Sep 012011
 

Manuel Rubio Andrada y Francisco Javier Rubio Muñoz.

 

1.  INTRODUCCIÓN

1.1.  Generalidades

Nos produce cierto desagrado oír o leer los trabajos que de nuestros tres paisanos se vienen realizando con motivo de la conmemoración del 500 aniversario del nacimiento de Francisco de Orellana. Da la impresión que, todo está hecho, que todo está aclarado y que no existen posibilidades de encontrar más versiones del famoso viaje que la mencionada por estos autores sin que existan controversias cuando son éstas lo natural y lógico; es lo que marca la lectura de las fuentes más directas.

Por lo general, en la mayoría de esos trabajos se valoran generosamente de igual manera las fuentes directas –los escritos de nuestros tres paisanos- que las indirectas realizadas por los demás cronistas; compuestas éstas, en el mejor de los casos, a partir de los testimonios orales de protagonistas, generalmente acompañantes, y otros que se harían pasar por ellos e incluso imprecisiones supuestas por los mismos cronistas secundarios.

La utilización en nuestro trabajo de las numerosas fuentes secundarias generaban una cantidad de datos tan elevada que, por lo contradictorio del tema, al final eran una maraña imposible de ordenar. Por esto decidimos usar como base de nuestro trabajo los testimonios facilitados por Gonzalo Pizarro en su carta al rey de 3 de septiembre de 1542; la relación que el padre Gaspar de Carvajal realizó durante la navegación o recién terminada ésta, existente pocos meses después de la carta de Gonzalo y los documentos que Francisco Orellana presentó al Consejo de Indias el 7 de junio de 1543.

Otros escritos menos directos, posteriores, pero que estimamos de interés para atestiguar o completar lo dicho son empleados para reforzar y clarificar lo simplemente apuntado por nuestros tres personajes entre ellos destacan los de Pedro de Cieza de León; el relato de Pedro Ordóñez de Cevallos, firmado como el Clérigo Agradecido, primer sacerdote que penetra en parte de la zona con un propósito político – militar, en el último cuarto del s, XVI las cartas del padre Rafael Ferrer S. J., que intenta evangelizar la zona a principios del s. XVII y muy brevemente al cronista oficial Gonzalo Fernández de Oviedo.

Debemos aclarar que la fuente facilitada en la relación del padre Carvajal, en las primeras páginas que son las que hemos utilizado, suele utilizar una construcción conceptista en las frases que, sin perder el sentido de los hechos, permite hacer una lectura más extensa y profunda de los mismos, sin perder el sentido del relato y sin alejarnos de la realidad. Otras veces, por determinados detalles, podemos saber lo sucedido a pesar de que se nos narraron unos hechos con apariencia de absurdos pero que nosotros hemos reinterpretados con buena lógica.

En lo tocante a Orellana, si se toma el relato de fray Gaspar superficialmente jamás se duda de los nobles fundamentos de su viaje: fue un héroe mitológico de conducta intachable. Lo contrario supondría sospechar la posibilidad de traición no ya en Orellana, sino en cualquier héroe. Esto choca de lleno con la épica, que al fin de cuentas es el género predominante al que la mayoría han dado lugar. Esta actitud, tan simplista tiene que ignorar por medio del silencio la relación basada en los datos que nos proporcionó Gonzalo Pizarro.

La Historia muchas veces es difícil de completar y contar. En nuestro caso lo es desde el principio, desde los orígenes, debido a la doble finalidad que encontramos en las mencionadas fuentes. Radicalmente para Gonzalo, Orellana es un traidor; para fray Gaspar es un héroe.

En nuestro trabajo hemos descubierto la posibilidad de que no fuera ni lo uno ni lo otro. Como se verá, tras la lectura y comentarios de estos párrafos se puede llegar a la conclusión de que los dos cronistas no conocían toda la verdad, ésta solamente era conocida por Francisco de Orellana y sus escritos fundamentales sobre el particular, si los hubo, no se encuentran.

En otro orden de cosas debemos abordar el problema de la determinación más o menos exacta de la ruta que siguieron. Inclinarnos por una u otra es fundamental para nuestro trabajo. Nosotros hemos tomado la opción por la que, tras abandonar el río Coca, asciende hacia las tierras de Pasto y Popayán y desciende por el río Putumayo, localizando entre éste y el río Caquetá, a los omaguas. Este trayecto es un destacado escenario que propicia la ambientación necesaria  a la narración de las acciones de nuestros personajes con una coincidencia bastante certera. Nos hemos inclinado por seguir la lógica de esta ruta porque casi todo en ella coincide. La opción no es nuestra, la encontramos propuesta por la artista colombiana Gilda Mora1.

Más adelante aclararemos también los desajustes en las distancias manejadas, por presentar las unidades empleadas, las leguas, aparentes imprecisiones.

Aunque encuentren buena correspondencia estos dos temas en nuestro trabajo, nos parecen propios de estudios particulares.

Nuestro trabajo tiene unos límites bien definidos. Comienza en Quito, con los preparativos y el inicio del viaje en fechas cercanas a febrero de 15402. Su término tiene lugar cuando surge la separación entre los personajes: Gonzalo queda en tierra con el real y Orellana con fray Gaspar y sus compañeros navegan “oficialmente” en busca de comida, a finales de ese mismo año3.

1.2.  Los personajes

No es frecuente que la narración histórica, no novelada, presente tres protagonistas de la misma ciudad y de edades cercanas. Gonzalo Pizarro nació hacia el año 1510, Francisco Orellana en 1511 y Toribio Medina sitúa el nacimiento de Gaspar de Carvajal sobre 15044. Nuestro Gaspar cuenta con unos 37 años al comenzar el viaje; Gonzalo y Orellana rondaban los 30.

Gonzalo Pizarro pasa a América en 1530 en compañía de sus hermanos Francisco, Hernando y Juan. Participó con su particular valentía, en todos los conflictos bélicos acaecidos a su familia en América. Francisco Pizarro lo nombra Gobernador de Quito como medio de acometer con diligencia la conquista del País de la Canela y el Dorado; cuestión que en ese momento se les escapaba de las manos por la marcha y posterior maniobra de Sebastián de Belalcázar ante Carlos I pidiendo una gobernación5..

Para tomar posesión de su nuevo cargo, Gonzalo marcha desde la recién conquistada Charcas a Quito, vía Lima. Desde aquí va agrupando soldados y enseres. En Lima convence a Fray Gaspar de Carvajal para que les acompañe. Juntos marchan a Quito donde Gonzalo Pizarro toma posesión de la gobernación que le había otorgado su hermano; a este acto asiste también Francisco Orellana que pasa a depender del nuevo gobernador como señor de Guayaquil y Puerto Viejo. Igualmente, al acto de posesión no debió faltar el paisano y capellán de la expedición Fray Gaspar de Carvajal por su muy probable estancia en esa ciudad por esas fechas y por ese motivo6.

Francisco Orellana llegó a América cuando tenía unos l6 años, es decir hacia 1527. Pronto se relaciona con el clan de los Pizarros, sus paisanos, y tras una estancia en Guatemala, marcha a Lima. En 1538, tras participar victorioso en la batalla de las Salinas, principio del fin de la guerra civil contra Almagro, es enviado por Francisco Pizarro como Teniente General a Puerto Viejo y Guayaquil, al norte del incario en el actual Ecuador. Como hemos dicho, en 1539 asiste y acata la toma de posesión de Gonzalo Pizarro como gobernador en Quito, era su gobernador7.

Gaspar de Carvajal, dominico, había partido hacia América en 1536 y en 1538 se halla en el convento de Lima como Vicario General. Gonzalo Pizarro, cuando marcha a Quito a tomar posesión de su gobernación en 1539, le habla del proyectado viaje al País de la Canela y el Dorado. La necesidad de capellanes que les asistan en sus necesidades espirituales, las posibilidades de evangelizar los nuevos territorios, la muy probable presencia de Orellana…animó a nuestro clérigo a acompañarle. Carvajal convencido, se traslada a Quito en ese mismo año8.

2. EL VIAJE

2.1.  Primera etapa: Quito – Valle de Zumaque (Zumaco, Çumaco)

2.1.1.  La entrevista

Nos dice el padre Carvajal:

“…venía a gobernar a Quito y a la dicha tierra quel dicho capitán tenía a cargo; y para ir al descubrimiento de la dicha tierra, fue a la villa de Quito, donde estaba el dicho Gonzalo Pizarro, a le ver y meter en la posesión de la dicha tierra. Hecho esto, el dicho Capitán dijo al dicho Gonzalo Pizarro como quería ir con él en servicio de Su Majestad y llevar sus amigos y gastar su hacienda para mejor servir; y esto concertado, el dicho capitán se volvió a reformar a la dicha tierra que a cargo tenía…” 9.

Aquí se nos menciona, con total nitidez, los dos objetivos de este viaje de Orellana a Quito: primero, asistir a la posesión de la Gobernación de Gonzalo y segundo entrevistarse con él para intentar “asociarse” en la próxima expedición.

Para acercarnos a las fechas de la entrevista y posesión que con Gonzalo celebró Orellana recurrimos al cronista Toribio de Ortiguera que, como ya mencionamos, determinar el tiempo de salida de la expedición de La Canela; fue un par de meses antes:

“…Por el mes era de Hebrero del año del nacimiento de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1540…”10

Es lógico pensar que el padre Carvajal, paisano de ambos, debió tener algún conocimiento de la entrevista ya que como hemos mencionado, lo lógico es que estuviera al tanto en la toma de posesión de Gonzalo; allí vería también a Orellana, su compañero de próxima aventura, del que acabará siendo su parcial confidente.

La entrevista nos aproxima a un acuerdo entre los dos militares que en lo esencial consistía en un aporte a la expedición por parte de Orellana de veintitrés hombres. Orellana debía poder relacionarse con un mayor numero de caballeros ya que los había utilizado en la reciente reconquista de Guayaquil. Además contribuyó con una importante cantidad de dinero: 40.000 pesos de oro.

Nos lo dice Carvajal en la continuación:

“…que por no llevar más de veintitrés hombres…”11.

“…y para seguir la dicha jornada gastó sobre cuarenta mil pesos de oro…”12.

Por las crónicas solo sabemos que la contrapartida de Gonzalo consistía en aceptar en la expedición la compañía de Francisco y sus caballeros, la aporta- ción económica; y según Cieza de León a cambio Gonzalo le otorga el apetecible título de Teniente General del Real que solía llevar consigo elevados privilegios a la hora de repartos.

”… al cabo de algunos días llegaron a Zumaque, donde estaba Pizarro é toda su gente, é con ellos recibió mucho placer, é nombró por su Teniente general á este Francisco de Orellana.” 13.

La cuestión del título no solamente lo sabemos por el cronista, Orellana no deja de mencionarlo en sus escritos de descargo presentados en el Consejo de Indias el día 7 de junio de 1543:

“ …la tercera, que no había causa para que yo me alzase, pues era el principal del real,…”

“…y a todo lo suso dicho vino por nuestro Capitan y Tiniente General, como lo era del dicho Gobernador; y agora hemos visto haberse desistido de dicho cargo que del señor Gobernador tenía por se excusar del mucho trabajo que tenía…”14.

2.1.2.  El regreso de Orellana

Tras la entrevista, Orellana vuelve a Guayaquil para realizar los preparativos del viaje y ordenar sus asuntos privados, cotidianos y futuros; después regresa a Quito. Debía venir ilusionado con la expedición, pero quedó perplejo ante los hechos: Gonzalo marchó con el real sin que aparentemente deje recado que lo justifique. No sabemos los motivos de su marcha pero sin duda faltó al acuerdo alcanzado entre ambos.

La crónica de fray Gaspar narra con rapidez y sin entrar en detalles descriptivos, esa parte del viaje de Orellana.

y cuando llególe fallo que era ya partido, de cuya cabsa el Capitán es- tuvo en alguna confusión de lo que debía de hacer…”15.

¿Qué hacer? ¿Seguir los consejos de los que les presagiaban un oscuro porvenir si continuaba? Es decir, regresar a sus tierras en Guayaquil y  Puerto Viejo o ir tras la riqueza de la Canela y el Dorado. La decisión se produce por la introducción de un elemento idealista en el razonamiento muy propio del siglo y del momento: Se recurre al servicio de su Majestad el rey Carlos I. Después sin más dudas se parte.

La carta de Gonzalo Pizarro a Carlos I nada menciona de la entrevista, de los preparativos de su primo, de la ida y vuelta de éste a Guayaquil, de la aportación económica, ni de las personas que Orellana aportó a la expedición, ni por supuesto, del inapropiado comienzo de marcha. En circunstancias normales es excesivo este silencio pero la finalidad de la misma carta –acusar de traidor a Francisco- explica como su carga emocional pudo imponer un silencio que, de no haber existido, habría tendido a beneficiar a Orellana: es pues la carta de Gonzalo una narración que, desde sus comienzos, rezuma partidismo. Francisco aunque no escrito, era en realidad su socio y como se ha visto, en apariencia, en esta ocasión, fue claramente rechazado, expresión que, como se verá, no evidencia abiertamente su oposición aunque fuera también deseado por Gonzalo para marchar en la expedición. De momento Orellana aguanta el envite sin aparentes problemas. A nuestro entender, a lo largo del viaje aflorará esa ambivalencia producida por una falta de sintonía, muy generalizada, que repunta al final de forma inesperada.

No está demás recordar brevemente lo que, nos cuenta Cieza al hablar del personaje Pedro de Puelles, en los tomos I y II de sus Guerras Civiles del Perú.

Nos dice que días antes de partir Gonzalo con su expedición, Pedro había llegado a Quito desde la costa; Pedro Puelles era reconocido enemigo de Belalcazar y en ausencia de Gonzalo quedó en Quito de Teniente y Justicia Mayor.

¿Quién era y de dónde venía el recién llegado Puelles en un momento tan oportuno para él?

Puelles llegó al Perú con las tropas de Pedro Alvarado en 1534. Compradas éstas, fue asimilado a las de Belalcazar. Desde entonces no deja de ocupar cargos político y militares importantes en la naciente sociedad quiteña. Dónde ya tuvo enfrentamientos con Sebastián.

No hacía mucho, hacia 1538, había sido apresado por Belalcazar en la población de Villaviciosa de la Concepción de Pastos, donde era Primer Teniente de Gobernación. Preso, fue trasladado por la expedición de Belalcazar hacia el norte. Tras dejar la sabana de Bogotá, lo lleva hasta Cartagena de Indias. Antes de marchar a la Península Belalcazar lo devuelve con destino al Perú; lleva informes para Francisco Pizarro sobre sus movimientos. Las pretensiones de Belalcazar eran claras: marchaba a la Península a solicitar para si la gobernación de Quito. Finalmente se le entrega la de Popayán.

Belalcazar marchó a la península en el mes de julio de 1539; consiguió la Gobernación de Popayán con los títulos de Adelantado y Gobernadpor Vitalicio, en marzo de 1540 y regresó a América en  1541.

En febrero de 1541 sale la expedición de Gonzalo. Es muy probable que esos informes que traía Puelles influyeran poderosamente en el adelanto de la salida de la expedición sin esperar a Orellana.

Sigue el viaje lleno de dificultades y sin indicios de que Pizarro le aguardara, piensen que el territorio acababa de ser depredado por miles de bocas de las personas y a nimales de la expedición. Por su corto número, los indios los hostigaban continuamente… el resultado fue que padecieron mucha necesidad, penalidades, sufrimientos…. Perdieron todo lo que llevaban, según Carvajal.

La terminación de esta primera etapa ofrece escasa imprecisión; su situación está definida con mucha aproximación en el valle de Zumaque.

Zumaco (Zumaque, Çumaco en las crónicas), es el nombre actual de un volcán, pero en el s. XVI la extensión de su contenido era más amplia. Los cronistas la identifican con una ciudad, un valle, o un río.

Según Gonzalo Pizarro, nuestros expedicionarios están a 60 leguas de Quito.

“…y fuimos siguiendo el viaje hasta llegar a la provincia de Çumaco, que habrá bien sesenta leguas…”16.

Menos preciso resulta el relato de Carvajal por tener perdido el número de leguas en el manuscrito que manejamos y menciona una provincia que aun no hemos sido capaces de localizar: la provincia de Motín.

“…y de esta manera entró en la provincia de Motín, donde estaba el dicho Gonzalo Pizarro con su real17.

¡Ojo!. Según el cronista Pedro de Cieza de León están a 30 leguas de Quito.

”…Llegaron al valle de Zumaque, que es donde más poblado e bastimento hallaron y está treinta leguas de Quito18.

Hemos mencionado este párrafo de Cieza para aclarar la diferencia de las medidas de longitud, que, desde los primeros años tanto han confundido a los cronistas secundarios. Son exactamente el doble de las que emplean Gonzalo y Carvajal. Ello es debido a la utilización de unidades diferentes. Las que utilizan Gonzalo y fray Gaspar se basaban en la milla árabe o de Alfagrano que equivale a 1.973,5 km (2 km); en cambio en las crónicas de Ponce de León se utilizan las millas de postas implantadas en Indias a partir de 1.587 con un valor aproximadamente el doble, unos 4 km.

En el mismo sentido diremos que Cieza menciona la población de Hatunquijo (el gran Quijo) como la primera a la que llega D. Antonio Rivera, Maestre de campo de Gonzalo que encabeza la expedición. Es población hoy conocida.

“…D. Antonio se partió é anduvo hasta que llegó al pueblo de Hatunquijo…”19.

Hatunquijo en la actualidad se localiza junto a la población de Cuyuja en el valle de Papayacta, en el trayecto Quito – Baeza. Esta ciudad, Baeza, está actualmente a 106 Km de Quito y fue fundada en 1559 . En época colonial fue la ciudad principal del valle de los Quijos20.

Si unimos los topónimos Hatunquijos y Zumaco con las medidas aportadas en leguas (60 leguas =120 km) podremos afirmar que Gonzalo se dirigió al valle del río Quijo y asentó por primera vez el real en las proximidades de la actual ciudad de Baeza (Ecuador) que entonces no existía como tal.

2.2.    Segunda etapa: Zumaque -Quema

2.2.1.  La prospección de Gonzalo.

Gonzalo decide ir a encontrar la localización exacta de los afamados árboles canelos y que Orellana quede al mando del real, como hemos dicho en un lugar de la zona de Zumaco, próximo a la actual ciudad de Baeza (Ecuador). La situación de ese lugar de la especiería era medianamente conocida por una expedición reciente de Gonzalo Díaz de Pineda quien los acompañaba como guía, según nos cuenta Cieza de León. Obtenidos los datos objetivos, tantearía su aprovechamiento económico para su familia y para su rey.

Nos dice fray Gaspar de Carvajal:

“…Después quel dicho Capitán llegó, el dicho Gonzalo Pizarro, que era Gobernador, fue en persona a descubrir la canela,…” 21.

Gonzalo Pizarro nos narra así esta parte de la expedición:

“…procuré de me informar á que parte era la tierra de la Canela de algunos indios que yo había fecho tomar de los naturales, los cuales dijeron que sabían donde estaba la tierra de la Canela; y como fuese cosa de que tanta noticia se tenía y tan rica tierra era habida, porque V. M. mejor y más cierto fuese informado de la verdad, determiné de ir en persona á la ver con ochenta soldados a pie…”22.

Puestos en Zumaque, entre lo que sabía Diez de Pineda y lo que le dijeron los indios la localización de los árboles canelos no sería difícil. Pero en la narración de Gonzalo que acabamos de mencionar, les presuponía asentados en buena tierra:

“…y tan rica tierra habida…”23.

Pero desde Zumaque, ¿hacia donde se dirigió Gonzalo Pizarro por espacio de algo más de dos meses, con sus ochenta soldados entre los que se debía encontrar Pineda, el guía “oficioso”?. No lo sabemos bien. Pero algo más adelante del viaje, Fray Gaspar de Carvajal nos clarifica algo este aspecto:

“…no era cosa para seguir un río y dejar las çabanas que caen a las es- paldas de Pasto y Popayán,…” 24.

Pizarro exploraría el territorio sin un rumbo fijo, lo que no hay dudas es que la expedición marchó después bastante al norte; si dejaron las çabanas de Pasto y Popayán es por que habían llegado a ellas.

Estos detalles tan precisos para la orientación de la expedición es silenciado en el comentario que en la nota nº 88 dedica Toribio Medina a la enumeración de las ciudades de Pasto y Popayán25.

En sus comienzos debieron seguir la corriente del río Quijo. Pero llegados al punto en el que este dobla y pasa a otro valle tomando el nuevo nombre de Coca, según la ruta que nosotros seguimos, siguieron ascendiendo hacia el norte, como dice la crónica de fray Gaspar, hacia las çabanas cercanas a Pasto, ciudad situada en el sur de Colombia.

En la versión más difundida, los expedicionarios continúan el curso del río, ahora llamado Coca, hasta el Napo y después siguieron éste hasta el Amazonas. Es decir era una ruta que parece no fue diseñada para buscar los territorios con la Canela, ni las riquezas del Dorado, iba directamente a descubrir el Amazonas.

Sin detenernos mucho, diremos que para nosotros esta última ruta carece de sentido principalmente por varias cuestiones:

Una, todos nuestros protagonistas sabían que la canela y el Dorado estaban hacia el norte o nordeste, hacia allí había marchado Belalcázar no hacía mucho; de allí venían todas las noticias relativas al oro del afamado tercer imperio y hacia allí los manda la crónica de Carvajal con la reseña de las dos ciudades antes mencionadas: Pasto y Popayán.

La segunda es que el paisaje natural que ofrece la ruta hasta aquí tan historiada no se corresponde bien con el “escenario” natural que nos mencionaron las crónicas directas. Es verdad que ambas rutas poseen tres islas en su desembocadura con el Amazonas: la del gran río que llevaban, el Putumayo-Iza en Brasil- y el Napo, con otro mucho mayor que les venía por la derecha, el Ama- zonas y al que Orellana llamo por ello río de la Trinidad (Lám 1).

Gonzalo nos menciona, antes de la separación, la existencia de unos omaguas, no amazónicos, en el gran río que acaban de descubrir, y que se localizan según los testimonios que aportamos, cerca del curso superior del río Putumayo y que los historiadores suelen silenciar (Lám II y III).

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Lám. 1. Nos narra fray Gaspar de Carvajal:“…vimos entrar por el río otro río muy poderoso y más grande, a la diestra mano: tanto era de grande que a la entrada hacía tres islas, de cabsa de las cuales le pusimos el río de la Trinidad;…”

Nosotros ahora debemos continuar con nuestros expedicionarios. Andaron el valle del río Quijo hasta las proximidades del volcán Reventador, situado a 53 km de Baeza, hemos mencionado que en las proximidades de esta ciudad -en Zumaco- estaba el real detenido; pasado este valle, dejarían el valle del río Coca y ascenderían por el corto valle del Azuela hasta el río Aguarico; aquí comienza el territorio cofán. Posiblemente remontaron algo este río y debieron cruzar el curso alto de al menos otros tres, los San Miguel, Guamuez y el Orito que discurrían de izquierda a derecha, de los Andes al llano, ya que, como veremos, cuando cambien de sentido de ruta y bajen todos el gran río, han de pasar tres desembocaduras de ríos importantes.

Lo proponemos como acciones necesarias antes de llegar a las tierras próximas a Pasto apoyados en la crónica de fray Gaspar y en la carta de Gonzalo que menciona en el descenso posterior del gran río, dos grandes desemboca- duras antes de la célebre tercera junta.

No dudamos que el límite oficial por el norte de esta expedición, era el señalado a Francisco Pizarro en la Capitulación de Toledo de 1529. Precisamente para llegar a ese territorio de demarcación, situado al septentrión de los quijos, había que atravesar el ocupado por los cofanes, donde cronistas directos aunque algo posteriores nos dicen que estaban los árboles canelos buscados por Pizarro y como se ve en no corto número.

El primer sacerdote misionero entre los quijos, cofanes etc. fue el padre Pedro Ordoñez de Ceballos, conocido como “El Clérigo Agradecido” quien desempeño su labor a finales del s XVI .

“…la provincia de los cofanes está del valle de la Coca (a do hay cura y beneficiado) veinte leguas, que las doce son de montaña, que todas son de árboles de canela y las otras son de árboles de lúcumos…”

“…Supe del Ladino otro camino por la tierra de cofanes, que toda es (como queda dicho) mas de doce leguas de árboles de canela.”

“Es cosa de grande contento y camino de mucho placer, porque la cordillera todo es canela, y acá abajo todo son árboles de lúcumas,…” 26.

De la lectura de estas cortas descripciones de D. Pedro Ordóñez se desprende que lo que sin duda disgustó a Gonzalo no fue el número de plantas que como acabamos de ver era numeroso, doce leguas de posta, es decir de cuatro kilómetros, equivalentes a unos 48 Km. Era la aspereza del terreno y posiblemente junto a esto la climatología adversa para la agroganadería: él, como los demás esperaban estos árboles en una tierra agrícolamente productiva y rica.

Nos lo menciona fray Gaspar y sin duda por no faltar a la verdad no hace referencia a la especiería:

“…y no halló tierra ni disposición donde Su Majestad pudiese hacer servicio…”27.

Nos dice Gonzalo:

“…y fui prosiguiendo la vía que los guías decían donde era tierra buena…”28.

Al cabo de más de dos meses de exploración con una climatología adversa debida a la zona ecuatorial donde se mueven y del rechazo a la explotación de los canelos, Gonzalo Pizarro no da marcha atrás, ni da la sensación de que cambien los objetivos de la expedición: la Canela, el Dorado y la tierra fértil. Él decide que la expedición continúe de nuevo.

“…bien más de setenta días…”

“…por razón de las grandes aguas y hambres que pasamos…”29.

El padre Carvajal nos narra como continuó el viaje:

, y así determinó de pasar adelante y el dicho Capitán Orellana en su seguimiento con la demás gente, y alcanzó al dicho Gobernador en un pueblo que se llama Quema que estaba en unas çabanas ciento treinta leguas de Quito, y allí se tornaron a juntar;…” 30.

Gonzalo dice:

“…Desde allí salí a otra provincia que se dice Capua, y de allí mande a por el real y fui prosiguiendo la vía que los guías decían donde era buena tierra, y todo siempre por montañas y sierras y haciendo camino de nuevo, y llegué a otra provincia que se dice Guema…”31.

3. TERCERA ETAPA: QUEMA – GRAN RÍO (RÍO PUTUMAYO)

3.1.  Todos en Quema

Por fin todos de nuevo en Quema a 130 leguas de Quito (260 km). Luego Quema se encontraría pasado el volcán Reventador aproximadamente a 87 km (140 – 53 = 87).

No nos lo dicen las crónicas pero antes de llegar a Quema ellos comenzarían a observar como el paso de la sombra de los objetos pasaba de norte a sur, es decir, ellos saben que han pasado el ecuador. Un poco más abajo, en el curso del río Aguarico, se sitúa la línea equinoccial (ecuador terrestre).

Allí arriba, próximos al río Orito, sin duda les surge un problema que no mencionan nuestros informantes pero que comienza a alterar a determinados expedicionarios.

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Lám. 2. Las dos rutas propuestas

¿Qué hacer?. Nuestros paisanos bien sabían que tenían límite en su marcha hacia el norte-noreste, era la primera Capitulación de Toledo de 26 de julio de 1529 en la cual se fijaba el paralelo 1º 20´ los derechos de Francisco Pizarro en el Perú. Este paralelo correspondía a la boca del río Santiago, en el pueblo indígena de Teninpuya32.

Aproximadamente este paralelo pasa por la ciudad de Pasto y Pasto era la última ciudad de la Gobernación de Quito por el norte. Por eso, sin mencionar directamente estas cuestiones, es referencia sugerida para la orientación de este viaje en la crónica del padre Carvajal. Decir Pasto y Popayán era lo mismo que indicar el límite norte de la gobernación de Pizarro, es decir de Nueva Castilla.

Quizás es posible que aún tuvieran una corta extensión por explorar, o ya habían salido de ella, pero tras esto, legalmente, era necesario volver o cambiar de rumbo.

Puede que con esta cuestión, en la expedición se acentuó un conflicto inter- no que vendría larvándose desde el fracaso de los árboles canelos, la climatología hostil, la tierra desechable para el cultivo etc.

Gonzalo Pizarro en su carta al rey no da noticias de la llegada del real a Quema; pero sabemos que allí interrogaron al cacique y éste les indicó que había tierra buena hacia abajo, es decir hacia el este, ya que al norte, al oeste y al sur son territorios altos,  andinos.

Nos dice Gonzalo:

“…fui del informado que más abajo era la tierra buena…”33.

No sabemos si cuando fue este interrogatorio había llegado el real a Quema, es de suponer que si, Carvajal así lo da a entender.

3.2.  El descenso por el gran río

Para seguir buscando el Dorado y tierras fértiles Gonzalo envía de exploración a D. Antonio Rivera, su maestre de Campo, regresa con sus 50 soldados tras quince días de prospecciones. Trae importantes nuevas: ha visto un poblado disperso a la orilla de un gran río; los indios tenían buen aspecto e iban bien vestidos. Era lo que Gonzalo esperaba, sin pérdida de tiempo, todos dejan Quema y cambian el sentido de la marcha hacia el gran río.

Pero veamos como nos cuenta el padre Carvajal estos sucesos:

“…y el dicho Gobernador queriendo enviar por el río abajo a descubrir, hubo pareceres que no lo hiciese porque no era cosa para seguir un río y dejar las çabanas que caen a las espaldas de Pasto y Popayán, en las que había muchos caminos;…” 34.

Como se ve la cuestión de cambiar el sentido de la exploración de forma tan radical no fue tan simple como nos narra Gonzalo ya que, como nos dice fray Gaspar, hubo varios personajes que se oponían a cambiar de rumbo hacia el este-sureste, en general todos los ríos importantes de esta zona tienen esa orientación; buscan el Amazonas. Estas voces discrepantes le indicaban que el rumbo debido era el opuesto, hacia el noroeste, es decir hacia la ciudad de Pasto, donde había muchos caminos que unían poblados y por lo tanto terreno fácilmente reconocible. Esto en realidad significaba la aceptación del fracaso de la expedición; apuntaban el regreso a Quito.

Del escrito y los hechos inmediatos que surgieron, se puede deducir que en esa reunión, donde hubo distintos cambios de pareceres, se llegó a un acuerdo. En éste, prevaleció la tesis de Gonzalo Pizarro de imponer un nuevo sentido a la marcha siguiendo el curso del gran río. Pero el modo en que se llevó a cabo deja espacio para suponer que en esta exploración iba con el freno de la pruden- cia echado: como veremos se le puso un espacio determinado. Repetimos que esta distancia debió ser la contrapartida de Gonzalo para silenciar de momento las voces más prudentes entre las que, según la crónica de fray Gaspar de Carvajal debían estar Orellana y él.

Nos comunica Gonzalo Pizarro:

“.Y luego como vino con esta relación, me partí y llegue á esta provincia, que se llama Omagua, pasando grandes ciénagas y muchos esteros…”35.

Detengamos lo preciso para situar esta tribu, ello nos acercará certeramente a la ruta de la marcha.

Estos nativos, los omaguas, eran uno de los diversos omaguas localizados en la Amazonía o sus proximidades; para nosotros su situación es clave para confirmar la verdadera ruta de la expedición.

Hasta estos momentos se habían movido por territorio cofán, relativamente conocido siquiera como límite de las tierras habitadas por los quijos, cuyos caminos principales se había conseguido seguir. En estos momentos, con el cambio de sentido, todo cambia.

Breves pero seguras son las citas que hemos encontrado para localizar a los omaguas a las orillas de un gran río que no es el Amazonas y antes de separarse los expedicionarios, es decir en el lugar apropiado a la descripción de Gonzalo.

Diremos que nos resulta extraño que Toribio Medina no le dedique una mínima reflexión cuando en su libro, que venimos manejando habitualmente, enumera el texto anterior (nuestro número 35). Trata de los omaguas, más adelante del relato de Carvajal, cuando la separación entre Orellana y Pizarro ha sido efectiva, concretamente en la página LXXXVIII al hablar de los irimarais.

irimais ó irimareses; son ya omaguas del río Amazonas o muy próximos al mismo36.

Encontramos los siguientes datos en el ya citado título, del cápitulo XXIX del Libro Segundo del padre Pedro de Ordóñez Ceballos que dice:

“Donde se contiene la descripción de la provincia de los Quijos, Omaguas, Cofanes y demás naciones.”

Algo más adelante en el mismo libro y capítulo se lee:

“…La provincia de los omaguas distan de Ávila y Archidona ciento treinta leguas, y son muchas con este nombre de omaguas en general, y en particular cada provincia tiene su nombre. Lo que de esta gente y provincia más en general se puede decir, es que andan desnudos, sin cubrir sus carnes con cosa alguna…”

“….La provincia de los nujas está de otra parte de un río grande de los cofanes, hacia los omaguas;…”

“…La provincia de los coronados está junto a ésta…”37.

Con relación a esta misma cuestión de los omaguas no amazónicos, encontramos también una cita en la descripción del ministerio y muerte del jesuita padre Rafael Ferrer, en ella parece que se ignora la reciente evangelización del P. Ordóñez. Su estancia en territorios muy próximos acaeció una decenas de años después. Al referirse a un viaje apostólico que realizó Ferrer descendiendo Cofán – Aguarico para vía Napo llegar hasta el Marañón (Amazonas), dice así:

“…Entre las diversas naciones que descubrió y visitó, las principales eran los coronados, omaguas y los avishiras…”38.

Esta corta reseña, testimonio de la evangelización del padre Ferrer en las proximidades del territorio de los cofanes, aunque breve, atestigua lo reseñado. Observemos como los coronados ya son nombrados en nuestra nota 37.

Continuando con el comentario de la estancia del padre Ordoñez entre quijos y cofanes se deduce que su relación con los omeguas fue distante, quizás de oídas más que de hechos pues no narra experiencia alguna con los mismos. Hay además un punto de divergencia con el relato de Gonzalo Pizarro es su desnudez –D. Antonio, el maestre de campo de Pizarro insiste en su vestido-. Aparentemente no hay ningún punto más de discrepancia. ¡Hasta aquellos territorios, tan apartados por la naturaleza del medio físico, incluso hoy mismo, les llevó Gonzalo!.

Continuemos el comentario: Al hablar de la localización de los nujas nos dice que su territorio estaba situado en los límites de los cofanes más allá de su río grande, hacia territorio omagua. Esto les sitúa al norte de Ávila y Archidona de las que según nos dice dista ciento treinta leguas. Si las leguas empleadas son las de posta serían 4 X 130 leguas = 520 Km. Si la distancia Archidona – Baeza – Quema son 204 Km vemos que el padre Ordoñez les sitúa quizás de- masiado al norte. Lo que si se deduce es que eran vecinos de los cofanes, y que se situaban al este de estos, más allá del gran río que no puede ser otro que el actual río Putumayo tal como se representó en el mapa realizado en los comienzos del s. XVIII por Delisle Guillaume.

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Lám. 3. Situación de los omaguas en el curso alto, entre los ríos Putumayo y Caqueta. Mapa de Delisle Guillaume.

Anteriormente vimos como en Quema, fray Gaspar nos insinúa con cierta elegancia las dos tendencias que habían surgido: seguir buscando los objetivos el recién descubierto río grande abajo, en general hacia el este-sureste, o aceptar el fracaso de la exploración y regresar a casa (Quito) por Pasto, es decir , en general cambiar de ruta hacia el oeste.

Al fin decidieron seguir explorando. Dejan todos Quema y sabemos que acaban descendiendo el curso de un gran río recién descubierto, durante 20 penosas leguas (40 Km); allí dan con un pequeño poblado en el que se detienen. Ya insinuamos que la exploración del maestre de campo D. Antonio y este límite de veinte leguas fuera quizás una prudente condición acordada en la reunión tenida en Quema por las dos tendencias que habían surgido al llegar al límite norte de la Gobernación. Se explica así más fácilmente el cambio de actitud de la facción más conservadora y prudente. Su finalidad parece ser un nuevo tanteo económico de las posibilidades que ofrecía el viaje en esta nueva dirección.

Nos lo dice Carvajal:

“…y todavía el dicho Gobernador quiso seguir el dicho río, por el cual anduvimos otras XX leguas al cabo de las cuales hallamos unas poblaciones no muy grandes…”39.

Para imponer su criterio y hacer posible seguir su camino, Gonzalo recurre a una acción que debió sorprender a todos: observa las relaciones de los indios; ve como se trasladan ágilmente, de un sitio a otro, en cientos de canoas y decide imitarles. Gonzalo decide construir un barco que sirva de ayuda a la marcha río abajo  y  comunique ambas orillas.

Así lo cuenta fray Gaspar:

”…y aquí determinó el dicho Gonzalo Pizarro se hiciese un barco para navegar el río de un lado a otro por comida…”40.

Recordemos que los objetivos materiales de la expedición eran básicamente tres: evaluar la cantidad de canela, conquistar El Dorado y poblar buenas tierras. Ahora, solamente Gonzalo en su carta al emperador, añade un objetivo novedoso: salir a la mar del Norte. Aunque parezca extraño Gonzalo intuía por sus conocimientos esa salida y trató a toda costa seguir río abajo.

Así nos lo dice él:

“…si no topásemos con buena tierra donde poblar, de no parar hasta salir á la mar del Norte…”41.

Pero volvamos a Carvajal. Antes de dar comienzo a la construcción del bergantín, nos cuenta que hay una nueva recriminación de Orellana en el sentido de dejarse de navegaciones y volver a lo conocido. El río Putumayo les debía asombrar por su gran caudal y amplitud. No es un río cualquiera, en algunas partes de su curso alto llega a tener más de 1 km de ancho. La selva, los manclares y esteros ocupaban sus orillas cada vez con más frecuencia. Es lo que la expedición iba viviendo en el día a día.

Reflexionemos ante esta situación: Orellana era ya rico;.poseedor de tres señoríos y por esto, no estaba en disposición de acometer largas y temibles aventuras. Sus tierras, algunas cerca de Pasto, le reclamaban la necesaria aten- ción política, militar y administrativa. Sus aspiraciones, como máximo la gobernación, no se correspondían con los derroteros que venía marcando Gonzalo y es lógico pensar que él deseaba justificadamente el regreso, no debemos olvidar que le acompañaban algo más de una veintena de caballeros y al menos su estimado fray Gaspar. Pero no podían desertar por su honor y por los Pizarros dueños totalmente de la situación.

Bajo esta presión Carvajal añade:

“…y aunque el dicho Capitán era de parecer que no se hiciese el dicho barco, por algunos buenos respetos, sino que diesen vuelta a las dichas çabanas y siguiésemos los caminos que iban al dicho poblado…”42.

Como vemos el hecho de oír la iniciativa de construir el barco no solo no llama la atención de Francisco Orellana, más bien ocasiona su rechazo.

Sin embargo hay un momento en el que parece cambiar de actitud, la narración nos lo precisa: Carvajal nos menciona como abandona su actitud de prudente oposición y pasa a organizar la actividad de la construcción naval sin desagrado. ¿Había pasado alguna nueva idea por su cabeza que le hizo cambiar de actitud?. Creemos que es posible. De todas formas cuando dejado ya el Real, río abajo, construyeron el otro bergantín en Aparia, obró con la misma solicitud.

Nos dice Carvajal:

“…, visto esto, anduvo por el Real sacando hierro para clavos y echando a cada uno la madera que había de traer…”43.

Como se aprecia Gonzalo no da vuelta atrás; es partidario de continuar el descenso del gran río y decide que todos lo hagan.

Hecha la botadura del barco, debieron seguir descendiendo por la margen derecha del río Putumayo ya que en la izquierda Gonzalo nos ha contado que se encontraban los siempre temidos omaguas. Los enfermos y pertrechos más pesados irían navegando, ya era un buen alivio, y unos por tierra y otros por agua descienden otras 50 leguas (100 km).

Completa Carvajal:

“…y seguimos el río abajo otras L leguas, al cabo de las cuales se nos acabó el poblado y íbamos ya con mucha necesidad y falta de comida, de cuya causa todos los compañeros iban muy descontentos y platicaban de se volver y no pasar adelante, porque se tenía noticia que había gran despoblado;…” 44.

La obtención de comida se convirtió en necesidad urgente. Ante este hecho la gente vuelve a estar descontenta y quiere regresar antes que sea demasiado tarde. Nadie quería seguir río abajo y por ello aparecen motivos para una verdadera rebelión.

Una mirada superficial de estos momentos claves, en las dos fuentes, parecen indicar una clara disparidad pero, a nuestro entender, se complementan.

Veamos lo que nos dice Gonzalo de estos momentos con sabrosos pormenores que a nuestro entender, pueden servir para aclarar algo los acontecimientos posteriores.

“…vino a mí el capitán Francisco de Orellana y me dijo como las guías que yo en su poder tenía puestas por mejor guarda y porque los hablase y dellos se informase de la tierra adentro,…” 45.

En su marcha, Gonzalo seguía la costumbre de tomar rehenes; varios caciques les acompañan como presos desde el primer poblado que encuentra en este río, además lleva los guías indios quienes irían en parecidas condiciones. Nos menciona, con bastantes detalles, dos de los cometidos de Orellana en lo relativo a estos rehenes: era responsable de su vigilancia y de recabar información de los mismos. Era conocedor de sus lenguas como se nos mostrará más adelante, a lo largo del descenso por este río.

Por lo general la interrogación a los presos, es confidencial. Ello induce a Orellana a manifestar a Gonzalo, lógicamente en privado, que los serios problemas de subsistencia tienen solución río abajo:

“… y me dijo que las guías decían quel despoblado era grande y no había comida ninguna hasta donde se juntaba otro río grande con este por donde caminabamos, y allí una jornada río arriba había mucha comida…” 46

Orellana le propone dos cosas: la primera es donde encontrar comida y la segunda es como llevar a cabo este hecho y para ello se ofrece personalmente a tomar el mando del viaje de tan difícil prospección.

Ahora y aquí se nos muestra una nueva faceta de Orellana: toma la iniciativa y se constituye por unos días en protagonista visible de la expedición; a pesar de que resulte extraño Gonzalo lo acepta. Mal le deberían ir las cosas a Gonzalo en ese momento. Poco después, se nos dice, marchará al mando de los escogidos a encontrar nuevas tierras con alimentos.

Prosigue Gonzalo:

“…que él quería tomar trabajo de ir á buscar la comida donde los indios decían, porquel estaba cierto que allí la habría;…”

“..y que dándole el bergantín y las canoas armadas de sesenta hombres, quel iría a buscar comida y la traería para socorro del real…”47.

Hagamos un alto en el viaje y reflexionemos sobre estas dos cuestiones:

¿Por qué este cambio tan radical en Orellana?. Recordemos que hace unos días deseaba con reiteración, marchar en retirada en sentido contrario, hacia las tierras de Pasto.

Por otro lado, ¿qué cosas podía hacer Gonzalo con el real, a punto de levantarse, frente a su decidida voluntad de continuar hacia el sureste, río abajo?.

Orellana estaba en un grupo formado por al menos su veintena de caballeros, sus caballeros, y el clero; eran al menos, veinticinco voces dispuestas a susurrar a diestro y siniestro sobre la conveniencia de volver, de regresar. Entre las diversas opciones había pues una por la que Gonzalo se inclinó; era permitir el envío de Orellana y los dos religiosos, fuentes importante de las discrepancias según manifiesta el manuscrito del padre Carvajal. Por unos días todo volvería a la calma y de esta manera lograría solucionar los dos problemas que más le acechaban: la sublevación interior y la necesidad de alimentos.

Los no ocultos deseos de sus paisanos, fray Gaspar y Orellana, de marchar río arriba, a las cercanías de Pasto, es decir volver a casa, eran una garantía de su regreso. Según nos refieren las dos fuentes, su decisión vino facilitada por el ofrecimiento del propio Orellana. De esta manera los rumores de sublevación desaparecerían  y su gente volvería a ser aguerrida, como siempre lo había sido.

Además Gonzalo nos añade que hubo una condición concreta, muy precisa, para la autorización del protagonismo de su primo y que Carvajal no menciona quizás por ignorarlo, dadas las características confidenciales de las declaraciones de los presos.

nos dice Gonzalo:

“…y por ninguna manera no pasase de las juntas de los ríos…”48.

Esta junta de los ríos es clave en el relato de Pizarro, para acusar a su compañero de traición ante Carlos I.

Ahora variaremos de personaje e intentaremos acercarnos a las causas que debió tener Orellana para decidir un cambio de actitud aparentemente tan radical.

Orellana, como hemos visto, se ocupaba de “interrogar-conversar”, es decir obtener políticamente y aparentemente sin violencia información de los rehenes; por tanto podía manejarla prudentemente según sus fines. Esta información, como ya se ha dicho, no sería pública, por sus características, sería siempre confidencial.

Él sabía con certeza y exactitud, por esas declaraciones, no solo la localización de las juntas, también el territorio señalado por los indios como pleno de víveres recordemos su expresión ya escrita: porquel estaba cierto que allí la habría. Posiblemente también sabía que el lugar estaba abandonado tras una incursión de otros indígenas vecinos, ¿omaguas?. Es muy probable que algún prisionero en su poder hubiera participado en la invasión o relacionado con la misma pues eran tribus vecinas.

Por su función debía saber eso y algo más. Es lógico pensar que dado su puesto de “conversador” con los indios, Orellana les hablara también de sus deseos, de dejar la expedición y volver a Quito por rutas benévolas. Los presos se lo debieron indicar y Orellana lo guardó en lo más recóndito de su corazón y obró en consecuencia.

El relato arrancado a los rehenes indios debió ser algo parecido a esto: navegando Putumayo abajo y ascendiendo por el tercer río de notable caudal, pronto, en un día, encontrarían alimento y podía devolverles a territorio conocido en unas pocas jornadas más, pues ese río es uno de los principales del territorio de los cofanes; donde ya habían estado evaluando la rentabilidad económica de los árboles canelos.

La información, la de la tercera junta de los ríos por donde deberían ascender a buscar comida, era una información que Orellana comunicó posteriormente a Gonzalo a quien los presos le confirmaron lo dicho. La segunda cuestión, la del territorio conocido habitado por los cofanes no se la mencionaron ni el uno ni los otros. ¿Por qué?.

Ahora contestamos a este ¿por qué?. Llegar a territorio cofán era regresar a Quito por un camino conocido y fácil, pero si Gonzalo Pizarro conocía ese detalle, dada su obcecación por seguir explorando el río grande abajo, es muy probable que ni los frailes ni su primo hubieran embarcado.

Esta hipótesis justifica la decisión del embarque río abajo, Putumayo abajo, de Orellana, fray Gaspar, y según el cronista Fernández de Oviedo, el otro clérigo y dos trujillanos más –paisanos-. Sencillamente intentaban buscar una nueva ruta de regreso para todos o al menos para los que lo desearan.

Todavía podemos profundizar algo más. El cronista Pedro Cieza de León puede aproximarnos a un entendimiento o pacto entre Orellana y los rehenes por obtener toda la información lo más cierta y detalladamente posible.

Dice Cieza:

“…é, viendo un día que no había mucho cuidado en los mirar, se echaron con la cadena al río, é pasaron de la otra parte sin que los cristianos les pudiesen tomar,…” 49.

¿Cómo se explica la escapatoria de estos, en esos días, si hubieron de atravesar el gran Putumayo, que ya tenía más de media legua de ancho (1 km), nadando encadenados?. Ponce nos pone una vez más en una situación increíble. Lo probable es, que si existió tal escapatoria, sería acordada, porque alguien los liberó antes de las cadenas.

El río que tenían que ascender tras la junta sería probablemente el actual río San Miguel, les mandaba a territorio de los ya conocidos cofanes.

image011 Lám. 4. La unión del río S. Miguel con el Putumayo

Orellana estaba también en disposición de saber que lo dicho anteriormente por los indios tenía visos de ser verdad pues si habían cruzado varios ríos que discurrían hacia la derecha cuando la expedición ascendía hacia el N-NE; variaron la ruta hacia el hacia el S-SE, al descender con el barco por el gran río, forzosamente tendrían que atravesar otra vez alguno de los mismos ríos que habían cruzado antes, esta vez por su desembocadura en el Putumayo. Por tanto, repetimos estaba en disposición de juzgar si tenía posibilidades de ser o no verdadera una información que surgiera de los rehenes en este sentido (Lám IV).

Continuemos con lo que nos dice Gonzalo Pizarro:

pues los guías habían dicho que en el principio del despoblado había dos ríos muy grandes, que no se podían facer puentes,…” 50.

Esos tres afluentes del río Putumayo, que necesariamente pasó nuestra expedición en sus cursos altos al ascender hacia las tierras de Pasto y Popayán, son los ríos San Miguel, Guadanés y Orito,  no hay otros significativos, luego la expedición podría haber llegado hasta el Orito y antes de la desembocadura del río Conejo doblar Putumayo abajo.

El ascenso por el San Miguel, el tercer río, de Gonzalo y los restos del real, les llevó a divisar las cumbres de los Andes y pasarían, más arriba, a la vertiente del Aguarico y a partir de allí seguirían una ruta alternativa a la empleada en la ida, por el Azuela y el Quijo. Esta fue posiblemente la ruta que siguió Gonzalo andando, en su regreso a Quito como se puede comprobar por el relato de Cieza de León51, invirtieron en ello entre 7 y 8 meses.

Volvamos a días anteriores y observemos lo escrito por fray Gaspar; veremos como se ignora en su crónica el hecho de la junta de los ríos y otros pormenores:

“…,y el Capitán Orellana viendo lo que pasaba y la gran necesidad en que todos estaban, y que había perdido todo cuanto tenía, le pareció que no cumplía con su honra dar la vuelta sobre tanta pérdida, y así se fue al gobernador y le dijo cómo él determinaba dejar lo poco que allí tenía y seguir el río abajo, y si la ventura le favoreciese en que cerca hallase poblado y comida con que todos se pudiesen remediar, que él se lo haría saber,…” 52.

De este párrafo se puede deducir que dado lo estéril de la expedición y los problemas de supervivencia que iban surgiendo, por la cabeza de Orellana debió pasar la posibilidad de unirse a la sublevación en germen y volver a Quito. Debió ser esto lo que su honra no le permitía hacer y lo debió hablar confidencialmente con fray Gaspar por eso éste puede insinuarlo en su relación.

No dudamos que Carvajal y demás compañeros del real ignoran el detalle de las juntas de los ríos. Este silencio por ignorancia que a nosotros nos resulta de poca lógica, por las razones que fuera, no lo era para los jefes de la expedición. Se trataba de un dato manejado en conversaciones confidenciales entre los dos mayores dirigentes militares de la expedición. No olvidemos que Carvajal pertenecía al estamento religioso.

De haber sido público el dato de la junta de los ríos como límite de la expedición, algún cronista indirecto, de los de primera época lo hubiera mencionado. Nada de ello dice Fernández de Oviedo en su carta al cardenal Pedro Bembo, ni en su famosa Historia general y natural…Otros cronistas no lo ponen claro, en concreto Cieza coloca las dos versiones etc.

Según Carvajal, fue Orellana quien puso condiciones: no le debían esperar mucho tiempo, 3 o 4 días; si estos trascurrían que diesen la vuelta y buscasen poblado y comida.

Continúa fray Gaspar:

“… y que si viese que se tardaba, que no hiciese cuenta dél, y que, entre tanto, que se retragese atrás donde hubiese comida, y que allí le esperase tres o cuatro días, o el tiempo que le pareciese, y que si no viniese que no hiciese cuenta dél; y con esto el dicho Gobernador le dijo que hiciese lo que le pareciese….”53.

El tono final que fray Gaspar pone a su relato es que a pesar de lo dicho por los presos, cuestión que parece conocer de manera muy general e imprecisa, la expedición en busca de comida tenía un fin difícil, todo era dudoso e incierto y se contemplaba claramente la posibilidad de no regresar. A pesar de ello y por extraño que parezca, él y su compañero religioso se embarcan. No es lo que Francisco Orellana había “vendido” a Gonzalo recordemos que le dijo que la localización del poblado con alimentos situado tras la junta era una cuestión cierta.

¿Qué función hacían en este viaje de ida y vuelta, de conquista y requisa alimenticia los padres Carvajal y Vera?. Parece lo más lógico que hubieran quedado para atender las necesidades espirituales del real. Con buena lógica, la posibilidad de regresar a casa sería una causa que puede contribuir a explicar este hecho.

Gonzalo acepta y lo autoriza, nos da la impresión que, aparenta resignado ante los acontecimientos y el creciente protagonismo de su primo. Aunque ya hemos apuntado como las circunstancias sociales de la expedición contribuyeron de manera decisiva a explicar la autorización de ese protagonismo.

Hubieron de desembarcar los menesterosos y algún bagaje ya que se pretendía volver cargados con alimento. Después Orellana marcha libre de la tutela de su primo Gonzalo, y navega con sus compañeros Putumayo abajo; en el grupo vienen los dos religiosos y sus otros dos paisanos54.

A Orellana no le surgieron las cosas como esperaba, continuó río Putumayo abajo sin encontrar la junta de éste con el San Miguel. Tampoco como vimos le sucedió a Gonzalo lo deseado.

Allí los ríos, sus juntas etc. pueden llegar a ser de gran magnitud, mucho mayor de lo que ellos habitualmente conocían. Por una circunstancia geográfica precisa, no resulta fácil encontrar la desembocadura del río San Miguel en el Putumayo: las aguas de ambos, se funden en un “lago” en calma.

Transcribimos una descripción del jesuita padre Pablo Maroni del s. XVIII:

“…Desde el mismo pueblo de San Miguel, navegando río abajo, á los cuatro días, se hallan las juntas del mismo río con el Putumayo, que llaman La Laguna por lo ancho y apacible que tienen al juntarse ambos ríos…”55.

4. CONCLUSIONES

Por una jugada del destino nuestros paisanos siguieron las rutas que ni se propusieron ni desearon. Gonzalo, en canoa, vadeó lógicamente cerca de la orilla; llegó hasta la famosa junta; ascendió con muchísimas dificultades muy posiblemente por el río San Miguel; encontró la yuca en un despoblado y regresó al gran río, el Putumayo, con lo que quedaba del real.

A pesar de todo lo sucedido les propuso una vez más seguir el río grande abajo. Esta vez hubo negativa general. Vadearían difícilmente los dos primeros ríos y ascendieron nuevamente por el tercero, repetimos, quizás el San Miguel y, como hemos dicho, tras grandes penalidades regresaron a Quito por territorio conocido, el de los cofanes. Lo que nunca contempló.

Orellana, fray Gaspar y sus compañeros, a bordo del bergantín, barco más pesado que las canoas, tras romper un tablón del barco, huirían de las orillas por eludir los choques. Por el centro del río navegaron de largo por “La Laguna”, sin ver la junta. Descendieron posiblemente el Putumayo con sus innumerables meandros hasta el Amazonas, desde éste hasta salir al mar del Norte –el océano Atlántico-. Fueron donde nunca se propusieron.

Finalmente diremos que esta nueva ruta que se os propone es de mayor recorrido y multiplica los peligros del viaje; el río Putumayo es una continua serie de meandros llenos de islas, ciénagas, esteros y manglares.

Aunque es indudable a lo largo del relato una elegante pero cierta oposición de Carvajal-Orellana hacia Gonzalo, pensamos que su conducta general no traduce unos personajes para encabezar una conspiración indirectamente violenta, preparada y encabezada por ellos. Según se narra en la crónica de fray Gaspar Orellana, tras los primeros fracasos, nunca ambicionó otra cosa que regresar por Pasto; no cabe en él pensar que explorar el camino de regreso; tomar comida y volver con sus compañeros para voluntariamente regresar por la nueva ruta, es decir, sin remontar el gran río hacia las tierras de Pasto.

Nuestros paisanos merecían este esfuerzo por nuestra parte en un intento de contribuir a favorecer su humana honradez. Su astucia y la jugada de sus destinos, que a nuestro juicio les reservó la Historia, si les acerca y mucho, a los héroes literarios.

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1  Mora, Gilda (2007): http://www.eldoradocolombia.com/

2  Páez Flor, Roberto J. (2004): Cronistas Coloniales. (Segunda parte). Toribio de Ortiguera. Jornada del río Marañón con todo lo acaecido en ella y otras cosas notables dignas de ser sabidas acaecidas en las Indias occidentales.     Cap. XIV. http://www.luisvives.com/servlet/sirveObras/ecu/01383886477026622312802/index.htm

3  Toribio Medina, José (1894): Descubrimiento del río de las Amazonas. Introducción, p. XIX.

4  Toribio Medina, José (1894): Op. cit., p XIV.

5  Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. cit. Pedro Ponce de León. Guerras Civiles del Perú, tom. II, cap XVIII.

6  Páez Flor, Roberto J. (2004): Ibiden.

7  Toribio Medina, José (1894): Op. cit. Nota número 1 a la Relación del padre Carvajal, p 4.

8  Toribio Medina, José (1894): Op..cit. p XIV y ss.

9   Toribio Medina, José (1894): Op. cit. Relación del descubrimiento del famoso río grande que, desde su nacimiento hasta el mar descubrió el Capitán Orellana en unión de 56 hombres. p 3 y 4.

10  Páez Roberto, J. (2004): Op. cit. Toribio de Ortiguera. Cap XIV.

11  Toribio Medina, José (1894): Op. cit. p 4.

12  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 4.

13  Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. Cit. Pedro Cieza de León. Guerras Civiles del Perú. Tomo II, Guerra de Chupas. 196-197.

14  Toribio Medina, José (1894): Op. cit.. Documentos, p 95.

15  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 4.

16  Toribio Medina, José (1894): Ibiden. Documentos, p 85.

17  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 5.

18  Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. cit. Pedro Cieza de León. Guerras Civiles del Perú. Tomo II, Guerra de Chupas. 196-197.

19  Páez Flor, Roberto J. (2004): Ibiden.

20  Gutiérrez Marín, Wilson (2002): Baeza la ciudad de los Quijos, pág 48. Ed. Abya-Yala. Quito.

21  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit. p 5.

22  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 85.

23  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 85.

24  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 5.

25  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit. Introducción, p LXXVI.

26   Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. cit. Historia y Viaje del Mundo del Clérigo Agradecido don Pedro Ordóñez de Ceballos. Natural de la insigne ciudad de Jaén a las cinco partes de la Europa África América y Magalanica con el itinerario de todo él. Libro Segundo. Cap. XXIX, XXX, XXXI y XXXII.

27  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit., p 5.

28  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit., p 85.

29  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit., p 87.

30  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit., p 5.

31  Toribio Medina, José (1894): Op. Cit., p 85.

32   Porras Barrenechea, Raul (2006): Obras completas. Indagaciones peruanas: El legado Quechua. Coli y Chepi.

33  Toribio Medina, José (1894):Op. Cit., p 85.

34  Toribio Medina, José (1894):Ibiden, p 5.

35  Toribio Medina, José (1894):Ibiden, p 85.

36  Toribio Medina, José (1894):Op. cit., Introducción LXXIV y LXXXVIII.

37  Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. Cit. Historia y Viaje del Mundo del Clérigo Agradecido don Pedro Ordóñez de Ceballos. Natural de la insigne ciudad de Jaén a las cinco partes de la Europa África América y Magalanica con el itinerario de todo él. Libro Segundo. Cap. XXIX.

38  Jouanen, José (2005): Historia de la Compañía de Jesús en la antigua provincia de Quito: 1570- 1774. Tomo I. Ministerio apostólico y martirio del padre Rafael Ferrer. htpp://www.lluisvives.com/servlet/sirveObras/ecu/90252847651270596932457/index.htm

39  Toribio Medina, José (1894): Op. cit., p 5 – 6.

40  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 6.

41  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 89.

42  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 6.

43  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 6.

44  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 6.

45  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p. 89.

46  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p. 89.

47  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p. 89.

48  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 90.

49   Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. cit. Cronistas Coloniales: (Segunda parte). Pedro Ponce de León. Guerras Civiles del Perú. Tomo segundo. Guerra de Chupas. Cap XX.

50  Toribio Medina, José (1894): Op. cit., p 90.

51   Páez Flor, Roberto J. (2004): Op. cit. Cronistas Coloniales: (Segunda parte). Pedro Ponce de León. Guerras Civiles del Perú. Tomo segundo. Guerra de Chupas. Cap XX, XXI, XXII y LXXI.

52  Toribio Medina, José (1894): Op. cit., p 6 – 7.

53  Toribio Medina, José (1894): Ibiden, p 7.

54  Fernández de Oviedo y Valdez, Gonzalo ( 1851-1855): Historia general y natural de las Indias islas y Tierra Firme del mar Océano por el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez. Tercera parte. Libro XLIX. Cap II. Academia de la Historia. Madrid.

55  Maroni, Pablo (1988): Noticias Auténticas del famoso río Marañón (1738). Monumenta Amazónica, B4, Iquitos.