabados y apreciados. En sus Estudio sobre el «Teatro de Lope de Vega» tomo III, pág. 86, dice a propósito de Jovellanos: de tan claros varones no debe perderse ni aún el rasguño más insignificante. Y yo digo que, de tan claro varón no debe menospreciarse ni la más leve coincidencia. Y Jovellanos fue alcantarino. Para el eso tenía mucha importancia. Era una Orden Militar religiosa y él era profundamente religioso. Merecía este solo punto un estudio especial. Como dice muy bien el padre Muñiz, Jovellanos llevaba su pecho esmaltado de la sagrada venera de la Real y Militar Orden de Alcántara y Alcántara esmalta bien la geografía de Extremadura.

Fray Patricio Guerin Betts
Cuacos, septiembre 25 1977

Oct 011977
 

Vicente González Ramos.

La Providencia, nombre cristiano de la suerte, ha hecho que venga a mis manos un ejemplar del diario «HOY» correspondiente al sábado 27 de agosto del año actual. Al leer en un artículo de mi distinguido amigo el M.I. Sr. Don Francisco Fernández Serrano que los VII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA «no quieren estar ausentes del recuerdo y los homenajes que se van a tributar a la memoria del novelista extremeño Don Antonio Reyes Huertas, con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento», una emoción vivísima -sincera y profunda- nació en mí. Y, tras ella, surgió el deseo de participar de alguna forma en ese justo y merecidísimo homenaje. El motivo no puede ser más íntimo y cordial. Don Antonio Reyes Huertas, cuando yo era muchacho -allá por los años de la guerra- fue mi maestro de periodismo, mi consejero y amigo. Un maestro excelente. Un consejero leal. Un amigo nobilísimo. Un sentimiento de acendrada gratitud y afecto me obliga a recordar su extraordinaria figura y a escribir algo de ella. Esa es la justificación de mi presencia.

Dice Don Armando Palacio Valdés al comienzo de su «TESTAMENTO LITERARIO»:

«El más alto interés de la vida es saber para que hemos sido llamados, el por qué de nuestra existencia. El engaño en este punto es fatal, pues de el dependen nuestra dicha y los destinos del mundo. Son muchos los hombres que se equivocan, que se obstinan, aunque a todos nos habla al oído la sabia Naturaleza».

Pero esta voz es tan baja que en ocasiones no la percibimos. Mejor nos sería estarnos quietos, no introducir en nuestra vida parcialidades y apetitos y esperar que una ola benéfica nos empuje a puerto seguro. Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto de su caballo. Donde es más fácil tropezar y estrellarse es en el bosque de las bellas artes, sobre todo de la literatura. La literatura atrae y fascina a una gran parte de los hombres, no solamente porque significa la celebridad con poco esfuerzo, sino porque realmente todos sentimos la belleza y nos creemos aptos para expresarla. En esto último se cifra el engaño. La distintiva cualidad del literato no es el sentimiento vivo de la belleza, sino el poder de hacerla ostensible.»

Bellísimas y acertadas frases sobre las que más de una vez he meditado. Mi vocación a la Literatura apuntó muy temprano. No puedo decir si la voz que me llamó fue alta o baja, pero sí clara. Empecé a escucharla desde los años de mis estudios de Bachillerato en el Instituto cacereño. En la clase del Rvdo. Sr. Don Agustín Bravo Riesco, catedrático de Lengua y Literatura. Don Agustín era competentísimo. Un talento que me consta fue alabado por Don Miguel de Unamuno. Las clases de Literatura ejercieron sobre mí una fascinación especial. En ellas leíamos el Quijote. Con mucha frecuencia Don Agustín me preguntaba el significado de algunas palabras o me pedía hiciese un comentario de algunos párrafos. Fui afortunado y Don Agustín llegó a cobrarme especial afecto, hasta el punto de llamarme familiarmente «nuestro Vicentico».

De ahí, de las clases de Literatura, arranca mi vocación a las Letras. No tardó en concretarse en el nacimiento de un humilde periódico del Aspirantado de la Juventud Masculina de Acción Católica. Mi sincera devoción a la excelsa Patrona de Cáceres determinó el título: «LA MONTAÑA». Hice yo mismo los primeros ejemplares en papel de barba y a tinta china. Luego aquel ensayo se transformó en algo más serio. Intervino el Presidente de la Obra, Don Juan Durán García-Pelayo, prestándole su apoyo. El periódico se hizo en multicopista, en una antigua casa del barrio medieval cacereño, en la que habitaban mis antiguos compañeros de Asociación Juan y Enrique Gil de Larrazábal. Hacíamos el periódico manejando planchas de gelatina. !Y el periódico empezó a circular por el Centro! !Cuánto siento no conservar ningún ejemplar! Ahora sería para mí un recuerdo y una satisfacción.

Si apunto brevemente estos recuerdos es porque pertenecen a la prehistoria de mi vocación literaria, antes de que Don Antonio Reyes Huertas, al que voy a referirme en seguida, me llamara un feliz día que señaló el comienzo de mi iniciación en el periodismo.

Ser cacereño es para mí un honor. En el Colegio de Santa Cecilia de las Hermanas Carmelitas hice mis estudios primarios. Y allí, entre otros amigos, conocí a un hijo del eximio novelista Don Antonio Reyes Huertas, al que ahora exaltamos justamente con motivo de cumplirse veinticinco años de su tránsito a la Casa del Padre. El hijo de Don Antonio llevaba su mismo nombre. Tan fuerte se anudó el afecto que llegué a ser, hasta su prematura muerte, su mejor amigo. Corriendo los años, Don Antonio, con una enorme generosidad que estaba lejos de merecer, había de expresarlo afectuosísimamente en la dedicatoria que me escribió en un ejemplar de su bellísima novela «LA CANCIÓN DE LA ALDEA», editada como homenaje de las dos provincias extremeñas a su gran cantor En ella escribió: «A Vicente González Ramos, que ya no es una promesa sino una realidad en la cosecha de frutos literarios extremeños. Con el afecto entrañable a través del hijo querido y muerto, su mejor amigo, Antonio Reyes Huertas. Mayo, 1952″.

Todavía hoy, esta dedicatoria, cada vez que la leo, humedece mis ojos y conmueve mi sensibilidad.

La amistad con el hijo y el hecho de ser mi padre practicante de Don Antonio determinaron mi encuentro con la valiosa personalidad que había de ser mi maestro de periodismo. Ya conocía él mis aficiones y primeros escritos.

Un buen día mi padre me dijo a la hora de la comida: -Don Antonio quiere que vayas a verlo. No sé que te querrá. Posiblemente sea algo relacionado con el periódico. Preséntate a el y ya me dirás de qué se trata y lo que habéis hablado.»

Las palabras paternas me llenaron de expectante curiosidad. Creo que mi corazón latía más deprisa. Las horas que faltaban para la visita se me hacían interminables. Pasó, por fin, el tiempo y me presenté en su casa. Don Antonio me inspiró respeto pero no temor. Era hombre afable, con un corazón enorme, muy buen psicólogo, exquisito en sus maneras. Todo un señor de la mejor ley. Cuando le conocí estaba en una edad más que mediada. Pausadamente me explicó su generosa invitación: Se trataba de ayudarle como repórter en la información que diariamente enviaba al periódico «HOY», del que era Corresponsal-Delegado en Cáceres. En líneas generales me expuso el ámbito de mi misión, animándome mucho.

Haría información de calle. Recorrería los hoteles para enterarme de los viajeros y visitantes distinguidos que llegaban. Iría a la Casa de Socorro, buena fuente de sucesos y accidentes. Frecuentaría los centros oficiales para recoger sus notas, avisos y comunicaciones. También pasaría a diario por el despacho de las Autoridades, con objeto de recoger la información que quisieran dar.

Estaría atento a los lances y sucesos de la calle. Abriría, en fin, los ojos a todo cuanto tuviera algún interés noticiable y pudiera trasladarse a las columnas del periódico.

Como retribución a mi labor me ofreció una modesta gratificación, con la perspectiva de irla aumentando a través del tiempo y a vista de mi labor.

Acepté con muchísima ilusión. Y comencé a trabajar en seguida. Don Antonio fue dándome enseñanzas y prudentes normas de actuación. Una de ellas fue la de que el periodista debe parecerse algo al policía. Tiene que saber husmear, deducir, descubrir… Tener olfato, en suma. La noticia es una presa a veces difícil pero hay que capturarla a todo trance. Supe también por él lo que, en lenguaje profesional, se llama «hinchar el perro» cuando, en determinadas circunstancias, la noticia debe ser arreglada, ampliada o comentada de cierta forma.

Aunque en el transcurso de dos o dos horas y media, aproximadamente de doce a dos y media de la tarde, había que hacer la información -por ser este el tiempo de mayor actividad en los centros oficiales- el ejercicio físico no me resultaba entonces penoso. Por el contrario: me era grata la actividad. Parte de la información había que redactarla de prisa para que se la llevase a las tres el mismo automóvil que por la mañana traía a Cáceres los periódicos. Si durante la tarde o la noche ocurría alguna noticia de importancia o surgía alguna información que valiera la pena, se daba a la noche por conferencia telefónica.

Naturalmente esta actividad fue creando en mí hábitos que iban familiarizándome con la labor periodística, facilitándomela y haciéndame conocer sus dificultades y el modo de vencerlas.

El ejercicio profesional fue causa de que entablara numerosas amistades y me relacionase con las autoridades que, por aquellos años, ejercían sus funciones en la capital y provincia. Ninguna me atendió con displicencia. De todas ellas recibí atenciones y afecto. Pudiera nombrarlas pero, en gracia a la brevedad, solamente citaré al Alcalde de Cáceres, Don Narciso Maderal Vaquero, que me estimó mucho. Aunque zamorano de nacimiento residió en Cáceres hasta su muerte, ocupando diversos cargos, entre ellos el de Delegado de Información y Turismo. Como experto periodista que era, nos trataba a los informadores con toda clase de deferencias. Siempre efusivo y cordial, nos suministraba a diario una amplia información.

Como yo era un muchacho que empezaba a vivir, sin duda tenía mucho que aprender. De la vida y del periodismo. Por eso voy a referir lo que puedo calificar de un fracaso y un triunfo de mi incipiente actividad.

Entre la relación de multas de la Alcaldía me llamó la atención una mañana la impuesta a un comerciante por valor de cien pesetas. Y la destaqué con el título de «Multa ejemplar». Al día siguiente me llamó el comerciante, afectado y molesto. Con palabras moderadas me expuso sus razones y dio sus quejas, diciéndome que la sanción no era merecedora de ese adjetivo. Le conté el caso a Don Antonio y entonces recibí de él una sabia enseñanza que puede resumirse en la frase de la Moral «Favores sunt ampliandi et odia restringenda».

Me enseñó que, sin incurrir en lisonjas -de las que debe huir el periodista- ni tampoco quebrantando la libertad profesional, no hay nadie que se moleste por excederse algo en un elogio puesto que la vanidad humana es cosa corriente y una realidad con la que hay que contar. Por el contrario, la censura y la critica, aunque sean justas e incluso leves, siempre molestan al hombre. Por ello y por otras razones, el periodista debe estar adornado de un gran sentido de la ponderación y la medida. ! Magnífica lección valedera para los periodistas y el Periodismo de todos los tiempos y países! Este envidiable sentido de la ponderación y la medida lo tuvo en grado eminente Don Antonio Reyes Huertas. Quienes hayan leído sus escritos y artículos podrán comprobarlo, valorarlo y admirarlo. Ni adulador ni ofensor de nadie, la Verdad y la Justicia, aunque él no fue noble de sangre ni heredó blasones heráldicos, presidieron siempre -como destacadas insignias o inquebrantables lemas- su ideal escudo profesional.

El triunfo al que he aludido se refiere a una información que obtuve y publique con anterioridad a otro periódico. Sabido es lo que en Periodismo se llama «el refrito». El periodista debe siempre procurar adelantarse, tratar de conseguir una novedad, una exclusiva, no dejarse «pisar» la información. Don Antonio me reñía por los refritos. Y un día conseguí una información de la que siento no recordar el asunto. Era algo relacionado con un acto en un hospital. Acaso la celebración de la Pascua Musulmana. El caso es que yo conseguí la información y la publiqué, adelantándome. Cuando llegué al día siguiendo para entregarle la información, Don Antonio, adoptando un aire solemne, me dijo sobre poco más o menos:- Varias veces te he reñido por tu bien. Pero hoy mereces una felicitación y no sería justo si la omitiera. Has publicado una información que solamente aparece en nuestro periódico. Por ello te doy una sincera y cordial enhorabuena».

Aquella felicitación de mi maestro de periodismo me emocionó, como es natural.

Acaso salí de su casa frotándome las manos o entonando una canción. Fue pasando el tiempo. Don Antonio debía sentirse satisfecho de mi labor porque me aumentó la gratificación y por Navidad, a propuesta suya, el periódico me concedía una extraordinaria.

Día tras día fui ejercitándome en la práctica del periodismo. Con el transcurso del tiempo ya no me limité solamente a la recogida de noticias y apresurada redacción de la información diaria. Ensayé el comentario y fui soltándome en el artículo. Recuerdo una glosa que hice sobre la Cruz de los Caídos, monumento de lograda belleza y armonía, levantado a la entrada de Cáceres por aquellos años, merced a la iniciativa del mencionado Alcalde de Cáceres, Don Narciso Maderal Vaquero. Aquel comentario tuvo eco. Gustó. Y ello me produjo, como es humano, una íntima y sentida satisfacción.
Trabajaría con don Antonio Reyes Huertas unos dos años. Hasta que me incorporé, movilizado, al Ejercito Nacional. Posteriormente la flecha de mi vida siguió diferentes direcciones. Pero, a través de los años, siempre seguí escribiendo. ¿Poco? ¿Mucho? ¿Bueno? ¿Malo? No soy precisamente el indicado para enjuiciar mi labor. Lo cierto es que la semilla plantada por Don Antonio Reyes Huertas ha dado su fruto. A él debo conocer los secretos, dificultades, sacrificios y también satisfacciones que la profesión periodística tiene. A él, un gran hombre de bien, ejemplar en su amor a la familia, en su sentido consciente de la responsabilidad, en todas las facetas de su vida profesional y social, en su cariño entrañable a la región extremeña, por la que fue entregando lentamente su vida; católico de cuerpo entero y alma selectísima, que nunca dobló servilmente su espalda ante el Becerro de Oro ni ante la hipocresía social.

Muchas cosas podría escribir del gran novelista, poeta, periodista y excelente caballero que fue Don Antonio Reyes Huertas. Todas ellas quedarían por debajo de sus méritos efectivos. Ya estoy maduro. Me falla la memoria y no son mis fuerzas las que eran. Reciba este humilde tributo de gratitud y afecto. El, uno de los pocos hombres desaparecidos que me hacen llorar al recordarlo, pedirá al Todopoderoso desde la mansión de los bienaventurados, por esta Extremadura suya y nuestra que tanto enalteció con su pluma de oro, por su familia y por todos los que, siguiendo su ejemplo, procuramos mantener encendida la llama de unos valores y de unos ideales que eleven nuestra Región a las cimas más altas de la Fe, de la Cultura, del Arte y de un merecido desarrollo en todos los aspectos existenciales.

Oct 011977
 

Francisco García Sánchez.

Para el curioso turista o el hombre de ciencia, que visita Medellín, que sube la empinada cuesta de nuestro castillo, que saca en escritura de crucigrama sobre su libreta unos apuntes y toma en sus cámaras las mejores prospectivas de este suelo, pródigo en panoramas de admiración y de siluetas dentadas con almenas de fondo y primeros planos de sus históricas torres, es obvio, no le pase ni por su imaginación, que además de la famosa muralla, cuyos restos aún podemos ver en las inmediaciones de San Martín, otro cerco espiritual rodeaba a nuestra villa, en aquellos años de esplendor religioso, cuando Medellín contaba con sus arcedianos y sus arciprestes, con nombramiento directo del Pontífice.

A este segundo cerco, muralla de espíritu, que recogía en síntesis, el sedimento tradicionalista de nuestros mayores, y a lo que yo llamaría «estrategia celeste», cuyos protagonistas principales eran la fe, como fundamento, la religiosidad como exponente y manifestación de esa creencia y por ultimo la confianza, como remate y colofón de esa fe y de ese espíritu religioso, en torno a sus santos.

Medellín, pueblo eminentemente religioso, regado frecuentemente con sangre de sus hijos martirizados, adornado con las estatuas vivientes de sus famosos, que junto a la espada en sus conquistas, llevaban el catecismo y la cruz, sacó fuera de su recinto amurallado, como puntos de avanzadilla, para defensa de su espíritu, cinco garitas con espadaña, donde los esquilones oran como al clarín de alerta en el continuo vivir religioso del año litúrgico.

Repasando nuestra historia, encontramos citas, que como huellas dactilares, no han podido borrarse, ni por la incuria de los tiempos, ni por la profanación de los sacrílegos ocupantes de nuestro suelo, porque quedaron escritas en unos libros y en unos apuntes, que la providencia ha parido salvando, para hacerlos llegar hasta nosotros.

Es cierto que la vida, en el decurso de sus s modalidades y sus apetencias, ha ocupado ya esos lugares donde estaban nuestras ermitas, las cinco garitas con espadaña de oración, por cuyas arpilleras velaba en permanente guardia, un San Raimundo en lo alto de un monte, un San Blas en la altiplanicie del mediodía, un San Pablo como si acabara de bajar de su barca, en la orilla izquierda del Guadiana; un San Miguel, como si quisiera con su flamínea espada arrojar de nuevo las tinieblas de la vida al aparecer los primeros rayos solares del amanecer, junto a la muralla romana y por último la ermita de los Santos Mártires, en plena llanura, junto a la antigua calzada romana, que unía Córdoba con Mérida, como un destacamento destruido y asaltado, pero que su recuerdo, es bravura y testimonio y lo es todo, cuando se da la vida, en el acto más noble y más heroico, como es el martirio.

Los cuatro puntos cardinales de la fe de Medellín, tienen en cada uno de sus vértices una ermita, una ermita histórica ya, una ermita símbolo, una ermita de recuerdo, que ha duras penas podríamos hoy localizar la ubicación concreta, donde un día recibieran culto estos santos, y que solo a tientas en la penumbra de nuestra investigación, guiados por el misterioso radar del sentido histórico y la pequeña luz que se desprende del crucigrama de unos apuntes, podríamos dar con ellas.

ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES:

El historiador de Medellín, que escribió a mediados del s. XVII, Don Juan Solana Figueroa y Altamirano, menciona esta ermita, como algo que subsistía aun, pero nos deja la duda de sus titulares, ya que el nombre genérico de los Santos Mártires, bien pudiera hacer referencia a los que murieron en la persecución de Nerón, San Eusebio y San Palatino y sus nueve compañeros, hijos de Medellín, de los que el martirologio romano sanciona en el cinco de marzo o pudiera aludir a los Santos Fabián y Sebastián, de los que consta hubo una cofradía en la parroquia de San Martín, con la aprobación del Pontífice León X, año 1504, con los fines específicos de:

  1. Dar culto a los citados mártires.
  2. Socorrer las necesidades de los pobres.
  3. Costear las exequias de los moribundos necesitados y la cual sólo podían pertenecer, los Hijosdalgo de notoria nobleza, como eran los Portocarreros, Monroy, Messía, Porres, Sandoval, Saavedra, etc.

Esta ermita estaba en pleno egido, junto al camino que hoy llamamos de Guaraña y Valdetorres o de la Estación, lugar próximo a la Calzada Romana, que procediendo de Córdoba pasaba por el puente para ir a Mérida. Se trate de unos mártires o de otros, lo cierto es, que estaba situada en el lugar descrito, como un homenaje a los hombres que supieron defender su fe, corroborándola con la rubrica de su sangre en el martirio.

El historiador Eduardo Rodríguez Gordillo, menciona esta ermita como copia de Solano de Figueroa y dice, que tuvo que desaparecer, sobre el siglo XVIII. El es partidario de que la dedicación de dicha ermita fuera a San Fabián y San Sebastián, alegando como argumento, que de haber sido a San Eusebio y San Palatino, hubiera quedado consignada por el famoso arcipreste, que escribió precisamente la biografía de dichos mártires.

SAN RAIMUNDO

En la margen derecha del Guadiana, en un monte, que por efecto óptico, parece más bajo que el cerro del Castillo, pero que le supera a este en realidad, unos diez metros de altura, existió por los años del 862 un famoso pastor, que cuidaba por estas latitudes sus ganados, que era un prodigio de caridad y un dechado de virtudes, que murió en olor de Santidad, los aclamado por todo el pueblo cristiano sobre el año 883 y que precisamente por esta circunstancia, es llamado este cerro el de San Remondo, o San Raimundo.

En lo alto de su cima, se encuentran aun hoy día vestigios de antiguas edificaciones, tipo emita, que según las únicas fuentes de información que tenemos y que ya están citadas reiteradas veces, son los restos de la antigua ermita, dedicada al santo pastor de Medellín, cuya devoción perduró muchos siglos, de padres a hijos y que al parecer, aún se guarda en el subconsciente de la historia, pues aunque nadie lo sabe explicar, es un hecho, que Medellín los lunes de Pascua, acude en masa a la falda de este monte, para las romerías y las «bollas». El propio Rodríguez Gordillo, hace alusión clara a que la fiesta del Santo, se celebraba la fecha siguiente a la Resurrección. Este hecho, ya tradicional y como digo inconsciente, es el recuerdo anual, de las desaparecidas fiestas, que un día tendrían lugar, con gran esplendor en la cima del Remondo, donde hoy sólo queda la huella de una ermita, que desapareció.

ERMITA DE SAN PABLO

Debió de existir, a juzgar por los pocos datos que tenemos, sacadas de las alusiones históricas, en la antigua plazuela, fuera de la muralla romana, junto a Porta Coeli, que se llamó siempre de San Pablo y en la cual había una Cruz de piedra, con graderío y que hoy, está colocada en el paseo del Campo, por disposición del entonces párroco de Santa Cecilia, Don Juan Pedro Lozano, año 1860, respetada incluso en la guerra de los franceses y la nacional del 1936.

En diversas ocasiones, los historiadores de la villa de Medellín, se han preguntado si San Pablo estuvo alguna vez, por estos parajes romanos, aprovechando el paso de las vías de comunicación de entonces como eran las Calzadas.

La sola sugerencia, pudiera graciosamente hacer sonreír a cualquiera, e incluso considerarla como algo infantil, fruto de una imaginación apasionada y sin lógica. Sin embargo son muchos los que de una manera directa o por alusión hacen mención de este dato histórico, sino del propia apóstol, sí de alguno de sus destacados discípulos, si tenemos en cuenta que era Medellín una de las principales colonias de la Lusitania y punto obligado en las rutas de la cultura y de la civilización de su tiempo y los apóstoles usaron precisamente estos medios, para la propagación del Evangelio.

Dejando a un lado estas cuestiones de especialización histórica, hay un hecho cierto: La mucha devoción que siempre Medellín tuvo al apóstol de las gentes y la reacción psicológica del pueblo ante la supresión de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Este hecho, explica que precisamente a extramuros, como en Roma, Medellín guardara un recuerdos San Pablo en la ermita, que debió ser destruida con la llegada de las fuerzas del general Víctor, después de la desastrosa batalla del 28 de marzo 1809, pues la guarnición francesa permaneció en el castillo por espacio de casi tres meses, destruyendo gran parte de nuestra riqueza arqueológica.

ERMITA DE SAN MIGUEL

La existencia de esta ermita metelinense, dedicada al arcángel de las milicias celestes, ubicada junto a la antigua portada de la muralla que unas veces se la llama del Coso y otras de Santiago, se lo debamos a la mención que de ella hace Don Juan Solano Figueroa y Altamirano, que incluso pudo él contemplar, como deja anotado. Fuera de esta mención nada hemos podido encontrar, aunque sí es cierto, que junto al lugar indicado por el arcipreste y próximo a las ruinas del antiguo palacio del Conde de las Atalayas, existieron vestigios de cuanto se afirma y aun hoy día existe una portada que la voz popular llama como puerta de iglesia. Esta ermita, por lo mismo, estaba colocada al este de la villa, ya en la falda baja del castillo, junto al Ortigas, ignorándose el porqué de su advocación y cuanto concierne a la misma.

ERMITA DE SAN BLAS

Siguiendo nuestra recorrido topográfico, cinturón espiritual de nuestra villa, jalonado de ermitas de nuestros antepasados, llegamos al montículo que camino de Mengabril, se dirige al actual cementerio, y en la altiplanicie, desde la que se pueden contemplar los dos pueblos, una tradición, que aún se comenta y que está en la mente de todos, nos hace colocar la ermita de San Blas